¡YO NO SOY EL DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE HOTEL TRANSYLVANIA! A EXCEPCIÓN DE LOS OC'S
Agradecimientos.
Daniel Shurtugal: gracias por tu review. Espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.
Batistarr: gracias por tu review. Alguien que lo notó, espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.
Kari-hamato: gracias por tu review. Espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.
Byakko Yugure: gracias por tu revies. Gracias por pasarte y leer esta historia, en cuanto a la imagen, no, no es mía, solo la saqué de google. Gracias por leer.
Sin nada más que agregar, los dejo con el capítulo
VI
Wilbur
Dennis despertó con brusquedad debido a otro mal sueño, aunque no tanto como el anterior, sin embargo, de igual manera un mal sueño. Recorrió con su vista la habitación y al ver por el cristal de la ventana notó que aún no amanecía, el cielo estaba vagamente iluminado, lo que le dio a entender que no faltaría mucho para que el sol se asomara por el horizonte. Con un pesado suspiro se giró hacia Winnie y le pasó un brazo por la cintura para acercarla, al hacerlo, sintió el suave roce de su pelaje contra su piel, ocasionándole una extraña relajación. Respiró con suavidad en el cuello de ella dejándose llevar por su aroma: una delicada fragancia a naranja, tal vez del acondicionador del hotel, supuso.
Trataba por todos los medios volver a conciliar el sueño, mientras pasaba la mano por el cabello de la lobuna, al hacerlo, notó lo largo que era, normalmente no se notaba ya que siempre lo tenía recogido.
Al darse cuenta de que no le llegaría de nuevo el sueño, decidió levantarse. Con la mayor pereza existente, se quitó la gruesa manta que los protegía a ambos del arrollador frío nocturno y se quedó sentado al borde de la cama observando un par de pantuflas, como si fueran lo más interesante del mundo. Se dio dos suaves palmadas en las mejillas para volver en sí mismo y levantarse.
Una vez de pie miró a Winnie e inconscientemente esbozó una sonrisa cariñosa, taciturno se dirigió hacia el baño y se lavó los dientes, al salir a la sala recordó que no había nada para desayunar (ya que era un hotel). Tomó el teléfono fijo que había cerca de la mesa y marcó a servicio a la habitación. Ordenó puros alimentos no preparados, ya que quería hacer el desayuno él mismo, o mejor dicho, hacerlo para ella.
Esperando a que el servicio llegara rebuscó en su bolso y sacó su celular. Tecleó y mandó un mensaje a Clarisse, lo más probable era que la morena estuviera pensando quien sabe qué locura, luego de enviarlo miró la hora y eran las 5:38 de la mañana, era ridículamente temprano. Gracias a todo lo bueno decidió meter sus audífonos antes de «retirarse» de su casa, se los colocó al celular y se dirigió hacia el ventanal de la sala, se sentó en el borde del mismo y observó el alba bajo la canción de What Lies Beneath, mientras pensaba con la mente fría lo sucedido y lo que vendrá.
Mientras más lo hacía más dudas surgían, comenzó a enumerar sus problemas: primero y principal, el compromiso de Winnie, lo que conllevaba al cómo iba a quitarle el susodicho collar; segundo, ¿cómo convencer al tío Wayne de cancelar dicho compromiso?; tercero, las posibles represalias del lobo ese; y cuarto, pero no menos importante, el sermón que le darán sus padres por lo que hizo. Se pasó frustrado ambas manos por la cabeza, al tratar de encontrar una solución para todo, empezó a pensar que todo esto fue una locura. La música cambió y empezó a sonar Until The End.
Dennis contempló el amanecer en todo su esplendor, pareciéndole algo maravilloso, ahora entendía lo que Mavis le había contado hace tiempo… «Algún día tendrás a ese alguien con el querrás ver el amanecer y valorarás ese momento.» Esbozó una sonrisa burlona al recordar esas palabras, y sin poder evitarlo, empezó a tamborilear con sus dedos la melodía de la canción. Antes de que se diera cuenta estaba cantando la letra con un tono de voz muy bajo, casi a susurros…
Why give up?
Why give in?
It's not enough?
It never is
So I will go on until the end
Con cada frase que decía más se ensanchaba su sonrisa, hasta el punto que comenzó a reírse con suavidad; sí, se reía de sí mismo. Parecía ridículo, pero con esa canción sentía que sus problemas eran insignificantes. ¿El compromiso? Eso estaba ligado al collar, ya averiguaría la manera de deshacerse de ello. ¿Wayne? Por favor, ¿qué padre no quiere la felicidad de sus hijos? Apelando a eso será relativamente fácil convencerlo. ¿Las represalias del lobo? ¡Ja! Ya una vez lo apaleó, y si ha de hacerlo otra vez, que así sea. Y por último, el sermón de sus padres, nada que no pueda soportar. ¿Por qué habría de rendirse? ¿Quién dijo que esto sería fácil? Las cosas buenas nunca lo son, solo hay que armarse de valor y seguir adelante con esta decisión.
La puerta sonó indicando la llegada del mesonero con lo que había pedido, antes de ir a recibirlo sonó su celular, indicando que le había llegado contestación de Clarisse. ¿Desde cuándo ella estaba despierta a estas horas? Miró de nuevo el amanecer y musitó las últimas palabras de la letra…
—But I will go until the end —sonrió, y se dirigió a la puerta.
Winnie se movía en la cama tratando de encontrar la posición que le permitiera dormir de manera más cómoda (si es que se puede estar más cómodo en una King Size), estiró su brazo para hacer contacto con Dennis, pero no lo encontró, por lo que abrió uno de sus ojos para buscarlo, pasó la vista por la enorme cama buscándolo, mas no estaba ahí. Sin darle más importancia cerró el ojo dispuesta a dormirse de nuevo, cosa que no pudo porque un aroma la capturo por completo, un suave aroma dulce… «Chocolate», pensó. Lo dudó durante un momento, pero no solo percibió ese aroma, había otros más, se levantó con excesiva pereza y se dirigió al baño para lavarse los dientes.
Una vez allí escuchó la voz de Dennis saludando a alguien y el sonido de la puerta cerrándose, alguien había llegado. Agudizó su oído y reconoció esa voz, era la amiga de Dennis... ¿Cómo era que se llamaba? ¿Clarisa? ¿Clara? ¡Clarisse! Salió del baño rumbo a la sala, una vez en ella, saludó a Clarisse con la pata y le hizo una seña para que no hiciera ruido, mientras comenzaba a acercársele con sigilo a Dennis, el cual estaba preparando el desayuno.
—Hola zing-zing —saludó, dándole un sorpresivo abrazo por la espalda.
Dennis pegó un respingo por el sorpresivo abrazo, causando que por poco tirara la comida que estaba sirviendo. Se dio media vuelta con una sonrisa y saludó.
—Bueno días, Winnie. —Y le dio un rápido beso.
Winnie aprovechó el momento e intensificó el beso, cosa que también le agradó a Dennis; con su mano derecha jugaba con el cabello de ella, mientras que su mano izquierda se deslizaba hasta su cintura, acercándola más a él. Se separó, la vio a los ojos y rozaron sus narices con cariño, aunque después se dio cuenta de que había hecho una demostración de afecto explícita frente a Clarisse, y él aún no le había contado nada.
La observó esperando su reacción, y ella solo pegó el grito en el cielo.
—¡Lo sabía! Esas cartas que escribías con tanto empeño, esas miradas, esas tomadas de manos, esos cariños y atenciones —apuntó Clarisse—. ¿Desde cuándo? —preguntó, emocionada.
Dennis se separó de Winnie, apenado. Le indicó a ella que se sentara porque ya le iba a servir el desayuno, ignorando por completo la pregunta de Clarisse. Ella asintió y se fue hacia la mesa, sentándose al frente de la morena. Al poco tiempo el vampiro llevaba varios platos, como si fuera un mesonero profesional. Colocó todos en la mesa, había huevos revueltos, tostadas, varios omelette's y panqueques, y de beber, chocolate caliente y jugo de naranja. Ambas observaron sorprendidas dicho festín, incrédulas de que él lo hubiera hecho.
—¿Hiciste todo esto tú? —preguntó Clarisse con notorio asombro. Dennis asintió—. ¿Solo? —Arqueó una ceja, incrédula.
—¿Acaso te parece imposible que yo hubiera hecho esto? —inquirió, colocándose la mano en el pecho simulando estar ofendido.
—No vale, como crees… Tú tienes alma de cocinero, el agua te queda di-vi-na —bromeó Clarisse, a lo que ella y Dennis soltaron carcajadas, divertidos.
Dennis se limpió una lágrima del ojo y procedió a sentarse, mientras lo hacía miró a Winnie y se le ocurrió la frase perfecta para decir.
—«Disfruta, porque después de que me gradué y dirija una compañía, no vas a tener comidas caseras como esta, jamás» —repitió las palabras exactas que ella misma le dijo cuando le sirvió aquel pichón el día de su cumpleaños.
La loba lo miró divertida y ambos se sonrieron para luego reír. Clarisse los observaba curiosa sin entender nada.
—Cosas de nosotros —dijo Dennis, haciendo un ademán con su mano.
El desayuno pasó entre risas y relatos, Clarisse le contó todo lo ocurrido con Kevin esa noche en la feria, aunque el rubio fuera guapo era muy aburrido, no hacía nada más que decir «Ok» a todo, por lo que terminó dejándolo por su lado. Dennis, por su parte, le contó todo lo que sucedió a ella, con cada palabra que decía la sonrisa de la morena se reducía. Adoptó una expresión de sorpresa cuando se enteró de que la lobuna estaba comprometida con otro, aunque fuese contra su voluntad, pero la cambió a una de ternura cuando oyó la manera en que se le declaró a ella y le propuso huir con él.
—Todo un romántico —dijo Clarisse, soltando un suspiro risueño.
Dennis se rascó la nuca, apenado, mientras Winnie acomodó la silla a su lado y lo tomaba del brazo, dándole una sonrisa sincera en modo de agradecimiento por lo que había hecho por ella. Sintió un fuerte pinchazo en el pecho al ver esa sonrisa, le recordó la pesadilla que tuvo anoche, y peor aún, le recordó que debía encontrar la manera de quitarle ese collar. Pasó su mano por el mismo, tocando ese zafiro color azul, y de nuevo le vinieron esa lluvia de sensaciones: tristeza, pena, melancolía y ese sentimiento de protegerla a toda costa. Tomó su pata y entrelazó sus dedos con los de ella.
Clarisse entendió la situación de ellos (en lo que cabe), y decidió por su propios medios mantener la boca cerrada, porque ella muy bien sabía que Dennis no le contaría eso solo porque sí. Miró el reloj de su muñeca y vio que eran las poco más de las once de la mañana, a lo que se levantó de un respingo dirigiéndose a la puerta, ella debía salir a comprar su ropa para la fiesta de mañana; le dio unas rápidas indicaciones al vampiro para el baile de graduación del día siguiente tan rápidamente que Dennis solo pudo entender «Fiesta», «Mañana» y «Disfraces», para luego salir como alma que lleva el diablo.
Dennis y Winnie observaron confundidos la escena. Sin darle mucha importancia al asunto él se levantó recogiendo todos los platos vacios, aún no se creía que ambas chicas fueran unos pozos sin fondo y pudieron comerse todo eso, claro que, si quería conservar sus colmillos sanos y salvos, jamás lo diría en voz alta.
Luego de lavar los respectivos platos y utensilios se dirigió hacia Winnie, quien miraba a través del ventanal de la sala mientras se tocaba el collar, eso le pareció extraño, ya que ella le temía a las alturas y ambos estaban en un sexto piso. Pero sin darle mayor importancia se acercó a ella y la abrazó por la espalda, recostando su barbilla sobre su hombro y pasando sus brazos alrededor de su cintura.
—¿En qué piensas? —quiso saber.
—¿Crees que fue correcto? —indagó, colocando sus patas sobre sus manos.
—¿El qué?
—Que huyéramos. Lo que quiero decir es… ¿Servirá de algo?
—Winnie… —dijo con voz grave y cariñosa—. No hay necesidad de que te preguntes eso, el que haya sido o no correcto, no importa. Lo hecho, hecho está, y lo hice porque quiero verte feliz y no atada a algo que no quieras. —Le dio un beso en la mejilla—. Para mí ha servido de mucho.
Sin salirse de los brazos del vampiro, se giró, quedando viéndose a los ojos.
—Gracias… —sonrió, y le dio un suave beso.
Dennis sintió como una suave corriente eléctrica recorrió su espalda y sin pensarlo intensificó el beso, Winnie se dejó llevar, lo que maravilló al joven vampiro, comenzando a examinar concienzudamente cada rincón de su boca. La lobuna le siguió el ritmo rodeándole el cuello con sus brazos, a la vez que él, que ya tenía los brazos en sus caderas, la acercó más. Ella ladeó el rostro profundizando aún más el beso, y Dennis emitió un bajo quejido al sentir un suave mordisco en sus labios.
Se separaron y se vieron a los ojos con una sonrisa.
Ninguno de los dos se soltó del agarre del otro, al contrario, luego de esa sonrisa a ambos les dominó una enorme sensación de tener al otro. Se volvieron a besar, esta vez con más pasión y sin medirse, no les importaba nada, solo querían más. Dennis, sin separarse, comenzó a caminar y quedaron contra la pared, poco a poco fue bajando los besos recorriendo lentamente el cuello de ella, por su parte, Winnie sentía las corrientes eléctricas por las caricias de él, instintivamente fue bajando sus manos hasta llegar a donde iniciaba la camisa de la pijama del vampiro, y dejándose llevar por el deseo, comenzó a subirla muy despacio.
Ambos sabían que lo que estaban a punto de hacer tendría sus consecuencias, pero ninguno de ellos pensaba en eso, solo disfrutaban el momento.
¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!
Su celular empezó a sonar, interrumpiéndolos.
Dennis volvió en sí y se separó de ella, entre enfadado y cohibido. Mientras se dirigía hacia donde se encontraba su celular, en su mente retumbaba una duda: ¿Qué hubiera pasado si no eran interrumpidos?
Tomó su celular y notó que era una video llamada. No lo alertó el hecho de que sea eso, sino quién, era su padre. Tragó saliva y contestó.
—¿Papá? —saludó con una sonrisa nerviosa, sabía lo que pasaría.
—Dennis… ¿Se puede saber donde estas? Llamé a tu madre esta mañana para saludarlos antes de tomar mi vuelo de regreso a California y cuando pregunto por ti me dice que no estás, como si fuera lo más natural del mundo —comentó Jonathan, severo, quizás demasiado para él.
—Esto… bueno… —dudó, sin encontrar las palabras correctas para decirle. No podía simplemente contarle que escapó de casa.
Cuando creyó que la cosa no podía ir peor, Winnie le pasó un brazo por el cuello de modo juguetón.
—¿Quién es zing-zing? —preguntó sonriente, al bajar la vista hacia el celular, la sonrisa se disipó en un instante, se puso nerviosa y pálida, pero por suerte lo último era cubierto por su pelaje.
Jonathan se les quedó mirando a ambos, expectante a una respuesta, pasó la vista de su hijo a la loba varias veces. Y cuando por fin unió los eslabones, abrió los ojos como platos de la sorpresa.
—¿Dennis, qué hace Winnie contigo? —indagó serio, aunque su tono no era severo, era más bien burlón. Y no había que ser muy listo para deducir que ellos estaban juntos, solo quería ver hasta dónde eran capaz de aguantar.
—Bueno… papá… verás… —balbuceó Dennis, nervioso. No obstante, al escuchar las carcajadas de su padre a través de la pantalla, el nerviosismo pasó a confusión. Miró a Winnie y ella se encogió de hombros sin saber lo que pasaba.
—Por fin los veo juntos —agregó entre risas. Cuando se detuvo miró a su hijo y a la lobuna, los notó extrañamente sonrojados. Esbozó una sonrisa maliciosa y le habló a ella—. ¿Cómo estás Winnie?
—Bien… comiéndome a su hi…este, comien… ¡Comiendo con Dennis! Sí, eso —tartamudeó avergonzada, tratando de esconder el notorio sonrojo que tenía.
Dennis se le quedó viendo con los ojos en blanco, ¿ahora quién sabe qué estaría pensando su padre? Ladeó la vista hacia la pantalla y lo notó con los ojos entrecerrados y con una sonrisa malévola en el rostro. «Espero que no esté pensando lo que creo que está pensando» pensó nervioso, para luego tragar saliva.
Al fondo se escuchó la llamada para que los pasajeros del vuelo rumbo a California abordasen.
—Tengo que irme, ya le pediré detalles a Mavis cuando llegue. —Miró fijo a Dennis—. Espero no llevarme otra sorpresa —dijo guiñándole un ojo, dándole a entender otra cosa. A lo que él, sonrojado, desvió la mirada—. Y Dennis…, cuídala —dijo con una sonrisa que desbordaba afecto. El nombrado solo asintió.
La llamada finalizó dejándolos a ambos confundidos y apenados. Dennis se esperaba una queja, un regaño, pero nunca esa reacción tan… ¿comprensiva? Miró a la loba algo apenado, ¿qué decirle cuando hace nada se dejaban llevar por sus deseos más carnales? Por su lado ella estaba igual, ambos apenas hacían contacto visual con el otro y desviaban la mirada avergonzados.
Dennis carraspeó un poco.
—Winnie… este, l-lo siento por lo de hace rato —articuló avergonzado.
—No, la culpa fue mía, eso solo que…
—Me dejé llevar —dijeron ambos al unísono.
Y la situación se puso incómoda otra vez.
—Deberíamos salir para ver que ropa llevaremos para la fiesta de graduación —soltó Dennis al recordar las palabras de Clarisse, en un intento de cambiar el tema.
Ella lo volteó a ver extrañada, se supone que la fiesta era para él, ¿entonces por qué la incluía? Escrutó su rostro en busca de la respuesta, pero estaba muy ruborizado como para que alguna señal de otra emoción se manifestara.
—¿Llevaremos? —indagó.
—Claro, tú serás mi cita, no puedo dejarte ir así como así ¿O acaso creías que no te llevaría? —asintió, sonriendo.
Esas palabras la hicieron esbozar una sonrisa, y por acto de reflejo se lanzó sobre él, estampando un beso en sus labios, claro que esta vez, controlándose. Se separaron y con una sonrisa rozaron sus narices con cariño. Winnie se levantó y se dirigió al baño por una ducha; Dennis por su parte, tecleó en su celular un mensaje para Clarisse indicándole la fecha de la fiesta. No pasaron ni cinco minutos cuando recibió respuesta, una selfie de Clarisse en lo que al fondo de distinguía era su casa, ella salía con unas orejas postizas la punta de su nariz pintada de negro y el resto de su cuerpo con pelaje artificial, adjunto a la foto iba una pregunta «¿Me queda lo de mujer loba?» Dennis rodó los ojos. ¡Perfecto! Ahora ella pensaba ir como Winnie, quien hubiera dicho que le caería tan bien, soltó una risilla y le respondió: «Bien.»
Después de que Winnie saliera de la ducha entro él. Una vez terminada y ambos preparados se dispusieron a salir, claro está que Winnie debía llevar una chaqueta que cubriera sus brazos y rostro.
Luego de caminar por un buen tiempo llegaron a una tienda, Le Boutique M. Winnie arqueó una ceja al ver el lugar, ¿por qué la traería allí? Dennis al ver su reacción solo le sonrió y la incitó a pasar. Abrieron la puerta y seguido del ruido de unas campanillas, fueron atendidos por una vampiresa de cabello corto y ojos negros, al verla, la loba le lanzó una mirada interrogante a Dennis.
—Aquí es donde mamá compra sus cosas —respondió Dennis la muda pregunta—. Quizá tengan algo para ti. —Se giró hacia la chica—. Alison, ¿tendrás algo para Winnie?
La vampiresa recorrió con la mirada a la loba y señaló una sección a su derecha.
—Tercera sección a la derecha —apuntó.
Dennis, con una sonrisa, le indicó a Winnie que fuera y se probara lo que deseara sin que se preocupara por nada, a lo que ella asintió y se fue. Por su parte, él se sentó en la zona para acompañantes, la cual estaba amueblada con unas cómodas sillas y sofás para que los hombres esperaran; ya había estado varias veces ahí con su madre, por lo que se le hizo fácil encontrarla. Se tumbó en el sillón más grande y aprovechando el Wi-Fi del establecimiento entró en MonsterBook para localizar a Wilbur, uno de los hermanos de Winnie.
Luego de un rato por fin encontró el perfil del lobo, lo agregó y a los diez minutos le llegó la notificación de su aceptación, para luego ser bombardeado con preguntas.
«¿Dennis, has visto a Winnie?»
«Hola, sí la he visto. ¿Por qué?»
«Menos mal, ¿dónde está?»
Dennis arqueó la ceja, casi cinco años sin verse o hablarse ¿y ni un hola?
«Primero respóndeme: ¿por qué?»
«Es que papá está furioso porque… bueno, no sé si deba decirte, es que papá nos prohibió hablar de eso y…»
Al ver que probablemente Wilbur no le diría, prefirió adelantarse.
«¿Es por lo de ese tal Alexis, cierto?»
Recordar a ese lobo de pacotilla lo hizo fruncir el ceño.
«¿Cómo lo sabes?»
«Solo lo sé. Además, dime cómo se llama la piedra que tiene Winnie en su collar.»
Por un tiempo no hubo respuesta, lo que empezó a irritar a Dennis, ahora que por fin había conseguido contactar con alguno de los hermanos de ella para saber algo sobre cómo quitarle ese collar, ellos no colaboran.
«Es un zafiro lunar, es una de las joyas que se entregan cuando se le pide compromiso a alguien, es una antigua tradición de los hombres lobo. Es como un anillo de compromiso para los humanos. ¿Acaso tú?»
«Sí, estoy con Winnie... en ambos aspectos, espero que no le digas a nadie. Yo me encargaré de quitárselo y deshacer ese compromiso forzado, así que confío que te mantendrás callado.»
«Bueno, pero ni siquiera yo he podido encontrar la manera de quitarlo, al parecer tiene un hechizo o maldición que evita que sea retirado. Bueno de quitarse se puede, pero vuelve a aparecer en el cuello de ella, únicamente lo puede quitar quien lo colocó, o sea, Alexis.»
¡Perfecto! Sabía que era, pero no cómo quitarlo, seguía en las mismas. Notó que Winnie estaba saliendo del vestidor, y al verla, se quedó impresionado: llevaba unas botas negras, una falda negra de cuadros con unas medias largas, la camisa era roja con negro y de cuello ancho, mostrando parte de su hombro. Simplemente hermosa.
—¿Cómo me veo? —preguntó, algo apenada. Al notar que Dennis se le quedaba viendo fijo y no decía nada, bajó sus orejas—. ¿Tan mal así?
Dennis salió de su asombro y se acercó hacia ella.
—Te ves hermosa.
Ella ladeó la vista, apenada, mientras que Dennis se reía de eso. Le indicó que fuera a cambiarse para irse al hotel. Cuando ella se fue de nuevo al vestidor él aprovechó y le mandó un último mensaje a Wilbur…
«Wilbur, busca por todos los medios posibles la manera de quitarle ese collar, si tienes que preguntarle a mi abuelo, ¡hazlo! Hablaremos después y confío en ti para que no digas nada. Nos vemos.»
Una vez pagaron la ropa de ella y él pagó una capa parecida a la de su abuelo, se retiraron del lugar. Caminaron hasta el hotel y al llegar a su habitación Dennis dejó las bolsas cerca de la mesa y tecleó en su celular un mensaje para Clarisse:
«Clarisse tráeme mañana el smoking de tu hermano, no creo que a Lucas le moleste, ¿o sí?»
«Muy bien.»
Pasó la vista por la hora y eran las 9:15 pm. «¿Tan tarde ya?» Se sorprendió al durar tanto comprando ropa y sin darle más importancia al asunto llamó a servicio a la habitación y pidió algo para que ambos cenaran.
Pasada la cena Winnie se dio una muy merecida ducha para quitarse el agotamiento de ese día, al salir, entró Dennis, y después de esto, ambos se colocaron otro juego de pijamas que había en el guardarropa del hotel. Se acostaron en la cama, pero esta vez había un silencio espectral debido a los acontecimientos de esa mañana. Dennis decidió romper la tensión y pasó un brazo por la cintura de ella trayéndola hacia sí, suspiró en su cuello, haciéndola soltar una risilla, cosa que lo hizo esbozar una sonrisa.
—Te amo —susurró.
Winnie se giró, quedando viéndolo a los ojos.
—Y yo a ti, zing-zing—sonrió ella, y le dio un beso.
Al separarse, la atrajo lo más que pudo y ella se acurrucó su pecho, dejándose caer poco a poco en los cómodos y reconfortantes brazos de Morfeo. Dennis soltó un último bostezo recordando que faltaban cuatro días para su cumpleaños, en cuatro días enfrentaría a Wayne para anular ese compromiso, en tan solo cuatro días lucharía por su felicidad… no, la de ambos. Sus ojos se cerraban esporádicamente, mientras observaba a Winnie dormida, le dio un suave beso en la frente y se dejó llevar por el sueño, mientras en su mente se repetía una sola frase.
«Estando juntos… ¿Qué ha de pasar?»
