Sansa se sentó en la silla que le señalo Lady Gena al entrar en su habitación. Era una habitación sobria, a excepción del lecho, decorado con brocados dorados que colgaban de la espléndida cama de dosel que dominaba la pared del fondo. Sendos baúles esperaban abiertos a los pies de la cama. Las ventanas cerradas otorgaban una atmosfera pesada en ese cálido día de verano.

En la mesa frente a ella, una frasca de vino era asediada por las moscas. La señora abrió la ventana y espanto en un solo gesto a los insectos. Se sentó frente a ella y la observó atentamente. Sansa no se inmutó ante su escrutinio, aunque su paciencia estaba a prueba por lo mal que continuaba sintiéndose.

-Estas diferente.

La declaración era algo que ella no se esperaba. Sansa se preguntó a donde quería llegar empezando con eso.

-En estas últimas semanas algo ha cambiado en ti. Muchas cosas han pasado pero quisiera que me informaras a que se debe tu repentina transformación de comportamiento.

Sin duda se refería a que la Sansa de siempre no presentaría una actitud tan renuente ante ella y asentiría con cortesía a cada palabra de la señora. Francamente ahora solo deseaba salir de allí.

-Lady Gena, discúlpeme pero no creo que eso sea de su incumbencia.

-Es de mi incumbencia todo lo que pasa aquí, niña -la corto sin inmutarse la Frey-Lannister-. Tu posición hace que cada una de tus acciones repercuta en el ambiente del castillo. Así que responderás mis preguntas cuando las formule.

Sansa se mordió la lengua. Lady Genna desplegaba todo su apabullante dominio con total seguridad y descaro sin tener en cuenta que estaba frente a la señora del castillo. Aunque eso fuera más de título que de otra cosa. Deseó con todas sus fuerzas rebatirle pero su actual estado de ánimo y la sensación de estar perdida en medio de su crisis interna la mantuvieron mortalmente callada.

La señora observó que ella no iba a decir nada. Respiró hondamente mirando por la ventana. Claramente lucia enfadada de manera extraña, como si en realidad hubiera deseado que Sansa le respondiera aunque sea con malos modales.

-No sabes lo que le has costado a esta casa niña –sus palabras eran frías en ese rostro serio y colorado producto del calor-. Debo suponer que estas enterada de la situación delicada que enfrentamos, ¿verdad? El reino entero de oeste está en una diatriba agitación ante la noticia, cierta o no, de que Jaime viene a reclamar el trono de Roca Casterly como hijo primogénito de Tywin. Ciertos abanderados se han decantado por su causa alegando su derecho más justo que el de Tyrion; reforzado por el hecho que Tyrion no pudo y no tiene visos de continuar el legado familiar de sangre Lannister.

Sansa apretó los puños en los brazos de la silla que ocupaba. La humillación que sentía se convertía en dolor automáticamente al recordar su estupidez innegable. Como era de cierto todo de cuanto la acusaba, también era cierta la rabia que sentía ante la desdeñosa mirada de la mujer.

-Si hubieras tenido la amabilidad de proveerle unos cuantos hijos a Tyrion este asunto habría trascurrido de diferente manera. No tendríamos que andar desconfiando de un miembro de nuestra sangre ante su arribo inminente, y evitaríamos tontos comentarios y revueltas a lo largo del territorio. Que sabrán ellos de las bases para medir la capacidad de una persona –dijo esto último con furia contenida pensando seguramente en la tremenda capacidad desperdiciada de Tyrion.

Sansa no podía decir nada porque sabía que todo era cierto. Su fallo era evidente ante siete años perdidos en la nada para detrimento de la descendencia Lannister. No tenía caso de rebatir y negarse. Sansa casi se sentía ahogarse en la depresión, pero ahora un nuevo sentimiento más fuerte y cierto a cada hora le impedían caer en la amargura total.

Sin embargo, lo hecho, hecho esta y no cabe lamentarse sobre el vino derramado. –Continuó diciendo Lady Genna -. Has de saber que tu parte en este juego no ha terminado tan estrepitosamente como se creería. Tyrion ha renunciado por fin a ti, pero eso también incluye renunciar a su derecho como señor de Roca Casterly. Por suerte ha sido requerido por la reina en asuntos importantes que están merecidamente a la altura de su capacidad e inteligencia. No puedo preocuparme más por mi sobrino. Ha decidido según lo que ha creído conveniente aun en perjuicio de sus magníficas posibilidades como jefe de la casa Lannister. Una lástima. No puedo hacer nada para impedirlo.

Asuntos más importantes y peligrosos, pensó Sansa y el miedo amenazante por Tyrion se hizo casi físico. La cabeza le dolía de solo pensar en la seguridad de su esposo, allá lejos en el frio e imperecedero norte. Más allá del Muro.

Es mi esposo, se supone que debería quedarse conmigo para siempre. ¿Cómo puedo permitir que me abandone y ponga en riesgo su vida, además?

-Tyrion anulará el matrimonio que tenía contigo. Lo hará para que tú te cases con Tommen y este sea posesionado como legitimo Lord de Roca Casterly por derecho propio al ser el hijo de Jaime Lannister y Cersei Lannister –por la expresión de la mujer, se veía que esperaba que Sansa lo supiera ya-. Es su último acto de buena voluntad hacia ti, del cual no creo te merezcas nada.

Hizo un silencio para que Sansa calibrara sus palabras, observándola con gesto despectivo e inflexible. ¿Que esperaba? ¿Que se lanzara a sus pies para agradecer tales muestras de bondad? ¿Qué inclinara la cabeza y se pusiera a disposición de toda la corte Lannister?

Jamás lo haría.

Porque no lo aceptaba, su corazón se negaba a aceptar. No iba a aceptar la derrota sin luchar.

-Espero que esta vez realices lo que tu posición y ascendencia dictamina que hagas. No permitiré que estropees las cosas otra vez. Te casarás con Tommen tan pronto se tengan noticias de la anulación y recibirán a los abanderados lo más pronto posible. No dudo que en tu simplista mente verás más factible consumar el matrimonio con el chico, pero…

-No me voy a casar con Tommen.

Lady Genna se calló por primera vez ante la voz tajante de Sansa quien estaba temblando en su asiento. Temblando de rabia y decisión.

-¿Que estás diciendo? ¿Tienes el descaro siquiera de creerte con el derecho a rebatir algo?

-No me creo con el derecho a nada más a lo que creo que es lo correcto. No soy un juguete que usted puede ordenar que hacer o que no. Soy la señora del castillo aun, soy Sansa Stark y tengo el derecho de expresar y hacer lo que juzgue pertinente.

El rostro de la dama se incendió de furia y casi la hacía ver temible pero Sansa se sentía con más valor del que hubiera sentido alguna vez en la vida.

-¡Cuanta vanidad puedes seguir cargando! Cuanto es tu desprecio por la familia Lannister para tratar de arruinar y despreciar cuanto te ha dado esta casa. Tú, chiquilla estúpida…

Sin duda Lady Genna por fin había estallado en la fiera que realmente era. Su pelo como impulsado por la ira se desprendió de su elaborado tocado. Pero Sansa no hacía más que reforzar su decisión y nada de lo que pudiera decir la señora la haría cambiar de opinión.

-No desprecio nada. Todo lo que me han dado los Lannister ha venido específicamente de Tyrion. Solo a él puedo deberle todo, a nadie más; a usted menos que a nadie. No pienso casarme con Tommen porque no pienso dejar que Tyrion anule mi matrimonio con él.

Lady Genna abrió la boca de la sorpresa.

-¿Albergas remordimientos de conciencia ahora? ¿No crees que es tarde para eso? Tyrion está a mitad de camino de Desembarco del Rey, como uno de sus principales objetivos el visitar el Sept de Bealor lo más pronto posible. Además que no merece que una atolondrada como tú lo manipule con esta súbita intención de enmendar las cosas.

-No pretendo que usted lo entienda. Tyrion es para mí más que solo mi esposo. Es mi amigo y el que me ayudo cuando nadie más lo hizo. No dejare que se vaya de mi lado y que corra algún peligro. Quiero recuperarlo. Y no pienso casarme con Tommen. Así que puede olvidarse de sus planes de boda.

Lady Genna se levantó bruscamente haciendo chirriar la madera de su silla y temblar la mesa.

-¿Sera posible? ¡¿Cuánto más quieres trastornar a mi sobrino y arruinar lo que hemos planeado para salvar esta casa?!

-No arruinaré nada si tengo éxito. Voy a buscar a Tyrion a la capital en este momento. Discúlpeme.

Sansa se levantó también, con el corazón más agitado que nunca. Debía apresurarse pues Tyrion ya le llevaba un día de ventaja. Tendría que sacar todo su aguerrido lado Stark para llevar a cabo lo que se proponía.

Pero no iba a ser tan sencillo como creía.

-Niña estúpida. Si crees que puedes hacer lo que quieres, te equivocas. No permitiré que Tyrion caiga en tus triquiñuelas ahora que se ha librado de ti. –Lady Genna con la mano como una garra la tomó de la muñeca lastimándola en el proceso –. Ingrata y mil veces ingrata, de mi nadie se burla. Ahora mismo vamos a decirle a Tommen acerca de vuestro compromiso.

-Suélteme –exigió Sansa desesperada ante el gesto enardecido de la mujer provocando que su brazo sufriera más a causa del agarrón de la señora.

-Quien te has creído, no iras a ningún lado. Esta casa no caerá mientras yo esté aquí. Se harán las cosas como yo diga.

-¡Déjeme ir! –El forcejeo la arrastró al borde la mesa y la jarra de vino se tambaleó violentamente. Sansa vio el color rojo derramarse sobre el mantel. Su mano aferró el asidero de la jarra.

-¡Te encerraría en una torre si estuviera en mis manos…!

¡PLASH!

Sansa le derramó entera la frasca de vino en la cabeza. Esta la soltó farfullando de indignación con los ojos cerrados, ante el vino que le empapo los ojos, la nariz la boca y toda su ropa. Sansa no desaprovecho la ocasión, y con un último vistazo del cabello rubio empapado de rojo, salió de allí como una flecha. Corrió aterrada alejándose, sintiendo la adrenalina correr mezclado en miedo y alegría. Ya no había marcha atrás.

Partiría hacia Desembarco del Rey. De inmediato, sin involucrar a los guardias que sin duda preferirían acatar órdenes de la mujer que en esos momentos se ahogaba en vino y en maldiciones hacia ella. Tenía que darse prisa si quería salir de allí sin que nadie la detuviera. Con la mente a mil por hora, entonces se le ocurrió una idea. Solo podía acudir a alguien que esperaba la escuchara y ayudara a llevar a cabo lo que tenía en mente. Por lo menos le debía eso.


Tyrion cavilaba distraídamente por el camino el encuentro con la familia Brax. Su escolta avanzaba por medio de campos sembrados, aunada por el pequeño sequito que el viejo Brax le ofreció para resguardarlo desde Valdecuerno hasta los límites de su correspondiente feudo y el límite de Cuevahonda. Lonni Brax cabalgaba a la saga en un caballo zaino, con el típico arrebato de la sangre joven ante la amenaza de batallas y la promesa de aventuras. Tyrion debía admitir que el chico era voluntarioso pero dudaba seriamente si alguna vez se hubiera visto envuelto en alguna refriega mayor que la de amigos borrachos en una noche de taberna y de seducir chicas en el pueblo.

Areo iba a su lado envuelto en su ya habitual capa negra. Durante la entrevista de Tyrion esa mañana, él se dedicó a mezclarse en el pueblo a indagar cualquier pista de la insondable presencia de Jaime Lannister en el área. Poco o nada era el éxito de esta empresa hasta ahora; él confiable capitán de la guardia se encontraba contrariado por esto, pero la paciencia del hombre era infinita. Tyrion sabía que no podría confiar en nadie más esta peligrosa y secreta misión.

El paisaje se hacía más agreste aunque más benigno conforme descendían al sur, dejando atrás las montañas, ingresando a los valles cultivados de tonos dorados, con gavillas de trigo ondeando a millares en el viento. Los bosques en esa región eran escasos por lo que el sol pegaba sobre sus cabezas y rostros con fuerza a esa hora de la tarde.

-Mi señor –se dirigió a él Lonni con la mano sobre la cara a manera de visor – ¿es prudente avanzar tan descubiertos sin tomar precauciones? Recuerde lo que le dije sobre los individuos extraños que merodean en estas zonas; además que los hombres de Cuevahonda son unos locos desconfiados.

-Sin duda es un peligro, Lonni, pero no creo que como señor de Roca Casterly deba ir arrastrándome entre la espesura para evitar a los asaltantes y gente de pueblo apática. –Lonni se puso rojo pero Tyrion hablaba con ligera ironía; le sonrió para tranquilizarlo -. Eres joven, amigo Brax, pero te darás cuenta que la realidad no siempre marcha como en los cuentos de aventuras. Cuando viajas y deambulas por los campos, lejos de las ciudades, todo es más sucio y tosco de lo que creerías y hay mucha mierda involucrada, eso sin contar la mala comida y los escasos baños.

Lonni, hizo un gesto afirmativo pero no lo abandono la chispa iluminada de su rostro.

-Tiene razón, pero apuesto que la experiencia es magnífica. Vivir cabalgando de villa en villa, recibiendo las atenciones de los pobladores con sus problemas, solucionando misterios a cambio de comida y cobijo y si se pueden unos peniques; y también que las vistas y paisajes deben ser inigualables.

-Ya me dirás que también quieres enfrentarte con dragones –Tyrion se rio al ver la cara de duda y espanto del chico ante sus palabras. Los únicos dragones vivos en Poniente eran tres, todos propiedad de la reina y sin duda más valiosos que mil Lonnis muertos-, y de las mujeres… ¿no dices nada?

Para variar Lonni esta vez se sonrojó. Durante un momento se puso algo pensativo y pareció animarse al momento.

-Mis hermanos son expertos en ese tema, pero a la mala manera. Ellos fueron los que embaucaron a las hijas del mercader de Lys y aunque Serras dice que no eran unas doncellas verdaderas, provocaron problemas a mi padre -, hizo un mohín de reproche –no quisiera darle disgustos a mi padre trayendo al mundo bastardos Brax como conejos. Ya sé que tengo varios hermanos mayores, así que poco o nada puedo aspirar a algo importante dentro la herencia de mi padre; pero quisiera encontrar una doncella buena y hermosa, que cuente con la aprobación del viejo, que sea gentil y cariñosa conmigo.

Tyrion no dijo nada ante la mirada esperanzada del chico. Su sueño de joven sin duda era uno de los más inocentes que había escuchado en mucho tiempo, por no decir un tanto ridículo. El Tyrion preguerra hubiera hecho ya un comentario sarcástico sobre las excelentes "doncellas" que poblaban cada villorrio en sus propios "castillos" de madera de puertas franqueadas por faroles rojos. Pero por primera vez su naturaleza irónica lo abandonó apaleado.

-Sé que es difícil y un tanto inalcanzable, mis hermanos me creen idiota por esto. Pero no creo que sea imposible. Me encantaría sentir su pelo entre mis manos y su aroma dulce…

-Me saliste todo un poeta –comentó sin malicia Tyrion viendo para otro lado buscando cambiar la conversación y avistar a Areo, su capitán de la guardia, que al parecer se había ido a hacer la guardia. –Si no me equivoco ya estamos en territorio de Cuevahonda…

¡TACH!

Una flecha venida de quien sabe dónde impacto a Tyrion justo por debajo del hombro izquierdo. El golpe lo zarandeó y sintió un dolor agudo y pesado en su pecho donde podía observar anonadado la vara y las plumas de una saeta ensartada hasta cerca de la mitad en su cuerpo.

-¡Maldita sea!

Gruño antes de saltar del caballo, que ya se encabritaba ante el sonido aullante de la gresca a su alrededor. Un asalto, un ataque, traición, pensó a la vez Tyrion sin saber bien que esperar. Perdió de vista a sus soldados y cayo a la tierra entre las gavillas mientras giraba la cabeza como un loco entre el trigo dorado solo logrando escuchar el sonido de espadas y flechas demasiado cerca, así como un frenético movimiento a derecha e izquierda.

Se arrastró con la flecha sobresaliendo, provocándole apretar los dientes mientras el sudor corría por su frente. Es por eso que siempre he preferido la litera, se dijo en medio de maldiciones desde el fondo de su mente. De algo podía estar seguro; esa flecha estaba destinada a matarlo y había fallado por milímetros.

Cuantas veces más intentaran matarme en esta vida, pensó y pudo sentir la misma rabia instintiva que le obligaba a sobrevivir en los años de exilio en Essos, durante cada batalla junto a los Segundos Hijos. A la mierda todos, matarme es bastante difícil, ya tengo experiencia en ello.

Se topó de pronto con un cuerpo tendido entre el trigal. Había caído sin gracia del caballo y puede que se rompiera el cuello en el proceso. Una flecha insertada hasta las plumas salía de entre sus clavículas y tenía los ojos abiertos de sorpresa y temor. La sangre manchaba su cara y cuello como pintura. Lonni sin duda no había previsto este escenario en sus inocentes sueños de caballero andante.

Tyrion se sintió bastante mal por el chico. De tan vivaracho y soñador ahora pasaba a formar parte de la lista de los muertos. Valar Morghulis, se obligó a decir el dicho tan común entre la gente de Braavos, mientras cerraba los ojos al más joven de los Brax. No podía hacer nada por él.

Tomo su espada pues en la caída Tyrion había dejado sus armas en el caballo. Tendría que recordar cómo se asesinaba a alguien con una espada tan grande, sin contar con su preferida hacha como defensa. Los gritos aún continuaban en menor cantidad sin duda por unas cuantas bajas en ambos bandos. Quien sea que haya hecho esto lo va a pagar muy caro.

De pronto se le vino a la mente Jaime. El desagradable pensamiento de que su hermano estuviera detrás de todo le revolvió el estómago. No pudo evitar considerar esa posibilidad.

Se irguió un poco para darse cuenta que cada vez sonaban más lejanas las voces entre el pastizal. No se había arrastrado demasiado pero tal vez el dolor del pecho lo hubieran despojado de su conciencia temporal. Con la espada en la mano derecha vio a lo lejos que su caballo estaba al borde de un pobre conjunto de árboles, resoplando sin saber qué hacer. Y justo detrás de él vio a un hombre encapuchado, agachado con una ballesta en los brazos y parapetado detrás de un árbol. Tyrion se encogió sin ser visto. No llevaba ningún escudo o armadura que probara la pertenencia a alguna casa en particular. Decidió acercarse dando un rodeo con la típica furia herida de quien se cree frente a su agresor.

El hombre parecía dispuesto a marcharse. La caballería de Roca Casterly debió poner en fuga a los demás atacantes puesto que no se veía a ningún otro insurgente. Tyrion consideró el dejarlo ir y ser inteligente salvándose él mismo en el proceso. De todas maneras, ¿qué haría un enano con un brazo inutilizado cargando una espada tan grande como el mismo?

El encapuchado se dio la vuelta una vez oteara el paisaje y se encontró con la espada justo bajo su garganta. Elevó la mirada hacia Tyrion y se le cayó la capucha. Era una chica bastante joven con los ojos cargados de espanto al sentir el frio acero tocar su cuello.

Tyrion no se había esperado eso. Hacia unos segundos había jurado estar bastante dispuesto a desgajarle la garganta a la más mínima señal, sin embargo esos ojos le recordaron de golpe una mirada igual de espantada que lo miraba desde una cama enorme, con un collar de manos doradas bajo el cuello.

La chica pareció recuperarse pronto ante la estupefacción de Tyrion. Parpadeo y frunció los labios calibrando el peligro del asunto. Sus manos se deslizaron hacia la ballesta pero era improbable que tuviera suficiente tiempo para cargarla.

Tyrion despertó y se reprendió el ser tan estúpido. Acerco más la espada a la chica y esta levantó las manos en señal de rendición.

-¿Quién eres? –pregunto simplemente esforzándose por no dejarse marear por el dolor de la herida.

-Mikeira –contesto ella sin despegarle la vista. No parecía que fuera a decir nada más.

-De donde eres y quienes son los que venían contigo. –Tyrion esperó y al no obtener respuesta reforzó su agarre en la espada –. Escucha no estoy para remilgos ni para consideraciones caballerescas a doncellas perdidas. Te rebanaré la garganta si no me contestas ahora.

La chica le dirigió una mirada dura y tragó ante la fuerza del filo de la hoja.

-Soy de Cuevahonda –dijo –no sé quiénes eran los otros hombres.

-No estoy para juegos, por supuesto que sabes quienes son.

-Lo juro por los siete que no lo sé. Llegaron anoche a mi pueblo y saquearon las tierras de mis padres. Mataron a mi hermana. –La voz se le quebró por la furia –, vine aquí con la intención de matar a esos hijos de perra-. Tyrion no aflojo ni un poquito en su postura amenazante. –Estoy diciendo la verdad –gritó la chica –, puede comprobarlo en los hombres que mate. Son ellos, tienen mis flechas.

Tyrion apretó los dientes. Tanto por el dolor como por no saber si confiar o no en ella. Su lado estúpido ya le estaba haciendo bajar la guardia y querer corroborar los cuerpos tendidos. Su mirada se fijó en el carcaj que ella llevaba a la espalda. Las plumas eran grises bastante rusticas, mientras que las plumas azules de la flecha insertada en Tyrion eran más refinadas. Volvió a sentir dolor.

-Esa herida se ve muy fea, mi Lord –escuchó el comentario de la chica mientras Tyrion perdía por un momento el resuello. Trato de esforzarse en hacer lo que haría cualquiera en esas circunstancias; si no quería correr riesgos así herido como estaba. Pero matarla no acallaría el sordo y antiguo pesar que surgía en la neblina de su cabeza. De todos modos si la mato… eso no me hará más monstruo de lo que soy ahora.

-¿Sabes quién soy yo? –preguntó por último, sintiendo que su mano caería tarde o temprano.

-Tyrion Lannister, Lord de Roca Casterly –susurró la chica–. Protector y Guardián de las Tierras de Occidente. Mi señor, al cual debo servicio y lealtad por mi honor y el de mi familia.

No supo si se imaginó o llegó a escuchar completamente. La inconsciencia y el dolor le ganaron y se dejó caer en la bruma con un último pensamiento coherente hacia lo rojo del cielo del ocaso.

Sé que el capítulo es relativamente corto pero a veces eso es mejor para expresar ciertas escenas violentas. Digo violentas de los dos tipos, jajaja, ya me dirán que les pareció lo de Lady Genna y Sansa. Y perdonen por dejar el final allí, creo que lo deje muy al estilo al filo de la muerte.

Cabe ser franca con ustedes, el tiempo con que dispongo para escribir no es tanto como quisiera. Ya son varias veces que me reprendo a mí misma por la tardanza, pero es inevitable; así que he decidido no presionarme tanto y rogarles a ustedes comprensión ya que de aquí en adelante actualizare cuando disponga de tiempo en realidad. Es un hecho y sé que causara a algunos impaciencia, como a mí me provoca cuando dejo la historia tanto tiempo. Pero de que la acabo la acabo. ¿Sin embargo siempre será una agradable sorpresa cuando aparezca un nuevo capítulo, verdad? (tratando de ver el lado bueno de las cosas)

Y como no puedo olvidar: gracias a todos los que leen el fic, los que me escriben, los que dan a favoritos o los que me siguen. Para mi ustedes siempre son la agradable sorpresa que hace más felices mis días.

Saludos.