Albert Albert, escrito por Yuleni Paredes. Narración hecha desde el punto de vista de William Albert Ardlay, el verdadero príncipe de la colina, quien rompe la cuarta pared para hablarles a ustedes estimada audiencia.

Basado en Candy Candy, la historia definitiva, cuyo personaje protagónico sufrió, incluso más que la protagonista.

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Capítulo 3

Luego de darle instrucciones precisas a Georges para que le diera dinero a Candy y le comunicase que está en libertad de elegir: ¿dónde disfrutar sus vacaciones? Me dije: "Cumplí mis obligaciones, Candy está sana y salva en Londres, he decidido abandonar el zoológico Blue River y poner rumbo a mi tan preciada África".

Confesaré que nunca tuve que preocuparme por el trabajo o por el dinero y eso se lo debo a mi familia.

Siempre me han asaltado las dudas sobre si sería capaz de hacer algo por mí mismo, así que me tomé el viaje a África como un reto para mí.

Necesitaba demostrarme que era capaz de ganarme la vida sin necesidad de llevar mi apellido acuestas. Por eso, elegí marcharme y cortar contacto con todo el mundo, incluido Georges, solo porque quería empezar a valerme por mí mismo.

Tuve que dejar a Poupée en África y prometo que fue una de las decisiones más duras de toda mi vida. Sin embargo, los empleados de la última clínica veterinaria en la que trabajé la querían mucho, así que pensé que era la decisión correcta.

Al tiempo, me comunicaron que falleció por causas naturales, ya anciana. Siempre oro para que descanse en paz.

Volviendo a mi decisión de regresar con mi familia, diré que quizá ustedes no lo saben, pero en África resonaba el eco de la guerra, y fue tal vez ese ambiente de peligro lo que me sacudió por dentro.

La verdad, pensé que no habría ningún problema si desaparecía porque los negocios de la familia estaban estables en aquel momento. ¿Cómo pude ser tan egoísta? Sabía a la perfección que la gente iba a preocuparse por mi bienestar y ahora, tanto tiempo después, me siento avergonzado por haber sido tan superficial.

Considero que el hecho de que las autoridades pensasen que estaba involucrado en aquel accidente ferroviario en Italia fue un castigo justo. En aquellos vagones viajaba un espía. No es de extrañar que sospecharan de mi persona, pues no tenía documentos de identidad y mi aspecto era pobre.

La única palabra que quedó en mi memoria fue Chicago, el nombre de esa ciudad es lo único que recordé después del accidente. Esa palabra me salvó y me llevó hasta mi hermosa Candy.

Me encomendé a Dios mucho más de lo que había hecho.

Admito que si no hubiera conocido a aquellas buenas personas en el campo de refugiados en el que me encontraba dispuestas a ayudarme a regresar a América… Si no hubiera encontrado a Candy…

En ese momento yo era un hombre sospechoso, carente de recuerdos y de identidad propia, pero ella, mi Candy, nunca me abandonó.

Ella se quedó a mi lado incluso cuando me dieron de alta en el hospital y me consoló diciéndome que algún día, sin lugar a dudas, me recuperaría.

Ella es maravillosa, hizo todo eso por un hombre que la ayudó solo una vez.

Por eso, ahora cuando volví a ser el jefe del clan escoces me tomé vacaciones para estar con ella, con mi dulce Candy. Quería asegurarme de que encontrara la felicidad.

Los días en la Casa Magnolia fueron alegres y tristes.

Cuando vi a Candy partir a New York mi alma se destrozó.

Y cuando regresó a mí, mi alma se reconstruyó.

Verán, después de que Candy se graduó de enfermera con el primordial interés de cuidarme, sentí injusto el hecho de que ella se atara a mí a causa, por mi condición de amnésico.

Por lo que tomé la decisión de marcharme, ella sin pensarlo fue tras de mí convenciéndome de que viviéramos juntos, fingiendo ser hermanos.

En aquella época, Candy se preguntaba "si nuestra vida se parecía a la vida que llevaría una familia normal y corriente". Ella sabía que no era así.

Me confesó que en el fondo de su corazón, sabía que yo era diferente.

¿Qué pensaba yo en aquel entonces?

Bueno, "no quería alejarme de la vida que teníamos. Sabía que, una vez de vuelta en casa de los Ardlay, tendría que desempeñar mi papel como cabeza de familia y ya no iba ser posible huir de mis responsabilidades".

Quizá, asumí una actitud egoísta.

¿Cuándo recuperé la memoria?

"Después del accidente, me empezó a doler mucho la cabeza y sentí que me desmayaba. Estaba en el restaurante en el que trabajaba como lavaplatos. Al recuperar la consciencia, ya era yo mismo: Albert. Bueno, William Albert Ardlay".

Siempre compartíamos con los chicos, y ella y yo compartíamos habitación, hasta largas horas la oía hablar, contarme su día a día.

Cuando regresó destruida de Nueva York, me confesó…

Continuará…

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