Alguien pidió epilogo y bueno, aquí está. ¡Disfrútenlo!
Gracias a Inverse L. Reena y Vinsmoke Ursidae, un enorme abrazo para ustedes.
Noche Alternativa
Quédate Conmigo
Epílogo
El día de la boda, Ichigo se mantuvo junto a ella en todo momento y no le soltó la mano ni dejó de jugar con sus dedos de manera distraída durante toda la fiesta. No se podían besar en público, pero cada vez que Ichigo quería, le daba un beso en el lado interno de la muñeca y le sonreía de manera ladina después de cometer esa fechoría.
Rukia se ponía completamente roja con cada beso porque Ichigo le prometió que todos esos besos se los regresaría durante la noche de bodas y que ella tendría que elegir en qué parte del cuerpo los quería. Rukia estaba llevando el conteo de los besos, aunque nunca lo admitiera, y solo podía imaginarse lo que pasaría en la habitación nupcial cuando llegara el momento.
La fiesta fue divertida pero en medio de la celebración, cuando el pastel ya había sido repartido y la mayoría de los invitados estaban ebrios, Rukia fue sacada del salón y llevada a una habitación separada para que las doncellas pudieran prepararla para su noche de bodas. La ropa había sido elegida por la reina y, siguiendo las costumbres de la primera noche de la familia real, Rukia usó un camisón y una bata de dormir tan blancas que parecían ser nubes en verano.
Hisana llegó entró a la habitación cuando Rukia ya estaba cambiada, y fue ella quien la acompañó por los pasillos hasta la habitación, tomando el lugar que en ese momento debería ocupar Lady Kuchiki. Se suponía la madre de la novia debía hacer ese recorrido y susurrarle secretos y consejos a la novia antes de que se consumara el matrimonio; también era una forma intima de despedir a una hija antes de que se transformara en esposa.
Cuando ambas llegaron a la entrada de la habitación nupcial, Hisana se le quedó mirando a Rukia con una expresión tan seria, que Rukia tuvo escalofríos.
— Se supone que la novia debe llegar virtuosa a la primera noche, pero tú te saltaste ese pequeño detalle. — La expresión seria de Hisana se suavizó hasta volverse una sonrisa cómplice que confundió a Rukia, quien se estaba preparando para recibir un regaño por no seguir las reglas y no esperar hasta esa noche. — Nosotros también nos saltamos esa parte, pero no se lo digas a nadie.
Rukia se sorprendió ante esa confesión por parte de su cuñada porque no podía creer que su hermano, el hombre recto y honorable, había adelantado su noche de bodas con Hisana. Mientras Rukia asimilaba aquella muestra de confianza y complicidad, su cuñada sacó un frasquito de vidrio ámbar tapado con un corcho y se lo entregó sutilmente antes de que ella entrara a la habitación, dejando a Rukia un poco más confusa.
— ¿Para qué es esto? — preguntó Rukia notando que el frasco contenía algo oscuro y espeso.
— Es sangre de gallina. —Explicó Hisana en un tono de voz que marcaba que aquello era secreto y confidencial.
Rukia casi dejaba caer el frasco de la impresión pero por fortuna, aquello no pasó.
— ¿Por qué me das esto?
— Por la mañana los sirvientes de la reina junto con un representante de las Deidades entrarán en la habitación y revisarán las sábanas. — La voz de Hisana se volvió prácticamente un susurro. — Tu virtud se puso en entredicho desde que se supo que su alteza te secuestró. Él juró ante las Deidades que no te había tocado esa noche, hubo testigos de ese juramento, pero aun así revisarán las sabanas por la mañana.
Rukia pasó su mirada del rostro preocupado de su cuñada al frasco con sangre.
— Debo manchar una sábana con esto y fingir que es mi virtud, ¿no es así?
— Así es. Ahora eres una princesa y no puedes tener más escándalos, tampoco puedes permitir que la legitimidad de tus hijos sea cuestionada porque habrá gente que querrá cuestionarla. — Hisana la tomó de las manos y luego la abrazó con fuerza. — Se fuerte y ten una vida feliz, Rukia. Es lo único que todos queremos para ti.
Rukia no supo que decir en ese momento, así que se limitó a abrazar con fuerza a su cuñada y le agradeció por sus palabras y por la sangre de gallina, prometiendo que sería lo primero que haría en cuanto Ichigo se durmiera.
Hisana se fue un momento después y Rukia finalmente entró a la habitación nupcial, quedándose muda de la impresión por lo hermosamente decorada que estaba y olvidando la plática reciente y todo lo que implicaba.
Dentro había cientos de rosas rojas y blancas, así como suficientes velas como para que ningún rincón de la habitación se quedase sin iluminar. Sobre la mesa, donde estaba el arreglo florar más grande de todos, había una jarra con vino, platos con comida y una fuente con postres de los que ella últimamente comía demasiados; también había una jarra con el licor dorado que Ichigo siempre solía beber.
Rukia sintió su estómago gruñir al ver los postres, así que tomó uno para comerlo mientras esperaba que llegara Ichigo y dejó el frasco con sangre en la mesa. Ella no podía cansarse de comerlos, aunque solo se podía comer tres antes de sentirse llena. Cuando estaba por comerse el segundo, la puerta de la habitación se abrió y entró Ichigo, con una sonrisa ladina en el rostro y usando ropa de dormir blanca como la de ella.
A él también lo habían preparado para esa noche.
— El blanco te sienta bien. — Susurró Rukia yendo a él para poder darle un beso en los labios con sabor a azúcar mientras Ichigo la sujetaba por la cintura. — ¿Cuándo pensabas decirme sobre el juramento que hiciste a las Deidades, esposo mío? ¡¿Ah?!
— Me gusta cómo suena cuando dices "esposo mío", esposa mía. — Ichigo se inclinó sobre ella y le dio un beso más. — Esposa mía, esposa mía, esposa mía. Finalmente lo puedo decir sin temor a que me corten el cuello.
Rukia se rió por ese último comentario, dándole un pequeño golpe en el pecho de manera suave y juguetona.
— Tonto.
Ichigo se rió por eso y le dio un nuevo beso en los labios, haciendo que ella se pusiera de puntas solo para disfrutar mejor aquél beso.
Rukia se sentía feliz de que finalmente pudieran dejar de esconderse. Se suponía que llevaban más de dos meses casados pero ella no podía referirse a él de esa manera a menos que estuvieran solos o podrían meterse en problemas y desatar un nuevo escándalo. Y ellos ya habían tenido su buena dosis de escándalos en su vida.
— No pensaba decirte. — Admitió y Rukia lo miró con los ojos entrecerrados, exigiendo una explicación a esas palabras. — Pensaba hacerte el amor hasta que cayeras rendida y luego me encargaría de manchar las sabanas con mi sangre.
— ¿Ah sí? — Rukia aún seguía abrazada a él, con las manos sobre los hombros de su esposo y disfrutando de ese aroma que emanaba de él, el cual siempre le había gustado. — ¿Eso planeabas hacer? Pero según recuerdo, las veces que hemos estado juntos nunca me he quedado dormida.
Después de esa pequeña oración, Ichigo sonrió de esa manera que a ella le encantaba y luego deslizó sus manos por sus caderas para poder acercarla a él todo lo posible. Rukia soltó un pequeño jadeo y sintió toda su piel erizarse en ese momento.
— Es porque me estaba conteniendo. Podían descubrirnos por lo que todo era suave y lindo pero ahora eres mía para besar, tocar y hacer gritar de placer en una cama, esposa mía.
Rukia no tuvo tiempo de responder a esa afirmación porque Ichigo la besó y en menos tiempo del que ella había imaginado, ya estaba en la cama sintiendo toda su sangre arder por la pasión y el deseo que provocaba Ichigo en ella.
El palacio en la colina era gigantesco, tenía pasillos y escaleras que parecían llevar a todos lados y a ninguno, y tantos salones y habitaciones que era fácil perderse si no se tenía cuidado al caminar. A Rukia le encantaba y lo primero que hizo cuando ellos estuvieron instalados en el lugar fue incitar a Ichigo a jugar a las escondidas con ella; ella era pequeña y fácilmente se podía esconder en cualquier lugar, por lo que ganó todas las veces e Ichigo tuvo que sufrir el castigo por perder.
Ese fue el regalo de bodas del rey, permitirles una temporada en ese palacio para que pudieran disfrutar de su luna de miel.
Varios días después de que llegaron al lugar, Ichigo le sugirió que fueran a pasear por el bosque y que pasaran la noche en un pequeño claro que había cerca, pero antes de que Rukia siquiera pudiera salir de la habitación día del paseo, sintió el desayuno regresar a su boca y tuvo que correr en búsqueda de un jarrón que pudiera contener el desayuno que se negaba a quedarse en su estómago.
Ichigo inmediatamente fue tras ella, preocupado porque era la primera vez que la veía vomitar y porque no sabía qué hacer para ayudarla más que frotar su espalda y sostener su cabello.
— Creo que el desayuno me hizo daño. — Comentó Rukia cuando se había lavado la boca para quitar el sabor amargo del vómito. — Cuando lo sirvieron sentí un olor extraño pero no le tomé importancia.
— Pediré que revisen mejor la calidad de la comida. — Prometió Ichigo, sentándose junto a ella y abrazándola de manera reconfortante. — Acamparemos otro día, ahora pediré que llamen a un médico para que te revise.
— No creo que sea nada, no quiero arruinar la luna de miel. — Rukia lo sostuvo de la mano para evitar que él se levantara.
— No arruinarás la luna de miel, mi amor. — Ichigo le besó la mano. — Solo quiero estar seguro de que la comida no te hará más daño. Deja que llame un médico.
Rukia no quería que la revisara un médico desconocido, pero Ichigo parecía bastante preocupado así que tuvo que ceder a la idea de llamarlo. Le preocupaba la idea de que ella pudiera arruinar de alguna manera los pocos días que quedaban de su luna de miel solo porque la comida le hizo daño. Sin embargo, cuando Ichigo pidió que llamaran a un médico, le informaron que el único médico del pueblo había acudido a un llamado a un pueblo cercano y no sabían cuando volvería. Rukia se sintió agradecida porque no sería revisada por un médico extraño, pero Ichigo se tornó más protector con ella, cosa que Rukia disfrutó mucho durante esos días.
Regresaron a la capital un par de días antes del cumpleaños de Kaien, Ichigo estaba preocupado porque Rukia parecía haberse enfermado de algo durante el viaje y no había podido hacer que un médico la revisara, pero al llegar al Palacio Real los recibió la sorpresa de que Miyako estaba en trabajo de parto desde la mañana.
Ichigo solo alcanzó a darle un beso a su esposa antes de ser arrastrado por su hermano a la antesala de la habitación de Miyako, donde también estaba el rey pendiente de la situación.
Ichigo estaba feliz por Kaien, quien estaba dando vueltas de un lado a otro en la antesala de la habitación donde estaba Miyako siendo atendida por las parteras y desde donde se podían escuchar los gritos de ella mientras trataba de traer al mundo al primogénito de Kaien.
— Lleva así toda la mañana, ¿Cuánto más va a tardar? — Kaien se estaba mordiendo las uñas por los nervios y la desesperación. — ¿Y si le pasa algo? Padre, que hago si...
Kaien no terminó de hablar porque el rey lo tomó de los hombros para detenerlo y llamar su atención, incluso lo sacudió un poco para que espabilara.
— Así es esto. Miyako estará bien y tu hijo o hija también estará bien. — Isshin trataba de darle un poco de serenidad para que se tranquilizara un poco. — Cuando tú naciste, tu madre pasó toda una noche y una mañana en ese estado. Cómo eras el primero te tomaste tu tiempo antes de nacer, así es con tu hijo. Nacerá cuando sea el momento.
Ichigo escuchaba a su padre hablar con Kaien y de nuevo pensó en Rukia embarazada. Él quería tener hijos con su esposa, deseaba mucho tenerlos pero su esposa era pequeña y menuda, y el solo imaginarse que ella pasara todo un día tratando de dar a luz, lo hizo sentir escalofríos.
Mientras escuchaba los gritos de Miyako a la distancia y veía la desesperación de Kaien, Ichigo llegó a la conclusión de que hablaría con su esposa sobre ese tema.
Rukia estaba dentro de la habitación de Miyako junto con la reina Masaki. Ellas le estaban haciendo compañía a Miyako para que no se sintiera sola, aunque Rukia estaba nerviosa de estar ahí porque nunca había presenciado un parto.
Las parteras tenían todo preparado y estaban revisando el tiempo entre contracciones para asegurarse de no hacer pujar a Miyako antes de tiempo y dañar el bebé. Miyako estaba sudando, estaba despeinada y tenía la cara roja, apretaba los dientes y aguantaba la respiración cuando tenía una contracción, pero cuando esta pasaba, Miyako parecía sonreír. Rukia no lo podía entender. No sabía por qué Miyako sonreía a pesar de estar sintiendo tanto dolor.
— Lo veo. Ya viene. — Habló la partera que estaba entre las piernas de Miyako, haciendo que las demás se pusieran alertas. — Su alteza, la próxima vez que sienta las contracciones, puje sin detenerse. Pronto tendrá a su bebé en brazos.
Miyako asintió a la orden de la partera y apretó fuertemente la mano de Rukia y de la reina, tomándolas como apoyo para poder pujar en el momento oportuno.
Mientras veía todo lo que estaba pasando, Rukia recordó lo que se sintió la primera vez que hizo el amor con Ichigo, lo doloroso que fue para ella aquella vez por lo estrecha que era, y cerró las piernas casi de inmediato ante la idea de que un bebé pasara por ahí. Ella quería tener hijos con Ichigo, había pensado que sería algo lindo el tenerlos, pero después de ver lo que estaba sufriendo Miyako, consideró mejor aquello y llegó a la conclusión de que hablaría con su esposo para posponer un poco el tener a su primer hijo.
Poco tiempo después, Rukia escuchó como el llanto de un bebé llenó la habitación y luego muchas voces cargadas de felicidad por el nacimiento del bebé de la princesa heredera. Miyako soltó la mano de Rukia y se dejó caer sobre los cojines que estaban acomodados en su espalda, ella estaba cansada pero tenía una enorme sonrisa en los labios.
— ¿Qué es? — Preguntó Miyako en un jadeo sin perder la sonrisa. — ¿Está sano?
— Lo hiciste bien. — Comentó la reina Masaki mientras le secaba el sudor de la frente a Miyako y le dedicaba una sonrisa maternal. — Tu bebé está sano, ¿lo escuchaste llorar? Tiene unos fuertes pulmones.
Miyako asintió a lo que dijo la reina y un par de minutos después, mientras recuperaba el aliento por todo lo que había pasado, una de las parteras le entregó a su bebé en brazos, limpio y cubierto con una manta calentita. El bebé era pequeño, tenía la piel pálida y arrugadita, y una mata de cabello negro sobresalía de entre la manta.
Rukia no podía creer que ese bebé tan pequeño hubiese estado dentro de Miyako, pero se sintió feliz al ver la sonrisa en el rostro de Miyako al alimentar por primera vez a su bebé.
— ¿Qué es? — Preguntó la reina, ansiosa y feliz por ver a su primer nieto.
— Es un niño, su majestad. La princesa Miyako ha dado a luz a un niño.
La felicidad se reflejó en el rostro de la reina y de nuevo volvió a ver al bebé que comía de su madre. Miyako también estaba feliz y Rukia pudo escuchar como ella le susurraba una canción de cuna al bebé.
Rukia no entendía como la expresión de cansancio, dolor y sufrimiento se habían desvaneció del rostro de Miyako y solo había felicidad. Una que Rukia nunca creyó ver en el rostro de una persona hasta ese momento.
Un par de días después de su llegada y del nacimiento del pequeño príncipe, a quien habían nombrado Yukio, Rukia fue invitada por la reina Masaki para tomar el té de la tarde. Ella estaba ansiosa por platicar con la reina porque siempre era agradable pasar tiempo con ella, pero no pudo llegar a la cita porque a solo un par de metros antes llegar a la habitación de la reina, sintió un mareo repentino y luego se desmayó.
Al recuperar la conciencia, Rukia notó que estaba en la cama de la reina y que la reina estaba junto a ella con una expresión preocupada. La reina rápidamente ordenó que llamaran a la doctora y Rukia repentinamente se sintió pequeña y asustada aunque no podía decir cuál era la razón de aquél sentimiento.
— Rukia, estuve hablando con tu doncella y ella me dijo que no te has estado sintiendo bien desde el día de la boda, ¿por qué no me lo dijiste antes? — La voz de la reina reflejaba lo preocupada que estaba y Rukia se sintió un poco culpable por no haber comentado eso antes. — También me dijo que no te ha revisado un médico.
— Pensé que eran nervios por la boda, no pensé que estuviera enferma de verdad. — Confesó Rukia mientras se sentaba en la cama, procurando no hacer movimientos repentinos para evitar algún mareo.
— ¿Y en la luna de miel?
— Pensé que la comida me había hecho daño. — Rukia inmediatamente siguió hablando antes de que la reina la regañara por ser negligente con su salud. — Ichigo llamó a un doctor pero este no se encontraba en el pueblo, así que decidimos regresar al palacio pero al llegar la princesa Miyako estaba dando a luz y se me olvidó visitar a la doctora.
La reina asintió, conforme con su explicación, y Rukia se sintió un poco menos regañada.
La doctora llegó unos momentos después y empezó a preguntarle sobre sus síntomas. Rukia empezó a decirle todo, desde el día en que empezó a sentirse mal hasta el desmayo, y la doctora solo asentía despacio sin despegar la vista de ella hasta que ella terminó de hablar.
— Y bien, ¿qué tiene? — Preguntó la reina, completamente preocupada por la salud de Rukia.
— Su majestad, si no fuera porque la princesa Rukia lleva poco tiempo de casada, podría jurar que ella está embarazada.
Rukia escuchó el diagnóstico de la doctora y estuvo casi segura que la reina dijo algo, pero Rukia no escuchó nada después de la palabra "embarazo". Inmediatamente se llevó las manos al vientre, el cual estaba un poquito más protuberante de lo habitual porque ella pensaba que estaba engordando por comer mucho, y empezó a pensar en qué momento se pudo haber embarazado.
La idea de estar embarazada la asustaba pero el mismo tiempo se sentía feliz y emocionada porque tendría un hijo de Ichigo. Era algo contradictorio pero que se sentía bien dentro de su corazón.
— ¿Cómo puedo saber si estoy embarazada? — Preguntó Rukia haciendo que la doctora y la reina guardaran silencio.
— Hay una prueba que se hace para saber si una mujer está embarazada, pero no creo que…
— Me la haré. — Rukia interrumpió a la doctora. — Haga esa prueba, necesito saber si estoy embarazada.
La doctora volteó a ver a la reina, quien asintió dando su autorización para proceder, y luego salió de la habitación dejando a la reina y a Rukia a solas. La reina Masaki se sentó en una silla junto a la cama y se le quedó mirando a Rukia con una expresión más seria de la habitual.
— Rukia, ¿tienes algo qué decirme? — preguntó la reina con una calma que a Rukia le heló la sangre.
En cuanto toda la emoción por el nacimiento del hijo de Kaien se había calmado un poco, Ichigo fue arrastrado al trabajo nuevamente. Había cosas que él tenía que atender de manera personal al ser el Comandante del Reino, por lo que pasar mucho tiempo junto a su esposa le había resultado imposible.
Todos los días le enviaba un par de flores bonitas y una pequeña tarjera deseándole buenos días, y ella la regresaba enviándole un par de dulces y una tarjera con un mensaje similar. Se veían para el almuerzo pero nada más, por lo que cuando Ichigo finalmente logró terminar todo el trabajo acumulado, fue inmediatamente a la habitación de su esposa para pasar tiempo con ella.
Almorzaron juntos y él aprovecho el momento para descansar en el regazo de ella mientras sentía como los dedos de su esposa le peinaban el cabello de forma distraída. Ichigo no podía negar lo mucho que disfrutaba las atenciones de Rukia y se reprendía a sí mismo por haber sido un idiota y no darse cuenta de las cosas en el momento adecuado.
— No sé cómo pude perderme esto antes. — Susurró Ichigo, levantando una mano para acariciar la mejilla de su esposa. — Fui un tonto.
— Lo fuiste. — Respondió Rukia, inclinándose sobre él para darle un suave beso en los labios. — Pero ahora eres mío y si veo que alguien intenta acercarse a ti, la voy a arrojar por el acantilado. La poción de amor fue demasiado costosa como para que alguien más te robe de mí.
— ¿Ah sí? ¿Usaste una poción de amor? — Preguntó Ichigo divertido, evitando que el rostro de su esposa se alejara de él solo porque quería volver a besarla. — ¿Cuándo la usaste? No me di cuenta.
— Ese es mi secreto. — Rukia le dio un beso más y luego lo tomó de la mano. — Ichigo, tengo algo importante que decirte. No es nada malo, creo… pero…
Ichigo estaba a punto de preguntarle a su esposa qué estaba pasando cuando alguien tocó la puerta de la habitación, interrumpiendo el momento. Inevitablemente soltó una maldición por la interrupción, pues él sabía que la doctora había revisado a su esposa unos días atrás y la idea de que ella estuviera muy enferma le asustaba, pero antes de que él pudiera decirle a la sirvienta que se fuera, la puerta de la habitación se abrió y entró su madre.
— Que bueno que los encuentro aquí, a ambos, así podré regañarlos al mismo tiempo por ser un par de imprudentes. — Habló la reina mientras la puerta de la habitación se cerraba a sus espaldas.
La reina estaba molesta e Ichigo se levantó como un resorte del regazo de su esposa y se acercó a su madre para saludarla, pero la reina le dio un pequeño manotazo en la cabeza. No fue muy doloroso, pero Ichigo se sintió confundido por aquella pequeña agresión.
— Madre, ¿Qué pasa? — preguntó Ichigo mientras se frotaba la cabeza como un reflejo por aquél golpe. — ¿Qué hicimos para que estés tan molesta?
Rukia estaba a su lado, sujeta de su brazo y oculta detrás de él porque todo mundo sabía que la reina, cuando se enojaba o alguien la hacía enojar, era peligrosa. No era como si les fuera a hacer daño a ellos, pero los manotazos dolían.
— ¿Qué me pasa? ¡¿Qué me pasa?! — Preguntó la reina con una expresión que le hizo sentir a Ichigo un escalofrío recorrerle la espalda. — Creí que había criado a un hijo decente y responsable, pero me equivoqué. Ahora tenemos que lidiar con otro escándalo, ¿no se cansan de estar siempre en la boca de la gente?
— Madre, por el amor a las Deidades, dime qué está pasando porque no te estoy entendiendo. — Ichigo intentó acercarse un paso a su madre pero su esposa se lo impidió, como si tuviera miedo de que de nuevo lo golpeara en la cabeza. — ¿De qué escandalo hablas?
La reina estaba a punto de decir algo, incluso había levantado una mano para señalarlos a ambos, cuando el rey ingresó a la habitación con una expresión de felicidad absoluta y se acercó a ellos para abrazarlos con fuerza, a ambos, al mismo tiempo.
— ¡Las Deidades son tan buenas con nosotros! — Dijo el rey completamente feliz, dejando a Ichigo confundido y paralizado al igual que Rukia, que tampoco entendía lo que estaba pasando. — Primero nos bendicen con un fuerte y saludable nieto, y ahora nos bendicen nuevamente permitiendo que nuestra familia crezca un poco más con otro nieto más. Estoy tan feliz por ustedes.
— ¡Isshin! — La reina llamó la atención del rey, que parecía no querer solar a Ichigo y Rukia en ese momento. — ¡Estoy intentando regañarlos por ser irresponsables y tú vienes y los felicitas!
El rey soltó a Ichigo y Rukia solo para ir con la reina y tomarla de la mano, haciendo que la mano de ella descansara sobre su corazón.
— ¿Mi reina, no puedes estar feliz por una noticia tan maravillosa como esta? ¡Nuestros hijos están creciendo y tienen su propia familia! — La reina lo miraba como si no pudiera entender por qué el rey estaba tan feliz en un momento como ese. El escándalo cuando se supiera del embarazo de Rukia sería descomunal. — Primero Kaien y Miyako nos dan un hermoso nieto, y ahora Ichigo y Rukia están esperando un hijo también. ¿No te emociona que habrá pequeños niños corriendo por el palacio y los jardines llenando todo de vida?
— Isshin, la gente va a empezar a hablar sobre…
Ichigo dejó de escuchar lo que decía su madre y volteó a ver a Rukia, quien lo miraba con una sonrisa nerviosa y culpable, como si la hubiesen atrapado en una travesura. Él no podía creer lo que estaba escuchando pero la emoción de saber que sería padre lo hizo sonreír casi de inmediato.
— Es… ¿es cierto? — La pregunta le salió en un tartamudeo mientras acercaba sus manos temblorosas al vientre de su esposa y alternaba la mirada entre su rostro y su vientre. — Estas… estas…
— ¡Sorpresa! — Rukia tomó la mano de Ichigo y la hizo colocarla sobre su vientre, olvidando que el rey y la reina aún seguían en la habitación. — De esto quería hablarte. Creo que fue en la noche de bodas, en la cabaña. No pensé que fuera así de rápido pero…
Ichigo no se contuvo más y besó a su esposa con una felicidad creciendo dentro de él que no se podía describir. Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que se le saldría del pecho. Se sentía que había sido bendecido por las Deidades a pesar de todos los errores que había cometido.
— Gracias, esposa mía. — Susurró Ichigo, abrazándola con fuerza y sintiendo como ella lo abrazaba de regreso con la misma intensidad. — No sabes lo feliz que me haces.
— Yo también estoy feliz, esposo mío. — Rukia se liberó del abrazo para mirarlo a los ojos. — Ahora tienes que cuidarnos a los dos y…
— Ejem… — La reina se aclaró la garganta, recordándoles que ella y el rey aún seguían ahí. Ichigo y Rukia se separaron rápidamente, con la cara roja por la vergüenza de haberse olvidado de que el rey y la reina estaban ahí. — ¿Nos pueden explicar que es eso de "noche de bodas en la cabaña"?
Ichigo soltó una maldición silenciosa, puso a su esposa detrás de él porque su instinto protector se hizo más fuerte al enterarse que sería padre, y comenzó a explicar todo lo que había pasado antes de la boda.
Media hora después, Ichigo y Kaien estaban siendo regañados por la reina, recordándoles que ellos no eran como la gente común, que debían seguir ciertas reglas debido a su estatus de nacimiento y casi los acusa de llevar el reino a la destrucción por haberle ocultado que Ichigo y Rukia se casaron en secreto.
Mientras tanto, el rey ordenó repartir dulces y monedas a los habitantes del palacio para celebrar que una de las princesas estaba embarazada.
Todos los días después de que la noticia de su embarazo se supiera, Ichigo iba hasta el Palacio de las Rosas, le daba un beso a ella y otro a su vientre que poco a poco se empezaba a mostrar abultado, y se iba a cumplir con sus obligaciones del día. Cuando la doctora y la partera consideraron que no había problema en que ella compartiera la coma con Ichigo, ella pasó el resto del embarazo en la habitación de él.
Durante el invierno, él la abrazaba y ponía una de sus manos sobre su vientre, dándole pequeñas caricias que Rukia sentía demasiado agradables. Ella sentía que su corazón no podía contener tanta felicidad y al mismo tiempo, sentía que se hacía más grande a medida que su bebé crecía dentro de ella solo para poder conservar esa felicidad dentro.
La primera vez que sintió al bebé dentro de ella moverse, se asustó. Ese día había ido con Miyako al templo de las Deidades a rezar a la Madre, cuando sintió un pequeño cosquilleo en su vientre y llevó de manera inmediata su mano a ese lugar. A ese cosquilleo le siguió otro, un poco más fuerte, como si fuera un cólico, y el miedo se reflejó en su rostro de inmediato.
Miyako inmediatamente que ella estaba asustada, le hizo un par de preguntas y le explicó lo que estaba pasando.
— Las Deidades le han dado un alma. — Susurró Miyako mientras acariciaba el vientre de Rukia en donde ella había sentido ese cosquilleo. — Tu bebé está despierto.
Rukia se emocionó tanto que un par de lágrimas escurrieron de sus ojos mientras sentía que su corazón se hinchaba de felicidad. Miyako la abrazó y la acompañó de regreso al palacio mientras le contaba cómo fue la primera vez que ella sintió a su bebé moverse dentro.
En la noche, cuando Ichigo regresó a la habitación después de bañarse para quitarse el sudor del día, Rukia le contó lo que había pasado durante el día y como su bebé había empezado a moverse dentro de ella. La sonrisa en el rostro de Ichigo fue contagiosa pero cuando él intentó sentir al bebé, este no se movía.
— Debe estar dormido. — Susurró Rukia, acariciando la mano de Ichigo. — Cuando despierte te lo haré saber.
Ichigo asintió y le dio un beso en el vientre, le susurró un par de palabras y luego la besó. Rukia no podía sentirse más dichosa que en ese momento.
Rukia entró en labor de parto en la tarde, mientras tomaba el té con la reina y con Miyako. Primero comenzó con un pequeño dolor entre las piernas, hubo un descanso y luego otro, hasta que poco a poco se intensificó haciéndola apretar los dientes. Para ese momento ella ya estaba instalada en su propia habitación y se había llamado a las parteras, quienes la revisaron para saber qué tan lista estaba para dar a luz.
En cuanto Ichigo se enteró, dejó todo lo que estaba haciendo y fue a verla, quedándose con ella todo el tiempo que las parteras se lo permitieron hasta que lo hicieron salir de la habitación y entraron la reina e Hisana para brindarle apoyo. Ichigo no quería irse pero fue obligado por su madre, quien le recordó que aquello era cosa de mujeres.
En ese momento, Rukia recordó lo que había visto en el parto de Miyako y se asustó, pero su cuerpo estaba haciendo el trabajo y ella solo podía apretar los dientes con cada contracción. Fue también en ese momento que entendió por qué Miyako estaba sonriendo a pesar de sentir un dolor tan fuerte como ese, y era por la emoción de que pronto podría conocer a ese pequeño ser que había estado creciendo dentro de ella, quien la hacía dormir poco y comer cosas dulces de vez en vez.
La emoción no daba cabida al miedo y solo se preocupaba de seguir las instrucciones de la partera cuando le dijo que era tiempo de empezar a pujar.
Ichigo no dejaba de dar vueltas en el pasillo frente a la habitación de su esposa, estaba nervioso y los gritos de Rukia del otro lado de la puerta solo lo hacían ponerse más tenso. Su padre estaba ahí al igual que Kaien, Byakuya y Lord Kuchiki, esperando que alguien saliera de la habitación y dijera algo.
— Está tardando demasiado. — Murmuró Ichigo después de que escuchó que Rukia gritaba de dolor. — Seguro lo están haciendo mal. Necesito estar con ella.
Su padre se apresuró hasta él y lo detuvo, diciéndole que debía intentar calmarse y dejar que las parteras hicieran su trabajo, pero Ichigo no podía calmarse. Necesitaba entrar y saber cómo estaba su esposa.
— Ichigo, no me hagas amarrarte a una silla. — Lo amenazó Kaien en un tono bastante serio. Ichigo estuvo a punto de replicar ese comentario cuando cayó en cuenta de que él había hecho un comentario similar el día que nació el hijo de Kaien y se sentó en una de las sillas que los sirvientes habían llevado para ellos. La expresión seria de Kaien pasó a una más relajada y le dio un par de palmadas en la espalda. — Todo va a estar bien. Pronto estarás con tu esposa y tu hijo, así que trata de relajarte.
— Lo intento pero…
En ese momento llegó desde el otro lado de la habitación el sonido del llanto de un bebé e Ichigo se levantó de inmediato de su asiento. Kaien se apresuró para tomarlo del brazo y evitar que entrara a la habitación en ese momento, justo como lo había hecho el rey con él cuando nació su hijo.
— Espera a que salga la partera, este primer momento es de ellos. — Le habló su padre, quien tenía una enorme sonrisa al momento de felicitarlo por convertirse en padre. — Ahora no solo debes de cuidar y proteger a tu esposa, sino también a ese bebé que está ahí adentro. No importa si es niño o niña, debes amarlo y cuidarlo por igual.
Ichigo se quedó mirando a su padre, recordando que esas mismas palabras le había dicho a Kaien antes de permitirle entrar a ver a Miyako y a su bebé, y asintió casi de manera solemne. Su padre le dio un par de palmadas en la espalda justo en el momento en que se abría la puerta y la partera le permitía entrar a la habitación para ver a su esposa y conocer a su hijo.
Cuando entró, lo primero que vio fue a su esposa con una apariencia cansada pero con una enorme sonrisa en los labios mientras sostenía esa pequeña bolita de mantas contra su pecho. En cuanto ella levantó la mirada hacia él, el resto del mundo dejó de existir.
— Ven, conoce a nuestra hija. — Susurró Rukia, y como si la voz de ella fuera un imán, Ichigo se acercó a ambas tan rápido como le era humanamente posible. Su sonrisa era tan grande y se sentía tan feliz, que le dio un par de besos a su esposa antes de ver por primera vez a su hija, que estaba dormida junto al pecho de su madre. — Cárgala.
Ichigo no sabía cómo sostener un bebé pero hizo lo mejor que pudo en ese momento, dándose cuenta de que su hija era tan pequeña que se acomodaba en uno de sus brazos como si fuera una cuna. La niña tenía la piel pálida y arrugadita, como todos los bebés, pero tenía el cabello de un color naranja oscuro, no como el de él que brillaba con el sol y lo delataba donde fuera que estuviera, sino uno bonito.
— Quiero que se llame Hikari. — susurró Ichigo sin dejar de ver a la bebé que dormía cómodamente entre sus brazos. — Significa "Luz". Si tenemos otro hijo, tú eliges su nombre.
— ¿Otro más? — Preguntó Rukia bastante escandalizada. — Acaba de nacer nuestra hija, ¿y ya quieres otro hijo?
— No lo quiero ahora, tal vez en un par de años. — Rukia se relajó en ese momento y se recostó sobre las almohadas, cerrando los ojos por un momento. Ichigo se sentó junto a ella, cuidando de no mover mucho a la bebé en sus brazos, y le dio un beso en la mejilla. — Gracias por quedarte conmigo.
Rukia lo miró con una sonrisa y se acomodó a su lado para descansar un poco.
— Tonto, ¿A dónde iría si no es contigo? — Preguntó Rukia en un susurro. — Te amo.
— Yo te amo más, mi princesa.
Ichigo dijo aquello y le dio un nuevo beso en la cabeza a su esposa, sintiéndose feliz y agradecido de que la mujer que tenía su corazón le había entregado el suyo, y además le hubiese dado una pequeña familia propia.
En silencio, mientras veía a su esposa y a su hija dormir, juró sobre su alma que viviría por ellas y para ellas, para proteger lo que él consideraba lo más sagrado en su vida.
¡Nos vemos!
