No tengo perdón pero… ¡he vuelto!, después de meses sin publicar. Podría recurrir a un montón de excusas sin embargo que explicación mejor que la "vida" misma, que te lleva por caminos y te presenta cosas que te absorben por completo en los momentos menos pensados. Qué más puedo decir que lo siento, a las pocas y estimadas personas que seguían el fic (y si seguirán haciéndolo o les seguirá interesando), lamento mucho el retraso.
Bueno, con la mente concentrada les traigo un nuevo capítulo de esta historia que me hace feliz poder retomarla. Si recordáis donde dejamos la trama, a partir de ahora la historia se hace más interesante. El conflicto está dispuesto así que solo queda el camino de la resolución. Ya conforme lo veáis, me diréis que les parece.
Saludos y abrazos.
-Mantengan la formación, se dispondrá el plan de guardias del castillo durante esta semana. El primer escuadrón prepárese a tomar sus posiciones a partir de ahora en los lugares designados. Los hombres de Ser Mayer Prester a la muralla norte. Ser Renet Plumm y su grupo a la torre oscura. Ser Alveron Ruttiger con sus cazadores patrullara las áreas del este a lo largo de la muralla del león. Y Ser Tybolt Yew dirigirse a la muralla del mar del ocaso con los demás. Recuerden que es de suma importancia respetar los turnos tanto diurnos como nocturnos para no dejar desatendido en ningún momento el perímetro y los alrededores. Realizar las rondas en grupos de dos y portar siempre sus armas junto con un cuerno de advertencia.
Así decía el comandante de la guardia al regimiento de soldados que llenaban el patio mayor de Roca Casterly. En correcta formación escuchaban a Areo Hotah explicarles un intrincado plan de seguridad del castillo. Alrededor de ellos, destacando entre las armaduras doradas y las capas de mitre rojo sangre, se movían inquietos los mayordomos y criados tratando de organizar a los pobladores de los alrededores que no paraban de llegar por las puertas, todos asustados y agitados, llevando a sus familias tras ellos.
Areo continuaba mientras tanto con su fuerte pero sosegada voz resonando en medio del tumulto.
-La segunda compañía procederá a marchar esta tarde bajo mi mando. Procuraremos avanzar rápidamente tratando de registrar en el camino algún indicio más de revuelta o rebelión. Sin embargo nuestro objetivo principal será la protección del señor del castillo. –El capitán se paseó frente a un grupo de hombres más reducido que el primero, que serviría de escolta-. Lord Tyrion desea aprovechar la marcha a Desembarco del Rey para visitar a los señores abanderados cercanos así que nos desviaremos de la ruta normal un par de veces. Preparad vuestras monturas y dispónganse a partir al atardecer.
Dio la orden de retirada a toda la tropa y la multitud se dispersó en perfecto orden. Sansa observó cómo los murmullos aumentaban de intensidad en los campesinos que habían preferido resguardarse en Roca Casterly tras la noticia de una escaramuza al norte, a solo unas horas a caballo de allí.
-¿Verdad que aquí estaremos seguras, Sansa? –la distrajo la voz de Janei a su lado. Observaba igual que ella sobre la almena de la atalaya del Vigía, ya repleta de guardias, mientras el grupo de soldados del patio subían y se posicionaban en todas las torres y murallas en un impresionante despliegue de seguridad.
-Si –dijo para tranquilizarla-, ya viste como de eficiente es el capitán de la Guardia y con tantos soldados protegiendo el castillo nada puede pasar, no te preocupes.
Le sonrió para confirmar su declaración. Sin embargo Janei no parecía del todo segura.
-Dicen que alguien ataco una aldea del camino del Rio y causo graves destrozos, si Ser Jaime es capaz de hacer eso es probable que venga aquí y…
La pequeña de diez años se estremeció ante lo poco que había escuchado sobre el asalto. En realidad todos tenían una información mediocre respecto lo ocurrido pero todos concordaban en asegurar que Ser Jaime tenía algo que ver. Aseguraban haberlo visto en distintos lugares a la vez. Un miedo colectivo se había extendido tras la desaparición del primogénito de Roca Casterly de manera casi sobrenatural desde hacía algunos días.
-No estamos seguras que sea Ser Jaime, Janei. No te dejes llevar por lo que dicen. Están asustados eso es todo. La batalla que tuvo lugar bien podría deberse a…mmm…las tribus de las montañas, por ejemplo.
No logro calmarla la tal vez porque ella tampoco lo estaba. Las noticias no eran para nada alentadoras. Sansa casi podía presentir quienes habían hecho todo tan repentina y premeditadamente para provocar el actual caos reinante.
Los Westerling…
Esa familia de la que mucho se hablaba en esos días, pero que Sansa en realidad no había conocido nunca a fondo. Pese a que su hermano había estado casado con una miembro de ese clan.
Prefería no pensar en eso. A grandes rasgos sabía que papel habían desempeñado esta casa en la caída de Robb. Tal vez por eso el sentimiento de vaga animadversión no la dejaba tranquila.
-Tío Tyrion se va a Desembarco del Rey- comento Janei con la vocecilla de colibrí que la caracterizaba-, dicen que tiene una reunión importante con la reina…sin embargo quisiera que se quedara aquí.
Yo también, se dijo Sansa muy dentro suyo. Con amarga tristeza comprobó que la sofocante sensación de ansiedad no se había ido si no es que se había incrementado. A pesar de los días que pasaron no había logrado mejorar nada.
Había pasado la última semana esquivando a Tyrion por doquier, cuidándose de los lugares en los que podría encontrarlo y renunciando por completo a ir al dormitorio que compartían por las noches. Era patético pero no podía evitar sentirse devastada y humillada frente a su esposo (ya no sabía si debía llamarlo así o no), quien intentaba entablar una conversación civilizada con ella siempre, durante el tiempo que se lo permitían sus inaplazables deberes. De todas las formas posibles había tratado de lograr que ella volviera a hablarle. Pero lo esquivaba de manera rayana en lo infantil, cuando mandaba con sus doncellas decirle amablemente que estaba indispuesta cada vez que él tocaba a la puerta de donde era ahora su habitación. O cuando en el patio el trataba de abordarla, Janei servia eficazmente para distraerlo y permitirle a ella desaparecer en silencio. En las comidas ocurría lo mismo; Tyrion no iba a arriesgarse a demostrar que algo andaba mal frente a los demás y se cuidaba bien de no dejar vislumbrar la tremenda incomodidad y abismo que se había creado entre ellos. Comían en un silencio asfixiante que los rodeaba exclusivamente a ellos, rodeados del ruido de conversación de los demás comensales.
Oficialmente la señora del castillo tenía una serie de cámaras que estaban a su entera disposición contando con un dormitorio principal para ella que Sansa nunca había usado. Dentro de sus terrenos, por así llamarlo, se encontraban una sala de costura, una pequeña biblioteca, una pequeña sala de estar personal, una sala de estar mayor con una hermosa terraza para recibir a las visitas, las habitaciones de las doncellas, cuartos de baño y los dormitorios amplios donde en ese momento dormían Janei y el pequeño hijo de Lancel y Amerei con su ama de cría. En realidad se suponía que esos cuartos correspondían a los hijos del Lord de Roca Casterly y su esposa, para tenerlos bajo vigilancia de la madre continuamente mientras fueran pequeños. Al ocupar esas estancias Sansa no pudo evitar sentirse mal nuevamente por el asunto de su maternidad.
Únicamente dos niños ocupaban esos dormitorios y ni siquiera eran suyos.
"Nuestro matrimonio es la más grande pantomima interpretada en todo Poniente…"
Evidentemente su situación no parecía nada anormal o extraño para los demás, que no parecían advertir que ella no pasaba las noches en su dormitorio, con su esposo. A nadie le preocupaba o desconcertaba el cambio. La falta de interés ante este hecho solo conseguían hacerla sentir peor.
Una serie de guardias empezaron a aparecer por la puerta de la gran torre del Vigía. Las armaduras doradas resonaron al paso de los hombres bajo ellas. Todo un sequito Lannister se disponía a ocupar sus puestos de vigilancia, equipados con sus espadas relucientes colgadas a su costado.
Janei aferró la falda del vestido azul de Sansa inconscientemente. Los soldados hicieron una reverencia cada vez que pasaban frente a ellas. Sansa, como señora del castillo, correspondió a sus saludos y dijo las palabras de rigor que se debían decir en estos casos. Pero muy adentro de ella no pudo evitar sentir el escalofrió que siempre le producía ver las espadas en manos de guardias de capa roja y dorada.
Tommen apareció en las escaleras justo detrás del último grupo. No llevaba armadura pero iba vestido con los colores que destacaban su importante posición Lannister y avanzaba con el porte y la seriedad propia de un niño que se ha vuelto hombre en poco tiempo.
Sansa no pudo más que sentirse incomoda y nerviosa al verlo. Una sensación apenada y desagradable la recorrió al ver al que supuestamente iba a ser su esposo dentro de poco. Aunque el mismo Tommen no lo supiera y Sansa deseaba que no lo supiera nunca.
-¿Janei que haces aquí? Tu madre ha estado buscándote desde hace un rato. Le dije que te buscaría porque estaba preocupada por ti.
-Sí, pero es que ella quería que practicase mi bordado con la madre de Amerei y no quiero. Odio coser, siempre acabo pinchándome los dedos.
Tommen se inclinó ante la niña con una ligera sonrisa dándole una fugaz mirada a Sansa que se quedó como una estatua.
–Debes ir con ella, una niña no debería estar rondando en medio de tanto tumulto Janei, es peligroso. Tu madre está en la sala de costura con las demás señoras.
La pequeña compuso una mirada triste pero obediente al fin de cuentas. Le dio una manita a Sansa quien la sostuvo con cariño. Le recordaba a su hermana pequeña en la fisonomía delgada, cuando tenía esa edad más o menos. Recordó con pesar sus antiguos sentimientos hacia una Arya indomable que difícilmente aceptaba lo que le mandaban. Suspiro perdida en su evocación familiar. Extrañaba a su familia y extrañaba a Arya…o más bien en esos momentos deseaba haber podido ser como ella aunque fuera un poquito.
Janei se dirigió a la torre de entrada. Desapareció en su interior donde tendría que bajar unas cuantas escaleras y llegaría al ala donde se desarrollaba las actividades manuales. Sansa se quedó sin decir nada, muy consciente que Tommen se había quedado a propósito con ella.
-Tío Tyrion no escatima recursos y esfuerzos en la previsión de que algo pueda ocurrir –dijo mirando la gran actividad en el patio justo debajo de ellos. Se situó junto a ella apoyándose en las almenas. –Ha querido que yo forme parte todos estos días en las disposiciones que toma. Ya sabes, transmitirme un poco de sabiduría militar y estratégica en las que él es tan experimentado por derecho propio. Casi podría citar de memoria quien, cuando y como se revelaran las guardias durante los siguientes días. –Su queja sarcástica no mejoro la sensación de amargura de Sansa-. ¿Ya sabes porque es todo esto, verdad?
Se le hizo un nudo en la garganta y la piel se le erizo de golpe. ¡¿Tyrion se lo ha dicho ya?!
–Está tratando de que yo atienda cada vez más asuntos que le corresponden al señor de Roca Casterly –prosiguió el muchacho ante su nula respuesta-. Quiere que me habitúe al cargo y lo acepte de una vez por todas, sin importar cuanto le he dicho que no lo quiero. No es que tenga miedo de…que mi padre se dirija hacia acá. Tyrion dice que no debo preocuparme por eso, que es poco probable que tenga intenciones de ataque. Todo lo está haciendo para prevenir que los Westerling hagan más tonterías. Están actuando solos pero la mayoría de la población creer que…Ser Jaime está detrás.
Sansa continúo con la vista en otro lado sin enfocarse en el muchacho. Su abatimiento de esos días le impedía entablar una charla normal con él y con cualquiera que se le acercara. Debía parecer una inútil en su papel de señora del castillo esos días de cisma y aprensión colectiva.
-Dice que me dejara a cargo esta semana a modo de entrenamiento mientras se ausenta en Desembarco del Rey. Yo no quisiera que se ausentara en momentos como este. ¿Sabes que hasta incluso algunas personas van diciendo que Euron "Ojo de Cuervo" ha sido visto en las costas de Dorne y Antigua? Dicen que podría atacar las costas de Lannisport. No sé qué tan ciertas sean esas historias pero no negaras que es un poco tenebroso todo el asunto. Los Westerling son unos guiñapos al lado de Ojo de Cuervo.
Claro que era tenebroso, pensó Sansa retrotrayendo todo lo que Tyrion le conto sobre el sur y Euron…el norte y los Caminantes blancos. Por lo visto solo ella sabía todo ese asunto por el momento. El latigazo de miedo volvió a golpearla con fuerza sobre la marcha secreta de Tyrion al norte.
-¿Sansa…me estas escuchando? – Tommen llamó su atención a su lado-. ¿Te encuentras bien?
Giro su rostro para observarlo. Él lucia preocupado casi resignado a no contar su atención como ocurría últimamente.
De todos los habitantes del castillo, solo Tommen trató de preguntarle que le pasaba en esos días. Fácilmente había notado que algo andaba mal con ella coincidentemente justo después de haberla dejado para que hablara con Tyrion hacia unas jornadas. Con espantosa desazón, Sansa lo había alejado de ella con excusas vagas y un comportamiento que se podría traducir en descortesía. Sin embargo, Tommen había comprendido que más valía conservar las distancias después de lo que pasara entre ellos y no la atosigaba ni la ponía en situaciones que era preferible evitar.
-Estoy bien Tommen, disculpa. Solo estoy un tanto distraída. –Apenada observó al muchacho tan apuesto y alto, con los ojos brillantes dirigidos exclusivamente hacia ella. Tan parecido a Ser Jaime, con su cabello dorado y los mismos rasgos faciales que seguramente su padre tuvo a esa edad.
Lo que tiene Tyrion de ellos es la mandíbula, el verde de uno de sus ojos por supuesto y el cabello…pensó en la nebulosa de su mente –después es tan diferente y único…
El capitán de la Guardia se presentó de la nada asustándola, sacándola del estado de exaltación que estaba experimentando. Luego de una reverencia hacia ella, entablo unas palabras con Tommen reportando la situación de la cantidad de labradores, artesanos y campesinos que habían optado por resguardarse en el castillo. Los rumores de batallas en los alrededores eran inminentes y el rumor absurdo pero temible de que Euron pudiera llegar tan al norte había acobardado a las buenas gentes y sus familias.
Sansa se preguntaba si era coincidencia que de repente todo en su mundo parecía desmoronarse al mismo tiempo. La rebelión de una familia noble de Occidente contra la casa a la debían vasallaje. La sombra que significaba Euron para los Siete Reinos y una sombra aún más oscura y misteriosa en las lejanas tierras del norte. Y por supuesto el desastre en su matrimonio con Tyrion…
Se obligó a preguntar. No podía resistirlo.
-Mmm…capitán, ¿puedo hacerle una pregunta?
-Mi Lady, estoy a vuestra disposición.
–Quisiera saber el itinerario que seguirá…mi señor esposo, por favor. No he tenido tiempo de preguntarle con tantas ocupaciones que tiene. -Se aclaró la garganta-. ¿Qué camino tomará y…cuales son los planes en Desembarco del Rey?
El capitán lució claramente confundido y un tanto evasivo. –Mi señora, no se preocupe por la seguridad de Lord Tyrion. Yo personalmente dirigiré la escolta hacia la capital y puedo asegurarle que nada malo…
-No dudo de vuestro eficiencia, capitán. –Sansa intento darle fuerza a su voz-. Solo quiero saberlo para estar más segura…le ordeno que me lo diga capitán.
Sostuvo su postura al notar que su voz casi vacilo al decir lo último.
-A sus órdenes mi lady- dijo Areo irguiéndose-. La comitiva se dirigirá a los castillos de Tytos Brax, señor de Valdelcuemo con quien sostendrá una pequeña reunión. Posteriormente pasaremos a Cuevahonda para luego continuar el camino a la capital, donde sostendrá una importante reunión con la reina y su consejo privado.
-Después de la reunión, ¿volverán inmediatamente?
-Está planeado volver al día siguiente, de inmediato mi señora. Todo el viaje transcurrirá en siete días exactos incluida la vuelta.
Tiempo suficiente para que Tyrion haga lo que me temo, una vez este se encuentre en la Fortaleza Roja…el Sept de Baelor no queda nada lejos…
Agradeció al capitán su servicio, para después dirigirse al patio del castillo. Tommen la seguía sin preguntar nada pero obviamente le había sorprendido las extrañas preguntas de Sansa. Como siempre lo había hecho desde que era un niño estaba pendiente de ella como los lobos a la luz de la luna.
No es culpa suya…nada de esto…si tiene que existir un culpable…probablemente sea yo.
Presa del abatimiento nuevamente, se preguntó qué pensaría Tommen si se enterara de lo que Tyrion había planeado para ellos durante todo ese tiempo. ¿Se enfadaría u ocurriría todo lo contrario? El muchacho aun no lo sabía y ella deseaba que no lo supiera aun, no antes de que resolviera su propio conflicto interno y desastre mental.
Los refugiados eran casi unas treinta personas. Hombres, mujeres y niños que tendían sus pertenencias o sentados en sus carromatos aguardaban tristes y exaltados, comentando entre ellos la desgracia de otro posible enfrentamiento que hace años no se daba en Poniente. A pesar del peligro de la cercanía de esa primera refriega en Sarsfield, la novedad más temible era sin duda las noticias vagas que llegaban desde el sur al puerto de Lannisport. Una flota enorme de hombres de Hierro comandados por el Greyjoy exiliado, cuyas historias siempre había trascendido en un halito de magia y superchería, para confrontar el poder de la reina Targaryen y sus dragones. Eran demasiadas noticias amargas para los pobladores que tenían fresca la memoria de las calamitosas guerras de hace unos años. Suerte que todavía no saben nada sobre el norte, pensó Sansa con temor.
Lancel estaba entre los criados y soldados que trataban de poner orden en la multitud y sus animales. Su cabello ceniciento color paja se destacaba mientras repartía pan y frutas, delgado y ojeroso con una toga sumamente descolorida. De no haber sido verano Sansa se hubiera preocupado por él y sus pies descalzos.
-Gracias por lo que estás haciendo, Lancel –le dijo con un gesto amable haciéndole respingar con su voz de lo concentrado que estaba en su tarea-. Eres muy amable. –Él solo se le quedo viendo un momento, tal vez esperando una crítica o burla, de las típicas que recibía de sus parientes Lannister y Darry. Sansa no sabía que más decir, hasta que él con una última mirada a Tommen y a ella, asintió tranquilamente y callado como siempre y volvió a su entrega.
Tommen se encogió de hombros y fue a preguntar a un soldado los asuntos de seguridad. Sansa, mientras, disponía con los criados que se repartiera comida entre los refugiados y se les asignara lugares donde dormirían, y lugares para su animales. En medio de las agradecidas y humildes personas, reconoció a los dos hermanitos que viera en camino al bosque de Lannisport hacia días. La niña cargando una cabra pequeña en sus brazos, le dirigió una sonrisa vacilante que se afianzo al ver que Sansa le devolvió la sonrisa.
Pobres niños…siempre son los niños los que tienen que sufrir más…
Se esforzó por mantenerse fuerte como la señora del castillo debía hacer. Debía olvidar sus problemas por un instante y saber sobrellevar la situación con estoicismo, para inspirar valor y confianza a quienes el destino había dispuesto que estuvieran bajo su protección y gobierno. Así debía ser. Así la habían educado.
La sala de estar de Sansa se vio ocupada a media tarde por las señoras, requiriéndola para tomar el té con ella. Había sido lo habitual esa última semana, el pasar las tardes con Amerei y su madre en aburridas sesiones, a veces con la compañía de Lady Dorna y hasta a veces Lady Genna. Sansa tenía que aguantarlo puesto que había decidido dejar el bosque para Tommen y fuera de ese lugar no tenía otro más a donde ir.
Genna Lannister la miraba de vez en cuando con ojos de lince, mientras ella permanecía más bien callada, respondiendo esporádicamente a las preguntas que le dirigían, con las cortesías de rigor. Pero hasta en eso estaba perdiendo la práctica. Con torpeza lograba entablar una charla amena que no despertara sospechas de su retraimiento. Por enésima vez desviaba con incomodidad la vista de la tía Frey política, con más corazón de Lannister, que parecía querer comérsela con los ojos.
La madre de Amerei, conversaba sobre las medidas de seguridad que se tenía en el castillo para avisar sobre un posible avistamiento de Jaime en la zona. El mayor de los Lannister había vuelto a desaparecer de la región, perdiéndose de vista de los vasallos y guardias con inusitada facilidad. Lady Mariya con nerviosismo comentaba que personalmente había visto la instalación de las campanas resonantes en las torres, para dar la voz de alarma ante cualquier situación.
-No puedo decirles como mi corazón apenas soporta esta situación. Solo vi a Ser Jaime una vez y me produjo una buena impresión pero no hay que bajar la guardia. Cinco años son cinco años y pudo pasar cualquier cosa. Quién sabe si no vendrá con la intención de vengarse tras la muerte de su hermana, o para reclamar Roca Casterly como su derecho de nacimiento, ayudado en los dos casos por la gente del Risco. Por dios que no quiero ni pensarlo.
-Mi estimada señora, no sea ilusa, ¿que pudo haber pasado en cinco años que no pasara en los cuarenta que ya lleva mi sobrino? El jamás vendrá contra su familia, no sé porque todo el mundo insiste en lo contrario. Las campanas se instalaron para el avistamiento de algún posible grupo de estúpidos Westerling merodeando por el lugar, acompañados de algún puñado de campesinos tontos decididos a jugar a la guerra. –Lady Genna con caustica sinceridad se enfrentó a lady Mariya que la igualaba en edad, quien se abanicó el rostro no pareciendo hacer caso a las palabras de su pariente política.
-Usted dice eso porque es su sobrino y lo conoce desde niño, Lady Genna. Pero debe pensar en los demás que solo hemos escuchados historias macabras de Ser Jaime. Que lo llamen el Matarreyes…siempre dio una impresión muy pobre de él.
-Mama no debes juzgar a alguien por un sobrenombre ganado hace más de 20 años –la regaño Amerei a manera de disculpa frente a los demás-. Recuerda a nuestro tío Ser Johen Darry que se ganó el mote de Cola de Paja, inmerecidamente.
Sansa se le ocurrió que sería educado preguntar el porqué del nombre lo que constituiría un buen tema de conversación, pero su boca no quiso moverse y hacer algo que su ser no deseaba. Debían tomarla por una desconsiderada ya que aunque le habían contado a grandes rasgos sobre el arribo de Jaime y la posible posesión (¿temporal?) de Tommen, deseando realizar un buen chisme, ella apenas había contribuido al tema.
Lady Dorna tomo un sorbo de su té; sosegada y tranquila como siempre.
–Tyrion consideró agotar todos los recursos posibles para mantener seguro el castillo. Redoblo las guardias ahora que desde mañana se ausentara por una semana a la capital. Tiene algo muy importante que hacer en Desembarco del Rey además que querrá buscar a Jaime él mismo por los alrededores. Tyrion no es alguien que pacientemente se siente a esperar a que algo suceda mientras todos están en vilo.
Un estremecimiento la recorrió y sintió la humedad característica en sus ojos. Faltaba poco para el ocaso. Debajo del mantel de la mesa aferró su vestido con fuerza para controlar su palpitante corazón que volvía a agitarse con dolor al recordar que Tyrion le abandonaría.
Que no la quería…
Se dio cuenta que a pesar de mantener el rostro bajo e inexpresivo, todos los demás habían sentido la repentina oleada de angustia emanar de alguien dentro de la estancia. Lady Dorna le echo una ojeada compasiva manteniendo la compostura y distrayendo a lady Mariya con un nuevo tema. Amerei se dedicó a pinchar su pastel de zarzamora y decir que el asunto era delicado, ya que el hecho que Ser Jaime apareciera constituiría un problema para Occidente de una u otra manera con la reina Targaryen. Lady Genna era la única que la observaba con terrible atención. Sansa tenía la desagradable sensación de confirmársele que ella sabía todo lo que había ocurrido entre Tyrion y ella. Debería estar odiándola mucho por provocar todo ese sisma en su querida casa Lannister.
Con rigidez, tratando de recordar cómo ser gentil en esos casos, se disculpó de la mesa con nulidad sin dar más explicaciones.
Si causo sorpresa no lo supo, ya que salió de la sala sin ver y sin impórtale si había sido grosera. Desea estar sola físicamente no pudiendo estar más sola en su mente de lo que ya estaba. Su mundo entero estaba de cabeza y ya no sabía cómo proceder ante tanta presión que se acrecentaba ante el desenlace definitivo.
Camino por el pasillo oeste iluminado por los rayos oblicuos del sol que atravesaban las altas ventanas. El sonido del mar a través de los muros, lejos de calmarla como antes, solo traía la certeza e imposición del lugar donde se encontraba. En un castillo que había supuesto suyo pero que no lo era más y jamás lo seria. No importaba que ella se quedase allí cambiando solo en una variable la situación. Sin Tyrion…nada sería lo mismo.
Una lagrima solitaria se derramo por la esquina de sus ojos.
El día después de que dejara su habitación y a un Tyrion empecinado en decirle que era lo mejor para ella, había despertado de la peor manera que alguna vez lo hiciera. El rostro desencajado y los ojos hinchados. A duras penas había conseguido restablecerse antes que alguien más la viera. Con pesar recordó esa noche y borro la senda húmeda de su mejilla.
Ya había llorado demasiado.
Se sentía estúpida y tonta. Había tratado de analizar las cosas fríamente, tal y como Tyrion le sugiriera. Lo dicho por él con respecto a ella y sus verdaderos sentimientos hacia él, la confundían y entristecían en suma y al final no podía sacar ninguna conclusión clara. De hecho podría estar en lo correcto. Tal vez sus sentimientos no eran lo suficientemente fuertes y todo no constituiría más que un capricho al perder algo a lo que se estaba acostumbrando. Era gracioso que hace un mes jamás se había planteado albergar sentimientos románticos hacia Tyrion. Tal vez nunca lo quiso de ese modo en verdad y solo eran delirios de su deber de esposa para con él.
Pero entonces… ¿por qué estoy tan mal…por qué me duele tanto? Además él tampoco me quiere de esa manera y al parecer nunca lo ha hecho…
Otras veces, en desesperados intentos de librarse de esa angustiosa sensación, trataba de odiar al que era causante de sus males. Infructuosamente. Como había cambiado actualmente la situación: de haberlo rechazado ella en un principio, ahora ella era la rechazada por Tyrion, quien se suponía era…el "gnomo" de Roca Casterly…
Infructuoso.
Por qué tenía que pasar todo esto…
Lo único que sabía era que dolía y dolía, de una forma que nunca le había dolido antes…y no podía explicarlo.
No podía explicarlo.
Algo no estaba bien en ella, toda su reacción se escapaba de su comprensión. Deseaba saber que era, dar con una definición de su estado con toda su alma, sea bueno o malo, para ver si así de una vez, se acababa ese horrible desasosiego y angustia que no la dejaba en paz un solo minuto.
Como deseaba poder hablar con alguien que la entendiera, alguien en quien pudiera confiar sus problemas y confusiones y que le diera un buen consejo. Usualmente ese alguien seria Tyrion, pero en ese caso no era posible recurrir a él.
Y ahora él se marchará…
Con la mente perdida, sus pasos por costumbre la llevaron a la habitación matrimonial. Era media tarde y el dormitorio principal estaba vacío, ocupado por el sol siempre presente y el rugido de las olas vibrando físicamente por derredor.
El baúl de Tyrion estaba listo para el viaje preparado obviamente por Pod. Se preguntó si se llevaría toda su ropa de una vez, si no lo vería nunca más después de mañana. Su inquietud no le permitía hacer caso a su mente que sabía que se iba por una semana. Podría ser el tiempo que sea…ella lo perdería una vez él se fuera.
Tomó la capa de viaje de Tyrion sobre la cama. Sintió la prenda fría, pequeña, pero muy característica y reluciente con el cuello de piel bordado con detalles rojos y dorados en las esquinas. Una prenda Lannister en toda regla.
Acercó el rostro para sentir la suavidad de la piel de marta sobre la cara. Aspiro el aroma que conservaba la esencia de Tyrion a la que se había hecho tan sensible en todas esas noches de sueño compartidas en la cama. Todas las noches, lo había tenido tan cerca cómo podía y se moría de la angustia al saber que ya no lo haría más…
Con las manos estrujadas, escucho la puerta abrirse de repente. Se giró para ver a Tyrion entrar y quedarse de piedra al verla allí, en medio de la estancia. Su mirada se estancó en ella por un largo rato y Sansa no supo aclarar si lo que veía en él era arrepentimiento o la típica sensatez que emanaba siempre de sus ojos. Vio descender su vista hasta la prenda que ella aun sostenía contra su pecho con fuerza.
-Sansa, como me alegro que estés aquí…-Tyrion cerró la puerta con presteza para avanzar hacia ella deteniéndose a unos metros-. No sabes cómo me he torturado pensar lo que ha pasado entre nosotros y que te hubiera lastimado de alguna manera que ya no tenía arreglo. -Evidentemente le había afectado la repentina diferencia entre ellos, desde hacía tiempo sin producirse. Mostraba el ceño fruncido de la preocupación-. Por favor te pido que me perdones y me creas cuando te digo que jamás he actuado sin considerar tu felicidad como mi objetivo principal. Es lo único que me ha movido a realizar todo lo que hice, con sinceridad. No fue por interés personal o por maquinaciones egoístas…no quiero que me consideres como alguien que manipuló tu vida para hacerla ingrata…no quisiera que me tengas en ese concepto…
Sansa vio la sinceridad en sus agitadas palabras. Había considerado volver a salir corriendo de allí como la anterior vez, pero ver a Tyrion frente a ella a unas horas de partir, escuchar su voz conocida y tranquilizadora como siempre, con su ropa entre sus manos, su aroma en su memoria y verlo con la mirada más arrepentida y torturada buscando su perdón, removió la base de su corazón nuevamente.
Sabía que lo que le había dicho la última vez que hablaron no era verdad. Las palabras crueles habían salido por pura maldad porque en el fondo sabía que Tyrion no actuaria por interés propio y malignidad como lo habían hecho Meñique, los Tyrell, los Baratheon y los mismos Lannister. Tyrion era diferente a todos ellos por mucho.
-Está bien Tyrion- la voz le salió ronca y extraña al volver a hablar con él después de tanto tiempo- no es verdad lo que dije…lo sabes bien. No podría pensar algo así sobre ti después de todo…lo que ha pasado.
El alivio fue claro en el rostro del que era aún su esposo. Con una sonrisa suave se acercó a ella y Sansa viéndolo desde su altura se estremeció patéticamente.
-No tienes idea como me tranquilizas Sansa. –dijo y se detuvo a dos pasos de ella-. No quería quedar así antes de partir a la capital, sin saber cómo arreglar lo que de alguna manera parece que arruine completamente…-la esquina izquierda de su boca subió en una vacilante sonrisa que apenas aparentaba eso.
Sansa se sobresaltó.
-Estas diciendo que te arrepientes de lo que…
-No. Claro que no – rectifico rápidamente Tyrion y después lucio arrepentido de decir eso con tan poco tacto, al ver la desesperanza inundarla de nuevo-. Sabes que eso ya no tiene marcha atrás, Sansa. Has debido pensarlo estos días…es lo mejor que te puede pasar…
Le dio la espalda de nuevo no con la intención de huir sino para evitar que viera sus lágrimas. Como dolía que Tyrion no la quisiera…no le dolía el orgullo, era algo más profundo dentro de ella lo que se encontraba lastimado.
-Sansa, lo siento… me equivoque en la forma de proceder con todo. No suelo ser una persona con mucho tacto en la forma de hablar y sabes mi maldición de tener la lengua demasiado suelta. –Hizo una pausa reflexionando-. No era la forma de decirte esas cosas.
Tenía razón. Tyrion debió decirle desde siempre que necesitaba cosas de ella. No debió tratarla como una niña tonta. No debió guardar secretos para ella…
Con sus pensamientos entrecruzados, ella no dijo nada; el silencio inundo la estancia, poco expectante ante una situación que se vislumbraba sin esperanzas.
-Sansa…-escucho la vacilante voz de su esposo justo detrás de ella. No se volvió-. Puedo preguntarte… por qué… ¿por qué te afecta tanto todo esto?
Sansa finalmente se volvió. Ella misma se preguntaba lo mismo y tal vez Tyrion diera por fin con la respuesta. Observó su rostro con el duro ceño esforzándose por comprenderla.
-Es decir ¿por qué pareces rechazar por completo que yo haga esto por ti…no puedes ver todo lo que ganas con esto?
-Y yo quiero preguntarte a ti porque me ocultas tantas cosas, en realidad…-vio la confusión nacer en sus ojos-, nunca fuiste tan sincero conmigo como dices. ¿Por qué no me dijiste todo lo que planeabas desde el principio?
Tyrion tuvo el cuidado de considerar sus palabras. -Tal vez debí decirte todo esto desde antes…así la impresión hubiera sido menor…-dijo, sin embargo parecía no creerlo en realidad –pero…
-¿No confiabas en mi tanto como decías? O en quien no confiabas era en ti…-titubeo al continuar pero algo le decía que tenía que presionar si quería obtener algo-. Si pensabas que esto me haría tan feliz como creías… ¡por qué no decirlo desde antes…!
Sabía que sonaba ridículo pero Sansa no pensaba soltar la pequeña esperanza que su corazón sentía:
¿Porque Tyrion espero hasta el final para soltarle de golpe como último recurso su brillante plan de casarla con alguien más? No vio lo fácil y practico que era decirle hace cinco años de que planeaba casarla con Tommen. ¿Por qué esperar conviviendo con ella casi fielmente a como un matrimonio normal haría, exceptuando ciertas cosas, para luego decirle algo tan común y habitual en el ambiente de Poniente como eran los matrimonios arreglados?
¿Era porque en el fondo algo se lo impedía…?
Tyrion lucía un poco perdido en la pregunta.
–Me pareció que la espontaneidad era mejor en el surgimiento de ciertos sentimientos…-dijo-. Tú sabes que en estos casos, entre la gente de alta cuna, no suele acostumbrarse el afecto, solo el deber y la familia…así que pensé…
-Tú lo has dicho- interrumpió-. Si todo era un "trámite" más, por qué no decírmelo fríamente para que yo participara adecuadamente en la predisposición de "esos sentimientos". No soy nueva en este tipo de asuntos, sabes Tyrion –puntualizó recordando sus tres compromisos, oficiales y no oficiales, con Joffrey, Willas y Harold-. ¿No notaste que yo…estaba feliz con nuestro matrimonio; que jamás me hubiera fijado en Tommen o hubiera pensado en dejarte porque estaba desarrollando…un tipo de sentimientos hacia ti aparte de la gratitud? Me acostumbre a ti Tyrion, tanto que es por eso que ahora cuesta tanto aceptar todo esto. ¿Cómo puede ser que no lo notaras…?
O lo notó y no quiso hacer nada, se dijo dentro de ella viendo la incomodidad evidente en su pequeño esposo ante sus cuestionamientos.
El desvió la mirada con el rostro concentrado en buscar una respuesta. Sansa no iba a esperar que su inteligente mente encontrara un argumento brillante que desbaratara sus frágiles postulaciones; como el viento derriba a los arboles jóvenes, con raíces poco profundas a las que aferrarse.
-Necesito pedirte algo, Tyrion…quiero que hagas algo por mí.
El pareció despertar de su ofuscación. Suavizo el gesto considerando que ella había dejado de lado esas inoportunas preguntas. –Claro. Lo que sea Sansa, quiero complacerte para resarcir mis torpezas anteriores de alguna manera…-cambio un momento su rostro dudando-, siempre que no sea tu negativa a…
-Quiero probar una cosa…es algo que necesito que cumplas para entender que lo que has tratado de hacer por mi según tú…es buscar mi felicidad…
Eso pareció alegrar a Tyrion.
-Por supuesto, dime que es.
No vaciló. Se acercó con la mirada fija y sin una sola gota de duda sobre su voz, dijo:
-Quiero que me beses, Tyrion.
Transcurrió un momento tras lo cual él parpadeo varias veces creyendo no haber escuchado bien. Sansa creyó advertir que su rostro enrojecía ligeramente empalideciendo más la cicatriz de su mejilla.
-¿P-perdón…que dijiste, Sansa?
-Lo que escuchaste Tyrion. Quiero que me beses… yo quiero besarte –se le hizo innecesario decirlo pero más podía su educación-: por favor.
La confusión de Tyrion parecía crecer dentro de él. – ¿Por qué…por todos los cielos me pides una cosa así?
Respiraba agitadamente y retrocedió unos pasos de manera imperceptible con su sencillo jubón negro que subía y bajaba en su pecho. Aparte de su evidente ofuscación la miraba como si en cualquier momento ella le dijera que todo era una broma. Una tonta y cruel broma.
-¿Aun soy tu esposa verdad? -no dudo a la hora de responderle-. Pues quiero que me beses como tal, ya que tengo ese derecho. Quiero que me beses como un hombre besa a una mujer, como un esposo besa a su esposa. Quiero saber que todos estos años por lo menos no fueron un sueño…algo echado al viento.
-Esto es absurdo…
-Tómalo como una pequeña condición para que yo acceda libremente a tu plan, ya que al parecer no cambia nada el hecho de que yo no quería casarme. Porque no tengo opción ¿no es así Tyrion? – se detuvo mirando su expresión ceñuda ante el reproche matizado en su voz inconscientemente. Su confirmación quedo implícita. Continuó-. Entonces no afecta en nada un beso cuando, de todas maneras, todo acabara.
Sabía que lo estaba manipulando igual que él solía hacer con muchas personas y debía aceptar que también con ella. Tyrion se veía en conflicto…pensando y pensando que estaba planeando ella con todo eso. Sansa se sintió un poco liberada al poder expresar por fin su deseo, y un poco tramposa por jugar con eso en un momento tan delicado. Pero no era momento para sentirse mal.
Solo le dejaba dos caminos. Tyrion podía rehusarse de plano a hacerlo y acabar con toda aquel embrollo de una vez. Sabía que se sentiría afectada pero él también quedaría con la sensación de no haber cumplido una simple promesa que ante todo era una petición justa de una esposa hacia su marido. En cambio si aceptaba satisfaría su capricho, o lo que fuera eso que no la dejaba dormir, y él creería que ella aceptaría al final con libre predisposición lo que era mejor para ella.
Como se veía, la opción más acertada siempre sería la segunda. Sansa espero a que Tyrion comprendiera y valorara la acertada aunque retorcida lógica.
Observo la deliberación en el rostro de Tyrion por lo que pareció horas. Con el corazón en dolorosa incertidumbre aguardo sintiendo su esperanza morir conforme los minutos pasaban.
-Es lo único que me estas pidiendo, verdad…- dijo al fin y más que una pregunta era una afirmación. La escudriño severamente con los ojos -después aceptaras lo que te dije…
-Aceptare que buscas mi felicidad con tus acciones…-dijo simplemente manteniendo su postura decidida.
Tyrion parecía tener muy mala espina de todo ese asunto y evidentemente desconfiaba, al parecer de ella, casi al punto de negarse a esa locura. Sansa se mordió el labio.
-No tienes que temer –objeto con fingida seguridad. No entendía de donde sacaba toda esa valentía tan de repente. Tal vez su mente sacaba sus últimos recursos de manera inconsciente, algo así como cuando se activa el instinto de supervivencia cuando caes por primera vez al agua sin saber nadar-. No estoy intentando nada…ayer fuiste especifico en que no sientes nada por mi…y que yo estoy confundida…así que ¿qué mal puede hacer un simple beso…?
Se moría de nervios y una horrible ansiedad la carcomía por dentro. Un beso era lo único que pedía, lo deseaba tanto que casi la asustaba esa intensidad con la que su corazón golpeaba contra su pecho.
Tyrion no dijo nada o no pudo decir nada, pero no fue necesario. Su rostro revelo fatalmente su derrota quedándose sin más argumentos que rebatieran su condición. Con el gesto compungido exhalo ruidosamente por la boca y Sansa no supo si era de frustración o nerviosismo.
La victoria se saboreó de manera fantástica. Sansa no podía creer en su buena suerte. Tyrion casi no había aceptado; la hubiera dejado con toda esa dolorosa angustia para siempre pero ahora, en cambio, tenía la oportunidad de besarlo y cumplir su secreto anhelo.
Sansa se inclinó a la altura de Tyrion. Vio su rostro frente al suyo conservando el ceño fruncido con la misma expresión de quien va a realizar algo para cumplir meramente un requisito más que exigirían para el ingreso a alguna compañía de mercenarios. Pero no podía ocultar la verdad por completo; claramente estaba angustiado por dentro al acercarse a ella cada vez más, centímetro a centímetro.
-¿Qué es eso?…- preguntó Tyrion de repente como quien ve algo interesantísimo.
Sansa se distrajo de lo concentrada y expectante que estaba, a solo un palmo de distancia de él. Respiró profundamente para ver que Tyrion se estaba refiriendo a la capa que aún mantenía en sus manos.
-Ah…es solo tu capa –la extendió y se dio cuenta que la estaba arrugando con la fuerza de su agarre. Se sonrojó-. Disculpa –dijo y la puso sobre la cama de nuevo y volvió a verlo aguardando a que él hiciera el primer movimiento.
Tyrion solo hizo una mueca y con nervios evidentes se acercó más a su rostro. Sansa sintió el corazón revolotear cada vez más impaciente. Hasta ahora jamás habían estado tan cerca desde el ínfimo primer beso de hace años. Se esforzó por no temblar y también se acercó hasta quedar a centímetros de su boca…
…pero él no se decidía. Veía su ceño fruncirse a cada rato tratando de encontrar el valor de tocarla de una manera que jamás había hecho con ella. Mantenía los brazos rígidos a ambos lados de su cuerpo estirando los cortos dedos como única muestra de aprensión. Después de lo que pareció toda una vida acerco sus labios por fin a los suyos para tocarla con toda la suavidad que podía…
Sansa se paralizó y ese simple contacto le provocó una oleada de electricidad iniciándose en la punta de sus labios allí donde tocaba los de Tyrion. Por fin lo había hecho…su deseo cumplido de besarlo. Era una sensación tan gratificante, parecida al de un niño recibiendo un dulce tras larga espera. Sin embargo, de la misma manera que con el capricho cumplido al probar el dulce prohibido, Sansa deseaba sentir aún más…sentir la presión, conocer a fondo su boca y su forma de besar. El cosquilleo en su cuerpo así lo demandaba.
Pero tan rápido como empezó, Tyrion se alejó de ella al instante, contrariado. Sansa ni siquiera había tenido oportunidad de cerrar bien los ojos. Ofuscada lo busco con la mirada pero él tenía la suya apartada. Como si se arrepintiera de lo que había acabado de hacer y calibrara seriamente las consecuencias.
No pensaba dejarlo marchar sin más. Su instinto de supervivencia la obligo a aferrarse a cualquier remota posibilidad. Prontamente lo tomó del cuello del jubón para no permitir que se alejara mucho de ella. A un palmo de distancia lo miro de la manera más sincera que pudo. Trato de no morderse el labio pero no tuvo mucho éxito. Dejó a un lado el orgullo y le rogó con la mirada que no se apartara en ese momento. Que no destrozara su desosegado corazón al borde de un ataque.
-Tyrion, me prometiste un beso de verdad…-susurró débilmente -por favor…
Él la volvió a ver con la mirada impregnada de lo que Sansa creyó era furia. Asustada por un milisegundo se dio cuenta con agitación que era la misma mirada de hace siete años cuando ambos se enfrentaron a consumar su matrimonio en un aciago día de bodas.
Furia en el ojo negro que no estaba dirigida a ella precisamente; con evidente deseo frustrado. El ojo verde estaba cargado del hambre que Sansa tanto añoraba. En conjunto su mirada expresaba algo difícil de expresar con palabras…pero no espero a descifrarlo. Antes de que él abriera la boca para hablar, su cuerpo despertó y sin esperar una orden concreta de su cabeza se acercó y unió sus labios de nuevo, en un arranque de valentía, haciendo más presión para sentirlo con mayor realidad.
Tyrion pareció aceptar y no aceptar que Sansa lo besara de repente con tanta libertad como se permitía. Mantuvo su boca dura incapaz de responder adecuadamente sin embargo no hizo ningún ademan de alejarse de nuevo. Tanteaba su boca con cuidado como si no se sintiera con el derecho de hacerlo. Más que un beso parecía un efímero contacto que en cualquier momento podría desaparecer. Lejos de desanimarse, Sansa sintió la antigua cicatriz de la esquina de su boca. Con suavidad dirigió sus labios besando con suavidad una de las tantas muestras del valor de Tyrion, las dificultades que habían marcado su historia. Con los ojos cerrados, entreabrió sus labios dejando escapar un suspiro que no pasó desapercibido por su esposo.
Como el fuego fácilmente se agita y crece ante una prometedora brizna de viento, así fue como Tyrion empezó a perder su inicial retraimiento y procedió a besarla concienzudamente con una fuerza que crecía, mientras Sansa sentía que se iba a deshacer de la felicidad al sentir su boca siendo explorada por la sin duda experta boca de Tyrion. Era como si él hubiera olvidado por completo sus anteriores negativas haciendo del momento parte de un nuevo mundo alterno. Perfecto. Su corazón latía rapidísimo pero dueño de sí mismo por primera vez.
¡Lo sabía! Él me quiere… ¡Él me quiere! Y yo lo quiero también…mucho…demasiado…
Sus pensamientos parecían los de un niño de lo incoherentes que sonaban. Sin embargo no se preocupó de ordenarlos. Encontrar una respuesta certera a sus miles de preguntas y a la carga de sentimientos sin solución de los días pasados eran lo mejor para su mente torturada. Ahora solo podía ser presa de la felicidad.
Su boca se movía contra la de él, en medio de una danza tan perfecta como podía ser algo que, sin necesidad de enseñarse o aprenderse, estaba presente en todas las personas que compartían la suave cadencia de los sentimientos correspondidos. Desesperación se mimetizaban en sus cada vez más determinados besos, mientras la tomaba del rostro con sus manos y rozaba su cabello rojo. Tyrion, con el rostro inclinado sobre ella, acariciaba sus mejillas tan levemente como le permitían sus dedos. Sansa no sabía en qué momento se había arrodillado frente a él, tal vez fuera que sus piernas habían cedido a la tremenda ráfaga de sensaciones y sentimientos que experimentaba.
Es perfecto…se decía mientras sus brazos se atrevían a rodearlo y entrelazaba sus dedos en su abundante cabello dorado, acto que a Tyrion pareció gustarle esgrimiendo una sonrisa sutil en su boca, deslizando su mano izquierda por su cuello. Me encanta su sabor…su fuerza, sus manos sobre mí, su boca sobre la mía para siempre…lo amo…
-Tyrion…- exhaló en un gemido en medio de su boca, abandonada por completo a sus desbordantes sentimientos.
Fue su desgracia haber hablado.
Como si despertara de un profundo sueño, Tyrion pareció reaccionar al escuchar su nombre dicho en esas condiciones por parte de Sansa. En un microsegundo terminó el beso, quedándose estático a milímetros de ella. Recuperando el aliento. Recuperando la conciencia.
En menos de un segundo, la miró de diferentes formas seguidas; con confusión primero, luego miedo, después arrepentimiento y culpa por lo que había hecho.
Sansa con el rostro acalorado, sintió las manos de Tyrion descender con mortal fatalidad sobre sus hombros para retirarlas finalmente. Lo vio parpadear un montón de veces y el ceño en su frente se pronunció de manera torturada. Respirando con agitación se alejó de ella y evito a toda costa el contacto visual mirándose las manos y luego apretando los puños con fuerza dejando caer los brazos a los costados.
Sansa recuperaba el aliento permaneciendo en su posición, con el vestido azul añil contra el piso y las manos sobre su regazo, con el frio molesto en su piel de quien ha perdido algo valioso de las manos. No podía dejar de mirar a Tyrion, quien casi parecía haber matado a alguien por su postura y su mandíbula en tensión.
Tyrion se veía perturbado con la arruga en la frente más pronunciada que nunca. Sus palabras salieron confusas al principio.
-Lo siento –dijo apesadumbrado buscando las palabras exactas para excusarse. Luego parecio darse cuenta el hecho que ella había provocado todo eso-. ¿Por qué…por qué hiciste…es decir –por fin la miro con dificultad, con la cautela de una presa observando un amenaza mortal-, que querías lograr con esto, Sansa?
Ella se levantó de su sitio pues no le pareció muy adecuado seguir de rodillas. Además no quería que Tyrion se alejara tanto como lo estaba haciendo.
-Eres mi esposo y yo soy tu esposa. –Dijo resueltamente, aunque con emoción contenida ante el descubrimiento que acababa de hacer-. Un beso así, creo que está dentro los estándares normales en un matrimonio.
No pudo evitar ser un tanto sarcástica. El gesto de Tyrion era todo menos feliz, muy contrario al estado en el que ella se encontraba. Deseaba aligerar la tensión y demostrarle a Tyrion que lo que había pasado no era nada malo como parecía pensar.
Él me quiere aun, lo sentí. Pero es Tyrion…no lo aceptara fácilmente.
Lo conocía lo suficiente para saber eso…y no podía reprochárselo.
-Esto estuvo mal, Sansa. No está bien.
-¿Por qué? Estamos casados, no hemos hecho nada malo. –Lo miró directamente a los ojos para decir tras una pausa-, además yo te amo, Tyrion.
La placidez y el sonrojo que sintió al confesar sus sentimientos, fue sumamente fantástico. Después de semanas en tensión experimentando cosas positivas y negativas por igual, sin nada que definiera sus estados de angustia o emoción; tener un sentimiento seguro y certero al que aferrarse la hacía sentir estable y dueña de sí misma, como nunca lo había estado en su vida hasta ese actual momento.
Amaba a Tyrion Lannister, su esposo, su protector, su amigo…cuan increíble sonaba eso.
Demasiado increíble, poco creíble en realidad, así pareció él entenderlo. Tyrion hizo un gesto dolorido, como si algo lo golpeara. Se recompuso casi de inmediato, aunque sus ojos ya no pudieron recuperar su habitual serenidad.
-Sabes que nosotros…nuestra relación no va por ese camino –movió la cabeza lentamente ratificando sus palabras, como quien piensa en la esencia misma del asunto. A continuación negó con más energía haciendo un sonido de exasperación-. Es ridículo siquiera pensar en eso –volteo a mirarla con la expresión de quien se ha hecho un chiste malísimo a sí mismo-. Sansa, por favor, no seas tonta. Tú habías prometido algo a cambio antes de que esta estupidez pasara.
Sansa se sintió dolida tras las duras palabras. Empezó a respirar con agitación.
-¡Que importa lo que haya prometido! ¿No significa nada para ti lo que ha pasado? lo que te he dicho…
Tyrion se alejó aún más, poniendo mayor distancia entre ellos. Los últimos minutos del ocaso se filtraban por las cortinas de seda. El final del día.
-No voy a empezar a cuestionar por qué hiciste, dijiste, o no aquello. Créeme que no quiero saberlo. Lo único que me interesa es que cumplas tu parte. Lo que te corresponde. Hemos hablado demasiado de este asunto y la verdad ya me ha cansado. ¡Te casarás con Tommen y sanseacabó!
-¡No me casaré!
Sansa estaba dispuesta a discutir como nunca antes lo había hecho en su vida. El enojo vino tan rápido que se sorprendió al sentir algo tan intenso. No podía no hacer nada cuando había encontrado la respuesta a un importante aspecto de su vida. Pero en ese momento tocaron a la puerta y a continuación se abrió tan de golpe que fue como si el mundo se sacudiera a su alrededor. El corazón de Sansa dio un brinco, el cuerpo de Tyrion tembló tomado por sorpresa y vio a Pod aparecer en la puerta de su habitación sumida en la palidez naranja del último rayo de sol del horizonte.
Podrick se quedó petrificado en el umbral, con la boca abierta en la pregunta muda que había muerto en su garganta al verlos, ella frente a Tyrion con el rostro encendido y su señor con toda la apariencia de querer matar a quien se encontrara a diez metros a la redonda de ellos.
-Yo…m-mi Lord…-empezó a duras penas incrementando el tartamudeo desmesuradamente, retrotrayendo al muchacho tímido que había sido antes –el c-capitán dice estar listo p-para partir…lo sien…siento….v-vine por el baúl… ya es el atardecer…-dijo señalando la ventana para dar veracidad a sus palabras y confirmar que no se había equivocado de hora.
-Está bien Pod, llévatelo. Dile a la comitiva que ya voy. –Tyrion sonaba extraño, diferente de hacía unos minutos. Tenía todas las señales de querer salir de allí de una vez por todas, como si deseara alejara de algo insoportable.
-Mi Señor…a-al parecer hubo otro ataque al noreste…-chilló Pod de repente comunicando la noticia a su pesar –y más gente llegó a refugiarse al castillo.
Sansa sintió el miedo apresarla de nuevo a zarpazos. Los ataques de los Westerling…Ser Jaime…Euron…los Caminantes blancos…todos los problemas acudieron a su mente y la preocupación recorrió físicamente su cuerpo en escalofríos cruentos.
Vio a Tyrion alejarse y decir algo a Pod y despacharlo con el baúl. La oscuridad iba inundando la habitación y solo por costumbre se preguntó dónde estarían sus doncellas. La pregunta se esfumó sin importancia.
Él se marcharía de todas formas. Tyrion era Lord de Roca Casterly y debía enfrentarse a problemas muchos mayores que el que significaba ella misma. De nada había servido. Aunque ella le quisiera, él tenía que marcharse porque su deber lo mandaba. No podía rogarle que se quedara pese a todo el miedo que sentía de no volverlo a ver. No podía. Ella no era nada comparado con todos los peligros de Poniente. No era nadie. El pesimismo la golpeó y no pudo recuperarse.
Sintió a Tyrion frente a ella de nuevo. Había encendido unas cuantas velas y podía ver su rostro abrumado. Había tomado la capa de encima de la cama. Se iba.
-Sansa, por favor, te ruego que no me interrumpas en lo que te diré a continuación. Debes olvidar lo que ha pasado aquí y entender que es lo correcto en realidad. Ya no eres una niña, debes pensar con la cabeza fríamente y dejar de lado arrebatos juveniles que a la larga son efímeros provocados por un fuerte sentimiento de remordimiento o vacío. Tal vez yo tenga algo de culpa en eso –esto último lo dijo a si mismo igual. Se acercó un poco con esa mirada vacía que utilizaba para tratar asuntos de gobierno, esperando ser obedecido de alguna manera-. No salgas del castillo y no se te ocurra ir al bosque de Lannisport en mi ausencia, ¿está bien? No tienes que preocuparte, no obstante debes cumplir tus responsabilidades como señora del castillo. Tommen se ocupara de todo lo que le he encomendado encarecidamente pero necesitara tu apoyo y consejo. Tu estado civil cambiara muy pronto, sin embargo será por poco tiempo. Pienso ocuparme de eso mientras este en Desembarco del Rey y al volver resolveremos esto de inmediato. –Sansa con la vista borrosa y un nudo en la garganta escucho esto último, confirmándosele así que Tyrion visitaría al Septon de Baelor en la capital. Debía verse fatal porque un gesto de impotencia se dibujó en el rostro de Tyrion al verla, quizá por eso suavizo su voz a continuación–. Es necesario que lo diga, así que…si…algo me pasara, por favor te pido que confíes en Lady Genna. –Lo dijo sabiendo que pedía algo difícil para Sansa -, a pesar de su carácter conoce bastante de todo este asunto para orientar a Tommen y a ti en posibles adversidades; siempre velara por el bienestar de la familia y Roca Casterly.
Termino y por un instante Sansa vio el gesto torturado de Tyrion una vez más deseando tal vez suavizar la horrible situación en la que quedaban ambos. Pero ese instante pasó.
-Tengo que irme…no puedo esperar a que un montón de imbéciles sigan por allí sembrando terror en nombre de mi hermano, bajo mis narices. Tengo que ver si de verdad es él y encontrarlo. Por favor…cuídate mientras tanto.
Se calló sin atreverse a decir más. Sansa le observaba inerme, sin vida en su garganta. Tyrion se dio la vuelta y con un último gesto de disculpa le vio cerrar la puerta.
Pd.: ¡Pareciera que el destino no quiere que publique! Desde hace dos días que debí hacerlo pero problemas en la página de FanFiction me lo impidieron, en serio. Ironías de la vida.
Que se le va a hacer…espero les guste a pesar de las dificultades. Gracias de todos modos por pasarse por el fic.
