Declaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare yo solo juego con ellos. La trama es mía.


Clary

—Ya son seis años desde la última vez que hablé contigo Alec —solté de golpe. Me hallaba en el lugar donde menos esperaba venir, me sentía incómoda por el simple hecho de que había prácticamente jurado que no vendría, pero heme aquí vestida de blanco con mi melena suelta, un pañuelo verde a la cabeza que hacía juego con mis tacones y cinturón debajo de los senos. Me sentía cambiada y no era para menos, seis años no era poco y menos porque me encontraba huyendo de la realidad, huyendo de lo que alguna vez fue mi vida—. Actualmente no soy la misma, ¿sabes? —seguí— conseguí lo que siempre deseé, tengo mi escuela de arte, soy diseñadora gráfica y tengo mi propia empresa y paralelamente estudié publicidad y mercadeo. Tengo lo que quiero. Asimismo me siento terriblemente triste en lo que te convertiste, a pesar el engaño…

—Clarissa ¿no crees que es inútil venir ahora? Creo que perdonarlo a estas alturas es estúpido.

—No lo creo, necesitaba avanzar y crecer. Olvidar.

—Nos olvidaste cuando te marchaste y nos dejaste Clarissa.

—Tenía que irme Jace —volteé a verlo. Me hería aquella situación. De él también me alejé y lo abandoné. Recuerdo que meses después que me fui con Jon, después de leer aquella carta donde me sentía humillada y usada. Decidí investigar y ponerle fin a todo esto. Lo busqué y le conté.

Hola Jace ¿cómo estás? —era una pregunta tonta, lo vía ahí triste en una cama. Aquel centro de rehabilitación era deprimente pero Jace necesitaba sanar y sacar de su sistema aquellas drogas.

Clarissa ¿qué diablo haces aquí? —gruñó. Su mirada me dolía y me entristecía, sentía el odio, el rencor y la rabia para conmigo. Pero si hubiese sabido que nunca quise que lo enviaran lejos.

Vine a verte y a leerte algo —dije decidida. No me dejaría intimidar por él.

No quiero verte. Lárgate.

No, no me iré Jace. Me escucharás quieras o no —sentencié. Le relaté la carta, necesitaba de su ayuda y lo sacaría de aquí. Sé que Jace no quiso suicidarse y sé que las drogas fueron pasajeras. Antes de venir a hablar con él, hablé con su médico y las enfermeras, ellas me decían que solo tocaba el piano y nunca tuvo un ataque de ansiedad como lo habría tenido. Siguió estudiando y se comportaba "bien", seguía siendo sarcástico y vanidoso pero era esperar mucho que cambiara totalmente.

¡Mierda! —exclamó finalmente. Creo que aquello lo dejó pasmado.

Alec te hizo todo esto —dije.

No me interesa —gruñó.

Jace ¿qué te hizo Alec para que estés así? —me esquivó la mirada.

Clary —quebró la voz— Alec, él me llevó a una cabaña. Me golpeó, me… me hizo ver un vídeo donde estás tú teniendo relaciones con él, en el colegio —suspiró. Sus ojos se volvieron vidriosos y desvió la mirada al techo—. Nunca pensé verte así, verte en esa situación y él me dijo que si yo no me alejaba de ti, él difundiría aquel vídeo —me contó los correazos, me contó lo que Alec le hizo a Reina y lo que ella le hizo a él por mandato de Alec. Fue asqueroso y me dio ganas de vomitar. Jace me quería herir con aquel cuento, fue detallista. Lloré—. Después me drogó y no recuerdo más hasta que desperté en el hospital y ya sabes que sucedió allí —lo recuerdo. Le culparon de todo y lo mandaron lejos. Decían que él tenía instintos suicidas, que debía drogas por montón y que era una deshonra para la familia que lo había adoptado. Que sus padres estarían decepcionados de él. Yo no pude soportar aquello y me fui, lo abandoné.

Eso no fue tu culpa —dije—. Además, Reina era amiga de Alec. Créeme cuando digo esto, ella era parte de ese plan Jace. Yo lo sé, lo siento en todo mí ser.

Cállate Clary, joder deja de hacerme sentir como si necesitase eso, no quiero ser consolado cuando fui un hijo de puta.

Cállate tú y entiende de una vez. Alec nos mintió, Alec jugó con ambos.

¿Crees que no lo sé? Maldita sea Clary.

Jace enfócate —me acerqué y tomé su cara con mis manos. Vi el dolor de sus ojos y aquello me dolió, pero no tenía tiempo para eso. Debía hacerle entrar en razón. Me separé de él— Alec y Reina son socios, he venido a buscarte para investigar a fondo todo esto. Ya deja de martirizarte cuando no eres el culpable. Jace si alguna vez confiaste en mí —bufó— te pido que lo hagas ahora, sé cómo sacarte de aquí. Jonathan nos está esperando fuera lista para marcharnos. Ayudé a Jace a escapar de aquel inhóspito lugar. Una vez establecidos en un hotel. Aquello tenía tres habitaciones, una pequeña sala adornada con un sofá negro y un pantalla plana gris. Aquel estilo neobarroco me parecía exquisito pero estaba agotada y fui directo a la cama. Me dormí inmediatamente.

Cuando abrí mis ojos estaba todo obscuro y sentí como alguien canturreaba a mi oído y acariciaba mi cabello.

Jace —susurré. Él siguió canturreando y amaba su voz.

Clary ¿por qué?

Jace yo… yo te amaba más que a cualquier otro chico. Por Alec sentía cariño y me gustaba pero siempre he estado enamorada de ti pero para ti siempre fui tu amiga. Tu mejor amiga y yo intenté enamorarte pero fue en vano. Siempre fueron más importantes las otras y me dolía Jace.

Clary —susurró.

¡Shhh! Déjame terminar —suspiré—. Siempre has sido importante para mí y quería, de verdad quería que tú fueses mi primer chico y el último. Soñaba con aquello pero tú siempre me habías evitado, no querías eso de mí o eso me demostrabas. Me dolía fuertemente tu indiferencia, por eso cuando Alec se acercó a mí, él me enamoró Jace. Él me trataba como una princesa. Yo no sabía que era para vengarse de ti pero conmigo él fui el mejor de los novios, conmigo fue lo que yo quería de ti y eso me gustó. Me sentí querida, amada y deseada. Alec se ganó eso de mí y estaba feliz porque nadie me había demostrado amor y él lo hizo. Es obvio que es una farsa pero así sucedió —Jace no dijo nada, suspiró y me abrazó. Mis lágrimas caían, su respiración y mi sollozos era lo que se escuchaba en aquel lugar. Jace levantó mi mentón y me besó. Yo correspondí a su beso.

Siento no haber actuado antes —siguió besándome y me dejé. Dejé que me amara y mostrara su amor. Me entregué a él en cuerpo y alma.

—Clary, Clary —escuché como chasqueaban unos dedos frente a mí. Salí de mi ensueño y le miró a los ojos— ¿soñando otra vez?

—Lo siento, recordaba cuando te fui a buscar al recinto aquel —él suspiró cerrando los ojos, me imaginé que no querría recordar aquel obscuro lugar— y nuestra primera vez —susurré esto último —sus ojos llameaban y vi el deseo en ellos. Gemí. Hace mucho que no tenía relaciones y verlo así, me excitaba totalmente.

—Lo recuerdo, el mejor sexo de mi vida. Nunca le había hecho el amor a alguien hasta que te lo hice a ti —soltó de golpe. Aquello me hizo sonrojar y arder del deseo.

—Jace no vine aquí para esto —dije rápidamente, no quería que aquella visita tornara otros planes.

—Lo sé —gruñó—. Viniste a disculparte con este —señaló la tumba de Alec. Aquel cementerio estaba desolado, solo estábamos nosotros. Vi la placa que adornaba y decía que aquel chico que conocí y a quien le entregué mi virginidad estaba muerto.

—Aquí yace Alexander Gideon Lightwood Trueblood, hijo amado, hermano imparable. Jugador de fútbol —dijo Jace.

—¿Te arrepientes? —pregunté.

—No, no me arrepiento —suspiró. Jace se tornaba pensativo y caí en cuenta que recordaba al igual que yo lo que sucedió aquel verano. Semanas antes de graduarnos, buscamos a Reina y la hallamos en un pub donde era dama de compañía. Jon pidió su servicio y ella le esperó en el mejor hotel de la ciudad. Ella llegó elegantemente vestida con un sobretodo pero cuando se lo quitó pudimos notar que solo llevaba liguero negro que se transparentaba. Ella exudaba sensualidad y entendí por qué todos los hombres querían con ella.

Hola soy Reina Seelie —dijo.

Jonathan —dijo mi hermano—. Baila para mí —le dijo. Yo volteé mis ojos y quise salir, Jace me detuvo. Me molestó aquello, me dio celos. Jace sonrió y me besó.

No es que la quiera ver hacerlo. Te quiero y deseo solo a ti Clary, pero necesitamos saber cómo se siente segura frente a un hombre. Dudo que después de una violación alguna chica quiera dar semejantes espectáculos.

Lo sé pero no quiero que tu veas —él sonrió. Lo alejé y lo besé, tenía que entretenerlo de alguna manera.

Celosa —me dijo y luego me dio un beso casto—. Mejor interrumpimos o tu hermano terminará follándotela y al menos que desees sobrinos… —no dijo más. Salí corriendo para detener aquello. Reina me observó y frunció el ceño.

Los tríos son más caros —ironizó burlona. Aquello hirvió mi sangre, me acerqué a ella y la bofeteé— y el sadomasoquismo no lo practico —dijo seria.

Cállate Reina —salió Jace de la habitación.

¿Tú? —sus ojos parecían desorbitado y aquello me causó risa— ¿qué quieren? —dijo vistiéndose.

Háblanos de Alec y lo que supuestamente lo que te obligó a realizar. Aunque eso es mentira porque de serlo no estarías desnuda frente a un desconocido y dudo que Jon sea el primero —Jon rió ante el comentario de Jace.

Contaré todo si me dejan en paz, si ya ustedes, sus familiares me dejan vivir mi vida —pidió. Jon, Jace y yo nos vimos a la cara y asentimos.

Bien —respondió Jace—. No prometemos dejarte en paz todavía. Depende de lo que cuentes, podrías considerarlo porque tú debes ir a contar esto frente a mis padres y no escaparás. Por tu bien y el de Alec, no escaparás y no le dirás nada. Porque a diferencia de nosotros, Alec si es capaz de matarte y tú lo sabes Reina —ella tragó duro y asintió.

No tengo otra salida —dijo y sobó su sien—. Yo conocí a Alec recién él había iniciado la secundaria. Vivía deprimido y al parecer en su casa nadie se fijaba. Él entró en un bar y lo sacaron a patadas de allí. Desde niña he vendido o traficado con drogas. Mi vida está acababa desde niña. A los nueve años fui drogada y violada por mi padrastro y en vez de salir de este mundo. Me adentré. Gracias a mí muchos jóvenes han caído en este mundo y no me arrepiento. Con Alec no fue la excepción, comencé dándoles porros, luego LSD y luego le inyectaba heroína. Siempre he mantenido a mis clientes satisfechos con droga y sexo. Consumir me pone y casi siempre consumo con mis hombres. Bueno también mujeres —dijo y me guiñó un ojo. Aquello me asqueó y ella rió—. Alec siempre necesita consumir, y en aquella época no era la excepción. Así que siempre le daba éxtasis en pastillas con caritas felices de todos los colores. Hasta que lo descubrieron y lo enviaron al centro ese donde te enviaron a ti —dijo señalando a Jace.

»Después de eso él regresó a mí, siempre regresan a mí —sonrió nostálgicamente—. Le enseñé a moderarse, le dije cómo debía esconder la droga y allí recurrió a su actual novia, a Camille. Ella soportaba sus maltratos y él dejaba allí sus cosas, así que allí se drogaba y tenía sexo. Cuando se le acababa venía a mí y eso estuvo bien. Hasta que un día me dijo que necesitaba mantenerlos alejados a ustedes —dijo señalando a Jace y a mí—. Dijo que necesitaba mi ayuda, que debía seguirte Jace y hacerte caer en el mundo de las drogas, hacerte alejar del fútbol, pero hubo una diferencia, a ti la droga no te engatusó. Tú solo querías el LSD por un rato y luego sexo, a veces solo me drogaba yo y tú me follabas, por eso cuando te inyecté otra dosis que para cualquiera hubiese sido normal, tuviste la sobredosis y me culpé. Alec me obligó a contar todas esas mentiras Jace. Nunca me había arrepentido de dañarle la vida a alguien hasta que te conocí. Jace no me violaste, yo acepté ir y hacer aquello. Alec se burló, te maltrató físico y mentalmente pero me asusté cuando te vi a punto de morir y me aterré. Quiero salirme del mundo de las drogas y acepté ser esto, dama de compañía. Quiero tener el dinero suficiente para irme de aquí, del país —aquel relato me dejó tiesa, helada y no fue solo a mí. Jon y Jace parecían que querían vomitar, aquello daba asco. Después de eso y acordar un plan, decidimos que una semana después del baile de graduación sería el momento ideal para enfrentar a Alec. Solo que aquello no resultó como esperábamos.

—¿Crees que de no haberlo enfrentado él seguiría vivo? —pregunté.

—No lo sé —suspiró cabizbajo.

—Me duele esto Jace.

—No solo a ti —Alec había muerto en un accidente de carro después que lo enfrentamos. Recuerdo que le invitamos a una reunión en mi casa. Él fue con Camille y ella estaba embarazada. Los observé atentamente y tuve que contener mis lágrimas para no dar lástima en aquel momento.

Regresaste Clarissa —dijo sonriente. La tensión del lugar era notoria—. Trajiste a Jace. Hola hermanito, pensé que te pudrirías en aquel asqueroso e inhóspito lugar —dijo con furia—. ¿Has estado todo este tiempo con él? —gruñó. Aquello me pareció descabellado considerando que él tenía a Camille con él.

No seas hipócrita, que no me había ido cuando ya estabas con ella —dije señalándola. No era que me molestara que estuviese con ella, me molestaba el descaro con que me reclamaba mi ida y vuelta con Jace.

Ay Clarissa, te salvas porque no estás sola conmigo —dijo frío y aquello me asustó. Desconocía aquel chico frente a mí. Tenía miedo.

No vinimos a esto. Camille aléjate de él, no creas lo que sea que te haya dicho. Él volverá a lastimarte.

¡Cállate! —gritó.

Sé lo has estado haciendo, sé que por tu culpa perdió su primer bebé. Sé lo de las drogas y lo que le hiciste a Jace. ¿Por qué no odias tanto Alec? ¿Qué te hicimos?

¿Quién mierda te metió eso en la cabeza?

No mientas más. Encontré a Reina, hablamos con ella —nos señalé a Jace y a mí—. Además, no me fui a buscar a Jace, me fui huyendo de ti —grité.

¿Qué? —tartamudeó.

Sí, no te hagas el loco. Leímos tu carta Camille —soltó Jace. Todos nos tensamos y me mordí los labios inmediatamente. Camille palideció y empezó a temblar.

¿Qué? —susurró Alec. Volteó a verla y su cara enrojeció de la rabia— me traicionaste —escupió aquello.

Alec yo…

¿Tú qué? Yo creí en ti y tú me traicionaste Camille. Eres una perra mentirosa.

Alec no te atrevas.

TÚ CÁLLATE LA MALDITA BOCA —gritó enfurecido. Se paseó de un lado a otro, Jace y yo estábamos alerta. Temía por la vida de ella y su hijo—. Te amaba Camille y ahora destruiste todo. Te odio —dijo lentamente y ella lloró. Vi su corazón partirse en aquel momento. Pero no todo quedó allí, Alec fue a la cocina y trajo consigo un cuchillo y la amenazó. No nos quedó de otra que dejarla ir con él. Sabíamos que si no actuábamos rápido ella moriría y él quedaría libre porque de alguna manera él siempre conseguía culpar a otro por sus fallas. Jace y yo salimos después en su búsqueda pero lo que encontramos fue un auto destrozado. Nunca podré olvidar aquella imagen. Alec había muerto.

Jace —lloré. Alec había pegado frente a un poste de luz, su cuerpo estaba sobre el capó del carro. Nosotros habíamos corrimos en su auxilio pero era tarde. Nos enteramos que había muerto instantáneamente. Aquello destrozó a esa familia y no era para menos. Él era la estrella, él tuvo lo que deseaba. Obtuvo la beca por la cual peleaba con Jace, se coronó rey del Instituto, ganó el campeonato de fútbol intercolegial pero sobre todo, tenía la aprobación de su padre.

Camille llegó viva al hospital, cuando se enteró que Alec había muerto quiso morir inmediatamente pero le recordé que estaba embarazada. Ella me odiaba, me culpaba de la muerte de él. Ella terminó aquellos meses restante hospitalizada y luego murió. El parto se complicó. Aquellas muertes, aquellas tristezas me habían partido el alma y deseé irme de allí y eso hice, me fui. Huí nuevamente. Era una cobarde.

—Es horrible pensar en eso —dijo, yo solo asentí—. ¿Huirás nuevamente Clarissa?

—Jace yo…

—No huyas de mí.

—No es eso lo que pensaba decir —suspiré—. Jace no te he podido olvidar, te he extrañado como loca. He extrañado estar para ti y que tú estés para mí.

—Te amo Clary —dijo. Me abrazó fuertemente como temiendo que huyera nuevamente de él pero ya no lo haría, estaba cansada de huir, estaba cansada de correr y dejar a los que verdaderamente me aman.

—¿Cómo está él? —pregunté.

—Grande —respondió. Jace decidió hacerse cargo del hijo de Camille y Alec, de alguna manera sentía que se lo debía. Yo no me opuse—. Es inteligente, dinámico.

—¿Cómo lo llamaste? —cuando murió Camille, corté lazos con esa familia. Simon era quien de vez en cuando me contaba algunas cositas y le paraba antes de que siguiera. Por él supe que Jace había adoptado al pequeño pero no quise saber el nombre. No hasta ahora.

—Stephen —dijo sonriendo— como mi padre —asentí. Nos fuimos de allí agarrados de la mano. Esta vez no pensaba huir. Esta vez sería feliz con Jace.

Fin.


Falta el epílogo y listo.

Les advertí que alguien moriría y así pasó.

P.D.: Está sin editar, recién terminado, recién subido. Así que si ven algún error. Solo deben avisar. Me gusta aprender de mis errores.

¡Saludos!