Capítulo 18
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En su incómoda cama estaba el pequeño frasco con la última fórmula mejorada del díctamo, una carta de Albus con pocas palabras, más que nada con instrucciones de la aplicación y una larga y elegante pluma con tonos azules y una punta fina de origen desconocido, pues Harry se reconocía bastante ignorante en el campo de la Magizoología y sólo se familiarizó con los animales que podían presentar un riesgo. Hacía cinco minutos que las tres cosas habían aparecido sobre su cama, similar a la manera en que lo alimentaban, la seguridad de su celda bajaba unos segundos para hacerle llegar las cartas que recibía una vez por semana. Miraba la pluma sin atreverse a tocarla todavía, tratando de descubrir si había algo oculto en ella a pesar de haber pasado los respectivos filtros de seguridad como todo lo que le entregaban. Finalmente decidió tomarla, sintiendo la suavidad de su textura, aunque le pareció que no era tan ligera como debería, pero tal vez sólo se debía a que hacía mucho no tomaba una pluma de ese tipo. La analizó más de cerca mientras estrujaba su mente tratando de descifrar la finalidad de Malfoy pues era demasiado ostentosa para su función y sabía que no le daría un obsequio o algo por el estilo sin alguna razón, vamos en los más de 30 años de conocerse nunca le había dado absolutamente nada (además de burlas y maleficios). Para que dejes volar tu imaginación. Pero desafortunadamente su imaginación estaba bloqueada y no quiso distraerse con eso, tal vez sólo era una pluma sin un significado más. Decidió ignorarla y tomó el frasco y la carta, dispuesto a pasar la tortura de aquello de una vez.
- Tus quejidos de dolor resultaban confortantes las primeras veces, Potter, pero estas últimas semanas no me han dejado dormir - como siempre, Dolohov trataba de provocarlo y aunque Harry lo ignoraba, eso debía cambiar si quería obtener algo de él. Respiró profundo tratando de mitigar el dolor después de haberse aplicado el díctamo con manos temblorosas, tumbado sobre la pequeña cama, mirando el techo de piedra.
- Ahora me siento en deuda ¿Quieres una canción de cuna para remediarlo? - dijo con sorna procurando que su voz no flaqueara.
- Veo que tu arrogancia ha vuelto a pesar de las circunstancias.
- ¿Arrogancia? Pero si he pensado que podríamos ser amigos, ya sabes, dadas las circunstancias - Dolohov soltó una risotada y Harry también lo habría hecho si no le doliera todo el cuerpo.
- Ni viviendo cien vidas podríamos serlo, Potter.
- ¿Por qué no? Después de todo tú y yo estamos en el mismo nivel según el mundo mágico.
- Incluso entre escorias, hay niveles - sin duda Harry estaba de acuerdo con eso.
- ¿Qué me dices tú, Gleeson? - se aventuró a dirigirle la palabra al hombre encerrado casi frente a su celda - ¿Tu nivel de escoria es el mismo que el mío o perteneces al grupo élite de Dolohov?
- Ese crío ni siquiera podía limpiarse los mocos cuando lo acogieron y se dejó capturar antes de que pudiera hacer algo relevante de su vida - dijo Dolohov por él con burla.
- No lo subestimes, Antonin, porque te puedo decir Antonin, ¿verdad? - no esperó una respuesta - Erick resultó una pieza fundamental para Vecto y su triunfo - decir el nombre de esa mujer lo hacía sentir algo pesado en el estómago, pero debía hacerlo.
- No era más que un squib cuando ella lo acogió y por lo visto sigue siendo un inútil que no pudo cumplir con una sola misión - Harry agudizó el oído, tentado de incorporarse en la cama, pero no quería alertar que estaba demasiado interesado.
- Tú no sabes nada, Dolohov, llevas más tiempo aquí encerrado que al servicio de Azure - se defendió finalmente Gleeson y Harry escuchó sus pasos acercándose a la reja.
- Sé lo suficiente para afirmar tu inutilidad.
- Yo estuve a su lado, ayudando a preparar el ascenso mientras tú dejabas rastros a diestra y siniestra, lo que te mandó directo a esta prisión - Harry no podía creer que estuviera teniendo tanta suerte y que al primer intento hubiera dado resultado.
- Alguien tenía que hacer el trabajo sucio, niño, mientras tú estabas demasiado ocupado escondiéndote detrás de ella - el tono de Dolohov daba a entender que comenzaba a molestarse - Sin mí no hubiera comenzado todo.
- Ella no parece tenerte en alto estima y ya lo comprobaremos cuando ocurra el ascenso y te deje terminar tus días en este lugar.
- Y tú estarás para acompañarme porque te aseguro que no vendrá por ti cuando…
Pero la suerte temporal de Harry terminó abruptamente por unos pasos acercándose que los hicieron callar de repente. Maldijo internamente cuando un par de aurores pasaron por el pasillo, haciendo la ronda nocturna, asegurándose que todo estaba en orden. Alzaron las varitas, iluminando las celdas oscuras y a sus habitantes.
- Ya no es tiempo de charlas nocturnas - dijo uno de ellos - Si no se callan regresaré a hacerles un encantamiento silenciador.
Harry ya no prestó atención a la réplica de los hombres, pues su mente comenzaba a trabajar a toda velocidad, repasando las palabras de la conversación para no perder detalle. Había varias cosas que llamaron su atención, como la mención de que Erick era "no más que un squib" a palabras de Dolohov, lo que no sabía si tomar de una manera literal. Tal vez sólo se refería a que a su parecer no hacía nada importante o eran sus aires de infinita superioridad lo que hablaba por él. Pero si era de forma literal y Gleeson no había nacido con cualidades mágicas y las obtuvo a través de algún método de Azure. No conocía los antecedentes directos del hombre para hacer una conjetura y por primera vez deseó que Ron lo visitara para contarle lo que había obtenido. Por otro lado, Dolohov había dicho que él se encargaba del "trabajo sucio", lo que significaba que esas muertes debían llevarse a cabo, todas y cada una, de acuerdo a un plan hasta ahora conocido sólo por sus allegados, pero Gleeson mencionó "el ascenso" un par de veces y por la forma en que lo dijo parecía que se refería a un evento particular, no sólo a Vecto asumiendo el control del mundo mágico o algo por el estilo. Era algo más. Vencido por el cansancio y el dolor causado por el díctamo no podía obtener más de esas palabras por el momento, quizá al día siguiente tendría la mente más despejada para seguir analizando. Giró sobre su hombro derecho, quedando frente a la pared que lo separaba de la celda de Dolohov y su mirada se desvió de nuevo a la elegante pluma que parecía brillar a pesar de la oscuridad. Sin querer pensar más en eso, cerró los ojos.
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Harry giró hacia el corto pasillo flanqueado con ramitos de flores. Los pocos asistentes permanecieron en silencio, atentos a los pelirrojos al fondo del pasillo, pero él apenas les prestaba atención. La primera imagen que llegó a su mente fue la amplia sonrisa de Ginny mientras caminaba hacia él del brazo de Arthur. Por un momento le pareció haber dejado de respirar al verla acercarse con pasos lentos, sosteniendo su ramo sobre su vestido blanco. Sabía que él también estaba sonriendo, podía sentir la tensión en sus mejillas y por Merlín que le estaba resultando imposible contenerse e ir a alcanzarla a mitad del camino que le parecía eterno. Cuando llegó hasta él, tuvo que hacer un enorme esfuerzo para apartar la vista y mirar a Arthur que le entregaba la mano de su hija con expresión melancólica. Harry asintió con la cabeza, no se sentía capaz de articular palabra y además sus ojos se desviaban hacia ella, como atraídos por una fuerza muy poderosa. Entrelazó su mano con la de ella, sintiendo ese tibio contacto como una pequeña corriente extendiéndose por todo su cuerpo. Podía asegurar que la emoción reflejada en sus ojos era igual a la de él, resultándole tan maravilloso como inexplicable que en verdad estuviera ocurriendo. Muy a su pesar tuvieron que centrar su mirada al frente, hacia la mujer del ministerio que llevaría a cabo la ceremonia y que recitó cada parte con calma y claridad. Harry sabía que recordaría cada palabra, pero sobre todo el momento en que volvieron a mirarse de frente y la mujer se dirigió a Ginny para preguntarle "Ginevra Molly Weasley, ¿aceptas a Harry James Potter como esposo? ..." Y la seguridad con la que ella respondió "Sí, acepto" que lo hizo preguntarse si no era una ilusión, como muchas veces le había pasado, pero al escuchar lo siguiente, toda duda se fue. "Harry James Potter, ¿aceptas por esposa a Ginevra…?" Sí por Merlín, sí. Pero tuvo que contener su respuesta hasta que la mujer terminó toda la pregunta y su "Sí, acepto" recorrió todo el jardín como un potente hechizo. Ginny le sonrió maravillada a pesar de sus ojos cristalinos y a Harry le costaba tanto controlar su felicidad que sentía que sus manos temblaban cuando colocó el anillo en su dedo anular…
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- Vi en la hoja de registro que Malfoy vino a verte ¿Qué mierda quería? - Ron parecía molesto y curioso en igual medida en su siguiente visita - Ahora resulta que dejan entrar a cualquiera a visitarte.
- Me dijiste que sólo la prensa tiene prohibida la entrada - Harry había decidido no contarle a su amigo sobre la visita de Malfoy, pero se le había olvidado el detalle que el registro lo haría por él.
- Pues sí, pero no creí que fuera necesario hacer una cláusula especificando que sólo la familia puede venir - estaba realmente indignado - ¿Y qué te dijo?
- No mucho - se levantó de la cama y se acercó un poco a la reja para ver más de cerca al pelirrojo - Un poco de esto y aquello - se encogió de hombros - Sobre la relación de Rose y Scorpius… - Ron hizo una mueca como si hubiera sido testigo de algo realmente asqueroso.
- No es gracioso.
- Tú preguntaste - dijo con inocencia.
- Si no quieres decirme está bien, pero no estaría de más dejarle claro a Malfoy los límites que…
- No es necesario, no vino a nada importante.
- Sólo a regodearse seguramente
- Tampoco, ya no tenemos quince, dejamos atrás esa rivalidad hace mucho - Ron lo miró con ceño.
- ¿Ahora son amigos?
- No, nunca lo seremos, pero ya somos adultos y creo que tú también deberías dejar eso atrás - su amigo no dijo nada más, pero agudizó la mirada, como esperando ver qué repentinamente le saliera un cuerno en la frente.
- ¿Tienes noticias?
- Pues… - pareció dejar el tema de Malfoy y su semblante cambió - Tengo un par de noticias, pero no tienen que ver con el caso - se apresuró a añadir al ver que Harry abría la boca para intervenir - Es… otra cosa - parecía afligido y Harry supo que no escucharía nada bueno - Aceptaron a Lily en la Academia - esa noticia era algo que esperaba desde que James le había comunicado las intenciones de su hermana, no sólo porque conocía las capacidades de su hija, sino también porque todo seguía resultando en su contra - Este año sólo ella se postuló y hasta donde sé, salió muy bien en las pruebas, menos en… - se contuvo, no queriendo dar más información de la necesaria, pero Harry supo que se refería a la prueba mental - Bueno, parece que está poniendo todo de cabeza, ya sabes - Harry no hizo algún comentario al respecto. Lily y él nunca habían estado tan distantes como en ese momento y sabía que no sería diferente aunque no hubiera una prisión de por medio - Tal vez, si le escribieras…
- Ella quiere mantener distancia, no voy a molestarla.
- No es molestarla, sólo es hacerle saber que sigues con ella a pesar de esto.
- "Esto" es lo que nos ha separado, Ron, no sólo a ella y a mí, también entre ellos tres hay un abismo y no sé cómo repararlo - su amigo no añadió nada más - Y desde aquí no puedo hacer mucho.
- Sabes que Hermione y yo procuramos ver por los tres, aunque lo complican, pero sabemos manejar el temperamento Potter-Weasley - se encogió de hombros - Lo que me lleva a la segunda noticia - se acercó un poco más - Chiara decidió tener a James bajo un control más estricto porque últimamente no se ha sentido muy bien, así que pasará unos días en San Mungo - escondió las manos en los bolsillos, tratando de sonar casual. Tal vez Ron no sabía a detalle lo que ocurría con James o quizá no quería angustiarlo - A Chiara le toca visitarte la siguiente semana, ella te contará más detalles, pero no tienes que preocuparte, está bien - Harry dudaba que eso fuera cierto, para que James estuviera "bien" faltaban años
- ¿Tú has visto a James?
- La verdad no tanto, Hermione es la que ha estado más al pendiente de él, pero me asegura que todo está controlado - sus orejas enrojecieron pero Harry no lo culpaba, suficiente tenía con sus propios asuntos y su familia para que además estuviera al cien con sus sobrinos - Al ha estado un poco más en contacto, por el asunto de las quemaduras y en general me parece que está… pues… siento que está lidiando con todo mejor que sus hermanos - él lo externaba de otra forma, pero no iba a seguir ese tema.
- También estamos pendientes de él, junto con Ted, que por cierto te manda saludos y dice que vendrá la semana siguiente, ya sabes, luna llena.
- Está bien, dile que le agradezco y que no se preocupe - Ron asintió - También tengo noticias, por cierto.
Le contó sobre la pequeña plática que había tenido con Dolohov y Gleeson hacía unos días, aunque lamentablemente no había logrado obtener más información de ellos, más que unas cuantas burlas de Dolohov e improperios por parte de Gleeson, pero dudaba que le dijeran algo más, como el plan exacto o las intenciones de todo su grupo "selecto". A Ron también le pareció interesante la mención del "ascenso", pero al igual que Harry, no tenía idea de lo que significaba, pero coincidía en que no debía ser nada bueno.
- Bueno, sólo nos confirma que todavía no termina. Talbott sigue como puede con el caso y parece que ya está convenciendo al Wizengamot y al resto del Departamento que sólo es cuestión de tiempo para que sepamos de Vecto - Harry asintió, todavía sosteniendo la decisión de no contarle a Ron sobre lo que Malfoy le había dicho, aunque realmente no sabía por qué quería mantener eso sólo para él - Watson y otros peces gordos creen tener todo bajo control y que el Departamento podrá encargarse de la situación llegado el momento - se acercó un poco más a la reja, como si temiera que el resto pudiera escuchar - Y sí, la oficina cuenta con buenos elementos, los aurores son muy capaces, pero sabemos que el entrenamiento interno no es lo mismo que un enfrentamiento directo, así que Talbott ya solicitó tu liberación - Harry no se sorprendió en escuchar aquello, Ron se lo había insinuado varias veces en sus visitas, pero esa posibilidad le parecía tan viable como que Ron y Draco comenzaran a ser amigos - Sólo… sería algo temporal, por desgracia.
- Seguramente aceptaron de inmediato - imaginó la cara de pánico de Hall y de Turner ante la propuesta.
- Digamos que no dijeron "sí" o "no", sólo quedó la propuesta sobre la mesa, pero todos sabemos que sería lo mejor, bueno, tendríamos más posibilidades contigo a cargo - la seguridad de Ron flaqueó, tal vez pensando que estaba pisando terreno sensible.
- No fue así la última vez - sin embargo, Harry no se alteró ni se le aceleró el corazón como otras veces ante la mención de esa noche, tal vez poco a poco se había quedado sin emociones.
- Pero ahora ya contaríamos con todo lo necesario, pociones, detectores, más aurores…
- No tengo control sobre mi magia, Ron, soy el menos útil de toda la oficina.
- En cuanto termines de recuperarte, volverás a ser el de antes después de unos entrenamientos, todo el equipo está dispuesto - lo pensó un poco - Bueno, Stevens de momento no, por supuesto, pero el resto sí y también… - pero se interrumpió antes de soltar más información.
- En primer lugar, no aceptarán nunca mi liberación, ni siquiera por un corto tiempo y en segundo lugar, no puedo arrastrar a nadie más en esto - le dijo en tono de advertencia, imaginando que estaba involucrando a más gente de la que debería.
- Es que todos ya estamos en esto, ya está pasando y debemos hacer algo - le recordó tanto al Ron de diecisiete años que sin dudar decidió acompañarlo a buscar Horcruxes - Y de todos modos si la propuesta de Winger no llega a nada, no esperaremos a que sea demasiado tarde.
- ¿A qué te refieres?
- A nada en particular, tú sólo recupérate y concéntrate en respirar que necesitamos de ti.
- Sólo dime qué no están pensando en hacer algo estúpido ni que van a involucrar a más en esto - lo miró con advertencia, pero su amigo no se intimidó - No quieras salvarme de esto, Ron, ya tienen suficiente encima.
- Yo no he dicho nada de salvarte, no sé qué dices - se encogió de hombros, pero Harry sabía que sus palabras eran más literales de lo que admitía.
- ¿Sigue sin aparecer la vasija? - no iba a discutir de nuevo con su amigo, estaba cansado también de eso, así que sólo no le llevaría la contra y mientras menos supiera de los planes que hacía con el equipo a sus espaldas, mejor.
- No y aunque ya no montan guardia en ese lugar y hemos podido ir a investigar, no encontramos nada todavía.
- Es posible que esté bajo algún tipo de encantamiento o protección de sangre o algo oscuro, podría esperarse cualquier cosa de ella - sugirió, aunque notó que de pronto había dejado de resultarle tan importante ese dato.
- Seguiremos buscando de todos modos, antes de que el ministerio se arrepienta y vuelva a intervenir en ese lugar.
- ¿Todavía no despierta Kellner? - preguntaba más por costumbre que por verdadero interés.
- No - Ron desvió la mirada al escuchar los pasos acercándose para anunciar el fin de la visita - Y la verdad, nadie confía en que lo haga.
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A la semana, no dejaba de darle vueltas en la cabeza las palabras de Malfoy y la pluma que permanecía sin tocar en una piedra salida de la pared. Si era cierto lo que Draco le había dicho y contaba sólo ese corto tiempo para que ella volviera, debía apresurarse en lo que sea que debía hacer para salir de ahí. No contaba con que Talbott pudiera hacer cambiar de opinión al Wizengamot, ni tampoco quería que Ron y Hermione, o su equipo ni mucho menos sus hijos se vieran involucrados en sacarlo de la prisión por otro método que no fuera el "legal", así que todo dependía de él, aunque no tenía idea de cómo empezar. Con fastidio tomó la pluma y la analizó, tratando de descubrir una runa o algo que le indicara que tenía una función más allá de contestar cartas. Si la intención de Malfoy era sólo dejarle una pluma para escribir, ¿por qué se había tomado la molestia en que fuera una pluma de ese tipo? No era una pluma muy común y aunque parecía lo suficiente ostentosa para que en la mansión Malfoy se usara con frecuencia, él no le veía el caso a la elegancia. En su visita, Malfoy se había tomado su tiempo para analizar la celda de Harry, sobre todo la reja de enfrente y la rejita lateral que daba al exterior. Resignado por ceder ante la curiosidad, estiró el brazo para tomar el pequeño tintero y un pedazo de pergamino usado. Mojó la punta de la pluma y trazó una fina línea sobre el papel, comprobando que efectivamente servía para escribir. Cuando estaba a punto de dejarla olvidada de nuevo en algún lugar de su celda, la línea recién trazada comenzó a moverse sobre el pergamino hasta que formó una palabra con letras muy pequeñas. "Inténtalo" era lo único que decía. Con el interés renovado, volvió a tomar la pluma y cargó más tinta, repitiendo el paso con una línea más larga, pero el resultado fue el mismo, "inténtalo", pero con letras más grandes. ¿Por qué no era claro? ¿Intentar qué? ¿Qué significaba aquello? ¿Intentar sobrevivir? ¿Intentar vivir veinte años ahí? ¿Intentar escapar? ¿Intentar escribir un poema?
Pero repentinamente recordó lo que una vez le había dicho Ollivander cuando le dió a analizar la varita de Draco, "la magia puede ser canalizada casi con cualquier instrumento", si eras un mago competente, lo que significaba que, aunque una varita era lo ideal, podía emplearse algún otro instrumento. Repasó esas palabras en su mente una y otra vez, procurando no sentirse tan imbécil al pensar en la utilidad de la pluma. Dudoso, trató de concentrarse como la primera vez que había realizado un hechizo, deseando canalizar su magia como lo había practicado con Ron meses atrás. Dejó que las palabras salieran de su boca en un susurro.
- Incendio.
Tal como esperaba, no ocurrió nada, seguramente era una pluma común que Malfoy había dejado sin alguna otra intención que hacerlo pensar sobre ella. Lo que Ollivander le había dicho no debía ser tan literal, de lo contrario, se podría hacer magia con cualquier objeto común, o tal vez debía ser un mago realmente extraordinario, o un elfo doméstico. Y la respuesta llegó a él de repente. Había pasado varias noches pensando qué haría si lograba salir de Azkaban y no precisamente por la puerta principal, pero aparte del problema que presentaba la ubicación de la prisión, no podría dar más de diez pasos cuando las alarmas sonaran en el exterior y lo capturaran de nuevo, pero si contaba con ayuda, podría desaparecer de ahí antes de que los aurores supieran qué ocurría. Eso sólo si lograba salir de su celda, para lo cuál necesitaba hacer magia, así que había dado vueltas en círculos que lo llevaban al mismo punto de partida, que era el hecho de que no podía hacer magia. Se enderezó, como si la postura también influyera, se aclaró la garganta y tomó la pluma con más delicadeza.
- Incendio - pero el resultado fue el mismo, la pluma seguía inútil en sus manos. La dejó a un lado en la cama, molesto por haber tenido expectativas para empezar. No tenía opciones, estaba débil, con un dolor punzante que se había vuelto parte de él, su magia lo había abandonado y estaba sólo ahí dentro mientras Vecto estaba allá afuera fortaleciéndose y sus hijos lidiaban con su dolor a su manera, apartados de todo. Con un movimiento brusco tomó la pluma de nuevo en la mano derecha y sin pensar mucho en ello, continuó - Lumos.
Con una varita, la luz se quedaría en el extremo, brillando hasta que se pronunciara el contrahechizo "nox", pero en esa ocasión, la luz salió como una pequeña esfera y quedó suspendida en la punta de la pluma, justo sobre lo más suave, parpadeando como si fuera a extinguirse. Harry se olvidó por un momento de respirar y tuvo que contener una exclamación para no alertar alrededor. La luz parpadeó unos segundos más y se fue apagando lentamente hasta desaparecer. Volvió a ser consciente de sus pulmones y respiró con profundidad. Su corazón latía con fuerza y ni siquiera contempló la posibilidad de que podía ser descubierto, sabía que había sido niveles de magia muy bajos que no serían detectados, porque además lo sensores y encantamientos de protección estaban fuera de la celda, no al interior ya que nadie esperaba que alguno de los presos pudiera hacer magia.
Mientras trataba de dormir, horas después, repasaba una y otra vez lo que había logrado. No quiso hacer más intentos porque estaba demasiado alterado para poder pronunciar otro hechizo y de momento sentía tanta satisfacción que no sintió necesaria otra prueba. Las olas del mar chocaban con las frías piedras de la prisión y la brisa que se colaba por su ventana nunca le había importado menos. Esa noche tenía dos certezas: la primera era que saldría de ahí a como diera lugar y la segunda era, por más que detestara la idea, que estaba en deuda con Draco Malfoy.
Los días siguientes siguió practicando con la pluma que se convertiría en su nueva varita para salir de Azkaban. Si lo pensaba demasiado, se daría cuenta que era una estupidez y que no tendría éxito, pero como necesitaba escapar, procuraba no pensar en la lógica de todo. Había descubierto que cuando estaba más tenso no podía controlar su magia, mientras que cuando respiraba tranquilo y dejaba de darle vueltas en su mente, lograba realizar algún encantamiento sencillo con éxito. No se atrevía a realizar algo más sofisticado por temor a que sonara alguna alarma o los aurores se dieran cuenta, así que cuando no dejaba su mente en blanco para relajarse, recordaba sus tiempos de auror activo, desde que había pisado por primera vez Azkaban como guardia de turno hasta su labor como jefe de Seguridad, supervisando y reforzando los encantamientos de protección.
Sabía el movimiento interno, los encantamientos que se ponían se rotaban, al igual que los aurores que los colocaban y por fortuna, conocía esas dos variantes. Veía rostros conocidos en los aurores que acudían cada semana a reforzar la seguridad, algunos le hacían un gesto con la cabeza a modo de saludo y otros preferían no mirarlo, no sabía si por miedo o sólo querían evitarse un momento incómodo. Él mismo los había acompañado algunas veces para comprobar los encantamientos, así que sabía cuáles eran con los que se sentían cómodos o que les salían mejor. Si se le complicaba el perfil de algún auror, podía reconocer los encantamientos empleados por el color de la luz que emitían las varitas, la temperatura, la corriente de aire e incluso el olor a quemado que producían algunos. Y por supuesto, él sabía contrarrestarlos todos, así que sólo debía estar atento a su alrededor para planear su siguiente movimiento. El exterior no le preocupaba tanto, ni siquiera la idea de tener que saltar desde varios metros de altura para llegar a las duras piedras que rodeaban la prisión. Las runas exteriores protegían Azkaban para que desde fuera no pudiera ser atacada, pero no afectaba si era un movimiento desde dentro. Así que las siguientes semanas se dedicó a observar todo el movimiento de la prisión en silencio, sin moverse de su incómoda cama para tener el mismo ángulo siempre. Sabía que a las 8, las 13 y las 19 horas bajaban los niveles de seguridad para que la comida y la correspondencia llegaran a las respectivas celdas, pero era por niveles, primero los pisos más bajos, después los intermedios y al último la parte alta, la de máxima seguridad y no todos al mismo tiempo, sino celda por celda, para que la prisión no se viera vulnerable en toda una zona. El problema era medir el tiempo, saber el momento exacto en que bajaba la seguridad de su celda y fue lo que más le costó determinar, pero al fin logró descubrir que exactamente diez segundos después de que la comida de Dolohov apareciera con un sutil "plop", aparecía la suya, así que sólo debía estar pendiente de ese sonido, contar y después disponía de tres segundos para actuar. Desde luego que en tres segundos no le daría tiempo de gran cosa, pero era suficiente para quitar la reja que servía de ventana, esperando que no hiciera tanto ruido para alertar a los aurores y si tenía suerte, la lluvia que azotaba con fuerza esas últimas semanas serviría para disimular el sonido.
Entre las intermitentes visitas de Ron, Hermione, Ted, James (que para su alivio lucía bastante mejorado), Albus y Chiara, había logrado identificar con exactitud el día que vivía, la hora, los aurores que hacían guardia, e incluso la salud de Kreacher que todavía podía aparecer y desaparecer. A quien menos le hacía preguntas era a Hermione, porque imaginaba que su amiga sospecharía que tenía algún plan bajo la manga y no quería meterla en problemas por si tenía que mentir.
Sabía que nada saldría de acuerdo a lo que planeaba, pero si lograba salir con vida de ahí, era un avance que sólo Sirius, Barty Crouch Jr y él tendrían el lujo de presumir.
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- Felices 30 - lo primero que vió al abrir los ojos fue una maraña de pelo rojo cubriendo su rostro. El perfume característico de coló a sus pulmones y agradeció poder respirar para embriagarse de ese aroma - Vas superándote, estoy segura de que las canas te quedarán perfectas - le dió un rápido beso en los labios y se incorporó
- ¿Treinta años y sólo me he ganado ese beso desnutrido? – dijo con fingida indignación, incorporándose sobre sus codos para poder apreciar la hermosa vista que Ginny ofrecía, con todo y el horrible camisón de su propia cara aumentada.
- Lily ha estado guardando muchos besos en una caja de regalo porque tú le dijiste que sus besos y abrazos eran siempre el mejor regalo, así que ve practicando tu mejor cara de sorpresa - le dió la espalda y se dispuso a salir - Los niños me rogaron despertarlos antes que tú te levantaras, así que finge estar dormido.
- Solo dime qué mi regalo no lo han conseguido en la tienda de George.
- ¿Y arruinar la bonita sorpresa? - fingió ofenderse y antes de que pudiera dar un paso hacia la puerta, Harry la retuvo de la mano, jalándola de nuevo hacia él - Espera, los niños quieren sorprenderte - dijo entre risas.
- Gracias - le dijo Harry rodeándola y Ginny le echó los brazos al cuello.
- Pero todavía no te doy tu regalo.
- Por todo, por estar aquí y por nuestros niños.
- Siempre estaré contigo, Harry - le sonrió y acarició su cicatriz en la frente - A los treinta y a los cincuenta y a los cien, siempre – sus ojos castaños brillaron con intensidad.
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Esa mañana el recuerdo lo despertó con un punzante dolor en el pecho. No controlaba esos recuerdos, llegaban a él sin voluntad y permanecían en su cabeza por largos minutos. Se incorporó en la cama, casi sintiendo la tibieza de su contacto en las palmas de las manos. Era muy temprano, el sol todavía no se asomaba por la reja y aunque en realidad nunca entraban los rayos del sol a la sombría prisión, el cielo se iluminaba de otra forma. Miró la pluma a su lado, que procuraba no perder de vista aunque no la tenía tanto cerca de él por temor a levantar sospechas por su repentino interés en ella. Escuchaba a lo lejos los murmullos de los guardias en turno, platicando entre ellos para no ceder al cansancio. Desde hacía dos días se había ocupado en quitar, no sin esfuerzo, uno a uno los encantamientos que rodeaban esa sección cuando los niveles de seguridad bajaban para que ese día sólo se ocupara de la reja y del salto, casi nada. No recibió ninguna visita, lo que resultó mejor porque así se mantenía enfocado y concentrado. Sólo habría una oportunidad y si fallaba no sólo lo descubrirían, sino que reforzarían la seguridad, sobre todo de su celda, anulando cualquier otra oportunidad de escape. Después de pensarlo mucho y practicarlo hasta tener éxito con objetos de su celda, había escogido un encantamiento expansorpara hacer crecer la "ventana" y de esa manera poder salir por ella. No era para nada sutil y corría el riesgo de que en una ronda, notaran que el tamaño de esa reja había aumentado considerablemente, pero no serviría de nada quitarla en su tamaño original porque no podría trepar por el muro para saltar. Alrededor de las once tenía que recordarse parpadear, porque estaba tenso y sabía que debía mantener la calma si quería lograr algo. Un par de aurores pasaron haciendo su ronda y recostado en su cama pudo nota que sólo se aseguraban que los presos estuvieran en sus celdas y no se fijaban en el entorno ni en los encantamientos protectores. Era lógico, eran aurores en entrenamiento y era lo más aburrido y tedioso de todas las tareas que le dejaban a los novatos. Cuando calculaba que faltaba una hora, sujetó la pluma y repasó el encantamiento en su mente una y otra vez sin apartar la vista de la reja en la pared.
Contó los minutos hasta que el "plop" característico de la charola con comida en la celda de Dolohov fue claro y contó los diez segundos mentalmente, aferrando con fuerza la pluma en su mano. "Cinco, cuatro, tres, dos…" respiró profundo y actuó. La reja en la pared hizo bastante ruido como había previsto y esperó angustiosos segundos a que alguien llegara corriendo y todo su plan se viniera abajo, pero nadie subió, tal vez la lluvia sí estaba colaborando. Al cabo de unos minutos analizó el nuevo tamaño de la reja que era del tamaño suficiente para que pudiera subir de un brinco, salir y brincar hacia el agua unos… ¿diez, quince, veinte metros? No lo sabía en realidad y no quería pensar en ello porque daba igual, de todos modos lo haría. Aunque sentía el estómago algo revuelto, se obligó a comer, porque no sabía en cuánto tiempo podría hacerlo de nuevo y debía eliminar esa necesidad básica al menos por las siguientes horas. Repasó el plan una y otra vez en su mente sin dejar de estar pendiente de su entorno, desde la lluvia, el viento, las voces de los presos y el andar de los aurores por los pasillos.
La oscuridad reinó por completo, iluminando de vez en cuando su celda con los rayos del cielo que acompañaban la lluvia. Diez minutos antes de cada alimento, las antorchas en las paredes de los pasillos eran encendidas para que pudiera recibir sus respectivas charolas con comida. A pesar del ruido exterior, podía escuchar a Dolohov junto a él, tosiendo de vez en cuando y susurrando cosas, pero al cabo de unos minutos, también se escucharon pasos acercándose en su dirección. No podía tener tanta suerte, estaba resultando todo tan bien que debió parecerle extraño. Debía ser uno de los aurores de guardia, supervisando a los presos antes de que las luces se apagaran. Los pasos se acercaban cada vez más y cerró los ojos, concentrado en el sonido de la celda de Dolohov, daba igual, lo haría de todos modos, contaría con unos segundos antes de que supiera lo que estaba pasando y diera aviso. Cuando escuchó el "plop" en la celda de Dolohov, los pasos se detuvieron un par de celdas antes. Fueron los diez segundos más agonizantes y eternos que jamás hubiera vivido, hasta que un trueno especialmente fuerte, acompañó a la reja que se desprendió con fuerza ante el bombarda proveniente de la pluma. Y saltó.
El frío lo recibió sin piedad y la lluvia lo cubrió inmediatamente, reavivando el dolor de las heridas. Los rayos no iluminaban lo suficiente para saber en dónde estaba el agua o las rocas debajo de él. Apretando la pluma en su mano se apresuró a decir un nuevo hechizo.
- Arresto momentum… - y fue tarde. Su pierna izquierda había logrado dar con una roca antes de quedar suspendido en el aire a pocos centímetros del agua y el dolor lo invadió con fuerza, apretando la mandíbula para no gritar mientras hacía contacto con el agua helada - Kreacher - susurró mientras luchaba por mantenerse a flote - Kreacher - dijo más fuerte. Un sonido agudo similar a las uñas rasgando una pizarra se escuchó alrededor. La alarma había sido activada y el tiempo se había terminado - ¡Kreacher! - dijo con desesperación, arrastrándose como podía al lado contrario de la prisión. Los lentes le resbalaron y el agua invadía sus pulmones inevitablemente. Escuchó voces a la distancia y distinguió las luces de las varitas buscando entre la espesa oscuridad. Había fallado, todo había sido en vano. Comenzaba a hundirse y sus brazos se movían sin control, si los aurores no lo encontraban rápido, el oleaje haría el resto, sería tarde… o sería lo mejor. Al fin estaría con…
Escuchó un chapoteo junto a él y logró distinguir unas orejas puntiagudas que luchaban por mantenerse a flote.
- Amo… a-amo – la voz del elfo pareció darle cien años más de vida, renovando sus fuerzas.
- Llévanos a Hogsmeade - logró decir, tragando agua salada en el proceso y aferrando el pequeño brazo de Kreacher antes de que las luces lograran dar con él.
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- Sólo necesito que me ayudes a entrar a los terrenos de Hogwarts, Kreacher - le insistió al elfo.
- Pero está herido, amo - los enormes ojos como platos no se apartaban de la pierna herida que seguía sangrando a pesar del vendaje improvisado que había hecho Harry con la manga de su ropa. Estaban medio ocultos en unos arbustos en lo más alejado del pueblo, donde las luces encendidas indicaban el movimiento nocturno.
- Estoy bien - le dolía mucho, era cierto y la lluvia hacía que sus quemaduras reavivaran sin piedad, pero había logrado llegar muy lejos para detenerse en ese momento, cuando seguramente todo el mundo mágico estaba detrás de él - Por favor, sólo llévame al bosque prohibido y ni una palabra de esto a nadie, a nadie, Kreacher.
- Lo juro amo, lo juro, a nadie - hizo una reverencia que sólo consistió en agachar la cabeza, pues a su edad ya era imposible hacer más. Harry estaría en deuda eterna con el elfo, había arriesgado su vida para ayudarlo - Pero no es tan fácil entrar a los terrenos del colegio, amo - retorció sus manos en sus ropas mojadas - Kreacher ya no trabaja ahí y ya no puede aparecer sin ser detectado. Kreacher pone un pie en los terrenos y las alarmas se activarán.
- No importa, yo me ocupo de lo demás, no te meteré en más problemas, lo prometo - Kreacher chascó los dedos y su arrugada ropa se secó de inmediato.
- Kreacher no tiene problema, sólo teme por su amo - repitió el mismo movimiento para secar la ropa de Harry aunque no le veía mucho caso porque seguía lloviendo.
- Estaré bien - con trabajo se puso de pie y apretó los dientes ante el dolor. Si debía arrastrarse el resto del camino, lo haría - Andando.
- Pero su pierna, amo - se agachó a la altura de la herida y con un movimiento de sus huesudos dedos, el dolor mitigó, no por completo, pero sí lo suficiente para poder apoyar la pierna - Requiere atención, pero eso ayuda, amo.
- Gracias, Kreacher, te debo mucho - intentó sonreírle, pero le fue imposible.
- Nada, amo, no debe nada - a pesar de los esfuerzos de Hermione y con todo y las nuevas leyes, a los elfos más antiguos, como a Kreacher, le costaba dejar atrás ciertas actitudes.
- Al bosque prohibido, por favor - extendió la mano que no tenía la arruinada pluma y el elfo la tomó.
Cuando sus pies tocaron de nuevo el piso firme, tuvo que encorvarse y vomitar. Odiaba admitirlo, pero estaba demasiado débil e incluso la aparición le cobraba factura. Tal como le había advertido, el "maullido de gato" se extendió por la oscuridad del bosque, dando la alarma de que la seguridad había sido burlada.
- Vete, Kreacher, estaré bien - le dijo al nervioso elfo que miraba alrededor con sus enormes ojos - Ni una palabra, recuerda - lo miró con firmeza - Y gracias.
- Mucha suerte, amo - tras inclinar de nuevo la cabeza, desapareció con un sutil "plop".
Los árboles lo protegían de la lluvia y con trabajo logró mover un pie tras otro hacia dónde imaginaba se encontraba el castillo, pues la oscuridad dominaba y el follaje de los árboles impedía que los rayos iluminaran su camino. No quiso intentar algún encantamiento de iluminación porque se delataría y procuró avanzar lo más rápido que podía, apoyándose en los troncos a su paso. Hubiera soltado una risotada ante su suerte cuando el sonido de varios cascos galopando en su dirección interrumpieron la calma. Si no había muerto por la caída de Azkaban, terminaría en manos de los centauros. Avanzó un par de metros más cuando se vio rodeado por diez o veinte centauros, no podía distinguirlos bien, algunos con los arcos cargados con flechas en su dirección y otros con largas lanzas apoyadas en el suelo. Harry levantó las manos en señal de rendición y los centauros comenzaron a moverse en círculo a su alrededor, pendientes a sus movimientos.
- Lamento la intromisión en sus terrenos, sólo estoy de paso - se limitó a decir. No tenía pensada una estrategia para salir bien librado de aquello, su mente no daba para idear nada en ese momento.
- No eres bienvenido aquí - dijo una voz gruesa, próxima a él y un centauro de crin y barba castañas que lo miró con unos ojos ambarinos desafiantes.
- Lo sé - continuó con las manos levantadas - No era mi intención, sólo quiero cruzar el bosque.
- Si la alarma del colegio ha sonado, tampoco eres bienvenido allá - se acercó más a Harry, tensando el arco en dirección a su pecho.
- Déjenlo pasar - otra voz se abrió paso entre los murmullos de los centauros y a Harry le pareció familiar - No podría hacer daño aunque quisiera - un relámpago a la distancia le permitió distinguir el pelaje negro de Bane - Sabía que vendrías, Harry Potter, estaba escrito en el firmamento - se abrió paso entre sus compañeros hasta llegar junto a Harry.
- Hola, Bane - lo saludó, repentinamente aliviado al reconocer al centauro.
- Si lo dejamos pasar habrá otros que se sientan con el mismo derecho - insistió el otro centauro, que seguía sin bajar la flecha.
- Será la última vez - dijo con autoridad, pero era una clara indirecta a Harry, advirtiéndole - Yo mismo lo escoltaré fuera de nuestros terrenos - le hizo una seña a Harry para que continuara y sin bajar las manos, lo siguió.
- Gracias…
- No me agradezcas, sólo estoy saldando una deuda que tenía hace tiempo - supo que se refería a la segunda guerra mágica, cuando lo creyeron muerto, Hagrid le reclamó a él y al resto de los centauros por no haber participado en la defensa contra los mortífagos, aunque en realidad Harry no tomó nunca aquello como una ofensa o una deuda que saldar, pero justo ahora necesitaba de su ayuda - Pronto estará aquí la gente del castillo.
- Lo sé, no tengo mucho tiempo - seguirle el paso a Bane le estaba resultando agotador y aunque de momento su pierna no le dolía, no le respondía con normalidad, sin tomar en cuenta las punzadas constantes en el resto de sus heridas por la ropa mojada que se le pegaba al cuerpo - ¿Qué has visto en las estrellas?
- No me corresponde decirte - ni siquiera lo miró - De lo contrario el destino no tomaría su curso - Harry siempre fue muy escéptico en cuanto al tercer ojo, el destino, el futuro, lo que decían las estrellas, el té o los sueños, pero admitía que se sentía curioso y que necesitaba toda la ayuda posible, incluso si la alineación de unos planetas contribuía en algo - Escóndete detrás de esos troncos, ya están aquí - apretando la mandíbula se agachó detrás de los troncos que le indicó y procuró respirar al mínimo. Volvía a estar mojado por completo, el cabello largo le caía sobre el rostro y la pluma en su mano estaba irreconocible, tal vez habría dejado de funcionar, o dependía del interior, confiaba en que sí. Aguardó unos minutos hasta que escuchó unos pasos acercándose y la luz de unas varitas que se hicieron paso hasta la ubicación de Bane. Se ajustó los lentes y entre unas ramas se asomó con precaución.
- Buenas noches, Bane - la profesora McGonagall habló con la seguridad de siempre, de mirada severa y dispuesta a enfrentarse a aquello que había amenazado la seguridad del castillo - No queremos importunarlos, sólo estamos revisando los alrededores porque la alarma de aparición ha sido activada.
- En nuestro territorio no ha ocurrido nada - dijo serio sin ceder un paso.
- ¿Está seguro? - esa voz también la conocía y cuando apartó un poco la intensa luz de la varita reconoció a Neville, que procuraba asomarse detrás del centauro.
- ¿Duda de mi palabra? - Bane dio un paso al frente y aunque Neville no retrocedió, dejó de intentar ver detrás de Bane.
- Está bien, no tenemos por qué dudar, profesor Longbottom - intervino Minerva - Nos retiraremos a revisar por otro lado - dijo con gentileza - Buenas noches.
Dieron la vuelta y la luz de las varitas de fue alejando junto con el sonido de sus pasos en la tierra húmeda. Había estado tentado de hacerse notar, tal vez la profesora entenderías su situación y Neville, su amigo, lo ayudaría, pero también sabía que estaban a cargo de la seguridad del castillo y que no podía involucrarlos. Permaneció quieto hasta que Bane le indicó que era seguro salir.
- Hasta aquí te acompaño, Harry Potter, depende de ti, una vez más - Harry esperó a que se explicará mejor, pero Bane dió media vuelta y comenzó a caminar con calma.
- Gracias, Bane - se limitó a decirle mientras veía cómo se perdía en la oscuridad entre los árboles. Completamente sólo se recargó en un árbol, tratando de permanecer optimista ante lo lejos que había llegado ya. Había escapado de Azkaban, sobrevivido a una caída de varios metros, a la fuerza del mar dónde casi se ahoga, a la aparición en Hogsmeade sin ser detectado, a un grupo de centauros furiosos y a la inspección de la directora del colegio. Como siempre había contado con ayuda, de Karcher y Bane, sin los cuales no hubiera sobrevivido los primeros dos minutos. Se apartó el mojado cabello de la cara y continuó caminando, pensando en su próxima meta, tratando de tener en mente también el rostro de sus hijos como principal motor para obligar a su cuerpo a resistir. La noche estaba en calma y sólo se escuchaba su agitada respiración y los ruidos de los animales del bosque, la lluvia había cedido al fin y sólo esperaba estar caminando en la dirección correcta y no terminar enredado en una de las telarañas de los hijos de Aragog. El dolor en la pierna estaba volviendo, costándole cada vez más avanzar y miró la pluma en su mano, pero no quiso arriesgarse a usarla para ayudar a su pierna porque no quería descubrir que se había arruinado ni tampoco gastarla si es que todavía funcionaba, como si tuviera un número limitado de hechizos que podía realizar y podría requerirla en cualquier momento, pues desde hacía unos metros atrás, tenía la sensación de estar siendo observado. Podría tratarse de algún animal, tal vez había invocado mentalmente a una acromántula y sólo esperaba el momento para lanzar su red, pero continuó caminando y esa sensación seguía, aunque no le causaba alarma. Finalmente, cuando se detuvo para recuperar fuerzas, el dueño de esa mirada se hizo presente.
- Tardarás horas en atravesar el bosque con esa pierna - Harry recargó la cabeza en el árbol sin alterarse mientras localizaba con la mirada a Neville - Vaya, ni siquiera te sorprende verme ¿supiste que era yo?
- No, pero sabía que no me harías daño o lo habrías hecho varios metros atrás.
- Aunque estoy tentado de hacerlo - Neville se acercó hasta él, se quitó la capa que lo cubría y se la pasó a Harry por los hombros - Están muy preocupados por ti - lo ayudó a sentarse en la tierra mojada - ¿Cómo llegaste hasta aquí? - se arremangó las mangas del suéter y se dispuso a examinar la pierna lastimada.
- No viene al caso que lo sepas - ahogó un grito cuando retiró la improvisada venda - ¿Has dado aviso de que estoy aquí? - se sintió mal por preguntar, pero a esas alturas le costaba mucho confiar.
- No tienes que preguntar - lo miró ofendido y sacó su varita del bolsillo para secarlo - Necesitas atención, vamos al castillo para que Hanna…
- No puedo entrar y lo sabes - hizo ademán de ponerse de pie pero Neville se lo impidió.
- Estás herido y débil, no vas a lograr nada así.
- Entonces ayúdame tú, sé que puedes hacer algo con esto - señaló su pierna.
- Yo no sé de esto, al menos déjame ir por Hanna para que ella te ayude - pero Harry negó de nuevo con la cabeza.
- No involucremos a nadie más, Neville, suficientes problemas tendrás por esto.
- Pero si yo no te he visto, no sé de qué me hablas - Harry le hubiera sonreído si hubiera podido.
- Es cuestión de tiempo para que me busquen aquí - seguramente en ese instante los aurores del Departamento habían irrumpido en su casa, en la casa de sus hijos, en la de Ron y Hermione y tantos lugares a los que pudo haber ido.
- De momento lo están manejando con discreción porque ya sabes, el ministerio no tiene cara para decir que Harry Potter escapó de Azkaban - por un momento sintió alivio al imaginar los rostros de sus amigos del Wizengamot cuando les dieran la noticia - Que en serio tienes que contarme después cómo lo hiciste, porque nosotros teníamos un plan que tal vez no hubiera salido tan limpio, pero a lo mejor estarías más entero ¿Con qué varita escapaste? - Harry se enderezó en el tronco.
- ¿Un plan, dices?
- Claro - respondió Neville como si fuera lo más obvio - ¿Acaso crees que el Ejército de Dumbledore te dejaría ahí adentro? Lamento no haberte visitado por cierto, pero Ron nos advirtió que así seríamos los principales sospechosos y…
- Lo hubieran pedido todo si lo llevaban a cabo - aunque se sentía extrañamente reconfortado ante sus palabras, no le hubiera gustado que se arriesgaran por él, no de nuevo - ¿No puedes hacer nada por ella? – señaló de nuevo su pierna.
- Sólo lo básico - respondió apenado, pero Harry no lo culpaba, él tampoco sabía gran cosa de Medimagia a pesar de haber llevado un par de cursos.
- Lo básico suena genial para mí - Neville apuntó con la varita y susurró un par de encantamientos que hicieron efecto de inmediato, aunque sólo durarían unas horas probablemente - Gracias, Neville - el hombre le sonrió con resignación y lo ayudó a ponerse de pie.
- Ya que no quieres entrar al castillo ¿a qué se debe esta visita entonces?
- Mientras menos sepas es mejor para ti - metió los brazos en la cálida capa de su amigo.
- Sigues siendo el mismo - Neville negó con la cabeza, resignado.
- Te aseguro que no.
Se miraron por un momento, sabiendo que era muy probable que no se vieran en mucho tiempo, o nunca tal vez. Poco quedaba del Neville miedoso e inseguro que conoció en el colegio que con el paso del tiempo se llenó de valor que seguía demostrando como en ese momento.
- Buena suerte entonces - le dio una palmada en el hombro y Harry asintió con la cabeza - Abriré la reja del colegio en unas horas, ya sabes, estaré esperando tierra y unos fertilizantes, aunque no recuerdo si vendrían hoy o mañana, da igual - se encogió de hombros.
- Gracias, Neville.
Tuvo la familiar tentación de seguir a su amigo al interior del castillo, donde podría ser atendido como era debido por Hanna y después escaparse a las cocinas a comer algo decente. Alejando esa idea de su cabeza, siguió andando. El lago reflejaba las estrellas y el imponente castillo, pero no quiso detenerse mucho en admirarlo, porque aparte de que el tiempo corría, no quería llenarse de nostalgia y de recuerdos. Caminó por la orilla del lago, entre los árboles, hasta que distinguió a unos metros la tumba blanca de Albus Dumbledore. Se detuvo en seco, con el corazón latiendo con fuerza porque le parecía algo imposible ya que se encontraba ahí finalmente. Pero no tenía opción, su varita estaba con James y no podía ir a recuperarla, ni disponía de otro plan para conseguir otra varita, además no tenía que hacerlo, porque esa varita era tan suya como la de fénix. Con el corazón latiendo con fuerza se acercó lentamente, casi esperando que alguien lo detuviera antes de que cometiera ese atropello, pero nadie detuvo su avance y llegó hasta la tumba, que permanecía tan blanca como el primer día por diversos encantamientos anti suciedad seguramente. Alrededor había crecido una planta con flores de colores vivos que movía sus hojas como si estuviera dirigiendo una orquesta. Conociendo a Dumbledore, seguro era una de sus plantas favoritas. Puso una mano sobre la tumba, con los dedos extendidos, aplazando un poco sus verdaderas intenciones.
- ¿Profanarás mi tumba, Harry?
Estaba preparado para escucharlo, con el timbre de voz más calmado que haya escuchado jamás y una serenidad que nunca había vuelto a ver en nadie. Con ayuda de Ron y Hermione, había devuelto la varita al finalizar la guerra y contaba con que sólo ellos tres supieran, pero pasó el tiempo y Harry se fue involucrando más en el "mundo real" y si bien se había enfrentado a mucho a los diecisiete, supo que no sería lo último, así que cuando fue nombrado jefe de la oficina de aurores, regresó a la tumba de su antiguo profesor. Puso encantamientos de protección para que nadie más se viera tentado a tomar esa varita y sobre todo lo hizo pensando en él. No tenía intenciones de tomarla, pero temió que en algún momento cruzara por su mente tenerla de nuevo, comprobar el poder que tenía o sentirse más seguro en su carrera con la varita de sauco como aliada. Y ahora estaba frente a la tumba, comprobando que esos encantamientos funcionaban y que harían de todo para hacerlo desistir no a través de algo palpable, pero se meterían en su mente para hacerlo reflexionar y desistir, al menos esa era la protección que le pareció viable y que debía enfrentar en ese momento.
- No quieres hacer esto - repitió la voz. Giró un poco la cabeza y distinguió su figura característica. Dumbledore era el mismo, con su larga barba plateada, sus lentes de media luna y la expresión más calmada que haya visto antes en alguna otra persona. Estaba sentado en una gran piedra a pocos metros de él, con las manos pulcramente acomodadas sobre su regazo y miraba a Harry con sus particulares ojos azules.
- No está aquí - respondió, pero por alguna razón no pudo apartar la vista.
- Aunque esté dentro de tu cabeza no significa que no sea real - repitió las palabras de aquella vez en la estación, hacía una eternidad.
- La necesito - no debía explicarse ante una visión de su mente, pero sentía la necesidad de hacerlo.
- Me lo imagino.
- Usted no sabe lo que está pasando - lo miró con enojo, como si en parte, él fuera responsable.
- ¿Y tú si lo sabes, Harry? - con la misma calma se puso de pie y dió algunos pasos hacia él - ¿Estás seguro?
- Sólo sé que no voy a escucharlo, porque usted está muerto, igual que mis padres, igual que…
Sintió una presión en el pecho que le sacó el aire y apretó la mandíbula para evitar caer en ese juego de su propia mente. No podía derrumbarse en ese momento. Desvió la vista de nuevo a la tumba frente a él, evaluando la manera de quitar la enorme piedra blanca de encima.
- ¿Qué harás con la varita? - para su desgracia, Dumbledore volvió a hablar, pero Harry no contestó aunque le resultaba difícil concentrarse - ¿Buscas justicia o venganza? - siguió callado, respirando profundo para hacer que el director desapareciera - El Harry que yo conozco buscaría venganza en un principio, pero después…
- El Harry que usted conoció está muerto - tuvo que voltear de nuevo, tanto si se trataba de su imaginación o de un encantamiento sobre la tumba para evitar ser profanada - Y no sólo lo maté a él, también a otras personas y no me arrepiento - dijo con enojo, fijando la mirada en los intensos ojos azules de Dumbledore - Pero me falta cobrar una vida todavía, así que tomaré la varita que me pertenece.
- Tu sed de venganza es lo que habla por ti, muchacho.
- Ya no soy un muchacho
- Cierto, no lo eres y se me olvida, defecto de anciano. Sé que ya eres un adulto, que formaste una familia y forjaste una exitosa carrera. Sé que has pasado por muchas alegrías y que recientemente, adoleces una gran pérdida, que has hecho cosas que jamás hubieras pensado realizar antes, que ignoraste tus principios porque el dolor fue más fuerte que tú y aun así, no eres una mala persona, Harry - aunque permaneció calmado, vislumbró la sombra de la tristeza en sus ojos.
- ¿Cómo está tan seguro?
- Porque hay amor en ti - Harry soltó una risa que incluso sonó extraña para él
- Amor - dio un paso hacia el hombre - ¡¿De verdad seguimos con ese cuento del amor?! ¡Mire a dónde me ha llevado el amor! ¡El amor no evitó que yo mismo tuviera que matar a mi esposa para mantener a mi hijo con vida! - un paso más - ¡Como tampoco evita que haya destruido la vida de mis hijos! - y otro - ¡Que Lily me odie, que Albus se refugie en el trabajo para evitar sentir y que James no sepa lidiar con el dolor! - Dumbledore no cambió su expresión y mantuvo la vista fija en él.
- El amor te ha dado todo lo que tienes.
- ¡Y ahora lo he perdido todo! - quería romper algo, gritar, destrozarse la garganta o simplemente hacer que Dumbledore sintiera una parte de su dolor, pero él no estaba ahí, sólo era su mente - ¡Pude evitar que ella muriera si tan sólo hubiera matado a esa mujer cuando tuve la oportunidad! ¡Pero le tuve piedad! ¡Porque Harry Potter no sería nunca un asesino!
- ¿Eso es lo que lamentas? ¿Que no la mataste en su momento y eso costó la vida de Ginny? - no parecía afligido ante su conjetura a pesar de la rabia con que lo miraba Harry.
- Lamento todo lo que me llevó a ese día - dijo sin gritar, pero todavía muy alterado - Lamento haber querido hacer algo por detener la oscuridad, lamento haber sido auror, lamento haber devuelto esta varita en su momento y lamento haberlo escuchado cuando era joven.
Dumbledore se acercó más, metiendo las manos en los bolsillos de su túnica y a Harry le hubiera gustado que reaccionara ante sus gritos, pero ni en su mente haría algo atípico.
- Te han pasado muchas cosas, es cierto, a pesar de toda tu bondad, has sufrido y ahora estás lleno de odio – hizo una pausa para decir lo siguiente con lentitud – Los humanos tenemos la costumbre de dar por hecho que las personas buenas no deben sufrir, pero sí no es cómo funciona la vida, Harry.
- No me interesa saber cómo funciona - apartó la mirada del director para evitar gritar de nuevo y que toda la escuela despertara.
- La gente sufre y no tiene nada que ver con sus acciones, a veces contribuyen, pero es algo inevitable porque no tenemos el control completo de la vida - hizo una pausa y caminó alrededor de su tumba - Si consigues tu venganza, el sufrimiento no se irá ni tampoco desaparecerá el dolor.
- Debo hacerlo.
- Quieres hacerlo - lo corrigió - Esta vez no hay profecía, no hay una conexión entre ustedes, no hay un destino que los una.
- Y sin embargo, debo hacerlo - insistió - Usted lo sabe - no explicó más, el Dumbledore de su mente lo sabía mejor que nadie.
- Que sea por las razones correctas entonces - Harry volvió a mirarlo, dejando atrás la rabia que le había producido hablar con el mago.
La piedra blanca le parecía más grande de lo normal e imaginaba que pesaba el doble. Tal vez ni siquiera podría quitarla y su plan habría terminado. Si hubiera aceptado la ayuda de Neville…
- Podría ser un viaje sin retorno - le advirtió el director.
- Alguien me dijo una vez que había cosas mucho peores que la muerte - los ojos verdes se clavaron en los azules por unos segundos.
La tumba junto a ellos crujió, haciendo polvo y desprendiendo pequeñas piedras blancas. La cubierta se deslizó limpiamente dejando un espacio suficiente para que entrara un brazo. Aguardó unos segundos, casi esperando que Albus Dumbledore saliera lentamente del sepulcro para hacerlo entrar en razón, pero cuando desvío la vista de nuevo hacia el Dumbledore de su mente, ya no estaba.
Guardó la pluma en el bolsillo de la capa y con mucho pesar metió el brazo por el hueco. No podía creer que estaba profanando la tumba de Dumbledore, su más grande maestro, el mejor mago… pero debía hacerlo, necesitaba tener todo a su favor, la necesitaba. Casi con los ojos cerrados tomó la varita que estaba en el mismo lugar que la había colocado hace años. En cuanto la tuvo en su mano, sintió una descarga eléctrica recorrer sus venas, desde la punta de los dedos hasta los pies. Sacó el brazo y la tapa regresó a su sitio, sin dejar algún rastro de haber sido removida y comprobó que la varita reconocía a su dueño, echando chispas rojas y azules, vibrando en su mano esperando ser probada. Cuando la tuvo en sus manos a los 17, no había sentido lo mismo, tal vez porque no conocía tanto la magia como la conocía ahora, o quizá porque su intención nunca fue usarla, pero ahora era diferente.
Varita y amo estaban juntos de nuevo.
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Lamento la tardanza, se me ha complicado escribir, pero aquí está este nuevo capítulo y la verdad que me ha emocionado mucho escribir la última parte, hasta siento nervios. Gracias por leer y por sus reviews. Obrigado :D
Los personajes son de JK Rowling y otros de Jam City :)
Nos leemos en el siguiente capítulo.
