2. Plata
La estancia no era demasiado grande, y el hecho de estar totalmente desordenada no ayudaba en absoluto a mostrar el verdadero potencial de esa habitación. Se trataba de un cuarto rectangular con un gran armario que llegaba al techo, al lado una silla y un escritorio con su correspondiente capa de papeles desordenados, bolígrafos esparcidos, migas de restos de comida y algún que otro envoltorio de chocolatinas. El suelo no ofrecía un panorama mucho mejor. Debía de ser bonito, unas finas láminas de parqué color avellana a juego con el resto de la casa se extendía por toda la estancia, pero por supuesto, si mirabas al suelo no sería eso lo que verías. En cambio podrías contemplar una gran variedad de ropa arrugada y esparcida ocultando el hermoso suelo, como si un terremoto hubiese hecho caer todo el contenido del armario y después una manada de elefantes lo hubiese pisoteado. Al lado del escritorio había una papelera a rebosar de papeles arrugados, que en su día fueron apuntes tachados e intentos de ejercicios de matemáticas, física y otras monstruosidades científicas. Al fondo había una cómoda con varias estanterías, arriba, ocupadas únicamente por discos de música y un potente equipo con dos altavoces por los que rugía Linkin Park. Abajo había varios cajones en los que se suponía que debía ir la ropa que no entrase en el armario, pero ésta había encontrado un lugar mucho más interesante en el que quedarse…
En frente de tan corriente mobiliario encontrábamos una cama con las sábanas totalmente arrugadas y echas un burruño a los pies de la susodicha cama. Encima encontrábamos dos cosas que no debían ir allí. Primero toda la ropa que debería estar ordenada en la cómoda, y después, un rubio tumbado boca arriba, con las manos apoyadas entre su cogote y la almohada. Sus ojos azules estaban fijos en la lámpara que colgaba del techo, sin duda el chico parecía estar manteniendo una lucha en el interior de su cabeza.
Hinchó sus mofletes con aire y lo fue soltando poco a poco a través de sus carnosos labios, sonando como una pedorreta. – ¿Qué hago?, ¿la llamo? – Esa era la pregunta del millón. Habían pasado ya tres días desde su encuentro con la rebelde y divertida Tetra, y mentiría si no dijera que la idea de volver a verla no le hacía ilusión, es más, se había tirado los últimos días pensando en ella.
-¡Link! ¡Baja esa maldita música! – La voz sonó amortiguada por el volumen de la música y la puerta cerrada, pero sabía de sobra que ninguna de las dos era excusa para decir que no la había entendido. Esa estridente voz se habría oído hasta en el fin del mundo… de ahí era de donde procedía su madre, o al menos eso pensaba él. – ¡Y ven para acá que tienes que hacer la compra!
-Tsk… - Chasqueó molesto la lengua. Ni un por favor ni un gracias, y luego querían respeto. Estos adultos son de lo que no hay. Se incorporó de la cama y se quedó sentado, colgando las piernas por el lateral de la cama mientras estiraba sus brazos hacia arriba. – Ya voy.
Cogió el mando que estaba bajo la almohada y apuntó al equipo de música, bajando el tono de la canción que ahora sonaba. Se puso de pie y se rascó la nuca ante el panorama que tenía enfrente. Quizá su madre tenía algo de razón en lo referente a su habitación. Pescó unas bermudas blancas de entre su amplio repertorio de ropa por el suelo y se los puso encima de los boxers. Lo cierto es que con cuanta menos ropa te fueras a la cama mejor dormías, y eso Link ya lo sabía. Vio una camiseta verde olivo asomar entre la inmundicia y sonrió, era su camiseta favorita, no solo por el color, sino porque por delante, escrito con letras doradas se podía leer "I'm your hero".
Salió de la habitación y fue directo al baño, donde se refrescó la cara con agua y se echó desodorante. Bajó corriendo las escaleras a la planta baja y fue directo a la cocina. Allí estaba su madre, preparando la comida. Cuando se dio la vuelta le echó una mirada reprobatoria y señaló con la barbilla a la mesa de al lado. – Ahí tienes la lista y el dinero. No tardes.
Si algo odiaba Link, más incluso que la contaminación, eso eran las miradas que su madre le echaban. Eran miradas de pura decepción, como si cada paso que diese había sido la peor decisión posible. No había palabras de ánimo para él, consejos o críticas constructivas, no, solo miradas cortantes y órdenes impersonales.
Cogió el dinero y salió de casa bastante molesto. Según bajaba fue refunfuñando cosas como "otra vez de criado" o "esto sólo me pasa a mí". Si fuera 60 años más mayor podría pasar perfectamente por el perfil de viejo gruñón. Compró rápidamente lo que le habían mandado, no sin antes lanzar miradas insinuantes a todas las mujeres hermosas que le miraban, y le respondían con una corta risita o un bufido y miraban a otro lado. Eso último le recordó algo, mejor dicho, a alguien. Sacó su móvil del bolsillo y buscó en la agenda por la letra T. Antes había dudado, pero gracias al encuentro con su madre, todas se habían disipado, necesitaba desconectar.
Sonaron dos pitidos antes de que una seca voz respondiera. - ¿Diga? – Link no pudo reprimir una sonrisa, sin duda ese tono solo podía ser de ella.
-¿Así respondes siempre cuando llaman al teléfono? ¿No se espantan todos los chicos? – Dijo él en tono de burla.
-Ohh, pero si el guapete se ha dignado a llamar. – Dijo ella fingiendo estar molesta, aunque realmente se alegraba de oír al fin su voz. Después cambió su tono a uno más comprensivo, como si hablase con un discapacitado. – Pensé que lo de la servilleta era demasiado elaborado para ti.
-¡Oye! Te estoy llamando ya ¿no? Deja de ser tan pelma. Estaba ocupado. – Mintió él, haciéndose el interesante y ocultando que se había tirado los últimos dos días pensando en ella.
-¿Ocupado?, ¿con quién?, ¿la camarera del otro día? – Preguntó Tetra intentando mostrar indiferencia, aunque con su naturaleza curiosa le resultaba muy difícil ocultarlo.
-La cama… ¿Qué? ¿De quién hablas? – No sabía de qué narices estaba hablando. De pronto recordó y soltó una carcajada. – Ahhh, ella… No, no con ella, no estaba a la altura.
-Ohh, vale, chico duro, lo que tú digas. – Respondió ella amortiguando una pequeña risita. Link creyó no haber oído bien, porque le pareció un sonido maravilloso. Nada que pudiera hacer esa borde. – Bueno, y ¿qué te cuentas?
-Pues nada en especial, me preguntaba cómo estabas y tal. – Ahora parecía un idiota, había estado pensando dos días si llamarla o no, y no había pensado que decirle. Según caminaba de vuelta a casa se maldijo a sí mismo. – Y ¿tú?, ¿todo bien con tu padre?
Debió de tocar su fibra sensible, porque la chica soltó un bufido y respondió secamente. – Prefiero no hablar del tema. – Estúpido, ¿cómo se le había ocurrido preguntarle eso?, y más aún por teléfono. – Entonces, ¿haces algo esta tarde?
Link agradeció mentalmente que ella hubiese cambiado de tema, arreglando la estupidez que él había conseguido lograr en un segundo. Mientras caminaba por la calle vio como por el paseo marítimo estaban preparando un mercadillo ambulante y se le iluminó la bombilla. – Pues la verdad, es que ahora que lo dices sí. Creo que esta tarde montarán un mercadillo en el paseo marítimo. ¿Qué te parece si vamos? – Le había quedado perfecto, como si lo hubiera planeado, sonrió satisfecho mientras mentalmente narraba "asistencia y…".
-Ohh. – Le había pillado por sorpresa, por un momento pensaba que el chico no había pensado nada, cosa que no le extrañaba viendo lo dejado que era. – Vale, por mí perfecto. ¿Nos vemos a las 7 en el kiosco de la esquina?
"Goool de Link". – Vale, nos vemos esta tarde, chao. – Respondió él, y tras oír la respuesta de ella al otro lado colgó.
La calle estaba muy transitada, era un vaivén continuo de gente. Ancianos, jóvenes en grupo, parejas con o sin niños. Todos parecían disfrutar del ambiente que se había formado a lo largo de la acera. A Tetra siempre le había gustado el bullicio, estaba acostumbrada a su ciudad, con sus coches, su tráfico, su ruido… y aunque en parte agradeciera la paz y la tranquilidad que este pueblo ofrecía, no podía evitar sentirse descolocada. Por eso, aunque solo fuese un momento, disfrutó del jolgorio que ese mercadillo había conseguido formar. Y si encima a eso le sumabas el hecho de que estaba colocado en el paseo marítimo y que con solo mirar a un lado podías perderte en la inmensidad del mar, la hacía estar aún más cómoda.
Se apoyó en el kiosco cerrado y miró su reloj de pulsera. Las siete y cinco. Llega tarde. Miró al mar y dejó que la brisa le desordenara los mechones que le caían por delante de la oreja en forma de rayo. No es que su pelo le gustase demasiado, es más, en vez de dejarlo suelto y libre lo tenía todo recogido en un moño, sin duda resultaba más práctico. Pero una cosa no quita a la otra, por mucho que le pareciera un contratiempo llevar el pelo largo, lo cuidaba con mucho cariño. Siempre lo tenía suave y libre de enredos, era una chica al fin de cuentas, y se cuidaba por su aspecto, aunque tampoco era su mayor preocupación.
Se echó un último vistazo a la ropa que había cogido. Llevaba una camiseta blanca con rayas negras que se ajustaba a sus curvas, acompañado con un pañuelo rojo que llevaba alrededor del cuello. Con ello llevaba unos vaqueros cortos que le quedaban por encima de la rodilla y dejaban ver sus bonitas piernas. Le sorprendió el hecho de haber tardado tanto en elegir la ropa, normalmente esa tarea no le ocupaba más de dos minutos, pero ese día sentía la necesidad de verse bien, no sabía porque, pero algo en su interior se lo pedía.
Cuando levantó la vista vio a un chico rubio de ojos azules acercarse a ella con una estúpida sonrisa en los labios. Llevaba una camiseta verde con la frase "I'm your hero". –Tsk… mi héroe – Comentó ella en tono burlón cuando estaba lo suficiente cerca como para oírle. – Aunque el malo ya ha vencido, porque llegas tarde.
-Hahaha, vale, vale, es culpa mía. – Se disculpó, lo cierto es que al ver lo guapa que estaba se había quedado mudo y no le había tiempo para inventarse una excusa como por ejemplo que a su madre la habían ingresado en un psiquiátrico, u otras más simples como que había perdido el bus así que optó por la verdad. – No encontraba la llave de casa.
-¿La llave? ¿No serán las llaves? – Preguntó extrañada, no se le escapaba una.
-No, las demás las tenía en el bolsillo. – Respondió sacándose dos llaves sueltas del bolsillo, y después una más. - ¿Ves? Ésta es la culpable.
-¿Qué? – No podía ser, el chico que tenía delante no podía ser tan idiota. – ¿Y el llavero?
-¿Llavero? – Preguntó espantado. – Siempre pensé en comprarme uno, pero son todos feísimos, cuando encuentre uno que me gusté lo compraré.
-Tsk… eres increíble… - Susurró ellas sin terminar de creérselo y se giró encaminándose al mercadillo. – Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos ya?
-Claro. – Se metió las manos en el bolsillo y comenzó a seguirla en ese mar de gente.
Ya después de una hora andando el chico empezó a replantearse si había sido buena idea llevar a Tetra allí. Corría arriba y abajo, observando con atención todos los productos que ofrecían esos puestos. Compraba baratijas inservibles y le ofrecía algunas a él. A la media hora, Link ya tenía medio antebrazo cubierto de pulseras. "Lástima, éstas en cuanto me las quite se me perderán en la habitación" pensó mirando las pulseras con compasión. Pero sin duda lo que más le sorprendió fue ver como se desenvolvía en ese ambiente tan cargado y agobiante, todo lleno de gente hablando y caminando de un lado para otro. Es más, él estaba empezando a agobiarse de todo ello y si a eso le sumabas el dolor de pies solo aumentaban el impulso de salir corriendo a la playa.
Tetra por su parte no tenía tiempo de hacer esas reflexiones tan profundas sobre su alrededor. No podía creer que esos pobres comerciantes vendieran cosas tan interesantes. Había todo tipo de pulseras, había visto de cuentas, de conchas, o simplemente de tiras de cuerda trenzadas. Eran preciosas. No se había olvidado de Link, su fiel compañero que le seguía como un perrito entre tanta gente. Le compró unas poquitas, sólo las que ella consideraba mejores. Tampoco había tenido la necesidad de contenerse en lo que a comprarlas se refiere, eran una ganga, 3 por 1 rupia. Entre tanta gente se sentía en su salsa, parecía como si hubiera vuelto a Hyrule, y no pudo reprimir una sonrisa, quizá se llevase Link allí algún día.
Se dio la vuelta para buscar al susodicho pero no lo encontró, giró sobre sí misma y se puso de puntillas, intentando agrandar su campo de visión. A unos pocos metros encontró al chico en la misma posición que ella, se había perdido. Tenía una cara confundida, y la buscaba ligeramente agobiado. Tetra lo miró con cariño y fue a su encuentro.
"Estupendo, la he perdido" pensó Link mientras buscaba a Tetra con la mirada. Solo había sido un segundo, llevaba toda la hora detrás de ella sin perderla de vista, o eso había sido hasta que un par de abuelas del tamaño de un autobús se habían interpuesto entre él y su amiga. Para cuando consiguió desquitarse de las dos señoras y sus extrañas conversaciones sobre las manías que tenía la vecina ya era demasiado tarde, la había perdido de vista. Suspiró con pesar mientras estiraba el cuello para ver a través de todo el gentío.
-¿Estás buscando a tu mamá? ¿Te ayudo a buscarla? – Oyó una voz burlona detrás de él que conocía perfectamente. – Parece que no puedes seguir mi ritmo.
-Ya bueno, eso díselo a las dos damiselas que me cortaban el paso. – Contestó Link con ironía mientras señalaba con pulgar hacia atrás. – Te ves en tu salsa, correteando como una cabra loca de tienda en tienda.
Tetra echó una rápida mirada a donde señalaba Link, y tras ver a las dos pobres ancianas suspiró. ¿Qué diablos le ocurría? ¿Qué narices le importaba a ella si las chicas hablasen con él? Era un chico guapo, seguro que tendría novia y todo. Apartó esa idea de la cabeza rápidamente e ignoró la puya que Link le había lanzado. Miró sus claros ojos azules y le alargó la mano. – La cosa es que te veías totalmente perdido, vamos juntos ahora, ¿vale?
El chico se sorprendió por la actitud de ella, normalmente era ella la que siempre acababa la sucesión de comentarios hirientes. Se sacó una cálida sonrisa y le cogió de la mano. – Por supues… - No pudo continuar porque la chica ya tiraba de él para visitar el siguiente puesto.
Pese a la velocidad que habían cogido por culpa de la "loca de los mercadillos", Link disfrutó mucho más de esa segunda parte del viaje. Era increíble la de pequeñas tonterías que esa gente vendía, unas más elaboradas, otras mucho menos.
Como no, Tetra se paró frente a un puesto en el que estaban colgados unos bolsos de piel. Se fijó especialmente en uno que pese a ser igual que el resto, o eso pensaba Link, tenía dos letras marcadas en lo que parecía ser oro, D y G. "¡Qué cosas! Un Dolce & Gabbana de verdad en este mercadillo" pensó Link viendo lo obvio.
-¡Ohhh! Un Dolce & Gabbana. – Tenía los ojos abiertos como platos y su boca con una mezcla de asombro e ilusión. Buscó al vendedor, un hombre de tez oscura con dos dientes de oro y vestido con un chaleco raído y unos pantalones que debían tener más años que esa estúpida falsificación. Le miró con los ojos chispeantes y le preguntó. - ¿Cuánto vale?
El vendedor se la quedó mirando y soltó sin ningún reparo. – Treinta rupias.
Link sonrió ante la desfachatez de ese estúpido estafador. Treinta rupias, ja. Ella no sería tan estúpida como para comprarlo, o eso pensaba. Tetra se dio la vuelta y rebuscó en su monedero. –Oye, no estarás… - Empezó a decir Link con cara aterrada. ¿Acaso era el único que veía lo absurdo de la situación?
-Calla. – Interrumpió ella sin mirarlo. Su ceño estaba fruncido y parecía estar tratando de encontrar un compartimento secreto en ese monedero. – Mierda, solo tengo veinticinco rupias.
Link la miró como el que mira un perro verde, y como buen hombre asumió. Se acercó a su oído y le susurró. – Sígueme el rollo. – Y se dio la vuelta encarando al vendedor mientras cogía a Tetra por la cintura. Levantó la voz y anunció. – Para nada muñeca, no me gasto treinta rupias en ese bolso que no vale ni veinte.
Tetra le miró asombrada. ¿Muñeca? ¿Y esa mano? Justo cuando iba a darle un coscorrón en la cabeza él la miró y le guiñó un ojo. Entonces recordó lo que él le había dicho hacía un momento e hizo su papel. Arrugó la frente y puso morritos.
Según iban alejándose, Tetra comenzó a pensar en lo que se proponía Link. ¿Por qué hacía eso? Le gustaba ese bolso, e igualmente algo no encajaba. ¿A qué venía ese numerito con el vendedor? Tuvo su respuesta justo un segundo después. – Veinticinco. – Dijo el vendedor levantando una de sus sucias manos en señal de "stop".
Link se dio la vuelta y miró de soslayo a Tetra, ella tenía la boca abierta e iba alternando su mirada en Link y luego en el vendedor. – Y eso se llama regatear, guapa. – Le susurró en el oído con el tono más cool que pudo. Se sentía genial "un minipunto para Link" se dijo a sí mismo. Aunque por otra parte era comprensible, una chica de ciudad como Tetra, que estaba acostumbrada a comprar las cosas por el precio que ponía en la etiqueta no sabía que esta gente contaba con ello y si quería ganar dinero tenían que empezar con precios desorbitados.
-No. – Dijo Tetra sorprendiendo a todo el mundo. – Mi chico dice que veinte. – Y se dio la vuelta arrastrando a Link con ella.
-Vale, vale. – Asumió el vendedor. – Veinte.
Ahora era Link el que se había quedado pasmado y Tetra la que le guiñó el ojo. – Me gusta este juego.
Sacó sus veinte rupias del monedero y pagó al vendedor. Cogió su bolso nuevo y se lo colgó del hombro. Link seguía su ritmo a su lado. - ¿Cómo has…?
-Aprendo rápido, guapo. – Contestó burlonamente, sobre todo con la palabra guapo. – Me dijiste que te siguiera el juego, ¿no?
A cada momento que pasaba con ella le gustaba más. Miró al frente y se pasó la lengua por su labio superior. La tarde estaba mereciendo la pena.
Por su parte, Tetra no había pasado por alto el detalle de que Link aún seguía con el brazo alrededor de su cintura. Sonrió para sí y omitió el detalle de mencionárselo.
Ya solo iban paseando, sin prestar atención a los puestos, disfrutando de la compañía del otro, hasta que algo llamó la atención a Tetra. Arrastró consigo a Link hasta un puesto en el que vendían baratijas de plata. Ella se fijó en un collar en especial. Estaba compuesto por tres triángulos puestos uno encima y dos debajo formando un triángulo más grande con otro triángulo pequeño y vacío en el medio.
-La Trifuerza… - Susurró Tetra. La Trifuerza era un símbolo mágico que aparecía en las historias que su padre le contaba de pequeña. Siempre sintió una atracción especial hacia ella, como si necesitara protegerla. - ¿Cuánto cuesta?
Aun sin haber oído nunca hablar de ella, Link posó su mirada en ese collar. Le resultaba familiar, como si ya lo hubiese visto antes. Le infundía un profundo respeto, y una gran sensación de poder. – Cuarenta y dos rupias. – Contestó el vendedor, éste tenía una nariz ganchuda y se había quedado sin pelo hacía ya mucho. A Link no le sorprendió, estaba claro que era plata, no podía esperar menos por un collar de semejante tamaño.
-Pfff ni que estuviera comprando un barco. – Respondió Tetra indignada. Buscó el apoyo de Link en su mirada, pero éste sacudió la cabeza con pesar. Ella miró hacia abajo y volvió a tirar de él, para luego quitarle el brazo de su cintura y ponerse a andar.
Estaba molesta, ¿por qué no le había apoyado esta vez? Seguramente no podría haber bajado demasiado el precio, pero con que bajase algo y él pagase la diferencia podría haberlo comprado. Ya le devolvería el dinero más tarde, ¿no? Pues no, él solo había sacudido la cabeza. "Estúpido, seguro que le molestó que me saliera tan bien lo del bolso". Mientras ponía verde a su compañero levantó la vista y le buscó. No estaba. ¿Se había ido? ¿Lo había dejado atrás? De pronto la culpabilidad se hizo con ella.
Bajó un poco la vista apenada y vio como un niño se acercaba disimuladamente a un hombre que caminaba despreocupado y le sacaba la cartera y las llaves del bolsillo. Tetra abrió los ojos ante la picardía del chico y lo siguió.
Estuvo caminando un par de minutos tras él hasta que le dio alcance. – ¿Te parece bien robar, jovencito? – Aunque ella no precisamente corpulenta, el chico no dejaba de ser un niño de unos ocho años y se sintió intimidado. – Dame. – Dijo alargando la mano. El niño depositó el botín en su palma y ella lo miró con atención.
-¿Sabes? Te ahorraré el mal trago de tener que pedir disculpas y se lo daré yo, ¿vale? – Siguió ella, esta vez con un tono más cariñoso. El niño solo asintió y salió corriendo.
Tetra se dio la vuelta en busca del pobre hombre al que habían robado sin darse cuenta y entonces reparó en las llaves del hombre. Las llaves daban igual, pero estaban sujetas por una anilla acompañada de un llavero con forma de escudo. Era pequeño y plateado, tenía grabado el símbolo de la familia real de Hyrule y la Trifuerza.
Con picardía, liberó las llaves de la anilla y se guardó el llavero en su bolsillo trasero. Después encontró al hombre y le devolvió todo lo demás, le dijo que había visto como un niño trataba de robárselo porque debió de llamarle la atención su llavero. Es más le comentó que vio como el niño sacaba el llavero y tiraba lo demás al suelo, así que ella como buena testigo lo cogió del suelo y se lo devolvió. El hombre debió de haberse sentido satisfecho con tal trola porque sonrió como un estúpido y le dio las gracias. La chica le sonrió de vuelta y volvió a buscar a Link.
"A ver, piensa como un hombre, llevas tres horas en un mercadillo, ¿adónde iría?". De pronto sonrió para sí y caminó decidida hacia el final del mercadillo. Efectivamente, allí estaba, sentado en un banco con cara de resignación. Su mirada cansada se posó en ella y de pronto cambió a una más alegre.
-Con que estabas aquí, ¿eh?- Dijo ella jovialmente ignorando el hecho de que la culpa era de ella.
-Es lo que pasa cuando la chica con la que vas se enfurruña y se pira. – Su voz tenía un matiz de reproche, pero no estaba enfadado. – Estaba preocupado.
-Vale, vale… lo siento. – Se disculpó ella sin darle mayor importancia. Después metió su mano en el bolsillo trasero y le entregó el llavero con una coqueta sonrisa. – ¿Me perdonas?
Link miró con asombro el llavero. Era una pasada. Un escudo medieval, sí, pero menudo escudo. Tenía pequeños dibujos formados por cenefas, pero lo mejor era el símbolo de la Trifuerza que estaba acompañado por un pájaro rojo con las alas abiertas.
-Ohh, muchísimas gracias. – Sonrió Link alegremente, se levantó y abrazó a Tetra.
Em… ¿Vale? Es verdad que era un llavero y él un imbécil sin uno, pero, ¿era necesario eso? No es que le incomodase el contacto con el chico pero le parecía algo exagerado. De pronto oyó un clic y algo frío sobre su pecho. Link apartó de ella dejando que viese lo que le había colocado en el cuello. Palpó con la yema de sus dedos algo triangular.
Bajó la vista y se encontró con el collar que había visto antes en aquel puesto. Abrió los ojos de sorpresa y soltó un grito. Pegó un salto y se colgó al cuello de Link abrazándolo con fuerza. Se acercó a su oído y susurró con los ojos cerrados. – Gracias.
A Link le tomó por sorpresa la reacción de la chica pero no se quejó, es más, se sonrojó levemente al notar el aliento de la chica en su oreja. Cuando ella se bajó Link miró a otro lado intentando ocultarlo aunque no era necesario. Tetra contemplaba entusiasmada su nuevo regalo. Un chico al que apenas había conocido el día anterior había demostrado tener más confianza en ella de lo que muchos compañeros suyos habían tenido en años. No pudo reprimir una lágrima que rápidamente se quitó con el dedo. Miró con infinito cariño a Link y se acercó a él, depositando un ligero beso en sus labios.
El chico aún no había tenido tiempo a reaccionar cuando sonó su teléfono móvil, rompiendo toda posibilidad de escena romántica. – ¿Di… diga? – Preguntó aún en shock. Tetra no pudo hacer más que soltar una risita ante la actitud del chico. – Va… vale, ahora voy.
Link colgó el teléfono y encaró a Tetra, que en ese momento la miraba expectante. – Es… mi madre, dice que es importante… pero yo…– Trató de explicar el chico.
-Shhh, no te preocupes – Dijo ella poniendo un dedo en sus labios. – Llámame, Link. – Y se dio la vuelta encaminándose a la parada de autobús.
-Ahh… Claro. – Contestó él con más alegría de la que hubiera querido mostrar. – Adiós, Tetra.
El chico se dio la vuelta doblemente satisfecho. Primero le había besado, ¡a él! Y no había pasado por alto el otro detalle. Lo había llamado por su nombre por primera vez. Dos por uno. Sin duda lo suyo eran los negocios. Eso si no contabas que le había sacado cuarenta y dos rupias en su segundo día yendo con ella, y lo que costó el maldito batido de vainilla del primero. Pero a él le daba igual, era feliz.
Bueno, pues esta es la segunda parte. Cuando lo empecé solo pretendía hacer un one shot ya que era lo primero que escribía, pero me preguntaron si lo continuaría y se me vinieron varias ideas a la mente, y como ando de vacaciones y tengo mucho tiempo libre me dije ¿por qué no? Jajajaja.
Intenté plasmar como se sentían ambos, pero como chico que soy, creo que me quedaron mejor los sentimientos de Link, a casi ningún chico le gusta estar más de media hora en un maldito mercadillo jajaja. Y carteristas y demás no son leyendas urbanas, lo puedo corroborar xD Pero me pareció algo fuerte poner a Tetra a robar en plan pirata así que lo suavicé poniendo solo un poco de picardía xD Habrá tercera y última parte, que subiré cuando vuelva a casa. Un saludo para todos :3
