3. Lluvia

El cielo comenzaba a oscurecerse poco a poco cuando el sol se perdía entre las montañas, dándole al cielo un color morado y tiñendo las pocas nubes que había cerca de un color rojizo que daba la sensación de que estaban en llamas. A la altura en la que estaba el sol podía verse fijamente sin necesidad de entornar los ojos, pudiendo visualizar la grandeza del astro llameante. En el lado opuesto a las montañas se extendía el profundo mar azul. Ese día estaba inusualmente tranquilo, como la calma que precede a la tempestad. Sin duda ese era el motivo. Allá donde la vista se perdía podían divisarse unas negras nubes de tormenta que amenazaban por infundir el caos allá donde pasaran, que sería ese pequeño pueblo en poco tiempo.

En la orilla de la playa una chica escrutaba ese horizonte con la mirada perdida. Notaba como el aire mecía sus rubios cabellos a un compás que por momentos iba siendo más fuerte. Ella había pasado mucho tiempo en el mar, yendo con su padre de un lugar a otro en su barco, y sabía perfectamente que tras esas nubes se escondía una tremenda tormenta y no sería nada recomendable salir a faenar. Su padre sin embargo había abandonado el puerto dos días atrás, y conociéndolo, no volvería hasta al menos dentro de otros cinco días.

"Le pillará de lleno, idiota" pensó ella. Se lo había dicho, le había advertido que no debía salir esa semana ya que en la previsión meteorológica anunciaban fuertes chubascos y fuertes vientos de Levante (1). Pero claro, él no la hizo caso, nunca se lo hacía. Cuando bebía demasiado le soltaba cosas dolorosas, como que se parecía a la "sabelotodo" de su madre. Sí, justo esa que nunca conoció porque murió cuando la dio a luz a ella. Así es, ese era su padre, con el tacto y la delicadeza de un ladrillo.

Condujo sus afilados mechones con forma de rayos tras sus orejas y suspiró apesumbrada. De nada le iba a servir pensar en eso, además, ahora ese ya no era el único hombre en su vida. Esbozó una pequeña sonrisa cuando pensó en él mientras palpaba el colgante plateado que le colgaba del cuello. Hacía ya un mes que se habían "estrellado en la playa", y a la semana siguiente al mercadillo. Podría decirse que ese día fue un punto de inflexión en su relación. Después de ese día se llamaban a diario, para hablar de las cosas interesantes que les habían ocurrido o de simples banalidades, cualquier tontería bastaba para ello, lo que querían era escuchar la voz del otro. Además, hacían una buena combinación, ella era cortante, hiriente y con iniciativa, él sin embargo era un pasota despreocupado al que el 99% de lo que ocurría a su alrededor le daba lo mismo. Pero al estar juntos salían a la luz nuevas facetas que ellos mismos ignoraban tener. Ella ganaba un notable sentido del humor y una delicadeza inexistentes en ella hasta la aparición del chico. Por otra parte, él desarrollaba un instinto protector desconocido (ya que nada le importaba) y una habilidad para ordenar y recoger cosas que sin duda su habitación agradecía. Pero sobretodo ganó en vitalidad, gracias a ella, él había recuperado la ilusión.

Sonó una bonita canción, ella la conocía perfectamente. Fue ella misma quien la eligió. Hurgó en su bolsillo y sonrió al ver en la pantalla quien llamaba. - ¿Sí? – Preguntó con una sequedad que le sorprendió hasta a ella. Seguro que él se lo recriminaría en el momento.

-Si sigues respondiendo de esa manera voy a dejar de llamarte, así espantas hasta a las gaviotas. – Recriminó el con un notable tono de burla.

-Ja, no aguantarías ni un día sin escuchar mi voz, guapo. – Se mofó ella retándole a continuar para ver quien era más duro.

Se oyó una risa amortiguada desde el auricular - Tsk, nunca se sabe, quizá seas tú la que me llamaría al día siguiente fingiendo indiferencia o enfado por cualquier tontería. – Maldita sea, la conocía demasiado bien, no siempre actuaba como el idiota natural que era. Le preocupaba un poquito que se volviera más avispado, podría conocer a una chica más linda, más simpática, más cariñosa…

-¿Llamabas por algo en especial, Link? – Debía apartar esos pensamientos de su cabeza, ella era Tetra, nunca se sentía insegura, nunca dudaba, ¿por qué con él sí? No le gustaba esa sensación.

-Pues, la verdad es que sí. ¿Conoces el peñasco que hay al norte de la playa? – Pasando por alto el tono ausente en el que ella le había respondido.

Ella dirigió la mirada hacia el norte, desde el lugar en el que se encontraba se podía ver perfectamente el lugar del que Link hablaba. Se trataba de un saliente de roca maciza en el que apenas chocaban las olas debido a la muralla natural de rocas que había varios metros más adelante. – Sí, ¿por? – No sabía porque preguntaba, tenía la corazonada de saber adónde quería llegar el chico, pero se negaba a creerlo. Seguro que su sofocada neurona habría acertado a mirar el horizonte y ver el cúmulo de nubes de tormenta que en unas horas estaría sobre sus cabezas.

-Pues pensé que podríamos ir mañana allí para bucear, ¿qué te parece? ¿Es una gran idea, no? – Vale, definitivamente era un idiota. No sabía porque se preocupaba por si alguna chica trataba de echarle el guante, seguro que ni se daría cuenta.

Bufó con resignación y respondió con toda la paciencia que pudo. – ¿Acaso no has visto las nubes, cerebrito? ¿Va a caer la tormenta del año y a ti no se te ocurre otra cosa que ir a bucear? Estupendo, pues trae dos salvavidas. – Vale, lo del tacto, o mejor dicho, la falta de ello era algo que había heredado de su padre.

-¿A sí? – Se oyó un ruido, las persianas de su habitación dedujo ella. – No lo había visto, es cierto. – Concedió el rubio. Ahora que ella lo recordaba, a Link no le gustaba mirar al horizonte en el mar, ya que se veía toda la contaminación que se estaba liberando a la atmósfera. Era algo delicado para él, y ella lo entendía. Realmente admiraba mucho la faceta de "loco ecologista" que Link tenía. – Bueno, pues ¿se te ocurre algo para hacer?

También era cierto. Tetra tenía un talento innato para la crítica, algo que Link contrarrestaba con su espontanea creatividad, aunque a veces era una creatividad bastante cutre y desastrosa. Se rascó su chata nariz mientras volvía a perderse en la inmensidad del mar en busca de una buena respuesta. De pronto abrió los ojos e inhaló aire. – Ya sé, ¿qué te parece si te pasas esta noche por casa y vemos una peli? Ya pensaremos algo para mañana.

-Una… ¿peli? – Repitió el chico lentamente. – ¿A esas horas? – Intentaba hacerse el inocente.

-Bueno… en principio la peli… luego ya veremos qué pasa… - Dejó caer con un ligero toque meloso.

-Pero… ¿a tu casa? ¿Será buena idea? – Dijo Link como si se estuviera hablando de un tabú. Tetra no pudo evitar poner los ojos en blanco.

-Mi padre no está, salió a faenar anteayer. – Explicó ella con un deje de indiferencia.

-Ahhh... Pero, ¿y el temporal? El cielo debe estar rompiéndose en alta mar… - Ella miró cansinamente como las olas rompían cerca de la orilla.

-Yo ya se lo dije, pero pasa del tema, como siempre. Que haga lo que quiera. – El solo recordarlo le crispaba los nervios. "Estúpido borracho, ya podría escuchar alguna vez". – Bueno, ¿entonces, vale?

-Claro, luego te veo. Em… - Carraspeó desde el otro lado de la línea. – Te quiero.

Y colgó sin esperar respuesta. Todo el mal humor que su padre lograba infundirle cuando pensaba en él podía desaparecer con un par de palabras del chico. Sí, sin duda no estaba sola. Ya no.


Link colgó el teléfono y se dejó caer de nuevo en su cama. Solo se había levantado para ver a través de la ventana la tormenta que se acercaba lenta pero inexorablemente al pequeño pueblo de Aboda (2). En los altavoces ronroneaban los Red Hot Chili Pepper, dándole a la estancia una atmosfera de tranquilidad que lo incitaba a pegarse a esa cama y hacer la versión masculina de La Bella Durmiente.

"Humm… el bello durmiente, sin duda soy bello, pero no sé… quizá 100 años durmiendo sea demasiado… que pereza, mejor no" pensó Link. Sin duda sus momentos de creatividad no tenían desperdicio, esa capacidad de abstraerse del mundo y pensar únicamente en estupideces era una habilidad desarrollada por Link a la perfección. Se estiró perezosamente en su cama y miró de soslayo el resto de la habitación. Sin duda la llegada de Tetra a su vida había sido algo bueno. Ni un papel por el suelo, nada de envoltorios salvo un par de Kit Kat, sus antojos de chocolate aún eran un problema pendiente. Sonrió satisfecho solo de pensar en el plan de esta noche. Normalmente en verano el sol tardaba más en esconderse, pero el problema es que Aboda era un pueblo que por el oeste estaba definido por una región montañosa, por lo que la sombra de las montañas hacían ver el pueblo más oscuro de lo que ya era. Los acordes con los que comenzaban Snow (3) sumieron a Link en un profundo sueño.

Obviamente un momento como ese no podía durar mucho tiempo. - ¡LINK! ¡BAJA, TENEMOS QUE HABLAR! – Rugió su madre desde el salón.

"Perfecto, un tenemos que hablar de una mujer solo puede suponer una cosa, problemas" dedujo Link mientras se incorporaba de la cama y arrastraba los pies hasta la puerta y la abría con total dejadez.

Cuando llegó al salón un escalofrío le recorrió la espalda. Su madre se encontraba sentada en una silla, de las dos que había, frente a la mesa que estaba sorprendentemente limpia, a excepción de un sobre blanco, bueno, dos realmente. Uno de ellos era fino, con un símbolo en negro en el lado superior derecho del papel. El otro estaba más bien gastado, tenía un color salmón. Conocía perfectamente el segundo tipo de sobres, en ellos su madre guardaba dinero.

Link se sentó en la silla libre y miró de reojo el sobre. Pudo distinguir el escudo de la Guardia Real de Hyrule. - ¿Qué significa eso? – Dijo con el semblante serio, señalando el sobre blanco con la barbilla.

-Hace un mes solicité plaza para que te ingresaran en la academia militar de Hyrule, y así bueno… ordenases tu vida un poco, encontrases tus metas. En fin, ha llegado la carta y te han aceptado. – Explicó su madre escuetamente. – Dice que mañana vendrán a recogerte.

Las pupilas de Link se dilataron, pero fue la única reacción que dio en el momento. Estaba en shock. Se aclaró la garganta y se levantó de la silla. – Voy… a preparar la maleta. – Y sin decir una palabra más volvió a su habitación con paso ligero.

Su madre se sorprendió mucho por la reacción del chico. Esperaba uno de sus estallidos de hormonas como el que tuvo el mes pasado cuando le dijo que viniera urgentemente para hacer la cena ya que ella no estaba. O la semana pasada cuando tiró todas sus pequeñas figuritas con las que jugaba cuando era pequeño. Sin embargo en esta ocasión simplemente había asumido y se había ido a hacer los preparativos. Ella no se dio cuenta de que Link se había vuelto a su habitación con las manos en puño y los nudillos blancos de la fuerza.


Las nubes se habían acercado a la costa levantando un viento huracanado y ya dejaban caer las primeras gotas de lluvia. Una de ellas se iluminó con la luz de un rayo y segundos después se escuchó el trueno, que retumbó por toda la solitaria casa de Tetra aumentando la cantidad de agua que caía y se estrellaba contra el cristal de las ventanas. Hacía ya un rato que se había ido a casa. Cuando una tormenta estaba cerca el aire se volvía frío y húmedo, fue la señal que ella necesitaba para volver. Ahora estaba sentada en el sofá de casa, con la tele puesta y viendo una serie policiaca, vestida únicamente con una camisa de tirantes. Estaba sola, ¿por qué iba a necesitar algo más? Las tormentas de verano son asfixiantes y calurosas. Se levantó del sofá para ir a la cocina a buscar algo de comer cuando sonaron unos fuertes golpes a la puerta.

"¿Link? No, no puede ser, es demasiado pronto, además, él no aporrearía esa puerta así… o más le vale" pensó mientras se acercaba a la puerta descalza intentando no hacer ruido. No tenía intención de abrirle la puerta a nadie, esa noche tenía planes, unos muy apetecibles de hecho. Cuando estaba llegando frente a la puerta oyó una voz que la dejó helada. - ¡TETRA! ¡Abre la puta puerta!

No podía ser, él se había ido a faenar, tendría que tardar por lo menos tres días más en llegar. - ¡¿Quieres abrir ya?! ¡Me estoy empapando! – Volvió a interrumpir esa voz ronca que tan bien conocía.

Se acercó a la puerta y tiró del pomo, abriéndola con rapidez. Al otro lado se encontraba un hombre ya bien entrado en los 50, vestido con una camisa de cuadros y un chaleco viejo por encima, llevaba también unos pantalones raídos de color azul oscuro con distintas manchas negras y blancas. Calzaba unas botas de piel desgastadas por el duro trato que recibían por parte del mar y su dueño, además de los años que ya arrastraba. El hombre iba con una descuidada barba castaña acompañada de canas, que le tapaban la mitad de la cara, escondiendo unas fatigadas facciones que solo podían delatar las arrugas que rodeaban sus ojos.

El hombre entró dándole un empujón a la chica y apartándola de en medio sin ni siquiera dedicarle una mirada. Olía a mar, a pescado y a alcohol, por lo que seguramente se habría dejado caer en el bar antes de ir a casa. Se quedó parado en el vestíbulo mientras Tetra cerraba la puerta. - ¿Qué haces aquí? ¿No te habías ido a faenar? – Intentaba preguntarlo con indiferencia, pero no pudo evitar un deje de impaciencia en su voz.

-Estábamos faenando, pero nos pilló esa jodida tormenta y tuvimos que volver. Y encima va y se rompe el puto motor. Ya lo repararon, pero nos hemos quedado sin un centavo. – Contestó él de mala gana, odiaba contar cuando fracasaba.

-¿El motor? Pero si costó las ganancias de los dos últimos meses. – Respondió ella. Sabía que su situación económica era como un embudo, un cerco que cada vez se estrechaba más a su alrededor, y ahora se rompía el motor. Ya sacrificaba ella bastante como para que por culpa de la cabezonería de ese hombre tuviera que volver a estar con la misma ropa del año pasado. – Te dije que vendría esa maldita tormenta. ¡Nunca me haces caso! – Le gritó enfadada.

-¡Ya estamos! La niñata sabelotodo, igual que tu estúpida madre. – Respondió su padre también enfadado. Si algo odiaba más que equivocarse, es que los demás le hubieran dicho como evitarlo. Pero en este caso no la gritaba por eso, era el alcohol que fluía junto a su sangre el que lograba tan lastimoso estado.

-Escúchame, viejo. No metas a mamá en esto. Ella no tuvo la culpa de casarse con un estúpido borracho como tú. – Podía armarse de paciencia y soportar el hecho de que la ignorase, pero meter a su madre en esto ya era algo que no podía permitir, y eso que nunca la había conocido.

-¿Pero tú con quién te crees que estás hablando? ¡Desagradecida! Te lo he dado todo. Un techo, ropa, comida… ¡Todo! Y sin embargo llego a casa y te encuentro tirada viendo la tele y sin preocupación alguna. ¡Sin duda saliste a ella! – Estaba pisando terreno cenagoso, pero era tan embotado que no sabía ni lo que salía de su boca.

-¡¿Tú?! ¿Qué has hecho tú por mí, desgraciado? – Contestó ella sin poder dar crédito a lo que estaba escuchando. Se levantó y se puso a su altura. – Si tenemos una vida mínimamente digna es gracias a lo que mamá dejó en el banco antes de morir. Todo lo que ganas te lo fundes en el maldito bar. Si no estás de faena estás allí. Nunca has estado conmigo. No sé ni por qué te llamo padre.

Zas. Tetra se llevó la mano a la mejilla mientras notaba un ligero sabor cobrizo en el labio, le había roto el labio. Abrió los ojos mucho y miró con miedo a su padre. La había gritado, la había insultado, la había ignorado, pero al menos había conservado la mínima decencia de no ponerle una mano encima. Hasta ese momento.

Su padre se mantenía firme, con los ojos inyectados en sangre mirándola con intensidad, o esa impresión daba, realmente lo que hacía era intentar que no se le cerraran los ojos de la que llevaba encima. Se llevó las manos al bolsillo trasero del pantalón y lo palpó con desgana. Al ver que no había nada abrió los ojos más si cabe y soltó una sonora maldición. Se había dejado la cartera en el bar. Se dio la vuelta como si lo que acabase de pasar no tuviera lamás mínima importancia. – Ahora vuelvo. Ni se te ocurra irte. – Gruño y salió a la calle, dejando que la tormenta se hiciera con él.

Cuando oyó el portazo, Tetra salió corriendo a la habitación de su padre. Cogió una caja de madera con una letra tallada en oro y se fue a su habitación, cerró la puerta y se dejó caer apoyando su espalda en ella. Una pequeña lágrima le caía por la mejilla. Abrió la caja y se encontró con los ojos azules de su madre. Era una foto, una muy vieja, en ella se podía observar a una joven de pelo dorado y ojos azules como los de Tetra. "Es guapísima" pensaba Tetra, siempre que veía esa foto lo pensaba. Se la llevó a su pecho y empezó a llorar desconsoladamente. Habría estado genial tener una madre, o simplemente una familia, una verdadera familia.


Link había terminado de hacer la maleta. Como su habitación estaba ordenada ya le costó muy poco coger prendas de ropa y además de eso estaban dobladas. Si hubiera tratado de hacer esa maleta hace un mes habría sido muy diferente. Para empezar habría tardado una eternidad en ir pescando la ropa de entre el montón de basura en el suelo. Y después no habría podido meter la mitad de ella en la maleta ya que Link tenía una ligera debilidad por hacer burruños con la ropa y apelotonarla toda. Cerró la maleta con cremallera y se dirigió al baño.

Una vez allí se quedó contemplando su rostro. Era el mismo de siempre. Pelo rubio corto y rebelde, unos cuantos mechones que le caían por la frente y a los lados. Como siempre despeinado. Una nariz perfectamente delineada y unos labios finos. Sus ojos en cambio habían cambiado. En lugar de tener el brillo de alegría que siempre le caracterizaban. En esta ocasión eran fríos, muertos… como si realmente nada en el mundo tuviera valor. "Soy un estúpido, demasiado tiempo he aguantado, demasiado tiempo sin mostrar iniciativa. Ojalá me pareciera más a ella." Incluso en una situación como esa podía acordarse de esa rebelde rubia y se le olvidaba momentáneamente su situación. Era justo esa rebeldía por lo que la quería. Esa capacidad de romper esquemas, de no contentarse con cualquier cosa, luchando por lo que realmente deseaba. La admiraba, la necesitaba, como el pez que necesita el agua para vivir, como el pájaro que necesita sus alas para volar. La amaba, estaba claro. Pero los hechos habían dado un giro, ya no podrían seguir como hasta ahora, no podría quedarse aquí con ella, él tenía que irse.

Se lavó la cara para despejarse y se echó colonia por última vez. Esto era un antes y un después, un punto de inflexión, nada volvería a ser lo que era antes. Todo gracias a Tetra, ella lo había cambiado. De no ser por ella nunca habría pensado en lo que iba a hacer, de no ser por ella nunca habría dado el paso que iba a dar. Arrastró la maleta al salón mientras su madre, ocupada en la cocina preparaba la comida. Fue hasta donde estaba ella. – ¿Dónde dejaste la carta? Me gustaría leerla. – Preguntó como un autómata, sin muestra alguna de sentimiento.

-Está encima del armario del vestíbulo. – Respondió ella sin ni siquiera darse la vuelta para mirarle.

Link asintió tras ella y abandonó la cocina. Con paso calmado llegó al susodicho vestíbulo y observó ambos sobres, corroborando lo que había dicho su madre.

Volvió al salón, cogió la maleta y se encaminó a la entrada de la casa. Agarró el sobre con el dinero y salió por la puerta con toda la tranquilidad del mundo, enfrentándose a la tromba de agua que acababa de empezar a caer.

Una vez en la calle se guardó el sobre en el bolsillo trasero de sus vaqueros y se encaminó a casa de Tetra. Aún no sabía que iba a decirle. En el momento de ver el dinero para pagar la academia militar vio claro que ese era su billete para salir de ese círculo vicioso de dejadez que lo aprisionaba. "A la academia militar, ja, no tengo otra cosa que hacer, a morir por la madre patria se ha dicho" y empezó a reírse solo con la frasecita de Rambo que se le acababa de ocurrir. Si alguien lo hubiera visto pensaría que era un loco. Un joven adolescente empapado por la lluvia que caminaba con la mirada perdida arrastrando una maleta que también estaba mojada, y de pronto ponía a reírse él solo. Por suerte eso no pasó, a esas horas no había nadie en la calle, totalmente lógico con la que estaba cayendo, solo se cruzó con un par de niños que corrían a los que probablemente la tormenta les había pillado por sorpresa. A ellos y a un viejo con una barba andrajosa que apestaba a alcohol. El hombre no miraba hacia delante por lo que chocó sin querer con el hombro de Link. – Mira por dónde vas, niñato. – Rumió el viejo. Link no vio ni necesario responderle porque el hombre seguía su camino.

Tras un rato andando llegó a la casa de Tetra. Llamó a la puerta un par de veces pero nadie contestó. Se estaba calando así que dio la vuelta a la casa y se asomó por la ventana de la chica. Dio un toque a la ventana con los nudillos al verla hecha un ovillo, durmiendo junto a la puerta de su habitación.

Un par de toques más tarde, la chica finalmente pareció reaccionar y abrió los ojos con pesar, estirándose como si fuera un gato. A Link siempre le gustaba compararla como un gato. Era sutil, rápida, elegante y astuta cual felino. No pudo reprimir una carcajada cuando la vio bostezar. – Pánfila, desperézate de una vez y abre esto, que parece que me hayan veinte cubos de agua. – Y apoyó los labios en el cristal.

Al escuchar la voz del chico Tetra se activó como si le hubieran inyectado café en vena. Dirigió su vista a la ventana y vio a un chico totalmente empapado. Tenía el flequillo de un color oscuro por culpa del agua, pero lo que más llamaba la atención es que tenía los labios pegados al cristal, dando la sensación de estar viendo un pez encerrado en un acuario. – Hahaha, pareces un merluzo. – Rio ella. Ya parecía alejarse el sentimiento de soledad que la había estado atormentando hace un rato. Se incorporó y se acercó a la ventana. – Anda, quita esos morritos del cristal que vas a dejar marca.

Tetra abrió la puerta y nada más hacerlo el chico metió la cabeza y le dio un beso en la nariz. Después cargó la pesada y empapada maleta y la introdujo por la ventana. La chica miró extrañada el enorme objeto pero no hizo preguntas hasta que el chico se hubo colado también y cerrado la ventana.

-¿Qué pasa? ¿Estabas pensando en irte de camping? – Observó la chica con sarcasmo, después la ocurrencia de esa tarde de irse a bucear tampoco le habría sorprendido.

-Ja ja, no exactamente, pero tampoco te alejas demasiado. – Rio él. – Me he escapado de casa.

La sonrisa de la chica se congeló y cambió a una expresión de incredulidad. – ¡¿Qué has hecho qué?!

-Mi madre había pedido plaza para que me alistara en la academia militar, y parece que han accedido. Mañana tenía que irme. – Explicó él como el que cuenta que ha visto un árbol en el parque. – Así que cogí el dinero para pagarlo y me fui de casa.

Tetra aún no lo asimilaba, ¿Link en el ejército? O mejor aún, ¿Link cogiendo dinero y yéndose de casa? – Ehh… y… bueno… ¿Qué harás ahora? – Pudo decir, las palabras se le atragantaban en la garganta.

El rostro de Link se ensombreció. – Pues… pensaba en irme del pueblo, buscar una oportunidad en algún pueblo cercano o directamente irme a Hyrule, dicen que allí hay trabajo.

El mundo se le vino encima. Donde antes se le acumulaban las palabras ahora había un nudo, la garganta le abrasaba. – No. – Consiguió articular. – Por favor… no me dejes sola. – Sus ojos empezaban a humedecerse, él no, él no podía irse. Su vida ahora solo se sostenía por un pilar, y ese pilar se llamaba Link. Si él se iba ella se desmoronaría como un castillo de naipes.

Se acercó a Link y lo abrazó, apoyando la frente en su pecho mientras empezaba a sollozar. No le gustaba llorar, y menos aún que alguien la viera. Link apoyó su barbilla en la cabeza de ella y la dejó desahogarse un poco. Después posó su mano en el mentón de ella y le levantó la cabeza, para poder mirarla fijamente.

-Oye, no montes el espectáculo, que solo me iré por un tiem… - De pronto se calló. Se había quedado pálido. Sus ojos se quedaron fijos en los labios de la chica. – ¿Quién…? ¿Quién te ha hecho eso? – Preguntó con una gélida calma, como cuando un águila ve a su presa a cientos de metros y se prepara para caer en picado.

-Nadie. – Se excusó ella.

-¡Tetra! – Gritó él exasperado.

-¡No me grites! – Respondió ella mientras se le saltaban las lágrimas.

Él se derritió al verla en ese estado, su fuerte y decidida Tetra ahora parecía un pájaro enjaulado, asustada e indefensa, vulnerable. Se acercó a ella y la abrazó, con fuerza, como si quisiera protegerla del mundo, tratando de convencerla de que con él a su lado no corría peligro. - ¿Quién fue, Tetra? – Preguntó de nuevo, esta vez de forma mucho más delicada.

-Mi padre. – Link dio un respingo y la miró a los ojos sin terminar de creérselo. – Vino hoy porque se le había roto el motor del barco. No preguntes como volvió. Después le recriminé que ya se lo había dicho. – Link rodó los ojos y ella continuó como si no lo hubiera visto. – Se lo dije porque es verdad. El caso es que había bebido y como la conversación empezó a calentarse al final me soltó un bofetón.

-¿Tu padre te pega? – Preguntó él lentamente.

-No, que va, lo que pasa es que estaba borracho. Siempre bebe mucho en el bar de al lado del puerto. Se pasa los días allí. – Comentó ella indiferente.

Link, se quedó pensativo y la besó en la frente, dejando los labios posados allí. Después de un momento se separó de ella y lo miró con esa mirada suya, electrizante, llena de vida. – Vente conmigo, fuguémonos. – Tetra abrió los ojos, ¿fugarse? En todas las películas que hacían eso acababan en tragedia, el chico moría, la chica moría, ambos morían… no era buena idea. No, de hecho era una idea estúpida. Una idea digna de Link. – Antes de que me juzgues mentalmente con dureza piénsalo con objetividad y olvida los dramones que te ves en la tele. Yo tengo que irme del pueblo, no hay opción de ir marcha atrás. No me quedaré en este pueblo. Tu padre es un borracho y esta ha sido la primera, pero, ¿quién te dice que sea la última? Mira, no sé si te estaré convenciendo, pero solo de escucharme decirlo en voz alta ya me he autoconvencido, así que ya estás cogiendo una maleta y nos vamos.

Después de escuchar el monólogo de Link, el cerebro de Tetra comenzó a funcionar a una velocidad impresionante. Primero sopesando la vida que podría hacer sin él. Descartado. Tenía que irse, no se iba a quedar solo con el viejo. Pero ¿y el dinero? Link tenía dinero ¿no? - ¿Cuánto llevas encima? – Preguntó ella cual atracador salvaje.

-Lo suficiente para empezar. – Contestó él.

"Vale, tenemos dinero. ¿Adónde podemos ir?" De pronto se le iluminó la bombilla. Con agilidad se volvió sobre sí misma y se agachó para coger la caja de madera de su madre. Rebuscó en su interior y sacó un sobrecito. Se lo enseñó a Link con emoción, como el niño que se pasea con sus zapatos nuevos. – Residencia, solucionado.

Link le cogió el sobre con curiosidad y lo volteó sobre su mano y cayó una pequeña llave plateada. – ¿Y esto?

-La llave de nuestro apartamento en Hyrule, antes de mudarnos aquí vivíamos allí ¿recuerdas? Pues no vendimos la casa, por si acaso volvíamos. – Dijo ella asombrándose de su propia inteligencia mientras pensaba en lo que se le había ocurrido en un momento.

-Es… ¡es fantástico! – Exclamó Link emocionado. Le dio un rápido beso en los labios y continuó. – Dios, te quiero, ¿lo sabías?

-Bahh, me hago a la idea. – Dijo ella restándole importancia mientras sacaba su maleta y empezaba a llenarla de prendas. – Voy a terminar rápido y nos vamos, que mi padre puede llegar en cualquier momento.

Cuando hubo terminado, es decir, cuando hubo pasado toda su ropa, zapatos incluidos del armario a la maleta, se sentó encima de ella para intentar cerrarla con su peso. Buscó con la mirada a Link, pero él estaba ocupado tumbado en su cama con las piernas en vertical apoyadas en la pared, aburrido de esperar. Bufó sonoramente mientras terminaba de cerrar la maleta y le tiró un cojín al chico en la cabeza para que reaccionase. – ¿Nos vamos? – Preguntó ella como si no hubiera tardado media hora en hacer la maldita maleta.

-Jo, al fin. – Dijo él alegre de poder irse ya. No le hacía ninguna gracia encontrarse con el padre de ella justo cuando se fugaban.

Cuando abrió la puerta de la calle vio la tromba que estaba cayendo y se paró en seco. – Oye Tetra, ¿cómo nos iremos? Había pensado en ir en bus, pero con la que está cayendo dudo que se pueda.

-Tsk… que tonto eres a veces, guapo. – Afirmó con aire de suficiencia. – Cogeremos el barco de mi padre, por supuesto.

- ¿Qué? Pero si precisamente está aquí y no en alta mar por la que está cayendo. – Razonó él con angustia.

-Se nota que no sabes de tormentas en el mar. – Respondió mirando a Link, como éste seguía mirándola con expectación continuó. – Lleva lloviendo cosa de dos horas. Las tormentas en verano son potentes y cortas. Hace mucho viento por lo que se desplaza con rapidez y como provienen del mar, en el tiempo que lleguemos al puerto ya se habrá despejado la zona del mar.

Link simplemente calló y cogió las dos maletas en dirección al puerto, una vez más la inteligencia de ella lo había dejado anonado.


Cuando hubieron llegado al puerto, Tetra comenzó a buscar el barco con la mirada y cuando lo encontró se lo señaló a Link. Él fue tras ella hasta llegar a un destartalado barco de pesca con la pintura desconchada y marcas de óxido causadas por la humedad. Lo que no sabían es que mientras se encaminaban allí, un marinero de la tripulación del padre de Tetra los estaba observando. Cogió el teléfono y llamó. Tardó varios segundos en sonar una voz ronca. - ¿Diga?

– Jefe, tenemos problemas.

-¿Gonzo?, ¿qué coño te pasa? – Se escuchó una voz ronca amortiguada por el barullo del bar.

-Es tu hija, está con un rubiales en el barco, y lo más divertido, llevan maletas. – No se oyó respuesta alguna, había colgado.


Link estaba ordenando las cosas dentro del barco mientras Tetra había bajado a la sala de máquinas, terminó de ajustar un par de cosas y sonrió satisfecha. Todo estaba en orden. Link desde cabina comenzó a estudiar los indicadores. - ¡Tetra! No hay combustible. – Gritó por el interfono que comunicaba con la sala de máquinas.

-Hay un barril de repuesto aquí abajo, baja y ayúdame a cargarlo. – Respondió ella.

Link bajó a toda prisa para encontrarse con un enorme bidón rojo que pesaba como mil demonios. – Joder, esto pesa como una vaca. – Se quejó él mientras lo subían entre los dos por las escaleras.

-Cállate y sube, que se va la fuerza por la boca. – Ordenó ella cortante. Cuando llegaron arriba dejaron caer el bidón contra el suelo. Ella suspiró y él se llevó las manos a los riñones.

-¿Qué coño estáis haciendo, niñatos? – La voz ronca del padre heló a ambos chavales.

Link miró al viejo que les había hablado. Era el hombre de la barba desaliñada con el que se había cruzado cuando iba a casa de ella, el que le había gruñido. Se estaba tambaleando en el borde del barco. Podría caerse en cualquier momento

-¿Quién es ese? – Susurró Link al oído de Tetra.

-Mi padre – Dijo ella automáticamente, aunque un segundo después se arrepintió de haberlo dicho.

-Pon el combustible y desamarra el barco. – Contestó él de forma impersonal.

"Ese viejo era el padre de Tetra, era el borracho, el imbécil que le apagaba el brillo los ojos cada vez que se le mencionaba, el que la había pegado" mientras iba pensando eso sus piernas se empezaron a mover automáticamente en dirección a ese hombre. Se sorprendió a si mismo corriendo en dirección suya y para cuando oyó a Tetra gritar su nombre ya se había lanzado contra el viejo, placándolo y haciendo que ambos cayeran por la borda.

Los dos cayeron al mar. En cuanto Link cogió aire se volvió contra el viejo y le dio un puñetazo en la cabeza, y después otro, y otro. – Maldito estúpido, ¿quién te crees que eres para tocarla? ¡¿Quién?! – El viejo dijo algo que sonó como "Ju paghre", el agua le llenaba la boca y le impedía vocalizar. Link le metió la cabeza bajo el agua tratando de ahogarlo. Estaba perdiendo los papeles, pero él no era consciente de ello. El hombre consiguió deshacerse del agarre del chico y nadó hasta el bordillo del embarcadero, cuando hubo salido del agua se dejó caer boca arriba para recuperar el aliento. Link nadó con velocidad y salió del agua de la misma forma del viejo, solo que en lugar de quedarse tumbado en el suelo se incorporó y se puso encima del viejo, donde volvió a asestarle varios puñetazos. –La haces daño, se pone triste cuando se habla de ti, siempre necesitó a alguien y tú no estabas. Tú no eres su padre, tú no eres nadie. – La cara del hombre era todo un cuadro, le sangraba la nariz, le había roto el tabique nasal, al igual que el labio superior. Su respiración se hacía entrecortada, como si le costase respirar.

-¡LINK! ¡Para, lo vas a matar! – Gritó Tetra desbocada, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Los hombres que más habían influido en su vida se estaban pegando. Bueno, realmente uno de ellos le estaba dando una paliza al otro. Bajó a toda prisa del barco y tiró de Link hacia atrás, quitándole a su padre del alcance - ¡Por dios!, que pares ya.

Al notar la acción de Tetra, Link salió del trance en el que se había sumido. Se puso de pie y empezó a respirar pausadamente para tranquilizarse. A medida que la adrenalina abandonaba su cuerpo, un agudo dolor se adueñaba de sus puños. Se miró las manos y las vio ensangrentadas. Podía haberlo matado, es más, de no ser por la intervención de Tetra lo habría hecho. Se dio la vuelta y abrazó a Tetra. – Lo siento, ohh, de verdad que lo siento. – Dijo enterrando su rostro en el hombro de la chica. - Yo... yo no soy así. - Podía notar el miedo en su voz, estaba arrepentido.

-Tranquilo, no pasa nada. – Dijo ella, no sabía a quién iban dirigidas esas palabras, si al chico o a ella misma. Notó el acelerado pulso del chico y posó una de sus manos en su nuca. – Tú no eres así. Ya pasó.

Tras unos minutos Link se tranquilizó. Miró a Tetra con infinito cariño y la besó suavemente en los labios. – Vamos, el barco nos espera. – Le susurró mientras se separaba de ella.

Tetra suspiró – Es cierto, voy a poner el combustible.

Link se agachó de nuevo, quedando a la altura del oído del viejo, que aún luchaba por mantenerse consciente. – Como nos intentes seguir, o hacer algo… te mato. Y lo mismo va para el chivato de tu amigo. – Dijo refiriéndose a Gonzo, no había pasado por alto que durante toda la pelea, el corpulento marinero había estado haciendo las veces de público. De sobra sabía que no lo mataría, de hecho no pensaba tener que ponerle un dedo encima nunca más, pero a veces el miedo puede ser un aliado y jugar a tu favor.

Se levantó con tranquilidad y se rascó la nariz dirigiéndose al barco. Una vez allí terminó de ayudarla a verter el bidón en el depósito de combustible y ambos fueron a la cabina de mando.

-¿Qué haremos cuando lleguemos allí? – Preguntó él. Le asaltaban las dudas. No estaba en su papel tomar decisiones rápidas y desesperadas por lo que por dentro no se terminaba de acostumbrar.

-No lo sé. – Respondió ella de forma escueta con una tonta sonrisa en sus labios.

-¿No te importa? – Miró con asombro a la rubia.

-No. – Contestó ella con rapidez. – No si estás conmigo. – Puntualizó ella encarándolo con cariño.

-Sabes que eso siempre. – Se comprometió el chico guiando uno de los rebeldes mechones de la chica tras su oreja. Se acercó lentamente y pego sus labios con los de ella. El beso fue largo y delicado, saboreando lentamente la boca el uno del otro. No sabían lo que les depararía el futuro, pero no les importaba, no mientras siguieran juntos.

Y así, con el ruido del motor del barco de fondo y el mar azul como objetivo, se encaminaron a una nueva aventura en la ciudad. Quizá no sería un cuento de hadas, pero serían felices a su manera.

FIN

(1) El Levante es la costa oriental de España, los vientos de Levante son unos vientos que provienen del Mediterraneo y van de este a oeste en dirección a la costa

(2) Aboda es el nombre inglés de Aldea Nostra del Spirit Tracks, pero como ya dije que era un pueblo no iba a poner el pueblo Aldea Nostra :D

(3) Canción de los RHCP

Pues con esto acabé mi primer fic, no sé qué os habrá parecido pero desde el momento en que decidí continuarlo pensé en ese final, quizá llegar a él de forma un tanto más pacífica jajaja pero no sé, quería experimentar y ver cómo me quedaba, por eso le di un giro más dramático. Eso sí, fue más largo de lo esperado, al menos este capítulo. Intenté mostrar un poco las características que definen a ambos personajes con pequeños guiños, como la inteligencia de Tetra, o la capacidad de combate de Link en un momento. En fin espero que os haya gustado, yo me divertí mucho escribiéndolo.

Ahh por cierto, tengo en mente un nuevo fic, que ocurrirá en Hyrule, obviamente en mi Hyrule ficticio e.e pero con Link (otro distinto) y Zelda, al fin me estrenaré definitivamente con esa pareja :3 Un abrazo a todos.