Otras miradas

El viaje a través de QiShan es terrible, entre más se acercan a la Ciudad sin Noche, más preguntas les hacen y más complicado lo es todo. No quiere decir que ha sido una terrible idea, a veces solo le gustaría haberlo pensado un poco más; dejar a Wei WuXian en la frontera, con su maquillaje y sus mentiras precarias.

No ha dormido mucho, el miedo a ser descubiertos, a pesar del halo de poder que le da su cercanía a la familia principal, ponen su cuerpo en un estado de alerta perpetua. No quiere morir, necesita a su familia a salvo. La visión de su hermano, tomado de la mano de su abuela, le hace esquivar cualquier cansancio que pueda reclamar su cuerpo.

La amistosa camaradería de sus dos compañeros facilita un poco todo. Lan WangJi es todo lo que se puede esperar de un caballero, con sus pros y sus contras, al igual que Wei WuXian, ambos carecen de la malicia suficiente como para hacer algo más que tocar su mano si deben entregarle algún objeto o las suaves alabanzas que ambos dejan a su conocimiento de las hierbas y la medicina. Entiende ahora por qué ambos parecen despertar la envidia de todos a los que se topan: ellos no quieren ser los mejores, lo son porque no lo aspiran, lo viven.

Cualquier otra muchacha se sentiría ahogada en su compañía, afortunadamente, está lejos de ser una recatada señorita esperando el matrimonio en una lujosa mansión. El viaje en esta compañía fuerte, le da esperanzas de hacer algo más de sí misma; sobre todo por la continua positividad de Wei WuXian en todos los asuntos. Él tiene la extraña facilidad de reducir los problemas a bromas entendibles hasta por niños de cinco años, que luego siguen caminos nunca antes transitados ni dilucidados. Lan WangJi también parece la persona adecuada para dar un halo de solidez a todas esas elucubraciones, otorgando apreciaciones o diciendo "no" a las más inverosímiles de las ideas.

—Podemos hacer las cosas más sencillas si solo pudiésemos tomar ventaja de un momento de debilidad —sugiere el maestro Lan. Avanzan por un camino entre las montañas, a menos de dos días de la Ciudad sin Noche. Ha elegido continuar sin guardia, argumentando en los campamentos anteriores que la seguridad de sus propios territorios es más que suficiente para llegar hasta su zhongzhu (1).

Su propia convicción la ha mantenido ajena a los planes de ambos bandos. No delatará a quienes le ayudan, pero su posición como hija del clan Wen no le permite conspirar contra su familia. No va a avergonzarse a sí misma ni a sus antepasados, nadie dirá en los libros de historia que es una traidora de su propia sangre. Si tiene que morir, lo hará.

—Confía en mí —Ambos caminan por delante de ella. Wei WuXian está más cerca de lo que debería ir una persona de otra, con su cabeza inclinada hacia su compañero.

—No tienes tu núcleo, no te vas a arriesgar —es definitorio, puede sentir los bordes filosos de esa declaración. Wei WuXian se aleja, dando un paso agitado al frente.

—No puedes estar decidiendo que tan fuerte soy, o no, mirando el método de cultivo. Mis resultados han sido mejores que los de la mayoría —no está mirando hacia ellos, aun así, Wen Qing siente que, si lo hace, el frío rencor de la energía resentida los atacará.

Ha sido una danza tácita entre todos desde la salida del campamento fronterizo. Lan WangJi sabe, ella sabe y Wei WuXian lo vive, nadie hace preguntas directas al respecto. Como doctora, puede intuir un deterioro progresivo de los meridianos vacíos, una corrupción de lo espiritual a lo físico que nubla la mente de Wei WuXian cuanto más usa sus habilidades. No sabe como las consiguió, imagina la forma. Hay cosas más tabú que otras, hay límites que alguien vivo no debería cruzar para no enfadar a las fuerzas más allá de su control. Wei WuXian puede controlar a los fallecidos, obtener tal poder requiere de hacer algo aún más alejado de la ortodoxia. No ha desafiado a los dioses, ha desafiado a la muerte… y la muerte nunca pierde.

No lo va a juzgar, cada quien hace sus elecciones.

—Deberías escuchar a HuanGuang-Jun, no puedes ser un niño malcriado todo el tiempo —dice, poniendo sus manos dentro de las mangas de su túnica. Enojar a alguien que no tiene todo el control requiere que pueda sacar sus agujas en el mejor momento.

Los ojos claros del Segundo Maestro Lan la examinan con atención, ha detenido su paso y su cuerpo se ha girado un poco. No sabe si ve ira o ansiedad en esa mirada fresca, solo que él tiene miedo de un enfrentamiento directo con el hombre que considera su amigo.

—Nadie te verá menos, Wei WuXian. Cuidar de uno mismo también es cuidar de quien uno ama —está recitando uno de sus manuales de medicina, uno que, si no está equivocada, se usa para enseñar a las parejas recién casadas sobre los deberes maritales en el lecho. Por lo que ha visto los últimos días, tal vez el noviazgo entre Xing Yu y Leng Du no es tanto una pantomima como un intento de consuelo entre el alma atormentada de Wei WuXian y la paradójica inacción de Lan WangJi. La voluntad humana está más allá de lo que su medicina, física o mental, pueda aportar.

Wei WuXian resopla, como un caballo listo para correr. Lan WangJi da dos pasos hacia él, pero pronto se ve olvidado. El primer discípulo de la secta Jiang ha preferido la soledad.

Wen Qing no se considera una hermana mayor mejor que otras, aun así, siente lástima por Jiang YanLi y la lucha que debe llevar, siendo quien corrige a los dos hombres más insoportables que puede conocer. Hay un alivio tácito en la amabilidad sin condición de su hermano, que lejos está de la ingenuidad que muchos dan por sentada. Lan WangJi, que no se ha movido de su sitio, mira el camino que Wei WuXian ha dejado con el anhelo de un devoto; casi podría ser patético.

Ella nunca ha experimentado el amor más allá de su familia, las relaciones pueden ser complicadas cuando se trata de una mujer con cierto nivel cultural, pero puede entender lo que significa querer ser todo para otros y saber que eso está más allá del propio poder (salud) personal. Ya ha visto a Wei WuXian devastarse a sí mismo por otros, no cree poder soportar una vez más tal desdicha frente a sus ojos.

—Es personal, HuanGuang-Jun —dice, llamando la atención. Él se queda mirando con atención, su expresión comunica el desconcierto parcial ante sus palabras—. Él hizo una elección hace tiempo, una que tanto usted como yo conocemos. La elección la hizo en favor de aquellos a quien quiere.

Hay una angustia profunda en los ojos dorados de Lan WangJi, una miseria que puede sentir como propia.

—¿Lo ayudó usted?

—Hice caso de sus decisiones. Ofrecí mi conocimiento, él ofreció su lealtad. También fui formada como una guerrera, conozco el honor más allá del apellido familiar. Es mi enemigo, pero ha resultado ser un hombre de palabra.

El sol, que en estos días se ha vuelto más débil, cruza con toda su potencia por los yernos terrenos de su secta. Este aliado, sin tregua, hace que el ceño fruncido en el rostro de Lan WangJi se vea aún más profundo; hay ahí tanta potencia como en el clima. Espera que nadie, nunca, deba rendir cuentas a la decisión que se gesta en esos insondables pensamientos.

Se da la vuelta para buscar agua. Dentro de poco oscurecerá y no podrán continuar su camino. El sonido de una espada desenfundada, seguido del corte en el aire, le anuncia una soledad cargada de tensión.

Caminando hacia un afloramiento de roca, que tendrá que servir como campamento improvisado, y comienza a desplegar las posesiones que lleva dentro de su bolsa. No hay mucho más que una manta, poco de comida, té y algunas medicinas. Lleva lo suficiente para cuidar de al menos 70 personas por un mes. Sabe que es poco en comparación con la realidad de lo que se avecina. Si gana Wen RuoHan, deberá impedir que su rama de la familia sea obligada a comparecer en las milicias; si pierden, deberá lograr que al menos los niños vivan lejos de su apellido o el castigo que caiga sobre los demás.

Cualquier resultado es igual de negativo. Si personas tan notables como Wei WuXian y Lan WangJi han podido infiltrarse, ¿qué pasa con aquellos más hábiles y menos correctos? ¿La locura de Wen RuoHan acabará cuando tenga a todo el mundo de la cultivación bajo su mando o terminará enfrentando también al emperador? ¿Después proseguirá con el mundo más allá de las fronteras? ¿Encontrarán paz de alguna manera? Toda respuesta es válida a estas alturas. Su miedo es más que razonable en estas circunstancias.

Suspira con cansancio mientras camina detrás de las rocas, en las faldas de una montaña escarpada. Ahí, en medio de la más terrible soledad, un pequeño riachuelo sondea el paso entre rocas. Sus aguas saben un poco a metal, pero son bebibles, su núcleo se encargará de aquello que no sea salubre. Mira las pocas plantas que crecen en derredor, ¿Cuándo fue que a sus ancestros se les ocurrió morar en semejante desierto?

Pasa tiempo recogiendo ramas, revisando sus provisiones una vez más y definiendo donde es más firme plantar sus pies. Va a tener que tomar decisiones inteligentes; las fichas se mueven en direcciones imprevisibles, el tiempo implacable obliga a los hombres a actuar. Tiempo, lo que menos tiene es eso. Cuando escucha volver a sus compañeros de viaje, ya ha formado una lista de tareas claras en su mente, cada una más especifica que la anterior.

El lenguaje corporal de ambos se ajusta a sus predicciones. Lan WangJi camina cerca, tan cerca de Wei WuXian, que sus mangas negras chocan con las de su compañero continuamente y este no evita para nada tal intimidad. No hay rastros de algo más que cansancio en el rostro de los dos, Wen Qing cree que han tenido una pelea más, antes de poner sus fichas sobre la mesa, aunque reconoce una alianza como puede distinguir el té entre la basura de las cocinas. ¿La energía resentida dentro del cuerpo de Wei WuXian resistirá lo suficiente o lo desgarrará en dos? Hay preguntas que es mejor no hacer de manera directa.

—Eres una muy buena bruja —no sabe si es un elogio o un insulto(2).

—Soy una buena doctora —corrige con suavidad, viendo al discípulo principal de la secta Jiang caer frente a sí en el suelo. Se ve derrotado—. ¿Qué puedes decir tu que puedas ser?

—Soy un buen hermano —declara, mirándole a los ojos—. Pero un terrible sirviente.

Un sirviente, a veces todos parecen olvidar aquello. Los deberes de Wei WuXian van ligados a un sentido del honor proveniente de una deuda con su maestro, además de los obvios sentimientos fraternos con Jiang Cheng. El núcleo perdido es dado por un hermano, pero recibido por un amo. Ella siempre ha sido una señora, desconoce esa entrega por alguien más que no sea su familia, o no represente una ganancia estratégica.

—Wei Ying es bueno en todo —la declaración de Lan WangJi va acompañada del descargo de unas cuantas ramas secas en el piso, seguido de su inspección para iniciar un fuego—. No tiene que culparse por cosas que no son su deber.

Wei Wuxian la mira antes de mirar al hombre. Hay culpabilidad allí, una nueva capa, ¿habrá mentido una vez más para aplacar las cosas? A Wen Qing comienza a preocuparle tal intento continuo de hacer una paz relativa, resulta demasiado parecida a la negación. Aunque, si es concisa, puede ser ese el camino que facilite la solución de las cosas.

—Tengo algo que proponerles —dice, cortando toda intensión de Wei Wuxian de rebatir a Lan WangJi—. Sé como tomar por sorpresa a mi Zhongzhu. Ambos vuelven la mirada a ella.

—Sé a dónde pueden ir y cómo pueden detenerlo. También conozco la manera de que se comuniquen con facilidad con sus compañeros a fuera.

—No es gratis —Lan WangJi nunca ha sido alguien de sutilezas, mientras le habla, registra con sus sentidos el perímetro en busca de algún soldado Wen en el camino.

—Tienen que ayudar a mi familia. No son parte del ejército ni tienen altos niveles de cultivo, la mayoría son sanadores. Gane o pierdan los Wen, mi familia será quien peor lo pase.

—¿Vas a traicionar a tu familia? —La vocalización de Wei WuXian es más de los que esperaba. ¿Quién es él para juzgar sus acciones?

—Voy a salvar a los que importan. Si me acusan de traidora de sangre, aceptaré el deceso; si termino con una mancha toda mi vida que lleva el título de asesina, no me va a importar. Esta guerra ha sido estúpida, tanto por el orgullo de quien la inició como por quienes creen que morir por no someterse es mejor que simplemente vivir.

No hay más palabras. Sus mejillas están ardiendo y su pecho corre.

El segundo maestro Lan ha comenzado a hervir algo de agua, se mueve con la gracilidad de siempre. Wei WuXian, sin atreverse a mirarla, corre al lado de él y rebusca entre sus pertenencias algunas bolas de arroz para calentar.

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La situación ha sido extraña durante bastante tiempo. Con la partida de su hermano hacia el frente compartido por los Nie y los Lan, la dirección de las menguadas fuerzas Jiang y las pocas Jin, ha caído en su ex-prometido, Jin XiZuan.

Jiang YanLi no puede quejarse. A pesar de su nacimiento de alto rango, su madre se ocupó de criar hijos funcionales y, allí donde otra mujer de su estatus no encontraría más que tedio y acciones por debajo de su categoría, ella ha encontrado su pequeño refugio de las pérdidas. Aliviar el dolor de los heridos le permite no pensar en el abandono y la tristeza del hogar perdido, en llamas y sin familia.

Habían recuperado el Muelle del Loto en una acción conjunta, destrozando en una guerra de guerrillas a las pocas fuerzas que lo custodiaban. El último día, Jiang Cheng había partido prometiendo que recuperaría su casa, sin importar las consecuencias; ella se había refugiado en las cocinas del campamento, llorando mientras preparaba la base de arroz para hacer algunos tallarines. No quería perder a su hermano menor, no quería estar sola en aquel mundo desierto y enorme.

Cuando habían vuelto, sanos y salvos sus soldados, y sin bajas, había entregado un plato de sopa especial con una sonrisa, prometiendo a su hermano que pondría todo su esfuerzo en que cada nuevo muro levantado se viera como los de su infancia. Habían brindado y se habían reído, hasta que la mención de Wei Ying ensombreció el semblante de Jiang Cheng.

—Él y HuanGuang-Jun están haciendo bien su trabajo —respondió sin fuerza—. Volverá a salvo.

Ella no sabe mucho del tema de Wei Ying, está segura de que si le preguntase, él respondería sin vacilar lo que lleva en el corazón, le preocupa, es Jiang Cheng. Su hermano menor creció bajo dos sombras que no podía eclipsar, la de su madre y la de la madre de Wei Ying, una disputa por la atención de su padre que tampoco lograría ganar. Sus padres nunca se habían tomado personal el amor, ni entre ellos, ni para sus hijos, la preferencia por Wei Ying solo era una culpa por el abandono de un amigo y la presión sobre Jiang Cheng un intento de dejar la secta en manos que jamás la dejaran caer. Todo esto no es más que un pozo en el que el Jiang Cheng no ha dejado que nadie más que él navegue, cerrando toda posibilidad de alivio.

—¿Y tú y el líder Lan? —preguntó en esa oportunidad, tratando de desviar el tema—. He escuchado que ahora se escriben seguido.

—Es un gran aliado. Además, es mayor y con experiencia. —Sus ojos habían vibrado hacia otro lado, evitando el contacto directo—. Solo hablamos por Wei WuXian y Lan WangJi.

No le creyó. Jiang Cheng es mucho más que su actitud huraña, su hermano pequeño es un hombre bondadoso, dado a la bebida, pero jamás en exceso, que sabe burlarse con sarcasmo, así como herir con él. También es un estudiante dedicado, cuando inicia algo lucha hasta lograrlo, aunque tarde más que otros o no le interese a nadie más. Si le ha dado tanto de su tiempo a alguien es porque le aprecia, la fingida cortesía no es lo suyo.

Por eso, mientras mira a través de la ventana de su carro el paisaje cambiante, pone como prioridad ayudar a conservar ese valioso lazo que se ha creado en una situación tan adversa. Un día se casará y necesitará que su hermano tenga amigos.

Le preocupan un poco los rumores. Jiang Cheng nunca ha expresado preferencia por nadie, ni hombre ni mujer. La repentina aparición de un amante (con todo y declaraciones públicas) es descabellada, más si este amante resulta ser parte de la secta Lan. Un hombre como ZeWu-Jun se cuidaría más de un escándalo sobre mangas cortadas, fuera cierto o no, pues el valor de su secta reside en la fuerza moral que ejerce sobre las demás. Un amante, varón, líder de otra secta, es la receta perfecta para un cuestionamiento directo a su liderazgo. Alguien, con intensiones oscuras, podría sugerir que no es más que una estratagema de los Jiang y los Lan para acaparar terrenos y poder al unir sus sectas y terrenos de caza.

Lo piensa por un momento, la idea zumbando en su mente como una abeja desesperada entre las flores. Es cierto que son las sectas más pequeñas, y las más azoladas por los Wen, la reconstrucción y el ordenamiento sería difícil, pero algo como un matrimonio entre líderes es demasiado; sobre todo cuando la situación entre Wei Ying y el segundo maestro Lan es mucho más favorable para la opinión popular.

Suspira con cansancio y se recuesta en su sitio. Con su frente asegurado, el incremento de escaramuzas en territorio Lan y la desaparición de Nie MingJue, todos han sido llamados a un único frente para coordinar acciones. Jin ZiXun había insistido en que se quedase atrás, con los demás niños y heridos. Ella no puede, ¿Qué pasa si es la última vez que ve a su hermano? ¿Dónde va a poner su corazón si debe volver sola al Muelle del Loto como la última de su familia?

—No es un lugar para señoritas —había insistido Jin ZiXun, mirando el mapa en el escritorio, evitando darle atención directa.

—No voy como dama, voy como enfermera y como cocinera —insistió.

—Tendremos que darle un carro, eso nos retrasará. —Es menor que ella, mamaba de la teta de su madre cuando ella ya corría por los muelles de su casa, no puede negarle nada de manera tajante. Ella es experta en cortesía.

—Sé montar a caballo, puedo ir como cualquiera —no estaba rogando, sus manos se mantuvieron firmes sobre su regazo y su mirada al frente—. Deme un caballo y puedo ir y volver yo sola. Conozco los caminos de mi hogar.

El escándalo hirvió en los ojos del muchacho. Ella, una joven nacida en una buena familia, conduciendo un animal sin compañía en una zona estratégica de la guerra; no se trataba de su madre, que podría hacer lo que quisiese basada en su fuerza, es solo una muchacha con el conocimiento más práctico de todos sobre las relaciones.

—¿Está usted a cargo de las huestes de su familia?

—No, pero soy la única Jiang que queda fuera del campo de batalla.

Sabía que él iba a replicar, algo como una sanción al deber de una dama. Jin ZiXuan decidió entrar en ese momento a la tienda. Las manos, quietas en su regazo, picaron por moverse a cualquier lugar, para ocuparla.

—Déjala ir. Prepara un carro —volteó a mirarla, con el rostro fino empañado por un ceño fruncido—. No puedo ofrecerle protección.

—No se preocupe, ya me he acostumbrado a perder.

Mientras se queda dormida en el carro, con el repiqueteo de las ruedas sobre la grava como arrullo, piensa en lo ciertas que son esas palabras. Jin ZiXuan no ha vuelto a mirarla y ella solo lo recuerda en los débiles momentos en que prepara una olla extra de sopa todas las noches. Sus hermanos han crecido y tienen el tipo de líos que jamás pensó podrían afrontar. Su idea de una familia, malograda, pero agradable, parece distante.

Para cuando está de nuevo en sus cinco sentidos, tiene frente a sí a un Lan bastante joven que la llama para bajar del carruaje. Sonríe con cortesía, mirando más allá de la cortina y bajando los escalones que la separan del nuevo campamento.

El sol parece más amable aquí, donde los árboles protegen una de las fronteras y del otro lado no hay más que montañas. Parece una pequeña aldea que ha surgido del suelo con su bulliciosa cotidianidad.

—Jiang-guniang —le saluda un amable ZeWu-Jun, quien camina hacia su carro con una sonrisa en el rostro.

—ZeWu-Jun —reconoce, haciendo un suave arco con sus manos y moviendo la cabeza. Sigue siendo una dama de alta cuna, no se agachará a menos que sea conveniente—. Me alegra saber que usted continúa bien.

Algo empaña los ojos claros del hombre, una duda y quizá un reclamo propio. Todos saben que Nie MingJue ha sido el amigo del hombre desde hace años, un hermano mayor funcional, mucho más capacitado que él mismo para la política y el combate. Jiang YanLi solo puede pensar en Jiang Cheng solo y triste al ver que Wei WuXian se fue con Lan WangJi.

Hay otra sonrisa, Zewu-Jun se ofrece a escoltarla hasta su hermano.

Continúan su camino, adentrándose en el campamento, donde los hombres y las mujeres trabajan en las tareas diarias con una facilidad pasmosa; todos han asumido la guerra como una constante.

—Disculpe mi atrevimiento —ZeWu-Jun camina ligeramente detrás de ella—. Pero me preocupa su posición aquí, ¿no es un tanto riesgoso que se encuentre tan cerca del frente? —Podría contestarle con la misma saña con que lo hizo a Jin ZiXun—. Aunque —continúa él—, Jiang WanYin estará feliz de verla. —La sonrisa inmarcesible de ZeWu-Jun se hace más sincera al decirlo.

Debería ser una señal malograda, una gran bandera de emergencia para decirle que tal vez todo lo que ha escuchado es real, y peligroso, pero el recuerdo de la felicidad encubierta de su hermano es una razón para sonreír en respuesta, con amabilidad. Hay pocas cosas por las cuales alegrarse en los últimos días, no va a asumir ninguna posición sin observar con atención.

—Me alegra que mi hermano tenga un buen compañero, al menos en la guerra —se sincera, caminando sin mirarle. El sol de la tarde arranca destellos a los trajes blancos de la secta Lan y acentúa la profundidad del lila entre los Jiang, puede pensar en los lotos pasando del brote a la madurez. ZeWu-Jun no responde de inmediato, solo continúa caminando mientras da algunas instrucciones entre los jóvenes y los recién adquiridos cultivadores errantes.

Reconoce la tienda de su hermano unos pasos más adelante; también siente el ligero retraso de los pasos de su escolta.

—Hasta aquí es mi deber entregarla —Los Lan son siempre tan educados, ni siquiera con un amigo tendrán la impropiedad de llegar sin avisar—. Su hermano ha sido mi salvación en el último tiempo, no podría pagar nada de su amabilidad.

Una última sonrisa y se da la vuelta.

Ella mira hacia adelante, continuando su camino dentro de la tienda entreabierta. Jiang Cheng está sentado en un rincón, analizando un mapa y escribiendo una carta; no hay ya nada del niño que una vez cargara para enseñar a nadar, es un hombre, un hombre que ha visto la muerte a los ojos y ha enviado a otros hombres a sus fauces.

—A-Cheng —llama con cautela. Él parece no reconocerla un momento, para luego abandonar su puesto y abrazarla. Es cálido, suave y familiar. Huele a tierra y sudor, también a incienso de jazmín. Es su hermano menor, con vida, a salvo, con el paso de los días sobre el ceño que se frunce una vez hace espacio entre ambos. —¿No deberías haber vuelto al territorio de la secta Jin? —Necesitaba ver que estabas a salvo —dice, sabiendo que él entiende ¿Cómo no va a hacerlo? Si no se ven ahora, podría ser muy tarde después—. Volveré cuando ustedes partan de nuevo. Jiang Cheng frunce aún más el ceño para luego descartarlo con un suspiro. La invita a sentarse mientras se acerca a una pequeña estufa para hacer té.

—Hemos tenido preocupaciones, ahora estamos seguros de que no van a matar a ChiFeng-Zun —Jiang YanLi empieza a preparar la mesa, hay demasiados papeles importantes para arruinarlos—. Wen RuoHan puede ser cruel, pero no idiota. Está jugando a derruir nuestra moral.

Jiang YanLi reconoce ese movimiento: ha cortado la cabeza más firme y con mayor experiencia. Juntando los papeles en una pila, piensa en Wei WuXian en filas enemigas, con la amenaza siempre en sus hombros. Suspira.

—No tienes que preocuparte —concede A-Cheng, buscando el té en una caja—. Vamos a solucionar todo de una vez por todas en poco tiempo.

Ella quiere creerlo, su pensamiento más racional le hace volver hacia su madre y los consejos prácticos: mira la realidad, no lo que esperas de ella. No hay nada que pueda hacer como mujer más que esperar.

Levanta dos pinceles, limpios de tinta, y abre la caja de cedro para guardarlos: dentro hay una tira blanca, con suaves bordados azules en forma de nubes. Mira hacia su hermano, está ajeno, triturando el té antes de ponerlo al agua. Piensa en su facilidad de palabra ahora, en la sonrisa de ZeWu-Jun, y se guarda cualquier opinión.

—Intentar lo imposible, siempre es una opción válida —responde a su hermano, guardando las plumas.

—Sí, además ya estamos estableciendo un plan.


Notas del fanfic:

1. Zhongzhu o Zhangmen: ambas son maneras en las que se llaman a los líderes de sectas en las novelas wuxia y xianxia. La diferencia radica en el significado. Ambos son nombres de puntos de entrada de energía en los meridianos. ZhongZu es la isla central de energía y Zhangmen es la puerta/barrera que puede alterar los órganos y por tanto matarte. Ya que Wen RuoHan era el superior de todos los líderes lo dejé como Zhongzu. Igual no estoy segura si hay otro tipo de traducción o segundo significado cuando se integra a la referencia de un líder de secta o líder del mundo de cultivo.

Coba, J. L. (2018). los nombres, los significados y las energías en los vórtices de acupuntura. Repositorio institucional del organismo académico de la Comunidad Andina.

2. Las religión en China abarca unos 1.500 años de existencia, donde hay muchos aspectos como deidades, inmortales, dioses, chamanismo, animismo, además de sincretismo con el budismo, el taoísmo y el confucianismo, por lo que asuntos que en occidente tienen claras prerrogativas negativas, allá son ambiguas: los demonios, la/os bruja/os, la/os hechicera/os, la búsqueda de la inmortalidad, el desafió a los dioses y un largo etcétera.

Janousch, A. (2009). Versiones del pasado: Historiografía y Religión de la Antigüedad de China. Bitarte: Revista cuatrimestral de humanidades, 16(48), 21-38

JOURNAL OF CHINESE RELIGIONSFALL (1997) NO. 25Editor: Patricia Eichenbaum Karetzky, Bard College, Annandale on Huds

Notas de autor:

No les voy a decir esto, pero se los voy a decir, tengo un muy, MUY, serio shippeo de Wen Qing/Jiang YanLi/Jin ZiXuan.

Amigos y amigas. No sé si lo integre aquí, peeeero puede que resulte en algo raro. Mi debilidad son las relaciones abiertas, así que pueden esperar de mi lo que sea (?

Por otro lado, tengo un especial aprecio a la relación que tienen Lan WangJi y Wei WuXian con las mujeres de su mundo, indiferente a sus preferencias sexuales/románticas, pues saben ser cordiales/fraternales con ellas sin demeritarlas por su condición de genero, que en otras obras usualmente deriva en paternalismo (sea autoritario o no) que incomoda. Así que 10/10. (Eso se demuestra mucho en el hecho de que Wei WuXian se abstiene de pelear siempre que Jiang YanLi está presente y obedece, reconociéndola como mayor y como superior dentro de las reglas de su propia cultura).