(Capítulo II)
-Como una estrella-Susurró para si mismo el joven rubio. Protegiendo sus pálidas manos, en los bolsillos de su chaqueta azul, de la fría noche que lo envolvía, la misma que lucia brillantes e innumerables destellos en el cielo. Solo para él.
-¡Yuri!-Interrumpió una endeble voz a sus espaldas para, al instante, arrimarse sobre él, abrazando su cuello, la dueña de dicha voz.- ¿Qué haces aquí? Te estábamos buscando-Habló a duras penas la chica, bajo los efectos del alcohol.
-Ah, ¡hazte a un lado!, borracha-Exigió el irritado rubio, tras haber sido descubierto en su intento de encontrar un poco de paz fuera de la concurrida y juvenil discoteca, donde se celebraba una fiesta de su facultad. No obstante, apenas intento alejar a pelirroja, volvió a sujetarla del brazo para que esta no perdiera el equilibrio- Ten cuidado-Agregó casi en un gruñido.
-Yura-Llamó, sumándose a la escena, su amigo de estoica expresión y profundos ojos. Sujetando el costado de Mila, para asegurar su estabilidad- ¿Quieres irte?-Cuestionó sosteniendo su mirada.
-Me tienen cansando este montón de idiotas, Beka, además el efecto ya se me pasó-Contestó, aludiendo a las bebidas que había consumido hace un rato atrás, las encargadas de hacer más tolerable la descontrolada situación. Se arrepentía de haber sucumbido a la jodida presión de la pelirroja y haber asistido a regañadientes.
-Eres un aburriiiiido-Agregó la inconsciente chica, tambaleándose entre ambos- Creo que iré a buscar a Sara-Añadió intentando librarse del agarre de ambos, a pesar de eso, este solo se volvió más firme.- ¡Sabes que tienes que distraerte!-Se quejó infantilmente, azotando su pie derecho contra el piso, en forma de protesta.
-Ya para. Tienes que irte a casa, estúpida, ya haz hecho demasiado escándalo ahí dentro-Dijo el rubio, evitando revelar, en el tono de su dura voz, la preocupación que sentía por ella y sus desmedidos actos.
-Perooo-Se opuso nuevamente- Otabek, dile algo-Exigió colgándose al cuello del aludido.
-Te llevaré a casa-Sentenció el de ojos marrón, ignorando la petición de la ojiazul- ¿Vienes, Yura?-Cuestionó intente controlar a la inconsciente muchacha.
-Sí-Afirmó emprendiendo camino con su amigo de intercambio. Llevando, casi a rastras, a la pelirroja- Espera ¿y tu motocicleta?-Recordó el ruso.
-Vendré por ella más tarde-Contestó el Kazajo, luego de unos segundos de sopesar sus opciones.
-¿Ah? Te demorarás montones, será peligroso-Respondió de mala gana, ignorando los balbuceos de Mila-Tomaré un taxi y la llevaré de regreso, luego seguiré a mi casa, después de todo, vivimos cerca. Tú vete ahora a tu departamento.
-¿Estás seguro?-Cuestionó sin inmutar su seria expresión.
-Ajá-Contestó aburrido, antes de solicitar un vehículo, a través de su celular, con su mano libre.- En diez minutos estará aquí-Notificó, para luego volver a dirigir su verdosos ojos al cielo, bajo la atenta mirada del moreno.
-Ya, ya, entra y no hagas mucho escándalo-Ordenó el rubio, abriendo la puerta de entrada de la casa de la pelirroja, tras arrebatarle el manojo de llaves.
-Quédateeee-Pidió la aludida, intentando aferrarse a su brazo izquierdo.
-¡No!-Sentenció cansado. Impulsándola suavemente hacía dentro con un empujón, tirando las llaves y cerrando la puerta bruscamente. Ahorrándose, de esa forma, una nueva e incoherente conversación, a la vez que evitaba la intromisión al hogar de la familia Babicheva.
Soltó un suspiró agotado y se dirigió hacía la ventanilla del conductor.
-Pagaré la cuenta aquí-Notificó el ruso, a través del cristal, que comenzaba a descender.
-¿No quiere que lo lleve a su casa?-Cuestionó confundido el mayor, ante el recorrido inicial señalado.
-No-Contestó secamente. Había cambiado de planes.
Necesitaba pasear un poco para despejar, a su manera, sus turbulentas ideas. A pesar de ser ya las cuatro de la mañana, confiaba en que aquel barrió podría estar seguro, para realizar el conocido recorrido, o eso quería pensar.
Caminó en silencio, por las frías y desoladas calles de San Petersburgo. Sumido en sus pensamientos. Sin embargo, al sentir el fuerte gruñido de su estomago, se detuvo en seco, empezando a considerar sus opciones y tentaciones. Otra vez haría un desvió, recordando que solo a unas cuadras de su hogar, se encontraba un local de veinticuatro horas, el cual solía visitar a diferentes horas producto de su versatilidad y tranquilidad.
Entró y se sentó cerca de la barra. Solo habían un par de clientes aparte de él, en diferentes estados. Pidió su comida favorita, y se concentró en la pantalla de su celular, revisando sus redes sociales. Esforzándose por ignorar el escándalo que protagonizaba una persona al otro extremo de la barra. Sin embargo, al rato, ya estaba demasiado irritado. Volteó a ver al sujeto, listo para insultarlo. A pesar de eso, se detuvo al reconocer al hombre, un oriental, el cual se apreciaba sencillamente destruido, al igual que las noches anteriores donde lo había visto lamentándose en el mismo sitio.
El rubio lo observó curiosamente, por varios segundos, hasta que el de rasgos extranjeros, desvió la vista de su vaso de alcohol y la hizo coincidir con la propia. Causándole una extraña y muy desagradable sensación al ruso, casi como una corriente eléctrica recorriendo su madura espalda. Se repuso al instante, ignorando los brillantes ojos de su patético y, aún lejano, acompañante.
Dando un gruñido, se puso de pie.
Ese idiota lo tenía harto y no era la primera vez. Había llegado el momento de enfrentarlo.
-¿Qué mierda te pasa, cerdo?-Cuestionó posándose hostilmente a su lado, mientras observaba y analizaba, la gran variedad de platos y vasos vacíos que se encontraban repartidos a su lado.
-¿Qu-quién eres?-Titubeó el pelinegro, ante la imponente presencia del chico frente él.
-Alguien que está cansando de tus estúpidos lloriqueos. Habla-Exigió, sintiéndose extrañado consigo mismo ante sus palabras. A pesar de mantener su fría actitud, se había abstenido de insultar al oriental, como solía hacer cuando alguien lo sacaba de quicio.
-No creo que quieras saberlo-Evadió incomodo, moviendo sus ansiosas manos.
-Te apuesto a que medio mundo ya lo sabe. Siempre te andas lamentando. Imbécil-Exageró, sin embargo, frunció profusamente el ceño ante el silencio del contrario-A la mierda-Insultó dándole la espalda. No iba a perder el tiempo con alguien tan patético como él, incapaz de controlar sus emociones.
-Mi novio me dejó-Soltó el pelinegro, cabizbajo. Deteniendo, con sus palabras, al rubio.
-¿Ah?-Expresó volteando su rostro hacía él. Indignado ante tan insignificante motivo.
-Me dejó hace unas semanas-Completó soltando una lagrima por su delicada piel.
-¿En serio?-Contestó toscamente- Dios, es patético-Completó, recargando su peso sobre la pierna izquierda, mientras se cruzaba de brazos. Rompiendo, a su vez, la efímera esperanza del pelinegro, de recibir algo de comprensión.
-No lo entiendes-Se defendió.
-Evidentemente-Bufó, rodando sus verdosos ojos. Sencillamente no podía comprender como alguien podía estar tan deprimido por algo, tan insignificante, como una relación de pareja. Se sentía incapaz de comprender al oriental, sabiendo que habían cosas mucho más importantes de las cuales ocuparse en la vida.
-Yo no siquiera soy de aquí, me mudé por él hace algunos años-Confesó, volviendo a concentrarse en su trago a medio beber.
-Que interesante-Comentó sarcásticamente, no obstante, contrario a sus palabras, se sentó junto a oriental.
-Yo lo sigo admirando mucho-Susurró tristemente.
-Porque estás ciego, te apostaría lo que fuera a eso-Respondió reposando su pálida mejilla sobre la mano izquierda.
-¿Por qué lo dices?-Preguntó posando nuevamente sus ojos sobre él.
-Porque, claramente, te quedaste atrapado en una estupidez, no eres capaz de ver más allá, ni mucho menos probar algo nuevo-Explicó reflejando aburrimiento en su expresión. Arrastrando el vaso del orienta hacia si mismo, revolviendo su contenido. Ni siquiera entendía que hacía dándole consejos a un extraño. Tal vez también estaba un poco bien jodido.
-No lo sé...-Contestó inseguro el pelinegro, observando con sus brillantes ojos marrones como el rubio tomaba un poco de su bebida.
-Eres tan patético, deberías irte de Rusia-Sentenció antes de dejar duramente el vaso sobre la barra, generando un pequeño estruendo que sobresalto a contrario. Para luego, acercarse rápidamente a él, tomar su barbilla y unir sus finos labios con los propios, en un experto movimiento que el japonés, tras unos momentos, no se resistió a corresponder, dejándose llevar.
-Puedes animarte de muchas formas, cerdo-Susurró sobre sus labios, sin abandonar su afilada mirada. Dejando pasmado al castaño, quien no podía creer lo fácil que había logrado despejar su mente, ante el delicioso contacto que el rubio le había proporcionado.
Observó detenidamente a su rubio acompañante, quien volvía a acomodarse en su lugar con normalidad. Demonios ¿Por qué los rusos le parecían tan atractivos? Ese chico, definitivamente, no se quedaba atrás en comparación a su ex pareja. Su finas pero maduras facciones, hacían un juego perfecto con su curioso corte de cabello, corto pero con un flequillo cubriendo la zona derecha de su atractivo rostro y, con eso, uno de sus especiales ojos, los que aún no acababa de descifrar.
Definitivamente el alcohol lo tenía atontando. Se reprendió a si mismo ante su, bien conocida, debilidad.
No obstante, se rindió ante su despierto instinto y volvió a atraer al chico hacía sus ansiosos labios.
Ya no quería seguir de la misma forma.
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Aquí el segundo cap c: Muchas gracias a quienes le han dado una oportunidad a esta historia dando favs y follows y, por sobre todo, a quienes se han dado el tiempo de comentar, eso motiva muuuuuucho a seguir! Espero que les guste la conti c: ya comencé el siguiente y bueno, amor eterno para el Yuyuu -corazones por mil-
Por cierto, diganme, ¿Qué piensan de Beka respecto a Yuri y Mila? :o
Muchos saludos, nos leemos c:
RequeteMiau
