Durante dos años Crocodile se ganó lenta pero sistemáticamente la confianza de Cobra, el Alpha se había vuelto loco por él tan solo con verlo, Cobra lo deseaba y Crocodile lo sabía, usando eso a su favor para infectar el reino de Arabasta.
Odiaba lo mucho que el hombre abandonaba a su pequeña hija por permanecer a su lado, fue una de las razones por las que no se decidió a meterlo a su cama, sabiendo que eso le allanaría mucho el camino a su objetivo. Era un hombre adulto, hecho y derecho que disfrutaba el sexo, antes con Dragón y ahora con algún amante ocasional que invitaba a su cama, pero ninguno había sido profundo o permanente. Pero el desinterés por la niña cuando él aparecía, era lo que le molestaba, él daría su otra mano por la oportunidad de pasar un día con su hijo. Por tener la oportunidad de ser amado de la manera en que la pequeña princesa amaba a su padre.
Ese año también fue nombrado Shichibukai, mientras eso pasaba East Blue fue recorrido de punta a punta por los hombres de confianza de Crocodile, fue en la isla Dawn, en el reino de Goa, en una pequeña villa llamada Foosha, dónde el Vicealmirante Garp solía pasar vacaciones periódicamente que Daz Bones encontró la pequeña esperanza.
Tres niños huérfanos que vivían bajo el cuidado de una joven mujer, tres niños que tenían la misma edad que el pequeño al que buscaban y tres niños que podrían levantar o tirar por tierra el ánimo de su capitán.
Crocodile había partido rumbo a la isla nada más tener la confirmación, nada le importaba más que cerrar esto, pero también fue convocado como Shichibukai y debía presentarse, si su hijo estaba vivo, ambos necesitaban la protección de ese título. Así que a pesar de sus deseos primarios de correr y buscar eso que le habían arrebatado hacia ya casi tres años, se dirigió a la maldita reunión para asegurarse un estatus para poder proteger mejor a su pequeña plaga.
Daz se acercó y revistió el cuerpo de su jefe con feromonas alpha agresivas, el aroma intimidaría a los demás alphas en esa reunión. A Crocodile le gustaba Daz, era leal y estaba al lado del Crocodile porque ambos sabían lo que era perder lo que más se amaba.
—¿Estás bien?– preguntó el alpha con cara adusta.
Entre ellos no había nada más allá que la bandera del mismo dolor, el omega embarazado de Daz había sido asesinado antes de que siquiera pudiera traer a su primer cachorro a la vida, Crocodile había atrapado al responsable y lo había arrastrado frente a Daz, desde entonces ellos habían estado juntos, sintiendo que los unos un lazo fraternal invisible.
—Estoy bien, solo estoy pensando, más bien deseando acabar con esto e ir a Dawn– suspiró Crocodile, apoyándose contra la barandilla. —Mañana mi hijo cumpliría tres años… si todo sale como espero… será el último año de esta maldita incertidumbre.
—Nadie tiene derecho a hacer pasar a un padre por esto...– apretó los labios con ira por la crueldad de la situación, incluso ahora que tenían una pequeña pista sólida, no se le permitía a Crocodile correr para encontrar ese pequeño tesoro.
Debía ir a una maldita reunión para poder tener un título miserable que le diera estabilidad a su hijo si lograban encontrarlo.
Daz le apretó el hombro pero no dijo nada. Solo permitió que Crocodile se sintiera acompañado.
Crocodile apenas prestaba atención, mientras el hombre cabra explicaba por qué fueron convocados.Les mostró las últimas recompensas y les habló de las mayores amenazas piratas.
Como si eso tuviera alguna importancia para el hombre de arena, el quería irse, poder partir rumbo a la isla Dawn y tal vez encontrar por fin paz, pero no, estaba allí bajo el escrutinio de un hombre rubio frente a él, un Alpha sin duda.
—De ahora en adelante, Sir Crocodile es el nuevo Shichibukai…– terminó por fin Sengoku, para alivio de Crocodile, que estaba ya un poco nervioso por la ferocidad de las feromonas Alpha que estaba dejando salir, a ese ritmo, el camuflaje de las feromonas de Daz iba a caer y se darían cuenta de su casta.
Así que intentó salir después de Sengoku, pero no pudo moverse de su sitio, se daba cuenta de que ninguno de los otros Shichibukai tenían la intención de moverse, era una guerra de voluntades y él no podía parecer el eslabón débil, no si quería recuperar a su pequeña plaga. No si quería darle un lugar seguro.
La mujer era omega, igual que él revestida de feromonas y sintió simpatía por ella, él mejor que nadie sabía lo rudo, frío y cruel que debías ser para que no se aprovecharán de tu casta, ella aún se veía tan joven, una niña con demasiado peso sobre sus hombros. Lo que temía Crocodile era que igual que a él, las feromonas agresivas del monstruo rosado, tumbaran su tapadera. No es que le importara, pero imaginar a su hijo en una situación similar, sin un escape posible le daba náuseas.
Impregnó sus propias feromonas omega en una nube de arena que diseminó bajo la mesa de reuniones, aplacando un poco la tóxica agresión de las del Alpha.
—Sir Crocodile– rodó el nombre en su boca, letra por letra fue obscenamente acariciado.
Era como si ese monstruo rosa lleno de plumas supiera lo que estaba ocultando y le gustará aquello como un juego retorcido.
Crocodile le dirigió una mirada indiferente, mientras soltaba el humo de su puro, de manera lacónica, como si le aburriera sobremanera aquella situación.
—Ya no hay nada aquí que sea de mi interés– dijo la niña pirata mientras salía con el aire de una reina, pero Crocodile se dio cuenta de la pequeña mirada furtiva que le dio antes de irse.
El Alpha del abrigo rosa espero a ver si alguien más tenía el sentido común de irse, pero al parecer no fue así, tomando eso en cuenta hablo de nuevo.
—Mi nombre es Donquixote Doflamingo y harías bien en no olvidarlo– se inclinó hacia Crocodile, obligando al de cabello negro a echarse atrás por instinto.
Crocodile ocultó su irritación en una mirada desprovista de emociones.
—¿Por qué tendría alguna intención hacerlo?– no veía ninguna relevancia de recordarlo, ellos no tenían porque coincidir de nuevo más que en la próxima reunión de Shichibukais.
—Porque planeo llevarte esta noche a mi cama.– se relamió los labios como si se le hubiera puesto frente a un plato delicioso y de su gusto personal.
Crocodile casi cercena su puro al oír aquello sin ningún tipo de vergüenza por parte de ese alpha descarado.
El chirriante sonido del arrastrar de las patas de las sillas y la manera como los demás hombres abandonaban la habitación murmurando que aquello era tan desagradable que preferían largarse, le dio a Crocodile la pauta para también intentar una fuga ahora.
—Eso no va a pasar, ni está noche ni nunca– bufó Crocodile.
Doflamingo sonrió como si hubiera ganado esa partida.
—¿No te has dado cuenta entonces?
Crocodile se puso de pie.
—Me voy.– dijo con indiferente frialdad, ese hombre estaba hablando de algo que a él se le estaba escapando y eso no le gustaba.
—Oh, no te vayas,– pidió Doflamingo. —Eres demasiado bueno para asustarte con tan poco.– levantó la mano y curvó los dedos en ángulos precisos.
Crocodile se detuvo, su cuerpo se puso rígido como si algo hubiera tomado el control.
Doflamingo movió los dedos y Crocodile se acercó a él en contra de su voluntad. En ese momento supo lo que estaba pasando, empequeñeció los ojos y se dejó arrastrar sin armar escándalo. Eso llameo la curiosidad del Alpha, pero le gustó, odiaba cuando sus marionetas gritaban y lloriqueaban suplicando sin entender lo que les pasaba a sus cuerpos, su compañero no era solamente perfecto en el sentido físico para él, sus proporciones, venían acompañadas de temple, cerebro y poder probablemente ya que también era un Señor de la Guerra.
—¿Por qué no me estás suplicando por tu libertad?– acarició con su pulgar la mejilla de su compañero.
Crocodile rodó los ojos como si hablara con un niño. Dejo que su cuerpo se volviera arena. Agitándose suavemente se reincorporo junto a la puerta de salida.
—No tengo la costumbre de suplicar a nadie por absolutamente nada– se encogió de hombros y salió de allí.
Doflamingo estaba riendo como loco por ello, poderoso, inteligente, indomable y único, oh sin duda la naturaleza lo había hecho perfecto, le había dado un compañero digo de ser su reina.
Crocodile esperó en la cubierta del barco de la Marina a que zarparan, no se le había permitido llegar en su propio barco a ninguno de ellos y eso había puesto nerviosa a su tripulación, pero él en ese momento no tenía cabeza para eso, estaba a punto de ir en busca de algo más precioso para él que el mismo One Piece, si no fuera porque las feromonas de ese alpha aún lo perseguían picando en su nariz, era extraño que desde que se separó de Dragón, su Ciclo de calor se había visto interrumpido y aunque había tenido uno que otro amante, ese Alpha rosado lo había puesto nervioso. Alejó esas ideas, no tenía tiempo de pensar en eso.
Quería estar ya de regreso en su barco, con el rumbo fijo a Dawn y quería ver si alguno de esos niños era el suyo, lo necesitaba desesperadamente y nada debía moverlo a otra dirección que no quería ni buscaba, mucho menos un maldito más loco que una cabra.
—Definitivamente el destino está empeñado en unir nuestros caminos– la risa y el ataque de las feromonas hicieron que Crocodile gimiera con frustración.
¿¡Que mierda hacía ese hombre en ese barco!?
—¿Qué haces aquí?– dijo Crocodile molesto, mirando al Marine que conducía al alpha rubio allí.
—Bueno, Crocky, estamos compartiendo barco– dijo Doflamingo caminando para pararse justo detrás de él.
Un tic nervioso palpito en la sien de Crocodile, sintiendo que estaba a punto de estallarle un dolor cabeza por culpa de ese hombre desvergonzado que lo miraba de una manera lasciva. El omega prefirió poner en su boca un puro para no grita de frustración.
Malditos marines corruptos, era obvio que Doflamingo había pagado por esto pero no iba a decir nada, no iba a dejar que su máscara cayera, no les iba a dar la satisfacción de ver lo mucho que le estaba afectando ese tipo.
—Conozco a la gente correcta en los lugares correctos– dijo Doflamingo como si pudiera leerle la mente, su compañero era tan divertido y era una presa deliciosa y él un depredador que valoraba mucho la cacería.
—Eso no es algo que a mí me importe– dijo Crocodile empujando a Doflamingo para recuperar una pizca de espacio personal.
Aunque él era en si un hombre de buen tamaño, Doflamingo era mucho más grande que él. Su presencia era abrumadora, entre más tiempo pasaban juntos, más pequeño lo hacía sentir y eso no le gustaba. No se sentía cómodo. Ese hombre quería algo de él y desde luego había dejado claro lo que era, pero no estaba interesado, no había nada que pudiera ofrecer, ni poder, ni influencia, pero podría considerar dormir con él y tener una ventaja, si una aventura de una noche le daba la llave de un favor que pudiera cobrar más adelante.
—Eres tan transparente para mí– gorjeó cerca del oído de Crocodile solo para ver su reacción. —Puedo darte lo que quieras, información, poder, favores casi imposibles para otros… solo debes pedirlo y lo haré.
—A cambio claro de un trozo de mi mismo– dijo indiferente el omega. —Pero no, no me estoy vendiendo...– Crocodile se apartó con elegancia del Alpha y lo miró con aquellos oscuros y profundos ojos —Ni toda tu influencia hará que te deje meterte entre mis piernas, a mis amantes los elijo yo.
De pronto las feromonas se volvieron asfixiantes, brutales, de estar otro omega en ese barco estaría chillando y retorciéndose de dolor, pero Crocodile era dominante, podía intentar someterlo, pero por la fuerza no obtendría nada en absoluto.
Doflamingo sonrió de nuevo, las feromonas volvieron a su caudal suave, seductor y coqueto, haciendo que el omega se relajará, al parecer el maldito alpha estaba midiendo sus respuestas y eso no le gustaba, de nuevo sentía que algo se le estaba escapando.
—Mi oferta está hecha, Crocky. Lo que sea, cuando sea te lo daré.
—Busca a otro, no estoy interesado. No voy a follar contigo, ni aunque seas el último hombre sobre este mundo. Aléjate de mí o te haré sufrir.– dijo fría y firmemente.
—Crocky, voy a decir algo que aprendí hace mucho, nunca debes decir nunca.– Doflamingo se echó atrás —Porque cuando llegue el momento en que me llames, voy a tomarlo todo de ti.
Aquello ya no parecía una oferta, era una amenaza en toda regla.
—Soy un Alpha paciente, Crocky, pero no juegues demasiado rudo, porque no te gustarán las represalias.– con eso el hombre por fin se alejó, pero de cierta manera, Crocodile lo sentía aún más cerca. Era como si las feromonas se le hubieran colocado en cada poro de la piel y lo estuvieran dejando presente en cada uno de sus movimientos.
Cuando finalmente pudo vislumbrar su barco estaba desesperado por llegar a él, pero no quería darle la idea a ese hombre que estaba huyendo, aunque lo hacía para ser francos al menos consigo mismo. Pero su barco también significaba la isla Dawn.
Doflamingo lo vio, en aquellos ojos oscuros por un minuto brillo algo que desapareció antes de que pudiera identificarlo. Las alarmas del alpha se dispararon mirando con desconfianza el barco.
—¡Jefe!– dijo Daz llamando a Crocodile con su habitual cara de indiferente, pero sabiendo tan bien que todo ese tiempo estuvo preocupado por el omega.
—Daz,– Crocodile asintió sabiendo que le había regresado años de vida a ese pobre hombre que lo trataba como a un hermano menor.
Tan pronto como le fue posible se movió a su propio barco huyendo del maldito Alpha que de nuevo lo estaba dopando con sus feromonas agresivas.
—No esperaba verte huir de mí sin despedirte, Crocky– lloriqueo divertido el alpha de las plumas rosas.
Doflamingo le miraba desde el barco de la marina, con una astuta mirada calculadora.
—¿Capitán?– Daz lo miró confundido, sin entender el motivo por el cual aquel tipo conservaba la lengua después de llamar de tal manera a Crocodile.
—No importa, solo sacamos de aquí– dijo pasando al lado de su primer oficial y ordenando lo obvio, el camino a Dawn aún era largo.
—Ese tipo… ¿Es algo de lo que debamos preocuparnos?– preguntó con cautela.
—Probablemente sí, pero no hoy, ni de momento. Saltaremos ese puente hasta llegar a él– planeo el hombro del Alpha.
—Veo que no estuvieron de más mis reservas– suspiro con cansancio Daz.
—No, esta maldita suerte mía de gustarle a alphas peligrosos parece maldición.
Crocodile solo rogaba que si su hijo estaba vivo, no hubiera nacido bajo esa misma mala estrella.
