(Capítulo IX)
Despertó con el molesto sonido de su alarma. Le parecía increíble como podías llegar a detestar tu canción favorita al designarle esa función. Cada mañana lo hacía querer aventar su celular por la ventana o contra la pared, como ya había hecho un par de veces. Apagó sin cuidado el molesto sonido y se sentó en la cama, cubriendo su rostro con su mano derecha.
-Otro platillo de katsudon por favor...-Llamó la atención del ruso, la perezosa y poco clara voz del pelinegro.
-¿Ah? ¿Aún estás aquí?-Cuestionó para sí mismo al notar que el japonés todavía se encontraba profundamente dormido, abrazando cómodamente una de sus almohadas. Comprobó la hora en su celular, efectivamente eran pasadas las ocho, como sospechaba, al cerdo se le había hecho increíblemente tarde para asistir a su trabajo.
-Más katsudon...-Volvió a agregar el pelinegro, totalmente ajeno a su ajetreada realidad, sacándole una mueca indescriptible al perplejo menor.
-En serio eres un maldito cerdo-Comentó acercándose hasta el contrario, notando las profusas ojeras que adornaban sus ojos, haciéndole cuestionarse cuanto había descansando el pelinegro. Se sintió tentado a dejarlo así, sin perturbar su sueño, sin embargo, abandonó la idea al instante, el tipo haría un escándalo si lo dejaba así, y no estaba de ánimos para los dramatismos del extranjero. Comenzó a sacudirlo suavemente, sin obtener más respuestas que balbuceos sin sentido.
-Hey, cerdo, ya, despierta de una vez-Repitió alzando el tono de su voz, a la vez que sacudía el hombro derecho del pelinegro. Sentía como comenzaba a irritarse poco a poco ante sus fallidos intentos- Tsk, que molesto-Masculló deteniendo el contacto. Empezó a sopesar sus opciones, cada una más violenta que la anterior, no obstante, para la fortuna de Yuuri, una nueva y diferente idea inundó la mente del rubio.
-Esto va con nosotros-Sonrió malicioso antes de acercarse nuevamente al contrario para comenzar a morder y besar seductora e insistentemente su cuello, a la vez que revolvía su cabello y acariciaba su cuerpo. No tardó en notar como el japonés reaccionaba perezosamente ante sus caricias, haciéndolo sentir orgulloso. Sucesivamente, el pelinegro, posicionó sus manos tras el cuello del ruso e, inesperadamente, se acomodó hasta unir sus labios, envolviéndolos a ambos en un contacto extremadamente dulce, que descolocó por completo al menor.
-Buenos días-Saludó abriendo levemente sus ojos, acompañado de una tenue sonrisa. Por su parte, el rubio que aún se encontraba atrapado entre los cálidos brazos del mayor, sintió como la sangre se acumulaba rápidamente en sus mejillas. Jamás se esperó que su idea derivara a una situación como aquella, tan desconocidamente tierna y cálida. Casi como si de una pareja tradicional se tratase.
Se quedó estático, incapaz de disimular la extrañeza en su rostro, mientras observaba como el semblante del pelinegro se transformaba, pasando de embriagante tranquilidad a acalorada sorpresa.
-Ah Yu-Yurio, lo siento mucho-Se disculpó al notar la respuesta inconsciente que acababa de tener con el contrario. Era como si se hubiese transportado al pasado, días felices y mañanas acogedoras junto a su querido novio, no obstante, una parte de él siempre supo que se trataba del rubio, olvidando por completo los tintes de su actual relación.
-Raro-Se limitó a decir, sentándose en su lado de la cama, apenas el japonés aflojó el agarre.
-Actué por re-reflejo-Siguió tartamudeando, intentando excusarse, a la vez que se incorporaba en la cama.
-Ya, olvídalo-Insistió, ocultando su rostro del oriental. Dios, le costaría trabajo olvidar ese momento, se había sentido tan…diferente.-Mejor fíjate en la hora, cerdo, son pasado las ocho.-Desvió, dispuesto a evadir la situación.
-¡¿Qué?! No puede ser-Expresó exaltado el pelinegro, colocándose rápidamente las gafas que había abandonado en la mesita de noche- ¡Tengo que ir al trabajo! Mi alarma ¿por qué no sonó?-Preguntó mientras se levantaba rápidamente en busca de su ropa, bajo la burlona mirada del menor.
-¿Acaso tú la apagaste apropósito, Yuri?-Cuestionó alzando la voz, mientras clavaba su mirada sobre el aludido, quien lo miro sorprendido por un instante.
-¿Ah? ¿por qué yo apagaría tu estúpida alarma? De seguro tú mismo lo hiciste sin darte cuenta-Se defendió irritado.
-Aah, ¡no sé qué haré!- Se quejó desesperado. Ya había faltado un par de veces al trabajo producto de sus irresponsables borracheras pasadas. No podía seguir así.
-Volver a esta jodida cama-Respondió el ruso, con su severo tono de voz.
-¿Ah? ¿Qué dices?-Preguntó desconcertado, sin detener sus apresurada búsqueda de las prendas faltantes.
-Te ayudaré-Respondió desinteresado, descansando su mejilla sobre su mano derecha.
-¡No hay tiempo para eso!-Negó, mal entendiendo las intenciones del menor.
-Por estas cosas es que detesto relacionarme con la gente-Se quejó aprisionando el puente de su nariz con su mano libre-Escúchame cerdo, porque no volveré a repetirlo y te vas a la mierda-Advirtió irritado, consiguiendo que el pelinegro se detuviera al instante- Tengo un certificado médico en blanco, te lo daré para que lo presentes en tu trabajo y dejes de lloriquear-Completó rápidamente.
-¿Ti-tienes que?-Cuestionó impresionado, él jamás había hecho ni pensado en hacer uso de una herramienta así.
-Vivo solo, soy universitario, blabablabla, necesitamos esas cosas-Explicó agitando su mano derecha desinteresadamente.
-No lo sé, jamás he hecho algo así-Expresó sujetando su brazo izquierdo con la mano contraria, incomodo ante la idea.
-Creo que ya hemos hablado sobre hacer cosas nuevas ¿no?-Contestó, dejando caer su espalda sobre su mullida cama, dándole tiempo al pelinegro para sopesar, en silencio, sus inexistentes opciones.
-¿Y funcionará?-Pregunto finalmente, temeroso.
-¿Por qué no funcionaría?
-Es cierto...me siento un poco mal por eso pero...realmente estoy cansando-Dijo sentándose a los pies de la cama- Últimamente me he tenido que llevar el doble de trabajo.-Notificó, sumando mentalmente las noches de insomnio que se ganaba pensando en el joven ruso.
-Tsk, deberías agradecerme en vez de gritarme, cerdo estúpido-Se quejó rememorando la pasada reacción del japonés.
-Es cierto, lo lamento-Dijo volteando hacía el contrario, con una apenada sonrisa adornando su cansando rostro- Me altero demasiado en esas situaciones, debo cuidar mi fuente de ingresos después de todo-Añadió acompañado de una sonrisa nerviosa, la que se borró al instante, cuando sintió como una almohada se estrellaba contra su rostro.
-Ya deja de hacer eso-Se quejó el rubio, aún con su brazo extendido producto del lanzamiento.
-Ah, Yurio ¿Por qué hiciste eso?-Cuestionó el pelinegro sobando su rostro.
-Tsk-Volvió a mascullar. Estúpidos orientales y su extraña ternura, pensó- Como sea, haré café.-Notificó antes de ponerse de pie y dirigirse a la puerta de la habitación.
-Te ayudaré-Dijo el pelinegro.
-No es necesario-Negó sin dirigirle la mirada.
-Pero…-No terminó de reclamar al ser silenciado por el sonido de la puerta cerrándose bruscamente, a las espaldas del rubio. Decidió hacer caso y apreciar la atención del menor, después de todo, estaba siendo más que afortunado al ser atendido por el, habitualmente hostil, ruso.
-Si crees que en tu oficina se están aprovechando de ti, deberías quejarte, idiota-Comentó el rubio, antes de beber de su humeante taza de café.
-¡No quise decir eso!-Contestó el pelinegro, intentando corregir lo que acababa de relatar.
-Sí, así fue. En serio debes aprender a hacerte ver, más aún si te esfuerzas tanto-Reprendió nuevamente el de ojos verdes.
-Es fácil decirlo-Contradijo acariciando a la felina que había venido a hacerles compañía en la cómoda cama del menor.
-También hacerlo, cerdo, solo di lo que piensas y ya-Sugirió dejando su taza vacía en la mesita de noche, para luego ponerse de pie- Voy a la ducha, debo irme a clases pronto.
-Me alistaré para irme entonces-Notificó el pelinegro, imitando la acción.
-Puedes quedarte más tiempo si quieres, no me importa-Contestó mientras buscaba ropa limpia. Sabía lo agotado que estaba el mayor, por lo tanto, no lo forzaría a darse prisa solo para dejar su casa en solitario, algo que ni siquiera le importaba de no ser por su querida mascota.
-¿En serio?-Preguntó perplejo. Jamás se había quedado a solas en la casa del rubio, le parecía una gran muestra de confianza.
-Sí, solo debes cuidarla, no me gusta que se sienta sola y hoy volveré tarde-Mencionó señalando a su felina.
-¡Lo haré!-Aceptó emocionado ante su tarea de encargarse de la querida gatita del ruso, quien, por su parte, solo se limitó a desviar la mirada y salir rápidamente de la habitación.
-Estúpido cerdo adorable-Susurró para sí mismo, una vez fuera del alcance del aludido, frunciendo profusamente el ceño.
-Ya me voy-Notificó el rubio desde afuera de la puerta del baño, donde el agua de la ducha acababa de comenzar a correr.
-¿Eh? Espera-Se escuchó desde adentro, justo antes de abrirse la puerta frente a él, dejando ver a un despeinado Yuuri, quien solo vestía unos bóxers.- Yurio, no olvides llevar tu almuerzo-Recordó rápidamente, haciendo caso omiso a su precaria vestimenta.
-¿Qué eres? ¿una jodida esposa o qué?-Preguntó alzando su ceja derecha, intentando ignorar el adorable rubor que lucía el japonés.
-Preocuparse no es malo-Justificó sin pensar, formando un pequeño puchero ante la comparación- Entonces ¿lo llevas?
-Tsk, sí, está en mi mochila-Contestó alzando su rostro, fijando su mirada en el techo. Rogaba en su interior porque sus mejillas no se sonrojaran producto de la amabilidad del pelinegro ¿acaso intentaba provocarlo?.
-Genial, entonces ve con cuidado y que tengas un muy buen día, Yurio-Deseó con una gran sonrisa y amplio rubor, adornando su rostro y cada centímetro de la habitación, dejando al joven ruso estático ¿qué demonios estaba pasando por su mente? definitivamente ni siquiera quería saberlo.
-¿Yurio?-Llamó al no obtener respuesta, inclinando levemente su cabeza hacía la izquierda, haciendo que una oleada de sensaciones y pensamientos volvieran a arremeter contra el rubio, sin embargo, rápidamente concluyó, erróneamente, que el pelinegro efectivamente buscaba provocarlo y que estaba dispuesto a caer.
-Creo que el día de hoy no es tan importante-Excusó antes de adentrarse al cuarto del baño junto al extrañado pelinegro, cerrando la puerta tras él.
-¿Yurio? ¿Qué haces?-Preguntó sintiendo como los nervios volvían a invadirlo, mientras observaba al ruso desprenderse, velozmente, de su chaqueta de animal print- Vas a llegar tarde- Recordó sin dejar de observar como las prendas del menor poco a poco desaparecían.
Creo que olvidé ducharme.
Pero si acabas de hacerlo.
Me siento sucio otra vez.
¿Eeh?
…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hola que tal! Creo que actualicé más rápido de lo que esperaba! Porque hoy tuve que volver a pasar el día en cama porque me resfrié salvajemente (sí, que yeta) y decidí aprovechar para terminar de escribir este cap c: espero que les guste y que disfruten que es más largo que el anterior c:
Como siempre muchísimas gracias a quienes se manifiestan! Me motivan montones a seguir! Y también muuuuchas gracias por sus buenas vibras y paciencia por lo de mi pierna jeje :3 afortunadamente estoy cada día mejor c:
En fin, nos estamos leyendo –corazones por mil-
RequeteMiau
