Estos días han sido un martirio y no he podido pensar en una buena continuación :'( Sufro por ello, así que espero que este capítulo no los decepcione.

Disclaimer: Miraculous Ladybug no es de mi propiedad intelectual ni similar.

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EL DESTINO NOS UNIÓ

CAPÍTULO VI

MODELO GATUNO

Sábado por la tarde. Los jóvenes parisinos ocupaban esos momentos para salir con sus amigos o sus parejas, para comprar o sólo para descansar de la vida escolar; pero ese no era el caso para Adrien Agreste, una joven promesa del modelaje.

Se encontraba en las cercanías de la Iglesia de Notre Dame realizando una sesión fotográfica de lo más reciente que había diseñado su padre; algo inspirado en uno de los nuevos héroes parisinos, Chat Noir. Todas las prendas tenían un cierto aire de misterio, ya que habían maquillado al joven de tal forma que parecía tener un antifaz cubriendo parte de su cara.

Cientos de jóvenes damas estaban alrededor de la zona que tuvo que ser custodiada por policías para evitar algún desastre. Gritaban el nombre del chico, quien de vez en cuando las saludaba con una amplia sonrisa gatuna, producto del papel que estaba interpretando para ese trabajo.

– ¡Muy bien! – Anunció el fotógrafo de acento italiano. – Bajemos la intensidad de las luces de los costados y enfoquémonos en las delanteras, quiero que luzcan esas hermosas esmeraldas.

El conjunto que modelaba justo ahora consistía en una playera blanca con el estampado de un cascabel; sobre ella llevaba una chamarra de piel, similar a la de un motociclista, pero con un gorro con orejas de gato, el forro era verde oscuro y la parte de fuera negra cosida con hilo gris, remarcando las costuras. Un pantalón azul marino ajustado remarcaba sus piernas fuertes y para darle un toque provocativo para cualquier muchacha, en una de las bolsas traseras estaba una huella rosa, como si una gatita le estuviera tocando los glúteos. Finalmente, el look se complementaba con unas botas negras con detalles en platino, que buscaban darle un toque desgastado al calzado.

Una tras otra de las fotografías iba saliendo bien, pero se sentía que faltaba algo.

– Espera. – Imploró el artista de la lente. – ¿Hay algo complementario de esta colección?

– Bueno… – Adrien no quería ser muy sincero con eso, ya que seguro no le iba a hacer sentir cómodo.

– ¡Claro que sí! – Todos pensaron que quien habló fue la chica de vestuario, pero al girar la mirada todos vieron a una rubia de coleta alta. – ¡Y esa soy yo!

Se trataba de la novia del modelo. Sin dar tiempo a mayores palabras, ella ya estaba entrando al plató con un cambio de vestimenta que hacía juego con el de su pareja. Una chamarra de tipo torera en color rosa, con gorro y orejas de gato; una blusa tank top amarilla con un cascabel blanco; un pantalón pesquero de mezclilla azul con una huella verde en la parte trasera, y finalmente unos zapatos de tipo ballerina en tono rosa y salpicaduras amarillas.

Formaban parte de un hermoso contraste de ropa, pero frente a la cámara no creaban la química que el técnico esperaba. No había mucho más, así que continuó con su trabajo a pesar de que las fans estaban mostrando un poco de desprecio por la pareja de su ídolo.

Cuando se podía, Adrien daba algún suspiro. Resignado a trabajar con su novia que no era realmente la mejor modelo que pudiese haber y también por las malas caras o palabras que sus seguidoras estaban teniendo en esa situación. Le incomodaba mucho. Más de lo que su rostro expresaba, después de todo estaba interpretando su papel de chico bueno como cada día lo hacía. Es por ello que, internamente, rogaba porque algún akuma volviera a aparecer en la cercanía haciendo que este trabajo terminara y así poder volver a ver a Ladybug. Por lo menos ella parecía entenderlo más.

– ¡Adrien, reacciona! – Fue reprendido por el fotógrafo.

– L-lo siento. – Se disculpó para tomar a Chloé entre sus brazos y darse la vuelta, simulando que se retiraban.

– ¡Buena idea!

A pesar de que ella no le gustaba que fuera él quien llevara las riendas de la relación y mucho menos de ese trabajo, se quedó callada cuando la tomó entre sus brazos para besarla en una típica escena de amor parisina.

En un instante sus ojos se desviaron al finalizar aquel fugaz beso. Por ese pequeño segundo le pareció ver a Marinette caminando cerca de ahí con dos jóvenes morenos. Él ya sabía que esa joven que había menospreciado su amante, era la misma con la que se comunicaba cada noche por internet. Hacía apenas un mes la había agregado como una forma de conocer a otras personas, aunque sólo fuese de una forma virtual.

Aquella chica de cabello azul marino era muy diferente a todas las que alguna vez había conocido en su vida. Le recordaba tanto a su compañera de batallas, que, si en algún momento diera indicios de ser la misma persona, no dudaría en dejar a Chloé y darse la oportunidad de conocerla más a fondo. Aunque, siendo sinceros, esas eran sus verdaderas intenciones.

Claro, la hija del alcalde no era del todo mala pero sus caprichos y berrinches podían convertirse en un martirio cuando él se sentía más sólo. Solía ser demasiado egocéntrica e incluso envidiosa con las propias cosas que él tenía, al grado de que por ello eran capaces de pelearse. Su carácter era sumamente temperamental y no estar de acuerdo con ella le aseguraba tener varios días de quejas sobre cualquier cosa. Difícil de complacer en todos los sentidos y una joven mimada de primera.

Era cierto que él la quería. Mucho. Pero esa relación no era la que él quería y mucho menos esperaba. Las cosas estaban así sólo porque en su adolescencia había creído estar enamorado de la muchacha al recibir una caja de chocolates en San Valentín, unos que ella había con ayuda de una de las cocineras del hotel que su padre administraba. No eran muy buenos, pero era algo que por primera vez ella intentó hacer pensando en otro; aquello hizo saltar al corazón del joven Agreste y no dudo en pedirle una oportunidad. Después de eso los detalles por parte de ambos aumentaron, pero así fue que también disminuyeron y se centraron sólo en cosas materiales, nada que fuese hecho con anhelo de uno para otro.

De algún modo eso era triste se viera por donde se viera. Pero no había mucho que hacer. Adrien sólo había idealizado a la fémina como la mujer perfecta, y por el miedo de quedarse sólo a tan corta edad, prefería callar y seguirle el juego a ella, sacrificando su verdadera felicidad por cumplir lo que otros dicen. Aunque eso no sólo lo hacía con Chloé… También estaba la situación con su padre, aunque eso era algo más viejo y complicado.

Al estar tan metido en sus pensamientos y actuando de forma automática, el trabajo había terminado. No se cambió de ropa, mucho menos quiso quedarse a la selección de las mejores fotografías. Jaló a Chloé a la limusina y la dejó en el hotel de su padre que también era el hogar de la joven y su padre. Se atrevió a despedirse de ella en el lobby de aquel lugar, pero fue tan seco que ella se mostró sumamente molesta. No le tomó importancia y pidió ser llevado directo a su hogar.

Estaba algo lejos de su hogar y el tráfico era horriblemente lento, necesitaba calmarse un poco de sus pensamientos, poner los pies en la tierra y sabía quién era la persona indicada.

Marinette… – Su voz grave susurró aquel delicado nombre. – Marinette. – Volvió a pronunciarlo. Era un calmante para su alma.

Buscó su celular en sus bolsillos, pero notó que no lo llevaba encima. Tuvo que rebuscar en la maleta que llevaba sus pertenencias y la ropa con la que había ido a trabajar y no se había vuelto a colocar. Estaba apagado y tardaría un poco en encender por todo lo que tenía instalado su aparato.

Bajó la ventanilla. Ahí estaba ella. Caminando delante del vehículo, acompañada de dos chicos que no visualizó realmente, su mirada sólo se enfocaba en la falda circular que enmarcaba las hermosas caderas de una joven universitaria. Ella representaba la moda sólo con su vestir.

La observó de pies a cabeza, grabando mentalmente su vestimenta: una playera rosa que le quedaba algo grande del cuello, dejando ver los tirantes de su top deportivo negro; una falda circular de color menta, de una tela pesada, casi plástica; unas hermosas pantimedias blancas con detalles de encaje blanco y perlas de un color similar; finalmente unos zapatos rosas, con plataforma y tacón grueso. Aun había que mencionar los accesorios, tan pocos, pero tan notorios para él, como ese anillo gatuno en su dedo meñique y un par de pasadores –en forma de cruz– en su cabello, que tenían como objetivo detener su fleco. Su cabello lacio completamente.

– Marinette.

Era la tercera vez que decía su nombre, y como si de un hechizo se tratase, ella giró completamente su cuerpo para buscar quien la llamaba. Un instante que pareció una eternidad. Las miradas de ambos estudiantes se cruzaron. Sin decir nada, a tan pocos metros de distancia supieron quiénes eran. La mujer sonrió dulcemente, como el ángel puro que Adrien siempre imaginaba. Él muchacho levantó su mano, saludando y ocultando un poco su sonrojo.

Chat… – Reafirmó lo que su vista le otorgaba, para regresar a la plática que sus acompañantes tenían.

Mientras tanto, el rubio volvía a encerrarse en la limusina blanca. Su teléfono ya había encendido, lo tomó y abrió la ventana del chat que tenía con la peliazul.

Chat Noir Agreste: Te encontré…

Notó que ella estaba a punto de escribir, pero un gran estruendo y gritos de diversas personas le advirtieron que era el momento de ser un héroe.

Continuará…

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Bueno, creo que esto ha salido mejor de lo que me imaginaba XD Rueguen que esta misma inspiración aparezca para el capítulo siete :'v No olviden pasarse por mi perfil, ya hay nuevos fics y otras actualizaciones. Estoy segura que les encantaran. ¡Saludos!