(Capítulo VII)

-Yurio-Llamó el pelinegro sujetando la tela, del brazo derecho, de la chaqueta del ruso.

-Ya te dije que no me llames así-Se quejó deteniéndose.

-Me han dicho que aquí es muy bueno-Ignoró sonriente, señalando un pintoresco restaurante que acababan de pasar.

-Ah, lo es-Aceptó el rubio desinteresadamente, resguardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta.

-¿Ya has venido?-Preguntó el japonés ladeando levemente la cabeza.

-Sí, hace unos años. Entremos-Incitó el menor yendo hacía la entrada del local.

-Me dijeron que los pirozhkis de aquí son geniales. Jamás los he probado-Anunció alegre el de ojos marrones, siguiendo al ruso.

-¿Pirozhkis?-Repitió el de ojos verdes, deteniéndose nuevamente a observar a su risueño acompañante.

-¡Sí!-Afirmó el pelinegro.

-¿Eso quieres comer?-Volvió a cuestionar el ruso.

-Ajá-Expresó el japonés, comenzando a extrañarse ante la actitud del rubio.

-Entonces vayámonos-Anunció secamente, retomando su marcha.

-¿Eh? pero ¿por qué? si dijiste que este lugar es genial-Preguntó intentando posicionarse junto al contrario, expresando confusión por medio de su rostro.

-No es tan bueno- Contradijo sin despegar su mirada del frente.

-Pero...-Insistió en japonés.

-Cállate. Te haré probar los mejores pirozhkis, así que deja de preguntar y solo sígueme.- Ordenó el más alto, con su irritada mirada, acelerando su andar- No hagas que me arrepienta- Advirtió dando por terminada la conversación.

-E-Está bien, lo siento-Aceptó finalmente el pelinegro, temeroso de impacientar más al chico y que este terminara por largarse sin él.

En un comienzo se limitó a seguir, a paso inseguro, al joven ruso, por las frías calles de San Petersburgo, sin comprender del todo donde se dirigían. Sintió una gran decepción invadirlo al notar que tomaban el metro en dirección hacia el hogar del contrario, temiendo el rotundo fracaso de su plan y que el chico simplemente buscara volver a su rutina habitual. No obstante, al rato, no tardó en conectar los nuevos sucesos a una sorprendente conclusión. El joven ruso cocinaría para ambos. Ya no había duda de ello, una vez que se encontraron en el supermercado más cercano al hogar del menor, donde por fin fue capaz de volver a lucir su cálida sonrisa y atreverse a iniciar una conversación trivial con su acompañante, la cual fue mucho más fácil de llevar de lo esperado, dado el desplante y conocimientos de ambos en las artes culinarias y las diferentes costumbres de sus respectivos países por compartir.

-Creo que ya tenemos todo-Comentó el rubio, observando como el pelinegro depositaba un kilo de harina en el carrito de compras que era empujado por él.- Vamos a pagar- Señaló dirigiendo sus pasos hacía el frontis del local, donde se encontraban las cajas registradoras.

-Ah, iré por algo más, te alcanzo enseguida-Indicó el pelinegro, desapareciendo entre los pasillos de la dirección contraria.

-Como quieras-Aceptó, siguiendo su marcha a paso lento, sumándose a la fila de clientes que esperaban su turno- Tsk-Masculló para sí mismo, siempre había odiado esperar.

-Perdón por la demora-Se disculpó el japonés apenas volvió a su lado, luego de unos minutos, cargando entre sus brazos un par de latas de comida para gato- No sabía cual escoger.

-¿Y eso?-Cuestionó el rubio tomando uno de los alimentos para observarlo mejor. Alimento fino para gatos adultos, sabor salmón. El favorito de su pequeña.

-Para tu gatita, no es justo que nosotros comamos algo diferente y ella no-Explicó el pelinegro, luciendo un leve pero adorable sonrojo sobre sus mejillas- Espero que le guste, de todas formas traje más de un sabor, por si acaso.

-Le encantará-Señaló el más alto, colocando su capucha negra sobre su cabello, intentando ocultar su rostro del oriental. No podía negar que la atención con su minina le había sorprendido y, por sobre todo, agradado. Ella era lo más preciado para él así que, ver que el pelinegro le diese igual importancia, no podía ser menos que especial, aunque no fuese a decírselo directamente.

-Habían demasiadas opciones para gatos en el pasillos de mascotas-Rememoró el japonés, en cuanto se encontraron caminando fuera del supermercado.-Fue muy confuso, nunca he tenido un gato.

-¿Ah? ¿En serio?-Preguntó el rubio alzando el tono de su voz, observando directamente al contrario.

-Sí, aunque hace algunos años tuve un perrito en Japón-Respondió descendiendo levemente su mirada.

-¿Qué demonios te pasa?-Cuestionó bruscamente el más alto, haciendo que el cuerpo de su acompañante diera un pequeño brinco producto de la sorpresa.

-¿Eh?-Expresó asustado. Veía venir un nuevo regaño por parte del menor, respecto a su "patéticas" tendencias depresivas.

-Los gatos son geniales-Señaló con un particular brillo en sus ojos.

-¿A-ah?-Tartamudeó sorprendido, definitivamente no se esperaba esa reacción.

-Los felinos en general, me encantan-Comentó rubio, manteniendo ese brillo emocionado en sus verdosa mirada, esbozando una leve sonrisa, casi infantil ante los ojos del pelinegro quien, por su parte, sonrió enternecido, entrecerrando levemente sus ojos.

-Espera llevarme bien con tu pequeña-Dijo suavemente, provocando que las mejillas del rubio se encendieran.

-No intentes comprar su amor, no es tan fácil-Advirtió intentando hacer caso omiso a su anterior reacción, apuntando con el dedo índice al japonés, haciéndolo reír.

Sin darse cuenta, gracias a la amena charla que siguieron desarrollando, ambos ya se encontraban en el hogar del joven ruso.

Luego de mimar a la felina, ambos se hallaban en la cocina, iniciando los preparativos para seguir la receta en cuestión. El oriental se sentía increíblemente afortunado y feliz por los rumbos inesperados que había tomado su plan. Estaba seguro de que no podría estar yendo mejor ya que, por fin, el rubio de mostraba relajado a su lado, permitiéndole conocerlo más, incluso había sonreído un par de veces, dejándolo como un idiota anonadado ante tal expresión, correspondiendo de la misma manera, de forma tardía.

Estaba impresionado por la expresión de paz y alegría que el rubio reflejaba mientras cocinaba, era como si el ruso estuviese viajando a otra época mucho más cálida. A pesar de no comprender el por qué de dicha actitud, se limitó a disfrutar cada oportunidad para contemplarlo de esa forma, llenándose él mismo de una agradable serenidad.


-Aquí estás-Saludó el oriental recibiendo a la felina que acababa de subir a sus piernas, en busca de cariño, ignorando a su dueño, quien seguía comiendo en silencio- Creo que le agrado-Comentó sonriente el pelinegro.

-Tsk, la comida, siempre funciona-Susurró de mala gana el rubio. "Traidora" formuló en su mente. La mal agradecida había ido rápidamente contra sus palabras pronunciadas a las afueras del supermercado.

-Volveré a traerte más, no te preocupes-Aseguró el pelinegro a la peluda criatura.

-No la vas a hacer engordar como tú, cerdo-Bromeó el ruso.

-¿Eso puede pasar?-Preguntó alarmado, preocupándose por la salud de la felina.

-Sí, pero no exageres, la mantengo controlada-Tranquilizó antes de dar un gran bocado- Hace mucho que no comía uno de estos- Anunció el rubio, sin disimular la expresión de satisfacción que se dibujaba en su níveo rostro.

-Eres realmente bueno cocinando-Alagó el pelinegro volviendo a disfrutar del delicioso platillo.

-No te lo esperabas, eh-Bromeó el rubio, reposando su mejilla sobre su mano izquierda- como mi edad. Creo que jamás olvidaré el espectáculo que hiciste cuando me la preguntaste, cerdo ridículo-Río el ruso, rememorando un episodio ocurrido luego de su tercer encuentro. Tras conocer la edad del menor, el japonés no dejó de repetirse que era un pervertido, hasta que, finalmente, el rubio cansando del escándalo, lo hizo callar, haciéndolo caer nuevamente ante sus deseos, mucho más poderosos que su razón y conciencia, además de un par de golpes y amenazas exigiendo que lo dejara de tratar como un niño.

-N-no fue para tanto-Se defendió el pelinegro, con sus mejillas profusamente ruborizadas- Además no es mi culpa que aparentes más edad.

-¿Aaah? no soy un anciano como tú, de ninguna forma, que aburrido-Se defendió.

-Claro, claro-Intentó contrarrestar conteniendo sus deseos de reír- Aaah, realmente se me hizo tarde-Recordó observando el reloj de la pared, el cual indicaba las 23hrs.- Creo que debería irme-Anunció.

-Está bien-Respondió luego de unos segundos de observarlo en silencio. Por un momento había creído que el pelinegro pasaría más tiempo con él. Se reprendió por esa idea. Ya había sido suficiente.

-Tengo mucho que hacer en el trabajo-Indicó alzando delicadamente a la felina, depositándola sobra la silla que antes ocupaba- ¿tienes muchas clases mañana?

-Unas cuantas, nada especial-Respondió tendiéndole su abrigo, tras ponerse de pie.

-Por lo menos ya tienes almuerzo listo para llevar-Insinuó observando a los pirozhkis que habían preparado, contento de haber visto al rubio comer con tanto entusiasmo.

-Suelo olvidar comer en la facultad-Comentó sin pensar- los llevaré.

-Debes cuidarte más-Aconsejó sonriente, mientras terminaba de arroparse para salir-Por cierto, ¿de dónde sacaste esta receta tan buena? Me encantaría tenerla-Agregó sin borrar la afable expresión de su rostro.

-Mi abuelo…me la dejó-Formuló animadamente las primeras dos palabras, hasta detenerse unos segundos, aminorando el volumen de su voz al agregar las restantes.- Creo que los míos ni siquiera se comparan a los de él-Completó con una falsa sonrisa, a la vez que acompañaba al pelinegro a la puerta.

-Ah, no digas eso-Regañó tiernamente, comenzando a captar el repentino cambio de actitud de su acompañante- aunque debe ser un cocinero genial-Añadió inseguro.

-Lo era-Declaró el rubio posando su mano sobre el picaporte de la puerta, donde se quedó estático por unos segundos, bajo la penetrante mirada del oriental. Mierda, odiaba ponerse así, odiaba que lo vieran ser débil. Debía esforzarse por ocultar sus emociones, mantenerlas aisladas. Presionó con más fuerza la perilla, luchando por recuperar la compostura.

-Lo siento mucho-Musitó el oriental a su lado, posando su mano derecha sobre el hombro del contrario.

-No me pongas esa cara, idiota-Detestaba como sus ánimos habían decaído de un momento a otro, trayéndolo de vuelta a la realidad. No obstante, también se sentía sorprendido de haber podido seguir cada paso de la receta sin atisbo de tristeza. Con Yuuri a su lado, sencillamente, había logrado despejarse y disfrutar del proceso, como si de los alegres viejos tiempos se tratase.

El pelinegro había logrado algo increíble en él, algo que no terminaba de comprender.

-Yurio-Llamó acercándose un poco más al chico que recién liberaba el picaporte. Lo embargaba un profundo e incontrolable deseo por ayudarlo, sin embargo, no entendía qué podría hacer él por el joven ruso. Se maldijo por su inutilidad.

-Idiota-Masculló desviando su mirada hacía la parte baja de la puerta. Continuando la lucha contra sí mismo. No quería sumirse en esas ideas, otra vez no, no esta noche.

-Puedes habl…-No terminó de formular el pelinegro, al ser posicionado y aprisionado bruscamente contra la puerta de entrada.

-Ya no te irás tan pronto-Notificó atrapando con su profunda y verdosa mirada al contrario, antes de buscar ansiosamente sus rosáceos labios.

En un principio al japonés le costó trabajo adaptarse al fogoso contacto, producto de su imperecedera preocupación por el menor, a pesar de eso, no tardó en captar que esta era la manera que el rubio había escogido para escapar de sus amargas emociones y él no iba a privarlo de ello. Entrelazó sus manos detrás del cuello del más alto para atraerlo más hacía sí mismo, aumentando el roce entre sus cuerpos.

-Y-Yurio-Nombró enredando sus piernas en la cintura del menor, luego de que este lo alzara.

-No podemos romper con la costumbre-Susurró sobre el oído derecho del oriental, iniciando un tentador vaivén entre sus intimidades.

Antes de volver a unir sus labios, el pelinegro fue capaz de apreciar el deje de tristeza que el rubio intentaba sofocar a toda costa, lo que efectivamente logró, al entregarse ambos a su lujuriosa compañía.

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Hola que tal e.e lo prometido es deuda y, como dije, el martes les traería nueva actualización :3 temí no lograrlo ya que es un cap mucho más largo de lo usual e.e pero aquí estoy c: espero que les guste!

Como siempre, muuuuuchas gracias a quienes se manifiestan ;O; siempre lo digo, pero en realidad es la mejor recompensa ver que les gusta c: y eso me anima montones seguir c: -corazones por mil-

En fin, nos leemos en la próxima actualización, muuuchos saludos para todos.

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