(Capítulo VIII)
Llevaba un buen rato intentando dormirse, luego del encuentro con el rubio, quien ya descansaba plácidamente a su lado, descubierto por la traviesa luz de luna que se colaba suavemente por las delgadas y extravagantes cortinas de la habitación.
Por el contrario, el pelinegro no era capaz de dejar de divagar una y otra vez, girando en torno a las mismas ideas, alejándolo sin cuidado de su merecido descanso tras un agotador día. Pero ¿Qué podía decir? Ninguno de los temas eran fáciles de abordar, sin embargo, su preocupación y sentimentalismo no le permitían dejarlos atrás. En primer lugar, se encontraba la profunda tristeza que el rubio sentía, añorando a su difunto abuelo. Ese hecho le permitía responder, por fin, varias de las interrogantes sobre el joven ruso y, además, lograban contagiarle su tristeza. No podía ni siquiera imaginar el dolor que pasó el rubio ¿hace cuanto? ¿Alguien estuvo con él? Nuevas interrogantes se sumaban a la extensa lista.
Se sentía como un verdadero idiota, mientras el lloraba por el desamor de su ex, el rubio escondía profundos sentimientos, distantes a la felicidad.
-Yurio-Nombró observando el pacífico rostro del aludido, mientras descansaba a su lado sobre la mullida cama. Sus delicadas pero maduras facciones envueltas en la tenue luminosidad, con esa expresión única, de tranquilidad, acompañando a su acompasaba respiración, volvieron a traerlo a la calma.
Soltó un suspiro resignado, antes de esbozar una pequeña sonrisa, sin dejar de observar al menor. Acababa de asumir que la noche sería más larga de lo esperado, no obstante, con la imagen de Yuri, confiaba en que, al menos, sería agradable vivir aquel insomnio. Después de todo, a su lado o no, tenía claro que no podría evitar que su mente tratara de inmiscuirse en la vida del misterioso ruso, como siempre hacía.
Tras unos minutos de contemplarlo en silencio, se atrevió, casi de forma inconsciente, a deslizar su mano izquierda sobre la suave mejilla del menor, removiendo los cabellos que traviesamente cubrían parte de sus atractivas facciones.
Definitivamente no quería volver a ver al rubio de esa forma, ni por un instante. Se negaba a que el Yuri luciera esa triste expresión.
Pero...
-¿Qué puedo hacer yo?-Se atormentó en voz baja, manteniendo el dulce contacto. A pesar del relajo que lo invadía tras cada segundo, disfrutando la cálida sensación, sintió como su corazón se detenía de golpe y sus mejillas se acaloraban de la misma forma, al percibir como la mano del contrario se posaba sobre la suya, aprisionándola, al igual que la profunda mirada que ahora lo envolvía.
Lo había atrapado.
-Yu-yurio- Tartamudeó en voz baja. Su corazón latía desenfrenado. No sabía que decir ¿acaso debía justificarse a base de mentiras?
-¿Qué se supone que estás haciendo, cerdo?-Cuestionó en un susurro perezoso, dejando atrás su habitual dureza. Retiró su mano lentamente, liberando a la temerosa del contrario, la cual se retrajo hasta descansar en su propio pecho.
-Lo-lo siento mucho-Se disculpó como de costumbre, encogiéndose de hombros.
-¿Acaso tienes frío?-Preguntó el rubio, sin desconectar sus miradas. Acabando, instantáneamente, con las negativas expectativas del oriental.
-¿Ah?-Preguntó por reflejo el pelinegro, mutando rápidamente la expresión de su rostro, del miedo al más puro desconcierto. ¿Había escuchado bien?
-Es Rusia-Musitó volviendo a sentir como sus parpados pesaban- A veces no me deja dormir-Agregó sin clara conexión, dejando descansar su verdosa mirada.
-Estoy bien, no te preocupes-Musitó acompañado de una mueca enternecida, tras unos segundos, comprendiendo la situación, apreciando como el rubio volvía a caer rápidamente en los brazos de Morfeo.
De seguro ni siquiera lo recordaría por la mañana.
En cambio, el pelinegro, bien sabía que había algo que no podría olvidar por la mañana siguiente, ni las venideras. Era la segunda cuestión que no dejaba de rondar por su mente. Ese sentimiento. La había pasado realmente bien con el muchacho ese día, es más, hace mucho no disfrutaba tanto de una fría tarde como aquella. Deseaba, desde lo más profundo de su pecho, repetir ese encuentro, disfrutar cada momento de la compañía del joven ruso que, a pesar de su hostilidad, tenía bastos sentimientos ocultos.
¿Por qué era que se sentía, a cada momento, más atraído al rubio?
Yuri Plisetsky lo estaba atrapando.
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Hola que tal? Lamento muuuuuuuuchoooo la tardanza :s sé que ha pasado mucho tiempo para un cap así de corto peeeeroooo les contaré el por que, para que me entiendan :c Hace algunos meses sufrí un accidente donde me quebré una pierna y durante estas semanas recién me dieron el alta para volver a caminar, lo que ha sido todo un proceso (incluso doloroso) que se llevó casi todo mi tiempo :,c ahora recién estoy caminando con normalidad y bueno recuperando mi vida anterior al accidente, de igual forma. Espero ya desde el domingo acomodar mejor mis horarios para poder actualizar seguido como se merecen :c
En fin, muchisimas gracias por quienes se han sumado en estos días y a quienes han tenido la paciencia de esperar!
RequeteMiau
