(Capítulo V)
"¿Dónde estás?"
"En mi departamento"
"Voy para allá, cerdo"
Suspiró al ver el último mensaje, antes de esbozar una tenue sonrisa. Yuri siempre era igual, a veces se animaba a cruzar un par de palabras más, para consultar si estaba disponible, no obstante, la gran mayoría del tiempo, el rubio iba directo a lo suyo, frío, sin rodeos. Le agradaba ver como, con lo poco que compartían, podía descifrar parte del misterio del ruso, sin embargo, aún le quedaban demasiadas incógnitas y no sabía si estaba en lo correcto intentar resolverlas, en vista a los tintes de su acuerdo, de su relación.
Deslizó su mano derecha sobre su rostro, reprendiéndose como siempre, por pensar demás. Debía dejar esas ideas de lado y ponerse a limpiar un poco su departamento antes de recibir al joven ruso.
A pesar de todo y de lo poco que el rubio se fijara en ello, no podía dejar atrás sus costumbres, aunque algunas fueran tan molestas como no poder dejar de darle vueltas a las cosas o tan sencillas como mantener el lugar limpio y ordenado para las visitas.
-Yurio-Se burló en un susurró antes de rendirse ante los brazos de Morfeo, acobijado cómodamente en su acogedora cama. Sabía cuando le molestaba al rubio la forma en que lo nombraba para distinguirlos, sin embargo, no podía evitar disfrutar de la mueca de desagrado que su cara lucía cada vez que escuchaba dicho apodo.
-Ya te dije que no me llames así, cerdo-Se quejó el menor por las palabras del contrario y, a la vez, por la expresión de su rostro. Maldijo a los japoneses "¿por qué eran tan...tiernos? ¿o acaso era solo el cerdo?. Se quedó observándolo un par de segundos, apreciando la pacifica expresión de su rostro y sus labios aún enrojecidos producto de sus fogosas acciones. Frunció el ceño y desvió su verdosa mirada al techo, en el cual se detuvo solo un par de segundos antes de escapar hasta la mesita de noche de la habitación, donde un pequeño objeto dorado llamó su atención.
Un anillo.
-Viktor Nikiforov-Susurró leyendo las palabras grabadas en el sencillo accesorio de oro, analizándolo despectivamente- Tsk-Masculló devolviéndolo bruscamente al lugar donde lo había encontrado. Le sorprendía que el pelinegro, que ahora dormía plácidamente a su lado, siguiera conservando aquel patético objeto.
¿Qué parte de olvidar a su jodido ex no entendía? Aún cuando lo tenía a él, eso verdaderamente lo irritaba. A pesar de no encontrarse en una relación romántica con el japonés, ni mucho menos, siempre le había molestado ser el segundón en algo. Él debía ser el primero, el único. ¿Qué acaso no le bastaba con él para superarlo? Más aún sabiendo que la lista de personas deseosas por tenerlo, de la manera en que el contrario podía disfrutarlo, no era menor. Tenía más que claro el gran atractivo físico que poseía, entonces, ¿qué le pasaba a ese idiota oriental que seguía con esas ridículas actitudes?
Se acomodó de costado en la cómoda cama del japonés, para poder observar mejor como este descansaba tranquilamente, ajeno a su ácidos pensamientos.
-Ya tira esa baratija-Susurró irritado antes de levantarse, buscando sus prendas y arropándose con las mismas. Ya era hora de regresar, evitaba quedarse más tiempo del necesario.
Mientras acomodaba su bufanda azul sobre su cuello, le dio un último vistazo al molesto anillo.
-Patético-Masculló saliendo de la habitación.
Seguía creyéndose incapaz de comprender los lloriqueos románticos de los demás.
-¿Yurio?-Nombró perezosamente apenas despertó, fregando sus ojos con sus manos luego de incorporarse en la cama. Recorrió la habitación con la mirada, asumiendo que el rubio, como de costumbre, ya se había retirado sin decir palabra. Eran pocas las ocasiones en que se daba la oportunidad de conversar con el ruso.
Fijó su atención en sus manos, jugueteando tranquilamente con las mismas y recordando, nuevamente, el cuerpo del rubio. Había algo...desde la primera vez que compartió cama con él, había notado lo delgado que estaba el chico y, ahora, no podía evitar preocuparse al comprobar que, efectivamente, Yuri seguía perdiendo peso.
Suspiro y acomodó sobre su rostro sus lentes azules.
Ya no podía negarlo, ni seguir haciendo caso omiso al estado de salud del muchacho, ante tan evidente cambio ¿Qué acaso nadie de su familia lo notaba?.
Lo había decidido, de una u otra forma se encargaría de ayudar a Yuri, de lo contrario, sabía que no podría estar tranquilo. Aunque no lo conociera demasiado, el joven ruso verdaderamente le agradaba y no estaba dispuesto a continuar observando como se seguía deteriorando, producto de sus descuidados hábitos.
A estas alturas, si del bien de rubio se trataba, estaba dispuesto a traspasar las tontas barreras, tácitamente impuestas, de su relación.
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Hola que tal e.e efectivamente cumplí con actualizar más rápido jajaj aunque tampoco me alargué mucho nuevamente D: aún así espero que les guste :3 vamos de a poquito -corazones por mil- Gracias a todos quienes leen, comentan y -en el caso de wattpad- votan! muchos saludos! espero que tengan un lindo fin de semana lleno de yuyuu!
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