En Las Sombras

Por Niteryde

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 03: El mayor va primero.


Una violenta ola de sangre chocó contra Vegeta, haciéndolo caer al suelo. La sangre lo inundó todo, entrando por su nariz y boca hasta que comenzó a buscar aire desesperadamente. De repente todo comenzó a arder en llamas y lo rodeó rápidamente. El príncipe intentó levantarse pero volvió a caer al suelo, sujetándose la cabeza con ambas manos, cerró los ojos dolorosamente. El fuego se extendió a una velocidad espeluznante, llameando con furia mientras Vegeta se retorcía en impotente agonía.

¿Te parece que ha tenido suficiente por un día? —preguntó una voz agobiante.

Me estás pidiendo ser misericordioso cuando sabes que eso es para los débiles —respondió otra voz fría, mientras Vegeta habría la boca en un grito silencioso.

—¡Papá! —dijo Trunks sofocado, levantándose de la cama inmediatamente, y bañado en sudor. Tenía la mirada desenfocada mientras veía alrededor de la desordenada habitación.

Se pasó la mano por el pelo sudoroso para quitárselo de la frente, y luego cerró los ojos para buscar el ki de su padre para sentir consuelo. Sólo le tomó un segundo captarlo. Estaba en casa, y poderoso como siempre. No había nada malo con la energía que estaba percibiendo. Se concentró un poco más, y pudo notar, por las sutiles fluctuaciones de poder, que Vegeta estaba entrenando.

Trunks soltó un suspiro de alivio, y se llevó una mano a la nuca para masajeársela. Pero todavía tenía una sensación extraña que no podía quitarse, el presentimiento de que algo estaba mal. Comenzó a buscar el ki de su padre otra vez cuando hubo un movimiento en la cama.

—¿Ya estás despierto? Tenía la certeza de que dormirías hasta la tarde —dijo una voz ronca y coqueta. Trunks apenas notó la sensación de la bien manicurada uña que bajaba por su espalda desnuda.

—Uh, sí, claro —respondió el adolescente distraídamente, aún tembloroso a causa de la pesadilla. Se quitó las sábanas y se sentó al borde de la cama. Recogió los boxers y se los puso mientras se ponía de pie, frunciendo el ceño mientras lo hacía. Sentir a Vegeta no era suficiente. Tenía que hablar con él. Oír la voz de su padre era lo único que haría que la sensación de temor abandonara su estómago—. Ya regreso. Necesito llamar a mi papá y hablar con él-

Repentinamente, Trunks volvió a caer en la cama. Sus ojos azules se ampliaron en señal de conmoción mientras miraba fijamente a la chica que ahora sentada a ahorcajadas sobre él.

—Wow —dijo, mirándola cautelosamente—. Eres algo fuerte para ser una chica, ¿eh?

—Me ejercito —le respondió coqueta, pasándole una mano por el pecho. Él arrugó el entrecejo e intentó ponerse de pie otra vez, cuando ella lo obligó a sentarse otra vez. Trunks parpadeó sorprendido cuando sintió la fuerza de sus manos, antes de que su expresión cambiara a la intimidante y molesta que había heredado de Vegeta.

—Escucha —le dijo con firmeza—. De verdad necesito hablar con mi papá.

—Oh, estoy segura de que él está bien —replicó con desdén, moviéndose hacia abajo.

—Sí, probablemente lo está, pero aún así-

A Trunks se le atoró un sonido en la garganta. Olvidó lo que estaba diciendo mientras cerraba los ojos, sus preocupaciones se desvanecieron mientras se relajaba.

—Llama después a tu papá… —dijo ella. Y Trunks se quedó sin palabras


—¡Quiero este! —gritó Bra emocionada, antes de fruncir—. No. Espera. ¡Este, Papi! ¡Es el pez más HERMOSO de todos!

—Fantástico —replicó Vegeta con total indiferencia, continuando la pelea con su sombra frente a la cámara de gravedad sin mirar a su hija.

—¡Papi, ni siquiera viste! —chilló Bra.

—Sí lo hice. Tengo vista Super Saiyajin —contestó el príncipe, sin vacilar en sus rápidos movimientos.

—¡Estás mintiendo! ¡No quieres ver los pececitos que vamos a comprar! —lloriqueó Bra totalmente consternada, su voz se quebró al final.

Vegeta pausó, miró hacia al cielo, y le preguntó silenciosamente a todos los dioses por qué no pudo haberle dado a Bulma otro cromosoma «Y». Y pensar que una vez creyó que era difícil criar a Trunks cuando estaba pequeño. Luego creyó que de verdad lo era al llegar a la adolescencia. Pero ahora la verdad era obvia. Su hijo sólo había sido un precalentamiento para el verdadero reto: criar a una niña.

El príncipe suspiró y se dio la vuelta completamente derrotado, caminando hacia donde estaba su hija sentada: en la rampa de la cámara de gravedad. Se agachó y recogió su toalla y botella de agua, antes de sentarse en la grama. Se limpió el sudor de la frente, el cuello, y el pecho con la tela, para luego echarle un vistazo a una de las revistas que Bulma le había dado a Bra.

—Está bien, muéstrame —cedió finalmente, echándose la toalla al hombro.

Bra sonrió alegremente, corriéndose un poco al borde de la rampa para estar más cerca de su padre. Prácticamente le pegó la revista por la cara, apuntando en específico a un pez amarillo.

—¡Mira! ¿No es bonito? —chilló la pequeña emocionada.

Vegeta examinó el pez en cuestión, y su labio se curvó en disgusto. —Bra, ese pez no es estéticamente agradable.

—¿No es qué?

—Es feo —espetó sin rodeos.

—¡NO, NO LO ES! —gritó Bra, haciéndolo estremecer. La niña había heredado los pulmones de su madre, de eso no había duda.

—Claro que no lo es. Sólo bromeaba. Es un pez formidable —dijo Vegeta inmediatamente cuando vio que su hija estaba al borde de las lágrimas.

Bra se sorbió la nariz. Antes de chillar: —¿Lo dices en serio?

—Sí, niña —susurró Vegeta.

No, no lo decía en serio. Era el pez más feo que había visto en su vida. Volteó a ver hacia el complejo, preguntándose qué demonios estaba retrazando tanto a su esposa. Se suponía que la maldita mujer llevaría a su hija a comprar un nuevo acuario, y llenarlo con la cantidad de peces que ella quisiese. Pero ella necesitaba «arreglarse» primero, así que él estaba vigilando a la hija de ambos. Por qué necesitaba «arreglarse» para ir a comprar peces con una pequeña de cinco años, Vegeta nunca lo sabría.

Mujeres. Nunca las entendería, no importaba la edad que tuviesen.

—¡Este también me gusta! ¡Si lo encontramos, lo voy a llamar Nemo! —le dijo Bra emocionada, mientras le mostraba el pez que señalaba.

—Hn.

—¿Te gusta este de aquí?

—Sí —respondió Vegeta, esforzándose lo mejor que podía por sonar interesado.

—Si compramos este, se va a llamar Papi Junior. ¡Su aleta se parece a tu pelo!

—¿Te parece? —gruñó Vegeta en juego—. Quiero que sepas, niña, que si le pones mi nombre a ese pez, me lo comeré para la cena.

—¡Eww! Qué asqueroso —dijo Bra con una risilla mientras pasaba las páginas de su revista.

—¡Hey nena, Vámonos! —gritó Bulma desde el complejo.

Bra se puso rápidamente de pie y corrió hacia la puerta emocionada, haciendo maromas con las revistas en sus brazos. Vegeta la vio irse, antes de ponerse de pie. Recogió la botella de agua y se la tomó mientras caminaba hacia el complejo detrás de su hija. Bulma estaba cerrando la puerta de la nevera cuando él entró a la cocina. Llevaba puestos lentes oscuros y una cartera sobre el hombro.

Ella lo inspeccionó cuando entró, y le sonrió. —Hey, ¿estás seguro de que no quieres acompañarnos?

Vegeta frunció mientras llenaba su botella de agua en el fregador. De hecho estaba pensando en acompañarlas, sólo por su tranquilidad.

Habían pasado tres días sin más incidentes, y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Estaba durmiendo más, lo que ayudaba. Se sentía descansado y alerta, y lo mejor de todo, no había tenido más pesadillas. Simplemente se habían parado en seco, lo que pensaba era extraño. Tampoco se iba a preguntar la razón de su buena suerte. Estaba comenzando a pensar que los extraños eventos de los días pasados eran producto de su cansancio.

Sin embargo, no estaba relajado del todo. Su hija seguiría durmiendo con él y Bulma en las noches hasta que compraran el nuevo acuario para su cuarto. Incluso se había hecho hipersensible al ki de ambas, siguiéndolas cada minuto que estuviesen en el complejo sin su supervisión. Aunque no muy a menudo no lo estaban.

Vegeta le echó un vistazo a Bulma cuando ella se acercó. Lo besó en la mejilla.

—No tienes que venir si no quieres, Vegeta.

El príncipe vio a su esposa por el rabillo del ojo por unos segundos, antes de acercarse. Rodeó su cintura con un brazo y la acercó más a él, suspirando mientras lo hacía. —Sólo cuídate, mujer —le dijo al oído en voz baja.

—Lo haré, cariño —aseguró Bulma, acariciándole un poco el pecho antes de echar la espalda lo suficiente hacia atrás para darle un beso apropiado. Él la pegó más a él y profundizó el beso, pero después de unos segundos, Bulma lo rompió, le dio un beso corto, antes de separarse de él por completo—. Es suficiente a menos que tomes una ducha, amigo. Apestas —le dijo en juego mientras se ajustaba los lentes.

Vegeta puso los ojos en blanco y se dio la vuelta, recogiendo la botella de agua. —Como sea.

—Llámame si quieres que te traiga algo.

—Hn. Te diré que no debes traer. Un pez espantoso.

Repentinamente, su hija gritó desde la sala: —¡VAMOS, MAMI!

—¡Voy, voy! —respondió Bulma—. Madre mía. Impaciente como su padre.

—Ruidosa e irritante, como su madre.

Vegeta soltó una risilla cuando Bulma lo golpeó en el brazo, antes de que él la llevara a la puerta.

Tres horas después, recién bañado tras el entrenamiento, Vegeta comenzó a merodear por la cocina para comer algo cuando escuchó una melodía arriba. El príncipe vio hacia el techo, y la reconoció como la de su teléfono. Rara vez usaba el aparato, pero igual dejó la cocina para buscarlo. Sólo Bulma y Trunks tenían el número así que valía la pena responder. Subió las escaleras y finalmente entró al cuarto. Le tomó algo de tiempo hurgar por todos lados, pero finalmente encontró el dispositivo escondido en el fondo del closet. Miró la pantalla, y vio que era Trunks quien llamaba.

Vegeta abrió el teléfono y gruñó: —¿En qué maldito problema te has metido ahora, muchacho?

Trunks sonrió al otro lado de la línea. Ya se sentía mejor. —En ninguno, Papá. Sólo quería hablar contigo.

—Hn.

—¿Cómo estás?

—Bien. ¿Tú?

—Estoy bien —dijo Trunks lleno de confianza, sentándose de piernas cruzadas sobre una mesa afuera de su cuarto. Se masajeó la nuca un poco mientras fruncía.

—¿Cómo va la escuela?

—Aw, está bien. Pan comido.

—Pan comido, ¿eh? ¿Entonces por qué llevas esas notas tan paupérrimas?

Trunks suspiró y se enfocó en el suelo. —Papá, me estoy esforzan-

—Esforzando un carajo. Hablamos de esto antes de que te marcharas, Trunks. Dijiste que aceptabas para asumir el mando en el negocio de tu madre con seriedad. Pero a mí me parece que sólo lo hiciste para poder acostarte con mujeres y hacer el tonto. Vale, Goten puede ir en ese plan, pero no toleraré eso de ti. Ahora eres un hombre, así que termina de crecer y compórtate como uno. ¿Me oíste?

—Sí, te oí —murmuró Trunks, delineando con un dedo una estría vieja en la mesa en la que estaba sentado. Su padre tenía razón; no se había estado esforzando. Asintió, aun cuando su padre no podía verlo—. Subiré mis notas.

—Más te vale. —Hubo una pausa, antes de que Vegeta añadiera—: Y más te vale que también estés usando preservativos.

Trunks sonrió ligeramente. —Lo hago, no te preocupes.

—Bien. No embaraces a ninguna estúpida por allá, porque yo mismo te mataré.

El adolescente se rió entre dientes. —No pretendo ser padre en un futuro cercano.

—Hn. ¿Vienes este fin de semana?

—Sí, quizá mañana. No lo sé. Se acerca la mitad del semestre y debo comenzar a estudiar. —Trunks comenzó a tamborilear con sus dedos el borde de la mesa, frunciendo mientras lo hacía.

—¿Qué pasa, hijo?

—Nada.

Vegeta suspiró. —¿Cuántas veces tengo que decirte que no puedes mentirme?

—Bueno —comenzó Trunks, viendo alrededor incómodamente para asegurarse de que no había nadie cerca—. He estado teniendo esta pesadilla los últimos días.

Hubo una pausa al otro lado de la línea, antes de que Vegeta preguntara en tono neutro: —¿Los últimos días?

—Sí. Solo me da mala espina. Es todo.

—¿De qué son?

—Siempre estás en ellas, y siempre estás sufriendo dolor. Algunas veces hay mucha sangre. No sé, es raro.

—Sólo están en tu cabeza. Visiones inofensivas. Haz algo de actividad física que no involucre a una mujer. Entrena más, cánsate. Así se irán.

Trunks asintió, suspirando levemente mientras lo hacía. —Está bien.

—Bien.

—Voy a ir a hacer algunos pendientes, gracias, papá.

—Hn. Si decides no venir este fin de semana, llama a tu madre y házselo saber.

Trunks y Vegeta colgaron a la vez. El adolescente se inclinó hacia adelante, apoyando la quijada en una de sus manos mientras su codo descansaba en la rodilla. Estaba en la luna mientras veía a los estudiantes de la facultad pasar frente a él. Algunas chicas se le quedaron mirando, pero él no lo notó. Se sentía mejor después de haber hablado con su padre. La sensación de temor se había ido. Vegeta estaba bien y entero. Trunks no podía ver nada malo. Se llevó una mano a la sien, preguntándose por qué se sentía tan indispuesto.

Trunks casi se muere del susto cuando alguien le agarró los hombros por la espalda. El adolescente se puso de pie inmediatamente, se dio la vuelta, y levantó una mano. Después maldijo por lo bajo cuando vio a Goten reír a carcajadas.

—Eres un hijo de puta —gruñó Trunks, tomando aire para calmar sus nervios.

—Oh, Te pillé —se burló Goten, sentándose en la mesa donde Trunks había estado hacía un segundo—. Estabas demasiado sumergido en tus pensamientos, amigo. No pude evitarlo.

—Hn. —Trunks se llevó una mano a los ojos y se los frotó un poco mientras la expresión alegre de Goten cambiaba a una de preocupación.

—¿Te sientes mal? No te ves nada bien.

—Nah, estoy bien —dijo Trunks, bajando la mano para mirar a su mejor amigo—. ¿Qué pasa?

—Es sábado, Trunks. ¿Dónde serán las fiestas buenas esta noche?

—Hoy no, amigo. Tengo que comenzar a estudiar para los exámenes de mitad de semestre.

—Oh vamos. ¿En serio? ¿Un sábado en la noche? ¡Estudia mañana! Mírate, estás demasiado nervioso. Parece que te hacen falta un par de bebidas.

—Bueno —dijo Trunks, sonriendo ligeramente—. Quizá si adelanto algo de trabajo para la tarde, puedo desocuparme para la noche. Beta Yhi dará una fiesta hoy, y estoy invitado. Quieren que me una a ellos porque están reclutando muy arduamente.

Goten respondió con una sonrisa: —Bueno, no los decepcionemos. Pueden comenzar por reclutarme también, dado que ya sé que vendré el próximo año. Aunque no en el programa honorífico de ingeniería como tú, nerd. —Chocaron las manos mientras la sonrisa de Trunks se ampliaba.

—Odioso. No puedo evitar subir las notas cuando siento que es necesario.

—Sí, sí, restriégamelo en la cara. En fin, tienes que presentarme a esa chica con la que estás follando. Tengo que verla para creer si es tan hermosa como me dices.

—No te preocupes. Estará allá esta noche.


Bra tenía la nariz pegada al vidrio de su nuevo acuario ese día en la noche. Sonreía alegremente mientras veía a sus nuevos peces nadar. Bulma y Vegeta estaban del otro lado del tanque. Ella se estaba asegurando de que las luces se encendieran cuando la del cuarto se apagara, y él se estaba asegurando de que el tanque estuviese montado adecuadamente en el muro.

—¡Todos son tan bonitos! —dijo Bra sumamente emocionada.

—Sí que lo son. Hiciste un gran trabajo escogiéndolos —respondió Bulma, finalmente parándose al lado de su hija cuando estuvo satisfecha con la luz.

Vegeta finalmente hizo lo mismo, y las miró a ambas. Bulma masajeaba la espalda de Bra mientras le señalaba cada tipo de pez. El príncipe las observó por unos segundos, y luego giró sobre sus talones y salió del cuarto. Entró a su cuarto, cerrando la puerta detrás de él. Se estaba sintiendo extrañamente entumecido, y se le ocurrió que una ducha caliente relajaría sus músculos.

Estaba pasando por el espejo de la regadera, apunto de quitarse la camiseta, cuando vio con el rabillo del ojo que una sombra pasó por el espejo. Vegeta se detuvo y tiró la camisa. De inmediato dio un paso atrás y se quedó mirando el espejo. Sólo pudo ver su propio reflejo. Frunció ligeramente el ceño, antes de abrir la puerta del baño y asomarse. El príncipe examinó su habitación, y luego se enfocó en el techo. Su esposa e hija seguían arriba.

El príncipe cerró la puerta, y luego miró otra vez el espejo por unos segundos con intensa concentración. Ladeó la cabeza cuando se dio cuenta de que había leves rasguños en el vidrio. ¿Habían estado desde antes? Vegeta se acercó más, y puso un dedo en el espejo. Tocó suavemente las marcas. Parecía que decía algo, pero no estaba en ningún idioma de la Tierra. Su mente intentó descifrar rápidamente qué significaba, en el mejor de los casos. Parecía familiar, como un idioma que había visto cuando trabajaba para Freezer, pero había pasado tanto tiempo que no podía entenderlo.

Vegeta maldijo y se volteó inmediatamente, cuando sintió la mano de alguien en su hombro. Suspiró profundamente, antes de matar a su esposa con la mirada.

—No hagas eso, mujer.

—¿Estás bien? —preguntó Bulma, con ojos preocupados. Podía contar con los dedos de una mano el número de veces que había logrado tomar por sorpresa y asustar a Vegeta en los últimos veinte años.

Él asintió, antes de hacer un gesto hacia el espejo sobre su hombro con el dedo. —¿Viste esto?

—¿Ver qué?

—Esto —dijo Vegeta, dándose la vuelta para señalar los tenues rasguños.

Bulma se acercó, enfocando sus ojos azules. Estiró la mano como Vegeta había hecho para trazarlas gentilmente. —Uh. Qué raro. Eso no estaba ahí esta mañana cuando me estaba arreglando. O quizá sí. Son tan tenues, que pudo ser fácil no verlas-

Ambos se asustaron y Bulma gritó cuando la puerta del baño se cerró violentamente. Inmediatamente se lanzó a los brazos de Vegeta, aferrándose con fuerza a su camiseta.

—¿Qué demonios? — murmuró Vegeta por lo bajo, parpadeando en sorpresa hacia la puerta. Se separó rápidamente de su esposa, y haló la perilla. Sus ojos se entrecerraron cuando ésta no abrió. Volvió a halarla con la fuerza suficiente para arrancarla del marco, pero no cedió. Vegeta gruñó con impaciencia y echó a Bulma a un lado—. Retrocede.

—Vegeta, no- —dijo en advertencia, pero no tuvo la oportunidad para terminar de hablar cuando su esposo alzó una pierna y pateó la puerta con una fuerza brutal. La madera no se estremeció, pero su pierna sí. El príncipe colapsó al instante, siseando entre dientes mientras se la sujetaba con fuerza—. ¡Vegeta! —gritó Bulma alarmada, arrodillándose a su lado. Ella tocó su pierna gentilmente, e hizo una mueca de dolor cuando pudo sentir sus músculos contrayéndose dolorosamente debajo de sus jeans.

—Estoy bien —gruñó, obligándose a ponerse de pie.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Bulma preocupada, aferrándose a su brazo mientras él le daba unas buenas sacudidas a la pierna para deshacerse de los espasmos.

—No lo sé —admitió Vegeta.

La echó hacia un lado, antes de cuadrarse para golpear la puerta con fuerza. La mano comenzó a dolerle al momento, cuando sitió que los huesos de los nudillos se le rompieron. Apretó los dientes, pero no se dejó intimidar. Se nutrió de su dolor y dio un paso adelante y golpeó con la misma mano, y con la fuerza suficiente para derribar una montaña, la pared…, en vano. Su mano ahora temblaba incontrolablemente mientras veía hacia el techo. Se elevó unos metros y esta vez usó su mano izquierda mientras golpeaba el concreto, pero todo lo que obtuvo por su esfuerzo fue otra mano rota.

—¡Vegeta, basta! —le gritó Bulma cuando él cayó al suelo—. ¡No está funcionando, y sólo te estás lastimando!

No la miró mientras ella tomaba sus manos en las suyas, examinando el daño. Muy suavemente metió su mano derecha entre las de ella, sintiendo su piel quemada sobre los huesos rotos. Bulma lo miró, y notó que estaba muy tenso, con una vena visiblemente marcada en la frente mientras veía alrededor.

—Tengo que salir de aquí, Bulma —susurró Vegeta, oteando el baño que se hacía más pequeño a cada segundo.

Las paredes parecían que lo estaban sofocando y de repente se sintió agobiado por la claustrofobia. Hacía años que no se sentía tan atrapado, no desde que Freezer lo había tirado a una celda pequeña y oscura al fondo de su nave insignia cuando apenas era un adolescente. Sus naves espaciales no eran un problema. Él sabía exactamente cuanto tiempo estaría en ellas, podía ver a donde iba, podía forzar una parada, y podía inducirse el sueño. Esa celda en el calabozo de Freezer era una historia diferente. Ni siquiera tenía el espacio suficiente para dar un paso adelante, sentarse o acostarse. Lo había llevado al borde de la locura. Casi había destruido su cuerpo intentando escapar, y luego, se había desgarrado la piel por el sofocante aislamiento que duró por semanas.

El niño atrapado dentro de él gritaba, pidiendo libertad. Necesitaba respirar, pero no podía. (*)

—Cariño, está bien —aseguró Bulma en voz baja. Vegeta estaba observando la puerta, con rostro precavido. Sin embargo, Bulma podía sentir que sus manos temblaban, y no era por el dolor físico—. Vamos a pensar en esto racionalmente y conseguiremos una manera de salir, ¿vale?

Él negó con la cabeza, y apretó con fuerza la mandíbula. —Si no puedo tumbar esa puerta, entonces la destruiré-

Vegeta se congeló, mirando repentinamente hacia la habitación de Bra. No podía sentir nada, pero podía jurar que oyó un sonido venir de allá. No estaba sola.

—Mierda —maldijo por lo bajo. Sus ojos se tornaron verdes azulados por un segundo, antes de que una onda dorada explotara repentinamente a su alrededor, obligando a Bulma a alejarse de él. Antes de que pudiese proferir palabra alguna, Vegeta la sujetó por el brazo y la metió dentro de la ducha. Arrancó la cortina de un cuajo y la obligó a sentarse en la bañera.

—¡Vegeta! ¿Qué demonios estás haciendo? —gritó Bulma mientras él la obligaba a bajarse.

—Agáchate y cúbrete la cabeza —ordenó ásperamente. La cubrió con la cortina antes de siquiera darle chance a responder.

Bulma se quitó obstinadamente la cortina de encima para objetar. Se quedó callada cuando vio a Vegeta parado a menos de medio metro de la puerta del baño. Las ondas doradas lo rodeaban mientras echaba las manos hacia atrás. Una poderosa energía azul comenzó a emanar de sus manos. Y ella bajó la cabeza, preparándose para la explosión.

Y cuando estaba a punto de disparar, Bra abrió la puerta.

Vegeta a penas logró detenerse antes de matar a su propia hija, conteniendo su ki hasta el último momento posible. De inmediato metió el pie para mantener la puerta abierta, antes de respirar calmada y profundamente. Cerró los ojos, y después de un segundo, su transformación Super Saiyajin desapareció.

Cuando Bulma se asomó para ver por qué Vegeta no había disparado, salió con dificultad de la bañera y se acercó a su hija.

—¿Bebé, estás bien? —preguntó Bra, arrodillándose frente a ella.

La pequeña asintió, mirando entre sus padres en confusión. —La gente mala me habló. Me dijeron que el mayor era el primero, y que tuviéramos paciencia. No sé a qué se referían. Me asustaron así que vine aquí.

Vegeta y Bulma miraron sin comprender a su hija. Finalmente, el príncipe gruñó, antes de sisearle a Bulma: —Cuídala, ya regreso.

Con eso, salió para ir a chequear el complejo. Bulma soltó un aliento tembloroso, intentando ignorar el escalofrío que le recorría la espalda al oír las palabras de su hija. Le brindó una sonrisa forzada a Bra, masajeando suavemente sus brazos.

—¿Segura de que estás bien, nena?

Bra asintió, antes de mirar a su madre con curiosidad. —¿Estás bien, Mami?

Bulma le brindó otra sonrisa forzada mientras asentía. —Sí, lo estoy —mintió.

—Qué bueno, porque tengo hambre. ¿Podemos cenar ya?

Bulma se puso de pie y tomó la mano de su hija. —Qué te parece si salimos a comer a un restaurante esta noche.

—¡Sí! —chilló Bra alegremente, olvidando a las personas extrañas que habían estado hablando con ella antes de venir al cuarto de sus padres.

—Okay, vamos, bajemos para buscar la aeronave.

—¿Y Papi?

—Papi nos encontrará allá abajo, cariño —dijo Bulma gentilmente, aun cuando casi llevaba a Bra a rastras. Ella sabía que Vegeta podía oírlas y estaría allí como dijo. Sin embargo, lo que ahora necesitaba era salir de la casa por unas horas y pensar lógicamente qué demonios acababa de pasar.

Un minuto después, Bulma estaba tamborileando con sus dedos todo el panel de la aeronave, que estaba en neutro. Bra ya estaba sentada y asegurada en su sillita detrás de ella, y estaba entretenida jugando con una de los viejos juegos portátiles de Trunks. Bulma echó un vistazo a la casa mientras esperaba a su esposo.

Vegeta abrió la puerta unos minutos después, y se sentó en el asiento del pasajero. Ambos intercambiaron una mirada, y él le negó con la cabeza sutilmente, diciéndole en silencio que no pudo oler o sentir nada.

—¿Papi, encontraste a la gente mala?

Vegeta fulminó a su hija con la mirada a través del espejo. —Basta de eso, niña. No quiero oír más sobre esa gente mala, ¿me entiendes? —demandó duramente.

Bra hizo un puchero, antes de asentir. Era muy raro que Vegeta le hablara en ese tono, pero ella sabía que eso significaba que el tópico de la conversación había terminado oficialmente. Se asomó por la ventana para ver hacia su casa, sus ojos se enfocaron en la ventana de su cuarto mientras Bulma arrancaba la aeronave.

Bulma le masajeó dulcemente la nuca a Vegeta para tranquilizarlo. Su mandíbula estaba apretada casi dolorosamente mientras veía directamente al frente. Ella lo soltó cuando la aeronave comenzó a levitar.

—Okay chicos. Qué les parece si vamos a comer a ese nuevo restaurante de comida rápida que acaba de abrir en el Centro de Río Rojo. Oí que tienen unas merengadas de infarto y un lugar donde los niños pueden jugar —dijo Bulma alegremente, haciendo un contacto visual sutil con su esposo. Él asintió, sabiendo que lo que ella quería era hablar con él a solas. Bulma se enfocó nuevamente en su hija y sonrió—. ¿Qué opinas? ¿Quieres hamburguesas y merengada de Oreo? ¿Se oye bien, bebé?

—Sí —dijo Bra en un susurro, sonriendo ligeramente. Eso se oía bien. La pequeña volvió a ver hacia el complejo, preguntándose en el fondo si podía seguir durmiendo con sus padres aun cuando ya le habían traído su nuevo acuario. Bulma estableció las coordenadas, y la aeronave aceleró antas de dejar las instalaciones.

Pero no antes de que Bra le regresara el saludo a la silueta en la ventana de su cuarto que se despedía de ella.


—¿Qué hay de Trunks? —preguntó Bulma en voz baja mientras vendaba la mano lastimada de Vegeta. Ambos miraban sigilosamente a su hija mientras ésta jugaba con otros niños. Estaban en un lado, alejados de los otros padres mientras se sentaban en una pequeña mesa con vista al área de juegos. Ambos tenían una merengada frente a ellos, pero estaban intactas mientras conversaban en voz baja.

—Hablé con él más temprano. Está bien. Además, él sabe cuidarse.

—Algo no está bien, Vegeta.

—Debe tratarse de una broma. Podrían ser Goten y Trunks con sus gilipolladas.

—¿Pero no serías capaz de olerlos o sentirlos?

—Hn. —Vegeta entrecerró un poco los ojos mientras veía a Bulma vendar con gentileza sus manos. La mano derecha le dolía muchísimo. Volvió a echarle un ojeada a Bra, antes de volver a enfocarse en su esposa—. ¿Tú que opinas?

—Creo que quizá deberíamos pensar en dejar la casa una temporada, hasta que descubramos qué demonios está pasando.

—No voy a huir —espetó él secamente.

—Vegeta —susurró Bulma—. No pudiste romper la puerta hoy. ¿No te parece que es extraño y extremadamente peligroso? ¿Y si algo le ocurriera a Bra?

Él la aniquiló con la mirada. —Iba a destruir la puerta cuando la niña la abrió.

—Está bien, ¿Qué crees que debamos hacer entonces?

—Digo que nos quedemos. Debe haber una explicación lógica para lo que pasó.

Bulma dudó, antes de aventurarse a preguntar: —¿Crees que lo que Bra dijo podría ser verdad?

Vegeta casi rugió en aversión. —Mujer, tienes que estar bromeando. ¿Personas imaginarias, las creaciones de la mente de una niña aprovechándose de sus temores? ¿De verdad vamos a considerar esa tontería?

—¡No lo sé! —dijo Bulma en exasperación—. Es sólo que estoy intentando pensar en esto lógicamente, ¡pero para mí no tiene ningún sentido!

Vegeta respiró por la nariz mientras ella terminaba con sus manos. Las quitó y notó que no podía cerrar la izquierda en un puño y no podía mover los dedos de la derecha. El príncipe puso mala cara mientras se las veía, antes de negar con la cabeza.

—Debe tratarse de alguien sin ki que tiene acceso de alguna manera. Amañó las paredes para que de alguna manera resistieran mi fuerza mientras yo entrenaba, tú estabas en el trabajo, y nuestros hijos estaban en la escuela. Esa es la única explicación lógica.

—¿Como un androide? —preguntó Bulma preocupadamente.

—Sí, algo así. Nos quedaremos, y pondremos sensores de movimiento. Tienen que estar altamente calibrados para la super velocidad. Incrementa la seguridad dentro de la casa. Si alguien está entrando, lo atraparé —prometió.

—Está bien —susurró Bulma—. Lo haremos a nuestro estilo. Pero Bra duerme con nosotros hasta que todo vuelva a la normalidad. Y uno de nosotros tiene que estar con ella siempre.

—Me parece bien —respondió. Miró la mesa y se acercó la merengada torpemente con las muñecas, antes de volver a enfocarse en su esposa. Ella observaba a su hija jugar, mordiéndose el labio inferior. Vegeta suspiró, y rodó su silla para quedar sentado al lado de ella y no al frente. Bulma se acercó un poco hacia él cuando éste se inclinó hacia adelante y le susurró al oído—: Todo va a estar bien, mujer. Estoy aquí, y no dejaré que nada les pase. Resolveremos esto.

Bulma sonrió ligeramente, antes de halarlo para darle un beso en la mejilla. —Lo sé —dijo llena de confianza. Estiró el brazo y le entregó su merengada, tomando también la de ella.

Ambos miraron a su hija jugar, expresando en el exterior una confianza que no sentían del todo.


—¡Esa chica te está mirando de arriba a abajo, niño!

—¿Ah sí? —preguntó Trunks en voz alta con una sonrisa, mirando por encima del hombro. La fiesta de la fraternidad estaba muy avanzada, y la iluminación era ultravioleta. Había llevado una camiseta blanca y ya había sido presentado a una multitud de chicas (y a Goten, quien le escribió NERD en la espalda). Como era de esperar, había una chica al otro lado del salón de fiesta a oscuras que estaba devorándolo con la mirada. Trunks le brindó una sonrisa confiada y depredadora, antes de voltearse y llevarse la cerveza a los labios para otro trago—. Puede que tengas razón, Masu.

—Claro que sí. ¿Ves a lo que me refiero? Aquí estarás como en casa —dijo el estudiante de último año en voz alta y por encima de la música, dándole una palmada en la espalda. Le pasó un brazo por encima del hombro, y le pasó el otro a Goten—. Me gustan los dos. Tienen agallas. Y son estudiantes respetables. Bueno, al menos tú lo eres —le dijo a Trunks específicamente, antes de reírse por el rostro indignado de Goten.

—¡Yo soy respetable! —gritó Goten—. ¿No estoy aquí?

—Sí, pero tú no tienes el cerebro Briefs, ¡niño!

Rozando la embriaguez, Trunks rió a carcajadas: —Hey amigo, ¡Puedo aprobar las materias pero no soy mi mamá!

—¡Pero aquí te comportas como tu madre! —informó otro muchacho mientras se acercaba—. ¿Qué hay, Masu? ¿Todavía no has logrado que estos niños se unan?

—Nah. Todavía no —dijo Masu con una sonrisa, antes de hacer una señal hacia Goten—. Este de acá sólo es un estudiante de último año de secundaria. Es un bebé.

—Oye tú. ¿Tu nombre es Trunks, verdad? ¿Trunks Briefs?

—Ese soy yo —respondió el adolescente, observando con cautela al recién llegado—. ¿Tú eres Dao, no? ¿El Vicepresidente?

—En persona —dijo el estudiante bajo y desgarbado, palmeando la espalda de Trunks—. ¿Qué pasa contigo, niño? ¿Por qué no has ido tras esa chica? Ha estado acostándose contigo con la mirada toda la noche, y tú sólo estás sentado aquí como si le tuvieses miedo.

—Amigo, no le tengo miedo —se burló Trunks—. Ya tengo novia.

—¡Puras patrañas! —interrumpió Goten—. ¡Sólo hablas de ella, pero no la he visto!

—Ya vendrá. Relájate —le dijo Trunks, dándole otro trago a la cerveza.

—¿Cómo se llama? —preguntó Masu, dándose la vuelta y buscando entre los asistentes. Estaba repleto y oscuro con luces parpadeantes, pero él podía identificar a cualquier chica de buena apariencia en tiempo récord—. Quizá ya la conozco.

—Se llama Kegan Xhao. Y tiene un 15 de 10 en la escala de atractivo, déjenme decirles —dijo Trunks entre risas.

Masu y Dao intercambiaron una mirada sorprendida, antes de voltear a ver a Trunks. —¿Cuál es su nombre? —preguntó Dao con ojos amplios.

Algo en su tono de voz hizo que Trunks y Goten se miraran entre sí. Al mismo tiempo voltearon a ver a los otros muchachos. El hijo de la heredera entrecerró los ojos, antes de repetir—: Su nombre es Kegan Xhao. Está en el primer año de la facultad de ingeniería, como yo.

—Amigo, ¿estás borracho, verdad? —preguntó Masu, dándole una palmadita a Trunks en el hombro mientras lo examinaba un poco preocupado. Si algo le pasaba a uno de los muchachos de menor edad en su fiesta, la universidad querría su cabeza.

—No, no lo estoy —espetó Trunks, con un tono de voz ligeramente molesto ahora. Okay, estaba un poco ebrio. Pero aún estaba alerta, y sabía que algo estaba mal en toda esa situación—. ¿Cuál carajo es el problema con ustedes, muchachos? —demandó.

Masu y Dao intercambiaron otra mirada, antes de que el último volviese a enfocarse en Trunks. Lo estudió un segundo, antes de decir cuidadosamente: —Kegan Xhao era una estudiante de primer año. Ella murió hace unos veinte años.

—Veta a la mierda, tío —gruñó Trunks, haciendo un ademán con la mano en señal de desestimación mientras desviaba la mirada—. ¡Esta misma mañana estuve con ella!

—¿Quizá se trate de otra chica con el mismo nombre? —sugirió Goten, encogiéndose de hombros.

—Debe ser —respondió Masu, haciendo el mismo gesto—. Esa chica se enfermó gravemente y murió en su dormitorio. Una locura. Un día era saludable, y al otro muere. Pobre.

—Bueno, obviamente, debe haber otra estudiante de primer año con el mismo nombre —argumentó Trunks, un poco ardido y agitado ahora por el tópico.

Percibiendo la hostilidad que provenía del adolescente, los dos mayores le dieron palmaditas en el hombro. —¡Hey, cálmate, niño! Mientras te estés acostando con ella, ¿qué importa?

Trunks asintió, pero sus risas y sonrisas fueron forzadas los siguientes quince minutos. Sutilmente echó la cerveza a un lado y dejó de beber, y de repente comenzó a luchar contra las náuseas. Los estudiantes de cursos superiores eventualmente los dejaron ir para reclutar a otros novatos, cuando Goten se acercó y se sentó cerca de él.

—Hey amigo, ¿estás bien? —preguntó Goten en voz baja, examinando a su amigo con preocupación mientras éste se pasaba una mano por el cabello sudoroso—. ¿Quieres salir de aquí?

—Sí —asintió Trunks después de un segundo—. No me siento muy bien —añadió, fregándose los ojos.

—Vamos.

Los dos adolescentes salieron de la fiesta. Goten caminó con su mejor amigo hasta su dormitorio, y dudó en la puerta cuando Trunks entró. Se metió las manos en los bolsillos, y dijo: —Siento que ella no viniera, Trunks.

—No te preocupes por eso. Estoy seguro de que la veré por ahí. Otro día la conocerás —respondió Trunks, sentándose pesadamente en la cama. Goten asintió, e iba a girar para marcharse cuando vio de nuevo a su amigo.

—¿Estás seguro de que estás bien? —preguntó Goten otra vez, frunciendo un poco—. Puedo llamar a mi papá para que te teletransporte a tu casa en dos segundos-

—No —respondió Trunks firmemente, sacudiendo la cabeza—. No, estoy bien, Goten. Sólo necesito dormir, es todo.

—Okay, tómatelo con calma entonces. Mándame un mensaje más tarde.

—Sí, lo haré. Gracias, amigo.

—No hay problema.

Goten se marchó y cerró la puerta detrás de él. Trunks se sentó en silencio, esperando hasta que pudo sentir que su amigo abandonaba el dormitorio. El adolescente se quedó ahí, intentando ignorar la sensación de temor que lo embargaba. Sólo era una coincidencia. Eso era todo. Demonios, quizá sólo le estaban gastando una broma.

Un segundo después, Trunks se levantó y se sentó en la silla de su escritorio. Abrió su portátil y la sacó del estado de hibernación. Rápidamente abrió el sitio donde podía tener acceso a la lista de estudiantes, tecleó el nombre de la chica, y presionó enter.

No hubo resultados.

—Oh, mierda —murmuró Trunks sombríamente, quitándose el sudor en la frente. Aspiró profundamente y comenzó una búsqueda en la Web, escribió el nombre, y presionó enter.

Habría caído de rodillas si no hubiese estado sentado. Las manos le temblaban mientras veía las imágenes frente a él, la misma chica que había estado llevando a la cama los últimos días. Todos los titulares cargaban a gran velocidad. «Joven muere mientras dormía». «Autopsia de la joven estudiante de ingeniería inconclusa». «Extraña enfermedad viral cobra la vida de la joven estudiante de la Universidad de la Ciudad del Oeste».

—Oh, mierda —dijo Trunks otra vez, negando ahora con la cabeza mientras se ponía de pie. De alguna manera logró salir tambaleándose de su cuarto y entró al cuarto de baño que compartía con otros siete estudiantes de primer año. Sin molestarse en prender la luz, cayó de rodillas, y vomitó hasta que pensó que se iba a desmayar.

Finalmente, cinco minutos después, Trunks se levantó lentamente. Caminó con un increíble esfuerzo hasta el lavamanos y abrió todo el grifo de agua fría. No se preocupó en salpicarse la cara con agua, simplemente bajó la cabeza y la metió dentro. Ésta quedó bajo el chorro, dándole justo en la frente, calmando la sensación de ardor mientras jadeaba por aire.

Alucinando, debía estar alucinando. ¿Estaba todo en su mente? ¿No la había tocado? Intentó recordar el contacto físico y se encontró con un alarmante vacío. No podía recordar cosas que debía. ¿Cómo olía? ¿Cómo se sentía? ¿Cómo se oía?

Esta mañana, en su cama, ella lo tiró en la cama y se le subió encima. Discutió con él. Y luego, nada. Era como si se hubiese desmayado. Y la noche anterior, habían salido a comer. Pero no tenía recuerdos de los detalles: a dónde habían ido, qué habían ordenado, qué ropa llevaba ella. Nada.

Trunks cerró los ojos con fuerza e intentó recordar, pero no podía pensar en nada excepto su rostro y nombre. Después de pensar un agonizante minuto en eventos que no habían pasado, cerró el grifo del agua. Ahora la cabeza le dolía mucho más. Tragó con dificultad, y luego levantó la cabeza para mirarse en el espejo.

Sin embargo, en el espejo, vio casi veinte siluetas con ojos rojos paradas detrás de él. Trunks se dio la vuelta inmediatamente y los enfrentó. Intentó elevar su ki, pero no tuvo las fuerzas. Colapsó, cayendo sentado, y sus ojos se abrieron como platos en señal de temor.

Las siluetas avanzaron súbitamente, y Trunks gritó.


(*) la historia del pasado de Vegeta como soldado de Freezer será contada en un futuro no próximo en El Arte de Sobrevivir.

13/07/2014