Bueno acá estoy… ¡capítulo nuevo! Debo decir que me siento un tanto recelosa con esta parte, porque sé que mucha gente se va a sacar de onda. Pero les prometo que no será por mucho. Es necesario para la continuación de la historia; digamos que es como cruzar el rio para llegar al otro lado, como hacerte un examen de retina para diagnosticar tu padecimiento y lograr ver mejor. Sé que el Tyrion/Sansa va lento, sin embargo me parece más genuino marchar a paso moderado con estos dos personajes (y es que sabemos que en cuestión de emociones, ellos son como palomas espantadas en medio de un carnaval xD).
Valga la aclaración, ahora a leer.
¡Muchas gracias a todos los que siguen la historia y a los que me dejan tan bonitos y motivantes reviews!
Bajaron la escalera en silencio cuando la galería dorada estuvo desierta. Sansa iba tras Tommen, siguiéndolo en la oscuridad del jardín, ignorando por donde iban. Su mente estaba invadida de la conversación, de la que no sabía si arrepentirse o no de haber escuchado a escondidas en el balcón.
Sentía como si la hubieran sacudido hasta provocar que le doliera la cabeza y sentir el cuerpo pesado como si cargara una cantidad ingente de culpa sobre ella. El corazón lo sentía lastimado de alguna manera que aún no podía identificar. No era por las crueles palabras de Lady Genna hacia ella. Tampoco por la pena y vergüenza de no haber cumplido con ciertos convencionalismos y que todo el mundo lo supiera. No era por eso. Era como si sintiera un dolor ajeno y acuciante, algo importante que había olvidado hacer o decir.
El pasillo oeste, iluminado por las antorchas de la pared, le indicó por donde iban. Se dirigían a su dormitorio. Sansa se espantó. No se atrevía a ir al encuentro de Tyrion. No sería capaz de verlo y actuar con tranquilidad, sin sentirse patética, triste y vacía. No todavía. No quería que él la viera así.
Cogió del brazo a Tommen. Con una sola mirada él la entendió y cambiaron de dirección. Trato de serenarse pensando que sería lo mejor estar un tiempo a solas antes de aclarar las cosas con su esposo.
Cuan cobarde puedes seguir siendo, Sansa.
Tras subir las escaleras de la torre norte ingresaron a la habitación de Tommen. Sansa como en trance se dirigió a la cama. Con todas sus fuerzas deseaba poder acostarse y no pensar en nada por un momento. El dolor de cabeza la estaba matando. Se acurrucó en el lado donde acostumbraba dormir, cuando solía pasar las noches consolando al Tommen niño cuando este sufría una de sus pesadillas, hacía ya tanto tiempo.
Escuchó al chico moverse por el cuarto. Las luces de unas cuantas velas iluminaron la estancia. La noche era cálida y no necesitarían encender la chimenea lo cual agradeció porque no deseaba ver a ninguna doncella o criado entrando en la habitación.
Cerró los ojos y sintió una suave manta posarse sobre ella. Agradeció interiormente a Tommen, el muchacho como siempre era tan bueno con ella.
Notó que él se acostaba a su lado, al otro lado de la cama frente a ella. En silencio, permanecieron durante varios minutos. Con cierta esperanza espero que no dijera nada. Pero no tenía tanta suerte.
-Lady Genna está equivocada con respecto a ti –empezó Tommen en un suave susurro, tratando de consolarla a su manera-. No tienes que sentirte mal Sansa. Como no vive aquí y no te conoce bien no se da cuenta de lo valiosa que eres.
Sansa se alegró que sus lágrimas habían cesado hacía rato. Se sentía demasiado patética ya sin llorar, oyendo a un niño intentando calmarla y hacerla sentir mejor. Abrió los ojos a medias sin enfocar su mirada en él.
–Gracias Tommen, pero ella tiene razón en muchas cosas, ¿sabes? –sonrió con tristeza. No podía decirle ciertas cosas pero sabía que él se lo imaginaria. No tenía caso seguir con reservas ahora que todos los que asistieron a la reunión lo sabían. Aún se le calentaban las mejillas al recordar la humillante discusión entre Lady Genna y su marido.
-Creo que en lo único que se equivoco fue en lo del vestido….-se le ocurrió decir con cierto sarcasmo para aliviar su vergüenza. No sirvió.
Abatida ante el recuerdo volvió a cerrar los ojos. Su intento de suavizar la situación se volvió contra ella de manera nefasta.
¡¿Cómo iba a imaginar que los demás tergiversarían la imagen del vestido y Lady Genna se lo tomaría como una ofensa a la casa Lannister?! Ese vestido se lo había puesto para Tyrion inicialmente. Para recibirlo esa noche y decirle lo que después de siete años por fin le diría. Que estaba lista, que quería consumar su matrimonio por fin y poder darle el heredero que Roca Casterly necesitaba tanto.
Con pesar comprobó que sus ojos volvían a humedecerse. ¿En que quedaban todas sus intenciones ahora? Tyrion estaba a punto de renunciar a ser Lord de Roca Casterly. Eso, había dicho, era su plan desde el principio. Con profundo dolor entendió que ella era la única culpable. Tyrion había dado por hecho que jamás tendría hijos con ella. Que ella, n-u-n-c-a accedería a tener algo con él…
Se encogió bajo la manta. ¿Era demasiado tarde para cumplir con su deber?... ¿para corresponder de alguna manera la generosidad de Tyrion para con ella?... Como deseaba poder estar sola. Pero en ese momento sintió la mano de Tommen acariciando su brazo ante su notorio estremecimiento.
-Ya sé que no lo hiciste con esa intención. Esos colores te quedan muy bien, todos los saben…Estabas, digo, estas muy bonita hoy Sansa.
Con sus pensamientos en otro lado, escucho la voz tímida de Tommen como si estuviera en otro mundo. Cuan inocente era el muchacho a veces. Abrió los ojos para corresponderle con su gratitud aunque fuera solo con la mirada.
Tommen, con la cabeza apoyada contra la almohada, la estaba observando. Su pelo rubio caía sobre su frente casi tocando las cejas del mismo color. Sansa lo observó por un momento, notando ciertas diferencias. Sus rasgos se habían afilado, en las mejillas, la nariz y el mentón, en los últimos meses. Era un rostro que se hacía mayor dejando atrás los rasgos infantiles. Sin embargo los ojos grandes, bajo unas tupidas y largas pestañas, con el característico color verde de los Lannister, aún se conservaban inofensivos y tiernos. Pero esa noche estaban acompañados de algo diferente.
No acostumbraba verla tan directamente con el rostro tan serio, porque habitualmente cuando dormían juntos, él acostumbraba esconder la cabeza en su abrazo o bajo las mantas. La estaba viendo como lo había hecho fuera del cuarto de los niños hace unas horas. Con esa insistencia…como si esperase algo de ella.
Se puso un poco nerviosa. Aparte de asemejarlo a los demás miembros de su familia (¡empezaba a parecerse tremendamente a su padre!), los iris verdes del chico le recordaban el ojo verde de Tyrion, y se imaginó que él la estaba viendo a través de los ojos del chico.
Parpadeó incomoda. –Siento haberte llevado a la galería, Tommen –dijo para decir algo que aliviara un poco la repentina tensión del ambiente-. No pensé que la reunión podría tratarse sobre tu padre.
Tommen sonrió difícilmente con la tristeza inundando sus ojos. –Si no pudiera soportar las cosas que se dicen sobre mi padre y el resto de mi familia no podría salir ni siquiera de mi cuarto, Sansa –la amargura impregnaba cada una de sus palabras-. El hecho de que seas fruto del incesto da paso a muchas miradas mal disimuladas y cuchicheos por detrás, por más que tú y mi tío quieran ignorarlo y hacer como que no tuviera importancia. Yo creo que ya me he acostumbrado.
Sansa se sorprendió con pesar, pero vio que tenía razón. No se podía tapar el sol con un dedo, así como el origen de su filiación nunca podría ser olvidado. Se preguntó si su hermana Myrcella pasaría por lo mismo allá en Dorne y como lo sobrellevaría.
-Lo siento mucho Tommen. Pero el hecho que tu padre se dirija aquí aún es incierto…nadie esta cien por ciento seguro de sus verdaderas intenciones- el intento de animarle sonaba pobre con la duda inevitable tiñendo su voz-. Otras razones podrían impulsarlo a venir aquí, como el deseo de verte después de todos estos años, por ejemplo.
-¿Y preguntar por mi salud y bienestar?- el sarcasmo no le quedaba nada bien Tommen, eso era seguro-. No. Yo no estoy tan optimista respecto a eso después de todas las cosas que "mi padre" hizo. Los abanderados tienen razón para desconfiar. –Sansa vio su ceño fruncido mirando hacia la nada-. El "Matarreyes"…eso ya lo dice todo y el que viniera a usurpar Roca Casterly no sería para nada extraño.
Sansa se sintió mal por Tommen. Era cierto que Ser Jaime había hecho cosas reprochables en el pasado pero desde que desapareciera no se había escuchado nada acerca de él que ameritara seguir condenándole. No había participado en las guerras contra la reina Daenerys ni siquiera para defender a su hermana en Desembarco del Rey. Fue como si se lo tragara la tierra. Ahora Sansa se preguntaba que habría hecho en esos cinco años perdido en la nada.
-Creo que deberíamos ser más abiertos con lo que se cuenta Tommen- dijo en cierta manera pensativa y compasiva-. El Rey de ese entonces mató a varias personas sin motivo y durante la rebelión del Rey Robert, hizo quemar vivos a mi abuelo y tío de manera cruel. Aerys Targaryen estaba loco, eso hasta la reina Daenerys lo sabe.
-Sí, pero eso no le libra de haber traicionado a quien juro proteger- respondió Tommen con una exhalación de abatimiento-. Escogió a su familia antes que a su rey…eso está bien pero ¿dónde está ahora? ¡¿Por qué abandono a mi madre cuando ella más lo necesitaba?! Por qué no vino después por nosotros… ¡por qué solo desapareció!
El muchacho cerró los ojos fuertemente hundiendo el rostro en la almohada. Sansa vio lo afectado, confundido y enojado que se encontraba con referencia a su verdadero padre. Eran tantas cosas, demasiadas para que un niño lo comprendiera y aceptara. Apenada se acercó a él y lo abrazó conmovida deseando calmar su pena. Hacía tiempo que Tommen no lloraba y no quería que volviera a hacerlo.
Paso un momento reconfortándolo en el silencio de la habitación. Luego se separó de él para verlo. El gesto de Tommen continuaba triste y torturado pero al menos no había lágrimas en su rostro. La tomo de la mano y entrelazo sus dedos con los de ella con agradecimiento. Sansa con cuidado le aparto el pelo rubio de la frente.
Con un suspiro más calmado cambio de tema deliberadamente. -No sé lo que tío Tyrion quiere hacer. No lo entiendo. Yo no puedo ser señor de Roca Casterly…no quiero tener que pasar por eso. No de nuevo. Es lo más horrible del mundo- el muchacho lucia miserable y apagado-. Además, yo no soy tan bueno como dice. Lo arruinaría toda otra vez.
-Todo lo que dijo Tyrion sobre ti es cierto Tommen-, se obligó a decir Sansa porque era verdad, aunque aún le dolía pensar en Tyrion-. Eres el chico más bueno y noble que he conocido. Eres inteligente y valiente. Lo has demostrado muchas veces.
-Si ni siquiera me interesa ser caballero. -Lo dijo como si hablara consigo mismo y se reprochara por eso-. No me interesan los asuntos de las batallas y detesto las guerras. ¿Cómo se puede demostrar valentía si no es en esas cosas?
–La valentía no se muestra siempre en las batallas Tommen. Se evidencia en pequeñas pero valiosas cosas- el muchacho le dirigió una mirada incrédula. Sansa continúo con determinación-. Por ejemplo nunca te portaste mal conmigo cuando vivíamos en la Fortaleza Roja. –Recordó a los guardias de Joffrey, a Ser Mandon y Ser Boros y sus crueles tratos hacia ella a pesar de hacerse llamar valientes caballeros miembros de la Guardia Real-. Si algo he aprendido ahí, es que no se necesita ser caballero para ser valiente.
El recuerdo de uno de los días más penosos de su vida en la Fortaleza Roja, volvió con nitidez a su mente. Ese día Tyrion la había salvado de ser más humillada todavía por los desmanes del cruel rey que era Joffrey en ese entonces.
-Yo nunca te lastimaría Sansa –Tommen evidentemente también recordaba lo que Sansa había pasado en esos años de rehén en la capital, a manos de su hermano mayor-. Mi hermano era malo y despreciaba a todos a su alrededor pero yo no soy así, te lo aseguro. –Con el gesto muy serio y la mirada exaltada trato de enfatizar la veracidad de sus palabras.
Sansa sonrió y apretó su mano cariñosamente contra su pecho.
-Claro que sí, tú no eres y nunca serás como él, Tommen…y por eso te quiero mucho.
La mirada de Tommen se fijó insistente en la de ella, de manera profunda y rara de nuevo.
– ¿En serio me quieres, Sansa?
-Claro que si Tommen- extrañada, ella reforzó su mirada para asegurarle que era verdad.
Se hizo un súbito silencio roto únicamente por el suave crepitar de las velas. El muchacho parecía nervioso y un tanto agitado con un ligero temblor imperceptible en los labios.
-Yo también te quiero mucho Sansa- las palabras salieron atropelladas, pero firmes de su boca -eres la persona más maravillosa que he conocido.
A Sansa no se le ocurrió que decir. Su sonrisa amable vaciló ante lo que veía en el rostro del muchacho. Si no lo conociera bien diría que era…
Tommen se acercó a ella en un rápido movimiento. Ella abrió mucho los ojos al sentir sus labios siendo tocados por los de él. Con torpeza pero irrefutablemente, Tommen la estaba besando.
Por un momento no supo que pensar. Su mente quedo en blanco. Sentía moverse ese beso torpe pero dulce y suave contra su boca. Completamente confusa se mantuvo estática sin saber qué hacer.
Era la primera vez que alguien la besaba en mucho tiempo sin fuerza ni presión. A decir verdad, todos los besos que tuvo fueron robados o a la fuerza, pensó; una vez que su mente empezó a ser consciente de lo que ocurría.
Su primer beso había sido de Sandor Clegane, el perro de Joffrey. Fue rudo y violento pero sin mala intención, hecho por un hombre desesperado, lleno de temor y odio, pero bueno en el fondo. Un verdadero caballero, aunque no lo fuera de título.
Después estaban los besos forzados de Petyr Baelish, cuando ella fingía ser su hija bastarda Alayne. Besos horribles, marchitos y húmedos a la vez. Solo pensar en ellos hacía que se le revolvieran el estómago del asco que sentía al recordarlo. Y luego estaba el casi beso que le había robado Harrold Hardying antes de que ella rechazara ese compromiso obligado por Meñique. No creía que contaban los besos patéticos y maleducados de su primo Robin Arryn.
Al parecer, todos los besos que recibió en su vida nunca fueron por su propia voluntad. Y éste, distaba igualmente de serlo a pesar de ser tan suave, tierno y vacilante.
Pero también estaba el único y fugaz beso que compartió con Tyrion, para sellar su unión ante los dioses y ante los hombres, cuando se casó con él en el Sept de Baelor. El único beso que se había dado con quien era su esposo. De repente lo que pensó y sintió en ese momento volvió a su mente como un viejo recuerdo nefasto y cruel. Su corazón salto de dolor, amargura y miles de emociones más y como con un golpe despertó de su ensueño e inmovilidad.
Casi se separaron al mismo tiempo. Sansa completamente asustada y confusa por lo que acababa de suceder. Tommen con las mejillas ruborizadas, claramente conmocionado, pero con la mirada atenta y dubitativa dirigida a ella.
-Tommen…
Su voz fue como un ronco susurro. No tenía idea como continuar ni que decir. No sabía si estaba enojada u ofendida, o si le había gustado o no el beso. Por fin entendió otro error que había cometido. Había pasado demasiado tiempo con él, creyéndolo siempre un niño que debía proteger y cuidar, dándole un cariño sincero, tratando de alejar todos sus sufrimientos y traumas. Pero no se había dado cuenta de los cambios y del paso del tiempo. Ahora no veía al niño por ningún lado. Estaba frente a un muchacho, ya casi un hombre, más alto que ella…y que la quería mucho.
Lo vio apretar los labios y cerrar los ojos un momento. Cuando los abrió, estaban inundados de culpa y confusión. Sin decir nada Tommen se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
Lo escucho salir pero no lo vio de lo paralizada que se había quedado. Se quedó sola en la habitación.
Exhaló todo el aire que estaba conteniendo en el pecho. Añadiéndose al dolor de cabeza ahora se adherían nuevos confusos pensamientos. No supo si quería llorar o no. Con todas sus fuerzas cerró los ojos, deseando dejar de pensar en cómo había llegado a esa desastrosa situación.
Con los sentimientos hecho añicos, se durmió deseando no despertar.
No me matéis, ni seáis malos con Sansa. Es más, como resarcimiento, el capítulo siguiente… ¡ahora mismo a continuación!
