(Capítulo X)
-Maldito cerdo-Refunfuñó molesto, mientras aceleraba el paso para llegar a tiempo a su salón de clases, tras ver la hora en su celular- ¿Quién te crees que eres?-Continuó su monologo, el cual ya llevaba desarrollando largo rato, gracias a la imperecedera imagen del japonés.
-¿Yuri?-Nombró una hermosa chica pelirroja, apenas vio entrar al rubio apresuradamente al salón, dirigiéndose, con su habitual mal humor, a sentarse a junto a ella y el joven kazajo que la acompañaba como de costumbre.
-Yura, llegas tarde-Comentó el pelinegro, con su estoica expresión.
-Lo sé, Beka-Respondió soplando uno de los tantos mechones de cabello que caían libremente sobre el lado derecho de su rostro.
-¿Podrá ser que te estuviste divirtiendo mucho con cierto oriental?-Insinuó sonriente la de ojos azules, inclinándose hacia el aludido.
-¿Oriental?-Repitió el extranjero, inclinado levemente la cabeza.
-No jodas, vieja bruja-Insultó escondiendo su rostro de sus atentos acompañantes. Jamás dejaría que lo vieran sonrojado, estaba seguro que, de ser así, las burlas de la pelirroja tardarían semanas en detenerse y no estaba dispuesto a someterse a semejante tortura.
-Pensé que tener un lindo novio te pondría de mejor humor-Respondió la chica, reposando su fino rostro sobre su mano derecha, sin abandonar, en ningún momento, su juguetona sonrisa.
-¿Qué mierda dices?-Volteó irritado, sin poder controlar el sonrojo que inundaba sus mejillas, el cual, para su fortuna, esta vez reflejaba una peligrosa combinación entre su habitual cólera y esporádica vergüenza.
-Lo que escuchaste. ¡Ya dame los detalles!-Insistió emocionada, sacudiendo infantilmente al contrario.
-No te diré nada, jodida loca-Gruñó intentando darle final al molesto contacto.
-Vamos, Otabek, ayúdame-Pidió la pelirroja de forma caprichosa, alargando la última vocal.
-Ya llegó el profesor-Distrajo seriamente el pelinegro, sin dirigirles la mirada al escandaloso par.
-Aburrido-Se quejó la chica inflando sus mejillas, a la vez que liberada al irritado ruso.
-Como sea –Comentó el agotado rubio. No se encontraba de ánimos para soportar las rarezas de sus compañeros, no tras ser sacado a la fuerza de su propia casa, por el oriental.
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-¿Yurio?-Llamó el pelinegro al notar como el aludido comenzaba a relajarse a su lado, tras cubrir su desnudo cuerpo con las acogedoras mantas de la cama- ¿Qué haces?
-¿Descansar?-Respondió burlesco, sin dirigirle la mirada al japonés.
-No-Contestó seriamente, llamando la atención del joven ruso quien, no obstante, se mantuvo en su lugar, fingiendo indiferencia-Primero que todo tu cabello está totalmente mojado, no puedes dormirte así de nuevo-Comenzó mientras se ponía de pie, cubriéndose con una toalla.- Y en segundo lugar, estás atrasado para ir a tus clases.
-Da igual-Contestó perezosamente, ajeno a la seria expresión del pelinegro, la cual reflejaba clara desaprobación.
El rubio se estaba preparando mentalmente para enfrascarse en una tonta discusión con el dramático pelinegro, sin embargo, sonrió triunfal ante la silenciosa salida del mayor, dando por terminada la molesta charla. No obstante, al rato, cuando ya se encontraba a poco de volver a conciliar su anhelado sueño, sintió como una toalla caía pesadamente sobre su cabeza, sobresaltándolo sin previo aviso.
-¿Qué demonios?-Cuestionó incorporándose bruscamente, haciendo a un lado el molesto objeto.
-Estoy seguro de que aún puedes llegar a tiempo al resto de las clases-Justificó con una tenue sonrisa, mientras se acercaba hasta la cama y se acomodaba tras el rubio, para luego recuperar la toalla y comenzar a secar el cabello del contrario, provocando que el rostro del mismo se tiñera totalmente de rojo.
-¿Q-qué crees que haces?-Preguntó, maldiciéndose a sí mismo por ese ridículo tartamudeo.
-Te ayudo a llegar a tiempo, cada día cuenta-Respondió sonriente, sin descuidar su labor.
-Idiota, es tu culpa en primer lugar-Susurró tras esforzarse en mantener la compostura y disfrutar, muy a su pesar, de las agradables caricias que le propinaba el oriental al revolver su cabello.
-¿Mía?-Preguntó ladeando la cabeza.
-Sí-Afirmó aún en voz baja.
-¿Por qué?-Cuestionó divertido ante la infantil actitud que acababa de tomar el menor.
-Tsk, y tienes el descaro de preguntar-Respondió, sacándole una risita al contrario.
-No lo entiendo, pero está bien, acepto la culpa ¿me perdonas?-Cuestionó inclinándose hacia el costado de su acompañante para poder observar su, inesperadamente sonrojado, rostro, logrando así el mismo efecto con el propio.
-Ya paraaa-Exigió, posando su mano sobre la mejilla del contrario, alejándolo a la fuerza. Acto seguido, le quitó la toalla de las manos para continuar el mismo con la tarea-Mejor déjame solo, me alistaré para salir- Terminó, escapando de la atenta mirada del mayor.
-¡Traeré la ropa que dejaste tirada en el baño!-Notificó antes de salir de la habitación por las prendas, dejando al silencioso rubio con la única compañía de su desbocado e incomprendido corazón, latiendo a un ritmo inusual.
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-Idiota-Susurró rememorando cada momento vivido esa mañana con el mayor. Se sentía tan irritado por las extrañas e incontrolables sensaciones que habían comenzando a invadirlo por su causa, sumado a eso, tenía un dolor de cabeza que no lo abandonaba ni por un instante, llevándolo a posar sus manos sobre la zona afectada, en busca del alivio que jamás llegaba.
-¿Yuri? ¿estás bien?-Escuchó a sus espaldas, la bien conocida voz de su mejor amigo, quien posó su mano sobre su hombro derecho.
-Beka-Nombró ladeando levemente la cabeza para mirarlo- ¿Qué haces aquí?
-Eso debería preguntarlo yo, la clase ya comenzó-Respondió extrañado, sentándose frente al ruso.
-Tengo un jodido dolor de cabeza, esperaré a la siguiente hora para entrar-Se excusó escondiendo su rostro entre sus brazos.
-Espérame aquí, le encargaré mis cosas a Mila-Notificó poniéndose de pie, luego de haberlo observarlo en silencio durante algunos segundos.
-¿Eh? ¿Por qué?-Cuestionó volviendo a alzar su rostro.
-No te ves bien, te llevaré a casa, el frío de la facultad no te ayudará a sentirte mejor y no tiene caso quedarte en esas condiciones-Aclaró antes de alejarse, dejando al decaído rubio atrás.
Ya llevaba un par de horas forzándose a seguir a pesar del las molestias de su estado por lo que, a estas alturas, la idea de volver a casa ya no le parecía tan mala, después de todo, el pelinegro tenía razón, el frío de la facultad, más las animadas charlas de sus compañeros, no hacían más que empeorar su condición y ánimo.
-¿Estarás bien?-Cuestionó el kazajo, ya a las afueras de la casa del joven ruso.
-No exageres, solo tengo que dormir un rato y ya-Respondió, intentando disimular su malestar- ¿Otabek?-Llamó al notar que la mirada del aludido se perdía hacía el frontis de su hogar.
-¿Estás acompañado?-Cuestionó con su habitual tono estoico, sin dejar de examinar la fachada en cuestión.
-¿Por qué lo dices?-Preguntó confundido, frunciendo levemente el ceño ante el temor de que a su mejor amigo se le hubiese contagiado la molesta actitud de la pelirroja.
-Las luces están encendidas-Justificó acomodándose para retomar la marcha.
-¿Ah?-Expresó ante la evidente señal a la que había hecho caso omiso. Definitivamente no se esperaba que el oriental siguiera en casa- He estado un poco distraído, como sea, gracias por traerme, nos vemos-Terminó apresuradamente, comenzando a dirigirse hacía la entrada de su hogar, escuchando el ronroneo del vehículo del mayor alejándose poco a poco, tras la rápida despedida.
Sacó ansiosamente las llaves de su bolsillo y ya una vez dentro, una sensación que creía olvidaba había comenzado a invadirlo. Todo se sentía extrañamente acogedor y cálido. Se encontraba en otro inesperado viaje al pasado.
-¿Cerdo?-Llamó dando lentos pasos, sin obtener respuesta alguna, mientras apreciaba, poco a poco, las agradables características que creaban tan amena sensación. En primer lugar, notó como el pelinegro se había tomado la molestia de limpiar y ordenar el descuidado lugar. Seguido a eso, sentir el abrigo de su hogar, protegiéndolo de las frías calles de Rusia, sin tener que encargarse el mismo de la calefacción. Y, por último, el agradable aroma de una cena recién preparada. Una combinación perfecta que le recordaba, irremediablemente, a las bellas épocas en las cuales su querido abuelo aún estaba con él, cuidándolo y acompañándolo cada día.
Cuando por fin pudo visualizar al atento japonés, lo encontró durmiendo plácidamente en uno de los sofás, acompañado por su encantadora minina descansando en su regazo. Si ya se sentía embobado gracias a las peculiares molestias que el pelinegro se había tomado, esa sensación aumentó, como no creyó posible, al contemplar la escena.
Se acercó lentamente al mayor, sintiéndose inevitablemente atraído a él. Nuevamente extrañas sensaciones no se cansaban de arremeter contra su joven pecho, llevándolo incluso a ignorar el malestar físico que no dejaba de aquejarlo hace un par de horas. Inconscientemente acercó delicadamente su mano derecha al rostro del contrario, deslizando suavemente sus nudillos sobre mejilla ajena, hasta alcanzar el marco de sus tradicionales gafas azules, las cuales le quitó, sin dejar de analizar, ni por un instante, su pacífico rostro.
-¿Yurio?-Llamó perezosamente su acompañante, tras ser despertado por el leve contacto.
El rubio, al sentirse descubierto, no tardó en abandonar apresuradamente las gafas al costado del mayor y, seguido, voltear rápidamente hasta darle la espalda al despistado japonés. Sentía como sus mejillas no dejaban de arder y su corazón se aceleraba ¿qué se suponía que estaba haciendo? Nuevamente se sentía como un idiota.
-Pensé que ya te habías ido a casa-Formuló intentando controlar los frenéticos latidos de su corazón. Sin dejar de maldecirse a sí mismo una y otra vez.
-Lo siento, no sé en qué momento me dormí otra vez-Se disculpó acompañado de una tímida risita, a la vez que frotaba su nuca con la mano derecha.- ¿Qué hora es?-Añadió poniéndose de pie, acomodando a la felina en su lugar.
-Pasado las seis-Contestó volviendo a conectar sus miradas. Sentía un gran alivio al notar que el pelinegro no le había dado importancia alguna a sus acciones, no obstante, otro sentimiento comenzó a invadirlo ¿Por qué no se encontraba sonrojado como un idiota? Eso le irritaba ¿qué acaso él no era suficiente para generar esas reacciones una y otra vez?
-¿No se supone que tenías clases hasta las 8?-Cuestionó acomodando sus gafas.
-Las cancelaron-Mintió al instante, esquivando la molesta expresión del mayor, a la vez que se esforzaba en hacer caso omiso a sus emociones y, por otra lado, ocultar los crecientes malestares de los cuales volvía a tomar conciencia.
-Mmmm-Expresó insatisfecho, cruzándose de brazos.
-¿Qué? ¿Acaso llamarás a mi facultad para comprobarlo?-Cuestionó acercándose al pelinegro, evidenciando la diferencia entre sus estaturas.
-No-Dijo inflando levemente sus mejillas- De todas formas, lamentó haberme quedado tanto tiempo, ahora si, debo irme a casa-Añadió esquivando al rubio, yendo por su abrigo.
-Gracias por hacerle compañía y…por todo lo demás-Añadió tras algunos segundos de silencio, mientras acariciaba el suave pelaje de la felina.
Sus palabras no tardaron en sorprender al japonés, producto de la suavidad y timidez con las que habían sido pronunciadas, llevándolo, incluso, a detener sus acciones por un momento.
-No hay de que-Expresó acompañado de una dulce sonrisa. Se sentía feliz de haber podido ayudar al rubio de algún modo y, más aún, de haber podido pasar tanto tiempo con él.
-¿Guardaste el certificado?-Preguntó de la misma forma, aún sin dejar de fijar la mirada en su mascota.
-Ajá…y ¿ahora quién se preocupa como una esposa?- Se burló tiernamente, mientras abrigaba su cuello con una bufanda.
-No me compares, cerdo estúpido-Se defendió recuperando su habitual hostilidad.
-Lo siento, lo siento-Se disculpó sin dejar de reír.
-Idiota-Terminó, acompañando al mayor hasta la puerta.
-Sí, un poco-Aceptó de pie frente al rubio, sintiendo como el frío ambiente del exterior comenzaba a invadirlo bruscamente, al igual que sus deseos de expresarle, al menor, los pensamientos y deseos en los que se había encontrado divagando anteriormente.
-Entonces…nos vemos-Se despidió extrañado el joven ruso, ante el extraño y prolongado silencio del mayor.
-¡Yurio!-Llamó deteniendo la puerta, armándose de valor. Estaba seguro de que era el momento de expresar lo que sentía, después de todo, debía aplicar lo que había aprendido durante este tiempo y dejar de preocuparse tanto por cada detalle.
-¿Qué pasa?-Cuestionó intrigado. La ansiedad por escuchar cada palabra del mayor era extrañamente sofocante.
-Yo...realmente la pasé muy bien en este tiempo "diferente" contigo-Confesó con una tímida sonrisa, a juego sus enrojecidas mejillas-Espero que podamos repetirlo, en verdad me gustaría mucho-Terminó por añadir, nervioso ante la posibilidad de ser duramente rechazado por el rubio, no obstante, alegre de haber sido capaz de expresarse con libertad.
-Cerdo idiota, ya vete a casa-Respondió en voz baja, con un llamativo sonrojo invadiendo su pálido y, evidentemente cohibido, rostro. Finalmente, cerró la puerta lentamente, dejando atrás la encantadora expresión del pelinegro- Yo también lo espero-Se atrevió a confesar para sí mismo.
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Hola que tal! tarde más de lo que esperaba en actualizar D: a pesar de eso el cap es largo :3 espero que haya valido la espera para ustedes (?
Muuuuuuuchaaaaaas gracias a quienes se han sumado a esta historia, la verdad estaba impresionada por eso jajaja ya que (sobre todo en wattpad) me estuvieron llegando muuchas notificaciones bonitas -corazones por mil- de verdad gracias por manifestarse c: eso me motiva a montones! y me presiona también jajaj es un recordatorio constante de que debo actualizar! xD
Muchos saludos y por sobre todo muuucho amorsh para todos c:
RequeteMiau
