El semblante del chico seguía serio, estaba disconforme con la solución pobre que inventó Jewerly. "Ir a hablar de nuevo con Teach" dahhh era claro que no funcionaría. Pero ya vería como inmiscuirse, darle la paliza a ese desgraciado y salirse con la suya.
/jajajajajaj, nadie puede contra mí/ pensaba el pelinegro-mientras embozaba una sonrisa con aires de superioridad. Relajando por fin su mente, todo el día pasó en tensión y con el corazón en la mano por culpa de alguien.
Al despegar su mente del ataque de Teach, recupero sus sentidos y empezó a sentir un hambre descomunal, podría vaciar su refrigerador de un bocado. Hasta que recordó infelizmente que no tenía casi nada en la nevera.
-Vamos a comer-comentó entusiasmado mirando a la chica.
Al escuchar tal invitación reparó en la cara de Ace, se veía más despreocupado y alegre.
/Parece que ya se calmó/ -pensaba mientras procesaba su respuesta.
-Y si preparamos algo-replicó.
La verdad no tenía ánimo para salir a ningún lugar, aunque también debía confesar el hambre la estaba consumiendo. Su mayor deseo era dormir, y descansar sus manos.
-¿Estás segura? -Respondió abriendo la puerta de su refrigerador, enseñando los pocos alimentos que ocupaban el aparato.
No falto decir nada, su sonrisa falsamente disgustada. Indicaba que le daba la razón.
El chico caminó hacia la puerta pasando cerca de ella, sin tocarla y le susurró al oído suavemente:
-Espérame afuera.
Cortándole la respiración y dejándola en estado de shock, cuantas veces la iba a dejar exaltada o al borde los nervios. Cómo le molestaba que unas palabras, o un toque de sus dulces labios, la hicieran estremecerse por completo.
Cuando volvió en sí, apagó la luz y se fue a la calle.
El aire corría libre entre su largo cabello, se sentía tan bien. Como si todas sus preocupaciones se las llevara el viento, se sintió aliviada y de buen humor. Paso sus dedos por su cabello tratando de mejorar su aspecto. Era incomodo no poder doblar sus dedos, que eran presos de las vendas, manteniéndolos casi tiesos.
-Qué molesto!- Chistó aburrida de la situación mientras examinaba su mano.
-¿Quién yo?
-También -continúo con tono frío y malicioso.
-Ehhhhhhhhh –exclamó con falsa tristeza al momento que se aprovechaba y la abrazaba tiernamente por la espalda.
-hey, suéltame – lo reprendía súper molesta la chica.
Apretó su cuerpo con cuidado contra la espalda de ella, con una de sus manos buscó su mejilla y la besó. Ante la sorpresiva caricia del chico quedo inmóvil cerró sus ojos tratando de dominar la sensación que la invadía, el repitió su movimiento está vez en sus labios. Una corriente eléctrica la recorría desde su boca hasta su columna vertebral, el sabor de sus labios, el contacto de su cuerpo era tan placentero para la pelirrosa, que no dudo en responder, abriendo ligeramente sus labios para darle espacio a la lengua del pelinegro que delicadamente la tentaba por más.
-¿Estas cosas las aprendes por tu cuenta, no?- Interrumpió una voz grave con tono burlón.
Ambos abrieron sus ojos de golpe y miraron al hombre robusto que estaba de pie en frente de ellos.
- No deberías sorprender así a la gente- le aconsejó el moreno ya más relajado.
- Suéltame- le susurraba la pelirrosa a Ace tratando de zafarse. Su posición era super vergonzosa.
- ¿Se te han olvidado los modales? - Dice el hombre de gran cuerpo mirando con reprobación la puerta cerrada.
- Claro que no- responde soltando a Jewerly para abrir la reja de calle.
Ya con la reja abierta el señor de gran bigote estira su mano y remueve el cabello negro del moreno, de manera cariñosa.
Bonney miraba con atención la escena, cada vez la picaba más la curiosidad.
- Creces tan rápido- dice con nostalgia abandonando la cabellera del chico.
-Es normal, padre – dice con una sonrisa.
-/ Oh Dios! Es su padre! Y me vió besándome con su hijo en la calle. No pude tener peor primera impresión/ - pensaba desdichada la pelirrosa.
-Ahhh- Suspiró pesadamente al reconocer su mala suerte. Llamado la atención ambas personas cerca de ella.
El pelinegro se acercó a su lado, y apoyó sus manos en los fuertes hombros de ella. Haciendo que la pelirrosa se tensará.
Miró a su padre fijamente.
- Deberíamos entrar! – propuso sin más.
Su padre se echó a reír, todavía le seguían haciendo reír las tonterías de Ace como cuando era un crío.
Sacó su llave y liberó el seguro, adentrándose en la casa de su hijo. Dejando a los jóvenes solos en el ante jardín.
- ¿Por qué tan nerviosa? Eh? –bromeó el moreno.
- Nadie aquí está nervioso, idiota! – respondió la chica dándose media vuelta y metiéndose a la casa.
La verdad es que si estaba algo intranquila, pues seguramente el padre de Ace se preguntaría por la relación entre ellos, bueno aunque ya con la escena anterior podía hacerse una idea claramente.
Ahora que lo recordaba moría de vergüenza.
La sala de estar estaba vacía, así que por sentido común se fue a la cocina.
Necesitaba calmarse así que fue por algo de agua.
Tomó con dificultad un vaso de cristal, y con sumo cuidado lo llenó de agua, agregó un poco de azúcar y revolvió lo más rápido que le permitían sus dedos.
Parada en frente del lavamanos, retiró la cucharilla y tomó del vaso lentamente, disfrutando del sabor azucarado del agua. Debido a su posición no podía darse cuenta como era observada desde el marco de la puerta.
- ¿No estarás embarazada, cierto? – preguntó una voz masculina detrás de ella.
-puaffff- escupió toda el agua de golpe ante la pregunta.
Se dio vuelta lentamente midiendo sus movimientos, con un tic en su ojo y el ceño fruncido.
Torció los labios molesta, y respondió:
-No- dijo con voz seca.
-hahajhajahahajaajhajhajjajaa – reía sin respirar el señor de cabello blanco.
Siempre que hacía esa pregunta, las chiquillas se le quedaban mirando sonrojadas hasta las orejas. Pero esta señorita se veía muy enfadada como si le hubiera ofendido de alguna manera.
La pelirrosa, era llevada por sus emociones incluso en momentos como este.
La reacción alocada del señor, la hizo enojarse aún más. Sin controlar su rabia por aquel adulto que se burlaba de ella, apretó su vaso rompiéndolo en el acto.
El sonido del vidrio al quebrarse la calmó un poco. Miró el piso a sus pies, con trozos cristalinos, rodeándola peligrosamente. La imagen la hizo sentirse un poco culpable. Tal vez se había pasado de la raya, parecía una cría: impulsiva y estúpida.
Suspiro resignada.
Sin detenerse a lamentarse por su tonto arrebato, se agachó dispuesta a recoger los vidrios.
Pero un brazo la detuvo.
- ¿No eres la más indicada para esto, no crees? – le dijo el señor de la barca blanca aún sujetándole el brazo con suavidad. Acto seguido le miró directamente la venda de sus manos, indicando a que se refería y la soltó para hincarse y recoger los pedazos.
- Yo me encargo – repitió con una sonrisa mientras juntaba los fragmentos filosos en su mano.
El estruendo proveniente desde afuera acompañado de pasos acelerados, llamo la atención de ambos hacia la entrada de la cocina.
- Jewerly! –llamó Ace intranquilo.
Miró a la fugazmente a la pelirrosa viendo que estaba bien, e inmediatamente corrió a ayudar a su padre.
Terminaron de recoger el vaso.
-uufff no me pagan lo suficiente para esto!- soltó Shirohige riéndose de su comentario.
Un rugido se hizo escuchar dentro de la habitación.
Los hombres se miraron entre sí, pero había alguien que no tenía ninguna intención de hacer contacto visual y miraba hacia el piso fijamente.
- Creo que es hora de la cena- murmuró Ace. Sonriendo hacia sus adentros, jamás pensó en escuchar un rugido desde otro estómago.
Su padre como acostumbrada pidió comida por teléfono.
Los tres esperaban sentados la cena.
El peliblanco observó a la pelirrosa frente a él.
- Soy el padre de este niñato, mi nombre es Shirohige es un gusto conocerla.- se presentó sonriendo ampliamente.
- El gusto es mío. Soy Jewerly Bonney, estudio con su hijo en el mismo instituto.- respondió educadamente haciendo una leve reverencia.
Hasta aquí el capítulo 11 ahora me dedicaré 100 a esta historia saludos c;
