Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.


Jace

Ya han pasado dos días desde mi enfrentamiento con Alec y Clary. Los he dejado tranquilo aunque era doloroso ver como se tocaban, besaban o mimaban el uno al otro. Reina no me ha hablado, no ha respondido mis mensajes o contestado mis llamadas y me he sentido solo. He ido al bar donde la conocí, he preguntado por ella y al parecer o se acababa de ir o fue más temprano, también he creído que le avisaban cuando yo ya me había ido para ella llegar. Una de sus amigas me dio unas pastillas para el dolor que ha ocupado mi corazón y aunque no he tenido relaciones con ella, la mercancía que me da me hace volar pero no es igual. Las drogas sin el sexo me hace sentir incompleto. Sé que debería dejarlo, debería alejarme de este sucio vicio pero sin mi Clary, sin su amor— es imposible —me susurré.

—¡Oh! Alec —escuché un jadeo.

—¡Shh! Izzy o Max podrían estar en casa —escuché que decía Alec—. Mejor vamos para mi cuarto pequeña.

—¡¿Lo haremos aquí?! —dijo Clary. Quedé pasmado, sabía que ya lo habían hecho pero eso no significaba que doliera menos. Siempre he creído que el hombre enamorado, ha solido ser siempre masoquista y veía en mí la no excepción a la regla. Abrí la puerta de mi habitación y veo como Clary se retorcía de placer. Aun andaba con su uniforme de porrista. Alec tiene su dedo dentro de su sexo y mi estómago gruñía de la impotencia. Mi garganta estaba seca y un nudo cada vez se formaba en ella.

—¿En el pasillo? —ella asintió. Estaba más roja de lo habitual—. No nena, solo te haré llegar de esta manera y luego en mi cuarto disfrutaré de ti totalmente —dijo seguro y luego la besó. Clary siguió jadeando y gimiendo de placer y aunque quería dejar de ver, mi cuerpo no respondía. Él calló el orgasmo de ella con un beso y ella cayó sobre él. La cargó hasta su habitación y me dedicó una sonrisa burlona. El muy hijo de puta me había visto y decidió torturarme de aquella manera. Estaba asqueado, enojado y malditamente excitado. Me hubiese gustado ser yo quien le proporcionara ese placer.

Cerré la puerta de mi cuarto y me dirigí a mi baño. Me quité la ropa y me metí en la ducha. La imagen de Clary excitada y llegando a su orgasmo no salía de mi mente. Tan enfermizo como fuese me masturbé pensando en ella, en su piel, en cómo se sentiría su boca sobre mi miembro. El anhelo de tenerla me hacía cometer aquella aberración y me odiaba, odiaba hacer aquello pero se sentía bien hacerlo también. Después de un buen rato pensando en ella, acabé y aquel puto orgasmo hizo que el nudo de mi garganta cediera. Maldije la hora en que decidí jugar en vez de luchar, ahora me encontraba como un marica llorando por una mujer que no sería mía. La cobardía me alcanzó, me sentía desolado y heme aquí sentado en este duro piso, con mis rodillas juntas llorando.


Clary

Me he sentido diferente desde que perdí mi virginidad con Alec. En el Instituto hemos sido admirados por todos y tratados como reyes. Nos la hemos pasado besando y he andado más en la luna que nunca. Ayer después de salir de la práctica me fui con él a su casa, Alec no dejaba de tocarme y en el pasillo hacia su habitación me hizo tener un orgasmo. En su habitación fue genial, el sexo fue lo mejor que pudieron haber inventado. Pero hoy me había venido directo a casa, Alec iba a ver a Camille y aunque me pidió ir, yo me negué.

—Amor hoy quiero ir a ver a Camille, ¿me acompañas? —me preguntó.

—Me gustaría ir pero ¿por qué no vas solo tú? —dije extrañada.

—No quiero que después digan que te soy infiel —hizo pucheros.

—Yo confío en ti amor. Ve tú solo, ella tal vez necesite de su mejor amigo y contarte sus cosas. No será igual si yo estoy allí —dije sonriendo.

—¿Estás segura?

—Lo estoy —y lo besé. Eso era ser considerada, amaba a Alec y confiaba totalmente en él. Así que aquí me hallaba en mi casa dibujando. Tenía tiempo que no lo hacía y me sentía reconfortada hacerlo. Perdí la noción del tiempo y de no ser porque tocan al timbre, sigo hasta que llegue Jon.

—Hola Clary —dijo Jace al abrir la puerta.

—Jace ¿qué haces aquí? —pregunté un tanto recelosa.

—Yo —tragó— yo vine a disculparme contigo. ¿Puedo pasar? —preguntó.

—Sí, claro —me hice a un lado y lo dejé pasar.

—Clarissa escúchame y por favor no me interrumpas hasta que yo termine. Tuviste razón al decir que debía madurar, tuviste razón al decir que ya era tarde para un nosotros y tuviste razón al llamarme mentiroso. Siempre has estado para mí y me volví loco al ver que otro ocupaba mi lugar —no sabía que pensar e hizo lo que me pidió, callar—; Dios Clary nunca fue mi intención herirte ni perder tu confianza. Acudí a Aline para darte celos, no quería problemas en mi casa, ya Alec me había corrido y decidí que era mejor que fueses tú quien terminara con él y vinieras a mí y ser el héroe de esta historia. Fui como el pastorcito del cuento y cuando vino el lobo, me comió. Te he necesitado más de lo que imaginas Clary. Estoy enamorado de ti, te amo con todas mis fuerzas. Te deseo como no debería desearte y me gustaría tenerte en mis brazos —no sabía que decir. Él calló y se me quedó mirando como esperando por mi respuesta—. Ya puedes hablar.

—Lo sé, el problema es no sé qué decir —dije sincera.

—Dime que me amas.

—No, ya es tarde —susurré insegura.

—Clary…

—No Jace, Clary nada —le interrumpí.

—Clary es que ¿acaso no ves que yo te amo?

—Ese es el problema Jace, ya no lo veo.

—Entonces déjame demostrártelo.

—Estoy con Alec ahora, ya es tarde para eso.

—No, no y no —dijo caminando en círculos—, te quiero para mí Clarissa.

—Pero yo amo a Alec.

—No, no le amas —caminó hacia mí y me abrazó. Dejé que me abrazara porque él necesitaba eso, él estaba en negación y siempre había sido mi mejor amigo—. Clary.

—Dime —susurré. Se me quedó viendo a los ojos. Aquellos ojos dorados que siempre había amado ver, hoy se veían apagados, sin brillos y me pregunté ¿qué en el mundo hizo aquello? Pero era absurdo cuando vi que fui yo. Así como él me hizo daño, yo lo dañé a él. Bajé la mirada y sentí una lágrima correr por mi mejilla. Jace limpió aquella lágrima, subió mi mentón y me besó. Quedé estática y traté de empujarlo pero él siempre ha sido más fuerte que yo, tenía sus labios sobre los míos pero no me atrevía y tampoco quería mover los míos. La furia corrió por mis venas y con mis pocas fuerzas, seguí empujándolo. Él cedió y me dejó ir, le vi fijamente y le cacheteé—. Amo a Alec, Jace. Si de verdad me amaras como dices, respetaras eso —gruñí y él se acercó nuevamente a mí. Sentía lo tenso y furioso que andaba conmigo o por la cachetada, no sé pero lo sentí así. Me atrapó nuevamente con sus brazos y me volvió a besar agresivamente. Mordió mis labios y aprovechó eso para introducir su lengua en mi boca, llevó su mano derecha a mi seno y di un respingo. Terminé cediendo a su beso y al ver que me relajaba, nos llevó hasta el mueble y me sentó sobre él. Me daba pequeños besos y yo sabía que estaba mal pero se sentía tan bien.

—Te deseo Clary —dijo besando mi cuello y tocando mi trasero.

—Jace —gemí— esto está mal.

—No lo está, nos deseamos mutuamente pequeña —nos cambió de posición y se subió sobre mí. No sabía cómo ni en qué momento pasó, pero Jace tenía su dedo en mi sexo y yo me encontraba retorciéndome de placer.

—Jace para por favor —sollocé. Esto estaba mal, me sentía como una puta.

—Disfruta Clary —gruñó. Ya no aguantaba más.

—Jace para —jadeé.

—No —gruñó— córrete para mí Clary —susurró. No podía hacer eso, no podía hacerlo esto a Alec pero mi cuerpo pedía una liberación, ya no podía contener más el orgasmo y sucedió.

—Jace —gemí en un susurro y aunque no quería, disfruté aquel orgasmo. Me sentía sucia y usada, lloré.

—Clary —trató de acercarse y lo empujé llorando.

—No, no me toques —entonces los vi, Alec y Jon.

—¿Qué demonios estás haciendo Jace? —gruñó enfurecido Jon.

—Jon —se paró y alejó de mí. Yo aún seguía llorando y veía a Alec ¿decepcionado? ¿Herido? No sabía pero evitaba verme a la cara y sentía que mi mundo se venía abajo. Jon vino corriendo hacia mí y me cubrió, yo todavía lloraba.

—Jace será mejor que te largues —dijo con la furia contenida.

—Jon no es lo piensas —argumentó. Yo aún seguía viendo a Alec que no decía nada, estaba rojo y sabía que se andaba conteniendo de darle una paliza a Jace.

—Jace vete —dijo Alec—. Ya creo que lo jodiste suficiente —dijo viéndolo.

—No te metas —le gritó Jace.

—¿Qué no me meta? —rió irónico—. Te encuentro sobre mi novia, ella pidiendo que no la toques y llorando y ¿me pides que no me meta? ¿Estás jodidamente loco? —gruñó—. Lárgate Jace porque no sé si pueda contenerme más y por tu bien, aléjate de Clarissa o la pagarás caro y no seré yo quien te dé la paliza.

—Eso es correcto, confiaba en ti pero ya no más, aléjate de mi hermana o te juro por lo más sagrado que tengo que te mato Jace —este gruñó y se fue. Jon me confortó y me preguntó que si él había abusado de mí. Les conté todo y vi la furia de ambos en sus ojos. Alec se paseaba de un lado a otro y me observaba atentamente, sabía que no me gritaba porque Jon estaba aquí. Alec cerraba sus ojos y se pasaba las manos por su cabello, síntoma de desesperación y temía que cometiera un delito.

—Lo siento —les dije a ambos.

—Es bueno que lo lamentes —dijo un Jon serio— porque la cagaste —sentenció y se fue dejándonos solo. Vi la decepción en su mirada y eso me dolió.

—Alec yo… —empecé pero me interrumpió.

—Por eso no querías ir conmigo a ver a Camille ¿cierto? —gruñó—. Estúpidamente creí que era porque confiabas en mí —me miró con dolor—. No llores Clarissa.

—No quería, él vino a disculparse. Te juro Alec yo le pedí que parara.

—Y ¿le creíste? Joder Clary, Jace ha intentado dañar esto desde que inició y tú accediste así como así.

—No planificamos esto —sollocé.

—Él sabía que yo iría a ver a Camille, nos escuchó hablar y él sabía que Jon no estaba aquí porque él le preguntó.

—Pero yo no sabía eso.

—Pero él sí, debes dejar de ser tan ingenua Clary —dijo—. No quería llegar a esto pero debes elegir, él o yo porque ya me cansé de luchar por esta relación solo. Avísame cuando te decidas —y se dio media vuelta para irse.

—Te elijo a ti Alec, te amo a ti y no quiero terminar esta relación —dije segura—. Además, haré lo que sea necesario para hacerte feliz y me perdones.

—Bien —dijo—. Nos vemos mañana. Paso por ti.

—Hasta mañana —dije y se fue. De inmediato fui a mi habitación a darme un baño. Lloré a más no poder, ahora sí perdí a Jace.


Alec

Decir que andaba cabreado era un eufemismo. Quería literalmente matar a Jace y golpear a Clary, necesitaba a Camille pero aún se hallaba en el hospital. Quería masacrar a alguien. Me subí a mi camioneta y le escribí a Reina para que me esperara en su casa pero me mandó otra dirección y fuimos a las cabañas. La usé a mi antojo de la rabia, sexo rudo y sin piedad. La muy zorra gritaba de placer y aquello igual no me calmaba. Necesitaba descargar esto pegándole a alguien y sabía que tenía que ser Jace.

—¡Oh Alec! Este ha sido el sexo más jodido que he tenido.

—Necesito que me ayudes con algo —dije ignorando su comentario.

—A ver qué tienes pensado —le conté todo. Le dije lo que debía hacer. Me fui de allí y alquilé una de las cabañas más retirada. Necesitaba hacerlo para evitar que cualquier pelmazo se acercara y lo escuchara gritar.


—Hola Jace —dije sereno.

—¿Qué mierda Alexander? ¿Qué hago aquí y así? —preguntó. Jace se hallaba amarrado de rodillas, sus manos estaban por sobre su cabeza con una cadena y un par de grilletes en sus muñecas y sus pies estaban unidos por unas simples esposas.

—No debe ser cómoda tu posición —dije—. Verás hermanito, necesitaba vengarme por lo que le hiciste a Clary, prácticamente la violaste —sonaba indignado—. Por eso ¿ves esto? —le mostré un cinturón de cuero de cinco centímetros de ancho y uno de grosor.

—Alec no hagas una locura y suéltame por favor.

—¡Qué curioso! Clary te pedía eso y ¿tú hiciste caso? —ironicé.

—Alec no lo hagas —suplicó.

—No, no le hiciste caso y decidiste tocarla, tocaste lo que es mío —gruñí. Me coloqué detrás de él y lancé el primer correazo.

—Arrrg —gritó. Di la vuelta y me coloqué frente a él. Sus ojos llameaban de la rabia y estaban cristalinos.

—Eres un bastardo —le di una bofetada, aquella acción hizo que sangrara y me alegré. Sonreí. Le di otra bofetada y más sangre salía de su boca y nariz. Me arrodillé y presioné su rostro— me das asco —y le escupí—. Te daré treinta azotes y ya veré qué haré contigo —eso hice, se los conté y él lloró— marica —le gruñí.

—Alec déjame ir —me suplicó.

—No, para nada. ¿Cómo es que se llama esa cosita linda que tienes por novia?

—No la metas a ella en esto —gritó.

—Cállate —le abofeteé—. Ella está por llegar pero antes deseo que veas algo —me paseé por la habitación. La gran cama estaba detrás de él y allí se hallaba lo que buscaba. Me posicioné frente de él, coloqué un banco de madera y sobre este mi laptop.

—Alec ya déjame ir y te juro que me voy, me alejo de todos ustedes pero por favor déjame ir —lloriqueó.

—¡NO! —grité—. Ahora ve —en la pantalla se veía uno de los salones del Instituto y una Clary llorosa

Alec no mentí ayer cuando dije que haría lo que fuese porque me perdonaras.

Lo sé.

Entonces ¿por qué hoy me has evitado?

—¿Me quieres Clarissa?

Sí.

Arrodíllate.

¿Qué?

Que te arrodilles.

En la escena, Clary me hizo caso y se arrodilló, me acerqué a ella, desabotoné su camisa y bajé su sostén para dejarle los pechos al aire. Ella jadeó y su cara estaba completamente roja. Me desabroché el pantalón y saqué mi miembro.

¿Qu… u… qué quieres que haga?

Chupa y que sea una mamada celestial.

No sé hacerlo.

Aprende.

El resto del vídeo mostraba a una Clarissa haciéndome una felación, luego tragándose sin derramar nada. Más adelante, me la cogí fuertemente y acabé dentro de ella.

Vístete.


Jace

—Mierda —exclamé. Nunca pensé ver a Clary en aquella posición. Cogiendo y haciendo eso. El asco y las ganas de vomitar me abrumaban. Mi ángel en aquella posición.

—Es una dicha tener a Clary así —sonrió burlón—. Aléjate de Clary, Jace o este videíto correrá por todo el Instituto.

—No harías tal mierda —grité incrédulo.

—No puedes amenazarme Jace, no tienes nada con que hacerlo pero para que veas que soy bueno, dejaré que quede en tus manos su futuro —dijo—. A mí me vale mierda ser expulsado del equipo, me vale mierda ser expulsado de ese Instituto pero para Clary sería la humillación total. Adiós escuadrón, adiós vida aquí.

—Y —tartamudeé.

—Te alejarás —terminó por mí yo asentí.

—Ya más nunca hablaré con ella.

—Eso quería. —Tocaron la puerta— ¡Oh que delicia, debe ser tu querida —me dejó allí y fue a abrir la puerta.

—¿Jace? —se posicionó frente de mí— ¡Oh Jace ¿quién te hizo esto?!

—Yo —dijo Alec.

—¿Por qué le estás haciendo esto? —le gritó e intentó pegarle pero Alec la empujó contra el piso.

—Eres una cosita divida —dijo ignorando su pregunta.

—Alec no, déjala ir —supliqué. Ahora, realmente estaba asustado. Sabía que él no dudaría en vengarse por lo que le hice a Clary.

—No —sentenció—. Cuéntame pequeña, ¿Jace te comentó que abusó de mi novia, que la besó y manoseó?

—Jace ¿es verdad? —preguntó en voz baja.

—Reina yo…

—Dile la verdad —me presionó Alec.

—Sí, yo la besé y masturbé pero no abusé de ella.

—¿No abusaste? —gruñó Alec— Clary no quería y tú igual seguiste —se acercó y me bofeteó. Ya estaba cansado. Quería irme y salvar a Reina de Alec—. Ahora yo haré lo mismo con Reina.

—¿Qué? —gritó ella asustada. Alec la agarró y la besó con fiereza, quería soltarme y rescatarla, pero solo me hacía daño. Destrozó su ropa y la dejó desnuda. Besó cada partícula de su cuerpo.

—No vayas a cerrar los ojos, quiero que veas como se lo hago —gritó.

—No, no por favor —lloriqueó ella y yo me sentía impotente—. Jace ayúdame por favor, no permitas que me haga esto. Dile que no tengo la culpa —gritaba Reina. Cada grito, cada lloro me destrozaba por dentro. Para Reina debió ser peor esa sensación. Alec le hizo llegar de aquella manera—. Déjame ir por favor.

—No puedo pequeña. Ya disfrutaste tú, ahora me toca a mí —y se la llevó a donde supongo que estaba en la cama.

—No, no… suéltame por favor —los gritos y lloros de Reina alertaban mis nervios.

—Alec detente, eso sí es violación —supliqué.

—Jace dile que se calme y disfrute. Por tu bien dile —gritó él.

—Jace por favor, no. Dile que pare —suplicó ella. No sabía qué hacer, no soportaba más aquello, ella no tenía por qué sufrir mis culpas y menos las de Clary. Ella era inocente y ahora un pervertido la estaba usando para torturarme.

—JACE —demandó Alec. ¡Diablos! ¿Qué hago?, me torturaba aquella decisión y sea cual fuese mi decisión una de ellas saldría perjudicada.

—Jace por favor, dile que me deje ir.

—Alec… —dije.

—No me hagas hacerle esto a Clary —tragué duro.

—Reina, pequeña, haz lo que él te diga —listo. Tomé la decisión y siempre sería Clary, siempre sería ella. Reina dejó de sollozar y enmudeció.

—Sabia decisión hermanito. Ahora tu Reinita, déjate disfrutar —dijo. Quería desconectarme de aquella situación. Solo se escuchaban los jadeos y gruñidos de Alec —nena dije que disfrutaras —y se escuchó un golpe. Reina volvió a llorar, era mi momento de actuar, de guiarla.

—Pequeña imagina que soy yo, cierra tus ojitos y piensa en mí —aquello me dolía, era cómplice de una violación—, hazlo por mí amor —esto era mucho, sabía que era pedir mucho pero no quería que le pasase nada. Los gemidos de Reina no se hicieron esperar, sus jadeos me hacían estremecer y cuando decía mi nombre impactaba sobre mi ingle. Sus gemidos pasaron a gritos de placer y luego llegó. Lo sabía porque siempre cuando acababa, lanzaba un último suspiro como si se le iba todo el aliento. Aquella imagen mental recorrió mi mente y mi perversidad salió a relucir, aunque quisiera mentir, no podía. Aquellos gemidos de placeres me excitaron.

—¡Diablos! Tú sí que sabes como moverte pequeña —gritó eufórico Alec.

—¿Ya puedo irme? —preguntó Reina. Alec se colocó frente de mí y se rió.

—¡Vaya, vaya hermanito! Pareces que necesitas una mano o ¿una boca? —insinuó y aquello me avergonzó—. Reina, Jace quiere que le hagas una mamada.

—No, no hace falta —solté de inmediato.

—Yo creo que sí —la llevó hasta mí e hizo que se agachara, ella me bajó el pantalón con el bóxer y empezó la felación. Jadeé al sentir lo caliente de su boca, aquello era una dulce tortura y aunque no quería disfrutarlo, mi cuerpo reaccionaba igual—. ¡Qué culito tan jodedor tienes! —exclamó. Lo siguiente que supe fue que Alec la estaba jodiendo por su trasero, mientras ella me lo chupaba. Reina reprimía el dolor de aquella violación anal y de mi boca solo salían jadeos y gruñidos de placer. Era un enfermo y junto a mi hermano quien también lo estaba, violaba a una chica que no era ni siquiera mi novia. ¿Qué tan jodido era eso? Los tres tuvimos nuestros orgasmos y cuando pensé que ya sería libre, Alec salió con esto—: esto aún no termina. Jace hermanito, te drogaré para evitar que escuches como paso la noche cogiéndome a tu novia —quise quejarme pero me inyectó algo que me hizo caer en un profundo sueño.


Alec

—¿Viste su cara? El pobre realmente cree que te violé o mejor dicho, que te violamos —me carcajeé.

—Ese ha sido un excelente sexo.

—Me daré un baño —ignoré su comentario. Necesitaba aquel baño relajante, ahora me sentía mejor conmigo mismo. Saber que tuve en mis manos a Jace, lo torturé y le hice sentir miserable me alegró.

—Alec, Alec —tocó con desesperación Reina—. Alec es Jace, creo que le sucede algo.

—¿Qué? Mierda Reina, ¿qué diablos hiciste?

—Le inyecté más droga, no se dormía —gritó desesperada.

—¿Qué? Mierda, mierda, mierda. Tiene una sobredosis joder. Debemos llevarlo rápidamente al hospital o se morirá —me tocó desencadenarlo. Joder, mierda quería que sufriera mas no que muriera—. Aguanta Jace, por tu bien aguanta —gruñí. Me vestí velozmente y lo saqué así de la cabaña. El hospital más cercano quedaba a veinte minutos y me sentía totalmente fuera de lugar, el miedo me sobrepasaba y todo por una puta que drogó demás a mi hermano.

Ya en la carretera sentía que debía dar todo por salvarlo, era una carrera contra las circunstancia de la vida. Mis celos, mi rabia versus los momentos vividos con él— Jace hermano aguanta, no te mueras —susurré. Sonaba un total hipócrita pero el miedo me invadía. No lo quería muerto, nunca fue mi intención aquello—. Jace no vayas a morir, no tienes permitido morir —gruñí. Sabía que aquellas plegarias eran absurdas cuando fui yo quien provocó aquello.

Pasado los minutos habíamos llegado a nuestro destino, salí disparado para emergencia y vi como corrían los médicos para intentar salvarle la vida a Jace. Agarré a Reina fuertemente y la conduje hasta el estacionamiento, dentro del carro le expliqué lo que debíamos decir— Jace fue golpeado porque le debía drogas a un tipo y tú lo conseguiste casi muerto, me llamaste y fui ayudarte —sentencié y llamé a mis padres. Les dolería saber que Jace podría morir pero nada podría hacer.


Lamento el retraso con el capítulo pero andaba depresiva. Me leí CoHF y aún sigo enojada con Cassadra; eso provocó mi poca inspiración.

No actualizaré hasta el 12 o 13 me voy de viaje.

PD.: El capítulo no está corregido, quise subirlo antes de marcharme. Así que si notan algún error me avisan y luego lo corrijo.

Aviso tipo spoiler: Ya no tendremos más puntos de vistas de Jace. Sí soy mala, no me odien :-P

¡Saludos!