¡YO NO SOY EL DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE HOTEL TRANSYLVANIA! A EXCEPCIÓN DE LOS OC'S


Agradecimientos.

Daniel Shurtugal: gracias por tu review. Jajaja, me alegra que te guste, y en cuanto a eso ;) Pues deberás leer el capítulo. Gracias por leer.

SirDaniSkywatcher304: gracias por tu review. Espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.

Byakko Yugure: gracias por tu revies. Wow, muchas gracias por esa review. Gracias por leer.

Quiero agradecerles sinceramente por tomarse la molestia de leer y comentar este fic, me alegra mucho cuando lo hacen y a la vez me alientan a seguirlo. Son lo máximo.

Si les está gustando mi historia, les recomiendo que lean el fic de mi compañero y gran escritor Neville Zootatonix: "A New Zing Rising". Es Dennis x Winnie también, y es muy bueno. Léanlo.

Sin nada más que agregar, los dejo con el capítulo


VII

La fiesta

Eran poco más de las nueve de la mañana y ambos estaban desayunando alegremente, el primero en despertarse había sido Dennis, quien estuvo dubitativo en si levantarse o no, pero al sentir cómo su cuerpo le pedía sustento, no tuvo más opción que hacerlo. En cambio, Winnie se despertó al no sentir el brazo de él alrededor de su cintura; se les estaba haciendo costumbre despertar de la misma manera.

Luego de comer procedió a lavar los platos y dejarlos en el carrito donde les había subido la comida, para que la mucama o el mesonero los recogiese al venir. Se acercó a la loba y le pasó los brazos por la espalda, dando suaves soplidos jugando con su cabello.

—¿Quieres hacer algo? —preguntó Dennis.

—Dormir —respondió Winnie, para luego dar un bostezo.

Él se separó, mientras ella se levantó y con toda la pereza del mundo se encaminó de nuevo a la habitación. Dennis la miró irse y no pudo evitar esbozar una sonrisa. El solo verla lo hacía feliz, soltó una risa silenciosa a la vez que negaba con la cabeza, de verdad tenía que amarla mucho para que ocasionara esas sensaciones en él. Caminó hasta su celular para mandarle un mensaje a Clarisse recordándole que le trajera el smoking de su hermano, Lucas; a los pocos minutos recibió respuesta. «A las ocho estaré allá.»

Después de eso se dispuso a ir con Winnie. Al entrar la vio echa bolita y envuelta entre la gruesa manta de la King Size, sintió el aire frío del aire acondicionado que había en la habitación, se frotó los brazos para generar un poco de calor y no dudó en meterse en la cama, bajo esa manta que de un momento a otro empezó a verse muy reconfortante. Con delicadeza se introdujo en la cama y se acomodó cerca de Winnie, quien al notar el movimiento de la frazada lo llamó, claro está, sin abrir los ojos.

—¿Zing-zing?

Dennis no respondió, solo pasó su brazo por la cintura de ella, acercándola, para luego resoplarle con cariño en la nuca, haciéndola reír. Aprovechó eso para repetir la misma acción ocasionando esta vez no una risa, sino unas suaves carcajadas. Hacía mucho tiempo que no jugaba con ella, y por suerte recordó lo cosquillosa que era.

Cuando Winnie se giró hacia él para evitar que le siguiera haciendo cosquillas, lo miró a los ojos con una sonrisa juguetona, ambos tenían ese brillo en los ojos que cuando pequeños. Dennis previó lo que ella haría, lo que sería lanzársele encima, mientras lo lamia y empezaba a jugar con sus rizos, se adelantó a eso y empezó a hacerle cosquillas por todo el cuerpo.

Los gritos de diversión y risas no se hicieron esperar, realmente extrañaba eso, divertirse con ella sin que nada les preocupase. ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que la escuchó reír tan alegre? ¿Cinco, seis años? ¡Qué importa cuánto tiempo había sido! Ahora estaba reviviendo esos hermosos momentos, debía aprovecharlos.

De a poco la diversión se comenzó a convertir en una amistosa lucha por tener el control, Dennis trataba por todos los medios de que Winnie no se zafara de su agarre, pero con un ágil movimiento ella quedó sobre él, sujetándole las muñecas.

—Aún no puedes conmigo, risos de fresa —dijo guiñándole un ojo, mientras recuperaba el aliento.

Dennis aprovechó el descuido de ella y de un tirón se colocó arriba, afincó ambas manos a los lados de ella y le dio una mirada triunfante, seguido de una sonrisa burlona.

—Todavía tengo el toque… mi zing —alegó victorioso.

Winnie le sonrió derrotada y le pasó una pata por la mejilla; Dennis se le quedó viendo fijo, perdiéndose en el azul de sus ojos. Al sentir su pata acariciarle la mejilla, una leve descarga eléctrica lo recorrió y su pecho empezó a tamborilear con fuerza, y sin pensarlo dos veces estampó sus labios con los de ella. La intensidad del beso ocasionó que Winnie pasara sus brazos alrededor de su cuello, lentamente deslizó sus manos hasta su pecho y se dio cuenta de la rapidez con la que le latía el corazón a Dennis, aunque probablemente ella estaba igual. Con pesar, se separó de él para tomar aire.

Ambos se quedaron viendo con una sonrisa traviesa en los labios. Dennis con una mano le acomodó un mechón de cabello a Winnie, y poco a poco se acercó para volver a probar esos labios que tanto ansiaba. Cuando estaba a milímetros fue interrumpido por el sonido de su celular. Paró de golpe y lanzó una mirada iracunda a la mesa de noche al lado de la cama, donde se encontraba el aparato.

Estiró su mano para tomarlo y al ver el identificador de llamadas se quedó en blanco: era Jonathan. ¿Qué tenía en contra su progenitor para arruinar de manera tan drástica sus momentos? Por suerte esta vez, era una llamada común.

—Hola papá —saludo, tratando de encubrir su enojo.

—Hola, Dennis, acabo de hablar con tu madre con respecto a lo sucedido —dijo Jonathan tratando de sonar serio, cosa que no lograba, se le notaba la emoción a través de la línea—. ¿Así que saliste igual de romanticón que tu padre?

Dennis arqueó una ceja, entre divertido y enfadado. ¿Haberlo sacado de él? Pero si cuando su madre le contó cómo se conocieron ella fue la que dio el primer paso. Soltó una risilla y contestó.

—Claro, ¿de quién más? —bromeó, evitando herir su orgullo masculino—. Y bien ¿Para qué la llamada?

—Solo quería oírlo de tu boca, ¿es cierto todo lo que Mavis me dijo, y lo que está escrito en esa nota?

—Sí, es cierto —aseguró—. Como seguro mamá te habrá dicho, Winnie está comprometida a la fuerza, cosa que yo cancelaré, independientemente de la manera. Y no te preocupes, nos veremos de nuevo en mi fiesta en el hotel.

—Oh… vaya —se sorprendió Jonathan—. Solo te diré una cosa. Si realmente la amas, lucha por ella y vela por su felicidad. Sé por qué te lo digo.

Dennis esbozó una sonrisa, ciertamente él sabía de lo que su padre le hablaba, ya que su madre le contó que él decidió irse por sus propios medio cuando descubrieron que era un humano, todo porque no quería que se alejase de su familia solo por él. Un acto muy solemne: dejar a quien se ama por su felicidad.

—Gracias papá… y descuida, lo haré. —Sonrió y colgó.

La llamada finalizó y Dennis dejó el teléfono sobre la mesa de noche, se giró hacia la loba y con una sonrisa juguetona se lanzó hacia ella. Después de seguir con la pequeña rivalidad ambos terminaron cansados, Dennis le pasó sus brazos alrededor y la abrazó, y ella escondía su cabeza en su pecho, mientras él le acariciaba el cabello.

—Extrañaba esto —musitó Winnie.

—Yo también… —admitió, hundiendo su rostro en el cabello de ella. Estaba empezando a agarrarle el gusto a todo esto—. Winnie, quiero pedirte algo.

—¿Qué? —preguntó, subió la mirada y sus ojos lo buscaron.

—Qui-quiero que seas mi novia. —Ladeó el rostro, evitando que se viera lo apenado que estaba.

Ella se le quedó viendo para luego soltar unas carcajadas.

—Creí que ya lo era —dijo ella, sonriente.

Dennis la miró sorprendido, si bien su relación era especial y ambos se habían dicho lo que sentían, no lo había formalizado como tal. Al ver esa sonrisa no pudo resistirse y le dio un fugaz beso, para luego ladear la vista, otra vez.

—Te amo… mi zing —susurró, y volvió a abrazarla.

—Y yo a ti, zing-zing.

Ella pasó los brazos alrededor de la espalda del vampiro y con un suspiro se relajó para caer en los brazos de Morfeo. Dennis hizo lo mismo, mientras en su mente se repetía una frase, asemejando una cuenta regresiva…

«Faltan tres días…»


¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

Ese ruido empezó a despertar muy despacio a Dennis, que, al no volverlo a oír, supuso que debió ser su imaginación y, sin abrir los ojos, se acomodó junto a Winnie.

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

De nuevo ese ruido, sonaba como si estuvieran tocando la puerta. ¿Será la mucama? A lo mejor, pero es extraño que insistiera, lo normal era que desistiera al no recibir respuesta en el primer intento.

—¿Quién llama, zing-zing? —preguntó Winnie, soñolienta.

—Ha de ser la mucama —supuso Dennis, abrazándola.

—¿Y no vas a ver?

—No, estoy más cómodo aquí —rió a su vez.

Se acurrucaron los dos juntos para seguir durmiendo, pero de nuevo volvieron a llamar a la puerta, esta vez, más fuerte.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

¡Qué diablos! ¿Acaso piensan tirar la puerta?

—Deberías ir a ver —sugirió Winnie.

Con un bufido Dennis dio a entender que no tenía otra opción, se levantó y se dio suaves golpecitos en las mejillas para despertarse. Caminó hasta la sala y de nuevo volvieron a retumbar.

¡Pum! ¡Pum! Pum!

—Un momento —vociferó enojado, caminando hacia la puerta.

Abrió la misma con un ceño fruncido que mataría a quien lo viese, se talló el puente de la nariz con enfado y sin hacer contacto visual con el que se supone estaba tocando, espetó unas palabras.

—¿Qué debo hacer para poder dormir tranquilo con mi novia? —La ira se le fue un poco al escucharse decir «novia». Se sentía extrañamente bien decirlo. Winnie era su novia. Suya.

—¿Así que el príncipe durmiente quiere privacidad? —indagó sarcástica una voz aguda y seria.

¡Ay no! Dennis dejó su enfado al instante, pasando a nerviosismo al reconocer esa voz. Subió la mirada y encontró los ojos marrones de Clarisse. La morena lo miraba con un enojo presente y le dio un levantar de cejas como indicación para que la dejase pasar. Dennis se apartó temeroso y la dejó pasar. ¿Por qué temeroso? Bueno, él solo había visto a Clarisse enfadada una vez y fue algo que no quiere que se repita, esa mujer daba el mismo miedo que su madre enfadada, y eso era decir mucho. Ella caminó como un embargador de impuestos, mirando todo con detenimiento, y colocó el smoking que traía con ella en el sofá, a la vez que se sentaba.

—¿Y qué esperas? ¡Vístete! —Apuntó con sus labios el traje al ver que Dennis se le quedaba viendo.

El vampiro salió de su trance con la voz de la morena, pero al verla de nuevo no pudo suprimir una risilla. Ella había venido con el disfraz de mujer loba y lo menos que parecía era una; por favor, hasta Winnie de pequeña se veía más intimidante, en cambio Clarisse parecía una Minnie Mouse tamaño real.

—Oh…, sí…, claro —arrastró las palabras, usaba toda su fuerza de voluntad para no soltar una carcajada y empezar a reír con frenesí—. Un momento. ¿Qué haces aquí, no me ibas a traer el traje a las ocho?

—¿Y qué horas crees que es? —preguntó Clarisse, al ver que él tenía la mirada perdida, soltó un suspiro acomodándose un mechón de cabello—. ¿Así de intensa era tu hibernación que no notaste el tiempo? Son casi las nueve.

Dennis abrió los ojos como platos. ¿Las nueve de la noche? Pero si hace nada eran las diez de la mañana, como alma que lleva el diablo tomó el traje y entró de un portazo al cuarto, prendió la luz indicándole a la loba que se levantara y vistiera porque iban tarde. Ella se negó, poniéndose una de las almohadas sobre el rostro para bloquear la luz.

—Por favor —rogó Dennis.

Winnie se apartó un poco la almohada, dejando ver uno de sus ojos, con los que observó divertida al vampiro.

—¿O si no qué? —desafió con un tono juguetón.

—O si no… —Se metió en la cama, se acercó a ella y se le quedó viendo a los ojos, a centímetros de un beso—. Tendré que convencerte…

Oyeron un carraspeo proveniente de la puerta que los sacó del trance. Al mirar hacia el lugar, Dennis se percató de una Clarisse cruzada de brazos mientras con su pie daba repetidos golpecitos al suelo y los veía con una ceja arqueada. Una cosa era segura, podría intentar ser intimidante, pero con ese disfraz nunca lo sería.

—Los dejo un momento y ya están con tanto… eso —dijo apuntándolos con ambas manos, luego se cruzó de brazos de nuevo—. Espero nunca terminar así.

—¿Y qué pasó con Kevin? —le recordó Dennis al rubio que había sido objetivo de ella.

—Yo… bueno… él —tartamudeó, al ver que Dennis tenía una sonrisa victoriosa, se detuvo—. Basta de eso y cámbiense rápido. —Y salió de la habitación.

Dennis y Winnie se vieron apenados para luego reírse por la imagen de Clarisse. El vampiro rebuscó su capa entre las bolsas donde estaba la ropa que compraron el día anterior. Al encontrarla se dirigió al baño, no sin antes indicarle a la loba que se vistiera y que no mencionara nada sobre el «disfraz» de la morena.

Una vez en el baño se cambió y se colocó el smoking, luego la capa y le levantó el cuello quedando igual a su abuelo, cosa que lo alegró. Sin embargo había un pequeño (por no decir enorme) inconveniente: su cabello. Vio de reojo un gel fijador y se dispuso a dominar sus rebeldes rizos. Colocó una gran cantidad de gel en su mano y la pasó por su cabellera, al principio todo de maravilla, pero no pasaron ni cinco minutos cuando su cabello volvió a su estado original. Resignado, soltó un bufido y se arregló lo mejor posible, perfume por aquí y por allá y demás retoques, al salir se quedó embobado al ver a Winnie.

Ella llevaba unas botas negras, un pantalón negro con una que otra rasgadura, un cinturón con púas metálicas en su cintura y la camisa era la misma que se probó en la tienda. En sus orejas llevaba un pendiente por perforación, siendo un total de seis repartidos de a tres por oreja. Incluso los accesorios como las muñequeras tenían púas. Simplemente perfecta; pero había algo que la estropeaba y eso era ese collar.

Se acercó a ella y con cariño le rozó una de las mejillas con el dorso de la mano, bajó su vista al collar e intentó retirarlo; era como si estuviera pegado con algún sellador industrial, por más que trataba, no se movía. Ella le levantó el rostro haciendo contacto visual, y ahí noto que la mirada de Winnie era triste.

—Solo yo lo puedo quitar —dijo, y para probarlo se quitó el collar y lo lanzó a la cama. Dennis la miró sorprendido y después de pocos segundos, el collar apareció de nuevo en su cuello—. Pero como acabas de ver, vuelve a aparecer —continuó Winnie, melancólica.

Dennis al verla decaída la unió a él en un fuerte abrazo, mientras susurraba unas palabras de consolación para ella, que sonaba como un mantra.

—Encontraré la manera, ya verás…

Luego de unos minutos, se separaron y se fueron a la celebración junto a Clarisse. Durante el camino a la fiesta, la morena hablaba alegre con Dennis, ambos se contaban las enormes ganas de salir por fin de ese manicomio encubierto de escuela, algo que los alegró bastante fue que no volverían a ver al molesto de Rubén. Dennis, con el rabillo del ojo, notó que Winnie estaba un poco rezagada, mientras se pasaba una de sus patas por el collar, se acercó hacia ella y le tomó su pata libre entrelazando sus dedos, y con una sonrisa le indicó que se apresurara.

Quizá a simple vista esa tomada de manos no significara mucho, pero para ellos era una prueba solida de lo importante que era Winnie para él.

Después de caminar poco más de veinte minutos por fin llegaron a la escuela, era el típico edificio educativo, pintado con los típicos monótonos colores, aunque esta vez la entrada tenía una gran pancarta que decía «FELICIDADES GRADUADOS». Un buen toque, no lo iba a negar. Al entrar, la morena los guió hasta la cancha, lugar dónde se estaba llevando a cabo la fiesta. El lugar estaba decorado con globos por aquí, pancartas por allá, las bebidas y bocadillos en una larga mesa en uno de los costados y al fondo, el músico encargado de animar el ambiente.

Clarisse se separó de ambos y fue a bailar con algunos conocidos, dejándolos en intimidad. Por su lado, tanto Dennis como Winnie se fueron a bailar juntos, mientras lo hacían él notó los disfraces de la mayoría, momias, hombres lobo, vampiros, fantasmas, y demás. Definitivamente tenía la suerte del siglo para que decidieran hacer la fiesta con disfraces y así poder traer a Winnie.

Bailaron durante mucho tiempo, estaban cansados, pero de improviso la música cambió de una electrónica a una romántica lenta. Winnie bajó las orejas por el cambio y se ladeó para sentarse, a Dennis eso lo sorprendió, así que la tomó de la muñeca y con una mirada le preguntó el por qué lo hacía.

—Yo no sé bailar lento… —musitó Winnie, con la fuerza suficiente para sobreponerse a la música y que el vampiro la escuchase.

Dennis esbozó una sonrisa mientras la acercaba a él, colocándole una mano en la cintura.

—No tienes que saber —afirmó, esta vez colocó su otra mano en la cintura y la abrazó hacia él—. Solo debes sentirlo.

Poco a poco ambos comenzaron a dar pasos lentos, moviéndose paulatinamente hacia los lados mientras se miraban a los ojos. Dennis tenía una sonrisa cariñosa, en cambio, Winnie estaba apenada, no lograba bailar de manera perfecta al ritmo de la música.

—No tienes que estresarte por hacerlo perfecto —la tranquilizó al notarla tensa. Apuntó con su cabeza a las demás parejas, sin apartar sus ojos de los de ella—. Mira, nadie lo hace perfecto, solo se dejan llevar.

Winnie asintió tímida y lo miró a los ojos. Bailaron durante toda la pieza y para sorpresa de ella, lo hizo bastante bien. Cuando la música estaba en su final Dennis se le acercó y la besó con ternura.

—Te amo, Winnie…

—Y yo a ti, zing-zing.

Ambos estaban en extremo cansados, Dennis miró la hora en su teléfono y se sorprendió, eran las dos de la mañana. Le preguntó a ella si quería quedarse un rato más, pero negó emitiendo un pequeño bostezo, al parecer la fiesta la agotó también. Iban a despedirse de Clarisse, aunque como no la vieron por ninguna parte se retiraron sin más.

Al llegar al hotel y a su habitación ambos daban uno que otro bostezo por el cansancio. Dennis fue al refrigerador y sacó dos vasos de agua para recuperar el líquido gastado; al ver a Winnie, la notó decaída y tocándose el collar. Dejó ambos vasos sobre la mesa y se acercó, esta vez Winnie no levantó la mirada, por lo que Dennis se agachó y la miró a los ojos, levantándole un poco el mentón. La notó triste, más que antes, incluso se diría que al borde de las lagrimas. Él se alarmó y no dudó en preguntar:

—¿Estas pensando en eso?

Winnie asintió.

—Esta noche fue algo que nunca creí que tendría, y por eso me duele. Me duele tener este collar que es un recuerdo permanente de eso. Y si no encontramos la manera de retirarlo significaría qué esto fue en vano.

Dennis le tomó el rostro entre sus manos.

—Winnie, sabes que haré todo lo que esté en mi alcance e incluso más para liberarte de eso, ¿cierto? —preguntó con cariño. Ella asintió—. Entonces, sabes que nadie nos podrá separar, ¿cierto? —Ella volvió a asentir—. ¿Y sabes por qué es eso?... —Ambos se quedaron viendo fijamente—. Porque te amo... —afirmó para ponerse de pie y estirarle su mano.

Ella lo miró y no pudo evitar tomar su mano, esa sonrisa en él, esa firmeza en sus palabras la hacía sentir segura, sin pensarlo dos veces se aferró a él dándole un fuerte abrazo, agradeciéndole por estar con ella; luego levantó la vista y le dio un beso.

Winnie comenzó a profundizar el beso, cosa que le fascinó a Dennis, que por instinto, llevó sus manos a la cintura de ella, acercándola, mientras ella pasaba sus brazos alrededor de su cuello, intensificando la sensación. Ambos podían sentir las miles de corrientes eléctricas que ocasionaban las caricias del otro. Parecía que ambos competían por ver quién era más rápido, más profundo, más placentero.

Se separaron para tomar aire y luego de una sonrisa volvieron a unir sus labios.

Esta vez dejaron que sus deseos más profundos los dominasen, poco a poco los besos del vampiro fueron bajando al cuello de la mujer lobo. Winnie lo guiaba hacia la habitación mientras susurraba su nombre. Con delicadeza, Dennis la colocó sobre el lecho de la cama y sin detenerse continuó repartiendo besos por todo su cuerpo. Ella pasó la mano por el pecho su pecho y empezó a desabrocharle lentamente la camisa, a la vez que él introducía la mano bajo su blusa, haciéndola soltar un suave gemido. Dennis se detuvo en seco al oír ese gemido, cuando volvió en sí notó su torso al aire y la comprometedora posición en la que ambos se encontraban.

—Winnie, ¿estás segu…? —No pudo terminar la frase porque ella lo calló con un beso.

Ese fue el todo el consentimiento que hacía falta, volvió al asunto y retiró con cariño la blusa de la loba, repartiendo besos por su pecho. Por instinto pasó su mano por el collar en un intento de quitarlo, mas fue inútil. Dejando eso de lado continuó besando cada centímetro de su cuerpo, mientras por lo bajo ambos repetían la misma frase…

—Te amo.

Y sin más, dejaron que la luz de la luna fuera testigo de cómo se entregaban en cuerpo y alma al otro, demostrándose su amor.


Los rayos del sol atravesaban la ventana de la habitación llegando al rostro de Dennis, este abrió los ojos colocando su mano frente a los mismos, evitando que la luz del astro le llegara por completo. Emitió un largo bostezo y pasó la vista por la habitación algo desconcertado, al ver a Winnie acurrucada a su lado sonrió y pasó su mano por su cabello, al llegar a su cuello notó que no tenía nada puesto. Ahí fue cuando recordó todo lo sucedido anoche, ocasionando que se ruborizara casi asemejando el color de su cabello. Se levantó y se vistió con lo primero que encontró, lo que era los pijamas del hotel. Una vez vestido buscó unas para Winnie y las colocó sobre la cama, suponiendo que al despertar se las pondría para luego salir.

Rebuscó entre las alacenas de la cocina del hotel y encontró café. «Perfecto», era lo que más necesitaba ahora. Una vez con la taza en su mano, se sentó en la mesa y analizó lo sucedido. «Qué noche la de anoche», pensó, para luego darse una bofetada mental. Bebió el café tratando de calmarse un poco, aunque parecía que la bebida tenía el efecto contrario, después de terminar la taza dio un suspiro agotado. «Faltan dos días», pensó muy serio.

—¡DENNIS! —gritó Winnie desde la habitación.

El nombrado al oír el grito se alarmó y fue corriendo al cuarto, mientras mentalmente rogaba que ella estuviera vestida. Pasó la vista por el lugar, pero no la encontró y notó que el grito venía del baño.

—Winnie, ¿estás bien? —preguntó, tocando la puerta repetidas veces.

Por todo lo bueno, ¿qué sucedía? No podía solo entrar, ¿y si ella no estaba presentable? ¡No! Debía esperar. Luego escuchó unos leves sollozos que lo que hizo fue preocuparlo más. Sin dudarlo, de un golpe abrió la puerta y pudo ver como ella se le lanzaba encima dándole un fuerte abrazo y con lágrimas en los ojos. Su primera reacción fue confusión, pero esperó a que hablara para que le aclarara las dudas.

—Dennis… Dennis… —repitió ella, reteniendo las lágrimas.

—¿Qué tienes? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —preguntó y por acto de reflejo llevo su mano al cuello de ella para chequearle la temperatura. Ahí fue cuando cayó en cuenta… Abrió los ojos como platos y se quedó en blanco—. ¿Acaso…?

—Sí —afirmó con lágrimas de alegría, respondiéndole la pregunta que no llegó a formular—. Gracias. —Y lo abrazó.

Dennis seguía en shock, su mirada seguía fija en Winnie, ella… ¡Ella no tenía el collar! ¿Pero cómo? ¿Por qué? Se supone que cuando se lo quitaba a los pocos segundos volvía a su cuello, ¿entonces por qué ahora no? ¡Qué más da! Ahora ella era libre. Pasó sus brazos alrededor y la abrazó con fuerza. Al fin podría estar junto a ella sin preocupaciones, sintió ganas de llorar, pero se mantuvo firme y solo dejó que ella fuera la que derramara las lágrimas de felicidad por ambos. Al separarse la miró con notoria felicidad y preguntó:

—¿Cómo lo hiciste?

—No lo sé… Siempre me quito el collar cuando me levanto para limpiar mi cuello y cepillar mi pelaje, pero al poco tiempo vuelve, en cambio esta vez no lo hizo. Me cepille el pelaje, me lavé los dientes, incluso me cepille el cabello y aun no volvía —relató sin poder contener la alegría.

Dennis se dirigió hacia el baño, tomó el collar y salió de nuevo. Al mirarlo con detenimiento observó que el pequeño zafiro azul estaba opaco, razonó y le hizo una petición a la loba.

—Colócatelo un momento, quiero probar algo.

Ella lo miró dudosa, pero aceptó. Dennis le colocó el collar y la piedra seguía opaca; espero unos segundos y pudo retirarlo. Eso lo confirmaba, de alguna manera pudieron anular el efecto de ese collar. Lo arrojó al suelo. Se abrazaron con fuerza, riendo y dando vueltas por la habitación, como dos niños pequeños que acababan de recibir la mejor noticia de sus vidas, y de hecho, lo era. Sintieron que alguien llamó a la puerta, sacándolos de su alegría, Dennis la miró rebosante de alegría y le pidió que se colocara el collar un momento, no debían decirle a nadie sobre eso, por lo menos no hasta saber el por qué de su anulación. Ella asintió y sin temor alguno se lo colocó, ahora era solo eso, un simple collar.

Dennis fue a abrir, indicándole a Winnie que se quedara dentro. Al abrir la puerta encontró a un hombre lobo un poco más alto que él, pero igual de delgado, llevaba un collar con púas y una chaqueta negra con la A de anarquía y detrás de él… ¿Clarisse?

—¿Clarisse? —preguntó incrédulo, a lo que ella lo saludó con un guiño y sacándole la lengua.

Si era ella. ¿Pero y ese lobo?

—¿Wilbur? —inquirió Winnie saliendo de la habitación, secándose el cabello con una toalla.

El lobo asintió con una sonrisa y Dennis sudó frío. ¿Ese era Wilbur? ¿Tanto cambió? Vale, era obvio que lo haría, ¿pero tenía que aparecerse justo ahora? Tragó saliva y esperó… no, rogó que no se diera cuenta de lo que hizo con su hermana, ya que con su olfato podría detectar el aroma de ella en él. Bueno, y si lo descubría, tuvo una buena vida.

Cortésmente los invitó a pasar, mientras en su mente se repetía.

«¿Qué tiene la suerte en mi contra?»