Estaba decidida a publicar un capítulo más. Para alegría de algunos, y mía por supuesto, ¡aquí entra un poco de lo que estábamos esperando! ¡Por fin! A partir de ahora sin duda se verá un poco más de acción y sentimiento entre nuestros queridos protagonistas.
Saben, a mí me encantan leer (y escribir) descripciones largas como diálogos y sucesos de la vida cotidiana. Puede que a muchos les resulte pesado el capítulo, pero a mí me agrada conocer pequeñas cosas y detalles de la vida de un personaje apreciado.
Como siempre disculpad los errores, que a veces siempre hay y no se pueden evitar.
Esa mañana no podía ser más perfecta. A pesar de continuar el invierno, el tiempo parecía brindar leves indicios de la llegada de la primavera; presentando un cielo azul y despejado con una brisa suave, un tanto helada pero refrescante, en combinación con los rayos cálidos del sol de ese día.
Observó los árboles a su alrededor. El verde oscuro de las hojas perennes de los pinos y abetos se intensificaba en contraste con las ramas desnudas de los robles y acacias. Las altas montañas en la lejanía se mostraban nítidas, con un bonito color violeta, coronados de un albo resplandeciente en las cumbres.
Tommen se había ido a explorar en dirección al rio. Sansa se sentía muy alegre porque Tyrion había preferido quedarse con ella bajo un abeto enorme. El tiempo era tan bueno que no le apetecía ir a caminar y caminar buscando nidos de águilas y madrigueras de liebres y hurones. Prefería sentarse tranquilamente en la hierba y respirar el revitalizante aire fresco del bosque.
-¿Tyrion, en serio creías que Tommen iba a aceptar animadamente tu idea de pescar en el rio con su arco a manera de práctica?- le preguntó divertida, aun recordando la cara que había puesto el niño ante la propuesta de su tío.
-No que va, lo único que quería era jugar un poco con él – respondió Tyrion con un guiño malicioso y una sonrisa, sentado entre las gruesas raíces del abeto. -. A pesar de ser excepcional con el arco sé que Tommen jamás se animaría a disparar contra un animal, ni siquiera un pez. Lo cual es contradictorio ya que come a diario a esos "pobres animalitos".
Movió negativamente la cabeza como si no comprendiera del todo a su sobrino. Tyrion llevaba puesto su jubón habitual de color negro con dos broches en el cuello en forma de leones rugientes. Aparte de ese distintivo, su indumentaria era sencilla y cómoda, sin las pretensiones que la mayoría de los señores, regentes de regiones y castillos, trataban de aparentar. Era humilde por mucho, no sin eso quitarle su gran desempeño como lord de Roca Casterly, seguro e imponente frente a sus súbditos. Sansa lo encontraba simplemente magnifico.
-Es solo un niño, mi señor- observó comprensiva-. Recuerdo una vez que Rickon se encariño con unos conejos que se criaban en el granero de las cocinas en Invernalia. Jugó toda la mañana con ellos, les puso nombres y todo. Cuando le dijeron que su destino era la cena de esa noche, se puso a llorar y patear a cualquiera que se acercara a ellos. Hubo que quitarlo a la fuerza, entre berreos y gritos, pero mi madre lo calmo en su habitación. Al final se durmió agotado de tanto berrinche. Esa noche los sirvieron en la cena. Recuerdo que Theon Greyjoy le dijo al final que era lo que estaba comiendo, aunque mi madre había prohibido categóricamente que se lo mencionaran.
Robb, Theon y Jon se congregaron alrededor de Rickon. –A que es delicioso lo que comes Rickon-, inicio Robb con una sonrisa mal disimulada bajo su expresión inocente-. Si está muy rico. -Respondió con ingenuidad el pequeño ante las tres miradas maliciosas de los chicos que esperaban un completo berrinche a continuación.
-Pues a quien te estas comiendo es a Scampi, Rickon. Un trozo del suave y peludo cuerpo del que fuera Scampi en realidad" dijo finalmente Theon con voz aterciopelada que escondía una carcajada.
Rickon lucía un poco sorprendido. Observó durante un momento su plato y a los tres chicos alternadamente. Toda la sala quedo en silencio esperando. Rickon al final se encogió de hombros ante la sorpresa de Rob, Jon y Theon.
-Sabía que ese Scampi era el más travieso de todos- dijo y dio un repentino mordisco apreciativo al trozo de pata que tenía en la mano-. También tenía que ser el más rico de todos. Bien por Scampi. -Y mi hermano se relamió con gusto mientras saboreaba al que fuera su "amigo" hace unas horas.
Tyrion se carcajeó alegremente ante la historia de Sansa. Ella también se rio porque era uno de los recuerdos más divertidos que tenia de su infancia y sus hermanos. Recuerdos hermosos que afloraron fácil y de manera espontánea en ese momento.
-Mi padre que estaba en la mesa, se rio cuando escucho las palabras de Rickon y de las caras que pusieron mis hermanos mayores y Theon. Tío Benjen también estaba allí y en medio de las risas de todos, alzó su copa y brindo por Scampi: "el mejor y más rico de todos los conejos".
-No creo que a tu madre le hiciera mucha gracia - apuntó Tyrion con una mirada analítica, amainando poco a poco su risa.
-Es cierto, no le hizo gracia. Pero mi padre dijo que era necesario que Rickon aprendiera que por mucho que le gustaran los animales, debía alimentarse de algunos de ellos si quería sobrevivir y crecer fuerte. –Sansa quedo pensativa-. A pesar de que tuviera tres años lo consideraba lo bastante mayor para que comprendiera esa contradictoria ley de supervivencia.
-El invierno se acerca. Me imagino a Lord Eddard diciendo eso en medio del salón de Invernalia.
Sansa asintió. La memoria de su padre acudió a ella. Sonrió con cariño. Cuantos bonitos recuerdos conservaba de cuando vivía en Invernalia con toda su familia.
-Ya quisiera que Tommen aprendiera eso y no hiciera tanto escándalo cuando le insinuó ir a cazar.
-Tommen es más sensible, Tyrion. En cambio Rickon siempre fue un pequeño diablillo. Y más cuando llego Peludo que era igual de inquieto y travieso que él.
-Sin embargo Tommen sabe mucho sobre animales. Apuesto que sería capaz de atraparlos con solo palabras y mimos, si quisiera. Tiene talento- Tyrion indicó reflexivamente-. Es una lástima porque si le mencionas cocinarlos seguro los suelta de inmediato. Si de él dependiera nos moriríamos de hambre-. Término bromeando con fingido desanimo.
-Es difícil encontrar una persona con las cualidades de Tommen en estos tiempos. La inocencia e ingenuidad no siempre es mala. –Sansa dudo un instante ante sus propias palabras. En los tiempos pasados sí que era bastante malo. No había más que ver su experiencia en la Fortaleza Roja en esos años terribles. Sin embargo continúo con su defensa hacia Tommen-. Es bastante encomiable que conserve su forma de ser, después de todo lo que ha pasado.
-Es verdad- aceptó Tyrion con una seriedad repentina después de escucharla. Caviló unos segundos-. Es todo lo contrario a lo que era su hermano, que incluso llegó a matar tres gatitos no nacidos y a su madre, a la edad de ocho años solo por ver cómo eran.
Sansa se estremeció.
-No se lo debes juzgar duramente, mi Lady. A veces las personas hacen tonterías y si no los corriges a tiempo llegan a ser peores. En parte la culpa fue de su madre y su padre al mismo tiempo- hizo una pausa-. Cersei lo consentía y Robert lo ignoraba. Con los hijos hay que tener cuidado; no creo que sea un chiste eso de criarlos.
Tyrion tenía el rostro abstraído y perdido en sus pensamientos. Sansa aprecio cuan juiciosas eran sus palabras. Ella también creía eso. Aparte de Joffrey, había muchos niños que eran igual de descontrolados que lo que había sido él. Su primo Robin era una clara muestra que los niños problema surgían en todas las familias, a causa de la influencia negativa de sus propios padres.
-¿Cómo era tu padre Tyrion? -Él la observó con sorpresa ante la pregunta. Sansa se sonrojó un poco ante su osadía pero sentía mucha curiosidad por saber-. Ya sé que no era un padre muy ejemplar que digamos, pero tú no eres para nada como él…tú eres tan bueno y además tan inteligente…es decir, ¿cómo aprendiste a ser así si no fue por influencia de él?
-No soy tan bueno como dices, Sansa- Tyrion sonrió levemente ante el torpe intento de halago-. Las cosas que he hecho a lo largo de mi vida no siempre son tan loables como crees. Tú sabes algunas de ellas. –Sansa asintió. –Supongo que lo mío fue más un mecanismo de defensa lo que hizo que creara una barrera entre mi padre -y también mi hermana- y me volviera fuerte lejos de ellos. Ya sabes...incluso la hierba mala crece escondida entre los brezos.
-Tú no eres hierba mala, Tyrion…-saltó Sansa de manera inmediata.
Su esposo la atajo con un movimiento de mano para minimizar lo dicho.
–Gracias Sansa. Pero debes entender que yo era eso para mi familia en los tiempos en los que era niño. Era la deshonra viviente de la Casa Lannister. No era un ambiente muy propicio para que alguien creciera sanamente, de hecho. –Tyrion tenía el rostro sumido en los recuerdos con un ligero amago de sonrisa-. Pero siempre digo que cuando hay un lado malo, un lado bueno surge. En este caso fueron mi hermano Jaime y mi tío Gerion quienes me hicieron comprender que no todo podría ser tan malo en mi vida.
Sansa frunció levemente el ceño. Escuchar de su tío Gerion no la sorprendía, pero escuchar de Ser Jaime le provocaba una antipatía sorda e intensa. Lo que le había hecho a su hermano en complicidad con su padre no tenía perdón. O eso creía Sansa, al enterarse de esa historia de boca del propio Tyrion, sobre lo sucedido con su primera esposa Tysha. Sin embargo hizo un esfuerzo conteniendo sus protestas y continúo escuchando.
-Jaime era ocho años mayor que yo. Lo veía como uno de mis héroes y personas más queridas para mí. A los once, ya se había convertido en escudero de Lord Crakehall y había participado en batallas y ganado un combate a los trece. Todos lo admiraban en Roca Casterly y tenían puestas grandes esperanzas en él. Nunca me trato mal como Cersei, aun así ella lo obligara. A pesar de ser ellos muy unidos eran muy diferentes. Velo así: Cersei era el diablo, que le encantaba torturarme y Jaime por contradicción era el ángel que me protegía. Es fantástico tener un hermano así.
Mi tío por el contrario era el soñador que toda familia tiene. Era tan singular y divertido, tan en contraste con la personalidad fría de los Lannister, que provocaba las miradas de desaprobación de sus hermanos. Me sentí un poco identificado con él y creo que a él le ocurrió lo mismo conmigo. Me contaba historias de aventuras en el mar, cuentos fantásticos de las Ciudades libres, de más allá del mar Angosto y el mar del Ocaso. Los hechos reales que constituían la maravillosa historia de Poniente eran importantes para él. Él fue quien me incursionó en el mundo de leyendas de los dragones y la oscura maldición de Valyria.
Siempre que podía yo hacía una escapada a Lannisport, donde mi tío pasaba gran parte de su tiempo, en los muelles. Nadie me controlaba a los seis años porque mi padre viajaba continuamente a Desembarco del Rey y la mayoría de los habitantes del castillo me consideraban un fastidio. Así que podía hacer lo que quisiera. Eso siempre y cuando, nadie se lo contara a mi padre. A veces Jaime me acompañaba, cuando volvía de Refugio Quebrado y pasaba algunas temporadas en casa.
Mi padre condenaba las acciones de mi tío. Le parecían poco dignas de un miembro de la casa Lannister. Pero él era tan libre y despreocupado que a veces se quedaba a dormir en los buques de ciertos amigos que tenía; marineros, mercantes, gente de la más variopinta clase y condición. Debo decir que en esas visitas fue en las que aprendí gran parte de un vocabulario que jamás pronunciaría frente a ti, ¿sabes?
Su sonrisa de disculpa junto con la mirada maliciosa, la hicieron sonrojarse. Tyrion expresaba en cierta manera esa imagen de tipo malo que pocas veces ella veía. Era interesante ver los miles de matices que envolvían su personalidad. Observar, aunque sea por un instante, cada uno de ellos fascinaba a Sansa.
-Una feria se había instalado en Lannisport durante una temporada en la que Jaime regreso a la Roca. Así que convencimos a nuestro tío que nos acompañara. No se negó, desde luego. Mi tío era un amante de las ferias y troupe ambulantes. Creo que en cierta manera, él también era un artista solo que a su muy propia manera. Le encantaba reír y hacer reír, era único para las actuaciones y las tomaduras de pelo, lo recuerdo bien.
Caminando colina abajo llegamos a la feria en medio de bromas de mi tío a Jaime sobre el largo de su cabello. Le decía que si se lo dejaba crecer más, se parecería a Cersei.
-Pues tú no lo tienes muy corto que digamos tío. -Se defendió Jaime a duras penas. Nunca fue muy bueno para las respuestas sagaces.
-Ya, pero yo no tengo una hermana melliza de gran parecido. Y no se te ocurra compararme con Genna, ¿eh? sobrino. Aunque casi tengamos la misma edad…y que cuando éramos niños nos vestían igual y… ¡brrr! -se estremeció y resoplo intencionadamente de manera cómica.
Nos reímos junto con él. Se divisaba a lo lejos el espejo del mar del Ocaso surcado de unas cuantas velas. Tomamos el camino que se dirigía al sur, hacia la feria. Atusándose la poblada barba rubia y la cara más seria, mi tío hizo la pregunta que se venía planteando ante las noticias de mi hermano.
-Lo que quiero saber Jaime, es porque quieres convertirte en caballero tan pronto. Tienes catorce años, ya eres un gran escudero de renombre. Podrías tomarte unos años…, no sé, para disfrutar y viajar un poco. Las espadas y batallas pueden esperar, te aseguro que hay mucho de eso en el futuro.
-Lord Summer Crakehall dice que tengo mucha capacidad, tío- dijo Jaime con gran orgullo en su voz-. Piensa ir a enfrentarse contra La Hermandad del Bosque, junto con varios otros señores y miembros de la Guardia Real y dice que si destaco podría convertirme en uno.
-¿Crees que Ser Arthur Dayne este allí, Jaime? -Pregunte con emoción ante la leyenda de la Espada del Amanecer, uno los mejores caballeros de Poniente que existían.
-Apuesto a que sí. Es una batalla importante. Esos bastardos de la hermandad ni siquiera tendrán una oportunidad contra nosotros.
Tío Gerion no dijo nada, solo dio una palmadita en el hombro a Jaime. No daba mucha importancia a los asuntos caballerescos y demás títulos. Siempre solía burlarse, incluso de mis tíos y mi padre y sus respectivos "juegos" como les decía. A mi tío Tygett, eso solía sacarlo de sus casillas.
Llegamos a la feria. Todo era algarabía y movimiento entre las tiendas ubicadas en derredor del claro de un bosque. Se habían instalado en una de las zonas verdes de Lannisport y saltimbanquis, trapecistas, gitanos caminaban descalzos en la hierba. Una gran parte de la población de los alrededores deambulaba por las carpas a los que nos unimos, curioseando y esperando encontrar cosas interesantes.
-Ojala Cersei hubiera venido. Extraño un poco a esa niña…-dijo de repente mi tío con un suspiro.
-Cersei odia las ferias tío. No hubiera venido ni aunque hubiera estado aquí.
-Además está en Desembarco del Rey junto con padre. –Puntualice sin motivo, porque deseaba poder decir en voz alta algo que me alegraba bastante. –Quiere conquistar a su príncipe dragón encantado en la capital- añadí riéndome.
-Bueno ese es el plan después de todo no –comento mi tío deteniéndose en la tienda más cercana para ver unos trucos con esferas enormes de cristal, llenas de algún liquido iridiscente, que un par de adolescentes equilibraban sobre sus cabezas. Jaime solo frunció el ceño ante la mención del compromiso de mi hermana con el príncipe Raeghar Targaryen.
-Tengo planeado visitar Desembarco del Rey después de la batalla en el Bosque Real.- anuncio Jaime mientras avanzábamos, apenas fijándose en el oso enjaulado que rugía cerca de nosotros.
-Bien, da saludos a tu padre y hermana de mi parte. Con un rey tan loco como el que tenemos me imagino que Tywin no la pasara del todo bien- se rio un poco-; sin embargo siempre le gusto eso de gobernar con mano de hierro. Pero temo por tu hermana. Es una ciudad tan peligrosa y horrible Desembarco del Rey y tu hermana es incauta, tan joven y hermosa como un sol…
-Será todo lo hermosa que dices, pero Cersei se parece más a una oveja cada vez que viene, si sigue peinándose con ese estilo de la capital- señale con rabia de que mi tío cayera encantado ante los falsos modales que mi hermana interpretaba ante él. Ese era el único defecto que le encontraba. Tío Gerion se carcajeo y Jaime después de un rato esbozó una sonrisa. Habíamos llegado a la zona de trapecios en los que los componentes de una compañía realizaban unas rutinas de entrenamiento contorsionando sus flexibles cuerpos.
-Oye Tyrion, te apuesto a que no puedes caminar por la cuerda de equilibrismo –me dijo mi tío con un guiño, mientras observábamos a un chiquillo de unos doce años, cruzar una cuerda gruesa, de cinco metros de largo extendida entre dos postes, con las manos alzadas a ambos lados sin mirar abajo. Estaba a unos tres metros por encima del suelo.
-Que me vas a dar a cambio- pregunte interesado en lo que podría ganar si lo hacía. Jaime solo movió la cabeza con desaprobación de que desperdiciáramos el tiempo en esas frivolidades, como habría dicho él.
-Hace tiempo que has echado el ojo a mi libro de Lomas Pasolargo: "Maravillas" y "Maravillas creadas por el hombre". –Me sonrió-. Si te atreves a subir a la cuerda te lo doy.
-Así que ese libro te lo regalo tu tío, Tyrion. - Interrumpió Sansa tomada por sorpresa, recordando el libro que estaba en el solar de su dormitorio. Maravillas creadas por el hombre estaba allí, ante su vista y ella ni siquiera se había interesado en ese volumen-. Porque no me lo dijiste antes, le hubiera echado un vistazo ya. Debe ser interesante.
-Bueno, tu interés hasta hace poco eran los libros de fantasía y dragones, claro. Si ya se te acabo la fiebre de los dragones podremos verlo esta noche. Si quieres. Es un libro enorme y conviene que te indique que pasajes podrías encontrar más interesantes.
El interés de Sansa creció. Hubiera añadido algo, pero continuar escuchando el relato de Tyrion la emocionaba aún más. Su manera de contar historias era magnifica, intrigante y única. Era una de las cosas favoritas que tenia de Tyrion.
Tras una pausa prosiguió con su historia.
-Como decía, ese libro era maravilloso para mí, cuando era niño. Enorme, tapujado en cuero, con remaches de latón en las esquinas. Las letras de la tapa en brillante color negro. Recuerdo que apenas si podía abrir el libro con lo pequeño que era. Era un premio estupendo. Bien valía el riesgo de romperme la cabeza por ganar un libro así.
-De acuerdo, tú lo has querido tío, lo haré y tendrás que cumplir tu promesa.
-No hagas tonterías, Tyrion. Te puedes lastimar. –Ni siquiera la voz calmada de mi hermano iba a detenerme. -Es muy alto para ti.
-También lo es para ti, que no eres un gigante.
-Cierto, pero yo podría hacerlo más fácilmente, ya que soy más alto- bufo Jaime contrariado.
-Déjense de peleas chicos. Si te atreves tú también Jaime, me tendrás que decir que quieres ya que yo solo tengo libros. Pero si quieres algo no tienes más que pedirlo.
Jaime resopló. Desvió la mirada y nos siguió, sin participar de nuestro entusiasmo, mientras nos dirigíamos a la base de uno de los postes que sostenía la cuerda.
Tengo que decir que estaba bastante alto. Vi al chico anterior bajar descolgándose con las manos y caer de manera especial sobre los pies, para rodar gimnásticamente sobre la hierba. Me puse nervioso ante lo que representaría el hecho que me cayera. Pero tenía que hacerlo. No podría ser tan difícil si no miraba abajo y yo estaba decidido. Quería lograrlo.
Me quite los zapatos y con una última mirada a mi impulsor, empecé a escalar por los travesaños del palo. Me dolieron las manos ante el esfuerzo de aferrarme a un travesaño e impulsarme para llegar al otro. Era demasiado, demasiado pequeño, eso se debería ver a leguas. Al fin llegue a la cima y con una sonrisa de triunfo mire a mi tío.
El vértigo se apodero de mí. No debí haber hecho eso. El viento agito mis cabellos y me balanceó. Con prisa mis manos se aferraron a la madera. Ante mí, ahora solo se extendía una delgada línea, sobre la cual tendría que avanzar para lograr mi objetivo. Los riesgos y peligros estaban a los lados y por debajo de mí sí me caía. Sí. Existía la posibilidad de que cayera. Tenía que ser consciente de eso.
-Ánimo Tyrion, el primer paso siempre es el más difícil, ya te lo he dicho. Atrévete a dar ese paso, hijo.
Las palabras de mi tío me sonaron lejanas pero certeras. Empezar siempre era difícil, era lo que siempre decía él. Lo vi dándome ánimos con las manos y la cabeza mientras mi hermano, tenso como la cuerda que tocaban mis pies, cruzaba los brazos y me observaba con los ojos atentos y preocupados.
Solté la madera. Inicie como había visto al niño hace rato. Extendí los brazos. Con un paso dubitativo di el primero. Pise la cuerda que estaba dura bajo mis plantas. Muy dura. Pero mis pies eran tan pequeños que casi constituía una ventaja. Sonreí nerviosamente. Era hora de dejar la base fija del tocón y llevar mi pie al frente del que ya estaba en marcha. Con un respiro hondo lo hice.
Con los dos pies sobre la cuerda y sobre el vacío, de repente me di cuenta que era algo fácil. No lo sé…Fue como si algo en mi mente y cuerpo me dijera que podía hacerlo. No era pesado, era pequeño y ciertamente ágil. Era solo cuestión de decidirme, mantener el equilibrio y hacerlo. Avancé sin ser capaz de creerlo yo mismo. Moviendo las manos, avance poco a poco conteniendo el aliento.
Escuche abajo a mi tío hablar con alguien que se acercó a él. Tenía la apariencia de ser el encargado de los trapecios. Tal vez le dijera que no podía hacer esas cosas sin permiso. Pero después se quedó viendo al igual que muchos otros que pasaban por allí.
Quise reírme. Imaginé que todos se asombrarían de ver al raro hijo de los Lannister lograr una hazaña de equilibrismo a la primera. Así le demostraría a mi padre que no era tan inútil y despreciable como él pensaba y como los demás lo hacían. Ya iba por la mitad de la cuerda y me sentía muy seguro de mí mismo. Vaya lección les daría a todos los que me menospreciaban.
Una ráfaga de viento se levantó de repente, azotó mi cuerpo y agito la cuerda. Creo que grite dentro de mi boca porque mi cuerpo bamboleo de un lado al otro. Pensé que iba a caer, pero me concentre en calmarme para estabilizarme. Si caía estaba seguro que me mataría. Pero fue en ese momento cuando vi a Jaime justo debajo de mi con los brazos extendidos, como si al momento de la ráfaga él hubiera corrido para cogerme si me venía abajo. Vi su mirada dura ante las exhalaciones y ciertas risas que se añadieron a la bulla de la muchedumbre que ya se había formado.
Agradecí en silencio a mi hermano. No iba a morir si caía. Jaime, valiente como siempre me protegía. Pero no quería decepcionarlo ni tampoco a mi tío. Faltaba tan poco. Me esforcé por continuar con más cuidado esta vez sin abusar de la confianza. Puse todos mis sentidos en el tramo que faltaba, concentrado completamente para no cometer otro error. Y la cuerda de pronto acabo y sentí los pies en la madera y mis manos en el poste del otro extremo.
No pude decir cuan feliz me sentí. Euforia completa y emoción me inundaban. Escuché aplausos y vítores que me siguieron mientras bajaba por los travesaños. Mi tío me esperaba al final y me cargo para luego revolverme el pelo depositándome en el suelo.
-Bien hecho Tyrion, lo lograste, estoy orgulloso de ti. –Me miró con confianza como si supiera desde siempre que iba a tener éxito.
-Me gane el libro, ¿verdad?- el resuello y agitación se notaba en mi voz.
Me miró con aprecio. –Claro que sí.
Feliz, mire a Jaime a mi lado. Lucia enojado todavía, por la preocupación que le había hecho pasar, pero alegre de lo que había logrado.
-Creo que Cersei tiene razón. Eres un pequeño monito…-lo dijo sin mala intención sonriéndome-; eso fue muy valiente Tyrion y muy impresionante.
Empezamos a alejarnos del gentío que ya se desperdigaba. Un hombre extraño con aires de marinero, todo de negro, con un cuervo disecado en el sombrero enorme, se acercó a mi tío.
-Señor tiene un interesante y talentoso chiquillo en su poder –los ojos le brillaban con ambición bajo unas cejas duras y gruesas-. Me dedico a encontrar fenómenos y demás tesoros no descubiertos y se sacar provecho de ellos, ese es mi negocio. Sería muy famoso en las presentaciones en las cortes de Pentos, ¿sabe? Si quisiera vendérmelo pienso ofrecerle mucho dinero por él.
Jaime se indignó mucho. Puso la mano en su espada que siempre llevaba con él y con gesto amenazante al hombre lo encaró.
-¡Como te atreves insolente idiota!…él es mi hermano y el hijo de Tywin Lannister señor de Roca Casterly.
Yo estaba tan feliz que ni siquiera me moleste por el insulto. El hombre se puso a temblar ante la mirada feroz de Jaime y pidió disculpas por el error. Mi tío solo se quedó pensativo y a modo de broma dijo.
-Sin duda tiene talento para más cosas que solo eso le aseguro, es muy inteligente. Sería una estupenda inversión este pequeño diablillo…-me miro arqueando las cejas-. Lo vendería pero su padre me mataría, seguro. –Puso una expresión de tristeza chistosa y añadió con gesto contrariado moviendo la cabeza-. En fin, me tengo que conformar con ver a mis sobrinos surgir, sin producirme nada de dinero…
Me reí con fuerza al igual que mi tío, pero Jaime aún estaba mascullando cuando el hombre se marchó dirigiéndonos miradas recelosas tras él.
-Que se ha creído ese bellaco. No era de por aquí, eso es seguro. Como se atreve a decir semejante cosa.
-Siempre hay idiotas como él en el mundo; tú deberías saberlo más que nadie Jaime. Pero me alegra que defiendas a tu hermano pequeño. Aunque Tyrion sabe que no se debe hacer caso a todo lo que se diga de uno y es mejor tomarse las cosas con diversión. Usar la inteligencia contra los estúpidos, es lo que siempre digo.
-No debiste animarlo a hacer eso, tío- añadió mi hermano de camino a casa, en medio de un griterío en las tiendas de una troupe que iniciaba su sesión de teatro vespertina–. Padre se enterará y sin duda se enfadara con Tyrion y con nosotros dos.
-¡Bah!, temes mucho a tu padre Jaime. Él está más ocupado jugando a ser la mano del Rey que para venir a ocuparse de estos asuntos. -Mi tío agito la mano e hizo un gesto obsceno de rebeldía-. Además todo esto sirvió si les he enseñado algo a los dos, por lo menos.
-A mí me ha enseñado que puedo ganar libros haciendo más cosas arriesgadas como esas- dije haciéndome el listo.
-No me digas que incluso tenía enseñanza esa locura- pregunto Jaime con ironía.
-Claro que sí. No iba a arriesgar la vida de Tyrion en vano, que creías. -Se hizo el ofendido aunque creo que en parte fue real su compunción.
-¿Entonces, cuál fue?- cuestione con interés.
Mi tío se detuvo para permitirme ponerme los zapatos una vez estuvimos lejos de la feria.
-Tyrion, dime una cosa. ¿Sufriste mucho para llegar al otro lado de la cuerda?
Decidí ser sincero. –Sí, un poco, me dolieron los pies y me dio vueltas la cabeza pero quería cumplir mi objetivo para ganar el libro.
-Y dirías que tuviste miedo y te desanimaste a mitad de camino cuando casi caíste…
-Casi me caigo por una estúpida ráfaga de viento. –gruñí, pero ante la mirada escudriñadora de mi tío, al final tuve que aceptar. –Me desconcentre y pensé que iba a caer y morir… pero Jaime estaba abajo cuando mire.
Le sonreí a mi hermano y él asintió con la cabeza.
-Luego me concentré y no permití confiarme demasiado y así logre llegar al otro lado.
-Pero después de todas las dificultades y peligros… ¿qué sentiste cuando llegaste al final?
-Me sentí muy, muy feliz.
Mi tío sonrió con cariño y se inclinó hasta quedar a mi altura.
-Esa es la vida Tyrion. La vida es como una serie de cuerdas interminables en la que tienes que mantener el equilibrio para no caer. Duele atravesar y continuar el camino pero es el único que puedes seguir. A veces nos equivocamos y corremos el peligro de caer en ciertas vejaciones o tentaciones insulsas que no valen la pena. O nos confiamos demasiado creyendo que hacemos lo correcto pero el tambaleo nos indica que hay algo que estamos olvidando como los más básicos principios. Y sí. Puedes caer pero encontrarte con que no estás solo y puedes encontrar ayuda para levantarte –miro con cariño a Jaime a mi lado –. Pero no siempre es así. A veces se gana y a veces se pierde. Es por eso que en el camino de la vida tenemos que valernos de nuestra mente para no permitirnos perder la concentración. La vida es difícil en estos tiempos, lamentablemente, así que inevitablemente tenemos que estar preparados para afrontarla con inteligencia, valor, fuerza y honor. Solo así lograremos llegar a una de las metas.
-¿Y cuál es esa meta tío?- pregunte lleno de curiosidad. Jaime mismo observaba con avidez a nuestro tío, como si fuera a desvelar el secreto del sentido de la vida.
-Lo que sentiste Tyrion. Felicidad. Es el único motivo por el que estamos vivos. Busca tu felicidad Tyrion. Tú también Jaime. Conseguirla es tan fácil si siguen los pasos de la cuerda. Busquen cada uno su pedacito de felicidad. Y les aseguro que eso no se encuentra en las cosas materiales. Difícilmente. Lo más importante es el corazón y lo que este siente. Él les indicara cuál es su verdadera fuente de felicidad.
-¿Te refieres al amor tío? –Jaime tenia duda en la voz –, padre dice que el amor en estos tiempos es estúpido e inaceptable entre los grandes señores de Poniente.
-Tu padre habla como un amargado Jaime, trata de gobernar y hacer su voluntad que olvida cosas más importantes que ese tonto trono de Hierro. Pero supongo que encumbrar a la casa Lannister demuestra un poco de cariño hacia nosotros. No lo sé. –Movió la cabeza con desasosiego- es lo que quiero creer, digo es mi hermano mayor, ¿no?
Yo me quede pensativo. Buscar la felicidad. Eso era muy bonito…pero para alguien como yo eso se veía imposible. Era pequeño y deformado, con el mundo demasiado grande ante mí que parecía odiar a las personas como yo.
-Tío, ¿crees que alguien como yo pueda encontrar la felicidad alguna vez?
-Tyrion, claro que sí. Y para confirmarlo está el hecho que te arriesgaste a subir a la cuerda porque viste tu objetivo al alcance de tus esfuerzos. No sabias como hacerlo y nunca antes lo habías hecho, pero lo hiciste. Subiste a la cuerda y eso fue suficiente. ¿O no recuerdas que únicamente en eso consistía el trato? Yo dije subir, no dije nada de atravesar. –Se rio ante nuestros rostros estupefactos -. Ya por el hecho de subir te hubiera dado el libro porque te arriesgaste y eso se debe hacer en la vida. Debes temer a la caída pero no por eso acobárdate. Luego todo viene, fácil o difícil, pero viene: los problemas, penas, dudas, alegrías, anécdotas…y tras todo se encuentra la felicidad. Si te arriesgas a dar el paso, tus esfuerzos siempre se verán recompensados.
Era la primera vez que lo veíamos hablar tan seriamente y con la mirada tan compasiva al vernos, como si supiera por lo que íbamos a pasar en el futuro, en nuestras vidas. Allí me explique el hecho de que quería que mi hermana también escuchara esa enseñanza. Estaba dejándonos su impresión del mundo y expresando lo que deseaba que nosotros alcanzáramos. Felicidad.
Se hizo una pausa. Tyrion quedó callado, recordando esos momentos de su niñez con un gesto de aprecio y felicidad. Sansa lo miró entre conmovida y extasiada tras finalizar la bella historia. El sol estaba ya bastante alto, pero la copa del árbol los cubría. Sin embargo algunos rayos se colaban entre las hojas tocando el pelo de Tyrion, lanzando destellos dorados a su alrededor.
Con una sonrisa, la observó frente a él. -¿Ves a lo que quiero llegar, Sansa? Un ejemplo paterno si lo tuve, pero no vino precisamente de mi padre- tomó su mano con suavidad, como queriendo transmitirle y que comprendiera el aprecio que sentía por su tío Gerion desaparecido, e incluso por su hermano, ahora también desaparecido-. Cuando una puerta se cierra otras aparecen y a veces son mucho mejor que la que se cerró y no conviene olvidar nunca como llegar a esa puerta.
Sansa asintió. Ella lo sabía. O creía saber. Estaba segura que Tyrion era esa puerta que se había abierto para ella cuando todas las demás se cerraron. Cuando su mundo se desmoronaba y sentía que no pertenecía a ningún lado.
Era lo mejor que le había pasado. ¿Había encontrado su rinconcito de felicidad, también? ¿Y él…lo había encontrado? Deseaba desesperadamente formular esas preguntas en voz alta.
Pero no pudo decir nada. Solo se dedicó a verlo con un inmenso cariño y admiración y algo resonando fuertemente en su pecho. Tyrion también se le quedó viendo, con una ligera sonrisa mezclada con lo que parecía nerviosismo y algo más que no pudo identificar, ante su directa mirada un poco impropia de una dama. Pero no podía dejar de verlo. No sentía miedo ni pena. Se sentía tan en paz, tan tranquila con el mundo, rodeada de la naturaleza apacible, allí, en frente de su esposo…
Empezó a ver borroso. Como si los contornos de su visión se difuminaran. Pero seguía pensando en lo afortunada que era. No había Stark ni había Lannister en ese bosque de alguna parte del mundo. No dudas, no rencores. Solo estaban ellos dos. Podía ver su hermoso cabello cayendo en rizos dorados sobre su frente. Las cicatrices de su rostro tenían un aspecto menos aterrador bajo las luces del bosque mismo. Vio una mirada de aprensión en sus ojos cautivantes, tanto el negro y el verde, ante su mayor cercanía.
Descendió la mirada a su boca. Con un deseo repentino y desconocido quiso poder acercarse a ellos. Con un arrebato indescriptible deseaba saber el sabor de sus labios. Porque no lo conocía.
Era consciente del latido fuerte de su corazón que le impulsaba a eso. Le pareció un tanto inadecuado pero se inclinó hacia él, apoyando las manos en las raíces del árbol a ambos lados de Tyrion. Sintió su respiración sobre ella y con su propio aliento agitado chocando contra él, cerró los ojos.
Pasó el tiempo. No lo besaba, ni él la besaba, a pesar de su claro mensaje. Pudieron pasar horas o segundos, el tiempo no existía en ese borrón verde y azul. Abrió los ojos para verlo mirarla tranquilamente aunque con tristeza.
-Sansa, no podemos hacer esto.- el tono de su voz era normal aunque apenado.
Un poco molesta por su impasibilidad, pero desesperada por sentirlo, no se separó ni un milímetro, mordiéndose los labios al preguntar.
-¿Por qué no? Eres mi esposo…Se supone que puedes besarme cuando quieras y yo puedo besarte si quiero…y es lo que quiero ahora…
Tyrion hizo una mueca más triste. Compasivo pero con cierto gesto analítico.
-No podemos, porque esto es un sueño.
-¿Cómo? Por supuesto que no.
-Mira a tu alrededor Sansa.
Sansa a regañadientes le hizo caso. No veía nada de lo que se suponía debía estar ahí. Estaba todo oscuro con un único haz de luz encima de ellos que se cerraba lentamente. Sin embargo aún podía escuchar el sonido de las hojas con el viento y percibía el temblor de la luz entre los árboles. Parpadeó confusa.
Tenía razón. El bosque había cambiado para desaparecer por completo. Ni siquiera sentía el suelo debajo de ella.
Sorprendida miro de nuevo a Tyrion que la observaba con curiosidad. – ¿Cómo es esto posible?
-Bueno, es tu sueño Sansa, se mucho menos que tú como llegamos aquí; lo único que sé es que no es real.
-Pero lo que hablamos…lo que me contaste es verdad. Sucedió. Lo recuerdo. Podemos llamar a Tommen, él nos dirá que es real…debe estar junto al rio.
-Lo de hace un momento fue real Sansa. Sí pasó –puso un gesto de concentración como si buscara una explicación. Sansa estaba inquieta y atormentada con su tranquilidad-. Yo creo que mientras dormías, recordaste este momento de nuestras vidas y en algún instante, tu sueño se convirtió en un sueño realmente. Me aventuro a suponer que fue cuando todo empezó a difuminar…hasta a mí me pareció raro.
Fue como un balde de agua fría sobre ella. Sansa se encontraba completamente afligida y descorazonada por dentro. Lo que sentía, lo que quiso hacer con tanto deseo… ¿nunca había pasado en realidad? Las ganas de besar a Tyrion sintiendo el golpeteo furioso de su corazón… ¡¿había sido real o no?!
-¡Pero yo quiero besarte! –Dijo con desesperación, acercándose a él para tocarlo y ver que era real y tangible, mientras la oscuridad se iba acentuando y el haz de luz vacilaba haciéndose más tenue cada vez-. Por favor…Fue real lo que sentí y lo que siento, en serio… ¡Tienes que creerme Tyrion…!
-Calma pequeña…-eso fue como una bofetada con guante blanco para Sansa-. Mira, no podemos hacer esto porque nunca paso. Si me besaras ahora no sentirías que me estas besando porque nunca sucedió.
-Puedo besarte ahora…
-No sería real, querida Sansa. Lo siento…pero no creo que quisieras algo así ¿verdad?
-¡Porque no puedo besarte Tyrion!- casi grito, derramando unas lágrimas que no aparecían en sus mejillas, con la tristeza inundando su alma. Completamente conmocionada empezaba a perder la nitidez de su rostro.
-No lo sé pequeña…-el Tyrion de sus sueños lucía genuinamente apenado-. Lo siento…pero creo que eso no depende de mí. Pero podrías averiguarlo preguntándome cuando despiertes…
Tyrion vaciló un poco al decir eso. Elevó la mano como queriendo tocar su mejilla y consolarla, pero la luz murió de repente y todo desapareció en la oscuridad.
Así que… ¿qué les pareció? No es mucho un sueño, pero para empezar está bien. Ahora al menos Sansa tendrá muchas preguntas que hacer, con un corazón cada vez más espabilado y ansioso por saber…
Saludos.
