Prompt #3: Guardar una foto o retrato.
Recuerdos ocultos.
Era el fin de semana y Ayame se había propuesto ayudar en la limpieza del ático de la casa de Koga. El día anterior, viernes, la señora Wolf, le pidió sacar unas cosas de ese lugar, lo que no se esperaba era que el lugar estaba muy descuidado, como si solo llegaran allí para dejar las cosas y no preocuparse por ellas después. Como Ayame se demoró un tiempo en encontrarlas, la madre de Koga fue a buscarla, le pidió disculpas por el desorden, le comentó que siempre que quería limpiarlo algo pasaba: en esta ocasión el accidente de Koga y, además, que no tenía tiempo para hacerlo. A Ayame se le ocurrió una fantástica idea: cuando la Sra. Wolf saliera, ella ordenaría el ático, sería como una compensación por todo lo que hacen por ella. A la mañana siguiente, La Sra. Wolf le dijo a Ayame que iría a visitar a su madre y Ayame supo que era hora de empezar.
Se puso su ropa vieja y se hizo una coleta alta, para que su cabello no la fastidiara. Como no quería molestar a Koga, que aún dormía, le escribió una nota diciéndole que se ponga al día de los días que faltó, que se haga el desayuno y sobretodo que no la moleste ya que estaría ocupada. Buscó una silla para alcanzar el cordón que servía para bajar la escalera y así subir.
Bajó la escalera y la puso bien para que no volviera a subir y empezó a subir por la escalera. Todo lo que necesitaba ya estaba allí y solo tendría que comenzar con su labor. Se colocó los audífonos y colocó su celular en su cinturón junto a los utensilios de limpieza.
Examinó su lugar de trabajo y se dio cuenta de que sí necesitaba una limpieza urgente. Fue al lugar más profundo y empezó a retirar las cosas para comenzar a barrer. Al trasladar una caja muy pesada, se tropezó y cayó. La escalera del ático empezó a subir. ¡Oh, no!
Se había quedado atrapada y su celular no tenía señal. Empezó a pedir ayuda apegándose al suelo, ansiando que Koga la escuchara y fuera en su ayuda. Infortunadamente, Koga tenía un sueño muy pesado y era muy difícil que despertara por sus gritos amortiguados.
Suspiró cansada. Se levantó y sacudió el polvo de las piernas. Se recordó a sí misma su labor y decidió proseguir con ella. Koga se daría cuenta de su falta, ¿verdad? Él no podía dejarla allí, ¿verdad? Él no era tan tonto ni insensible, ¿cierto? Se daría cuenta de su falta y acudiría en su búsqueda. ¿Verdad?
Confiando en que Koga vendría a sacarla de ahí siguió limpiando.
Koga se despertó por un ruido en el techo, seguramente era un gato techero, nada de qué preocuparse. Intentó volver a dormir, giró en su cama mas no volvió a conciliar el sueño, genial, ese maldito gato había interrumpido su descanso.
Se levantó de su cama y fue al baño para darse una ducha. Se quitó las vendas de su pie derecho, ya no estaba tan inflamado como en el primer día, pero aún le dolía un poco, sin contar que le incomodaba. Se bañó, cambió sus vendas, se puso su ropa y se fue a la cocina a tomar su desayuno.
En la cocina, vio en la alacena una nota escrita con una caligrafía muy delicada.
"Koga,
voy a estar muy ocupada hoy así que no me molestes, por favor.
En la refrigeradora hay leche, yogurt, también queso y mantequilla. Además hay cereal, pan y café en la cafetera.
Bueno, ingéniatelas. Come lo que tú quieras, ¡pero que sea sano, eh!
No te olvides de ponerte al día con los deberes que el día lunes empiezan los exámenes. Y sobre todo... ¡NO HOLGAZANEES!
-Ayame".
Vaya... más le valía hacerle caso, porque si no...
Ayame no era bonita cuando se enojaba. No, no lo era.
Se sirvió leche en un bol y se sirvió cereal. Terminó y lavó su plato. Fue a su habitación y continuó poniéndose al día.
Odiaba las matemáticas pero el examen empezaba con álgebra. Mierda, qué más da, no hay otra opción.
Estaba aburrido, así que puso música. Últimamente le gustaba mucho un grupo: CreepHyp. Ayame se lo había recomendado y no sabía por qué sus canciones les gustaban mucho. En especial "Ainii", tanto así que se lo pusieron como tono de llamada recíprocamente.
Se colocó los audífonos, escogió su último álbum y le dio reproducir. Eso le serviría para no dormirse en medio de los ejercicios.
¿Qué estará haciendo Ayame?
El ático estaba impecable pero no se podía decir lo mismo de Ayame, quien estaba llena de polvo.
Le tomó toda la mañana pero al fin lo había logrado. Su buena acción del día estaba completa. Ahora... solo debía esperar a que alguien la saque de allí. Estaba muriéndose de aburrimiento, la luz era escasa por eso encendió el foco. Recordó que al ordenar, vio en una caja algunos libros y decidió leer uno.
Vio uno de Rimas y leyendas de Bécquer y se puso a leerlo. En Literatura estaban viendo sobre la literatura española y debían hacer un trabajo sobre ello, había escogido a Bécquer para su trabajo y pensó que debía comprarse el libro para hacerlo, pero al verlo en sus manos dio gracias al cielo. Seguramente a sus tíos no les molestaría que lo usara por un tiempo. Al ojearlo, descubrió una rima que describe su relación con Koga.
XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...,
¡hoy creo en Dios!
Bueno, no tanto así pero cuando Koga se abrió con ella en la enfermera el día de su accidente, sintió una parte de ella sin culpa. Pensaba que él la odiaba o que se avergonzaba de ella, ¡pero no era así, gracias a Dios! Aunque jamás podría superar las palabras que le dijo Koga su primer día de clases.
—Koga, hijo, quiero que Ayame esté cómoda en esta nueva etapa que atraviesa, por eso quiero que hagas todo lo posible para que sea fácil para ella el adaptarse—ordenó la Sra. Wolf cuando se dirigían a la escuela.
—Sí, mamá—respondió Koga malhumorado puesto que no le gustaba que le mandaran.
—Ayame— llamó la Sra. Wolf.
— ¿Sí?—respondió un poco cohibida.
Tan solo había pasado un mes desde el fallecimiento de su abuelo. Para ella todo pasó muy rápido, su abuelo despidiéndose de ella en la camilla del hospital, los señores Wolf llegando, llevándola a su casa, las pertenencias de su abuelo pasando a ella, siendo transferida de escuela. El colegio de Koga le permitió mantener un mes de luto para que empezara las clases en el nuevo periodo. Ahora ese sería su primer día allá, no tenía muchas expectativas al respecto pero recordaría lo que su abuelo le dijo antes de morir: "Eres una Kakazu y no lo olvides".
—Todo va a estar bien, no te preocupes. Koga te apoyará en todo, ¿no es así, hijo?
—Sí, mamá—contestó estoicamente.
—Gracias por todo, tía—dijo Ayame.
Llegaron a la escuela. Vio por la ventana, muchos chicos estaban conversando, riendo, disfrutando de la vida, tal vez ella podía hacer eso. Le daría una oportunidad a esta nueva vida que se le presentaba, lo bueno es que podía contar con Koga para adaptarse más rápido.
—Que tengan un buen día— se despidió la Sra. Wolf.
Koga bajó del auto seguido de Ayame, ambos se despidieron (Koga con un movimiento de cabeza y ella con palabras y una sonrisa). El auto empezaba a retirarse y Koga emprendió la marcha del estacionamiento hacia la puerta principal. Él iba muy rápido que a ella le costaba un poco seguirle el paso pero lo logró. Cuando llegaron a las escaleras, Ayame observó toda la escuela.
—Tu escuela es muy bonita, Koga—elogió mientras subían las escaleras.
—Escucha, Ayame. Cuando crucemos esa puerta, tú no me conoces ni yo te conozco, ¿de acuerdo?
Ella sintió que un baldazo de agua fría la bañó. ¿Por qué Koga le estaba diciendo eso? No tenía ningún sentido.
— ¿Q-qué?— articuló con dificultad.
—Oíste bien, no quiero que tú y yo tengamos contacto alguno aquí; en casa podemos ser amigos pero en la escuela, no.
—Koga...—susurró.
Ambos entraron a la escuela.
—Ve a la dirección. Allá te dirán que hacer, nos vemos en casa.
—Oye...—intentó agarrarlo del brazo.
— ¡Eh, Koga!—llamó una voz masculina, un chico de la edad de los dos.
Koga camino hacia él.
— ¿Qué hay, Hakaku?— se saludaron.
— ¿Quién es ella?— preguntó Hakkaku.
—No lo sé. No la conozco.
—Seguro es nueva y quiso tu ayuda. Que malo eres, Koga—el chico se acercó a Ayame quien se había quedado petrificada al escuchar lo último que dijo Koga.
«No la conozco» Auch. Eso sí le dolió.
—Oye, linda. ¿Eres nueva?
Ayame asintió en respuesta.
—Disculpa a mi amigo, es un poco hosco. No sabes donde es la dirección, ¿verdad?—ella negó con la cabeza.
—Bueno, sigue de frente, luego volteas a la derecha y buscas una puerta que dice dirección. Que tengas suerte.
—Gracias— susurró Ayame.
—De nada, linda.
Ayame se despidió del chico llamado Hakkaku con un movimiento de cabeza. Tenía las mejillas rojas, se sintió muy avergonzada al escuchar ese raro apelativo, "Linda", ¿a quién se le ocurre llamarla así? Ella Ayame Kakazu, claro, no le había dicho su nombre pero aun así merecía respeto. Respiró profundamente para calmarse y siguió caminando por donde Hakkaku le dijo.
Llegó a la oficina del director. Se dio aliento a sí misma y entró con decisión.
Porque ella era una Kakazu y no dejaría que lo que Koga le dijo (aunque sí le afectó) hiciera que se estancara. Ella seguiría adelante con o sin su apoyo. Abrió la puerta del director y...
— ¡Ayame!—la llamó Koga.
Ayame se despertó, el cuello le dolía mucho. No se había dado cuenta de que se había quedado dormida. Se levantó y fue hacia la puerta del ático intentarlo moverla.
— Koga, ayúdame. ¡Estoy encerrada!
Koga escucho la voz de Ayame. ¿Qué diablos hacía allí arriba?
Ya había terminado de realizar los deberes que Ayame le encargó. Luego de terminar con los odiosos problemas de álgebra, fue a la sala a ver una película. Era un fin de semana aburrido, normalmente salía a correr o manejaba su bicicleta con Ayame por las calles de su barrio. Pero con su accidente ahora debía guardar reposo. Demonios.
Ayame se demoraba mucho en lo que sea que estaba haciendo. Un momento... ¿Qué estaba haciendo ella? No le había dicho nada y ya se estaba preocupando. Fue al cuarto de Ayame y abrió la puerta. No había nadie solo estaban los muebles. Fue al baño, tocó la puerta y no hubo respuesta. Seguramente había una buena explicación, tal vez estaba con sus amigas y no le avisó porque estaba dormido. Marcó el número de Ayame y la única persona que le contestó fue la casilla de voz. Genial.
Era hora de usar el Plan B. Ahora tocaba el turno de Kagome Higurashi, en otra ocasión era una buena oportunidad para intentar conseguir una cita pero la preocupación por Ayame hizo que declinara de esa opción. Ella le dijo que no se había comunicado con Ayame en todo el día y como Sango estaba con ella no llamó a nadie más. Escuchó el ruido de algo caer. Ese ruido venía del ático pero la puerta estaba cerrada.
Koga fue en su ayuda, bajó la escalera para que ella bajara. Ayame vió la puerta que se abría. ¡Por fin era libre! Le dieron ganas de gritar: "¡Koga, te amo!" Pero no, eso sería muy incómodo. Además, no venía al caso. Él vio a Ayame, quien le sonrió.
— Oye, ten la puerta ahí. Voy a sacar algo.
Luego de que Ayame bajara las cosas y una extraña caja, se fue a duchar porque estaba muy sucia. Mientras tanto, Koga llevaba lo que Ayame utilizó para limpiar.
— ¿Ya almorzaste?—preguntó Ayame.
Koga negó con la cabeza.
Ayame se dirigió a la cocina.
— Ven, ayúdame—. Al ver la cara de Koga agregó—: No piensas que voy a hacer todo sola, ¿no? Está bien que los sábados normalmente yo cocine pero ahora no tienes nada que hacer. Ayúdame, Koga.
En realidad, la que cocinó fue Ayame pero Koga fue quien limpió el lugar, y de paso comer un poco de lo que cocinaba provocando que Ayame lo golpeara.
— ¡Oye, no hagas eso!— le reprendió mientras le daba otro golpe.
— Ya. ¡Pero baja ese cucharón!
Ayame sonrió socarronamente. Era muy divertido ver ese lado de Koga que normalmente ocultaba.
—Solo si te portas bien. No te prometo nada. Más te vale no seguir comiendo mientras aún cocino.
Después de unos golpes más, ambos se sentaron a comer.
— ¿Y cómo te quedaste atrapada?
Ayame lo miró a los ojos y luego desvió la mirada avergonzada.
— Me caí y eso provocó que la escalera subiera.
— Entonces ese ruido que me despertó—ahora todo tenía sentido—. Y yo que pensé que era un gato— murmuró.
Espera, ¿qué? ¿Koga dijo gato techero?
— ¿Qué dijiste?— reclamó.
— No dije nada.
Ella se haría la tonta y dejaría pasar ese pequeño era importante discutirlo, tal vez en otro momento hablarían de eso.
— Me voy a mi cuarto. Tengo que terminar un trabajo—dijo después de lavar los platos.
— Solo no te quedes encerrada—se burló Koga.
— Ja-ja. Que gracioso—contestó rodando los ojos.
— ¿Qué trabajo vas a hacer?
— El de Literatura. Encontré unos libros arriba. Acompáñame, te daré uno.
Ambos se fueron al cuarto de Ayame, donde estaba la caja de libros.
— ¡Mira! ¡Encontré el que hoy me compraría!—le comentó mientras le mostraba el libro de Bécquer.
Koga la miró extrañado. ¿Tanto alboroto por un libro? Mujeres.
— Ahora ya no tendré que salir.
— ¿Y con qué permiso saldrías?— le increpó.
—Con ninguno, claro. No tengo que pedirle permiso a nadie, además, solo iría comprar un libro.
Sostuvieron la mirada fija en los ojos del otro. Ambos tenían un temperamento "algo" posesivo el uno con el otro. Cosa que a ambos incomodaba un poco pero nada de qué preocuparse. Ayame sonrió con suficiencia y se acercó a Koga, quien se quedó petrificado en su sitio. Ella, por su parte, sintió que un impulso muy tonto se apoderó de su cuerpo. Aproximó su rostro al de Koga y le tomó la mejilla.
—Además si algo me pasa podrías comprarte un gato. ¿No es así?
Koga se sobresaltó y parpadeó muchas veces.
— ¿Q-qué dijiste?
—Nada, no dije nada.
— ¡Claro que sí!
—No, no lo dije—se rio.
Ese después había llegado muy rápido.
—Ven, escoge un libro. Tú también tienes que realizar la tarea.
Él se acercó a Ayame y se pusieron a ver de qué libro podía hacer la tarea. Al final escogió El cantar de Mio Cid, solo porque tenía caballeros. Hombres. Pero ellos habían apilado tantos libros que la torre se cayó. Fantástico. Ellos recogieron los libros, pero de uno de ellos salió un papel. Koga lo recogió y al verlo lo ocultó de su vista. Eso fue extraño.
— ¿Qué es eso?
— No te interesa.
— Claro que sí.
Ella se acercó a él y empezaron a forcejear. Koga extendió el brazo alejándose de Ayame y ella intentó agarrarlo. Como ambos estaban en el suelo, ella se subió encima de él y como Koga estaba distraído-y sonrojado-, logró su cometido.
— Lo logré. No entiendo por qué tanto alboroto por esta foto. Mira.
Ayame señaló la foto. Ahí se mostró a unos niños divirtiéndose. Una pequeña pelirroja abrazaba a un malhumorado moreno.
— ¿Te acuerdas de ese día? Tantos recuerdos—suspiró.
— Ya vas a empezar. Tú y tus
— Mentiroso.
— Es verdad—respondió y sonrió de lado. Ayame entrecerró los ojos.
— ¡Chicos, ya llegué!— llamó una voz en el primer piso.
Los muchachos se dirigieron a la sala.
— Hola, mamá.
— Tía, buenas tardes.
— Hola, chicos, ¿qué tal su día?
—Nada importante, Koga se puso al día y...—Koga la interrumpió.
—Ayame se quedó atrapada en el ático, ¿puedes creer-? ¡Auch!—gritó al recibir un pellizco de la mencionada.
—No fue nada. Koga me ayudó a salir. Es tan bueno, ¿no es así, Koga?
Ayame le mostró una sonrisa un poco turbia.
— C-claro.
— Ustedes dos tuvieron un día muy interesante.
— Y que lo digas— comentó Koga.
Ayame se rio. Los tres se sentaron y Ayame sirvió té para ella y la Sra. Wolf y para Koga, un poco de soda. La madre de Koga les contó acerca de su visita y Ayame acerca de su aventura en el ático (omitiendo algunos detalles, claro). Después de risas, llamadas de atención y la cena pues ya era de noche.
—Oye, Ayame.
La aludida levantó la cabeza. Ella estaba en su habitación escribiendo el reporte de Literatura. Quería terminar lo más rápido posible para que al final no se le acumulara y también quería tener más tiempo para estudiar para los exámenes.
— ¿Qué pasa?
—Sobre la foto...
— ¿Sí?—su mirada se iluminó—. Ah, ya sé. Quieres tenerla, ¿no es así?
Ayame se levantó y fue a su mesa de noche. Recogió la foto y se la entregó. Pero Koga la rechazó, ella lo vio extrañada.
—Es mejor que la tengas tú. Te la regalo.
La pelirroja lo abrazó. Él se sonrojó, al igual que ella. Ella se apartó un poco y se miraron a los ojos. Sus corazones se aceleraron, sus pupilas se dilataron y sintieron un extraño cosquilleo. Y, en un impulso muy loco que Ayame tuvo, le dio un beso en la mejilla.
— De vez en cuando puedes ser muy dulce, Koga.
Koga se separó de ella impulsivamente.
— Eso es mentira.
— Claro que sí— replicó—. Siempre que intentabas "conquistar" a Kagome te portabas de lo mejor. Eras un buen pretendiente y no solo lo decía yo.
Koga desvió la mirada incómodo. Esa era una etapa que quería olvidar. Ayame rio por lo bajo.
— Muchas gracias por el regalo— sonrió al ver el sonrojo discreto de Koga—. ¡Oh, vamos! No hay nada de amigos, ¿verdad?
Ya casi era la medianoche así que el bostezo nada sutil de Koga no era injustificado.
— Anda, ve a dormir. Estás cansado.
Koga se dirigió a la puerta.
— Buenas noches.
— Descansa.
Ayame volvió a dirigir su atención a los deberes.
Y así fue hasta que el sueño estaba agotándola y se fue a dormir. Decidió que en esta semana compraría un portarretratos para enmarcar la foto que ahora descansaba en su escritorio.
Sonrió para sí misma recordando el momento en el cual tomaron la foto. Aunque Koga lo negara, él tenía un lado amable que solo estaba reservado para ella.
Y con ese pensamiento se sumió en el mundo de los sueños.
¡Hola a todos! Les quiero agradecer por sus reviews no saben cuan feliz me hace. Espero que a todos les guste este capítulo.
Ahora a responder reviews XD(aunque ya los respondí por privado XD):
A Guest: Muchas gracias por el review. Claro que lo haré, esa es la pareja principal(aunque no única del fic). Gracias.
A Blue-Azul-Acero: Como te dije este fic tiene para rato XD, no pienso abandonarlo. Sigue pendiente que voy a seguir publicando. Sí, esta pareja es muy linda y quiero contribuir a que haya más fanfics de ella. Ayame es muy dulce y jamás lo abandonaría sin importar qué. Nos vemos, besos.
A Clarisse17: Holi a ti también XD Tu review fue muy emotivo y te juro que me emocioné mucho con él. Gracias. Vaya, gracias por los halagos. Neta, esta es mi primera historia. Me halaga que te sientas así por como escribo. Gracias por los favoritos. Espero no decepcionarte. Ami tambien me encanta ese ship y claro, al pobre de Koga le hace falta alguien y ese alguien es Ayame. Ella es como dices, alguien que no se rinde fácilmente. Espero que te siga gustando la historia 😊. Trataré de actualizarlo máss rápido posible, siempre cuidando de que el capitulo sea muy bueno. No puedo creer que yo haya llegado hasta allí. Saludos desde Lima, Perú.
Si les gusto el capitulo no se olviden de dar un review que siempre se agradecen y nos motivan.
Besos. Los quiere,
Amisha Jaya.
Pd: ya me cambié de nick.
