Gracias a todos los que siguen la historia y me dejan sus comentarios. Alimentan el alma de una servidora.

Cuando llegaron al castillo, volviendo del bosque de Lannisport, vieron partir a lord Marbrand en una carroza tirada por cuatro caballos; escoltado por su séquito de caballeros y criados. Se marchaban a Marcaceniza. El anciano los saludo con la mano mientras cruzaban las puertas en dirección contraria a la comitiva.

Sansa dejó a Tommen con Podrick que se encontraba en el patio hablando con los labradores que se encargaban de llevar las reservas al castillo. Después de preguntar al joven escudero y ahora primer mayordomo, por su esposo, se encaminó al despacho de Tyrion. Tommen le hizo un imperceptible gesto de apoyo.

Sansa estaba decidida a hablar de una vez con él.

La habitación donde Tyrion desarrollaba gran parte de sus actividades se encontraba en la torre sur. Era una de las habitaciones más altas. Sansa varias veces le había sugerido trasladarse a una estancia más baja, en uno de los pisos inferiores. Conocía el problema de sus rodillas y no creía que fuera bueno que subiera y bajara constantemente esas escaleras todos los días.

-Es cierto, pero velo como una manera de ejercicio, Sansa. –Le había dicho él una vez ante su observación-. Soy pequeño pero no pienso dejarme derrotar por unas tontas escaleras. Lo que no mata…

Subió las escaleras acompasadamente y llego junto a la puerta entreabierta. Las ventajas de esa habitación era que tenía vista por todas las ventanas que la rodeaban, logrando una gran luminosidad que hacían de esa habitación única. Se lograba ver los dominios de la roca hasta una buena distancia.

Se disponía entrar, cuando justo en ese momento Tyrion venia saliendo distraído, leyendo un pergamino. Casi chocaron.

-Mi lady, disculpa. No esperaba encontrarte aquí-dijo él, automáticamente.

-Discúlpeme mi señor. Siento haberlo molestado.

-No, claro que no. –Tyrion esbozó su mejor semblante al verla-. ¿En qué puedo ayudarte Sansa?

-Me preguntaba si sería un momento propicio para que habláramos, mi señor. –Por alguna razón creía que si continuaba con esa formalidad, su esposo la tomaría más en serio que cuando se tuteaban con la familiaridad de amigos.

Tyrion vaciló sólo un instante.

-Por supuesto. ¿Te importa que salgamos un momento? Tengo que llevar este pergamino al maestre Creylen para que lo envié a Desembarco del Rey- cerró la puerta tras de si-. Es lo último de este día. Después seré todo tuyo, mi lady…-dijo mordazmente ofreciéndole la mano.

Sansa se sonrojó. Tyrion enarcó una ceja, perplejo. Sus palabras tenían significados tan diferentes para ambos. Se apresuró a tomar su brazo y bajar la escalera de la torre.

-¿Te encuentras bien, Sansa? –preguntó Tyrion, mientras atravesaban el amplio adarve de la muralla para ir a la torre contigua, donde se encontraban las pajareras y las habitaciones del maestre. Tyrion caminaba lentamente, como retrasando a propósito llegar a su destino-. ¿Hay algo que te esté molestando?

-¿Por qué pregunta eso, mi señor…?-respondió con la cabeza baja tratando de calmar su nerviosismo progresivo sintiendo que le empezaban a sudar las manos. Con delicadeza se soltó de él para evitar que se diera cuenta.

-Bueno, tal vez no sea nada…pero te noto diferente, mi lady. –Tyrion destacó la palabra "mi lady" para corresponder tanta e inusitada formalidad de su parte. Desde hacía años, Sansa no se dirigía tan seguido así a él.

Sansa no dijo nada, preguntándose a sí misma si sería capaz de decirle todo de una vez…

…Explicarle su resolución de consumar su matrimonio, acostarse con él por fin, conllevaría reunir todo su valor de un solo golpe. Era tan difícil…

-O puede que sea solo mi imaginación –añadió Tyrion con el semblante abstraído, mientras continuaban caminando en relativo silencio, escuchando solo los sonidos entremezclados del patio del castillo. Después de una pausa, al ver que ella no decía nada; la miró fugazmente y el ojo verde centelleó al hacerlo –. Tengo que decirte algo un tanto inusual, sabes…– dijo -; digamos que es un tanto raro, pero…indudablemente es lo mejor para todos…

Las palabras de Tyrion se fueron apagando gradualmente. Sansa sintió inquietud y lo observó con cuidado. Tyrion se veía reticente y dubitativo. Como si le costara un poco decir lo que fuera a decir; pero con la determinación en el color de su voz…como si también estuviera seguro que estaba a punto de anunciar una gran oportunidad.

La mente de Sansa consideró de inmediato la opción que su ser anhelaba.

¿Se estaría refiriendo a lo que creía?…Tal vez Tyrion había recapacitado y considerado que lo más inteligente y plausible era que ella le diera un hijo, como debía ser; y solucionar de una vez por todas el problema de la regencia de Roca Casterly.

-Yo también quiero hablar de algo delicado contigo, Tyrion –dijo con la esperanza impregnaba su voz -; es un poco fuera de tiempo…pero puede que se trate de lo mismo que quieres decirme. –Sansa sonrió nerviosamente-. Yo también creo que es por mucho lo más recomendable y lógico.

Tyrion la observó sorprendido y un tanto aprensivo.

–Vaya…mmm, la verdad, dudo que estemos hablando de lo mismo. –Calló un momento-. Sin embargo, quiero que sepas que todo lo que hago es por tu bien y que jamás haría algo que…

Antes que pudiera terminar, el portón del torreón se abrió y el maestre Creylen los saludo invitándolos a pasar. Tyrion le dirigió una última mirada y se hizo a un lado para dejarla entrar primero.

-Como se encuentra, mi lady –dijo fatigosamente el venerable anciano, haciendo sonar la cadena de maestre bajo su barba, mientras caminaba toscamente. Era muy viejo, habiendo servido a tres generaciones de Lannister; a Sansa le recordaba al maestre Pycelle en los movimientos, pero no así la personalidad, que era mucho más amable y sincera que lo que fuera en vida el anterior Gran Maestre de Desembarco del Rey.

-Me encuentro bien maestre Creylen, gracias- respondió con amabilidad alejándose un poco a la ventana para que le diera el aire fresco y dejar que Tyrion hablara con el anciano maestre.

-¿Mi señor puedo ayudarlo en algo?

-Sí.- La voz de Tyrion sonó con cuidadosa afectación al dirigirse a Creylen-. Necesito que envié un cuervo a la Fortaleza Roja. A la reina. –Mostró el pergamino enrollado que había llevado desde su despacho. A Sansa se le había olvidado preguntar que era y justo en ese momento sintió una tremenda curiosidad. Tyrion continuó en voz baja-. Es mi respuesta a su última carta de hace unos meses.

-Ah, sí. Un gran honor ser considerado por la reina y tenerle en tal alta estima y confianza, mi señor. –Él maestre carraspeo asintiendo con aprobación y una nota de orgullo en su voz–.Sera un gran honor para la casa Lannister, mi señor. Todo el mundo sabe lo cualificado que es usted para el cargo.

Tyrion hizo una mueca de agradecimiento con el ceño fruncido, mostrando una ligera incomodidad ante lo dicho. El maestre no se dio cuenta de nada pero Sansa sintió la forma en que el ambiente cambió y Tyrion la miró de soslayo.

Era demasiado. La forma en que parecía que ocultaban cosas de ella. Sansa sentía como si su mundo tambaleara nuevamente, al igual que cuando era niña. Con todas sus fuerzas alejo esa horrible sensación ya conocida. No tenía caso sugestionarse así; esos tiempos habían quedado atrás y ahora estaba con Tyrion. No tenía por qué temer.

¿Qué era esa propuesta de la Reina? Tommen había dicho que era importante para Tyrion y ahora el maestre Creylen acababa de decir que era un gran honor. Lo único que se le ocurría era el nombramiento de mano. Debía ser eso.

Pero, ¿porque no se lo decía a ella?

Tal vez Tyrion pensaba que no le gustaría nada la idea de volver a Desembarco del Rey. Bueno, no la emocionaba la idea pero tampoco era tonta para no darse cuenta que ese cargo era muy importante y una gran oportunidad irrepetible. No iba a coartar el deseo de Tyrion solo por desear estar lejos de una ciudad que detestaba. Ella era su esposa y lo apoyaría en cualquier situación y si tenían que ir a vivir a la Fortaleza Roja, Sansa lo acompañaría sin objetar.

Salieron de la estancia luego de una torpe despedida al maestre. Tyrion lentamente se acercó a ella con sus cortas piernas, observándola con una disculpa en el nada agraciado rostro.

-Disculpa por lo que paso allí adentro Sansa…- no parecía encontrar las palabras adecuadas para continuar, abriendo la boca y cerrándola un par de veces-. No es que pasara algo malo en realidad. Debes estar imaginando ciertas cosas, pero- rio brevemente-…esto, digamos que es algo que no te he dicho aun, eso es todo.

-Creo que tenemos un grave problema de comunicación, Tyrion. –dijo ella con resentimiento, cansada de medir las palabras con él. Siempre había sido fácil hablar entre ellos. ¿Cómo es que las cosas habían cambiado tanto de un día para el otro?

Aunque nunca hablamos de temas como estos. Siempre era de cosas insulsas…de estupideces infantiles…

-No digas eso Sansa. No es que te esté ocultando algo. Sabes que yo siempre he confiado en ti. Solo que no era el momento de decirte ciertas cosas. Ahora sin embargo, la situación así lo requiere.

-¿De qué estás hablando Tyrion?

Su pequeño esposo la miró, estudiándola y considerando como desarrollaría su ponencia ante ella. Al final le sonrió con amabilidad, ofreciéndole su brazo.

-¿Te parece que vayamos a nuestra habitación? No quiero hablar aquí de esto.

Los rayos del sol atravesaban directamente el horizonte vespertino mientras atravesaban el patio, donde algunos soldados entrenaban bajo la instrucción del capitán de la Guardia Areo Hotah. Tyrion le preguntó algo acerca de los puestos de vigilancia y se dio por satisfecho con el informe del intachable capitán.

Sansa por su parte cavilaba sobre la posibilidad de volver a Desembarco del Rey con Tyrion convertido en mano de la Reina. Era todo un honor. Eso ciertamente cambiaba el planteamiento de sus resoluciones anteriores en gran medida y proporción.

No.

Decidió que no importaba si Tyrion fuera o ya no señor de Roca Casterly o si aceptaba o no ser mano, o si incluso se decidía ir al otro lado del mar Angosto. Escucharía lo que él tuviera que decir pero no cambiara su resolución. Le propondría tener un hijo. Ya sea o no por necesitar un heredero. Se había acabado el jueguito de mantenerla apartada, de sólo fingir que era su esposa y no exigir nada mas de ella. Le haría cumplir la promesa que él le había hecho hacia tanto. El día de su noche de bodas.

No te tocare hasta que tú quieras…

Bien pues, ahora ella lo quería.

Llegaron a su habitación.

Como siempre estaba llena de la luz del ocaso, inundando de tonos naranjas toda la estancia. El rumor del mar se escuchaba suave y acompasadamente invitando a relajarse y no pensar en problemas. Lástima que no era el momento adecuado para eso.

Tyrion se sentó en las gradas de piedra que elevaban el área donde se encontraba su cama por encima del resto del dormitorio. Sansa se sentó a su lado casi de manera habitual; era el lugar donde usualmente pasaban leyendo y viendo libros nuevos cada vez que Tyrion volvía de un viaje largo y traía consigo novedades literarias e históricas.

Tyrion apoyó los codos en el escalón superior. Con la vista fija en la mesa de vinos, parecía tentado a servirse una copa antes de empezar. Sansa también lo consideró pero desde otro punto de vista.

Podría suceder esa noche.

La idea en su cabeza sonó tan aterradora como fascinante. Trato de controlar los movimientos de su cuerpo. No quería mostrar dudas. Tyrion seguro pondría algún reparo al principio pero esperaba no fuera mucho.

De hecho, no resultará tan malo, pensó, con una extraña sensación naciéndole bajo la piel.

Tyrion no era alto ni bien parecido y podría ser considerado el hombre más feo de todo Poniente (ahora Sansa solo podía sentirse ofendida ante esa definición); pero tenía algo que la atraía irremediablemente hacia él. No podía definirlo aun. Era como una extraña fuerza que la impulsaba a buscar siempre su compañía, sentir su presencia constante y escuchar el familiar sonido de su voz. Sentir su ser tangible e intelectual a su lado. No tenía caso negarlo más. Todos los momentos que ansiaba compartir con él se resumían a una simple explicación.

Le quería. Le quería de alguna manera extraña, mucho más que un simple aprecio hacia un amigo o salvador, mucho más de lo que quería o hubiera querido a alguien alguna vez.

Lo observó atentamente. El color rojo de su atuendo le quedaba tan bien con el dorado de su pelo. Su mandíbula cuadrada resaltaba varonilmente sus rasgos. El ceño duro y expresivo de cejas gruesas, era a la vez terrible e interesante, otorgándole un aire astuto y a veces cruel, cuando se requería. Además la piel de su rostro era suave y lisa, allí, donde las infames cicatrices no habían hecho estragos.

Es hermoso, se dijo Sansa, con completa seguridad, contemplando cautivada a su señor esposo. Recordó las palabras de su septa y lo que ésta había tratado de enseñarle cuando era niña. Tyrion sin duda tenía muchas cualidades, tanto abstractas, en su forma de ser; como físicas, descubiertas por alguien que convivía con él tanto tiempo y tenía la dichosa oportunidad de observarlo tan de cerca, así como ella lo hacía.

Tyrion finalmente volteó a verla, sacándola de su ensoñación. Notó que su pulso se había incrementado notablemente. Trato de sonreír abiertamente deseando poder explicar con palabras lo que sentía, pero tenía la boca rígida, al igual que todo el cuerpo en expectante tensión.

Su esposo la miró extrañado pero esbozando luego un gesto impasible.

–Bueno, pues empecemos por el principio. El motivo por el que vinieron los abanderados de manera imprevista ayer por la tarde.

-Ya sé porque vinieron, Tyrion –interrumpió Sansa un poco de manera brusca empero osada. Se dio cuenta que no podría esperar más y deseaba poder acelerar las cosas-. Digamos que me entere por otros medios lo que paso ayer en el salón, mi señor.

-Oh, vaya.-Fue lo único que pudo decir Tyrion, quedando descolocado un instante. Sansa creía que él debía suponer que en una reunión de más de cinco personas, una noticia así no estaría oculta por mucho tiempo. Y claro que no iba a sacarle de sus suposiciones para contarle lo del vergonzoso espionaje en el salón de música.

-Sé que Ser Jaime se dirige hacia aquí, a Roca Casterly, y los señores feudatarios se encuentran preocupados por ese motivo- explicó, deseando que no le hiciera preguntas de cómo se había enterado-. También sé que quieres nombrar a Tommen como señor de Roca Casterly y…tenía una hipótesis, que se me confirmó en gran medida con lo que ocurrió hace rato en las habitaciones del maestre Creylen: la reina te ha ofrecido el puesto de mano, ¿no es así?

El rostro de Tyrion era indescifrable. No podría decirse si estaba sorprendido o molesto. O preocupado o alentado. El caso es que la miraba con cierta curiosidad y cautela.

Sansa no quería parecer demasiado satisfecha de sí misma. Había logrado hacer desconcertar a Tyrion por primera vez en su vida. Sabía que no era propio de una dama interrumpir de esa manera pero estaba harta de ser siempre la que no se enteraba de nada. Por lo menos ahora él vería que ponía interés en cosas importantes.

Tyrion compuso su rostro a uno más relajado pero de manera extrañamente forzada.

-Si. Bueno eso es prácticamente en esencia lo que quería decirte. Al parecer las noticias corren demasiado rápido por el castillo- se aclaró la garganta y continuo con mayor soltura-. El caso es que Jaime cometió la torpeza de visitar el castillo de los Westerling en su camino hacia aquí y provocó un aluvión de susceptibilidades en toda la región, iniciadas y promovidas por los miembros de esa casa. Es bien sabido que Lord Gawen y lady Spycer llevan años tratando de restaurar su anterior gloria, pero sin resultados, ya que su reputación es casi tan baja como yo. –Tyrion sonrió en medio de la broma. Sansa no lo encontró gracioso-. Aprovecharon la oportunidad y empezaron a difundir información de la que aún no me creo. Jaime será todo, pero no traicionaría a su familia jamás y no lo creo capaz de venir en contra nosotros. Lastimosamente, como señor de Roca Casterly, debo prever todos los escenarios posibles, para tranquilidad de los vasallos- suspiro con pesar-. De todas maneras hace cinco años que no lo veo.

-Pero según dicen está solo, con un caballero enorme como única compañía- Sansa trato de no sonar desconfiada-, no tiene un ejército, ¿verdad Tyrion?

-Lo dudo mucho. No obstante los Westerling podrían incitar y predisponer a algunos a crear revueltas en el nombre de Jaime. Lo único que quiere esa estúpida familia es crear caos, como represalia por las exigencias que me negué a otorgarles.

-¿Y lo que dijeron de los dragones? Eso me pareció una tremenda tontería. La reina jamás enviaría a sus dragones contra las tierras de occidente…

-¿También te contaron sobre los dragones? –preguntó su esposo con ligera sospecha y sorpresa en la voz. Sansa se mordió la lengua-. Bueno eso fue una exageración- Tyrion arrugó la frente con semblante serio-, no sé a qué grado la reina odia a mi hermano, pero de eso a que envié a los dragones para acabarlo es ridículo. La reina es diplomática en esos casos. Pero no negare que me preocupa como procederá si Jaime sale a la luz y circula de nuevo por los alrededores.

Se hizo una pausa. Tyrion en verdad lucia preocupado por ese tema. Sansa tuvo que recordarse que él amaba a su hermano por más cosas reprochables que le hubiera hecho. Claro que no deseaba que Jaime corriera peligro si aparecía después de cinco años.

Sansa se acecho más a él, tomó su mano y la acarició con la otra. Era un gesto sencillo pero Tyrion se removió incomodo sintiendo algo extraño en la forma en que le sostuvo la mano. Sansa no sabía cómo proceder. Se moría de vergüenza, pero en verdad estaba intentando acercarse a él de manera enfáticamente diferente. Pero por lo visto no lo estaba logrando.

-¿Y entonces es verdad lo de nombrar a Tommen lord de Roca Casterly?- trato de modular el tono de su voz esperando que no sonara desesperada.

-Eh, me temo que si.-Tyrion hizo un mohín sin saber cómo continuar. Prefirió saltarse esa parte- Tus suposiciones son ciertas. La reina me ha propuesto convertirme en mano del Rey y no veía inconvenientes en aceptar- la miró fugazmente como disculpándose- Tommen será un buen señor…

-Es por mi culpa ¿verdad?

-¿Qué? ¡No, claro que no Sansa! –Su esposo agito la cabeza con exaltación -, es un poco más complicado de lo que crees.

-Pero el problema es que yo no te di un hijo, Tyrion. Lo sé…pero déjame decirte que no es tarde. -Sansa lo encaró de frente y trato de dar veracidad a sus palabras con la mirada más intensa que alguna vez le había dirigido, ruborizándose en el acto-. Nosotros podríamos…es decir, todavía podemos…aquí o en Desembarco del Rey, si de todas maneras ya este decidido…yo quiero…

-Sansa, por favor. –Con grandes aspavientos su esposo, la hizo callar con una expresión apenada y ciertamente avergonzada–. No tienes que sentir presión por ese tema que siempre quedo fuera de cuestión entre nosotros. –Sansa se quedó helada asimilando el duro sentido de esas palabras.

Tyrion continúo con una sonrisa apacible sin notar su reacción. -Hay una cuestión que no se lo he dicho a nadie y que aún no es de conocimiento oficial, aparte de los colaboradores más allegados de la reina. No solo me requiere para ser mano. Quiere que la represente en una misión demasiado peligrosa de la que no se si saldré vivo o no.

Sansa no podía creer esa noticia. Aparte que, algo se había roto dentro de ella al momento que él le dijo que tener un hijo había estado fuera de cuestión desde siempre. Devastada, aguardó a que continuara porque ella no podía hacerlo.

-El reino está en peligro nuevamente, amenazada por dos diferentes situaciones.- Tyrion respiró profundamente–. Una flota numerosa comandada por Euron Ojo de Cuervo se ha avistado en las costas de Lys. Están a un paso de atacar el sur de Dorne. Sabes que desde hace tiempo las huestes de Dorne están mermadas después de apoyar a Daenerys en su reclamo al trono. Fue uno de los ejércitos que más daño sufrió en la guerra. La reina les tiene cariño y sabe que está en deuda con ellos. Así que se dirigirá hacia el sur a contratacar la ofensiva de Euron y los mercenarios que reclutó para tal propósito. Las islas del Hierro se deslindaron completamente de esta acción. Saben que Euron está loco y lo peor, que es peligroso. La posibilidad que tenga un nuevo cuerno valyrio no se desestima, así que la reina marchara con cuidado y cautela antes de liberar a los dragones a contratacar al sur.

Sansa conocía la reputación del segundo hijo de Quellon Greyjoy. Sabía por la historia reciente, que en Essos había ocasionado desastrosas calamidades en la bahía de los Esclavos, con su famoso cuerno valyrio que controlaba dragones; tratando de arrebatar a Daenerys las tres más grandes maravillas vivientes de esos tiempos.

-Por otro lado, hay noticias del norte. Noticias que no son muy alentadoras. -El rostro de Tyrion pasó a uno más sombrío y amargo-. Al parecer las sombras se están agitando nuevamente al norte del muro. Volvieron a desaparecer algunos exploradores y encontraron rastros de gigantes muertos a los pies de ancianos semiderruidos. Tu hermano Jon está preocupado y previsoramente ha pedido ayuda a la reina, pero en estos momentos ella no puede acudir pues tiene que lidiar con Euron primero. Así que…quiere que yo vaya en su representación, ya instituido como mano del Rey y observar que ocurre. Quiere que vaya con Viserion al otro lado del muro.

Era eso.

Sansa no pudo evitar estremecerse ante la mención de una nueva oscuridad en el norte. Era terrible. Como también lo era la posibilidad de que Euron volviera a atacar con un nuevo instrumento maldito en sus manos, capaz de dominar a los dragones; era escalofriante. Había pasado tres años desde que no se veía a Euron Greyjoy con vida. Ya había estado en las ruinas de Valyria una vez y estaba lo suficientemente loco para haber vuelto de nuevo allá, en todo ese tiempo.

Olvidó por un momento su anterior enojo y decepción, comprendiendo el riesgo al que todos nuevamente se enfrentaban.

-Es demasiado peligroso Tyrion. Si algo está pasando en el norte es terrible…

-Bueno aún no se vislumbra la oscuridad avanzando como paso antes, pero Jon tiene razón en actuar ante el más mínimo indicio. Hasta ahora no entendemos bien cuál es el objetivo de los caminantes blancos. He estado leyendo bastante sobre ellos de los libros que el Lord Comandante envió del muro. Si el fuego de dragón es lo único que puede detenerlos, ante un incipiente resurgimiento, Viserion solo será efectivo.

-¡¿Y lo montaras tú al otro lado del muro?! –Sansa estaba tratando de no sonar histérica-. Acaso no puede haber otra persona que vaya…

-Es un honor para mí que la reina me considerara sobre otros para esta…-empezó Tyrion a la defensiva tratando de sonar razonable.

-…Porque creo que todo esto lo haces más por tu fascinación por los dragones y las criaturas mágicas y no estás pensando en el verdadero riesgo. ¡Dijiste que hay la posibilidad de que pudieras morir…!

-¿Ahora ves porque estoy nombrando a Tommen lord de Roca Casterly?

Claro, era el plan perfecto. Todo estaba perfectamente planeado tal y como a Tyrion le encantaba hacer las cosas. Sin embargo Sansa no pudo seguir hablando. La forma en que su esposo lucia despreocupado cuando se hablaba de su propia vida la escandalizaba. La opresión en su pecho se había hecho horriblemente insoportable. Era el miedo puro de que algo malo le pasara.

-Sansa, querida- Tyrion tomo su mano con sus dedos cortos y gruesos, tratando de confortarla inocentemente, casi como su padre hacia cuando ella era una niña y tenía que marchar a una batalla, prometiéndole que todo estaría bien. Sansa lo miró confusa y dolida, tanto por las noticias como por su trato insoportablemente paternal-. Aprecio que te preocupes por mí, pero no es tan malo como parece. Si tenemos suerte, nada estará pasando en el norte y todo quedara en un mal susto. Me conoces bien, no soy de las personas que se va dispuesto a morir sin una buena razón para hacerlo. –Le guiño el ojo al tiempo que esbozaba una sonrisa sagaz-. Ahora que lo dices, aceptare que también tiene que ver la oportunidad de montar a Viserion otra vez. Sabes que no hay nada que desee más en mi vida.

Sansa se mordió el labio. Tyrion era tan inteligente que había pensado en todo de manera eficiente y eficaz. No podía dudar de lo que hacía. La confianza que tenía en él gano al fin a todo el miedo y duda que enfrentaba.

Suspiro profundamente viendo el sol pronto a ocultarse. Recordó lo que tenía en mente hacer esa noche, al igual que la otra noche. Sin embargo con las nuevas todos sus ánimos y resoluciones se habían escondido confusas y temerosas ante el futuro. Desorientada solo pudo preguntar.

-¿Cuándo será todo esto?

Tyrion pareció aliviado al verla aceptar su decisión.

-Sera relativamente pronto. La reina Daenerys todavía está en Desembarco del Rey. Cuando marche al sur será el indicador de que yo me encamine al norte, en silencio. No conviene alertar a la población con dos problemas a la vez. Esta semana iré a la capital unos días para ultimar detalles…

Tyrion calló y se quedó observándola afectuosamente. Sansa no desvió la mirada ni se sintió tímida en ningún momento. Deseaba tanto salir de esa burbuja en la que se había metido y acercarse más a su pequeño y gran esposo.

-Así que…iremos al norte…-dijo ella escuetamente.

-Yo iré al norte- respondió su esposo tajante ante lo dicho por Sansa.

-¿Y que se supone que haré yo? No puedes dejarme aquí tan tranquila. Tengo derecho a acompañarte Tyrion…soy tu esposa.

Tyrion pareció muy impresionado (de nuevo) pero solo por un instante.

Su rostro se volvió serio.

-Hay algo aún más por decirte, Sansa. Algo que completa este plan de manera casi magistral, ¿sabes? -el semblante de Tyrion era resuelto, como quien explica una gran idea con cierta emoción-. Te agradezco por todos estos años que has permanecido conmigo; has hecho en cierta manera mis días más felices de lo que alguna vez fui anteriormente.

Tal y como sonó a Sansa no le gusto para nada. ¿A que venía el agradecimiento que parecía casi una despedida? Debía ser otra de las estratagemas de Tyrion. Quiso decirle que ya que la había convencido que la misión no era tan peligrosa, no la iba a desanimar de acompañarlo. Podría quedarse en Invernalia a esperarlo y así visitar a su familia. Pero lo que dijo su esposo a continuación la dejo petrificada.

-Eres mi esposa a los ojos de Dios, pero no lo eres a los ojos de los hombres. Y eso es lo que vale en la mayoría de los casos. Así que…voy a anular nuestro matrimonio.

Sansa creyó no haber escuchado bien. Pero las últimas cinco simples palabras pronunciadas resonaban por la habitación, imposibles de ser confundidas como un eco infinito resonando en su mente. No pudo articular palabra, se quedó muda y creyó desvanecerse un momento al sentir todo su rededor revolverse.

-He jurado protegerte y esta es mi última acción que asegurara tu futuro y tu felicidad definitivamente. Te quedaras aquí, Sansa. –La voz de Tyrion sonaba lejana para ella pero lo suficientemente cercana para que entendiera todo-. Te quedaras y continuarás siendo señora de Roca Casterly. Porque una vez el matrimonio este anulado…tú te casaras con Tommen.

¡Ah! vaya, que mala soy. Cada vez que Sansa da un paso Tyrion parece alejarse dos más. Lo siento si es desesperante pero…contadme que les parece, por favor.

Me apresurare a tener el capítulo siguiente con mayor prontitud.

¡Saludos!