En Las Sombras

Por Niteryde

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 02: No estamos solos


Tú debes ser Tenshi. Estoy buscando el mineral xiijen —dijo con voz gruñona y entrecortada el muchacho de dieciocho años. Su cola se movía perezosamente detrás de él, una señal de que su impaciencia se incrementaba mientras cruzaba los brazos por encima del pecho—. Me dijeron que tú eres quien puede llevarme hasta él. Hazlo, y ningún otro de los tuyos morirá.

La alienígena anciana y azul estaba temblando de temor casi incontrolablemente. El joven parado frente a ella había dirigido, sin esfuerzo alguno, una purga que había traído como resultado la muerte de más de la mitad de la población de su planeta. Ahora estaba prometiendo perdonar la vida del resto a cambio de un precio mineral que tenían.

Pero un buen vistazo a los ojos negros, desalmados y despiadados del adolescente frente a ella, y supo de inmediato que él no mantendría su palabra.

Como la anciana matriarca del planeta y con más de 650 años, era la única guardiana del mineral más sagrado. No podía entregárselo al adolescente frente a ella, sabiendo que iba a darse la vuelta y dárselo al cruel y sádico de Freezer. Éste tenía poderes que iban más allá de la imaginación. Dios ayudara al universo si Freezer descubría los verdaderos secretos y el potencial de ese mineral tan extraño.

El xiijen es un mineral sagrado —intentó razonar con él como último recurso. Tenshi negó con la cabeza, mirándolo con ojos suplicantes—. Por favor, hijo, no puedo-

Vegeta rugió y la golpeó con el reverso de la mano con fuerza, enviándola al suelo. Ella soltó un grito de dolor y terror mientras él le ponía una bota firmemente en el cuello.

No soy tu maldito hijo, vieja perra —siseó Vegeta con malicia, aplicando una presión dolorosa con el pie que mantenía a la mujer llorosa en el suelo—. Y no me importa cuán sagrado es ese mineral. Freezer lo quiere, y por lo tanto lo tendrá. Te estoy ofreciendo un trato. Sería sensato de tu parte aceptarlo.

Cuando se encontró con un terco silencio, el adolescente resopló. Se llevó una mano al scouter y activó el vínculo de comunicación.

Nappa. Raditz. Tráiganlos para que esta perra hable —ordenó con dureza.

Bajando la mano, Vegeta sujetó a la vieja guardiana por el cabello, poniéndola de pie brutalmente. La arrastró con él mientras caminaba unos minutos, completamente indiferente a su débil lucha. Prácticamente podía oler su terror, pero todo eso lo que hizo fue estimularlo aún más.

Finalmente, la obligó a ponerse de rodillas. La vieja mujer pareció haber envejecido otros 650 años cuando vio que Raditz y Nappa aparecieron con casi cien niños completamente aterrados frente a ellos. Eran todos sus descendientes, ninguno de ellos tenía más de diez años equivalentes a los humanos.

Entonces, ¿qué me decías? —preguntó Vegeta en un tono de voz dulce detrás de ella.

No los lastimes, sólo son niños-

Oh, lo sé. Y créeme, me encantan los niños. Disfrutaré plenamente… conversar… con cada uno de tus parientes para obtener las respuestas que te niegas a darme.

Tenshi estaba temblando con lágrimas rojas manchando su rostro. Vio a todos los niños frente a ella a los ojos, y no supo si tenía el corazón para cumplir con su deber y verlos pagar el precio.

Hubo un gruñido bajo y gutural detrás de ella. Las vibraciones transmitían la ira casi tangible que destilaba Vegeta. ¿Cómo podía un muchacho tan joven estar tan lleno de odio? Nunca lo sabría.

Quizás aún necesitas algo de persuasión —gruñó Vegeta a su espalda. Levantó una mano brillante de ki al grupo frente a él, moviéndola de un lado para el otro mientras intentaba escoger un objetivo—. Hn. Hay tantos niños. ¿Por dónde comienzo? —meditó en voz alta.

¡No! ¡No lo hagas! Te diré dónde está el xiijen… —dijo Tenshi finalmente, con la voz ronca por la desesperación y el arrepentimiento—. ¿Prometes dejarnos en paz?

Vegeta soltó una risilla y bajó la mano, cruzando los brazos por encima del pecho. —Esa era mi oferta inicial, ¿o no?

Hubo silencio por unos tensos segundos. Los niños se miraron entre sí, con los ojos llenos con la esperanza de que aún podrían sobrevivir.

Está en lo profundo de la base de la montaña más alta que tenemos. El xiijen es de un color plata brillante y puro. Es irrompible. Conseguirás todo el que necesites.

Ustedes dos, vayan a buscarlo. Ya —ordenó Vegeta.

De inmediato —respondió Raditz rápidamente mientras Nappa asentía. Ambos se dieron la vuelta y alzaron vuelo para ir en búsqueda del extraño mineral.

Bueno. Ahora que quitamos eso del medio…

Vegeta volvió a tirar a Tenshi al suelo con su bota, y para su horror, alzó una mano y liberó una descarga de energía que mató a casi la mitad de los niños a la vista. Los sobrevivientes gritaron y comenzaron a correr desesperadamente para escapar. Vegeta alzó la otra y disparó varias descargas que, sistemáticamente, les arrancó las piernas hasta el último de ellos, acabando con cualquier esperanza posible de escapar.

¡Qué estás haciendo! —chilló Tenshi en horror.

Vegeta rió con sorna cuando finalmente bajó las manos, viéndola claramente divertido.

¿Qué te parece que hago, vieja loca? Terminó la negociación. Es hora de divertirse —le dijo en un tono de voz bromista.

Lo prometiste…

Vegeta sonrió con crueldad. —No recuerdo haber dicho esas palabras.

Por favor, ten piedad —le rogó, mientras él se acercaba al niño que sangraba y se retorcía en agonía más cercano, una niña.

El rostro se le llenó de odio cuando volteó a mirarla, su voz se oyó mortalmente fría cuando espetó: —La piedad es para los débiles.

Vegeta pisó la cabeza de la niña con su bota, obligándola a ladearla, y levantó una mano que comenzó a brillar con su ki. Sonrió mientras oía los subsiguientes gritos de insoportable dolor mientras marcaba a la pequeña con su nueva «V».

No obstante, después de unos segundos, todo a su alrededor comenzó a cambiar.

El adolescente parpadeó en sorpresa cuando la niña alienígena cambió debajo de su pie. La piel azul empalideció y el cabello se tornó azul. Los gritos se volvieron dolorosamente familiares, y Vegeta removió su bota de inmediato. Miró horrorizado a la niña cuando la reconoció. Era su hija menor, con todo y coletas.

Oh dios —dijo Vegeta con la voz ahogada, ya no era un adolescente. Trastabilló hacia atrás, tambaleándose por el impacto emocional, antes de ver a su alrededor.

Todos los niños que torturó y asesinó brutalmente ese día ahora estaban de pie y rodeándolo, mirándolo fijamente con ojos rojos llenos de odio y deseo de venganza.

Tarde o temprano, Vegeta —corearon todos al unísono—. Pagarás por lo que has hecho…

Vegeta se despertó con un violento sobresalto, sentándose mientras jadeaba. Miró alrededor frenéticamente, esperando ver unos ojos rojos acechadores. Lo único que encontró fue la oscuridad de su casa. Todavía estaba sentado afuera del cuarto de su hija Bra.

Tragó con dificultad, recostándose de la puerta. Cerrando los ojos, aspiró profundamente para calmar su ritmo cardiaco. Estaba tan cansado que los ojos le dolían, y el latido en la cabeza le indicó que no había descansado por más de una hora. Se llevó una mano a la cara y se masajeó los ojos, intentando olvidar la pesadilla que había estado persiguiéndolo implacablemente las últimas semanas.

Era la masacre que le había creado la fama por toda la galaxia como el guerrero más mortífero de Freezer. La violencia infligida ese día no había superado a ninguna otra, y él la había disfrutado hasta el último segundo. Cada grito sólo había intensificado la experiencia, y él se había nutrido del terror de sus víctimas a un grado que habría dejado a Freezer orgulloso. Él mismo había estado orgulloso después, incluso presumido las creativas maneras como había torturado a los niños hasta llegar a su último aliento, todo frente a los ancianos ojos de la matriarca.

El príncipe clavó los ojos en el suelo un momento, sintiendo el arrepentimiento en la garganta. Como si el mero recuerdo no fuese lo suficientemente duro para evocar, estaba agravado con ese final distorsionado que su mente seguía agregando. Las palabras que dijeron los niños fueron las últimas que Tenshi le había dicho antes de ser brutalmente asesinada. Entre eso y ver a su hija como una víctima de su violencia sin sentido, nunca dejó de sentirse profundamente perturbado e incapaz de volver a dormir.

Una vez que recuperó la compostura, se puso lentamente de pie. Abrió la puerta del cuarto de su hija por su salud mental. La observó durmiendo profundamente por unos segundos para borrar de su mente el horrible recuerdo de su cuerpecito mutilado debajo de sus pies. Finalmente, suspiró y cerró la puerta sin hacer ruido.

Regresó a su habitación para ponerse algo para entrenar, dado que no podría dormir esa noche. Entró en silencio, viendo brevemente a Bulma cuando lo hizo. Ella estaba rendida del lado de su cama, dándole la espalda. Se movió en completo silencio mientras se vestía en la oscuridad.

Aunque antes de marcharse, se acercó a la cama. Dudó por un segundo, antes de ponerse de cuclillas. Se inclinó hacia adelante y pegó la frente con gentileza en la nuca de Bulma mientras cerraba los ojos. Ella se revolvió un poco por el contacto, pero no se despertó. Vegeta aspiró despacio, dejando que la esencia y presencia de ella lo calmara y se llevara los malos recuerdos de su mente.

Después de casi un minuto, se marchó para una ronda tempranera en la cámara de gravedad, su pesadilla finalmente pasó a segundo plano.


Bulma fue la única que notó que Bra estaba inusualmente callada durante el desayuno. La pequeña era mañanera, a diferencia de ella, Vegeta y Trunks quienes eran noctámbulos por naturaleza. Solo necesitaba entrar a la habitación de la pequeña una vez para encontrarla despierta, nada que ver con las guerras matutinas que se llevaban a cabo para intentar despertar a Trunks para ir a la escuela. Normalmente, Bra hablaba hasta por los codos durante el desayuno, pero hoy sólo tenía los ojos fijos en su tazón de cereal. Apenas lo había tocado.

Frente a su hija, Vegeta estaba ajeno al mundo mientras comía lentamente su desayuno. Bulma lo vio y suspiró cuando notó que los ojos se le cerraban solos al detenerse brevemente para cortar un pedazo de tocino. Hizo una nota mental para conseguir un poco de medicación para dormir después de llevar a Bra al escuela, le gustase o no.

Bulma, sentándose con su propio plato de comida, ojeó a su hija. La pequeña estaba revolviendo el cereal con la leche, y luego lo observaba flotar cuando se detenía. Sin parar.

—¿Estás bien, nena? —preguntó Bulma finalmente, haciendo que Vegeta se despertara de golpe. La científica lo vio de reojo, sacudiendo la cabeza mientras él tomaba un gran termo de café.

Bra asintió, sin mirar arriba mientras descansaba un codo sobre la mesa, apoyando la cabeza en su mano. Bulma puso mala cara.

—¿Estás segura? —presionó Bulma. La pequeña asintió otra vez. Bulma no estaba convencida, pero lo dejó por pasar por ahora—. ¿Quieres que te haga unos huevos revueltos?

Bra negó con la cabeza, y finalmente dijo: —no tengo hambre, Mami.

Bulma miró fijamente a Vegeta, y esta vez, él hizo contacto visual con ella. Su hija había heredado el apetito de él. Aunque no comía tanto como Trunks cuando tenía su edad, todavía comía cuatro veces más que una niña de su edad. Fácilmente, podía comerse unos cinco tazones de cereal en la mañana. Que Bra no tuviese apetito era más que inusual, y ambos lo sabían.

Vegeta tomó un sorbo de su café, antes de entornar sus ojos rojos a su hija. —¿Qué te pasa? —reclamó, su tono se oyó más severo de lo usual debido al cansancio.

Bra se retorció un poco ante la mirada de su padre, antes de volver a enfocarse en la mesa. Su voz se oía tan baja que Bulma tuvo que acercarse a ella para oír la respuesta.

—Ya no quiero dormir en mi cuarto.

Vegeta arqueó una ceja mientras Bulma preguntaba: —Bebé, este fin de semana vamos a comprarte un acuario lleno de los peces más bonitos que te puedas imaginar. Sé que no estás acostumbrada a la lamparita que te puse anoche, pero-

Bra negó con la cabeza e interrumpió: —No es la lámpara.

—¿Entonces qué es? —preguntó Bulma.

—Tengo miedo —confesó la pequeña en voz baja—. Sigo oyendo a la gente mala en mi cuarto en las noches. Ellos mataron a mis pececitos. Me lo dijeron.

Vegeta exhaló por la nariz en molestia mientras Bulma gentilmente respondía: —Bra, no hay nadie en tu cuarto. Todo está en tu imaginación.

—No, no lo está. ¡Los oigo, están allí! —insistió Bra. Vio a su padre con ojos suplicantes, y Vegeta suspiró antes de inclinarse un poco hacia ella.

—Te diré qué haremos, niña —dijo, su tono de voz dejó de oírse severo—. La próxima vez que oigas a esas supuestas personas, tú les dices que vengan a hablar conmigo. Yo los haré pedazos —le indicó, fingiendo seriedad en la voz. Bra no pudo evitar reírse mientras Vegeta sonreía.

—Okay —respondió la pequeña, visiblemente calmada mientras comenzaba a comer su cereal.

Vegeta le echó un vistazo a su esposa y ella le brindó una sonrisa deslumbrante. Quedó cautivado por un momento, antes de sacudir la cabeza y suspirar mientras seguía comiéndose el desayuno. Esas dos mujeres lo habían ablandado.

—Bebé, puse el dibujo que hiciste en la nevera —dijo Bulma, haciendo voltear a Bra. La niña brilló con emoción.

—¡Gracias, Mami! Papi dijo que mi dibujo era perfecto —señaló, evidentemente orgullosa.

Vegeta bromeó: —Bueno, definitivamente atinaste el tamaño de la cabeza de tu madre —dijo, viendo de reojo a Bulma con una sonrisa. Ella le volteó los ojos.

—Es porque Mami es tan lista, que su cerebro es más grande que el de todos los demás —razonó Bra, como si esa fuese lo más lógico del mundo.

Bulma se carcajeó. —Gracias, cariño.

Su desayuno supo mejor después de eso. Pronto, Bra corrió por las escaleras para comenzar a alistarse para la escuela mientras Bulma revisaba su correo. Le echó una ojeada a su esposo mientras lo hacía.

—¿Cuántas horas pudiste dormir? —preguntó Bulma a propósito.

Vegeta puso mala cara, y se dio la vuelta para darle la espalda mientras abría la nevera. —Doce —espetó sarcásticamente, buscando una botella de agua. No pudo encontrarla.

—Vegeta, si alguna vez duermes doce horas y la razón es no haber caído desmayado, te llevaré directo al hospital.

—Hn —gruñó, antes de cerrar la nevera.

Tan pronto como la puerta se cerró, el dibujo familiar de Bra cayó al piso. Vegeta parpadeó en sorpresa, antes de agacharse. Finalmente se paró y se dio la vuelta, sosteniendo el dibujo de su hija, que ahora estaba roto a la mitad. Sus cejas se entrejuntaron mientras analizaba el dibujo roto.

Bulma lo ojeó brevemente, antes de mirar de nuevo.

—¡Vegeta! —gritó en exasperación—. ¿Puedes tener más cuidado?

—Pero… yo no… —murmuró Vegeta, negando en total confusión mientras se daba la vuelta otra vez para ver la nevera, como si fuese a encontrar las respuestas allí. ¿Cómo demonios se había roto el dibujo de su hija a la mitad? Ni siquiera lo había tocado. ¡Todo lo que hizo fue cerrar la puerta!

El príncipe volvió a mirar el dibujo. Bra lo había dibujado de primero, en la esquina izquierda. El dibujo se rompió justo entre él y el resto de su familia.

Vegeta no supo por qué, pero de repente se sintió intranquilo mientras bajaba la mirada a los dos mitades de papel. No estaba consciente de que Bulma se había acercado a él hasta que le quitó el dibujo roto de las manos.

—Lo arreglaré antes de que se dé cuenta —susurró Bulma, alejándose de él. Abrió una gaveta y guardó el dibujo. Cuando volvió a ver su esposo con la mirada perdida en la nevera, suspiró de nuevo—. Y después de dejarla en la escuela, te traeré alguna medicación para dormir. Estás comenzando a preocuparme, Vegeta.

Para su sorpresa, Vegeta asintió en acuerdo después de unos segundos.

—Está bien.

—Bueno. Te sentirás mejor después de un verdadero descanso —dijo Bulma, dándole un beso corto en los labios—. Además, Trunks viene este fin de semana, y debes estar bien para que puedas pasar tiempo con él.

Vegeta puso los ojos en blanco. —Mujer, acosas demasiado al muchacho. En este planeta ya es un hombre. No necesita estar aquí cada fin de semana, déjalo ser.

Bulma resopló indignadamente: —¡Trunks sólo tiene dieciocho! Los muchachos de esa edad necesitan dirección, Vegeta, o se descarrilan.

El príncipe frunció el ceño, recordando de repente las vívidas pesadillas que tenía a la misma edad que su hijo. Desvió la mirada y asintió de mala gana.

—Tienes razón —cedió, justo cuando Bra entraba corriendo, con la chaqueta y el bolso puesto.

—¡Estoy lista, Mami! ¡Vamos! —gritó emocionada.

Bulma se rió: —Vale, vale. Ya nos vamos —dijo, regresándose a la mesa para recoger su teléfono para poder irse.

Bra corrió hacia Vegeta, y se abrazó a su sección media. El príncipe gruñó en sorpresa mientras su hija lo abrazaba con más fuerza alrededor de la cintura, descansando la cabeza en su estómago. Frunció ligeramente.

—Te quiero, Papi.

Vegeta suspiró y puso una mano suavemente en su cabeza, antes de dar en un susurro su acostumbrada respuesta:

—Gracias, princesa.

La pequeña lo miró con una sonrisa radiante, antes de marcharse corriendo de la cocina. La mirada de Vegeta se movió hacia su esposa quien estaba sonriéndole.

—¿Qué? —chasqueó, dándole la espalda mientras su rostro se sonrojaba.

—Nada —bromeó Bulma, acercándose a él. Le dio un beso en la nuca, y él gruñó en respuesta—. Te veo más tarde.

—Está bien —respondió, viendo por el rabillo del ojo mientras Bulma dejaba la cocina.

Tan pronto como lo hizo, Vegeta volvió a enfocarse en la nevera. Lo miró cautelosamente mientras se preguntaba una vez más cómo demonios se había roto el dibujo. Tenía una sensación extraña que le erizaba los vellos de la nuca. Se la masajeó y frunció el entrecejo, saliendo de la cocina.

Debió haber estado más fuera de sí de lo que pensaba…


Unas cuatro horas después, Vegeta estaba tirado en el sofá, en un sueño profundo gracias a la medicación que Bulma le había dado. Ella estaba sentada a su lado, leyendo una fascinante novela del género crimen. Tenía el brazo derecho descansando encima de su pecho mientras él le rodeaba las piernas con un brazo. El complejo estaba en silencio, y era algo que debía aprovechar mientras estaba completamente absorta en su lectura.

Bulma se mordió el labio mientras llegaba al final de la página. Subió la mano derecha para darle vuelta a la página, cuando de repente tuvo la sensación aterradora de que alguien le estaba respirando en la nuca.

De inmediato se levantó y se dio la vuelta, con el corazón acelerado, pero no había nadie. Echó un vistazo alrededor en confusión, antes de llevarse una mano temblorosa al cuello. Bajó la mirada y la fijó en Vegeta mientras se preguntaba brevemente si él estaba usando su velocidad sobrehumana para gastarle una broma de mal gusto. Pero él ni se había revuelto con su movimiento abrupto, su respiración calmada tampoco se había ininterrumpido.

—Está bien, ya fue suficiente de este libro —susurró Bulma para sí misma, respirando profundamente mientras se calmaba.

Tiró el libro a un lado para intercambiarlo por el control remoto de la TV mientras se pegaba a Vegeta otra vez. Levantó la cabeza del saiyajin con gentileza y se corrió un poco para ponerla sobre su regazo, buscando la seguridad que le brindaba estar cerca de él. Vegeta murmuró algo en voz baja, pero no se despertó mientras ella descansaba la mano en su pecho de nuevo.

Bulma encendió la TV, y gruñó para sus adentros cuando vio que lo único que pasaban era los reportes de esa extraña enfermedad, el Código V. se mordió el labio inferior mientras veía las estadísticas. Le prestó especial atención a un mapa que resaltaba las áreas preponderantes que estaban siendo afectadas. Su casa y la Universidad de la Capital del Oeste, donde Trunks cursaba el primer año, afortunadamente no estaban ni cerca. Después de uno minutos, decidió acceder a la guía de canales, ya que no quería oír nada más sobre esa enfermedad perturbadora.

En el breve segundo en que la pantalla se tornó negra mientras la información cargaba, Bulma vio el reflejo de ella y su esposo dormido en el sofá.

Y parado detrás, inclinado hacia ellos, vio una silueta negra con ojos rojos.

Bulma gritó.

Vegeta se despertó y se puso de pie inmediatamente, su mano derecha ya estaba brillando mientras oteaba a su alrededor. Parpadeó pesadamente un par de veces, sus ojos borrosos se fijaron en Bulma mientras su cerebro procesaba lentamente dónde se encontraba. Finalmente, extinguió el ki en su mano y ladeó la cabeza mientras la observaba. Bulma veía de la TV a su lado en el sofá, pálida.

Estaba a punto de preguntar qué pasaba cuando Bulma habló primero. —Vi a alguien, Vegeta —dijo cautelosamente, dirigiéndose a él, aunque no lo estaba mirando.

Vegeta gruñó por lo bajo. Se sentía horriblemente somnoliento y aletargado a causa de la medicación, y no se sentía bien para eso.

—Mujer, ya es malo que la niña piense que hay seres imaginarios en su cuarto. Tan patético como se oye, ella está pequeña así que tiene algo así como una excusa. Tú, por otro lado, eres una adulta, y se supone que un genio además. Así que no me vengas con esa mierda —dijo Vegeta con desprecio.

—¡Tú no lo viste! —respondió Bulma, ahora prestándole toda su atención a él. Señaló a la TV—. ¡Había alguien parado detrás de nosotros, Vegeta!

—Nadie ha estado aquí —gruñó Vegeta, entrecerrando los ojos. Siendo honesto, era como si él fuese un sirviente por lo poco que la pequeña Bra y Bulma le creían—. Sería capaz de olerlo.

—Pero —balbuceó Bulma, mirando nerviosamente al lado del sofá otra vez. Volvió hacia la TV y la apagó, pero esta vez sólo pudo ver su reflejo y el de Vegeta. Sus cejas se entrejuntaron en confusión—. Pero, yo vi a alguien-

—Bulma —suspiró Vegeta, llevándose una mano a la cara para frotarse los ojos—. Quizá tu cerebro te pasó una mala jugada. No has estado durmiendo apropiadamente por mi culpa.

Bulma aspiró profundamente, enfocando finalmente los ojos en los de su esposo quien la observaba claramente exasperado. Su explicación era lógica y después de un momento, la aceptó y afirmó con la cabeza.

—Siento haberte despertado —dijo con culpabilidad, y Vegeta puso los ojos en blanco.

—Está bien —respondió en voz baja, agitando la mano en señal de despedida mientras se dirigía a las escaleras para ir a acostarse. Odiaba cuando se sentía así de perezoso, una razón por la que detestaba tomar medicación para el sueño. Pero por otro lado, no había visto nada en su sueño. Era una compensación que en definitiva valía la pena.

—Um —dijo Bulma dudosa cuando él llegó a las escaleras. Vegeta la vio de reojo y arqueó una ceja—. ¿Te importaría quedarte aquí? ¿Por favor?

El príncipe se llevó una mano a la cara y se pellizcó el puente de la nariz. Finalmente, suspiró profundamente y regresó al sofá. Se sentó, y Bulma apoyó la cabeza en su hombro un segundo después. Vegeta la rodeó en un gesto protector con un brazo, negando mientras lo hacía.

—Creí que tenía sólo dos niños —gruñó, antes de bostezar. Bulma le dio un codazo, y él se estremeció ligeramente.

—Si me hubiesen dado un centavo cada vez que actuaste como un niño en los últimos veinte años, La Corporación Cápsula hoy valdría el doble.

Vegeta soltó una risita mientras ella volvía a encender la televisión. Él logró ver unos cinco minutos antes de echar la cabeza atrás y cerrar los ojos. Se quedó completamente rendido poco después, y Bulma eventualmente se relajó a su lado.

Después de todo, con Vegeta a su lado, literal y figuradamente, nada podía pasarle.


—Mujer, esto es absurdo —gruñó Vegeta furioso más tarde esa noche. Bulma lo ignoró y continuó trabajando en lo que hacía—. No puedo creer que estés haciendo esto.

—Bueno, si no te opusieras a que Bra duerma con nosotros en la cama, entonces esto no sería un problema —le espetó Bulma.

—La niña tiene que dominar sus ridículos temores por su propio bien. Ceder ante ellos solo le dificultará dormir sola más adelante. Tiene que aprender.

—Bueno, fortachón, ¿adivina qué? Ella está pequeña y necesita dormir. Esto la tranquilizará sin que necesite dormir con nosotros.

—Esto sólo será reconocer que hay un problema, cuando no lo hay —rugió Vegeta, observando en acérrimo descontento como Bulma sincronizaba el viejo monitor de sonidos. Lo había puesto dentro de la cuna de sus hijos cuando eran bebés para poder oírlos desde sus cuartos, y a él le hastiaba que los pusiera en uso otra vez.

—¿Oh? ¿Y qué me dices de tu promesa de destrozar a esa gente mala imaginaria? ¿Eso no era reconocer que hay un problema? —se burló Bulma, viéndolo. Vegeta la aniquiló con la mirada en respuesta, antes de voltear a otra parte.

—Hn.

Giró sobre sus talones y se metió en el baño de su habitación, tirando la puerta detrás de él. Bulma negó con la cabeza, sentándose mientras encendía los monitores. Por alguna razón, le había tomado algo de tiempo escoger la frecuencia adecuada. Había un extraño ruido de estática, por lo que tuvo que desarmarlos para arreglarlos.

A decir verdad, era más por su paz mental que por la de Bra.

Puso uno de los aparatos en la mesa de noche de su lado de la cama cuando su hija entró a la habitación. La pequeña llevaba una de los suéteres de Trunks, del equipo de fútbol de la secundaria, que le quedaba inmenso y le llegaba debajo de las rodillas. Cargaba a su oso de peluche mientras se acercaba a su madre.

Bulma le sonrió a su hija, abriéndole los brazos. Bra de inmediato se lanzó hacia ella, apretando a su osito con fuerza.

—Está bien, bebé —susurró Bulma en su oído, antes de besarle la frente—. Vamos a poner este monitor en tu cuarto, si pasa algo extraño, Papi y yo lo vamos a oír. Así que duerme tranquila, ¿vale?

Bra asintió, viendo el monitor de sonido. La confianza la tranquilizó, aun cuando lo que realmente quería era dormir en la cama de Bulma y Vegeta, justo entre ellos. Sin embargo la pequeña estaba desarrollando algo de orgullo, lo que quizá era inevitable dado quienes eran sus padres. No quería preguntar abiertamente, se dijo a sí misma que si sus padres podían oírla, entonces todo estaría bien.

Vegeta salió del baño un momento después, apagando la luz detrás de él. Fijó sus ojos en ellas, y Bulma le dio un empujoncito a Bra para que se acercase a su padre. Vegeta se dobló, poniendo las manos en las rodillas mientras su hija se acercaba.

—Buenas noches, Papi —dijo, dándole un beso en la mejilla.

—Buenas noches, Bra —respondió, dejándola abrazarlo por el cuello—. Recuerda lo que te dije. Si te asustan, les dices que vengan a hablar conmigo —le susurró al oído. Ella asintió pegada a su cuerpo, sonriéndole suavemente antes de regresar con Bulma, quien le estaba extendiendo una mano. La pequeña la tomó, y dejaron la habitación.

Vegeta las vio marcharse, antes de cerrar los ojos y rotar la cabeza lentamente, en un esfuerzo para distender el cuello. Ojeó la mesa de noche, y al lado del monitor de sonidos estaba la botella de pastillas que lo ayudarían a dormir. Puso mala cara pero igual la tomó, contemplándola. Después de unos segundos, lo dejó donde estaba. Había dormido por casi cinco horas más temprano ese día, y se sentía considerablemente mejor. No las necesitaba esa noche.

El príncipe salio del cuarto e hizo una búsqueda de ki, viendo por las escaleras donde podía sentir a Bulma con Bra. Echó una ojeada alrededor, antes de hacer un recorrido nocturno por el complejo. Hizo una parada por la cocina para beber agua, esforzando al máximo el oído al mismo tiempo. No pudo oír nada, y finalmente, regresó arriba cuando estuvo satisfecho.

Se quitó la ropa hasta quedar solo en shorts y se metió a la cama. Como había logrado descansar un poco más temprano, decidió intentar dormir con su esposa esa noche. Se acostó boca arriba y cruzó los brazos detrás de la cabeza. Podía oír las voces de Bulma y Bra a través del monitor, y eso lo ayudó a tranquilizarse más. Cerró los ojos y pronto se durmió.

Horas después, Vegeta bostezó y abrió los ojos con pesadez. La habitación ahora estaba oscura, y Bulma estaba a su lado, dormida. El príncipe vio con ojos entrecerrados el reloj: 3:12 am. Volvió a acostarse y suspiró en alivio. Otra noche sin pesadillas. Finalmente, todo parecía volver a la normalidad.

Se quedó otra vez dormido cuando hubo un ruido de estática. Frunció el ceño, y el ruido se incrementó. Abrió los ojos y vio detrás de su esposa a la mesa de noche. Las luces en el monitor de sonidos estaban encendidas.

Vegeta arqueó una ceja mientras se rodaba hacia un lado, estirándose por encima de Bulma para alcanzar el monitor. Le echó un vistazo a su esposa, asegurándose de no haberla despertado mientras lo cogía de la mesa de noche. Se sentó en la cama, acercándose el aparato al oído.

El ruido era periódico. Finalmente, después de unos segundos, Vegeta se dio cuenta de que sólo era la respiración de su hija. Bostezó e iba a poner el monitor en su lugar, cuando las luces se reavivaron. Se congeló, observando el dispositivo. El ruido había desaparecido.

Y entonces oyó una voz irritada, que no era la de su hija, susurrando su nombre.

Menos de una fracción de segundo después, Vegeta tiró la puerta del cuarto de su hija. Sus ojos verde azulados escanearon el lugar que sólo estaba iluminado por la pequeña lámpara de mesa en la esquina. Finalmente, se enfocó en su hija. La pequeña estaba parada frente a la ventana, dándole la espalda. Vegeta frunció ligeramente el ceño, sintiendo escalofríos sin saber porqué.

—¿Bra? —preguntó cautelosamente.

Ella no respondió. Vegeta le echó un segundo vistazo a la habitación, y caminó hacia el closet de la pequeña. Lo revisó para asegurarse de que nadie se escondía en él con una expresión de confusión. No había ser vivo que pudiese dejar él cuarto más rápido de lo que él había llegado. Su sentido del olfato tampoco le decía que alguien hubiese estado allí.

Finalmente, caminó hacia su hija y se detuvo a su lado. Bra miraba inexpresivamente fuera de la ventana. Su cabello azul estaba húmedo a causa del sudor, y fue solo entonces cuando Vegeta notó que hacía un calor increíble y sofocante en la habitación.

Él se acuclilló al lado de la pequeña, desvaneciendo su transformación en Super Saiyajin mientras lo hacía.

—¿Bra? —preguntó otra vez.

Su hija parpadeó un par de veces, como si saliese de un aturdimiento. Volteó a ver a su padre con sus ojitos azules llenos de temor.

—La gente mala está molesta, Papi —susurró ella, con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Qué?

—Están molestos porque te hablé de ellos —respondió Bra completamente desconcertada, antes de correr hacia él. Se abrazó fuertemente a su cuello y dijo temblorosa a su oído—: Tengo miedo.

—Está bien —la tranquilizó Vegeta en voz baja. La alzó fácilmente con un sólo brazo y se puso de pie, usando su otra mano para masajearle la espalda. Bra enterró la cara en su cuello mientras se aferraba con fuerza—. No hay nada que temer excepto el absurdo calor que hace aquí. Parece que vas a tener que dormir con tu madre y conmigo hasta que arreglemos el problema. ¿Qué te parece? —le preguntó en un susurro, olvidando la discusión temprana con su esposa.

Bra asintió pegada a su cuello, antes de preguntar: —¿Puedo llevar a Runo?

Vegeta suspiró. —Sí, niña —dijo, caminando hacia el oso de peluche y recogiéndolo con su mano libre. Se lo entregó, y Bra y de inmediato se apretó a él, prácticamente enterrándolo contra el cuello de Vegeta mientras intentaba aferrarse a ambos. Vegeta masajeó su espalda otra vez y la sacó de la habitación.

Entró a su cuarto, y caminó hacia el lado de la cama de Bulma. Luego le tocó el brazo con la mano libre.

—Mujer —dijo en voz baja, observando como Bulma suspiraba profundamente, antes de abrir los ojos. Cuando vio que él tenía a su hija en brazos, ella se sentó en la cama. Vegeta se dobló un poco, bajando a la niña a la cama. Bra de inmediato gateó hasta llegar a los brazos de su madre.

—Shh, está bien, bebé —murmuró Bulma cansadamente, viendo a Vegeta. Él frunció, y moviendo mudamente los labios le dijo que enseguida regresaba, luego se giró sobre sus talones y volvió a salir.

Vegeta exploró hasta el último centímetro del oscuro complejo con el sigilo que una vez lo hizo el adversario más peligroso del universo. Aunque eventualmente terminó en el cuarto de su hija. Una ojeada al termostato lo hizo poner mala cara. Estaba a 33 grados centígrados. Cogió el control y encendió el aire acondicionado, sintiendo inmediatamente la ráfaga de aire fresco. Luego se dio la vuelta y miró hacia la oscuridad de la habitación, como si viera fijamente a un enemigo invisible.

Después de unos tensos minutos, frunció el ceño y sacudió la cabeza. Esto era absurdo. No había nadie allí. Estaba perdiendo su tiempo.

Vegeta, luego de un minuto, se metió en la cama. Bulma estaba abrazando a Bra por la espalda, y la niña finalmente se había dormido cerca de ella. El príncipe, en un gesto protector, rodeó con un brazo a su esposa, acomodándose detrás de ella.

—¿Qué pasó? —preguntó Bulma en un murmullo.

—Nada. Estaba aterrada, así que la traje. Duérmete —susurró también.

Hubo silencio por unos minutos, antes de que Bulma susurrara otra vez: —¿Vegeta?

—¿Hn?

—¿Tienes el presentimiento de que algo está realmente mal aquí?

—¿Como qué?

—No sé… ¿Como si no estuviésemos solos?

—No. Deja de decir tonterías y duérmete —gruñó Vegeta—. Tienes que dejar de leer esos libros ridículos. Envenenan tu mente.

Bulma suspiró, antes de cerrar los ojos. —Sí, quizá.

—Descansa, mujer.

Y así lo hizo. Aunque Vegeta se quedó despierto por horas, oyendo la respiración de ambas.

No se durmió hasta que el sol comenzó a salir.


24/06/2014