Disfruten de la nueva adaptación!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 19
Sakura.
Nadie está diciendo la palabra "castigada", pero, ¿qué otra cosa puede ser cuando es la noche antes de mi gran juego y no puedo salir con los chicos? Mamá y yo nos hemos cruzado en un silencio sepulcral decenas de veces desde que le expliqué, otra vez, que me quedé dormida por accidente en casa de Sasuke. Nada de lo que diga parece importar. Ella también lucha con lo que quiere decir, pero ninguna de nosotras sabe cómo empezar.
Prefería a mi madre cuando pasaba mucho tiempo en el trabajo, o acostándose con Dan, o lo que sea que está haciendo y sobre lo que no me habla.
—Afloja ese ceño, chica afortunada. —El abuelo pasa una mano sucia por mi frente— Sasuke puede manejar a esos chicos.
Me apoyo en la sucia pared de la cochera y doblo los brazos.
—Sasuke está tan loco como el resto de ellos. Le encantará. Es mamá la que me está volviendo loca.
Asiente y empieza a abrir cajones de la caja de herramientas. Lo hace cuando no sabe en qué seguir trabajando. Coge una herramienta y luego elige el trabajo que va a hacer con ella. Siempre he amado eso de él.
Me aparto de la pared y me desplomo en una de esas sillas de campo grasientas que hay en la cochera.
—No, no. —El abuelo niega con la cabeza— No necesitas hablar conmigo, necesitas hablar con tu madre.
—Pfft. —No es probable.
Se ríe entre dientes.
—Justo tuve esta charla con el chico. Te gusta, ¿verdad?
Asiento y tengo solo un poco de éxito en esconder mi sonrisa.
—Mucho.
Los ojos del abuelo se iluminan.
—Él tiene historia, ¿sabes? Pero esas personas son el mejor tipo porque ya saben lo que hay allí afuera y están listos para descubrir qué quieren realmente. ¿Tú sabes qué quieres realmente?
No estoy lista para responder a esa pregunta.
—¿Vas a darme la charla sobre las grandes oportunidades están frente a ti? ¿El cielo es el límite? —Sí pasaba del tema de Sasuke a la universidad y a marcharme, podría enloquecer.
—No —Niega con la cabeza— Ve a hablar con tu madre. Creo que tiene mucha culpa acumulada por esto y por enamorarse de alguien nuevo. Intenta ver esto desde su punto de vista. Seguro que ha tenido miedo de decir nada. Simplemente dale una oportunidad de explicarse antes de atacarla con tu actitud.
Me levanto.
—Está bien, está bien. Iré.
—No estoy intentando asustarte. Quiero que tomes algo del pastel que he hecho esta mañana y me digas que soy un hombre normal del Renacimiento porque soy muy polifacético. —Me hace un guiño.
Me detengo en la puerta.
—¿Algo más?
Hace una pausa por un momento y junta sus cejas.
—Sasuke me pidió que hiciera algo, y no puedo acordarme ni por mi vida. ¿Tienes alguna idea?
—Ninguna.
La confusión llena sus rasgos antes de que su rostro se relaje.
—Lo recordaré. Buena suerte con tu madre.
Cierto.
Está absorto al instante en que se inclina sobre el mostrador. Al parecer, ha encontrado la herramienta con la que quería trabajar.
Cuando llego a la cima de las escaleras para coger algo de cena o pastel del abuelo, supongo que debería ver si mamá quiere hablar. Su voz me lleva desde su habitación a la cocina. Bueno. Está despierta. Y aquí. Podemos hablar. Tal vez era solo la culpa lo que la contenía de contármelo. Quiero decir, es extraño, pero sabía que ella encontraría a alguien con el tiempo. Cuando llego a la puerta, me detengo.
—Tendré que conseguir la historia de ese chico. Obviamente es una mala influencia. Nunca antes he tenido que preocuparme por ella. Lo siento mucho por el arrebato… No, por supuesto que no es tu culpa. Es solo una niña… Sí, lo sé… tiene mal genio, eso es todo.
Mamá suspira. Cierro las manos en puños. ¿Niña? ¿Oponerme solo por lo molesta que estoy debido a mi mal genio? ¿Qué demonios? ¿Con quién está hablando? No puede ser…
—Lo sé, Dan. También quiero verte.
Todo mi cuerpo se tensa. ¿Está hablando sobre mí con su novio?
—Una vez que trabajemos en la forma en que está lidiando con esto, todo estará bien, y se encaminará a la universidad pronto.
¿Qué, me quiere fuera de aquí, así puede estar con su hombre siempre que quiera? Duele respirar. Mis uñas se clavan en mis palmas.
—Está bien. Gracias —Su voz tiene el mismo tono sobreactuado y ridículo que Hinata tiene con Naruto— Lo sé. Hormonas de niños. Simplemente no estoy acostumbrada, es todo… Bueno, él no puede quedarse para siempre, pero hace que esté sumamente decidida a conseguir que ella salga de aquí… Toda esta situación es extraña… lo sé. Está bien, buenas noches.
Ahora es cuando debería irme de mal humor a mi habitación, pero no lo hago. No soy la chica más inteligente cuando estoy así de exaltada. Mamá abre la puerta y se congela cuando me ve.
—¡No hables sobre mí con tu novio! —grito.
Desliza su teléfono en el bolsillo con manos temblorosas. Es como si estuviera caminando de puntillas por una habitación con el suelo de cristal. Quiero que grite. Que me diga que estoy siendo infantil. En cambio, se queda extrañamente estoica.
—Sakura. Necesitamos hablar. Yo…
—No soy una niña. No es una cosa hormonal. ¡Es que mi madre me dejó aquí para encargarme de las cosas mientras ella corre por ahí con un tipo sobre el que no vio la necesidad de hablarme!
Parpadea unas cuantas veces, todavía pareciendo insegura de qué decir.
—La noche que llamaste, me encontraba en el trabajo. No podía marcharme, y…
Pongo las manos en mis caderas.
—¿Y qué pasa con cada una de las otras noches?
—Sakura —advierte— necesito que bajes la voz.
—¡No! —grito, sabiendo que estoy a punto de descontrolarme y que no será bonito, pero ahora estoy más allá del punto en el que me importa porque ha estado construyéndose durante mucho tiempo— ¿Qué hay de cuando no ibas a mis partidos, o cuando tenía que venir a casa en vez de ir a la fiesta de después? ¿Qué hay de entonces? ¡Dios! ¡Lo mínimo que podías haber hecho era decirme que estabas viendo a alguien!
—No es tan sencillo, Sakura.
—¡Por supuesto que es jodidamente sencillo!
Y justo acabo de destrozar cualquier posibilidad que tuviéramos de hacer esto civilizado. Sus fosas nasales se agitan y su boca se aprieta en una línea fina. Puede que estemos a un paso de la pelea que ha estado hirviendo a fuego lento desde que me alejé de ella en mi camioneta.
—¿Y qué has estado haciendo con Sasuke? —Su voz llega al borde de una ira seria— Porque no es propio de ti estar… estar… durmiendo fuera de casa, o…
—No lo hagas —señalo— Esto no se trata de mí. ¡Sino sobre ti!
—¡No cuando me gritas de esta manera! —exclama mamá antes de tomar una profunda respiración, como si intentara controlar su frustración— Tenemos que hablar sobre ti ahora. No sobre mí.
—Oh, ¿de verdad? Porque no sabes nada acerca de lo que ha estado sucediendo en mi vida. ¡Sasuke es el primer chico que me gusta que me corresponde!
Pero él es mucho más que eso. Simplemente no tengo ni idea de cómo explicarlo, o por qué querría molestarme en tratar de explicárselo en este momento. Todo se halla en una neblina roja de frustración e ira.
Mamá avanza un paso hacia mí, con una expresión de piedra, pero sin retroceder todavía del modo que yo quería.
—¿Sabías que tuvo a una chica aquí?
Contengo la respiración, lista para cualquier cosa que tenga que decirme.
—¡Claro que lo sé! —grito— ¿Por qué estás tan determinada a tomar decisiones por mí? ¿O a arruinar esto por mí?
Su cuidadosa fachada se rompe, y su cara enrojece.
—¡Porque eres una niña y no sabes lo que quieres!
Suelto una risa áspera, nada que esconda la forma en que estoy empezando a desintegrarme por dentro.
—¿Soy una niña? —Sé cómo sacarla de sus casillas, y puedo sentir las palabras abriéndose camino hacia la superficie incluso aunque sé que es lo más estúpido que podría hacer en este momento— El del salón de tatuajes no piensa que soy una niña.
Ira arde en sus ojos, y el silencio es lo suficientemente pesado para saber que es el momento de retirarse. Me giro y me dirijo hacia las escaleras, pero mi visión y mi cerebro siguen nublados por la frustración. Esto se suponía que iba a ser sobre ella, no sobre mí.
—¡Sakura Haruno! —Su voz se ha convertido en un gruñido— Vuelve. Aquí. Ahora.
Dar marcha atrás sería adentrarme en un nuevo territorio para el que no estoy segura si estoy preparada, pero entonces oigo un rápido golpe en la puerta.
—Abriré la puerta —digo mientras bajo de un salto el último par de escalones.
Abro la puerta principal y me encuentro cara a cara con Hinata. Mi mandíbula se afloja. ¿Qué demo…? No puedo concebir ninguna razón por la que ella esté en mi casa, pero su intervención es definitivamente perfecta.
Mamá empieza a bajar las escaleras a pisotones.
—No vas a verle… —Se detiene tan pronto como Hinata está a la vista, con una mirada deliciosamente sorprendida en su cara; una de esas que me hace saber que podría librarme durante un poquito más— Oh. Hola. —Su voz es de repente brillante y feliz.
—Mamá. Esta es Hina. —Incluso intento usar el nombre que sé que le gusta— Vino a ayudarme a estudiar ya que no me vas a dejar ir a ninguna parte. —Trato de exagerar mi voz más agradable. Exagerar lo suficiente para que sepa lo que estoy haciendo, pero con la esperanza de que no la enojará más.
La boca de Hinata se abre, pero es rápida.
—Sí. Sabía que Sakura querría avanzar con la materia de ética y ciudadanía antes del gran juego, así que vine a ayudarla. —Su dulce voz y la forma tímida en que está de pie son el contraataque perfecto para la ferocidad de mamá.
—Está bien. Bueno. Sakura. —Sus labios se aprietan. No le gusta, pero noto que va a aceptarlo— No te quedes hasta muy tarde.
Le dedico un saludo que espero que diga "vete a la mierda" tanto como dice "sí, mamá".
Deslizo mi brazo por el de Hinata, algo que nunca pensé que haría, y nos encabezamos hacia mi habitación.
—¿Qué pasa? —susurra mientras cruzamos la puerta.
—Larga historia —Suspiro y me dejo caer en la cama.
Está silencioso durante unos momentos, lo cual está bien para mí. No tengo ni idea sobre qué hablar con la novia de Naruto.
—Tu habitación parece la de un chico, Sakura. Es todo azul, negro y hockey.
Sacude la cabeza, pero continúa de pie junto a la puerta, como si no estuviera segura de sí quiere estar aquí dentro.
—Ya has estado aquí.
Agarro un disco de hockey de mi mesita de noche y lo giro entre mis manos.
—En realidad, me haces cambiarme para el jacuzzi en el diminuto baño sin terminar de la planta de abajo.
Me estremezco, porque ahora parece bastante duro.
—Sí. Lo siento por eso.
Su sonrisa es irónica.
—Seguro que sí.
Jugueteo con el borde de mi manta y trato de descubrir qué se supone que diga a continuación.
—Entonces… ¿Qué estás haciendo aquí?
—Esperar a Naruto. Sabía que no podrías ir con ellos, pero pensé en venir y esperar a los chicos, si te parece bien. Cada vez que nos atrapan juntos, mis padres creen que Naruto es el engendro del diablo o algo parecido, así que sigo bajo llave. Tuve que mentir y decirles que iba a ayudarte con ética y ciudadanía para ir a la fiesta de la otra noche.
—Sí. Está bien. —Esto no debería ser tan incómodo. Ser amiga de una chica debería ser más fácil— Siéntate.
Ahí, eso parece amigable. Me deslizo sobre mi cama para dejarle espacio. Si ella lo intenta, lo cual obviamente está haciendo, yo también debo intentarlo.
—Entonces, ¿te encuentras bien? —pregunta.
No estoy segura de por dónde empezar, pero sé que no conozco a Hinata lo suficientemente bien como para desnudar mi alma aquí.
—¿Qué?
Se encoge.
—Podía oírlas a ti y a tu mamá.
Giro la cabeza tratando de deshacerme de parte de la tensión.
—Está enfadada por Sasuke, y yo estoy enfadada por otras cosas, y heredé mi mal genio de ella, así que…
Sonríe.
—¿Así que cuando discuten es como la Tercera Guerra Mundial?
Sonrío de nuevo.
—Más o menos.
Se apoya en sus brazos.
—Mis padres se ponen, como, locos por todo.
—Por eso enloquecieron por Naruto.
Y lo bueno es que Naruto no se asemeja a Sasuke en un millón de formas, así que tenerla aquí… no lo sé, pero se siente bien.
—¿Y por qué tu mamá enloqueció por Sasuke?
Podría decirle que mi madre piensa que Sasuke y yo tuvimos sexo como ella y Naruto, pero eso es entrar en territorio personal.
—No creo que mi madre sepa qué hacer con la idea de que un chico podría gustarme.
Yo apenas sé qué hacer con ello.
—No te preocupes, Sakura. —Sonríe un poco— Tengo la sensación de que Sasuke tiene una habilidad con la gente. Estoy segura de que hará cambiar de opinión a tu mamá.
Espero que sí. Y entonces me doy cuenta de que una chica y yo acabamos de hablar de chicos, y no me brotaron uñas de color rosa, el infierno no se ha congelado —que yo sepa—, y podría estar bien.
ZzzzZzzzZ
ZzzzZzzzZ
Sasuke.
Otra noche sin dormir. Pensé que esa mierda había terminado.
Confesarme con el abuelo, decidir que voy a ir a rehabilitación y hablar con Sakura debería haberse llevado todo el estrés, pero no fue así. Mi cerebro sigue dando vueltas, mis ojos continúan abiertos mientras estoy inquieto. Habría hecho cualquier cosa por una pastilla de ansiedad, pero estoy determinado a estar limpio. Tiene sentido empezar ahora, hacerme sentir orgulloso. Y ya estoy un poco de orgulloso, entonces, ¿por qué no puedo dormir?
Me di un golpazo al deslizarme por la colina. Mi cuerpo se siente exhausto, pero también duele. Y una vez más, estoy sin pastillas, así que intento lidiar con eso. Los trineos de Alaska no son una broma. Nunca los miraré de la misma forma. En realidad, me pregunto si veré algo del mismo modo después de Alaska. Lo que es una locura. No esperaba venir aquí y tener una epifanía o lo que sea, pero no puedo parar de pensar en que es justo lo que pasó. Quizá tiene algo que ver con toda la meditación interna que he estado haciendo…
En casa no pasaba mucho tiempo contemplando los misterios de la vida. El caminar ha ayudado, dándome tiempo a estar sumergido en mis propios pensamientos. Quién sabe si eso es algo bueno o malo. A veces me gusta lo que descubro, y otras, me siento como un demente.
Cuando mi celular comienza a sonar, giro en la cama y lo agarro de la mesita de noche. Karin aparece en la pantalla. Una parte de mí siente que soy una mierda por ignorarla, pero la otra parte no quiere que esa vida surja nuevamente. Además, se siente mal hablar con ella debido a Sakura.
Después de pulsar ignorar, pongo nuevamente el teléfono en la mesita de noche.
Ojalá siempre fuera tan fácil, pulsar "ignorar" cuando una idea o deseo se desliza en mi mente. Cuando el Sasuke de Los Ángeles intenta resurgir y todo lo que quiero hacer es borrarlo y convertirme en el Sasuke de Alaska para siempre. Incluso si la idea de rehabilitación eriza mi piel, ese es el por qué tengo que hacerlo.
Salgo de la cama y voy al baño antes de que mi autobiografía comience a escribirse por sí misma en mi cabeza: "Si la vida fuera un teléfono celular, combina dos versiones de ti mismo" por Sasuke Uchiha.
Sí, Alaska me está volviendo loco. Pero me gusta.
Después de una ducha rápida, me visto, sabiendo que la mañana va a ser aburrida. Hoy es el partido y Sakura saldrá a desayunar con su equipo. Su madre está en casa así que no puedo exponerme a su ira por ir a ver al abuelo. Lo que ayuda, supongo. No ser capaz de ir a verlo se lleva mi excusa para no ir a hablar con Kakashi. Después de todo lo que ha hecho por mí, necesita saber acerca de mi rehabilitación. Me ayudó a llegar hasta aquí. Me siento un poco ansioso. Nada malo, solo un poco de nervios. Sigo encontrando razones para ir a mi habitación y a mi armario, así puedo mirar mi maleta. Estoy orgulloso de decir que mirar mi maleta es todo lo que he hecho. Antes de hablar ayer con el abuelo, revisaba mis pastillas todos los días. Contaba las doce al menos una vez para asegurarme de que continuaban allí. Desde ese momento, no las he tocado. No he puesto mis dedos en esa pequeña abertura en la tela para asegurarme de que el abuelo no dejó accidentalmente una, para estar seguro de que no había nada de las viejas. El abuelo quería tomarlas, y me alegro de que lo hiciera. Y sinceramente... me hace sentir un poco orgulloso.
Me dirijo a mi batería y agarro las baquetas. Estoy a punto de ponerme a tocar cuando recuerdo lo que dijo la mamá de Sakura, acerca de lo ruidoso que soy, y las tiro al suelo. Mis manos están con ganas de tocar, pero no quiero dar otro motivo para que me odie. La lista ya es demasiado larga. Uso mis manos para tamborilear mis rodillas, pero no es lo mismo. Pienso en ir y pedir prestado una de las motos de nieve, pero entonces recuerdo que Mamá Osa está en casa y no puedo hacer eso. Sin embargo no estoy seguro si alguna de esas cosas hoy podría relajarme, porque sé lo que viene. Voy a decirle todo a Sakura. Una parte de mí quiere hacerlo ya. Debería haberlo hecho anoche, pero no sería justo antes del partido. Ya estoy en territorio de ser un imbécil, y eso podría inclinar las cosas hacia imperdonable, si es que ya no están allí. Es entonces cuando me doy cuenta y de solo pensarlo, la tensión comienza a deslizarse dentro de mí. Caminar. Necesito aire fresco. Para ver cómo es ese gran mundo y darme cuenta que mis problemas no son el fin. Hay algo liberador en eso y en este momento, solo quiero ser libre.
Sin importarme que sea temprano, me pongo las botas y el abrigo antes de dirigirme donde Kakashi. Puede ir conmigo y contarme historias y hacer preguntas que ahora respondo con gusto. Al fin voy a hacer algo de lo que puedo estar orgulloso; contarle a Sakura e ir a rehabilitación.
Tan pronto como llego a la escalera, me doy cuenta de que la puerta se encuentra parcialmente abierta. Es hora de divertirse. Espiar a Kakashi y darle un susto de muerte, sin duda va a distraerme durante unos minutos. Permanezco en silencio cuando me detengo frente a la puerta. Estoy a punto de escabullirme dentro cuando escucho a la mamá de Sakura allí.
—Necesito saber lo qué están haciendo aquí. —Su voz es tan feroz como nunca la he escuchado. En este momento, sé que estoy jodido.
—Con todo respeto, señora, no creo que eso le incumba. No hemos causado ningún problema. Estamos pagando como huéspedes, pero no me parece que eso le dé derecho a pedir información de nuestra vida privada.
Quiero gritar, "¡vamos Kakashi!" y "¡cierra la boca que ya me odia!" al mismo tiempo.
—Me incumbe cuando se trata de mi hija. Cuando la atrapé escapando de su cabaña en la mañana; con todo respeto, eso lo hace asunto mío.
Me golpea como si fuese un puñetazo en el estómago, porque tiene razón. O tal vez no es asunto suyo, pero si de Sakura. Es mi chica y debería saber toda la mierda sobre mí.
Kakashi habla de nuevo:
—Entiendo su preocupación, pero confío en él.
Ahora es un cuchillo, no solo un puñetazo. Kakashi confía en mí cuando no sabe ni la mitad de la verdad. Cuando no sabe nada de Karin ni las pastillas ni algo de eso.
Él sigue hablando:
—No estoy diciendo que Sasuke, o alguien más de hecho sea perfecto, pero se preocupa por su hija. No le hará daño.
Ella suspira.
—Lo he visto antes; chicas que desperdician sus vidas por un chico. Sakura es mucho más grande que Konoha. Necesita salir de aquí. Ir a la universidad. ¿Te das cuenta de que está recibiendo becas de escuelas que tienen algunos de los mejores equipos de hockey de mujeres en América? No quiero que Sasuke se interponga en su camino. Lo veo en los ojos de él. Algo no está bien, y que me condenen antes de dejar que la arrastre.
Arrastrarla… No es que no tenga algo que ofrecerle. Tiene razón. El dinero no le importa a una chica como Sakura. Quiere a Alaska y al hockey. Hasta cuando esté limpio, soy uno de los bateristas más jóvenes en ganar un Grammy. He tenido más éxito en los dos últimos años de lo que nunca imaginé, pero Sakura es más importante que todo eso. No es que pueda esperar que renuncie al hockey por mí. De ser ella yo no lo haría, pero, ¿podría renunciar a Taka? No podemos tener una relación si estoy viajando todo el tiempo. Su madre tiene razón. La idea de retener a Sakura hace que mis entrañas se retuerzan.
Kakashi se queda en silencio unos segundos.
—Sabe, personas como usted me hacen enojar. Él es un chico jodido. No ha tenido mucho en su vida, pero lo intenta. Se esfuerza mucho más que un montón de gente que conozco. Odio estos prejuicios de mierda. Sin importar lo que digan, estoy muy orgulloso de ese chico. Es un buen muchacho, que sé va a convertirse en un gran hombre. ¿Es perfecto? No, pero al menos él lo sabe. No se sienta sobre un pedestal y condena a todos los demás.
Gira, gira y gira. El cuchillo continúa enterrándose cada vez más profundo.
Agarro mi estómago para no vomitar. Kakashi se equivoca tanto conmigo. Yo no soy ninguna de las cosas que dijo. No importa que haya reservado un vuelo a casa, y que esté pensando en llamar a mi madre para que me ayude a entrar en rehabilitación. Soy un mentiroso. Me defiende sin saber sobre las píldoras y Karin.
—¿Por eso metió a escondidas aquí a una pelirroja? No puedo evitar preguntarme si empezó a ver a mi hija antes o después de ella.
Preparen. Apunten. Fuego.
Estoy muerto.
Debería haber sido yo quien le contara a Kakashi sobre Karin. Merece eso y mucho más por la fe que ha puesto en mí. Después de besar a Sakura, traje a Karin. Ella tiene metas y un futuro. Necesita a alguien mucho mejor que yo.
Kakashi se queda en silencio.
—¿Sabías acerca de la chica? Más silencio.
Por último, responde:
—Nos iremos mañana.
Nunca ha habido un momento en que me odiara más que en este preciso instante.
Tan pronto como la mamá de Sakura vuelve a su casa, salgo de mi escondite. Todo dentro de mí está gritando... gritándome que huya, pero estoy tan jodidamente cansado de ser débil que subo las escaleras de la cabaña de Kakashi nuevamente y toco la puerta. Cuando abre la puerta, no muestra su típica sonrisa. No bromea. No hay nada. Eso no es cierto. Hay decepción. Mis piernas se doblan, amenazando con derrumbarse. Duele todo en mi interior. Quiero huir. Me da muchísimo miedo hacer esto, pero debo hacerlo. Ya no puedo seguir huyendo. Me dirijo directo hacia el sofá y me siento.
—Lo siento.
—¿Esa era Karin? —Su voz es tensa.
—Sip.
—¿Te drogaste con ella, Sasuke?
—Sí.
—Mierda —murmura, y luego dice— Debí haberlo sabido. Saber era mi maldito trabajo —Su remordimiento por mis errores hunde otra vez ese cuchillo— ¿Cuántas veces?
Odio esto. Me siento tan cansado de decepcionar a todos. De decepcionarme a mí mismo.
—Solo una vez con ella. Esa es la única vez que estuvo aquí. Sin embargo traje unas pastillas aquí. Las tomé cada tanto. También tomé una cerveza. Y Karin me envió unas pastillas, pero nunca llegaron. También dejó algunas cuando se fue, pero no las tomé. Lo quise un millón de veces, pero no lo hice. Comencé a darme cuenta, aunque eso no importe.
—¿Dónde están? —Rechina los dientes, caminando de un lado a otro por la sala.
—Ya no las tengo. El abuelo se las llevó; le conté todo ayer y dijo que se encargaría de ellas por mí.
Es tan loco soltarle todo así. Duele. Es feo. Odio a la persona que soy, pero esto también hace que el nudo en el pecho se afloje solo un poco.
Esas palabras suavizan un poco su postura. Kakashi suspira antes de sentarse a la mesa delante de mí.
—¿Cómo dejé que esto pasara? Ya he hecho esto con Iruka. He sido entrenado para hacer esto. Debí haber sabido... yo tenía fe en ti, Sasuke.
Que se eche la culpa me hace sentir peor.
—Mierda, lo sé —Aquí vienen los temblores. Me paso las manos por mi cabello, esperando que se detengan— Lo sé, y odio eso. Odio todo esto. Es muy jodido, pero te juro que he terminado, Kakashi. Ya no quiero tocar nada, y lo siento. Sé que no tiene importancia, pero lo siento. Se lo contaré a Sakura después del partido y luego... iba a hablar contigo. Quiero regresar a casa y, ya sabes —me encojo de hombros— ir a rehabilitación.
Me mira fijamente.
—Es curioso cómo decidiste ir a rehabilitación de repente. No funciona de esa manera. No puedes decir esas palabras simplemente porque te atraparon. Tiene que venir de aquí. —Se toca el pecho.
El miedo sube por mi espalda.
—Es así. No estoy mintiendo. Estoy tan malditamente harto de mentir. Puedes hablar con el abuelo. Ayer le conté todo. Tomé la decisión sobre la rehabilitación y decirles a todos la verdad antes de que te enteraras, pero todavía no te había dicho.
Solo me mira, y nunca me di cuenta de cuánto necesito a Kakashi. Cuan débil era antes de que empezara a ayudarme. Dejó su vida por mí, y confiaba en mí. Ha caminado conmigo y hablado, y demonios, es mi amigo. Puede que lo haya llevado demasiado lejos para dar marcha atrás, y esa idea hace que las palabras empiecen a salir de mi boca otra vez.
—No es tu culpa. Te juro que voy a hacerlo mejor. No me des la espalda... —Por favor, no me des la espalda.
Suspira.
—¿En serio ya habías estado pensando en esto, Sasuke? ¿Hablaste con el abuelo y esto no se trata de agarrarse a un clavo ardiendo?
—Lo juro —Miro al suelo— Sé que mi palabra no significa mucho en este momento, pero estoy diciendo la verdad. Te... te necesito.
—Y aquí estaré. No te librarás tan fácil de mí. No voy a ninguna parte.
Alzo la cabeza de inmediato y lo miro. ¿Se queda?
—¿En serio? ¿No vas a irte?
—Pero no será tan fácil para ti. Has perdido mi confianza. Vas a tener que recuperarla, y no voy a dejar que esto de la rehabilitación quede a un costado. Si quieres mi ayuda, entonces irás allí.
Siento ganas de abrazarlo.
—Gracias. Lo haré. Voy a hacer lo que sea necesario. Solo necesito ver el partido de Sakura y contarle a donde voy, entonces podemos irnos.
Se acerca y agarra mi hombro.
—Te dije que nos encargaremos de esto juntos, y lo haremos. No voy a abandonarte. Nunca.
Es como si con cada palabra de Kakashi el cuchillo se liberara un poco más. No va a echarse atrás. Todavía puedo hacer esto.
—Gracias. No te arrepentirás.
