¡YO NO SOY EL DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE HOTEL TRANSYLVANIA! A EXCEPCIÓN DE LOS OC'S
Agradecimientos.
Daniel Shurtugal: gracias por tu review. Dioses, con esas palabras del amor verdadero, me recordaste que sigo más solo que el uno :'c Puta vida :v Pero bueh, espero que te guste el capítulo de hoy. Gracias por leer.
Byakko Yugure: gracias por tu review. En cuanto a los futuros lobosteins, estoy pensando si agregarlos o no cuando haga el epílogo. Los buenos vergazos contra el Alpha están sí y tienes que leer para que veas lo que sucede. Gracias por leer.
algebra12: gracias por tu review. Pues sí está jodido, debes leer para saber. Gracias por leer.
SirDaniSkywatcher304: gracias por tu revies. Espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.
Quiero agradecerles sinceramente por tomarse la molestia de leer y comentar este fic, me alegra mucho cuando lo hacen y a la vez me alientan a seguirlo. Son lo máximo.
Si les está gustando mi historia, les recomiendo que lean el fic de mi compañero y gran escritor Neville Zootatonix: "A New Zing Rising". Es Dennis x Winnie también, y es muy bueno. Léanlo.
Sin nada más que agregar, los dejo con el capítulo
XIV
El poder de la sangre
Cuando Dennis pudo reaccionar, vio cómo venía una enorme y fornida pata hacia él. El tiempo iba como en cámara lenta, podía notar cómo la pata del enorme lobo se acercaba cada vez más y más, de algo estaba muy seguro, si le llegaba a conectar un golpe directo no iba a poder levantarse. Su mente trabajaba a toda máquina ideando la manera de que evadir el golpe, o por lo menos, que no fuera directo: ¿Transformarse en murciélago? No; no le alcanzaría el tiempo. Mucho menos tendría el tiempo para echarse para atrás o de detenerlo, esto último, le parecía ridículo.
Con la mente en blanco se preparó para soportar el impacto hasta que una idea, una muy disparatada, pero factible idea le llegó. Muchas veces había visto a Clarisse luchando, sea en alguna competición o con algún pobre diablo que se metía con ella. La había visto recibir golpes de personas que debieron haberla noqueado, lo que le hizo preguntarse si podría hacer lo mismo.
Recordó que hacía cuatro meses, cuando la morena le pidió que la acompañara a su cambio de cinta, ya que por fin calificaba para la prueba de ascensión: de marrón a negra. Le había tocado de oponente un hombre casi el doble de alto que ella y el triple de peso, parecía un luchador de sumo que se perdió en la elección de arte marcial, y cuando este le lanzó una patada a Clarisse, ella levantó ambos brazos hacia donde provenía el golpe y dio un pequeño salto. El golpe llegó, sí, pero ella estaba como si nada luego de eso.
Debía hacer lo mismo.
¿Podría? No lo sabía. ¿Lo haría? Bueno, eso era mejor que recibirlo de lleno y terminar con un hueso roto o peor. Dos años de amistad con Clarisse deberían servir de algo. El golpe venía por la izquierda así que levantó el brazo izquierdo y lo pegó más a su cuerpo, giró un poco el tronco y quedó viendo de frente la pata, levantó el brazo derecho y lo colocó sobre el izquierdo; asemejando una X. Dio un leve salto y antes de que pudiera pensar en hacer otra cosa, le llegó el golpe.
Fue arrollador, como si una locomotora lo hubiera embestido. Gritaron su nombre y cuando miró de reojo vio que fueron sus padres y Winnie. El golpe le sacó el aire y lo dejó algo aturdido, aunque consciente; los brazos se le entumieron y cuando tocó el suelo terminó casi un metro alejado del lobo.
Eso confirmó su conjetura: si Bertrand le daba un golpe de lleno, quedaría noqueado… o peor.
Se tambaleó un poco y recuperó la compostura. Los brazos le colgaron dormidos por completo, debía esperar unos cuantos segundos para recuperar la sensibilidad de ambos. Bertrand empezó a caminar con pasos pesados hacia los Werewolf, pero Dennis logró correr y colocarse entre ellos. Los lobos y demás a su espalda, y un lobo con complejo de Godzilla al frente.
El lobo se detuvo en seco y gruñó sorprendido, como si no estuviera familiarizado a que alguien aguantara un mamporro suyo. Dennis aún no recuperaba la total sensibilidad de los brazos, pero eso no le impidió esbozar una sonrisa desafiante y provocarlo, debía desviar la atención de los Werewolf y enfocarla en él. Silbó como si estuviera llamando un perro y habló:
—Aquí, Balto —se mofó—. Aquí. Si te portas bien te doy una galleta.
Pudo oír la exaltación de todos los Werewolf detrás de él y el resoplido furioso de Bertrand. O lo que acababa de hacer era muy valiente o muy estúpido, quiso pensar que fue lo primero.
Bertrand dio un paso hacia Dennis y lo miró con el entrecejo fruncido.
—¿Balto? ¿Osas compararme con ese? —rugió— ¡Yo soy Bertrand, el primer hombre lobo! Líder del Consejo de la Luna.
Dennis comenzaba a recobrar la sensibilidad en los brazos, podía mover las manos y los dedos, aunque los hombros seguían entumidos. Debía ganar tiempo. Y rápido.
—¿Quién? ¿Qué? ¿Del consejo de qué? —Movió la cabeza en gesto negativo—. No, no me suena.
La voz de Bertrand le taladró los oídos, era rasposa, como una sierra cortando un árbol. Miró de soslayo hacia atrás y notó que Wayne estaba literalmente tieso, no se movía, y dudaba que estuviera respirando; Winnie y la mayoría de sus hermanos estaban con las patas en los labios, evitando generar algún sonido que alertase al lobo. Comprendieron lo que sucedía.
Que con su osadía los estaba protegiendo.
Alcanzó a fijar la vista en Clarisse y ella lo miró entre incrédula y asustada. Dennis sonrió y le guiñó un ojo. Lo más probable era que ella alucinara si supiera que pensaba hacerle frente a Bertrand usando sus movimientos.
Algo lo alertó al momento. Había silencio. Demasiado. No escuchaba la enojada respiración de Bertrand. Giró su vista hacia él en el momento adecuado, porque el lobo tenía una pata en el aire y lo miraba colérico, con esos ojos que parecían piedras.
El lobo movió el brazo para golpearlo, pero Dennis logró esquivarlo por poco, rodó por el suelo y se situó a un lado de Bertrand. Logró levantarse, y el entumecimiento se había ido casi en su totalidad, aún sentía esas agujitas en ciertas partes, aunque no era nada con lo que no pudiera. Ahora debía encontrar la manera de vencerlo o por lo menos, dejarlo inconsciente; cualquiera de las dos las veía improbables, mas si no lo intentaba iría a por Winnie, y no podía permitirse eso.
Se lanzó contra él e hizo crecer sus uñas, eran la mitad de lo que debían ser, eso no lo desalentó, debía intentarlo de igual manera. Cuando Bertrand giró su vista hacia Dennis, este aprovechó y le dio un zarpazo en el rostro; cinco líneas finas surcaron el rostro del lobo de derecha a izquierda. Bertrand rugió con enojo y se pasó una pata por la cara, lo miró y se abalanzó contra él.
Bien. Ya tenía su completa atención, ahora solo debía alejarlo de los Werewolf, así que corrió hacia el bosque e intentó ingresar al mismo, pero una piedra del tamaño de su cabeza le pasó rozando su rizada cabellera; miró hacia atrás y notó que Bertrand estaba con otra piedra en la pata. Piedras propiamente dichas no eran, era una mezcla de tierra y piedras.
Dennis se lanzó hacia la izquierda y esquivó por los pelos la otra piedra que el lobo le lanzó. Ya sin nada que lanzarle, corrió hacia el vampiro.
«Tranquilízate, no te dejes llevar por el miedo.»
Vio como Bertrand venía hacia él; respiró profundo, cerró los ojos y trató de imitar Clarisse. Colocó el pie izquierdo ligeramente frente al derecho y subió los puños hacia su rostro, protegiéndose. Escuchó los pasos del lobo cada vez más cerca, abrió los ojos, percatándose que Bertrand estaba con las garras casi sobre él, dio un mínimo salto hacia atrás y esquivó ambos zarpazos.
«Apoya tu peso sobre el izquierdo y patea con el derecho —le había oído decir a Clarisse hace tiempo—, es como un ¡zas! Y después caes con el derecho y pateas con el izquierdo, como un ¡suish!»
Dennis estaba en las nubes ¿Cómo diablos es hacer un Zas y un Suish? Daba pasos hacia atrás esquivando los continuos zarpazos y golpes que Bertrand le trataba de atinar, pero sabía que no podía hacer eso por siempre, si se llegaba a tropezar le daría de lleno. Vale. Lo observó esperando el momento oportuno para dar un golpe y cuando Bertrand dio un manotazo que impactó en la tierra y lo hizo tambalearse un poco, supo que era el momento exacto.
«Vamos», se alentó a sí mismo.
Apoyó el peso de su cuerpo en el pie izquierdo y pateó con todas sus fuerzas con el derecho. Conectó la patada en el lado izquierdo del abdomen del lobo y por poco no se le escapó un gemido de dolor; fue como pegarle a una piedra, era demasiado duro. Cambió de objetivo y decidió acertarle en el rostro. Cayó con el pie derecho y al momento pateó con el izquierdo al rostro de Bertrand; no fue como pegarle a unas rosas, pero era un poco más suave.
Cuando recuperó la compostura, dio unos pasos hacia atrás sin bajar los puños del rostro, viendo cómo Bertrand se tomaba la mandíbula con una pata. Supuso que debió hacerlo bien porque el lobo parecía adolorido. Trató de repetir la acción antes de que se recuperara, sin embargo, al apoyar su peso sobre el pie derecho, una corriente eléctrica de dolor le recorrió el cuerpo. Perfecto. Ahora tenía el pie lastimado y no sabía cuánto tiempo le llevará a la sanación acelerada curarlo.
Si no podía usar los pies, usaría los brazos, aunque sería más complicado.
—Vaya que eres una molestia, mestizo —gruñó Bertrand, tocándose la mandíbula—. ¿Por qué te empeñas tanto con cosas que no te importan?
Dennis no respondió. El dolor en el pie le drenaba la energía y la frente se le empezaba a perlar en sudor, la respiración se le estaba haciendo más pesada y se estaba agotando aún más de lo que ya estaba. Luchar contra los lobos de Alexis (ayudado por Wilbur y Wally) era una cosa, pero pelear contra un licántropo Alpha era otra demasiado distinta, y sumado a que su cuerpo estaba por desplomarse del cansancio, tanto por el uso de sus poderes sobreexcedidos, como el agotamiento en general, no ayudaban a mejorar la situación.
—¿Estás cansado? —preguntó Bertrand, burlón—. Retírate por las buenas y deja que resuelva el problema con la loba.
—No vas a tocar a Winnie —amenazó—. Sobre mi cadáver.
El lobo se irguió y se encogió de hombros, sonriendo macabro.
—Como tú quieras.
Un rayo. Un rayo fue lo único a lo que pudo asociar tal velocidad. Bertrand se apoyó en las cuatro patas y se movió demasiado rápido. No había terminado de pronunciar la oración cuando de una zancada logró avanzar metro y medio en un abrir y cerrar de ojos. Dennis pudo observar de cerca los colmillos del lobo, no eran como los de Winnie, finos y largos, estos era gruesos y cortos. Se hizo una nota mental para evitar por todo los medios posibles una mordida, pero no pudo evitar el golpe que le venía.
No alcanzó a cubrirse como era debido y sintió el impacto en su lado izquierdo. Fue como si un auto lo hubiera embestido por ese lado, la vista se le tiño de rojo y terminó en el suelo, tosiendo; trató de levantarse, aunque una patada al mentón lo hizo por él, mandándolo hacia atrás.
Se sintió estúpido por olvidar considerar esa posibilidad, el no haber pensado que podía usar sus cuatro patas. Todo porque ningún hombre lobo que conozca lo había visto correr así, rara vez lo hacían y pensó que Bertrand también era así. Él era un Alpha, se supone que es más lobo que humano y por ende, más animal.
Dennis logró recuperarse y se puso en guardia, la cabeza le daba vueltas y sentía algo caliente recorriéndole el rostro. Sangre, supuso. Respiraba con dificultad por el golpe en el costado y empezó a pensar cuanto le duraría que se curase por completo. El dolor del pie dejó de ser tan agudo y era más bien sordo, aunque era igual de molesto. La herida de la cabeza se terminaría cerrando, solo que no podía estimar un tiempo exacto para el costado.
Podía afincar el pie. Bien. Ahora solo debía evitar que el lobo le diera otro golpe o quedaría noqueado. Bertrand se lanzó de nuevo contra él, esta vez sin moverse con las cuatro patas, solo con dos. Lanzó varios zarpazos que Dennis pudo esquivar a duras penas y él lanzó varios golpes; uno de ellos le dio de lleno al lobo, fue como pegarle a la arena: duro, pero no demasiado. Le dio dos golpes más y se echó hacia atrás, previendo un posible zarpazo.
Miró de reojo a Winnie y vio que ella estaba tratando de soltársele a Wayne y Wilbur. Ambos lobos la sostenían para que no fuera en su defensa. El mirarla fue el peor error que pudo haber cometido, porque cuando se enfocó en Bertrand este ya estaba frente a él, y antes de que pudiera reaccionar, le atinó un golpe en el estómago. La vista de le puso borrosa y perdió todo el aire; trató de responderle con un golpe, sin embargo, Bertrand era más rápido y le dio otro en el rostro, mandándolo de lleno al suelo.
—¿Por qué siempre creen que pueden retarme? —gruñó Bertrand, hastiado.
Dennis trató de levantarse, pero recibió una patada en el costado derecho y por poco quedó inconsciente. Escuchó unos sollozos ahogados y miró hacia donde su abuelo; su madre estaba tratando de liberarse del agarre de Drácula para ir por él y su padre apretaba los puños con impotencia. Supuso que su abuelo los puso al tanto de la situación advirtiéndoles que no meterse era lo mejor que podían hacer; no podían iniciar una disputa entre vampiros y licántropos.
No obstante, quiera o no, la habría si no se defendía, si dejaba que lo matasen. Debía pelear. Debía ganar.
Pero querer y poder eran dos dimensiones distintas.
—Creen que están en su derecho de romper mis reglas, pero no es así. —Bertrand lo levantó del suelo, tomándolo por el cabello; la vista roja, mezclado con ese rostro tan salvaje, le hizo pensar que quizá así se veía la muerte misma—. Dime, ¿creíste que podrías cambiarlas? He corregido a cientos de lobos que han desobedecido las normas, unos rechazan emparejarse y otros se emparejan con otros monstruos. Pero… —Sonrió maquiavélico— aquí tenemos un caso especial.
Dennis comprendió que «corregir» significaba reducir. Matar.
Se sintió ingrávido el instante en el que lo soltó, y luego escuchó cómo le crujían algunos huesos de la cara, cuando Bertrand le acertó un golpe al rostro que lo hizo salir desbocado en dirección opuesta a él, pero este le tomó de la muñeca y lo jaló, asestándole un topetazo con la cabeza. Dennis quedó aturdido y las palabras que escuchaban resonaban como taladros en sus oídos y mente sumados al dolor.
—Contigo pasa que además de quebrar una regla de una boda, haces Zing con una loba. Dos en uno. —Le tomó el rostro con una pata y con un movimiento lo estampó contra el suelo; Dennis contuvo un gemido de dolor, no le iba a dar el gusto—. ¿Cómo era? —Lo pateó en el suelo—. «La tocarás sobre mi cadáver». Bah, no vale la pena ni siquiera matarte. Sufrirás más de otra manera… una mejor.
La frase quedó en el aire, sin embargo, Dennis no era tonto, comprendió lo que quiso decir: Winnie. El solo imaginarse que Bertrand le haría daño a Winnie lo enfureció, hizo que la sangre le burbujeara. No pasó por todo lo que pasó estos días para dejar que ese lobo superdesarrollado terminara con todo. Haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban, se puso de pie y le plantó cara. Tenía múltiples heridas en el cuerpo, una leve hinchazón en la frente, donde le dio el topetazo, hilos de sangre le corrían por la frente, la nariz, la mandíbula, que empezaban a curarse; en general, sentía la cara como si la hubiera metido bajo un martillo eléctrico, pero aún así no iba a permitir que le tocara un pelo a Winnie.
—Ni te atrevas a…
Bertrand soltó carcajadas estridentes.
—¿Aún quieres seguir? ¡Qué molesto! —Levantó la pata y sacó sus garras—. Quédate de una vez en el suelo. —Clavó sus garras en el pecho de Dennis, arrancándole un grito de dolor, para luego, sin sacarlas, hacer un zarpazo de extremo a extremo; cuando retiró sus garras, estas brillaban con el escarlata intenso de su sangre vampírica—. No hay manera en que puedas impedir que corrija a esa loba. Ellos quebraron la norma y eso no se perdona. No permitiré que nuestra sangre se contamine.
Bertrand se dio media vuelta y caminó con un paso tranquilo, incluso burlón, hacia los Werewolf. Dennis cayó al suelo, con la vista fija en esa noche sin estrellas, solo con la luna llena brillando con ese rumor blanquecino; le dolía respirar, le dolía parpadear, le dolía cuando el viento le acariciaba la piel con esos dedos fríos y suaves, mientras la sangre mermaba sin detenerse de su herida en el pecho. Supo... no, percibió cómo su sanación acelerada se enfocaba en la herida del pecho, porque las demás heridas y cortes empezaron a doler con más fuerza; ladeó un poco el rostro, mirando a Winnie, y percatándose cómo Bertrand llegó allí, todos los Werewolf formaron una especie de barrera protectora para con ella, estando al frente Wayne y Wanda, aunque no fueron rivales para él, porque de un manotón los mandó al suelo a ambos.
No. No podía dejar que llegara a ella. Tenía que moverse. Tenía que…
Si tan solo tuviera los mismos poderes que su abuelo o su madre, pensó, todo sería distinto; podría hacerle frente al lobo y a lo mejor ganarle, pero no, sus poderes eran muy reducidos. Trató de moverse, el dolor era espantoso. Bertrand empezó a apartar a los hermanos de Winnie con gestos molestos de las patas, como si apartar un enjambre de mosquitos.
Miró a sus padres y a su abuelo, quienes se mantenían al margen. No podían inmiscuirse, no obstante, llegó a notar que Drácula le dio una especie de daga a Jonathan, plata tal vez, mientras que Mavis y él hacían crecer sus garras y colmillos.
Dennis lo supo de inmediato, si moría, sus padres acabarían con Bertrand, él no podría con dos vampiros puros y un humano con plata. Sería su fin… desencadenando una posible guerra entre ambas razas de monstruos.
No. No podía permitirlo. Tenía que moverse. Tenía que…
Vio que Bertrand llegó donde Winnie y le lanzó una mirada de soslayo, pareciera que se estuviera despidiendo de él. Eso le revolvió el estómago a Dennis y le dio una punzada en el pecho, independiente del dolor de la herida. Se le hizo muy parecido al sueño que tuvo, lo que le dio un motivo más para ayudarla.
Tenía que moverse. Debía moverse. «Muévete —se apremió, tratando de girarse por completo y colocarse boca abajo para intentar ponerse en cuatro patas y levantarse; solo lograba mover un brazo—; muévete, por favor.»
Bertrand tomó del cuello a Winnie y ella trataba de soltarse, sin éxito. Ese tenía que haber sido un gatillo para Dennis, y lo era, pero no había estamina que gatillar, su cuerpo, como todo vampiro con una herida grave, había concentrado todo su funcionamiento en cerrarle la herida, por lo que el cansancio se le vino encima como dos toneladas de plomo, y unas enormes ganas de dormir le siguieron.
Winnie y notó que ella hacía lo imposible por soltarse, daba arañazos y patadas, mas nada de eso afectaban a Bertrand. Lo vio levantar su pata dispuesto a golpearla y ahí fue donde todo se derrumbó; Dennis sintió los ojos arder.
Debía hacer algo para detenerlo, lo que sea.
Si permitía que la hiriesen no se lo perdonaría, aunque estaba seguro de que el plan Bertrand era otro: obligarla a cumplir con el matrimonio con Alexis. No podía matarla, al menos eso esperaba; si lo que le dijo su abuelo era cierto, las hembras eran muy pocas, matar a una sería un lujo que no podían darse. Intentó sacudir la cabeza para sacarse esas ideas de la mente, y ni eso pudo.
Trató de serenarse lo más que pudo, mientras pensaba cómo potenciar sus poderes de vampiro, ya sea para que la sanación acelerada, incrementara su velocidad y poder levantarse, y por consecuente pelear; aunque también, en caso de hacerlo, necesitaba algo que impulsara sus otros poderes: resistencia, control, y demás. Tenía como punto que sus colmillos se habían hecho un poco más largos de lo normal y que cuando se enfadaba tomaban el largo de un vampiro completo; ahora la cuestión era por qué. Su abuelo había dicho algo de unirse pero, ¿unirse cómo? La única unión que tuvo fue cuando pasó lo de la madrugada de la fiesta.
¿Acaso…?
Digamos que sí, aunque el qué tiene que ver eso con esto era lo que se le escapaba; la única unión de la que ha leído es la de…
¿Sería posible?
Vale, era posible que lo fuese, no obstante, eso solo lo ayudó con los colmillos, nada más, no era suficiente, debía encontrar un potenciador más fuerte. Cuando Dennis cayó en cuenta se sintió como el mayor estúpido del planeta. ¡Él era un vampiro! ¿Qué potencia a un vampiro? ¡La sangre!
«Vamos, estarás muy cansado, pero necesito mover el brazo.» A duras penas logró llevarlo a la altura de su boca; sería la primera vez que bebería sangre y posiblemente la última, pero lo haría por Winnie. Esperaba que su suposición tuviera razón. Abrió grande y clavó sus colmillos en su muñeca, el dolor fue rápido y agudo, casi indetectable por el adormecimiento que tenía en todo el cuerpo, era como si le hubieran inyectado algún anestésico, y la sangre empezó a brotar. Se separó y vio como dos finos hilos de sangre caían de los agujeros, luego se llevó la muñeca a los labios y oyó un grito.
—¡Denisovich, no!
Miró a su abuelo, puras garras y colmillos, con los ojos rojos, percatándose de que lo veía asustado y a punto de ir hacia él. Decidió no reparar en ello y bebió: el sabor era metálico y fuerte. Tragó, el calor le recorrió la garganta y poco después sintió una opresión en el pecho, el corazón le quemaba. La presión en sus oídos aumentó al punto que oía cada latido de su corazón, sentía que la cabeza le iba a explotar, aunque después de unos segundos, todo se calmó. Sus heridas cerraron casi al instante y sintió un subidón de energía y adrenalina. El cuerpo le dolía, solo que era pasajero.
Repotenciado, se lanzó contra Bertrand y los seis metros desde donde estaba hasta el lobo los recorrió en un abrir y cerrar de ojos. Ni con su velocidad normal lo hubiera podido hacer. Parecía... se parecía a su abuelo.
Bertrand no pudo reaccionar a tiempo, ni siquiera notó el golpe que venía hacia él, solo reaccionó cuando lo estampó. Soltó a Winnie y terminó chocando contra un árbol cercano. Dennis consiguió sujetarla en brazos y la ayudó a colocarse de pie, ella tosía con brusquedad tratando de recuperar aire, cuando se hubo recuperado, lo miró, agradecida. Dennis se agachó donde estaban Wayne y Wanda y los ayudó a levantarse. Padre, madre e hija lo miraron al vampiro, pero Dennis no comprendió el por qué.
—Tío Wayne —sonrió él—. Le prometí que no dejaría que le hicieran daño y eso hago. Espero que comprenda lo de… bueno, ya sabe.
Dennis vio cómo la expresión de Wayne pasó de sorpresa a incomprensión y luego a un enfado notorio por haberle recordado eso, carcajeó y, antes de que el lobo pudiera decirle o hacerle algo, salió a toda velocidad hacia Bertrand.
El enorme lobo se estaba levantando y en su semblante se podía notar que no supo lo que pasó. Cuando alzó la vista hacia los Werewolf se dio cuenta de que iba contra él, y Dennis aprovecho eso, antes de que pudiese siquiera procesar que estaba sin heridas y repotenciado, para impactarle una patada al costado y una tanda de golpes al pecho y rostro.
Uno atrás del otro.
Parecía interminable.
Notó que esta vez no le dolía tanto cuando conectaba los golpes, era como si llevase guantes en las manos. Y algo que lo sorprendió gratamente era que Bertrand, pese a su tamaño, no podía defenderse de sus ataques, era demasiado fuerte y demasiado rápido, lo que le hizo preguntarse qué efectos le causaron el ingerir sangre. Hizo crecer sus uñas y estas tomaron casi el triple de longitud de lo que deberían ser, eran iguales a las de su abuelo.
—¿Querías lastimar a Winnie, eh? —dijo, con un tono grave, como el siseo de una serpiente. Caminó lentamente hacia Bertrand, quien estaba en el suelo, estiró los dedos de una mano y un brillo rojizo envolvió al Alpha, haciéndolo levitar; colocó la mano libre en el pecho de este y clavó muy despacio sus garras, arrancándole una mueca de dolor—. Te tengo noticias. —Podía sentir el pulso del lobo a través de sus garras, era acelerado—. ¡A partir de hoy, esa regla queda obsoleta! —Al tiempo en que decía la frase, dio un zarpazo de extremo a extremo, causándole la misma herida que él le había hecho.
Acto seguido le dio una patada que lo mandó al suelo, un metro lejos de él, y cuando empezó a ir hacia Bertrand, notó que su cuerpo empezó a emanar una especie de neblina escarlata, una niebla sangrienta, seguida de un dolor horrible en el pecho, como si lo estuvieran atravesando. Ignoró el dolor y fue rumbo al lobo. A cinco pasos de él la vista se le nubló por un momento y se tambaleó; dedujo que lo que sea que estuviera pasándole estaba por terminarse, así que optó por usar su control en las rocas cercanas y hacerle lo mismo que a Alexis.
Decidió apurar el paso e hizo que las piedras levitaran sobre Bertrand, y con un chasquido, estas cayeron. El gemido de dolor no se hizo esperar y resonó por todo el bosque y las cercanías del hotel. El lobo no estaba muerto, él no haría eso, pero mínimo tendría algo roto. «Redúcete», pensó, y Bertrand se encogió. Sonrió al ver que el lobo quedó igual que Bella la última vez.
Se dio media vuelta para ir donde Winnie y verificar su estado, pero vio a su abuelo viniendo con la misma expresión de temor. Supuso que era porque no sabían cómo estaba; levantó la mano y les sonrió mientras caminaba hacia ellos.
—Tranquilos, estoy b…
No pudo terminar la frase porque el dolor en el pecho se triplicó. Y no era solo en el pecho, era en sus brazos, sus piernas, su abdomen, su cabeza, era en cada centímetro de su cuerpo, como si le estuvieran clavando fierros calientes una y otra vez.
Era insoportable.
Y después todo se puso negro.
