Hola a todos. Continúo esta pequeña historia que viene a ser mi primer fic de Tyrion/Sansa. La historia no la tengo desarrollada del todo pero gana más la necesidad de querer expresar lo que pienso sobre estos dos personajes. A mí me parecen geniales. Espero que les guste.

Puede que en el camino señale un posible Tommen/Sansa. Pero no será mucho. Lo necesario para hacerlo interesante.

Disculpen los errores, ¡soy una niña del verano…!

Recuerden que los personajes no me pertenecen. Son del gran mundo del inigualable G.R. .

No recordaba hace cuanto había sido regañada con tanta determinación, como cuando era niña. Generalmente era su padre el que en ciertas ocasiones elevaba la voz cuando ella y Arya peleaban, lo cual era constantemente. En esos momentos solo bajaba la cabeza deseando que terminara cuanto antes y ansiaba poder ir a refugiarse en brazos de su madre, quien no era tan severa con los regaños.

Esa tarde se había comportado casi de la misma forma ante Lady Genna. Con vergüenza aun recordaba los ojos duros de la señora, la mirada de lastima de Lady Dorna y un par de ojos curiosos de algunos criados que se quedaron viendo, sin siquiera disimular, la escena en la que la tía del señor de Roca Casterly increpaba duramente a la señora del castillo. Aun podía sentir el ardor en sus mejillas ante lo patética e impotente que había quedado frente a las dos damas, las doncellas, los mayordomos… ¡casi todo el mundo!…en medio de una tranquila merienda en el bosque.

Vio su reflejo en la luna de la esquina, retorció sus manos y mordió ligeramente su labio inferior. Inspecciono su aspecto con detenimiento. La palidez de sus rasgos norteños, matizado con el carmín en sus mejillas que no quería irse, estaban enmarcados por el pelo rojo arreglado en suaves bucles. El vestido era hermoso, los colores de la familia de su madre siempre eran los que le quedaban mejor. Su pecho cubierto por un prudente pero hermoso escote de seda azul y el resto de su cuerpo arropado por el satén, se ceñía a su grácil figura como un guante.

Sus doncellas alabaron las ventajas del vestido y reiteraron su admiración por su hermosura con sinceridad y humildad ante su señora. Sansa sonrió pero pese a todo, cuando las muchachas salieron, continuaba nerviosa de como la vería su esposo quien no tardaría en llegar. Deseaba causarle buena impresión y de cuando en cuando alisaba su vestido sin motivo y pasaba frente al espejo con frecuencia.

Lo haría. Tenía que hacerlo. Tenía que admitir que no estaba cumpliendo ciertos deberes maritales. Por más que quisiera cerrar los ojos al asunto, ya no podía. Por más que no quisiera hablar del tema, ese era un secreto conocido a voces en todo Poniente. El que ella y su esposo nunca habían consumado su matrimonio después de todo ese tiempo. Evitaba pensar demasiado en ello pero los argumentos de Lady Genna eran contundentes. Tyrion necesitaba un heredero como señor y guardián del Oeste que era. Requería una esposa que cumpliera con esa simple obligación como era el darle hijos.

Sansa era obediente por mucho. Estaba en su personalidad innata ser así. Las únicas veces que había desobedecido o ido en contra de algo ocurrieron las desgracias que marcaron su vida. Lo sucedido con su padre, su escape de Desembarco del Rey, Petyr…Se estremeció tan solo con la última palabra. Era duro aun pensar en uno de sus peores recuerdos. Sus brazos inconscientemente se aferraron en torno a si misma.

Agito la cabeza para alejar las memorias. Ahora estaba a salvo. Con Tyrion. Tyrion que había hecho tanto y era tan bueno con ella. Que jamás hizo algo que ella no quisiera. Que la complacía en cada cosa que ella deseara. Había creado casi un mundo perfecto para ella en Roca Casterly por muy increíble que eso sonara. Su vida era la más tranquila y agradable que había tenido hasta ahora, sin contar cierta parte de su infancia en Invernalia con su familia. Se sentía a gusto en la Roca con Tyrion y Tommen como única compañía…

…Un momento. ¿Qué había dicho Lady Genna esa tarde? Que ella se conformaba con el refugio que Tyrion le daba y no se comprometía como una verdadera esposa haría en su actual posición…

Frunció el ceño. Eso no era verdad. Pero si acabas de pensar eso, idiota. Le dijo una voz en su cabeza de forma tan directa que se espantó un poco. No podía ser así. Pensó lo anterior de manera diferente, no demostrando conformismo en absoluto. Era solo que le agradaba vivir así, sin preocupaciones. Después de una guerra contra la oscuridad del norte y un puñado de guerras y batallas, bien valía no pensar en nada tan macabro por un tiempo. Además, ya no acontecía ningún otro peligro en Poniente… ¿O sí?

Se detuvo horrorizada. ¿Hace cuánto no escuchaba ninguna noticia del resto del reino o siquiera de la región? Hacía dos años los caminantes blancos fueron destruidos y hacía dos años que vivía en Roca Casterly y no había vuelto a escuchar de ningún otro problema. Pero era imposible que la paz se hubiera instaurado completamente en un reino tan complicado como el mismo. Por lo que recordaba incluso había una flota de naves comandada por habitantes de las Islas de Hierro que trataban de derrocar a la reina… ¿eso era hace cuánto...?

Con un sentimiento de confusión y vergüenza se froto las sienes. Tyrion le hubiera dicho si algo malo pasara en el Norte. Lo sabía porque él le había jurado proteger y velar por los hermanos que le quedaban. Rickon y Arya se encontraban en el Norte con Jon vigilándolos de cerca, ejerciendo como Comandante del Muro. Y de cuando en cuando escuchaba noticias sombrías pero consoladoras de su hermano Bran, que estaba quien sabe dónde, en la cima del mundo. Sansa estaba muy agradecida de por lo menos saber que seguía vivo.

Pero, ¿todo lo demás? Que pasaba en las otras regiones, en la misma región de occidente que comandaba su esposo. Con pesar Sansa admitió que no lo sabía. No sabía nada del trabajo que Tyrion hacia como guardián y señor del oeste. ¿Quiénes eran sus banderizos? ¿Dónde estaban los demás Lannister y que hacían para colaborar en el mandato del nuevo señor de Roca Casterly? No conocía a ninguno de ellos aparte de Lady Genna y Lady Dorna. Tyrion tampoco le hablaba nada de ellos.

Oh, dios mío…

Un sentimiento de impotencia la inundo. Te lo dije. Decía una y otra vez la incómoda voz de su conciencia.

¿Que había hecho esos dos años aparte de perder el tiempo al parecer? Se ocupaba de la administración del castillo como bien podía y como le habían enseñado. Ordenaba la despensa, los suministros, las comidas, y disponía las tareas de los sirvientes con ayuda de Podrick porque no estaba en su naturaleza ser muy ordenativa. Demasiado amable, le había dicho su tía política.

Solía pasar el tiempo con Tommen. El chico de 14 años era tan sumiso y amable que Sansa adoraba pasar el tiempo con él. Después del traumático deceso de su madre hace 5 años, el niño que era entonces, había quedado devastado al ver cambiar su mundo en un abrir y cerrar de ojos. Tyrion hizo todo lo posible para que la reina Daenerys exonerara a su sobrino, defendiéndolo y alegando su inocencia en toda esa maquinación Lannister que la Madre de Dragones había derrotado. La reina, comprensiva, permitió que Tommen regresara a la Roca junto con Tyrion y Sansa. Así, ella se había hecho cargo del antiguo niño rey, velando sus sueños plagados de pesadillas y calmando sus llantos. Siempre había sido un niño muy sensible según Sansa recordaba; nada que ver con su hermano Joffrey o su madre Cersei. Con Tyrion se esforzaron para que se acostumbrara a su nueva vida en la Roca. Su hermana Myrcella continuaba en Dorne por disposición de la reina y porque la misma Myrcella así lo quiso.

A veces eran paseos y caminatas por los alrededores, en las zonas menos rocosas. El muchacho era un excelente conocedor de animales. Los adoraba. Siempre la arrastraba a ver nidos de liebres, topos y muy de vez en cuando oseznos, con su peligrosa madre cerca, claro que a muy prudente distancia. Cuando Tyrion los acompañaba los paseos se hacían más interesantes pues Tyrion era muy conocedor, habiendo leído cuando libro pasara por sus manos. Era en esas veces que contaba cada historia que conocía a Tommen y a Sansa manteniéndolos en vilo continuo. Era muy buen narrador de cuentos. Le recordaba a Bran constantemente. Así fue como también les había contagiado su fascinación por los dragones. Siempre les prometía ir a ver a los tres únicos con vida que moraban en Rocadragon. A pesar del entusiasmo con que volvían al castillo después de esos paseos, Sansa sabía que no era posible. Tommen estaba prohibido a abandonar la Roca por disposición del consejo de la reina.

Cuando caía el sol era cuando a Sansa le gustaba más. Pasaba el tiempo con Tyrion en su despacho o en el solar de su dormitorio compartido. Hablaban de varias cosas, él le mostraba libros que pensaba le gustarían o llevaba nuevos que encontraba en sus viajes a la capital. Siempre con una sonrisa cortes y amable le preguntaba por su día y ella no ponía reparos en responder. Tyrion lograba entablar charlas interesantes con las más mínimas cosas que le ocurrieran. Confiaba tanto en él que le contaba historias de su vida antes de conocerlo, desde las más graciosas e insignificantes hasta las más transcendentales o tristes. En retribución, él le conto varias cosas también. Historias de su vida pasada que escasamente eran alegres o felices. Sansa sufrió mucho al enterarse algunas de ellas de boca de un taciturno Tyrion. Con todo su corazón de Tully, rememorando las palabras que su madre solía decir, llego a consolar al Tyrion vulnerable que pocas veces veía. De tal manera, entre los dos, compartían no solo sus vivencias sino sus más profundos traumas y temores guardándolos como secretos entre ellos.

Tonta, tonta, continuaba repitiéndose a sí misma, sentada frente al espejo contemplando su imagen. Como había podido ser tan descuidada. Vivía tan feliz en su mundo ideal que no se molestó en preguntar por lo que ocurría en el exterior y lo que enfrentaba Tyrion como Lord protector de una región. Es que lo veía tan feliz y tranquilo cuando estaba con ella que pensó siempre que todo era perfecto. Sin embargo, lo que Tyrion hacía en sus viajes a la capital quedaba en la incógnita para Sansa. Desde hace dos años que había dejado Desembarco del Rey y no se había preocupado por volver. Y bien que no quería hacerlo. Detestaba ese lugar con toda su alma.

La puerta de roble del dormitorio se abrió en medio de sus cavilaciones y entro su señor esposo seguido de Podrick Payne. El alto joven ahora, se había vuelto nuevamente su escudero y uno de los hombres de más confianza de Tyrion. Pero pese a su alta jerarquía continuaba siendo un muchacho de lo más tímido y nervioso.

A su lado su esposo era mucho más pequeño. –Mi lady –saludo Tyrion con una sonrisa al verla. Su aspecto no había cambiado mucho en relación a esos siete años. Los ojos dispares seguían siendo su principal característica y la cicatriz de la cara se había vuelto tan propia de sus rasgos que Sansa no lo imaginaba ya sin ella. Por lo demás se mantenía bien con la única diferencia que una ligera barba dorada poblaba su mandíbula. A ella le gustaba, le hacía parecer un pequeño león, como le decía a veces, a modo de broma.

-Tyrion – dijo una inquieta Sansa aun confusa y abochornada por a sus anteriores pensamientos. Se levantó y se dirigió hacia él, alisando los pliegues inexistentes de su vestido. Tenía que recordar su objetivo principal de esa noche. Preguntarle por sus recientes dudas podría venir después.

-Estas muy hermosa esta noche Sansa – su esposo se acercó a ella, mientras Pod hacia una reverencia torpe y se dirigía al solar oscuro a depositar un montón de pergaminos en la mesa.

Tyrion la miraba con amabilidad y cariño, consiguiendo ponerla más nerviosa de lo que ya estaba. Tenía que hacerlo. Esa noche. Sentía el zumbido de su corazón en los oídos y algo revoloteaba en su estómago. Pero, por dónde empezar para decirle…

Sin embargo Tyrion continuo antes que pudiera siquiera decir algo -¿debo suponer que ya sabes sobre la cena que mi tía organizo para esta noche? Me pidió que te avisara hace un momento cuando llegue-.

Sansa se quedó estupefacta un momento. ¿Una cena? Ella no estaba enterada de nada acerca de eso. No recordaba haber concordado una comida ni nada por el estilo…era idea de…Lady Genna seguramente. ¿Con que derecho…?

Ante su rostro contrariado Tyrion elevo las cejas al sospechar que Sansa en realidad no sabía nada. Pero de alguna manera ella tenía que mantener la compostura.

–Algo me dijeron, mi señor esposo –sus palabras eran duras y resentidas pero no estaban dirigidas a él –sin embargo creí que se tomarían la noche para organizar su partida de mañana-.

-Ah, si eso…bueno…hablaremos también de eso en la cena Sansa. Hay ciertos invitados que se presentaron de repente –tal como lo dijo no le gusto para nada lo que significaba. –Espero que no hicieran algo que te molestara – Tyrion dudo antes de continuar al ver su ceño fruncido –ya sabes cómo es Lady Genna, es un poco insufrible a veces…-

-No tiene que preocuparse mi señor, aprecio mucho a vuestras tías –eso era cierto a medias en realidad.

-Te lo digo porque se cómo es tratar con ellas –Tyrion esbozo una sonrisa ligera y enarco las cejas graciosamente –tía Dorna te puede empalagar con sus atenciones mientras que tía Genna puede resultar peor que una patada en el culo del mas incordioso fantasma de Harrenhal-.

Sansa no pudo evitar reírse un poco. Tyrion siempre conseguía provocarle espontaneas y sinceras sonrisas. No. Jamás podría enojarse con él…

-Puedes usar el jubón rojo, Tyrion –sugirió ella más animada, resuelta a enfrentar esa cena de improviso con la dignidad que le quedaba –con los calzones nuevos y las botas…déjame traerlas…

-No te preocupes Sansa, Pod ya me ayudara, ¿es su trabajo sabes? No importa cuanto lo ascienda –su esposo la interrumpió señalando a su ayudante que esperaba en el solar medio escondido, sin enterarse de la broma. –Más bien haz el favor de ir a ver a Tommen. Está enterado, pero la idea no parece agradarle mucho-.

-Está bien – respondió ella un tanto decepcionada, desenado poder pasar más tiempo con Tyrion. Casi se había olvidado de que Podrick estaba allí. Pero de todas maneras se encamino a la salida.

En el camino pensó en cuanto duraría la comida y quienes asistirían. Con un ligero sentimiento de alivio y frustración, mezclados al mismo tiempo, comprendió que esa noche sería imposible hacer algo, ni siquiera hablarle del tema que se suponía…el calor volvió a su rostro de golpe.

No tenía por qué preocuparse. Ya se le presentaría la oportunidad en los siguientes días. Además charlaría más tranquilamente con Tyrion, sin parientes rondando por ahí. Con paso rápido subió las escaleras de la torre norte con los pensamientos puestos en como al fin le diría a Tyrion lo que quería…que estaba lista. Estaba segura que él se alegraría. La sola idea la emocionaba de manera extraña.

Cuando llegó a su habitación, encontró a Tommen en plan rebelde. Bueno si rebelde se podría decir al intento de esconderse en el balcón de su habitación. Sansa necesito unas cuantas palabras más de ruego para convencerlo de que se pusiera un traje adecuado para el banquete. No le gustaba relacionarse con muchas personas y a Lady Genna en especial le tenía pavor. Sansa le prometió que estaría con él para evitarle los típicos comentarios sarcásticos de la señora en cuanto a los antiguos miembros de la familia Lannister, entre ellos incluidos los padres y hermanos del muchacho.

En la galería dorada donde se organizaría el banquete, había alrededor de unas cinco personas más, fuera de los mayordomos y doncellas y fuera de las personas que conocía.

Lady Dorna estaba ataviada con un sencillo vestido gris con detalles blancos en las mangas de encaje. Arreglaba el vestido a su pequeña hija Jenei de pie a su lado. Lady Genna enfundada en un estrepitoso vestido dorado y rojo que resaltaba su ascendencia Lannister mas que la casa a la que ahora pertenecía, con el azul y gris de los Frey, charlaba animadamente con un personaje desconocido para Sansa, pero que llamo su atención gracias a sus largas patillas rubias. A su lado un hombre entrado en años llevaba en el pecho un blasón de un león sobre campo jaquelado. Era a todas vistas un abanderado de los Lannister. También estaban a la mesa una dama de porte seguro pero poco llamativo con una muchacha frente suyo que tenía toda la apariencia de ser su hija por el similar cabello castaño ondulado. Y luego estaba un hombre delgado al que no supo identificar la edad puesto que llevaba el cabello completamente blanco y estropeado con una barba rubia pálida sobre unos rasgos juveniles, pero surcados de arrugas y marcas rojas. A Sansa se le hizo curiosamente familiar.

Tyrion ya estaba allí junto al capitán de la guardia Areo Hotah esperando al lado de la puerta. Se había puesto el jubón de terciopelo rojo que le había sugerido. Ciertamente le quedaba muy bien el rojo y dorado propios de su casa.

-Mi Lady, ya es hora de ocupar nuestros puestos junto a los invitados-. Tyrion le ofreció la mano mientras el capitán, después de una reverencia, se posicionaba detrás de ellos. –Tommen haz el favor de sentarte junto a la hija de Lady Mariya, tiene deseos de saludarte-.

Con gesto resignado el muchacho asintió. Sansa tomo del brazo a Tyrion e ingreso a la estancia donde los presentes se levantaron e hicieron una reverencia cortes. Sansa se sintió segura del brazo de su esposo y espero aparentar correctamente la imagen de la señora del castillo. Aunque ella no hubiera organizado la cena ni supiera quienes eran los convidados.

Se sentó a la derecha de Tyrion y frente suyo estaba Areo Hotah y su mirada dura e imperturbable. Sin duda era un gran capitán de la guardia pero no era muy hablador. Al lado izquierdo de Sansa se encontraba la dama joven que debería ser la hija de la llamada Lady Mariya.

-Es un honor tener en nuestra mesa a los presentes – empezó Tyrion en la cabecera de la gran mesa antes de iniciar el banquete. –Están presentes dos vasallos muy importantes de la casa Lannister, abanderados de Roca Casterly y honorables y fieles señores. –Sansa se detuvo a mirar al hombre viejo y al hombre maduro de patillas rubias asentir en dirección a su esposo y a ella misma. Tenían la apariencia de querer empezar con la comida cuanto antes –Lord Damon Marbrand señor de Marcaceniza y Lord Terrence Kenning señor de Kayce. También están presentes mi querido primo Lancel Lannister, guardián de Darry y su esposa Lady Amerei junto con su madre Lady Mariya Darry. Y claro mis tías Lady Genna y Lady Dorna y mi señora esposa Lady Sansa de la casa Stark.-

La sorpresa de Sansa fue enorme al enterarse quién era el hombre de cabello blanco que asintió apenas ante la mención de Tyrion. Sansa se quedó mirando a quien se suponía era Lancel. Estaba sumamente cambiado y costaba creer que solo era seis años mayor que ella. Por lo visto más que un cambio físico producido debido a las heridas resultantes de la batalla del Aguasnegras, había surtido un cambio emocional y espiritual profundo. Se notaba en el cansancio de su rostro y en sus ojos enrojecidos y atormentados. El señor de Darry dirigió sus ojos a ella. Aparte de la incomodidad de ver a una de las personas que la maltrataron indirectamente cuando era prisionera en la Fortaleza Roja, solo pudo sentir lastima ante la tristeza que desprendían esos iris verdes.

Dio inicio al banquete. Sansa miro a Tyrion tratando de preguntar en silencio que estaba pasando allí. Su esposo no hizo más que indicarle con un gesto tranquilo que hablarían después. Ofuscada ante tanto desconocimiento trato de concentrarse en el plato que los mayordomos le habían servido y procedían a servir a los demás comensales. Judías con panceta. Se preguntó cuál sería el plato principal y si se servirían pasteles de limón como postre.

Cuan tonta puedo ser…la señora del castillo y ni siquiera sé que se servirá en esta cena a los invitados…

-Lady Sansa, espero que goce de buena salud mi señora –. La muchacha de al lado que sin duda era Lady Amerei, esposa de Lancel, se dirigió a ella con una voz suave y aterciopelada. Era una muchacha robusta con un rostro alegre y bonito pero el mentón demasiado afilado.

-Muchas Gracias Lady…Amerei ¿verdad? –Respondió cortésmente ante la sonrisa clara de la mujer –espero que el viaje desde Darry fuera placentero y sin contratiempos-.

-Sí, fue bastante tranquilo. Mi señor esposo deseaba ver a su madre y cuando nos llegó la invitación de inmediato dispuso la partida-. Sansa se estaba preguntando a que invitación se refería pero prefirió no hacerlo. –Los caminos están estupendos mi señora, siempre he adorado el aire refrescante de las montañas y por aquí no esta mal, sin embargo el aire de la Roca es demasiado salino para mi gusto –tomo su mano unos momentos con los ojos brillantes y mostrando una sonrisa que profundizaba más la angulosidad de su mandíbula, –yo deseaba mucho poder conocerla Lady Sansa, es usted tan hermosa como me habían dicho. Espero poder ser una buena amiga suya-.

Devolvió el gesto apretando la mano de su vecina tratando de no parecer desconfiada. Las palabras le recordaban a tantas otras que le habían dirigido antes. La amistad solía disfrazar algún interés muy particular en alguien que lo ofrecía tan a la primera. Eso lo sabía muy bien. Pero le devolvió la sonrisa de todas formas.

-Como se encuentra la región de Darry, lady Amerei? Tuve la oportunidad de visitar de paso el castillo una vez hace mucho tiempo-. Visita de la que se había llevado muy tristes recuerdos.

-Llámame Amerei a secas por favor –dijo resueltamente Amerei, mientras continuaba con su plato pinchando las judías con su tenedor –la situación ha mejorado mucho desde la finalización de la guerra. Hay que reconocer que la nueva reina es bastante implacable y eficaz en sus formas de imposición. Ha conseguido que la mayoría de los vasallos hincaran la rodilla frente a ella y declararan una paz que casi parece imposible-, rodo los ojos con incredulidad, –no creo que dure mucho tiempo esto, menos con la casi completa autonomía que ha decretado en las regiones importantes como el Norte, Sur y también en el Oeste. Las demás regiones están descontentas porque creen que se les ha despreciado. Pero hay que reconocer que muchos de ciertos castillos y señoríos son insignificantes. No más hay que ver al pobre de Lancel que no sabría qué hacer si yo no estuviera diciéndole que, por detrás. –Amerei se inclinó hacia ella en un gesto de confidencia –no tiene la entereza suficiente para ser señor de una región, mi madre lo dice a cada rato; si hasta apenas consiguió hacerme un hijo. Pero es un Lannister y su apellido pesa más que todo ¿no?- término con un suspiro.

Sansa hubiera querido responder pero no supo que decir. Solo asintió y fingió estar interesada en el proceder de sus criados al retirar los platos de la mesa y servir el platillo principal, lucio asado en un lecho de costra de verduras. Vio como Lady Genna probaba de la bandeja y asentía al mayordomo para que se lo sirviera a los demás. Nuevamente sintió el calor subir a su cabeza; se suponía que ella debería hacer eso. Prefirió bajar la mirada con impotencia, sintiéndose bastante inútil frente a todos los demás.

Tyrion conversaba con su capitán de la guardia y lady Mariya que parecía muy interesada en explicarle algo relacionado a los caminos y puertos. Lord Damon escuchaba a la izquierda de la señora y asentía sin dejar de atender su comida. Lord Terrence comía en silencio escuchando el soliloquio de lady Genna sobre la importancia de la buena alimentación y que la mantequilla, una forma más refinada de la manteca, era el secreto de muchas buenas comidas.

Lady Dorna hablaba en voz baja con su hijo que parecía poco animado a comer. Estaba tan flaco que hasta Sansa pensó que deberían doblar su ración. Pero del plato apenas había tocado la cuarta parte. Justo detrás, una doncella estaba sentada en los grandes ventanales que rodeaban la galería. Llevaba un bebe en brazos, meciéndolo para evitar que se pusiera a llorar. Debía ser el hijo de Lancel y Amerei. Esta última, en esos momentos se dirigía a Tommen sobre lo apuesto que estaba y lo mucho que había crecido, y le preguntaba sobre los mejores lugares de distracción de la Roca.

Al parecer todo estaba en orden. Cada uno tenía un tema de conversación trivial e interesante por lo que se podría decir que era un banquete organizado por pura casualidad por la llegada de varios invitados. Sansa miro a Tyrion de nuevo, quien al verla cambio su ceño fruncido, mientras seguía escuchando a la dama de Darry. Todo estaba bien…entonces… ¿porque ella se sentía tan vacía y temerosa de que allí se estaba fraguando algo de lo que no estaba enterada y de lo que tal vez no le gustaría enterarse…?

La verdad es, que todo es tu culpa Sansa…le decía su mente con una voz resignada a la vez que acusadora… Tan envuelta en tu propio mundo que apenas te enteras de las cosas importantes. ¿Que pensara Tyrion de ti,…como esposa?... ¡Eres realmente estúpida!

-¿Lady Sansa, se encuentra bien? De repente se ha puesto muy pálida –señalo en voz baja Amerei mientras la observaba con atención-.

-Sí, no se preocupe Lady Amerei, el cambio de clima parece afectarme un poco –mintió Sansa rápidamente.

-Hemos pasado un invierno crudo ¿no? Todos decían que duraría más pero solo fueron siete años. Hablando de otros temas ¿no cree que Tommen está bastante guapo? Le estaba diciendo que debería visitar Darry alguna vez. Ya está en edad de conocer lugares y tal vez de comprometerse…-

Tommen se puso rojo y farfullo algo de que no le interesaban esas cosas. Amerei rio divertida y Sansa solo le dio una mirada de disculpa para que no lo tomara en serio. Después de su boda anulada con Margaery, lo último que deseaba escuchar el muchacho era acerca de bodas.

Se sirvieron los postres que resultaron ser peras bañadas con caramelo. Sansa se desilusiono un poco, pero se sirvió el platillo como todos los demás. Amerei hablaba alegremente a Tommen y Sansa a la vez pero ninguno de los dos profundizaba mucho la conversación.

La cena finalizo y el ambiente era relajado y satisfecho. Mientras se recogía la mesa, Lady Genna conversaba con los dos vasallos Lannister en voz baja y confidencial. Lancel se había levantado dirigiéndose a la ventana. Areo Hotah no estaba por ningún lado y Sansa no recordó haberlo visto partir.

-Sansa- sintió la mano de Tyrion sobre la suya y dio un brinco de lo distraída que estaba viendo a todos – ¿te encuentras bien?-.

Por lo visto estaba actuando extraño para que le preguntaran dos veces la misma cosa. –Por supuesto mi señor, espero que la cena haya sido de tu agrado –.

Tyrion se encogió de hombros. –No me quejo pero hubiera deseado pasteles de limón como postre –. Le sonrió acariciándole la mano. Sansa por un instante se sintió feliz. Recordó que había planeado prepararlas para Tyrion y Tommen con los limones que había recogido esa mañana.

Sin embargo Tyrion cambio su semblante por uno más serio de repente. –Aquí ya hemos terminado, sabes. Si quieres puedes retirarte a descansar. Lady Genna se ocupó de acomodar a nuestros invitados antes-. Ante su gesto fruncido Tyrion se acercó más a ella –no te molestes con ella demasiado, mi señora. Tan de improvisto como llegaron ella tuvo la amabilidad de recibirlos de inmediato, aunque debió comunicarte primero…-.

-Pero Tyrion –las palabras pugnaban por salir de su boca pero apenas sabia en realidad que quería decir, –como es que llegaron tan de repente. Se suponía que Lady Dorna partiría mañana hacia Darry y ahora Lancel y toda su familia está aquí. No lo entiendo-. Trato de no parecer recelosa, no obstante bajo más la voz – y Lord Damon y Lord Terrence que…-

-Te prometo que luego hablaremos de eso Sansa –. Tyrion trato de sonar tranquilizador pero vio un destello raro en el ojo negro que no le gustó nada.

-Está bien,…sin embargo creo que debería quedarme por cortesía, además se supone que yo soy…-

En ese momento la voz de Lady Genna la interrumpió.

-Bien espero que hayáis disfrutado la comida mis señores y damas presentes, pero creo que ya es hora que los niños se vayan a dormir-. Dijo mirando a Jenei, el niño de Lancel que estaba en los brazos de la doncella e incluso a Tommen que se encogió ligeramente en su asiento. Sansa con el corazón en un puño agradeció que no la mirara a ella también. Lady Genna sería tan capaz de…

– ¿Sansa, podría hacerme el favor de llevártelos?-. Ante su mirada confundida, Lady Genna se sonrió y arqueo las cejas. –Sabes bien que yo no me llevo bien con nuestros pequeños amiguitos. Además creo que Jenei preferiría ir contigo, ¿a qué si Jenei?-.

-Sí, yo quiero ir con Sansa- rogo la niña rubia de diez años con una mirada brillante dirigida a Sansa y a su madre alternativamente.

-Tienes talento innato con los niños, querida lo sabes bien. Cada mujer ya quisiera tener esa facilidad de tratar con niños –observo Lady Genna mientras Tommen se levantaba rápidamente y Jenei se situó saltando junto a la doncella que cargaba al bebe. Sansa se sentía tan extraña, con la ira nublándole la cabeza. Vio a Tyrion mirar con el ceño fruncido a su tía y luego dirigirle una mirada rara entre la disculpa y la incomodidad y luego apartar la vista de ella. Con la espalda rígida se levantó e hizo una reverencia a los demás presentes mascullando un par de palabras corteses. Se dirigió a la salida y evito ver por todos los medios a Lady Genna no sea que la matara con la mirada.

Nunca había sentido tanta rabia, mientras caminaba de la mano de una alegre Jenei. No estaba enojada con ella claro que no. La niña la quería sinceramente y siempre había buscado su compañía durante su estancia en Roca Casterly. Tommen iba por detrás con el ceño fruncido arrastrando los pies. La doncella con el niño iba a su lado lentamente.

Dejo a la niña en su cuarto luego de cambiarle de ropa y preparle la cama. Le acaricio el cabello y con unas cuantas palabras cariñosas se despidió de ella. Él niño de pecho también dormiría allí. Hizo un gesto a la doncella para que se quedara hasta que se durmieran.

Ni siquiera sus madres habían venido a acostarlos. Ni Lady Dorna ni Amerei. Solo ella.

Con gesto abatido salió de la habitación. Tommen esperaba afuera apoyado en la pared de piedra. Sansa se preguntó con impaciencia si también esperaría que lo llevara a dormir.

Tommen la observo un momento. Sus ojos verdes expresaban algo, no sabía que. Estaba tan enojada que no midió sus palabras al dirigirse a él.

–Ya estas lo bastante grandecito para ir a dormir tu solo, ¿no crees Tommen? –.

El muchacho se puso rígido como un palo. Abrió mucho los ojos sorprendido por un momento, para luego fruncir el ceño.

–Claro que si Sansa-. Con el rostro rojo y los ojos endurecidos respondió despiadadamente, – ¿y no se supone que tú también eres lo suficientemente mayor para decidir qué hacer y fungir realmente como señora del castillo, lo cual supuestamente eres…?-.

Ambos se quedaron estáticos. Las palabras quedaron flotando en el aire como un eco sordo que volvió el aire más denso. Asombrados frente a lo que cada uno había dicho y escuchado. Jamás se habían tratado así antes. Era la primera vez que se sentían tan incomodos como si hubieran dicho algo imperdonable.

Sansa trato de pensar. No estaba enojada con Tommen. El chico estaba casi en la misma situación que ella aunque no por su voluntad. Prácticamente encerrado en un lugar que no le inspiraba aprecio en medida alguna. A pesar de su aura sensible e infantil era un muchacho de 14 años. Ya casi era un hombre. Sansa continuamente olvidaba ese pequeño detalle.

-Lo siento Tommen no quería tratarte así…es solo que…-

-Lo sé –respondió el chico cortándola, volviendo a su rostro amable pero arrepentido –discúlpame tú también Sansa. Lo que pasa es que me exaspera la forma en que me trata Lady Genna. Le encanta tratarme como un niño-.

-No debes hacerle caso…Tyrion ya nos dijo como es-. Tyrion…pensar en Tyrion y Lady Genna a la vez hacían que se le estrujase el estómago. Si. Estaba irritada con Lady Genna…y al parecer con Tyrion también.

-No deberías dejar que te tratara así. Se supone que eres la esposa del señor de Roca Casterly…tienes ciertos derechos y responsabilidades que así lo prueban…-

Ahora su interior daba paso a la vergüenza. Derechos y responsabilidades…si, se suponía que los tenía.

-Solo hubiera querido que Tyrion no hubiera permitido que Lady Genna me tratara así…-pensó en voz alta, su voz reflejando amargura muy a su pesar. Dependía demasiado él.

-Tienes derecho a asistir a esa especie de reunión de la que nos sacaron con esos argumentos tan viles-. Tommen realmente se veía que estaba de su lado. –No creo que mi tío se moleste si vas…-

-Tienes razón…puedo ir al salón. Estoy en mi derecho. No soy una niña…soy su esposa…-

Pero eran solo palabras. No se atrevía a mover un pie. Tommen tuvo la gentileza de tomarla de la mano y llevarla de vuelta abajo. Con el corazón sonando fuertemente lo siguió agradeciendo que alguien más la animara.

Que había significado esa última mirada de Tyrion ante lo dicho por Lady Genna. La estaba torturando no saber que pensar. ¿Había sido vergüenza? Dios, no quería pensar eso.

Pero vergüenza de que. ¿Por la forma en que su esposa se dejaba mandar así por su tía en frente de sus invitados? O por la clara alusión que la dama había hecho a los hijos. Tienes talento innato con los niños. Innato, claro…porque experiencia no tenía ni un poco.

Mientras se acercaban al salón. Escucharon las voces de los allí presentes. Demasiado fuertes y elevadas. Estaban discutiendo. Sintió un estremecimiento que acabo con todo su valor inicial. Detestaba las disputas. Sentir el antagonismo de alguien hacia ella era algo que evitaba por todos los medios. Lo que, de hecho, la había llevado a su actual situación.

Tommen vacilo al igual que ella. – ¿Crees que deberíamos entrar ahora Sansa?, parecen estar hablando esos dos señores que llegaron –dijo con voz cautelosa, mirándola con cierta inseguridad.

Sansa entrelazo sus manos, nerviosa. –Podemos ir a la parte alta de la galería –sugirió de repente, esperanzada de evitar entrar en la habitación. –El balcón de música da justo por encima de la estancia-.

Tommen asintió y avanzaron apresuradamente en silencio. Por suerte no hubo ningún guardia en su camino cuando rodearon los jardines y subieron por las estrechas escaleras de caracol. Casi en puntillas entraron en el pequeño espacio donde los músicos se posicionaban cuando amenizaban un baile. Se agacharon y se acercaron lo suficiente a la barandilla para no ser vistos.

Mírate…escondida como una chiquilla que sabe qué hace algo prohibido. ¿En serio crees que eres ya una mujer madura Sansa?

Con el rostro ruborizado pero esperando que no se notara en la oscuridad, miro a Tommen a su lado. El muchacho parecía casi tan avergonzado como ella. Hizo un gesto de asentimiento y procedieron a escuchar. Ambos, sin saber que oirían o si eso tendría algo que ver con sus respectivos futuros.

Pd.: Me encanta el personaje de Areo Hotah. Es el capitán de la guardia que cualquier Lord quisiera tener. En este caso no pude evitar meterlo en la trama. XD.