Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.

Alec

Clary ha estado muy rara últimamente, me ha evitado en todo el día y eso me está empezando a enojar. Trato de ser un hombre paciente pero cuando la presión hace mella en mí no puedo evitar sentirme de esta manera. Después de andar buscándola con la mirada, observé como ella subía las escaleras del Instituto hacia el último piso, deseando saber que ocurría la seguí y la hallé en la entrada hacia la azotea, intentó abrirla pero esta no cedió y gritó de frustración. Se sentó cruzando las piernas y tapándose la cara con sus manos.

—Creo que deberíamos hablar —le dije al ver que no se movía.

—¿Sobre qué? —preguntó desencajada.

—¿Qué tienes? ¿Por qué has estado actuando tan desinteresada por mí?

—Alec por favor, no quiero una escenita de celos de tu parte. Eres tú quien ha estado cerrado debido a la tonta competencia esa —dijo molesta.

—Es mentira Clary. Desde tu discusión con Aline en el comedor, cosa que me pareció extraña, has estado recelosa y casi que ni te he visto —me observó enarcando una ceja y burlonamente.

—Eres el mayor de los hipócritas —soltó de golpe—. Me largo de aquí —así sin más se fue dejándome solo. Pensé que sería feliz con ella pero veo que no, no sé qué le pasa a ella.

—Creo que tu noviecita tiene otro —dijo una voz detrás de mí.

—Hola Camille ¿por qué lo dices?

—Solo lo intuyo —sonrió melancólicamente.

—¿Te pasa algo? —tampoco soy tan desalmado para no fijarme cuando una chica anda mal. Aprecio a Camille aunque sé que a veces parezco un ser sin sentimientos.

—¿Por qué ella Alec? —su pregunta me desconcertó y ella lo notó— es que no pareces tan feliz y ella no parece feliz con la relación.

—No creo que eso sea tu problema —gruñí.

—Yo… —calló.

—¿Lo sientes? —pregunté burlón—. Ya estoy cansado que me digan qué hacer o qué cosa debo evitar o cualquier mierda —grité enfurecido.

—Alec no tienes derecho a tratarme así —dijo molesta Camille—, no es mi culpa que todos veamos la realidad y tú no —sentenció.

—¿Crees verdaderamente que no me doy cuenta? —pregunté burlón.

—Entonces ¿por qué estás con ella? —desvié la mirada—. Es por Jace ¿cierto? —preguntó—. ¿Haces esto solo por no dejar que Jace la tenga? —preguntó nuevamente—. Mierda Alec ¿te has vuelto jodidamente loco? Se supone que son hermanos y un equipo.

—No me vengas con un sermón —dije apretando mis dientes.

—Alec yo te aprecio pero no puedo permitir que sigas con esto. Hablaré con Clarissa.

—¿Qué? No, estás mal —dije acercándome hacia ella. Largué un suspiro que no sabía que contenía y me acerqué hacia ella, la atrapé entre mis brazos y le apreté fuertemente aspirando su olor. Empecé a jugar con su rubio y sedoso cabello. Camille a diferencia de Clary exudaba confianza y sensualidad o eso creía yo; además que el sexo con ella era increíble. Noté que ella usaba su uniforme más corto que cualquiera otra; sus perfectos ojos verdes y sus labios rosaditos conquistaban a cualquier hombre. Sabía que Camille se moría por mí pero Clary era un nivel de popularidad diferente—. Nena —suspiré— la única a la cual deseo es a ti pero necesito a Clary alejada de Jace, al menos por este año.

—No entiendo —gritó exasperada—, siempre he puesto tus intereses por sobre los míos pero ya me cansé Alec.

—No necesito más de esto —dije frustrado—. No dejaré que te metas donde no te he llamado y si no te gusta lo que hago, dejaremos de vernos y negaré cualquier cosa que digas en mi contra —comenté molesto.

—Alec —susurró—. No quiero que esto se acabe, te necesito.

—Entonces ten paciencia pequeña —y la besé, fue un beso necesitado y fuerte. Le agarré la cintura y la estreché. La llevé contra la pared y seguí invadiendo su boca con mi lengua. Amaba la sensación de poder sobre ella. Abrí su blusa y toqueteé sus senos por encima del sostén de encaje blanco. Me ponía a mil ese tipo de tela y ella lo sabía. Ella respiraba entrecortadamente y decía mi nombre en pequeños jadeos, hice un camino de besos desde su boca hasta su cuello y llevé mi mano derecha hacia su trasero, besé intensamente la clavícula y dejé una obra de arte allí— te necesito dentro —le gruñí. Sin su permiso bajé su ropa interior y metí mis dedos en su feminidad, masajeé lentamente su sexo extrayendo suspiros y gemidos.

—Alec —gimió ella.

—¡Shh! Déjate llevar —desabroché mi pantalón y bajé mi bóxer bajo la atenta mirada de Camille quien suspiraba por mí. Sonreí ante aquello, me gustaba tenerla así para mí. Me acerqué más a ella, levanté su cuerpo y me hundí finalmente dentro. Gruñí ferozmente por aquello y le arranqué desde lo más profundo un gemido de su garganta. Callé sus gritos de placer con beso y disfruté del sexo allí con ella, dejé al descubierto sus senos y pellizque fuertemente cada uno de ellos.

—Alec —gimió y yo seguí, buscando mi placer pero manteniendo mi hombría. Sentí como se tensaba y apretaba mi sexo. Gruñí y la sentí llegar, le arranqué aquel orgasmo que ambos necesitábamos y más adelante llegué yo gruñendo. Di las últimas estocadas y me relajé aun dentro de ella. Nos llevé hasta el piso y ella se sentó sobre mí. Ella gateó hasta sus pertenencias dejándome ver su majestuoso trasero, le di una nalgada y ella jadeó.

—Quiero más —dije gruñendo.

—Pero aquí no —dijo roja por la actividad anteriormente realizada.

—Límpiate y nos vemos en tu casa en quince minutos —dije autoritario.

—Alec no quiere ser la roba novio —comentó.

—Amor —la abracé, besé su cuello y mordisqueé sus labios— a ti es a quien deseo y créeme cuando digo que no hay mujer más sexy y ardiente que tú —ella rió y se montó sobre mí. Habíamos olvidado que nos hallábamos todavía en el Instituto, volví a besarla y chupé sus labios, parecía un adicto a ella y eso extrañamente no me molestó.

—Alec debemos irnos —dijo entre jadeos.

—No, todavía no —desnudé su pecho y lamí cada pezón— ¡Ya! Basta —gritó. Me alejé de ella y sonreí ante su excitación—. Nos vemos en mi casa— dijo jadeando, se vistió y se fue dejándome solo allí. Volvía a tener control sobre algo y eso me fascinaba. No dejaría a Clary pero tampoco a Camille, ella era mía en cuerpo y alma. Solo faltaba Clary. Sonreí ante aquello, acomodé mi vestimenta y salí en dirección al estacionamiento para pasar una de las mejores tardes.


Alec bendito cornudo. Pobre nuestra Clary no merece esto. Ya era necesario mostrar las verdaderas intenciones de nuestro querido Alec, perro infiel.

Disculpen la tardanza, he estado muy ocupada. Mi trabajo consumía mi tiempo y ahora estoy "libre" por decirlo de alguna manera. Saludos.

Disculpen si tiene algún error, de verlo me avisan para corregirlo pero recién lo terminé y subí para ustedes. Está sin editar.