El verano en ascenso ganaba terreno en los campos. El color gris, los detalles pálidos se habían perdido, reemplazados por una explosión de vida y colores cálidos en cada rincón del paisaje. El tibio aroma se respiraba incluso por la noche estrellada y era tan vivificante la sensación del aire fresco que los caballos avanzaban velozmente en una clara expresión de energía primaveral.
Hasta los soldados estaban alegres. No alegres propiamente dichos, sino tranquilos y relajados por el sedante susurro de la noche benéfica. Muy a pesar que iban en pos de bandidos e insurgentes, los ánimos de la tropa comandada por Areo Hotah eran excelentes. Eran hombres de montaña, campo y aires salinos después de todo.
El único que no disfrutaba la energía que rodeaba el ambiente era Tyrion Lannister. Montado en su palafrén negro, ayudado por la silla especial que diseñara el mismo, iba meditabundo y perdido en sus pensamientos. No disfrutaba para nada el benigno clima, ni el aire fresco conseguía calmar la ansiedad y angustia que lo dominaban a momentos. Solo podía sentir la sensación horrible de estar marchando por el camino equivocado hacia algo que no recordaba fuera importante. Aunque se esforzaba en no pensar en ello.
La compañía marchaba en silencio por el camino noreste. Ni un alma se veía o escuchaba en los alrededores. Era casi como si todo intento de pillaje y escaramuza hubieran reculado, hipnotizados por el fulgor de fuego pálido de la luna. Esta, se alzaba enorme sobre el cielo de oeste, a sus espaldas, alumbrando la senda que por el momento parecía recibirlos expedita hacia Valdecuerno.
-Mi señor –se dirigió a Tyrion Areo Hotah con la mirada oscurecida bajo el capuchón que tapaba parte de su rostro -, es posible que los invasores hayan previsto nuestra avance y estén al acecho en los bordes del camino. De ser así podemos temer que el punto de concentración sea el castillo de Tytos Brax.
Tyrion estaba de acuerdo con su capitán; si algo le había enseñado sus años de campaña militar, voluntaria o accidental, era que si las cosas avanzaban demasiado optimas y despejadas era porque el verdadero peligro se cernía sobre ellos al final del camino.
-Eso me temo –respondió gravemente al capitán que cabalgaba junto a él -, no hay duda que la emboscada será la situación más previsible que podemos esperar, ya sea más pronto o a más tardar en el camino. La mierda es que no sabemos de qué lado se encuentra el viejo Brax. Necesito comprobar de primera mano que aún son leales a Roca Casterly. De haber vendido el alma a los Westerling ya podemos considerarnos jodidos…
-Mi señor, entonces es muy peligroso que usted se presente directamente en el castillo. Podría enviar mensajeros y espías para conocer la situación a fondo…
Tyrion rio en su interior. Inevitablemente recordó a su padre y la forma en que mantenía la lealtad de sus súbditos; bastaba una fría y calculadora visita, en la que con simples palabras se ganaba el respeto o miedo, de sus abanderados. Enviar mensajeros no era el estilo de su padre. Ni el suyo tampoco.
-No os preocupéis, estoy exagerando un poco. El viejo Tytos es en cierta manera confiable y a pesar de estar ya chocheando se toma muy en serio la seguridad y prosperidad de su gente. No estará interesado en revueltas más que en su propia cama y en su orinal.
Areo Hotah quedó en silencio un momento mientras cruzaban un pequeño puente de piedra por encima de un cristalino riachuelo con bordes de grava. Tyrion se preguntó si de verdad estaría preocupado por la seguridad del viaje. Por supuesto que sí, para eso le pago.
-Tytos Brax podrá no querer pensar en la guerra, pero en Cuevahonda la situación será muy diferente. Tengo entendido que el castillo ha pasado a un nuevo gobierno hace poco. Un sobrino en primer grado del anterior señor está al mando, hasta que el legítimo heredero se haga mayor y alcance la mayoría de edad. Garth Lydden es un hombre de mediana edad que siempre aspiró el poder. Según los informes se está dando a conocer entre sus feudatarios como autoritario e inestable.
-Bueno esa es otra historia. Cuevahonda nunca estuvo entre los más leales abanderados de la Roca. El viaje también servirá para conocer a este nuevo señor y calibrar su capacidad de mando. El hecho de ser temporal no le da derecho de siquiera pensar en tomar decisiones logísticas y militares sin el consentimiento de un consejo. Sin embargo estemos preparados. A veces el poder en manos de un inepto es un arma tan peligrosa como un nido de culebras recién nacidas escondidas bajo una piedra.
-El otro regimiento que partió de Lannisport hace unos días ya estará rodeando Refugio de Plata –dijo en un susurro el capitán a lo que Tyrion asintió con aprobación –si algo pasara entre Valdecuerno y Cuevahonda, estaremos preparados y listos para lo que fuera.
Por supuesto que Tyrion no se arriesgaría a ir a una posible batalla sin un as bajo la manga. No era su intención arriesgar el pellejo de camino a Desembarco del Rey. Menos frente a escoria tal como los Westerling.
-Muy bien Areo, es excepcional tu desempeño como siempre. Sin embargo no olvides cual es el principal objetivo de este viaje.
-Claro que sí señor. Hare todo lo posible por lograr lo que me ha encomendado.
El capitán retrocedió a caballo para dar un vistazo de reconocimiento a las tropas dejando a Tyrion pensativo.
Jaime.
Su hermano era uno de los principales objetivos por cumplir para Tyrion: encontrar a Jaime sano y salvo de ser posible. Paralelo a mitigar una rebelión y acudir a un encuentro con la reina, buscar al primogénito de los Lannister era la misión secreta y principal que había confiado en Areo, no por nada era su singular vestimenta de capa oscura y capucha. Mientras Tyrion desarrollaba las actividades que sus responsabilidades como señor le exigían, Areo se dedicaría a indagar e investigar de incognito los posibles movimientos de Jaime. Tenía que ser así, puesto que Tyrion no quería exponer a su hermano ante la reina, no todavía, ya que tenía la ligera sospecha que Daenerys no recibiría por las buenas la aparición del hombre que había matado a su padre. Y Tyrion por muy leal que fuera a la reina, la lealtad hacia su hermano era mucho mayor. Jaime lo había ayudado a escapar del encierro y la muerte cierta una vez y él quería hacer lo mismo por él. Se arriesgaba a ser acusado por traición pero no le importaba. Jamás dejaría solo a su hermano.
El bosque lo rodeaba y engullía a los hombres conforme avanzaba su paso a través del naciente follaje de los arces y abedules. Tyrion se imaginó que Jaime podría estar por allí, en cualquier parte del amplio territorio de occidente; tal vez mirándolo a través del follaje en ese preciso momento. Una dolorosa y pequeña parte de su mente se preguntaba si en verdad Jaime estaría en camino a Roca Casterly para arrebatarle y exigir sus derechos sobre Roca Casterly. Era inevitable pensar en ello. Bueno para eso has arreglado las cosas como siempre deberían haber sido, idiota. Con Tommen como Lord de la Roca, Jaime no se atrevería a ir contra su propio hijo.
Nunca fue mi destino gobernar como cabeza de los Lannister, rumió su cabeza triste y atormentada por el camino que tomaban sus pensamientos; desde el principio era imposible. Cuando se ha visto un enano aspirar a tanto, solo soy un personaje deforme y patético, sin oportunidad de gobernar y sin chance de descendencia…
La sensación de su pecho le hizo estremecer de pies a cabeza. No pudo evitar dirigir todo su pensamiento hacia ella, inexorable y dolorosamente.
Perdió su perfecto raciocinio un momento.
Podía volver. Una parte de su cuerpo lo jalaba e instaba con la fuerza de la compañía dorada a volver a Roca Casterly…volver a ella…
Su cuerpo automáticamente se inclinó a un lado con intención de dar la vuelta. Con la marcha regular que llevaba todo el regimiento, el caballo de Tyrion se encabrito confundido. El relincho basto para que él despertara de su locura y controlara y redirigiera a su montura con los brazos y las piernas tensas y los dientes apretados.
-¿Todo bien mi Lord? –pregunto uno de sus soldados a su derecha a lo que Tyrion asintió y con un gesto con la mano minimizo el asunto. De la tensión rápidamente paso a la furia por su ridícula maniobra.
¡Esto no es una historia de amor o una canción idílica, estúpido enano! Se dijo mentalmente con enojo. En que estás pensando. Concéntrate. Se supone que estas dejando atrás todo esto por el bien de todos y de Sansa. No es tiempo para arrepentirte y mandarlo todo a la mierda por tu insensato egoísmo.
Tyrion podía llegar a ser muy cruel consigo mismo. Concentrado hasta el límite se esforzó por no pensar allí donde su mente quería ir irremediablemente. No tuvo éxito. Sus labios y la cicatriz de la comisura de su boca, le cosquilleaban al sentir la sombra de ese increíble suceso de hace unas horas, que se había enterrado en lo más profundo de sus sentidos.
Sansa lo había besado. Había compartido con ella un beso; los dos juntos, sin esperárselo y por primera vez, después de todos esos años jugando a ser marido y mujer. Ella había puesto toda su candidez e inexperiencia en ese beso junto con algo que parecía acumularse durante años. La hermosa Sansa, que adoraba las fiestas y los caballeros de rostros gráciles y maneras altivas. Ella, su bella esposa Sansa…lo había besado a él por propia voluntad y de una manera tan pasional como inocente…ah, y le había dicho que lo amaba.
Sacudió la cabeza con violencia agobiado por el recuerdo. Era demasiado para ser verdad. No podía siquiera pensar si era bueno o malo. No quería pensar en nada de ello, en realidad. Si pudiera ser capaz de olvidar con solo desearlo, seguro que lo haría.
Pero Tyrion no era perfecto y mucho menos podía negarle a su mente trabajar a mil por hora cuando algo le preocupaba.
Aun recordaba como la había dejado parada en su habitación, estática y con el rostro desencajado cuando la rechazo y prácticamente escapo de esa electrizante habitación. Cuando Tyrion cerró la puerta, se había recostado en la madera cerrando los ojos fuertemente y maldiciendo mil veces por dentro todas esas espantosas sensaciones en su cuerpo. Esas sensaciones que ya conocía, las cuales siempre habían sido su cruz y martirio gran parte de su vida.
A veces se sentía el ser más estúpido de Poniente. Es que no aprendía. Con relación a mujeres a veces Tyrion parecía ser el más inexperto y novato en cuanto a la máxima de "no enamorarse de la chica a la primera".
Si esto era lo único que me faltaba. Enamorarme, cuando en dos ocasiones, haciendo lo mismo, acabe en la basura de mi propia miseria.
Sin embargo, ahora que lo pensaba, esos sentimientos no habían despertado de la noche a la mañana. Había sido tan gradual que por eso resultaba doloroso darse cuenta ahora.
Y es que: quien no podría enamorarse de Sansa a la larga, conociéndola tan bien como ahora él la conocía. Desde que volviera a su vida tras una guerra de dos años, ella se portaba tan bien con él. Era tan cautivadora su manera de dirigirse hacia Tyrion, con respeto, gratitud y, no podía negarlo, algo de cariño. La forma en que lo esperaba tras sus viajes a la capital, la forma de recibirlo como a un viejo amigo, la sinceridad de sus manos cuando lo tocaban. Cuantas veces creyó que se podría volver loco cuando la deseaba más que fraternalmente pero su instinto de supervivencia le indicaba callar y sepultar cualquier emoción visible. Entonces veía su mirada tierna e infantil, llena de confianza y gratitud, y por supuesto que él se sentía mal por sus pensamientos horribles y egoístas.
Es que él ya lo había decidido desde el principio. Quería proteger a Sansa porque era su deber pero no quería nada de ella. Nada en el ámbito romántico, para ser precisos. Tras dolorosas lecciones Tyrion tenía más que suficiente de mentiras y engaños. Engaños que eran patrocinados por el mismo, lamentablemente, por su estúpida necesidad de ser querido. Debía aceptar la realidad, de no ser apto para convivir con una dama puesto que era solo un ser desagradable y deforme. Jamás eso había sido impedimento en otras materias (había aprendido a sobrellevarlo) así que no pensaba estar cayendo en la amargura de la autocompasión por sí mismo. Era solo que no pensaba seguir siendo tan idiota o al menos así lo intentaba. Fue por eso mismo que había llevado a Tommen mas bien pronto a Roca Casterly. Para bloquear de una u otra manera el camino de los sueños imposibles.
Pero allí estaba, de nuevo, con el corazón latiéndole fuerte y la mente terriblemente confusa. Aunque su mente tratara de ocultarla del camino de su deseo, los pensamientos recurrentes sobre lo que representaba Sansa para él no lo dejaban en paz. Ya no era solo un capricho por la niña que había desposado, ansiando su confianza. Ahora era el profundo sentimiento hacia la hermosa mujer que era su esposa, a la que había besado, por quien se sentía atraído irremediablemente.
¡Para de pensar por una vez en tu vida! Se reprendió por continuar con la patética tortura. Ella solo trataba de cumplir con su deber de esposa, por eso dijo lo que dijo. Ahora que anule el matrimonio, se sentirá más aliviada y podrá casarse con Tommen quien le dará lo que yo no puedo, con quien sin duda encontrara la felicidad. ¡Punto!
Respiró. Profundo e intenso con el amanecer entrando por sus pulmones. Todo su alrededor se dibujó de nuevo con claridad y nitidez. Continuaban avanzando y el alba se anunciaba frente a ellos en una delgada línea roja.
Ahora su destino seria lo que el camino deparara para él. Nada más simple que eso. Más allá de las trifulcas Westerling, más allá de navegantes de Hierro (de los que estaba hasta la nariz). Si siempre había deseado realizar viajes y descubrir cosas, ahora lo haría, al norte del muro donde no escaseaban los misterios y peligros. El objetivo final. Cualquiera diría que ese viaje era una locura para una persona como él. Tal vez lo fuera, pensaba Tyrion con una sonrisa; después de todo solo era Tyrion Lannister, el gnomo grotesco de Roca Casterly. Pero lo que ellos no sabían era lo que Tyrion Lannister era capaz de hacer montado a lomos de un dragón.
Sin duda Sansa se consideraba la persona más tonta de todo Poniente en ese momento.
Allí acostada en la enorme cama del dormitorio principal con el purpureo anunciamiento del amanecer a través del ventanal. Toda la noche en vela y no había llorado porque sus ojos estaban secos como desiertos áridos. Solo podía sentir el desagradable dolor del rechazo en su interior. Un rechazo que ahora la sumía en la inconsistencia de una vida vacía. Se preguntaba qué haría ahora que todo estaba perdido.
Como siempre en medio de una crisis, lo primero que había experimentado fue la negación. Al momento siguiente de que Tyrion saliera como una tromba por la puerta, no lo creyó de inmediato. Se dijo que todo era un mal juego, que no era verdad que Tyrion no la quería. Pero el tiempo pasaba, y el no volvía. Ni lo haría.
Por supuesto que después sintió rabia. Una rabia comprensible ante el desprecio a la que la sometió el que era su esposo. ¡¿Por qué no la quería?! ¡¿Que tenia de malo?! ¿Era él, demasiado cobarde para asumir que había respondido al beso y enfrentarse a la realidad de que ella le había dicho que lo amaba, a pesar de estar humillándose hasta lo indecible ante él?
Podría haber ido tras él. Demostrarle que sus palabras habían sido sinceras y reales, convencerlo para que no se fuera o por lo menos le dijera como se sentía él. Aunque fuera a costa de hacerlo frente a los soldados de capa roja y dorada, frente a toda esa gente que se refugiaba en el castillo. Lo haría, estaba decidida a buscarlo y enfrentarlo. Su cuerpo deseaba correr fuera pero su mente confusa y su sentido de dignidad la mantuvieron furiosamente en la habitación. Discusión.
Y si, lo buscaría…pero, y luego ¿qué? Tyrion le diría lo mismo que le había venido repitiendo hacía más de una semana. Que no la quería. No de esa manera por lo menos. La depresión llego fuerte mientras caía en la cama; luego de caminar airada por la habitación, luego de que sus doncellas llegaran y se fueran de inmediato, despedidas por ella, luego de que sus piernas no pudieron sostenerla más. Con horror atroz comprendió que su esposo no la quería, tal vez nunca la había querido. No como ella lo hacía en esos momentos.
Toda la noche se estancó en la fase de depresión. Con los ojos abiertos, temblando de angustia, sintió que su mundo se derrumbaba, su sentido de vida la abandonaba. Bien que se lo tenía merecido. Era el karma, sin duda: La primera vez que se enamoraba y la primera vez que era rechazada. Por alguien que nunca había esperado querer y por alguien de quien nunca había esperado ser rechazada.
Un pajarillo tonto. Ahora esa definición era tan certera como el primer rayo de sol que entraba por el balcón. Amanecía rápida e inexorablemente, así como su convencimiento de ser la más estúpida persona en millas a la redonda.
-Sansa, estas hecha un desastre, ¿es que no has dormido?
Tommen la despertó de su ensueño en medio de la mesa del desayuno. Había llegado allí automáticamente, con ojeras profundas, sin pizca de hambre, impulsada más por el deber innato de su cargo: acompañar a las visitas a la mesa; no hacerlo sería una descortesía.
Observó a Tommen a su izquierda, quien hablo lo suficientemente bajo para que su madre, Lady Mariya, Lady Amerei, Lancel, y los niños no lo escucharan.
-¿Te pasa algo? –le pregunto preocupado con el ceño fruncido, mientras tomaba su mano por encima de la mesa.
Sansa hizo un gesto de dolor. Sentir la mano de Tommen sobre la suya era lo último que quería. Sabía que era injusta pero no necesitaba sus atenciones en ese preciso momento. Necesitaba las atenciones de otra persona, alguien que estaba muy lejos del castillo.
-No pasa nada, estoy pensando en las cosas que debemos disponer para abastecer y alimentar a todas las personas refugiadas. Si me disculpan –con desasosiego retiró su mano y se levantó aunque no había tocado su plato –debo hablar con Podrick de inmediato.
Salió del salón sin esperar una respuesta. Tommen se encargaría de cubrirla con los invitados. Además los cotilleos del castillo Darry eran el tema de la mañana y Sansa no estaba interesada en ellos.
La mañana se presentaba radiante con escasos atisbos de nubosidades arrastradas por el viento de temporada. No cabía duda que sería un perfecto día de primavera.
Atravesó el patio sin saber muy bien a donde ir. Todo estaba en plena actividad, un poco más abarrotado y caótico que de costumbre. Observó la olla común que se instalara el día anterior, con el aroma de la leche fresca calentando. Los humildes campesinos la saludaron respetuosamente y Sansa les pregunto cómo habían pasado la noche. Ordenó a los mayordomos que se apresuraran con el pan y el tocino y les dieran jalea de manzana a los niños. Sabia cuanto les gustaba el dulce a los más pequeños.
Tommen hizo su aparición en el patio momentos después, con su capa roja y los remaches dorados brillando al sol junto con su pelo. Se aseguró de observarla antes de consultar a un soldado los avances del día. Sansa le dirigió una mueca parecida a la sonrisa para tranquilizarlo. Como siempre él tan pendiente de ella.
¿Será esto lo correcto? ¿Será que está en mi destino casarme con Tommen, un hombre noble y agraciado que me quiere y se preocupa por mí? ¿Qué no era ese mi sueño de niña?
"¿Qué más puedes querer?"
Esas precisamente habían sido las palabras de Tyrion y ahora empezaba a ganar sentido. Era la pregunta del millón: ¿Qué más podía querer…?
Encontró a Pod, diligente como siempre, dirigiendo a los cocineros a repartir canastas de pan recién horneado, y delgadas pero consistentes tiras de tocino crujiente cubiertas de mantequilla y perejil entre los que esperaban. También había tarrones llenos de jalea de manzana y sirope caliente. Los ojos de los niños y jóvenes brillaron de alegría y hambre, abalanzándose sobre la comida.
-Sin duda alguna esta es la muestra más grande de derroche en tiempos aciagos que he visto en mi vida –dijo una voz justo detrás de Sansa, que le erizo la piel.
Lady Genna apareció a su lado con gesto de desaprobación observando la algarabía que se ocasionaba frente a sus ojos. Llevaba un vestido dorado, con apabullantes tonos rojos en los brazos y el pecho. Su pelo rubio recogido en un estricto moño casi parecía que fuera asfixiarla.
Sansa se mordió la lengua. Si algo había aprendido era a no discutir con la dama Lannister-Frey en temas de administración. Sin embargo las palabras salieron de su boca sin poder contenerlas.
-En tiempos de crisis los ánimos siempre están por los suelos, mi Lady. Que un poco de comida les alegre la visión de sus destinos por un momento no me parece malo. –Su voz sonó más irritada de lo que esperaba demostrar.
-Una distracción pasajera a mi parecer –respondió la señora con voz de trueno –cuando se ha visto dar tal banquete, empezando desde el primer día, a un montón de refugiados de los que se espera se aumenten en los próximos días. Darles leche, ¡por dios! En estos casos solo se ofrece café aguado y pan…
-No he visto a nadie quejarse por vuestras cinco comidas diarias, mi señora.
Sansa se mantuvo recta y no desvió los ojos del frente mientras sentía la vista de leona furiosa sobre ella. Se había pasado, lo sabía, fue bastante descortés, sin embargo su cuerpo se sintió en paz por un instante.
Escuchó el resoplido de la mujer, sin duda alguna evaluándola. Al final prorrumpió con voz tensa.
-Me gustaría hablar contigo a solas ahora mismo, Lady Stark. No aceptare un no por respuesta. Es urgente.
Por el tono de su voz podía decirse que estaba enojada o contrariada con ella. Además la forma en que la había llamado, no presagiaba nada bueno para Sansa.
-Por supuesto lady Genna. Estoy a vuestra disposición –fue lo único que dijo incluso con una leve inclinación de cabeza. La asfixiante cortesía estaba ante todo.
Tytos Brax era un hombre de unos setenta años, encorvado y macilento que conservaba el brillo férreo de los hombres de occidente en los ojos, que indicaban que estaba más vivo de lo que su aspecto ofrecía. Podría parecer un anciano chocho cuando se quedaba mirando la nada a la hora de la comida, con su cabello ceniciento y sus manos manchadas; sin embargo, sorprendía a todos cuando acotaba algo repentino a la charla que se desarrollaba en la mesa. Sus hijos por eso habían decidido tener cuidado con él y no despreciarlo por más viejo que fuera: creyendo que estaba sordo habían confesado de manera involuntaria en innumerables ocasiones, un montón de barrabasadas cometidas contra las hijas pizpiretas de un serio comerciante de Lys que residía en Valdecuerno.
Tyrion estaba sentado a la mesa con Tytos, en compañía de su hijo mayor Walden y su cuarto hijo Lonni. Lo habían convidado a desayunar y decidieron hablar allí mismo luego de calmar el hambre por la cabalgata durante toda la noche. La comitiva de Tyrion había llegado al salir el sol y encontraron al mismísimo Tytos en la torre sur oteando el paisaje, envuelto en una manta espeluznantemente vieja, volando con el viento.
-La situación es esta Lord Tyrion –se dirigió a él, Walden Brax. Debía tener la misma edad que Tyrion, de complexión robusta con el cabello de color paja propia de los Brax-. Hemos recibido tres ataques anónimos desde que empezó este embrollo. Se robaron las ovejas y las cabras que estaban prontas a ser ordeñadas en el granero principal. No sé si sabe lo famosos que son nuestros quesos y leche, así que nuestra perdida es cuantiosa. Los campesinos se rebelaron ahora que les pedimos que debían abastecer las reservas de estos productos con sus propios animales. Es necesario, puesto que los barcos de Lannisport a Lys partirán en una semana y no podemos enviarlos vacíos, sin los productos prometidos. Nuestro comercio es importante para todo occidente y más allá del mar Angosto.
Tyrion escucho pacientemente, recordando su anterior empleo como consejero de la moneda. Sabía por ello lo importante que eran sus propios asuntos para los comerciantes; sus intereses eran más grandes e importantes que de los demás. Walden a todas luces tenía madera de comerciante más que de señor de un castillo.
-Se bien la importancia del famoso queso de Valdecuerno, señor Walden –Tyrion le dedicó una mirada que esperara fuera de compresión en lugar de exasperación –créame que lamento sus pérdidas; sin embargo la situación es más complicada que eso. No creo que esos ataques de los que habla sean tan anónimos como está pensando.
-Soy encargado de la tesorería del castillo, Lord Tyrion –dijo lacónicamente Brax-. Si roban o maltratan las fuentes de ingreso económico, debe tomarse cartas en el asunto y hacérseles pagar con todo el peso de la ley. No importa quién o que fuera el que lo hizo. La cuestión es que el daño no quede impune.
-Hermano, los que lo hicieron fueron los Westerling –intervino Lonni, airadamente-, no fueron un simple grupo de pilluelos con el único objetivo de robar. Fue un grupo de soldados que sistemáticamente están arrasando el sector norte. Yo los vi, Lord Tyrion –señalo con seguridad el muchacho de veinte años ante el ceño fruncido de su hermano mayor-. Se escondían en las montañas de Sarsfield cuando, cabalgando, llegue al lugar con unos compañeros. Logramos que no nos vieran y acercándonos pudimos constatar que se trataba de un grupo de Westerling del Risco. Pero están de incognito, mi señor. Pudimos escuchar algo de sus planes, de poner a todo occidente contra Roca Casterly para proclamar a Jaime Lannister como legitimo Lord Protector.
-¿Viste a mi hermano entre ese grupo, Lonni? –pregunto con aprensión Tyrion, ignorando apenas la censura en el movimiento de cabeza de Walden.
-No mi señor. No estaba con ellos. Lo hubiera reconocido se lo aseguro, una vez lo vi cuando tenía diez años…
Tyrion sintió alivio. Era poco, pero saber que su hermano aún no se identificaba y relacionaba directamente con los Westerling mantenía su esperanza.
-Lonni no interrumpas con las correrías de tus truculentos amigos y tú. Pero si algo de eso es cierto…por favor: es el Matarreyes, que se puede esperar de un hombre con semejante…
-Basta Walden –interrumpió por primera vez Tytos con la voz cascada pero clara-. No voy a permitir que te refieras así de un miembro de la casa Lannister, la casa a la que debes rendir respeto y servicio. Lord Tyrion mis disculpas –Tyrion hizo un gesto con la mano para indicar que no era tan grave –mis hijos son leales a vuestra causa así como yo lo soy. –Los brillantes ojos de Tytos Brax parecieron barrer con la intensidad que emanaban-. Siempre he sido fiel a Roca Casterly y no pienso en ningún momento someterme a desleales. Usted es el legítimo protector de Occidente por derecho ganado. Nos ha logrado paz y bienestar con la nueva reina de Poniente y eso ya es decir mucho. También sé que nos ha librado de otros peligros que amenazaban del otro lado del mar Angosto y, ahora que se escuchan nuevas rumores de barcos de hombres de hierro, sé que no podríamos estar en mejores manos que en las suyas. Siempre he dicho que la fuerza no lo es todo, una buena inteligencia es como un arma de doble filo certera y letal…siempre lo he dicho, a mis hijos y a cualquiera que se digne a oírme…creen que no oigo, verdad, pero se lo que hacen y déjenme de decirles…
-Papá, Lord Tyrion sin duda no quiere oír tus quejas sobre nosotros, justo ahora –le riño Walden avergonzado, consiguiendo que su padre hiciera un mohín de disgusto con su desdentada boca.
-No sabe cuánto se lo agradezco Lord Tytos, por su apoyo y lealtad a Roca Casterly. Es imperioso que se lo diga: es necesario reforzar las fronteras y campos con más soldados y alertar a los pobladores que estén atentos y sean precavidos en cuanto a quienes reciben en las campiñas. Si es cierto lo que dice Lonni, el enemigo está de incognito y así pueden saquear y provocar enfrentamientos y graves daños a hombres desarmados.
-De inmediato dispondré que se refuerce la seguridad y que se corra la voz de que Valdecuerno está en alerta ante posibles ataques y provocaciones. Walden haz el favor de comunicar ahora mismo mi mandato al capitán de la guardia –Walden entrecerró los ojos cuando su hermano se rio disimuladamente ante la expulsión evidente de su hermano mayor. El viejo continuo-: Dígame una cosa Lord Tyrion, ¿qué medidas se está tomando contra la propia región del Risco? ¿Ha mandado soldados para acabar con esta estupidez de rebelión?
-No quiero iniciar una guerra contra gente de mi propio territorio Lord Tytos –reconoció Tyrion después de ver salir a Walden dando un golpe en la cabeza a Lonni que se quedó frotándose la nuca –como usted dijo los rumores que provienen del mar Angosto son cada vez más ciertos y no sería bueno demostrar rencillas dentro de Poniente. No. Esto lo solucionare mitigando el fuego, no avivándolo con respuestas bélicas.
-Bien dicho, mi Lord. Además no veo mucho futuro en las pretensiones nefastas de una casa consumida por la envidia y rencor. Si quiere mi opinión, esa tal Sybell Spicer es la que orquesta todo esto; Gawen Westerling, su marido, no tiene el estómago para hacer algo así.
-Por algo dicen que es bruja, papá –apunto Lonni con una sonrisa haciendo un gesto divertido con las manos.
-Mucho más cuidado a tener con ella. ¿Dígame mi Lord, pretende continuar su viaje a la capital de inmediato? Podría ofrecerle un almuerzo digno de un rey si me hace el honor de acompañarme a mi mesa a mediodía.
-No podría despreciar su invitación Lord Tytos, no después de recibir su lealtad y amistad que me honrara devolver. Además en la tarde debo proseguir el largo camino hacia Cuevahonda.
El gesto del anciano se ensombreció. – Será un honor mi señor. Sin embargo debo advertirle, la lealtad de Cuevahonda está en duda desde hace años Lord Tyrion. Sé que es necesario que vaya pero déjeme advertirle cuidado. Lonni dice que hombres extraños han sido vistos incluso al sur de aquí. ¿Tiene la seguridad apropiada? No recuerdo haber visto a algún capitán de su guardia.
Tyrion sonrió enigmáticamente, conociendo que estaría haciendo Areo Hotah en ese momento, y se permitió estirarse en la silla un momento.
-Agradezco su preocupación, pero estaremos bien. Puede que en Cuevahonda estén jugando justamente a mantener una imagen confusa y ambigua, sin embargo si de juegos se trata, soy un experto conocedor de las reglas que rigen en eso de cambiar de bando de un momento para otro.
¡Hola nuevamente! Aquí reportándome con otro capítulo de la historia más ambivalente según mí conciencia, jeje. Es que a veces siento que marcha bien y otras que no. Tal vez sea que las ocupaciones están interfiriendo con mi mente más de lo que creo. Pero bueno, dejémoslo ahí, espero que les guste y espero que me lo hagan saber. No es por nada que los reviews han disminuido, ¿será que ya no les interesa?; es por eso que siento esta inconsistencia en el desarrollo del fic. Pero no hay de qué preocuparse. Acabaré esta historia si o si, puesto que disfruto escribiéndola y no puedo dejar inconcluso algo relacionado con mi querido Tyrion. xD.
