¡Hola! Un nuevo capítulo publicado casi inmediatamente después del anterior. No sé si marcho lento o qué; pero me parece apropiado que todo transcurra con coherencia, por lo tanto gradualmente. Ya sé que Sansa aún está en el limbo de los sentimientos y Tyrion ni siquiera muestra algo más allá de esa relación platónica que se ha creado entre ellos. Con lo de Tommen y la renuencia de su esposo, Sansa se verá más perdida que nunca, como se evidenciara en los siguientes capítulos. De alguna manera todo se resolverá…;)
Saludos y mil gracias a todos los que se pasan por la lectura, son seguidores o me han dejado reviews. Lo aprecio de aquí hasta las sombrías y misteriosas tierras de Asshai.
-Mila está preparando el baño, mi señora- anunció Calei, sin hacer preguntas demás; mientras le ayudaba a quitarse el vestido, antes hermoso, ahora sin duda destinado a la basura.
Sansa se lo agradeció. Pensaba en demasiadas cosas en ese momento con la desagradable sensación de que se estaba perdiendo algo importante.
Se dirigieron al cuarto de baño y se encontraron con Mila y la bañera de cobre lista, llena de agua humeante en medio de un ambiente húmedo y empañado. Después de quitarse el resto de su ropa procedió a sumergirse en el agua caliente, logrando relajar los músculos de su agarrotado cuerpo y calmando un poco el malestar en su cabeza y la confusión de sus pensamientos.
En realidad, Tyrion tenía una parte de culpa, pensó Sansa abstraída, mientras Calei iba vertiendo extractos aromáticos en la bañera y Mila procedía a masajear su cabeza en medio de la espuma del jabón. Su esposo siempre la había tratado como una niña más, casi de la misma manera en que trataba a su sobrino. Con intención o no, el caso es que así había sido todos esos años.
Analizándolo profundamente, había sido como si construyera un muro invisible entre ellos dos, tan sutilmente que apenas recién se estaba dando cuenta. Su actitud para con ella era tan amable y desinteresada que el hecho que fueran esposos, cautelosamente se perdió en los vericuetos de la subjetividad de su relación.
Era por eso que Lady Genna había observado y reprochado esa extraña convivencia que tenían; como si entre los dos hubieran llegado a un acuerdo desde el principio.
-Lo tratas como un pequeño amigo…, había dicho la mujer el día anterior. Sansa al principio no vio como eso podría significar algo malo. Ahora, sin embargo, su consciencia le recriminaba el haber permitido que pasara justamente eso, entre Tyrion y ella.
Me habla casi como si fuera…su hija…o un pariente cercano. Ni siquiera me ve de esa forma que la primera vez…
La voz lejana de Tyrion llego súbitamente en medio de sus pensamientos, cohibiéndola y amargándola más de lo que ya se encontraba.
…No te tocaré hasta que tú quieras.
Está bien, era verdad. Desde su noche de bodas ella había dejado ciertamente claro que jamás iba a querer algo con él. Las palabras que pronuncio esa noche, aun le traían a su memoria física los temblores y la tensión de su cuerpo desnudo, recostada en la cama frente a Tyrion, igual de desnudo y nervioso que ella. Ambos completamente desconocidos pero al final, como verdaderos marido y mujer que eran…
Recordó como el rostro de Tyrion había cambiado ante sus palabras, evidenciando con cada gesto lo mucho que lo había lastimado con esa declaración.
Era tan estúpida en esos tiempos…
Pero, en esos tiempos Sansa no confiaba en nadie, mucho menos en su nuevo y obligado esposo Lannister; perteneciente a la familia que la tenía cautiva y destruía su mundo paulatinamente como si fuera un castillo de nieve.
El miedo y odio que sentía por todo ese entorno, en ese entonces, le impidieron comprender lo diferente que era Tyrion de los demás miembros de su casa. Lo bueno y valioso que era.
Escape…pero él volvió…volvió por mí y me salvó…
Las cosas habían cambiado tanto desde entonces.
Después de oscilar en medio de reyertas y traiciones, acuerdos y complots; cuando creía que no tenía un lugar en el mundo, Tyrion había vuelto a aparecer en su vida. No se enojó con ella por haber escapado de Desembarco del Rey luego de la muerte de Joffrey, ni tampoco por haber seguido a Meñique hasta el Valle. Volvió a darle un lugar como su esposa, sin ninguna clase de rencor ni intereses ocultos, como solían tener todos con relación a la última descendiente de la casa Stark. Con honor y respeto la acogió y protegió como había jurado hacerlo en la ceremonia de su boda en el gran Sept de Baelor.
Lo que Ser Garlan Tyrell le había dicho una vez, hacía ya tanto tiempo, era cierto. Tyrion era una gran persona. Era el mejor esposo que alguien hubiera podido desear. Sansa era muy consciente de ello. Eran inteligente, valiente, bueno con los que lo merecían, astuto y difícil de engañar con los interesados y corruptos. Y era confiable…Sansa hubiera podido confiarle su vida de ser necesario…
El agua caliente y fragante la hacían sentir tan bien. Ligera en medio del líquido, su mente se relajó y el malestar del día anterior amaino considerablemente. Incluso la humillante discusión en el salón, en la que se le atañía a ella en específico, dejo de dolerle y molestarle. Los demás podrían decir lo que quisieran; ella estaba segura de lo que su esposo significaba para ella y lo agradecida que estaba hacia él.
No podía describir con palabras el aprecio que sentía por Tyrion. Muy a pesar de pertenecer a la familia que había destruido su mundo, asesinado a sus padres y hermano mayor. Ella era una Stark y él un Lannister; pero Tyrion lograba que no importara los títulos y apellidos entre ellos. Conociéndose poco a poco y cimentando la confianza entre ellos, todos esos años de convivencia, increíblemente habían sido casi tan idílicos como en sus antiguas fantasías de niña ingenua. Debía agradecer demasiado a los dioses por eso.
Solo había algo que faltaba para que todo fuera perfecto.
¡¿Cómo es que nunca lo he besado aparte de esa primera vez?!
La pregunta surgió de pronto, con cierta incredulidad en su interior, dejándola un tanto ofuscada.
Obviamente el beso de Tommen, la hizo dar cuenta que nunca había besado a su esposo y por eso su inconsciente le había hecho soñar de esa manera con él, hacia unas horas.
Casi parecía imposible. Tyrion nunca la había besado, mucho menos intentado… ¿por qué no…?
Sansa de repente, sintió de nuevo la misma opresión en el pecho que había sentido hace unas horas en su sueño y un cosquilleo interno en las manos, ascendiendo raudo por sus brazos.
-¿Mi señora, el agua está muy caliente? De pronto se ha sonrojado mucho vuestro rostro…-la voz preocupada de su doncella la sacó de su ensimismamiento.
Aparte de sentir vergüenza tras la pregunta de su doncella ante su reacción evidente y su piel erizada, Sansa experimentó una inusitada, extraña y recóndita placidez.
-No pasa nada Mila, no te preocupes- negó con la cabeza y sonrió levemente con los labios-…creo que ya es suficiente, tráeme mi bata por favor.
Mientras se arropaba en la suave tela, no pudo evitar volver a la estela de sus anteriores pensamientos.
Quiero hacerlo. Quiero besar a Tyrion…Quiero saber que se siente…
El corazón le latió con tremenda rapidez. Un tanto aturdida, se dirigió a su dormitorio seguida de Calei, que le secaba el pelo con una toalla. Ya frente al espejo comprendió a que se refería Mila hace momento. Su rostro estaba más sonrojado que nunca, intensificándose el carmín en sus mejillas contrastando con la oscuridad de su pelo mojado. Trato de disimular, pero se veía en la cara de las muchachas, extrañeza y preocupación ante su comportamiento.
Nunca antes se había sentido así. Temerosa y animada al mismo tiempo. Ansiosa hasta cierto punto por realizar ese deseo frustrado. ¿Cómo se sentiría? ¿Qué sentiría Tyrion si ella le pedía que la besara? De repente, creyó que esa sería una buena forma de decirle que estaba lista para cumplir con su deber de esposa…
Una nube de duda empaño de pronto su entusiasmo. ¿Qué pensaría Tyrion de su descaro? Un tanto acobardada, consideró que él nunca hablaba de esos temas y sólo se acercaba a ella lo estrictamente necesario. El muro invisible se había encargado muy bien de eso.
Preocupada, recordó lo que él dijo esa mañana sobre lo agradable que era dormir con ella. Evidentemente Tyrion se había sentido avergonzado de revelarle eso. Pero lo había hecho. Tímidamente se dio cuenta que le encantaba saber que Tyrion pensara eso de ella.
El rubor volvió a invadirla y evitó la mirada de Calei y Mila a través del espejo.
Seguramente creerían que estaba un tanto trastornada esa mañana. Y sin duda lo estaba, pero trastornada en el buen sentido, por así decirlo.
La mañana paso volando, con la rapidez propia de las circunstancias en que se tiene visitas y los niños son el principal centro de atención. Sansa desayunó con la familia de Lancel: su esposa Amerei, la madre de esta, Lady Mariya, Lady Dorna, una alegre Janei y el pequeño Kevan en brazos de su ama de cría.
Janei se robó gran parte de la conversación, creando un ambiente relajado y tranquilo con sus divertidas preguntas, roto a veces por un llanto esporádico del niño y el cerrado mutismo de Lancel que como siempre, se limitó a comer con gesto adusto y pensativo. Dos veces trato Sansa de entablar conversación con él por cortesía, hasta que Amerei le hizo un mohín elocuente para que no siguiera intentándolo.
-Es como un niño a veces, mi Lady –le había susurrado en complicidad la joven esposa-. Su madre dice que le gusta reflexionar y cavilar, pero yo creo que únicamente es pantomima para que lo dejemos en paz. Nunca me cansaré de dar gracias a los siete de que por lo menos se dignó darme un hijo…
Lady Dorna, esa mañana, le ayudo a elegir los platillos que se servirían en la comida. Allí le conto que su viaje se pospuso debido a que su hijo había llegado y pensaban quedarse unas semanas más. Después, con Janei colgada del brazo, se dirigió a las caballerizas para administrar la limpieza de los establos y el cambio de forraje estacional. Se preguntaba si Lady Genna, a quien no había visto hasta ese momento por suerte, se iría ese día a los Gemelos como tenía planeado. No albergaba muchas esperanzas al respecto, pero convenía tener las monturas y carruajes preparados.
Hacia el mediodía, pregunto a Podrick si había visto a Tommen. El muchacho no había aparecido en toda la mañana y Sansa empezaba a preocuparse. Se sentía bastante mal por lo ocurrido y pensar que él la estaba evitando incrementaba su culpa.
-Habló esta mañana con Lord Tyrion, mi señora. Después se dirigió hacia el bosque. Se llevó provisiones, así que no creo que pase hambre, mi Lady.
Saber eso la alivio y puso nerviosa a la vez.
Tyrion ya había hablado con él. ¿De que podrían haber hablado?...Tal vez hiciera oficial su nombramiento como lord de Roca Casterly. No, era imposible. Sansa decidió no pensar en ello todavía. Pero tendría que hablar con Tommen de una vez, para arreglar todo entre ellos.
Como esperaba, el muchacho no se presentó a la hora de la comida. Al comedor acudieron todos los que estaban presentes en la pasada noche, a excepción de Lord Terrence Kenning.
Tyrion conversó con Lord Marbrand, dirigiéndole a ella cada rato miradas tranquilas y divertidas. Era un consuelo para Sansa, que notó con toda claridad el resto de tipo de miradas de la que era objeto, por parte de Lady Genna, Lady Mariya y Amerei. El propio señor de Marcaceniza, le hizo objeto de un par de cumplidos, para luego quedársele mirándola de una manera curiosa y fatalista.
Escapó casi de inmediato una vez hubieron terminado. Sabía que Tyrion volvería a su despacho a atender otros asuntos, y lady Dorna había ofrecido mostrarle a su suegra y nuera unas reliquias familiares. Sin nadie que la necesitase por un rato y previendo que Lady Genna podría querer hablar con ella, se dirigió a las puertas del castillo, para encaminarse sola al bosque de Lannisport.
No quedaba lejos. Caminando llegaría en menos de una hora. Bajando por el sendero aprovechó respirar profundamente el aire marino, mientras el añil del mar a esa hora, lanzaba destellos blancos y dorados, armonizando con los colores de la ciudad de Lannisport y su animado puerto; donde se veía a las personas transitar como pequeñas hormigas tras sus negocios y vivencias, desde las alturas de la roca.
Era un día bastante apacible con nubes transitorias que arrastraba un suave viento del sur. Se encontró con algunos campesinos en el trayecto, que la saludaron con una reverencia. Después de dos años en la roca, era capaz de reconocer a la mayoría de la gente de los alrededores y saludarlos por su nombre. Era importante conocer y relacionarse con las personas que estaban bajo tu protección, solía decir siempre su padre en Invernalia.
-Lady Lannister. –saludo una niña rubia de unos 9 años, llevando un tropel de cabras hacia el este junto a su hermano mayor. Este le dio un repentino codazo y la niña se ruborizó un tanto para luego corregir vacilante-: disculpe, quiero decir Lady Stark…
Bien. Hasta hace un tiempo el hecho que la llamaran Lannister, le ocasionaba amargas sensaciones en el cuerpo. Demasiados recuerdos sombríos que jamás podrían ser olvidados. Jamás. En todo poniente aún se recordaba el lacerante odio entre Stark y Lannister, que había desencadenado una de las guerras más dramáticas de los últimos tiempos. Ella era una Stark y su esposo era Lannister y la gente no olvidaba eso. Pero Sansa odiaba que ellos se encargaban de recordárselo con pequeños detalles como ese.
-No, está bien, pequeña…-empezó diciendo y se sorprendió de escucharse la voz ronca-. Puedes llamarme Lady Lannister…
La voz se fue apagando en sus labios. Los hermanos, con nerviosismo asintieron y se alejaron rápidamente tras una reverencia, en medio del polvo que levantaban las ruidosas cabras al seguirlos.
Con tristeza reemprendió su camino. Inevitablemente pensó en su familia de la forma en la que dolía recordarlos.
Sus padres y Robb. Asesinados. Ellos y un montón de abanderados del Norte que constituían su pueblo por sangre. Familias que ahora quedaban en el Norte con los recuerdos de sus seres queridos en su historia familiar. Su propia familia en Invernalia, compartía la misma aflicción ante el pasado. Arya, Bran y Rickon, sus hermanos, por los que agradecía todos los días a los antiguos dioses por haberlos mantenido con vida y a salvo cuando creía que toda su familia había muerto.
A manos de los Lannister…
-Tyrion ahora es mi familia, también. Se dijo a sí misma, tratando de darle seguridad a sus palabras con todas sus fuerzas.
Las lágrimas empezaron a picarle de pronto. Sacudiendo la cabeza, respiró y esperó que el viento secara la humedad de los ojos. No quería llorar por eso. Con dolor y lágrimas había aceptado hacía mucho tiempo su situación y aceptado ser una Lannister.
Pero debía aceptar también, que en ese momento, de ninguna manera se sentía como una.
Llegó al bosque. El verdor y el sonido de la naturaleza la animaron un poco, recordando el bonito sueño de esa madrugada. Por lo menos la primera parte, en la que se sentía tan en paz con el mundo. Toco sus mejillas para comprobar que nada había escurrido de sus ojos. Con paso lento se dirigió al claro donde siempre solían ir a comer o descansar, al pie del noble y viejo roble.
Sansa observó con cuidado, buscando algún indicio de que Tommen estuviera allí. Lo encontró. Su bolsa estaba cuidadosamente escondida entre las raíces del árbol. El muchacho no se veía por ningún lado, pero Sansa sabía que tendría que volver tarde o temprano. Se sentó entre las raíces, en el mismo lugar en el que Tyrion lo había hecho hacia tanto tiempo y justo hace unas horas, dentro de su cabeza.
Se quitó la capa. El viento no ingresaba entre las copas de las árboles pero si el sol, provocándole cierto acaloramiento. Pocos sonidos se escuchaban aparte del rumor del rio a lo lejos, como si nadie habitara el bosque en ese momento.
Incluso los animales tienen derecho a un momento de siesta, pensó distraídamente al sentir la quietud a su alrededor.
Tan ensimismada estaba que no noto que un ciervo se había acercado al borde del claro. Volvió a enfocar rápidamente su mirada y vio a Tommen parado al lado del ciervo, a menos de dos metros del animal.
Son imaginaciones mías, se dijo confusa. Ambos la estaban observando fijamente. Después de un instante eterno, el animal lentamente se dio la vuelta para perderse entre la espesura, dejando solo al muchacho en las sombras de los árboles.
Sansa se paró de un salto. –Dioses, ¿cómo hiciste eso Tommen?- empezó diciendo asombrada…pero se detuvo de golpe, sin saber que más decir o como continuar al verlo bajo la luz. Tommen empezó a acercarse sin desviar la vista ni un segundo de ella.
Por los siete, que alto esta. Pensó ilógicamente, al no ver al niño que conocía por ningún lado. De un día para otro, Tommen se había transformado completamente para ella. Tenía casi quince años, era un chico atractivo de pelo rubio y rostro hermoso. Incluso los ojos verdes que hasta ayer la miraban con ingenuidad, ahora expresaban la mirada seria de un hombre, bajo unas cejas gruesas y expresivas.
Sansa no supo porque, pero imagino de pronto a su hermano Robb a los quince años, imponiendo el mismo aspecto que tenía Tommen. Era absurdo, puesto que la última vez que había visto a Robb, fue cuando él apenas tenía catorce. Pero escuchó las historias del Rey en el Norte, junto con Viento Gris, y sus increíbles hazañas en la guerra que empezó ganando con gran superioridad, forjándose una gran historia en todo Poniente.
El joven llego hasta ella y la miro hacia abajo desde su altura. Sansa estaba paralizada.
¿Qué pensaba decirle? Todas sus ideas se perdieron un momento. Ella había ido a hablar con Tommen el muchacho que apreciaba; no a ese joven que apenas conocía y que estaba frente a ella mirándola detenidamente.
Lamento ruborizarse pero lo hizo. Él, la estaba viendo de una manera demasiado directa. Estaba esperando a que ella rompiera el silencio, sin duda.
Debía tener cuidado; no quería lastimarlo por ningún motivo. No se perdonaría jamás arruinar su amistad con él.
-Tommen…-dijo en un hilo de voz, extendiendo la mano para tocarlo pero se lo pensó mejor-. Quiero hablar contigo sobre lo que paso anoche…por favor.
El asintió levemente y por primera vez mostró algo que consoló un poco a Sansa. El muchacho también experimento un ligero sonrojo en las mejillas ante la mención de la noche pasada.
Inició con torpeza sin tener idea de cómo tocar el tema con delicadeza.
-Esto…, algunas veces pasan ciertas cosas, sabes. Cosas que pasan en base a diversas situaciones, las cuales muchas veces tienen causas explicables que…
-Se directa conmigo, Sansa. –La voz del muchacho fue tajante y parpadeo un par de veces en su dirección-. Estoy harto que todos se vayan por la tangente cuando quieren decirme algo.
-Está bien.- accedió ella esperando no empeorar la situación de ninguna manera-. Lo que sucedió ayer…no estuvo bien. Fue algo que paso sin pensar por parte de los dos…-Tragó nerviosamente y prosiguió procurando a su voz claridad y seguridad-: Tyrion es mi esposo, Tommen. No debes olvidarlo, por favor. Eso implica que yo…yo no puedo corresponder a lo que paso ayer…
Su voz se apagó y en medio del silencio del bosque y el de ellos, aguardo a que dijera algo. Retorciéndose las manos espero que por lo menos mostrara un leve gesto de entendimiento o comprensión. Algo que le indicara que no la odiaba. La presión en su interior se incrementó, expectante.
Finalmente, Tommen asintió lentamente y su rostro dejo la fría y gélida expresión entrecerrando los ojos.
-Lo sé –dijo-. Perdóname Sansa, sé que estuvo mal y te pido disculpas por lo que paso ayer y que yo inicie. -Sus expresivos ojos reforzaban su voz que arrastraba las palabras. Frunció el ceño con pesar. –te juro que me olvide de todo en ese momento, no era mi intención ponerte en esa incómoda situación por nada del mundo. Lo siento tanto, Sansa.
Estaba siendo sincero. Su rostro denotaba vergüenza. Pero era una vergüenza diferente según noto al observarlo detenidamente. No era la típica vergüenza infantil, que hacía que bajara la cabeza y se mirase los pies. Era la vergüenza de un hombre, mirándola directamente al rostro. Lamentando haberla lastimado pero evidentemente no el haberla besado.
-Eso quiere decir que no estás enojado conmigo, Tommen…-preguntó tanteando si todo podría volver a ser como era antes. Tal vez no todo, pero si en esencia la confianza que se tenían entre ellos.
-¿Enojado? Claro que no. Más bien esa pregunta te la debería hacer yo. No tienes idea de cómo me ha torturado lo que sucedió anoche. Sé que no debería decir esto, pero lamentaría mucho que ya no confiaras en mí…
Sansa le cortó con una mano, entendiendo. Su intuición le mostro el interior de su ser y entendió la gran confusión del muchacho.
Él la quería. Era innegable. Así como ella le tenía cariño, el suyo había crecido por un camino equivocado. Sansa no podía condenarlo. El chico estaba los últimos cinco años en la Roca, prácticamente vedado de viajar o visitar otros lugares, encerrado en términos estrictos, con demasiada presión y penas en su interior. Y ella había estado siempre a su lado. Habían pasado demasiado tiempo juntos, creando un mundo sin problemas para ellos. Cualquiera habría podido ver en que desembocaría todo.
-No te preocupes. No estoy molesta por lo que paso. Debí darme cuenta de lo que pasaba-lo miro con cariño-. Has crecido y fui demasiado ciega para notarlo. Eres tan bueno conmigo Tommen, mi aprecio por ti no ha cambiado, ni cambiara nunca.
Tommen asintió y bajo los ojos por primera vez. Tal vez triste o aliviado pero la tensión entre ellos se había disuelto. Sansa tomó su mano sintiéndola igual que siempre, gracias a dios.
-Fue muy bonito Tommen, no voy a negarlo. Has crecido y te has puesto tan guapo –su intento de minimizar el problema sonó un tanto simplón, pero no se le ocurría otra manera-:…menos mal que no hay muchas chicas por aquí, porque estarías en problemas ante el acoso de las muchachas.
Logro que sonriera un poco, con su torpe intento de animarlo.
-No te creo. –respondió anodino.
-Porque habría de mentirte. Te estoy viendo y se porque lo digo. Eres demasiado bueno para imaginarlo-. El muchacho levantó la mirada con agradecimiento y ese mar de sentimientos en los ojos. Sansa volvió a mencionar lo difícil-: Solo que yo…no puedo…
El asintió nuevamente con la mirada torturada. Era parte arrepentimiento y parte desolación de que la situación fuera así.
No tienes que mencionarlo. Desde anoche no pude dejar de decirme que era imperdonable lo que había hecho…es decir, eres prácticamente mi tía…
-Bueno…una tía política…demasiado lejana para que te preocupes por ese aspecto- aclaro, porque lo vio necesario. Tommen ya tenía demasiados traumas con respecto a sus padres, como para añadirle algo tan insulso como eso.
Tommen consintió con un gesto. Como si eso le recordara y viniera a su mente algo, añadió con voz apagada.
-Tío Tyrion me llamo esta mañana. –La sola mención de su esposo puso nuevamente en tensión a Sansa-. No tienes idea de lo avergonzado que me sentía. Apenas fui capaz de verlo a los ojos…
-Y qué fue lo que te dijo…-preguntó, mientras su pulso resonaba en sus oídos.
Se sentaron en la hierba a la sombra de los árboles. El aire era cada vez más cálido, pero ya se escuchaba los sonidos de los pájaros revoloteando sobre sus cabezas.
-Me dio un pantallazo de lo planea hacer. Me explicó a grandes rasgos todo lo que escuchamos anoche. También menciono el arribo de… mi padre en las próximas semanas. -Se ensombreció–. Parece seguro que llegará, sin embargo no cree que las intenciones de su hermano sean hostiles; pero la presión de los abanderados le obliga a tomar medidas. Dice que la culpa de todo la tienen los Westerling, difundiendo información aumentada que no es cierta, para provocar lo que justamente está aconteciendo: Poner nerviosos a los señores de Oeste. Me dijo que lo más seguro y razonable es que yo tome el mando, así mi padre se verá menos propenso a atacar, si ese es su propósito.
Se dio paso al silencio un momento.
Sansa se sentía tan perdida. Aun no había hablado con Tyrion y sin embargo el ya había hablado con Tommen antes que ella. Decidiendo todo de una vez, sin darle oportunidad a decir lo que ella quería decirle.
Con una sensación de ahogo, empezó a temer si la ocasión se iba haciendo cada vez más lejana ante el evidente apartamiento de ella en esas decisiones. Pero sus anteriores resoluciones y el descubrimiento de su deseo oculto estaban allí, instándola a no flaquear.
Porque no me dice nada a mí. Pensó. ¿Acaso considera tan imposible el que yo le pueda dar un hijo?
-¿Él no te dijo nada sobre mí?- se obligó a preguntar con toda la pena del mundo. Pero tenía que hacerlo. Si no hablaba con nadie jamás lograría entender que pasaba allí.
-Emmm, no. –Tommen se encontraba cohibido al hablar de ese tema–. No te mencionó en ninguna ocasión…además, yo no deseaba que habláramos de ti justo en ese momento.
Sansa volvió a sentir la dual sensación de desaliento y determinación en su corazón. Esos días parecían ser la única forma que tenía al pensar en Tyrion.
-Mencionó algo de un viaje a la capital– dijo para distraerla un poco sin duda-. No me conto más, pero sospecho que es por lo de esa propuesta de la reina, que menciono Lady Genna. Parece ser algo importante Sansa. –Tommen vaciló antes de continuar-. Tal vez…si van a Desembarco del Rey, lejos de toda la gente de aquí, puedas…hablar con él…hacerle entrar en razón sobre este sin sentido de que yo me convierta en lord de Roca Casterly.
-Sí–. Fue lo único que Sansa logró decir, después de un rato.
