Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.

Advertencia: cambié algunas de las personalidades de los personajes. Alec en esta historia no es gay, amo a Malec pero esta fue una idea que llegó a mí y quise probar, su personalidad es más dominante y romperá con el esquema del personaje del libro. Espero lo tomen con calma y le den una oportunidad. Dejaré que la historia fluya e iré incluyendo nuevos personajes según los necesite, así que no se extrañen.


Jace

Después de haber conducido un largo rato para despejar mi mente, me encuentro en la vieja cancha de fútbol, de hecho más que una cancha parece un terreno baldío pero para mí significa infancia, momentos donde era feliz y no sabía. El quemado suelo que piso me recuerda lo que añoro y no tengo, lo que tuve y perdí, me recuerda lo que fue y ya no será. Veo mi reloj y veo cómo pasan los segundos e intento no volverme loco, suspiro para saber que respiro porque siento que ya no tengo aliento, estoy tan muerto por dentro, mi alma podrida y los gusanos haciendo fiesta de mi cuerpo. Nunca imaginé que tanto dolor sería posible sentir.

Espero pacientemente pero no es como si pudiera decidir eso, mi cuerpo no da para más y tal vez me vean como un marica, tal vez se rían de mí por llorar pero ¿qué más se puede hacer cuando se pierde todo?

Estoy roto.

— ¿Jace?

— Sí

— ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?

— Necesito un favor, si eres mi amigo ayúdame — dije haciendo caso omiso a su pregunta.

— Para, para; primero cuéntame ¿qué rayos está pasando? — dijo frunciendo el ceño, lo vi a los ojos y vi la verdadera preocupación en su mirada.

— Sé que te debo una explicación pero ahora necesito saber si puedo contar contigo a ciegas.

— No dudes de mí — su expresión pasó a ser seria y me di cuenta que en él tenía un amigo. A diferencia de Clary, Jon era el vivo retrato de su padre; pelo rubio casi blanco, alto, fornido y atlético; sin embargo, sus ojos eran igual de verdes que los de ellas. Su temperamento iba de lo tranquilo a lo asesino en un segundo y en cuanto se refería a su hermana y protegerla su instinto asesino era mayor.

Suspire agotado y decidí contarle toda la historia. Nunca quité mi mirada de sus ojos mientras le contaba toda la historia, todo lo que había ocurrido con Alec, su hermana, no omití nada, ni la pérdida de su virginidad. Vi como el rostro sereno de Jon pasó de preocupado a frío asesino, vi su rabia y cólera, pero necesitaba decirle a alguien y sacar la tristeza y la injusticia de mí. —... Es por eso que necesito donde quedarme — terminé diciendo y noté como se contenía para no explotar. Tras quedarse un rato en silencio, me respondió:

— Te puedes quedar conmigo como sabes tengo mi propio piso; te lo comenté antes que a mi propia familia.

— Gracias... — dije o más bien susurré.

— Pero pienso que deberías quedarte cerca de Clary, te prefiero a ti mil veces que a Alec — debió ver la confusión en mí pues continuó diciendo — increíble, debes estar muy mal para no hacer broma alguna con lo que acabo de decir — sonrió forzadamente.

— Jon — gruñí.

— Ya, ya pues… Lo que quise decir es que sé que matarías a cualquiera por mi Clary y no dejarías que nadie nunca le tocara un cabello, por eso confío en ti cuando estás con ella, por eso no me preocupo.

— ¿Gracias? — Frunció el ceño e ignoró mi intento de sarcasmo.

— Cuando me enteré que ella se hizo novia de él, me enojé sobremanera porque sé que no la cuidará también como nosotros — fue ahí cuando comprendí todo, observé la sinceridad en su mirada y entendí porque siempre me permitía todo con ella, no era solo un perro guardián, Jonathan de verdad confiaba ciegamente en mí para dejarme al cuidado de una de las personas a quien más ama — pero Alec… — suspiró y sus ojos se tornaron más obscuro y eso solo significa problemas — …pagará el haberle tocado un cabello, ¿quién rayos se cree él para robarle su inocencia? Que se dé por muerto — dijo frío. Intenté hablar pero me calló diciendo — ¡Sígueme!

Sonará estúpido y me veré como un perrito faldero pero eso hice; no tenía ganas de discutir, ni de bromear, por una vez en mi vida quería dejar que otro decidiera por mí. Fui directo a mi carro y lo seguí a él por la ciudad. Entramos a un conjunto residencial de edificios, vi como hablaba con el vigilante y me dejaron pasar como si nada. Observé el similar entre los edificios recubiertos de ladrillos; la zona era muy verde, los árboles adornaban las veredas y al pasar una tras otras me di cuenta cuan civilizados eran todos, pues en ningún momento vi nada fuera de su lugar. Jon cruzó en la antepenúltima vereda y se detuvo al final del puesto de estacionamiento. Se bajó de su coche y me dijo que me colocara al lado. Una vez hube estacionado el carro y después de salir de él, John se me acerca y me indica — ¿Ves ese trébol allí? — Me dice señalando la parte superior de su parabrisas izquierdo en donde hay una etiqueta en forma de trébol, me fijo bien y asiento a lo que él sigue la explicación — es lo que indica que somos propietarios. Cuando estemos arribas te daré la etiqueta — me dice socarronamente.

— ¿Acaso no es una plaza por propietario? — pregunto enarcando una ceja.

— Sí, pero compré todo el último piso y esos tienen 4 plazas ya que son pent-houses.

— Entiendo — dije asintiendo y sonriendo — eres un pillo Jon, no cambias — me miró divertido y ambos soltamos una carcajada que para mí era necesaria.

— Bueno amigo mejor subamos que mi ángel me espera en casa de mis padres. Te enseño todo y nos vamos para allá.

Me tensé — no pienso ir — digo serio y casi gruñendo.

— Alguien debe detenerme de matar al jodido de Alec — dice frío.

— No quiero detenerte.

— Mejor para mí… después no quiero arrepentimiento — dijo y luego se carcajeó. — Vamos pequeño Jace, desde hoy inicia tu nueva vida — reí ante su comentario y acepté gustoso mi nuevo camino. Me despedí de quien era en el pasado. Me di cuenta que hice bien al buscar a Jon, hablar con él hizo bien en mí.

Entramos en el edificio y no era tan fuera de lo común, si me fijé que cada edificio tenía entrada independiente, que era de cinco pisos, en cada uno había cuatro apartamentos y no había ascensor; el piso era de ladrillos rojos al igual que las escaleras, todas las paredes por dentro eran frisadas y blancas, las puertas de las casas eran azules y en casi todas había matas adornando el pasillo.

Cuando llegamos al piso de Jon me di cuenta cuan diferente era aquí arriba, todos los demás pisos se veían cálidos y familiares este un tanto frío. Entramos en lo que ahora sería mi nuevo hogar, quedé sorprendido por el gusto de Jon; la casa era una combinación rojo, blanco y negro. El piso de porcelanato blanco y las paredes iguales frisadas y pintadas de blanco; de resto los accesorios y demás muebles de la casa iban en una combinación de rojo y negro, al igual que la cocina, todo esto me dio una sensación de calma y me sentí a gusto. Jon me dejó solo en la sala y decidí sentarme en uno de los bancos de la cocina americana, él salió de lo que supuse era su cuarto, me entregó un llavero en forma de trébol con 3 llaves y un botón peatonal, además de la etiqueta para el carro. — Gracias Jon — dije sincero.

— No te preocupes. Ahora párate de allí y vamos.

— Te dije que no iría — gruñí.

— Quieras o no irás conmigo a ver a Clarissa; les tengo una sorpresa — dijo sonriente.

— No sé si lo notaste pero ya odio las sorpresas — dije de mala gana. A lo que él se carcajeó y me hizo salir a empujones del apartamento. Una vez en el estacionamiento, nos subimos a su camioneta y salimos a la casa de mi amada.

— Te amo pequeña — pensé.