(Capítulo III)
Entre el momento en que todo comenzó y el que actualmente vivía, ya había dejado parte de su inconsciencia atrás, por lo menos la producida por su profusa ingesta de alcohol. Ya que, por otra parte, las atentas caricias propinadas por el misterioso rubio, no se le hacían para nada indiferentes, llevándolo a un nuevo nivel de desconexión. Sabía que ya estaba perdiendo el control como nunca antes, al notarse correspondiendo, fervientemente, cada magnético movimiento del contrario.
Como si de un conocido y viejo amor se tratara.
-¿Estás solo?-Cuestionó apenas se encontraba aprisionado contra el sofá de la casa del más alto.
-Vivo solo-Contestó antes de atrapar nuevamente sus labios, deslizándolos hasta alcanzar el dulce cuello del japonés, el mismo que se dedicó a acariciar y mordisquear, a la vez que su mano derecha recorría su cuerpo, bajando el cierre de su molesta chaqueta azul.
Por su parte el pelinegro, que soltaba pequeños suspiros, decidido a no quedarse atrás, comenzó por quitarle el cinturón a su ansioso compañero, pasando a palpar su despierta intimidad, sacándole un agradable gruñido al rubio. Sonrió ante esta reacción. Incitándolos a ambos a continuar, más deseosos tras cada nuevo suspiro.
El ruso mordió provocativamente su lóbulo, antes de crear distancia suficiente entre ambos para quitarle bruscamente la playera y hacer lo mismo con sus prendas superiores, dándole y, dándose un grato espectáculo al observar, libremente, sus torsos desnudos.
-Nada mal, cerdo-Alagó susurrando sobre su oído, antes de volver a morder la zona y, posteriormente, unir sus labios en un delicioso jugueteo. Simultáneamente acercó, y friccionó sus cuerpos, poniendo énfasis en su entrepierna. Generando un agradable y adictivo contacto, el cual le sacó un jadeo por lo bajo a ambos, repitiendo una y otra vez la acción sobre la ropa, mientras seguían descubriéndose con sus deseosos labios y curiosas manos.
Despertó acompañado de la tenue luz que se escabullía por las ventanas, cubiertas por unas llamativas cortinas con estampado de animal print. Parpadeó y refregó sus ojos, intentando ignorar la resaca que invadía su cabeza, a la vez que rememoraba los hechos ocurridos que lo llevaron a la curiosa y, ya solitaria, habitación. Volteó, buscando sus lentes en la mesita de noche que se encontraba a su lado, los tomó y acomodó, recobrando la nitidez. Observó atentamente cada rincón del desconocido cuarto en el que se encontraba, desordenado, extravagante y juvenil, bastante juvenil.
Tardó unos minutos en recomponerse, cubriendo su visión, de los tenues rayos de sol, con su antebrazo izquierdo, mientras se preguntaba por su desaparecido acompañante.
-Supongo que ya debo irme-Susurró para sí mismo, incorporándose en la mullida cama. Buscó con la vista alguna de sus prendas, encontrando sobre la alfombra del cuarto, únicamente, sus boxer azul marino. Suspiró avergonzando antes de levantarse, ir por ellos y arroparse con los mismos, además de una camiseta negra, con un tigre estampado al frente, que se tomó la libertad de utilizar para ir en busca del resto de sus abandonadas ropas.
Abrió la puerta con una mano, posando la libre sobre su adolorida cabeza. Reprendiéndose, nuevamente, por su descontrol, a la vez que temía encontrarse con el dueño de casa, el mismo que lo había dejado solo en la cama. ¿Qué se supone que le diría ahora? ¿Qué se hace luego de estas situaciones? Había asumido que ya debía cambiar su forma de llevar la vida pero no se había detenido, ni por un segundo, a meditar cual era el siguiente paso tras la aventura en la cama del atractivo ruso.
Avanzó sigilosamente por el frío pasillo, sintiendo el desagradable contacto de las heladas baldosas bajo sus pies descalzos. Apenas pudo visualizar la sala de estar, encontró al rubio, quien no se percataba aún de su presencia, al encontrarse su verdosa mirada perdida en un amplio ventanal, mientras abrazaba sus rodillas, acurrucado en el sillón.
El japonés se quedó anonadado, observándolo atentamente. Por un momento, antes de contemplar la escena, temió llevarse una desagradable sorpresa al descubrir que su acompañante había sido embellecido y magnificado por sus tragos, no obstante, fue aún mejor de lo que podía recordar. Ahora que podía apreciarlo mejor, con la luz del sol acariciando sus finas facciones y esa tranquila expresión en su rostro, sencillamente, lo hacía sentirse perdido, en una habitación alejada de todo lo pasado.
Sí, tenía una debilidad con los rusos, pero, de igual forma, era innegable que ese rubio tenía algo extrañamente especial que podría hipnotizar a cualquiera, o eso quería creer.
-Ah...Despertaste-Comentó volteando lentamente, provocando que el cuerpo del pelinegro diera un respingo, al ser sacado repentinamente de su confusa ensoñación.
-Lo-Lo siento, tomé tu playera y no...-Intentó formular nervioso bajo la penetrante mirada del contrario.
-Da igual-Respondió volviendo a dirigir su atención hacía el desolado patio trasero.
-Eh...entonces yo-Balbuceó, intentando encontrar el resto de su ropa. Sin embargo, se detuvo en seco al notar como el chico se levantaba y abría el ventanal, dejando entrar una ráfaga de aire frió, que lo hizo estremecer y abrazarse a si mismo. Seguido a eso, observó como un gato de abundante pelaje blanco, con manchas negras, se adentraba a la habitación, refregándose en las piernas del estoico muchacho.
-Que lindo-Comentó acercándose un par de pasos, por reflejo, al animal.
-Es hermosa-Corrigió el rubio, alzando a la mimosa minina entre sus brazos.-¿Tienes hambre?-Cuestionó acariciando la cabeza de la felina. Seguido a esto y, para su mala suerte, el estomago del pelinegro soltó un sonoro gruñido, provocando un incómodo silencio y abundante rubor sobre sus mejillas.
-Tsk, cierto que eres un cerdo-Recordó el rubio, recorriéndole de pies a cabeza con su despectiva mirada, antes de volver a fijar su atención en su mascota- La cocina está a la izquierda, puedes tomar lo que quieras-Ofreció desinteresado, cruzando el salón para alcanzar, de un mueble, el alimento de gatos, el cual depositó en un plato de animal print rosa.
-Gracias-Dijo el japonés posando ambas manos sobre su rebelde estomago. Observó como el ruso acariciaba tiernamente a la felina, mientras ella devoraba su fino alimento-Entonces iré, con permiso-Notificó sin obtener respuesta del dueño de casa.
Se dirigió con tímidos pasos hacía el lugar indicado. Volviendo a cuestionarse qué debía hacer, llegando únicamente a la conclusión de no tener ni la más mínima idea de la tan anhelada respuesta. Era la primera vez, a sus 28 años, que tenía una aventura de dicha índole. Su ex novio había sido su primera y única pareja formal. El mismo que lo había llevado tan alto y tan bajo a la vez, en cuestión de segundos.
Posó su mano sobre la manija del viejo refrigerador, por varios segundos, perdido en sus propias interrogantes y dolorosos recuerdos. A pesar de eso, fue sacado de sus pensamientos al escuchar, a lo lejos, la voz del rubio, dirigiéndose a la felina. Sacudió su cabeza y decidió volver a concentrarse en su cometido, abriendo la puerta del aparato, llevándose consigo, nuevamente, una sorpresa. A simple vista pudo notar como el chico no contaba con más de cinco alimentos dentro del aparato, todos insuficientes para preparar un buen desayuno.
¿Será que había olvidado ir de compras? Se cuestionó a si mismo, alzando su ceja derecha, antes de comenzar a inspeccionar, cuidadosamente, algunos muebles de cocina donde esperaba encontrar algo que comer. Se alivió al dar con un tarro de café y azúcar. Por lo menos eso podría mejorar su ánimo y saciar un poco su voraz apetito.
Colocó a hervir suficiente agua para un par de tazas, provocando una nueva oleada de dudas. ¿Debía preparar algo para ambos? Había encontrado un poco de harina y huevos, quizás podría ingeniárselas pero...¿Eso no sería ir muy lejos tras algo de una noche? ¿Debía limitarse a lo austero?
Inseguro y, envuelto en el panorama de la desabastecida cocina, recordó el cuerpo del chico bajo sus manos, y lo poco que pudo recorrerlo con la vista en las penumbras de su cuarto. Al detenerse a analizarlo, definitivamente el rubio estaba bajo peso, nada alarmante, ni siquiera podía notarse sin un buen examen como el que se vio posibilitado de realizar, no obstante, eso no lo hacía menos preocupante ¿y si seguía así?.
Y ahí estaba otra vez "esa actitud" de preocuparse tanto por todos a quien conocía. Volvió a regañarse a sí mismo. Ya era todo un hábito, un hábito que irritaba a otros.
Finalmente se decidió a no irrumpir más en el espacio del ruso, realizando alguna extraña preparación para suplir el vacío de ingredientes necesarios. En cambio, se limitó a preparar dos tazas de café. Tomó una en cada mano y se dirigió hacía la sala de estar, donde esperaba encontrar al chico, no obstante, no fue así. Llevándolo a un rápido debate interno sobre la opción más segura para encontrarlo. Se dirigió lentamente hacía su cuarto, intentando hacer a un lado sus incesantes nervios.
-¿Puedo pasar?-Cuestionó haciendo a un lado la puerta con su hombro, asomándose lo suficiente para contemplar al rubio, que se encontraba recostado, boca abajo, sobre su deshecha cama. Obteniendo por respuesta, un desinteresado gesto con la mano, permitiéndole adentrarse al cuarto, lo que hizo enseguida.
-No sabía que preparar, así que te traje café-Notificó casi en un susurró, extendiendo la taza hacía el chico, quien se incorporaba perezosamente, hasta quedar sentando sobre la cama.
-Que atento-Dijo con un leve tono de burla, recibiendo la humeante bebida amarga, dándole un trago- Ah, que amargo lo haces-Se quejó sacando su lengua, acompañado de un gesto de desagrado.
Ante ambos comentarios, el pelinegro sintió como el mundo se le venía encima, producto de la vergüenza que comenzaba a arremeter contra él. Lo había arruinado.
-Relájate, no es para tanto-Tranquilizó el rubio, al observar la cara de espanto de su extraño acompañante- Te preocupas demasiado-Concluyó volviendo a beber de la taza. Llamando la atención del japonés, ante tan acertada observación sobre su personalidad, ¿tan evidente era?
-Yuuri-Dijo el pelinegro, acogiendo su taza, fuertemente, entre ambas manos. Recordando que, a estas alturas, aún no sabía el nombre del muchacho, ni viceversa.
-¿Ah?-Cuestionó desconcertado el ruso, alzando su ceja derecha.
-Me llamo Yuuri-Completó el pelinegro.
-¿Dónde lo leíste? No estés jodiendo-Contestó el rubio, frunciendo el ceño.
-¿A que te refieres?-Preguntó confundido el oriental, inclinando su cabeza hacía la izquierda.
-Yo me llamo Yuri, ¿dónde lo leíste?-Aclaró con su fría mirada.
-¡Ah!-Exclamó sin esconder su asombro, tras comprender el origen del mal entendido-Nos llamamos igual, que raro, nunca había conocido otro Yuri en Rusia-Comentó sonriente.
-Es molesto-Susurró el rubio, desviando su mirada de la alegre sonrisa que lucía el contrario- ¿Ya te cansaste de lloriquear?-Indagó desviando el tema.
-Eh, sobre eso-Recordó el de ojos marrón, encogiéndose de hombros, antes de darle un gran trago a su café. Sintiendo como las dudas volvían arremeter contra su adolorida cabeza.
-Normalmente cuando me acuesto con alguien, suelen irse apenas despiertan-Contó el dueño de casa- Así que asumo que estas confundido, quieres hablar y blablabla-Completó aburrido, agitando despreocupadamente su mano derecha
-¿Lo haces muy seguido?-Preguntó por reflejo, el inexperto pelinegro. Logrando que el rubio, nuevamente, alzara su ceja derecha- Digo, yo, olvídalo-Intentó corregir, nervioso.
-Imbécil-Insultó como de costumbre- A ti te hace falta.
-¿Eh?-Expresó confundido.
-Ya te lo dije, cerdo. Supera al imbécil de tu ex de una vez y deja de lloriquear. Sal y disfruta tu jodida juventud, o lo que sea, no sé búscate un psicólogo-Agregó finalmente.
-Lo siento-Volvió a disculparse- En realidad es la primera vez que hago algo así y...no sé como puedo hacerlo.
-Simplemente ve y busca a otro, como me encontraste a mi.
-No soy capaz de ir a buscar hombres para...-Intentó terminar, sintiendo como el calor invadía sus mejillas.
-¿Qué? ¿Tener sexo con ellos?-Completó, haciendo que el pelinegro asintiera rápida y repetidas veces con su cabeza- ¿Tanto te cuesta decir eso? Dios...eres increíble.
-No me gusta ser tan...directo-Aclaró en voz baja.
-¿Qué edad tienes?-Se burló el de ojos verdes, deslizando su mano izquierda por su rostro- Verdaderamente, viéndote así, es difícil que lo logres- Añadió, mintiéndose a si mismo. Incluso con esa ridícula personalidad, estaba seguro de que el pelinegro podría conseguir, fácilmente, compañía nocturna.
-Buscaré otra alternativa-Optó finalmente- Tal vez si vuelvo a..
-Te propongo algo-Interrumpió el ruso, dejando sobre la mesita de noche su taza de café- Ya que con tu horrible personalidad dudo que puedas lograr superar, por ti solo, a tu ex-Continuó antes de esbozar una seductora sonrisa- Podemos ayudarnos mutuamente a distraernos.
-¿A distraernos?-Repitió el oriental, sin ocultar el asombro que proyectaba su rostro.
-Evidentemente te gustó hacerlo conmigo anoche-Recordó poniéndose de pie, dando lentos pasos hacía el contrario- Y tú tampoco estuviste mal, así que...-Continuó deteniéndose frente a él, acortando la distancia entre sus rostros- Volvamos a hacerlo. Sin compromisos, ni sentimientos.
Una y otra vez.
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Jejeje creo que me demoré más de lo que esperaba en actualizar :c pero este cap es aproximadamente el doble que los otros :3 y supongo que seguirán siguiendo así jaja Espero no tardarme tanto en actualizar la cuarta parte :3 Espero que les guste c:
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