Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.
Clary
Ha pasado una semana desde que tuve el enfrentamiento con Jace, una semana desde que mi relación con Alec ha estado mucho mejor y una semana desde que hablé con Aline para que dejara la mentira sobre su relación con Jace. Me sentí un poco decepcionada al saber que ella hizo aquello pero me di cuenta que ella solo quería ser buena amiga y en parte la admiré.
De igual manera el dolor le duró poco a Jace, él regresó a su casa y volvió a ser el mismo casanova de siempre, cosa que me tomó sin cuidado y lo dejé estar. Después de tanto drama, recordé que soy la reina de la escuela y mi novio el rey. Tenía todo lo que siempre he deseado: el novio perfecto, la escuadra perfecta, las notas perfectas; en fin tenía una vida perfecta.
Encontré en Alec el novio ideal y le dije que estaba lista para avanzar en la relación. Estábamos en su cuarto después de una sesión de besuqueo, ya le había visto desnudo y quería sentir más.
—Alec —dije sonrojada.
—Dime pequeña —me dijo sonriendo y besó mi coronilla.
—Ya estoy lista para más —me sonrojé a mil.
—¿Para qué? —creo que se estaba haciendo el tonto solo para que lo dijera. Tragué fuerte.
—Para mi primera vez —dije y oculté mi cara entre su cuello. Él no dijo nada y permaneció en silencio un rato.
—Es pronto para eso ¿no lo crees? —preguntó—. No quiero que luego te arrepientas bebé —dijo serio y le amé más por eso.
—Lo sé y también sé que me estás esperando pero ya estoy lista —afirmé segura—. No digo que deba ocurrir ahorita, me gustaría que fuese de ensueño y recordarlo para siempre.
—Así será pequeña —y me besó. Sonreí.
—Te amo Alec —le dije.
—También te amo —me respondió.
Alec
Con Clary todo ha ido de maravilla, besos, caricias y toqueteos y sinceramente quería más; por eso cuando me confesó que ya se sentía lista para mí estallé de la emoción aunque no se lo demostré. Al fin tendría su precioso cuerpo, sería el primero y me coronaría ganador frente a Jace. Después de esa confesión, la llevé a su casa y me fui a casa de Camille. La hallé con un "amigo" de lo más sonriente y eso agrió mi estado anímico.
—¿Interrumpo algo? —dije desde la puerta. Todo color abandonó su cara. Hacía contraste con lo blanco de su loft. La decoración del lugar iba entre blanco y terracota. Todo en su totalidad daba una cierta paz y yo en ese momento la necesitaba. Las escaleras eran aéreas y debajo de estás estaba un cuadro cuyo dibujo era un árbol de la vida. Un mueble moderno en L beige, una alfombra marrón y sobre ella una mesa blanca; además, una pantalla aérea adornaban aquella sala. La cocina también era muy moderna, contenía su mesada para comer y el comedor estaba en una esquina que daba con vista hacia una terraza. Aquel lugar fue diseñado para mí aunque no viviese allí.
—Hola Alec —respondió—. Ven te presentaré a un amigo.
—Alexander —dije. Mis manos estaban atrás para evitar tocarle siquiera. Él sonrió.
—Magnus —dijo firme—. ¿No eres el novio de la capitana de la escuadra? —preguntó y fruncí el ceño.
—Efectivamente lo soy —respondí firme.
—Interesante —dijo burlón y se sentó.
—¿Necesitabas algo? —preguntó nerviosa.
—Sí —suspiré dramático—, quiero darle una sorpresa a Clary y casi todas las del escuadrón andan ocupada. Te escribí y no respondiste, te llamé y sale apagado, así que vine personalmente y ya veo por qué no respondías; lamento interrumpir —disimulé. Como siempre que se me daban las mentiras, esta resultó.
—Yo te puedo ayudar —saltó el amigo y sonreí. Se lo creyó.
—No quiero interrumpir más.
—No interrumpes y lo siento, mi cel se está cargando en mi habitación apagado.
—Tranquila —le aseguré sonriendo. Vi sus nervios, ella sabía cuánto odiaba encontrarla con amigos— seguiré buscando quien me ayude. Hasta pronto Magnus —asentí y ella me siguió.
—Lo siento —se disculpó.
—Tiene 15 minutos para correrlo Camille —dije entre dientes y solo escuchó ella. Sonreí, besé su mejilla— nos vemos Cam —y me fui.
Jace
¿Cómo pasé de tener todo a tener nada? Perdí a mi mejor amiga, perdí a Aline, perdí mi orgullo y quedé como el malo frente a todo por no aceptar las disculpas de Alec. Después de lo que Clary me hizo o dijo, por cosa del destino, Izzy me escribió diciendo que Robert quería hablar conmigo, de hecho quería que estuviesen todos sus hijos. Así que ahí me encontraba yo sentado esperando por Alec que todavía no había llegado.
—Lamento la tardanza —dijo Alec, venía de la mano de Clary quien me ignoró como lo llevaba haciendo en todo el día.
—Alec… te dije que se trataba de una reunión familiar —dijo consternado Robert.
—Clary es de la familia; es mi novia, la mejor amiga de Jace e Izzy y se ha criado aquí tanto como en su casa. De hecho se la pasaba más aquí que allá.
—Alec tranquilo —dijo ella—, yo te espero en mi casa. Allí está Jon —besó sus labios y se fue.
—Eso no era necesario —dijo molesto Alec.
—Ya lo creo, tanta cursilería me da asco —dije. Si las miradas mataran ya estaría muerto.
—Basta —gritó Robert—. Ven a lo que me refiero, antes ustedes no eran así.
—¿Qué no éramos así? ¿Dónde has estado viviendo durante todos estos años? —espeté molesto.
—Jace es inútil —dijo Alec—. Papá siempre ha visto nuestra relación como lo perfecto, siempre te ha tratado diferente a ti sobre mí —fruncí en ceño.
—Sí, cómo no —bufé. Me ignoró.
—Me he devanado los sesos y heme aquí frente a todos ustedes —bufé de nuevo. Dramático—. Sé que me odian y entiendo, no soy estúpido.
—Solo a veces —murmuré. Volvió a ignorarme, contemplé que su sentido de tolerancia era mayor que otras veces.
—Jace deja de provocarlo —soltó molesta Izzy.
—Jace —dijo viéndome— lo siento. Independientemente de mis celos, de mi rabia nunca debí correrte de esta casa, no es mi casa y aquí tú eres tan parte de ella como yo. No busco tu simpatía —calló— solo quiero que regreses a tu casa. ¿Aceptas mis disculpas? —preguntó. Levantó la mano para que se la tomara y se la dejé allí.
—No —afirmé decidido. Vi la mirada de todos, vi la decepción hacia mí, vi su dolor.
—Ustedes mismo presenciaron todo —Alec era vil, jugó sucio y caí como idiota. ¿Cómo no me di cuenta antes? —me disculpé, humillé y él no aceptó. Fíjense que él solo quiere que deje a Clary para él tenerla, pero yo la amo y no lo haré. Queda de su parte volver. Ahora si me disculpan, iré por mi novia —sentenció y se retiró con una sonrisa burlona que solo yo pude visualizar. Alec si anteriormente te odiaba, ahora he de aborrecerte.
—Jace ¿qué sucede contigo? ¿Acaso nosotros no te importamos? —dijo una muy dolida Maryse.
—Yo regresaré a casa —dije y me fui. Fui egoísta, no pensé en ellos, fui orgulloso y él se aprovechó de eso.
Solo quería ir contra Alec, dejarlo mal y fallé por pensar que sus mentiras eran peores que las mías. Clary siempre me decía—: La verdad siempre nos alcanza, siempre sale a relucir. —Era cierto y comprobable, fui un ciego y me dejé llevar por el poder pero— el poder corrompe hasta el más fuerte —pensé y reí. La ciudad me parecía triste y solitaria pero comprendí que no era la ciudad, era yo. Las cenizas que conformaban mi corazón emitían un leve sonido indicándome que al menos vivía y debía agradecer eso. La melancolía me embargaba y ya parecía un intento de emo sin las fuerza necesarias para córtame las venas para ser uno más del clan. La diferencia entre ellos y yo, era que yo si podía lanzar mi camioneta al vacío para dejar de sentir pero esa sería una muerte muy cobarde y algo que siempre he odiado, ser tomado como uno.
—Necesito un trago —me dije. Conduje hasta el bar del Loco Pete para drenar allí algo de mi actual estado. Me senté y pedí un brandy, el Loco Pete al principio se notó reticente en darme aquello pero vio en mí una súplica no emitida y sintió pena. Peor que la cobardía, dar pena y de la mano lástima.
—Solo un vaso —dijo serio.
—Dudo que necesite solo uno —respondí afligido. Ese día bebí más de la cuenta, era eso o destruirle el lugar. Le pareció prudente lo primero, darme lo que le pedía. Siguiendo mis cadenas de perdición, decidí llevarme a la cama a una chica que se creía Reina, Reina Seelie así se presentó luego. Una vez terminada la faena, fuimos a Pandemonium que era un antro de moda; la perdí un rato y luego regresó a mí más feliz que antes. Me mostró su lengua y sobre ella tenía un sticker de un signo de paz; me besó y tomé de su lengua aquello que más adelante me haría olvidar completamente del mundo. Me sentía fuera de lugar y entendí una cosa. Entendí que me perdía mucho del mundo tratando de ser perfecto en un mundo de imperfección.
Cuando acepté eso, ya no necesité más nada. Me tragué mi orgullo, mi amor y me hubiera gustado decir que el odio pero me fijé que eso era peor que el amor y que duraba más. Entendí que no odiaba solo a Alec, sino también a Clary y me di cuenta que de nada valía ser bueno cuando ella prefería al malo, ahora sería el malo. Lo intenté pero ella me ignoraba simplemente hasta que uno de los muchachos se me alzó y me reclamó. Ella simplemente lo tomó como una rabieta y aquello me dolió. Sentí como el viento pasó y sopló parte del polvo que era mi corazón. Hasta eso estaba perdiendo, mis cenizas. Ya no tenía a qué aferrarme. El entrenador escuchó sobre mi actitud y decidió castigarme, me sacó del equipo para proporcionarme hombría porque al parecer, poner en su lugar a la "reina" del colegio era de poco hombre. Me asqueé y decidí que mejor debía irme a quedarme en aquella mierda a la cual llamaban autoridad. Tenía mi propia Reina, tenía a Seelie para mí y con ella el sexo era increíble y sus drogas me hacían viajar.
Alec
Regresé al loft de Camille y ya se hallaba sola. Entré como si fuese mi casa y la observé. Ella no decía nada y yo tampoco. El ambiente estaba tenso y aunque intenté calmarme antes de ir, fue imposible. Mi sangre hervía de la rabia y temía hacerle un daño irreparable. Me senté en la punta del sillón del lado más corto y cubrí mi cara con las manos, aproveché y sacudí mi cabello con ellas luego. Suspiré y ella habló— ¿te quedarás callado? Alec… —calló. Sopesé su pregunta y calculé que decir pero de mí no salía nada. Ella caminaba de un lado a otro y yo la observaba atentamente. Fue a la cocina y trajo whisky para mí, puro y sin hielo. Tragué de golpe aquello y sentí mi garganta arder. Observé el vaso donde lo trajo y estiré mi mano en señal que quería otro. Esta vez buscó la botella, me sirvió y la colocó en la mesita frente a mí—. Yo lo siento —susurró asustada.
—¿Por qué lo sientes? —dije firme y hablando por fin.
—No le invité, me llegó por sorpresa y me dio pena correrlo o decirle que no podía quedarse —dijo atropelladamente. Se notaba nerviosa.
—Si no es tu culpa —dije suevamente— ¿por qué entonces te disculpas?
—Estoy nerviosa Alec, no has dicho nada en un buen rato —soltó exasperada.
—Necesito pensar Camille.
—Eso siempre resulta malo para mí —soltó y aquello hirvió más aún mi sangre. Lancé el vaso contra ella y lo esquivó. Este fue a parar contra la pared y se rompió. Aquello realmente me molestó. Decidí que era hora de pararme, empiné la botella y la dejé otra vez en su lugar. Me saqué la correa de los pantalones y fui tras ella— Alec no —gritó. Até sus manos a la espalda con la correa. Le di una bofetada y la tumbé al piso. La levanté por los cabellos y la lancé en el mueble haciendo que cayera bocabajo. La escuché llorar y eso me dio mucha satisfacción. Sonreí y volví a tomar de la botella.
—¿Qué haré contigo? —me pregunté. Ella aún lloraba, era música para mí. Necesitaba más que licor para sentirme a gusto con lo que haría ahora. Fui hasta donde ella, la volteé y la besé duramente. Mordí su labio hasta casi hacerlo sangrar. La agarré por el cuello y la besé duramente. Llevé mi boca hasta su oído— pagarás tu insolencia y llorarás con ganas —le siseé. La solté y subí a su habitación. Fui hasta el cajón de su ropa íntima y hallé lo que buscaba. Mis padres creían que ya no usaba eso, pero en ocasiones como estas eran muy necesarias. Saqué el cinturón del armario y bajé. Dejé el cinturón en el mueble y vi como ella se estremeció y chilló— cállate —gruñí. Tomé otro trago, una delicia. Esparcí un poco del polvo blanco, del ziploc que saqué de la gaveta, e hice una línea sobre la mesa que luego aspiré. Tranqué de nuevo y lo dejé a un lado, limpié el resto del residuo y bebí de nuevo whisky. Tomé el cinturón, lo doblé y lancé el primer correazo sobre sus piernas.
—Argg —gritó.
—Me hubiese gustado verte desnuda —me carcajeé. Abrí nuevamente la bolsa e hice otra línea blanca, la aspiré de nuevo por mi otra fosa nasal. Repetí el proceso de cerrar, tomar y pegar—. Sabes Camille, odio a las putas —sentencié—; son sucias y asquerosas. Odio tocar lo usado, me da asco —la tomé por el cuello—, creí haberte prohibido hace tiempo el contacto con otros pero ya veo que lo guarra no se te quita —grité soltándola y esta vez calló sobre el piso. Le di la espalda— levántate —ordené.
—Alec te lo juro yo no hice nada con él —juró llorando.
—No te creo. ¿Hace cuánto te acuestas con él? —pregunté.
—Alec —chilló.
—¿Dónde lo conociste? —grité.
—En Francia —respondió asustada.
—¿Es tu ex cierto? —gruñí.
—Alec —lloró.
—Responde —grité y la agarré por los cabellos—. Dime de una vez —la solté sobre el mueble.
—Sí, es mi ex —respondió ahora aterrorizada. La furia barrió toda mi razón, el licor, la cocaína hizo mella en mi cerebro y sentía que mi corazón se saldría de mi pecho. La cólera, la rabia, estaba ciego del odio y de ser toro vería todo rojo. Me fui contra ella, agarré la correa y decidí descargar mi rabia.
—Eres una puta de mierda —grité pegándole. Ella lloriqueaba— sacas lo peor de mí, mierda Camille te encanta que te joda, te encanta vivir así. Ve lo que me haces hacerte —gruñí—. Me vuelves un monstruo —grité. Alcé de nuevo la correa para pegarle nuevamente.
—Basta Alec, detente. Estoy embarazada —dejé caer el cinturón. Quedé en shock cuando me soltó aquello, cualquiera me confundiría con la pared de lo blanco que quedé.
—¿Qu.. ue… qué —tartamudeé— mierda estás diciendo?
—Estoy embarazada, estoy embarazada —dijo asustada. Me erguí.
—Sube a la habitación y espérame allí —no se movió—. ¡Ahora! —grité. Como pudo se colocó en pie y subió llorando. Me paseé de un lado para otro, tratando de calmar la mierda dentro mí. Terminé de tomarme la botella y la llevé al contenedor de basura. Busqué la escoba y el recogedor. Limpié el desastre del vaso, limpié la mesa y arreglé todo como si ahí no hubiese pasado nada. Agarré el cinturón y la bolsita de coca, subí hacia la habitación y la vi hecha un ovillo con las manos hacia atrás sobre la cama llorando—. ¿De quién es el bebé? —pregunté resignado.
—Alec… es tuyo —respondió. Mierda, mierda, mierda… mentía, ella mentía para hacerme sufrir por haberle pegado.
—Ese bastardo no es mío y te aconsejo algo Camille, sácatelo —dije firme.
—Noooo, es mi bebé —dijo ella asustada.
—ME VALE MIERDA. Tú eres mía y no te quiero embarazada, te pondrás gorda y fea. Dudo mucho que el padre de esa criatura quiera hacerse cargo considerando que eres la zorra del Instituto —grité.
—Pero es tuyo y mío Alec —dijo llorando.
—No mientas más, ese bastardo no es mío y de serlo no lo quiero. Mañana vas a la clínica y te lo sacarás —sentencié. Ella se paró de la cama y fue hasta mí.
—No Alec, por favor no me hagas hacerlo —se colocó de rodillas suplicando pero no haría cambiar mis pensamientos, ese bebé debía irse. La tomé de sus brazos y la puse de pie frente a mí.
—No quiero y tú tampoco quieres un bebé ahora. Está decidido, mañana te lo sacas —le quité la correa y la desnudé. Observé su cuerpo y me fijé del cambio: más caderona, vientre abultado, senos más grandes. Nada tonificada—. Esto —señalé su vientre— se ve asqueroso. Todo se ve más bonito tonificado, liso, sin imperfecciones. Un bebé hará que te veas asquerosa y si te ves así, yo ya no te querré. ¿Quieres eso? —ella negó con la cabeza—. Entonces te sacarás al bebé —afirmé. Decidí pasar mis dedos por su cuerpo y ella se estremeció— odio pegarte —susurré—. No mereces esto Camille, deberías portarte bien —le dije.
—Lo siento, no es mi intención provocarte —susurró llorando—. Te amo Alec.
—Yo también pequeña —mentí. La llevé hasta al baño, abrí la ducha y la metí bajo agua caliente. Me desnudé y me incluí—. Déjame cuidarte —ella asintió. Lavé su precioso rubio cabello, tuve cuidado con su cuerpo porque le dolía. Besé su hombro, su cuello, su mejilla y luego su boca, fui dulce. La atraje hacia mí y la rodeé con mis brazos manteniendo el cuidado. La llevé en brazos a la cama, seguí besando su cuerpo haciéndonos arder de deseo a ambos. Con sumo cuidado la penetré, se sentía bien estar dentro de ella después de la tormenta huracanada que había provocado. Se sentía natural. Fui lo más delicado posible aunque las últimas estocadas fueron feroces y acabé dentro de ella. Después de ese momento se sentía soñolienta y la dejé dormir. Acariciaba sus cabellos mientras la veía dormir. Ella era mi adicción. Ella, la coca y el whisky, mis tres adicciones; se sentía incorrecto pero necesario.
Jace
Me hallaba vagando por la ciudad, cosa que hacía regularmente, y vi el carro de Alec en una clínica donde realizaban abortos. Me quedé esperando como por media hora hasta que le vi salir junto a Camille en una silla de ruedas. Ella iba ¿llorando? Alec se agachó, limpió sus lágrimas y beso castamente sus labios. Aquella situación me enfureció. Clary no se merecía eso de él. Era un bastardo de mierda. Aproveché para tomar fotos cuando él la abrazaba y rogaba a Dios para que Clary me creyera cuando las viera. Él la subió al carro y luego se subió él. Dejé que se escapara y decidí ir a buscar a mi Reina, necesitaba un escape gracias al exceso de información que llevaba encima.
NO SEAS CÓMPLICE:
Si conoces a una mujer que esté siendo maltratada física, verbal o psicológicamente denuncia. De serlo tú: ESO NO ES AMOR. No seas VÍCTIMA ni cómplice, DENUNCIA.
¡Saludos!
PD: Disculpen los errores, me avisan si ven uno :D
