Las lunas superiores siguieron paseándose por la escuela, ahora ya sin causar problemas puesto que la presencia del Director Kibutsuji marcaba una diferencia significativa. Las miradas despectivas que dedicaban a todo el mundo dejaba claro que consideraban inferior a todo cuanto les rodeaba, y lograron intimidar a más de alguno con sus ademanes despectivos.
—Son piojos nada más —musitó Daki apartando sus cabellos con un movimiento de la cabeza—, no se merecen que los miremos siquiera.
—Si no te merecen nada —inició Kaigaku malicioso, poniendo a Gyutaro a la defensiva—, ¿por qué te dignaste a inscribirte en su show de talentos?
Akaza rió por lo bajo ante la expresión que Daki le compuso al muchacho.
—Estos mugrosos no merecen nada, por eso los voy a humillar con mis dones y mi belleza.
—Sí —complementó Akaza divertido—, seguramente también Gyutaro los va a impactar con su belleza.
—A ver, idiota —espetó el aludido usando el mango del paraguas para tirar del cuello del muchacho—, yo sólo quiero dejar claro un punto. Si quieren llegar a mi hermana, tienen que pasar por sobre mí.
Akaza estuvo a punto de responder, empuñando las manos y considerando propinar un puñetazo a su compañero. Sin embargo, los brazos de Kaigaku rodearon los cuellos de ambos y el muchacho sonrió señalando con la nariz hacia el frente.
—¿En serio?
—Vamos a ver. Aunque esta escoria seguro que no está a tu nivel.
8.-Kendo
Sofit11: Definitivamente quiero ahondar en la relación de Sanemi y Kanae, una amiga me hizo darme cuenta de ese ship y ahora siento que alguien tiene que hacerle justicia, jaja no sé si seré yo quien lo haga, pero al menos lo voy a intentar. Gracias por tu comentario, me hizo (literalmente) dar un brinquito de felicidad, me anima mucho saber que a la gente le gusta mi trabajo.
Urokodaki llegó a la escuela con su haori de nubes y la máscara tengu en la mano. Sonrió cuando Nezuko corrió hasta él, saltando a sus brazos para recibirlo cálidamente.
Tanjiro sonrió alcanzando a su hermana y saludando a su sensei con un gesto respetuoso, pero el mayor extendió un brazo hacia el muchacho y, tras desordenarle un poco el cabello, le abrazó por los hombros, arrastrando con ambos hermanos hacia la institución.
—Por un momento pensé que no llegaría a tiempo —admitió el mayor con una sonrisa tranquila.
—Pero llegaste, abuelo —exclamó Nezuko entusiasmada—, ¿vas a hacer una demostración?
Urokodaki soltó una carcajada ligera antes de mirar a la joven y encogerse de hombros, un gesto desenfadado y jovial que contagió a los hermanos.
—No lo sé, pequeña, no lo sé. Después de todo, esta es una demostración escolar.
—El director Ubuyashiki-san todavía habla de que fuiste leyenda en sus tiempos.
—Es verdad —admitió el mayor con una sonrisa radiante—, cuando Kagaya-chan era un estudiante en esta escuela, poco antes de que su enfermedad le cobrara la vista, fui su profesor, hasta que Rengoku-sensei se volvió tan bueno que pude jubilarme al fin.
Los hermanos intercambiaron una sonrisa radiante antes de volver la vista a frente, al dojo de la escuela donde la gente ya se aglomeraba para buscar un buen lugar.
Sabito saludó en la distancia, agitando un brazo y mostrando una sonrisa entusiasta para Urokodaki, quien respondió el saludo antes de ponerse su máscara y acercarse a los profesores para saludar.
Giyū llegó hasta sus compañeros con el uniforme de kendo, y el Haori tinto cayendo sobre sus hombros, Sabito sonrió por los dos al percatarse de que también Kyojuro llevaba su Haori blanco de flamas en los bordes, y ambos Hashira asintieron a manera de saludo mientras otros estudiantes se acomodaban en sus sitios.
Sanemi se acercó hasta ellos, y luego de tirar bruscamente de los haori de ambos Hashira, dio un escueto resumen de lo ocurrido con Mitsuri una hora atrás.
—Ajá. ¿Y? —Remató secamente Giyū mientras Sanemi levantaba la mirada hacia sus compañeros.
—No me irás a decir —amenazó el peliblanco tomando en un puño el uniforme del pelinegro— que estás haciendo un meme de esto, ¿verdad?
—¿No hicimos un trato para dejar en paz lo de los memes? —La pregunta de Giyū emergió con tanta calma de su boca que Sanemi dudó por un segundo si hablaba en serio o no. Al final optó por dejarlo pasar y miró ofuscado al presidente.
—Al fondo, en dirección a la puerta oeste. Son esos cuatro, no es difícil distinguir a los tarados que miran a su alrededor como si estuvieran en un nido de cucarachas.
Los ojos de Kyojuro capturaron la mirada de Akaza en un acto fortuito, por un momento, el hashira no pudo evitar pensar que no encontraba malicia ahí, pero decidió guardar ese pensamiento para después.
—Estaremos pendientes —prometió el presidente, preocupado por la situación—. ¿Sabemos dónde…?
No tuvo tiempo de terminar su pregunta. Mitsuri y Obanai entraron por la otra puerta seguidos de Shinobu y Tokito.
—Lamentamos la demora —murmuró Mitsuri haciendo una reverencia para el presidente—, es que estábamos terminando de desayunar.
Kyojuro acarició la coronilla de Mitsuri con un gesto amable antes de mirar a sus colegas.
—¿Sólo nos falta Himejima-san?
—Están terminando el recorrido sensorial del primer grupo, se disculpa por no poder llegar a tiempo —informó Tokito con su eterno gesto distraído—, pero ya está al tanto de nuestros invitados especiales. Espero que todos aquí ya estén al corriente.
—Lo estamos —confirmó Kyojuro antes de dedicarle una mirada pesada a Mitsuri—, no permitiremos que vuelva a ocurrir una situación así. Como Hashira, debemos cerrar filas y protegernos unos a otros.
Uzui llegó a tiempo para escuchar aquellas palabras, abrazó a Kyojuro por los hombros y sonrió altanero.
—No esperaba menos del presidente estudiantil. Todos para uno —exclamó poniendo su puño al centro.
Algunos se miraron entre sí, dudando, pero al final (y para sorpresa de todos) Giyū acercó su puño sin llegar a tocar a su compañero.
—Hashira —murmuró sin mucho ánimo.
Los puños del resto se sumaron al círculo, y al final, todos dieron un golpecito al frente mientas gritaban la palabra "Hashira", inspirando sin querer un aplauso entre el público.
—¡Mina-san —exclamó Kyojuro encarando al público reunido en las gradas del dojo—, domo arigatto gozaimasu! Su presencia este día en nuestra escuela es significativa, por lo que queremos reiterar el agradecimiento que sentimos por su apoyo.
—Pamplinas —ladró Kaigaku por lo bajo.
—Como parte del marco de nuestras actividades de día, queremos presentarles una demostración de las habilidades de nuestro equipo de Kendo. Esperamos que disfruten esta exhibición.
(Gakupo Kamui - Senbonzakura traditional vertion)
Uzui se dirigió a los tambores taiko dispuestos al fondo del salón, y tres integrantes del club de música se le unieron con los instrumentos tradicionales. Dos golpes marcaron el inicio, la música suave se alzó por todo el dojo, y los primeros dos espadachines se acercaron frente a frente para saludar.
Desde el público, Urokodaki observó con orgullo que se mantenía intacto el estilo que él mismo había puesto en esa escuela tanto tiempo atrás, la filosofía seguía siendo la misma, pero también se notaba el progreso.
Vio a Shinjurō de pie al lado de sus estudiantes, de brazos cruzados y con mirada crítica, y no pudo evitar recordar cuando aquel hombre era uno de sus estudiantes. Por supuesto, ahora su hijo era el campeón de la escuela. Había heredado la mejor técnica posible.
Las primeras dos demostraciones fueron sólo katas organizadas, el combate real llegó con la tercera exhibición, en la que Tanjiro tomó un lado y esperó a su oponente.
Un muchacho de segundo año aceptó el desafío con una sonrisa altanera, y entonces Shinjurō se situó al centro del dojo para hacer de réferi.
—¡Ichi —exclamó mientras sus estudiantes tomaban posiciones—, respiración!
El sonido de cuatro golpes de las shinai llenaron el lugar por encima de la música tradicional que sonaba suave como fondo de la pelea. La gente siguió atenta los movimientos.
—¡Ni —siguió el entrenador adoptando una pose defensiva—, postura!
Tres golpes más, Tanjiro lucía sereno, concentrado, mientras su oponente respiraba con dificultad. A pesar de llevarle un año de ventaja en la institución, se notaba la falta de técnica. Y Urokodaki se sintió orgulloso de ver a su muchacho preparado para seguir.
—¡San —gritó Shinjurō apasionadamente, contagiando con su emoción a los presentes—, filosofía!
Golpe definitivo.
Caretas y protecciones puestas, Tanjiro igualmente no conectó el golpe. Su oponente se encogió para alejarse todo lo posible de la shinai, pero el muchacho de ojos carmesíes no terminó su movimiento. Sabía que había ganado el punto, no tenía necesidad de agredir a su contrincante.
A regañadientes, el muchacho hizo una reverencia agradeciendo el combate, y luego ambos volvieron a sus sitios.
Dos combates más se suscitaron en el dojo mientras la gente seguía llegando al lugar. Y anunciaron el final de la exhibición de Kendo con una pelea demostrativa del campeón escolar.
Entre los estudiantes de segundo y tercer año se levantaron las preguntas. ¿Quién querría enfrentar a Rengoku Kyojuro en su sano juicio? Porque el Hashira era legendario, decían que cuando él empuñaba la espada podía verse una flama ardiendo a su alrededor.
Primera base del kendo. La respiración…
Los estudiantes llamaban a la técnica del presidente respiración de la flama…
Y para sorpresa de todos, Tomioka Giyū se levantó de su sitio con la shinai ceñida al cinto.
Ambos hashira se presentaron frente al otro, haciendo una reverencia educada. La gente comenzó a murmurar al percatarse de que aquel par no llevaba el equipo reglamentario de protección, y cuando creyeron que el entrenador haría algo por detener el combate, Shinjurō se colocó al centro para marcar el inicio del combate.
—Ichi, ni… ¡San!
Su grito se vio acompañado del movimiento de su mano, y un salto hacia atrás dado apenas a tiempo para librarse del primer golpe de las espadas.
(Senbonzakura - Wagakki Band)
Se habían acercado a toda velocidad. La mayoría de los presentes se sobresaltó, ni siquiera pudieron seguir el primer movimiento y ya habían escuchado tres golpes más de la madera.
Akaza abrió los ojos, maravillado con la técnica de aquella demostración.
La expresión de Kyojuro era de júbilo total, se notaba en sus movimientos que estaba disfrutando muchísimo el combate, y para los presentes no fue difícil imaginar las flamas brotando de su shinai como si se tratara de una katana en llamas. Sin duda alguna, Rengoku Kyojuro representaba perfectamente la imagen del samurai entregado a cumplir con su nación…
Y entonces comenzaron a prestar atención a la técnica de Giyū, cuyo rostro parecía un lago en quietud.
Contraste.
Kyojuro atestó un golpe lateral, Giyū se agachó a toda prisa, lanzando por delante su shinai, y en ese momento la gente pudo ver el agua bullendo en la hoja que el pelinegro blandía, puesto que su movimiento había cambiado tal cual cambia el río cuando se encuentra con obstáculos en su camino.
Un golpe así, a esa velocidad, en esa dirección, fácilmente le habría costado a Kyojuro una o dos costillas, pero como una brasa que se convierte en hoguera por la brisa leve, la propia espada del presidente pareció aparecer de la nada y bloquear a tiempo el golpe de su oponente.
Shinobu (al igual que un numeroso grupo de personas) liberó el aire retenido en sus pulmones, apenas consciente de que había estado aguantando la respiración. Kanao y Kanae a sus lados intercambiaron una sonrisa, y luego la mayor apresó a su hermana por los hombros.
—Son buenos.
—Ambos lo son —coincidió la secretaria con un gesto compungido.
Aunque no le gustara admitirlo, ver a Kyojuro pelear de aquella forma le hacía lucir extravagante y, sí, atractivo.
Ahogó un grito en la base de su garganta cuando la madera estuvo por golpear el rostro de Giyū, el Hashira estiró la cabeza hacia atrás y el viento desacomodó sus cabellos, pero el pelinegro se mantuvo intacto.
En el fondo, Giyū sabía que Kyojuro se estaba conteniendo en aquel combate, sabía que había librado el golpe porque su compañero lo había frenado un poco, y sabía que tenía que haber un final para aquello, mientras eso ocurría, él también decidió esforzarse al máximo y darle al hashira un buen combate.
Agua…
No era ninguna sorpresa asociar a Tomioka con el agua, su título como campeón de natación lo situaba rápidamente entre los colores azules y la lluvia fresca.
Había quienes bromeaban con el tema y le sumaban al color azúl la depresión, aunque en ese momento los ojos de Giyū brillaban con una chispa que muy pocos habían visto hasta ese momento.
La forma en que su espada iba y venía, era como ver agua en movimiento, adaptándose perfectamente al entorno y evitando la evaporación.
Los vítores habían iniciado unos segundos atrás, el pelinegro había aislado esos sonidos para mantenerlos lejos de su cabeza y elevar la concentración total…
Hasta que su voz se elevó sobre todas las demás.
—¡Ganbatte kudasai!
Abrió los ojos, sorprendido.
Sorprendido de sentir que había aflojado el agarre de su shinai, la madera se deslizaba entre sus manos, arrastrada por la inercia del golpe.
Conocía ese combo.
Kyojuro golpeando la espada del otro de manera ascendente para quebrantar su raíz, el hashira giraría aprovechando la inercia y luego remataría con un golpe al vientre para marcar el punto…
Pasó saliva con dificultad, entendía que el presidente no podría frenar ese golpe, entraría de lleno en sus costillas mientras la espada de madera rebotaba lejos de ellos, lo único que podía hacer era respirar y apretar los músculos para tratar de proteger el hueso. Y esperar el golpe…
Para sorpresa de todos, el sonido de la madera se hizo presente, y el golpe de Kyojuro fue frenado fácilmente por la shinai que Urokodaki arrebató a las manos de Tanjiro.
Silencio…
Silencio mientras Kyojuro retrocedía de un salto y su padre ocupaba su lugar. Silencio mientras Giyū recogía su shinai a toda velocidad para despejar el campo de batalla. Silencio mientras ambos mayores avanzaban un par de pasos de lado, tanteando el terreno y a su oponente.
Silencio ante la sonrisa incendiada de Rengoku Shinjurō.
Segundos de silencio entre el público, y luego ambos espadachines se lanzaron hacia el frente, y sus espadas liberaron un sonido atronador que llenó la sala.
¿De verdad no se había quebrado la madera?
Varios golpes más.
Esta vez incluso Gyutaro, Daki y Kaigaku tuvieron que admitir que aquella demostración era impresionante. ¿Qué opinaría Kokushibo-sensei de la técnica de aquel par?
Podían ver el cabello blanco del hombre del haori azul, no necesitaban ver su rostro para adivinar que se trataba de alguien mayor, lo que hacía de aquel combate algo todavía más espléndido.
Los golpes de la madera superaron el sonido de la música, y el mutismo del público fue el coro perfecto para acompañar la sutil belleza del encuentro.
Combate con espadas. Espadas de madera. Artes marciales. Arte a final de cuentas…
Que conmovió profundamente a Akaza, surgiendo en su corazón un respeto profundo y confuso, y un anhelo nuevo.
Buscó en la distancia al presidente del comité estudiantil, se notaba a leguas que era hijo del actual entrenador de kendo. Quería pelear contra él, aunque fuera una vez, aunque él mismo no usara la shinai, quería enfrentarse a Rengoku Kyojuro.
Shinjurō ahogó un grito cuando la shinai de Urokodaki le golpeó la cabeza, el mayor amenazó con rematar con un segundo golpe aprovechando la distracción de su alumno, pero al final optó por retroceder y hacer una reverencia pronunciada, agradeciendo el combate con ese gesto solemne.
Ambos espadachines pronunciaron sus reverencias y dieron salida a sus alumnos para que pudieran ir con sus invitados.
Urokodaki sonrió volviendo a su asiento, esta vez con Tanjiro también, y esperaron por la exhibición de artes marciales.
El mayor observó a Giyū en la distancia, hablando taciturno con el presidente estudiantil, asintiendo un par de veces antes de señalar al entrenador y hacer una leve reverencia.
—¿Por qué no se mueve así en el dojo?
La queja de Urokodaki hizo reír a Nezuko por lo bajo, pero Tanjiro compuso una sonrisa triste.
—No estamos a la altura.
Lo comprendía. Urokodaki comprendía lo que Tanjiro quería decir, y entendía perfectamente cuánto debía Giyū estar disfrutando aquel combate, dando todo de sí en cada golpe, llevando su cuerpo al máximo, respondiendo a un nivel en el que no había tenido que estar en mucho, mucho tiempo.
Eso no evitó que le propinara a Tanjiro un golpe en la nuca, haciendo a Nezuko reír todavía más.
—Entonces mejora. Deja de conformarte con tu nivel.
—Pero si me estoy esforzando mucho —musitó el muchacho sobándose el golpe, rezando porque Urokodaki no lo hubiera escuchado.
Al frente del Dojo, y ya con sus uniformes puestos, los estudiantes de karate se formaron en cuatro filas ordenadas, y Sanemi avanzó al frente del grupo.
Dedicó una mirada a Kanae, quien sonrió saludando tímidamente con una mano, y aunque el sonrojo en las mejillas de Sanemi fue evidente un segundo, al siguiente el muchacho ya le había dado la espalda al público para comenzar a calentar al grupo.
—¡Do!
El grito proferido, el puño hacia el frente, y luego todos los estudiantes imitando aquel gesto. No estuvo segura de cuál fue, aunque para Kanae, creer que lo que le había robado el aliento era en realidad el propio peliblanco no fue ninguna sorpresa.
—Ganbatte, Sanemi-kun —murmuró Kanae para sí misma, ganándose una mirada inquisitorial por parte de sus hermanas, quienes intercambiaron una sonrisa cómplice y entusiasmada.
