Disfruten de la nueva adaptación!
Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 20
Sakura.
—Tu mamá se va a enojar —dice Sasuke, cuando apago a Bitty en el estacionamiento de la pista de hielo.
—Ahh... ¿Te asusta mi mamá? —bromeo.
Niega con la cabeza.
—No, pero no quiero causar problemas.
—Mi mamá es la que causa problemas. ¿Y tuviste o no que preguntarle a Kakashi si podías venir conmigo?
Me acerco y deslizo una pierna sobre su regazo hasta que quedo sentada a horcajadas sobre él en la parte delantera de mi camioneta. Esto es lo que necesito antes de mi partido; un poco de distracción que me ayude a concentrarme. Los pulgares de Sasuke trazan mis pómulos, y la calidez en sus ojos hace que mi cuerpo se vuelva papilla. Me encanta todo lo que siento con él. Es excitante, como estar en el hielo, pero más suave y cálido... Sus manos descansan en mi cintura, tal como estoy aprendiendo que a él le gusta. Y a mí también.
Me inclino para darle un beso, el cual Sasuke esquiva besando mi mejilla.
—Tenemos que hablar de algunas cosas, ¿de acuerdo? —dice— Hay algo que tengo que decirte…
Deslizo la lengua por su labio inferior hasta que llego a su aro, con la esperanza de distraerlo.
—¿Estás convirtiéndote en una chica, Sasuke Uchi? Hablando sobre mi madre y sentimientos y...
Masajea mis hombros, mirándose las manos.
—Lo digo en serio, Sakura.
La calidez de sus ojos se ha vuelto triste, y no es lo que necesito ahora.
—Y yo hablo en serio cuando digo que podemos hablar después del partido. Tengo que besarte —Lo tiento nuevamente con mi lengua, esta vez en el labio superior— Y luego tengo que concentrarme.
Estrecha los ojos mientras trata de contener una sonrisa.
—Eres imposible.
—Te encanta.
Separo los labios y rozo los suyos, apartándome cuando abre la boca para un beso.
—Me encanta. Ahora ven aquí antes de que te pongas todo ese equipo y no pueda sentirte más.
Sasuke envuelve los brazos alrededor de mi cintura, haciendo que olvide todo salvo él y cómo necesito estar más cerca. Necesito que mi cuerpo esté más cerca. Necesito más de sus manos sobre mí. Pero el beso se acaba muy pronto, y él se está alejando.
Quita algunos mechones de mi cara.
—Probablemente deberías entrar. El hockey es lo tuyo. Campeonato Estatal. Esto es importante. No quiero distraerte.
—Es lo mío —Beso la esquina de su boca— Adoro el hockey. No podría funcionar sin él.
Pone una mirada distante, como si hubiera un millón de cosas en su cabeza.
—Oye, ¿qué pasa?
Deslizo las manos sobre su pecho. Porque Sasuke y yo nos tocamos de esa manera. Y nos besamos. Y después de besarlo, realmente quiero saber cómo se siente hacer más. También sé que en unos pocos minutos, voy a tener que librarme de esta increíble sensación para poder estar lista para el juego. Pero todavía no.
Toma una respiración profunda antes de sonreírme.
—Nada. No puedo esperar para verte patear culos allá.
Sonriendo, me inclino para besarlo de nuevo.
—¡Haruno! —Los palos de hockey de alguien golpean la ventana— ¡Sal de encima del chico y trae tu trasero al vestuario!
Naruto se ríe y Hina me da un saludo. Chomps y Neji se hallan detrás de él haciéndome caras y simulando besos.
Los ignoro. Idiotas.
Cierro los ojos por un momento, tratando de aclarar mis ideas, al tiempo que deslizo los dedos por su pelo.
—Me encanta la forma en que me afectas la cabeza.
—Me encanta la forma en que tú afectas la mía. —Me observa. Intensamente. Como lo hace siempre—. Lo sabes, ¿verdad?
—Tengo que irme.
Me inclino hacia delante y presiono nuestros labios de nuevo. Y luego, rozo su lengua con la mía. Se está convirtiendo en una adicción muy agradable.
—Lo sé. Ve a patear traseros. —Se inclina y me besa de nuevo— Hablaremos después.
—¡Sasuke!
Kakashi golpea la ventana mientras se ríe, pero también está sacudiendo la cabeza.
—Está bien.
Me aparto, disgustada con nuestras interrupciones, pero lista para meterme en el juego.
Incluso lo dejo llevar mi bolso.
ZzzzZzzzZ
Sostén de la suerte. Calcetines de la suerte. Mallas de la suerte. Camisa de la suerte. Sacudo las manos temblorosas. Me pongo mis protecciones y suéter. Mi corazón se halla tamborileando. Latiendo con fuerza. Repiqueteando. Estatal. Último año. Soy la única chica jugando. Estoy sola en el vestuario. Es tranquilo. Perfecto.
Toda mi carrera de hockey en la escuela me ha llevado a esto.
No me voy a ir a casa con el equipo perdedor.
Patines. Aseguro cada cordón antes de pasar al siguiente. Tienen que estar bien. Para que no tenga que tocarlos de nuevo. Apretados. Listo. Casco. Listo. Protector bucal. Listo. Aparto a Sasuke de mi mente. Aparto a mamá de mi mente. Alejo la imagen de ella y Dan. Le doy las gracias a papá por enseñarme a amar este juego, lo que retuerce mis entrañas, pero solo por un momento. Alejo a regañadientes la imagen de Sasuke tocando la batería sin camisa. Alejo al abuelo, después de imaginarlo dándome un pulgar hacia arriba.
Para los grandes juegos como este, ni siquiera puedo buscarlos en la multitud. Tengo que estar concentrada. En la pista y en ninguna otra parte. Estoy bien. Con la mente despejada. Tengo puesto todo lo de la suerte y me encuentro lista. Puedo patear traseros. Puedo hacer esto. Mi equipo puede hacer esto.
Me pongo de pie y salgo hacia la pista de hielo, sabiendo que una vez que esté ahí, todo va a caer en su lugar. Como siempre.
ZzzzZzzzZ
No he tenido ni un pensamiento claro en los cuatro minutos desde que comenzó el juego. No hay tiempo. El disco es mío. Ahora es de Naruto. Ahora fue robado. Vuelo hacia el número diez y lo estrello contra la pared. Chomps lanza el disco de nuevo hacia Naruto, y el diez está detrás de mí mientras trato de colocarme delante de la portería.
Conozco a Naruto. Sé lo que está haciendo. Rodea la parte trasera de su portería, y yo finjo que estoy retrocediendo, pero me muevo al frente cuando el disco va desde el palo de Naruto al mío. Golpeo la cosa con todo lo que tengo y choca la red.
Santa. Mierda. El primer tanto en el Estatal es mío.
Grito y levanto las manos en el aire. La multitud grita. Naruto golpea mi espalda cuando me doy la vuelta.
—¡Bien hecho, Sakura! —grita Neji desde su portería.
Vaya, esto se siente bien. Mejor que bien.
El disco está en el hielo. Volvemos al juego. El número diez está detrás de mí. No puedo deshacerme de este tipo, y es casi tan grande como Chomps.
Al final del primer período, el partido sigue uno a cero. Solo yo. Solo mío. Me falta el aire cuando llegamos a la banca.
El entrenador grita unas palabras alentadoras. Me duele todo el cuerpo por haber sido golpeada. Esto es brutal.
—¿Estás bien, Sakura? —dice el entrenador en voz baja, a medida que volvemos.
Nunca me hace a un lado para hablar.
—Bien, ¿por qué?
—Porque el diez anda tras de ti. Es un tipo grande.
Asiento. Esto me enojaría si viniera de la mayoría de la gente, pero el entrenador nunca me ha tratado como si fuera diferente. Llego a la pista y miro de nuevo el casco del número diez. No es una buena idea. No puedo tener miedo de ser golpeada. No puedo. Eso es lo peor en un partido.
Soy Sakura. Sin miedo. Soy rápida. Estoy bien. Puedo jugar.
El disco golpea el hielo, y recupero mi instinto. Nunca he patinado ni esforzado tanto; dejando que se hiciera cargo el instinto. No puedo esperar a mirar este partido, porque sé que estoy jugando bien. Seguro que el entrenador del equipo masculino de la UAF me llevará después de esto. Todavía no hay goles del equipo rival. Podemos hacer esto. Me encuentro débil, como si hubiera corrido dieciséis kilómetros, pero solo pasó un período, lo que significa que queda uno más y ganamos. Uno.
Suena el silbato para comenzar el período final, y el número diez agarra mi hombro y me golpea contra la pared. Un dolor punzante atraviesa mi brazo, robándome el aliento, pero puedo soportarlo. Estoy bien. Mis patines se deslizan a través del hielo y los dos equipos corren para obtener el control del disco y del juego. Me golpean de nuevo. Me caigo. El agotamiento se apodera de todo casi tanto como el dolor. Naruto va detrás de la portería de nuevo, con el disco preparado. Tengo que entrar ahí para asegurarme de que seguimos ganando.
Mis piernas comienzan a debilitarse, mi hombro es un desastre palpitante, pero quedan menos de diez minutos. Puedo tomar un analgésico después. Ahora, debo jugar con todo lo que tengo.
ZzzzZzzzZ
ZzzzZzzzZ
Sasuke.
Algo no va bien.
No sé qué es, pero Sakura no parece tan rápida como siempre. No deja que nadie se le acerque. Sí, sé que se supone debe esquivar a los chicos, pero lo está haciendo de manera diferente. Me cuesta todas mis fuerzas no saltar sobre el hielo y derribar al número diez. Ha estado tras ella todo la noche y me está cabreando. Hockey o no, la golpea de nuevo, y voy allá.
Relájate, Uchiha, me digo. Sakura no me necesita. No necesita a nadie. Puede cuidarse sola. Se irá para jugar Hockey en otro lugar, tal como debe hacer. Dejarme atrás.
Miro los alrededores, empezando a sentirme asustado.
No lo hace más fácil que la multitud sea el doble de lo que era en el último partido. La gente empujando, gritando, animando, agarrando. Son todos mis miedos, burlándose de mí. Si éste no fuera su juego, me habría ido hace mucho tiempo pero, ¿qué clase de hombre soy si no puedo lidiar con una multitud por ella? Necesito encontrar una manera de calmar mis temblores antes de que pierda el control.
Sakura hace un giro, el hielo sale disparado desde su patín y me calma un poquito. Es increíble allí afuera. En todas partes, en realidad, pero es tan genial verla patinar así.
Y ellos ganarán por ella. Lo sé.
Miro hacia unas cuantas filas detrás de mí y veo a la mamá de Sakura con Dan. Si me preguntas, es bastante extraño que lo haya traído aquí. Me da una mirada airada, por lo que me giro. No voy a lidiar con ella está noche. Sin embargo, me molesta que el abuelo no esté aquí. El abuelo, nuestras conversaciones y las pastillas se están reproduciendo en un círculo continuo en mi cabeza. Cuánto más pienso en ellos, más se siente como si todo el mundo gravitara hacia mí, apretándome más y más fuerte hasta que quiero gritar por una razón completamente diferente.
¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke!
Me encojo, tratando de tomar algunas respiraciones profundas y pretendiendo que estoy caminando con Kakashi. Ellos no están aquí por mí. Nadie está gritando mi nombre.
Odio que sea así. No debería ser de esta manera. Es una mierda que me esté alterando en un partido de Hockey. Intentando superarlo, busco a Sakura. Justo cuando la hallo, empieza a patinar en nuestra dirección. El número diez va detrás de ella. La golpea contra la pared tan fuerte que juro, siento el ruido sordo. Y luego cae al hielo. Mi pecho se aprieta, como si alguien estuviera sacándome el aire.
La multitud jadea. Se quedan en pausa. La miro, esperando que se levante. Pero no lo hace. Todos comienzan a correr en su dirección. Los entrenadores, un paramédico, su equipo y no sé quién más, pero debo llegar hasta ella. Acompañarla tal como ella, sin saberlo, lo hace conmigo. Empiezo a abrirme camino entre la multitud.
—¡Sasuke! —grita Kakashi detrás de mí, pero lo ignoro.
Respiraciones profundas.
Cálmate, S. No puedes perder el control ahora.
La multitud está cerrada. Nadie quiere permitirme pasar y estoy luchando por respirar. Es como si fueran una pared, manteniéndome lejos de ella, así que empiezo a empujar cuerpos con toda la fuerza que tengo en mí.
Mi pecho se aprieta. Respiraciones profundas.
Inhala. Exhala. Inhala. Exhala.
Es como si hubiera tragado un montón de drogas estimulantes. Mis entrañas están inquietas, como si quisieran fugarse de mi cuerpo. No puedo controlar nada de esto. Nada. Yo. La multitud. No tengo control.
—Sasuke —grita Kakashi de nuevo.
Solo necesito a Sakura. Necesito llegar hasta ella. Hay demasiada gente alrededor y enfrente de mí, lo que me impide verla.
Manos se clavan en mi piel. La gente me agarra.
¡Sasuke! ¡Taka!
¡Sasuke, Taka!
No te asustes. No es real.
Respiraciones profundas. Respiraciones profundas. Respiraciones profundas.
No se levanta. ¿Por qué no lo hace?
Por fin, me abro paso dentro del hielo. Si me tomo el tiempo, debo ser capaz de respirar en este momento, pero no es importante. Me estoy resbalando como un loco, pero otra vez, no importa. Un millón de años después, llego hasta la gente que la está bloqueando.
Se amontonan a su alrededor.
¡Denle espacio para respirar!
—Saku.
Sale de mi boca cuando la alcanzo. Su mamá está a su lado y me da otra de sus miradas airadas. ¿En este momento? Que se vaya a la mierda. No me importa. Esto es sobre Sakura. Dan se detiene frente a mí cuando me estiro hacia ella.
—Su mamá no te quiere aquí. Tal vez deberías retroceder.
—Y estoy bastante seguro de que Sakura no te quiere aquí. —Lo empujo a un lado y cae en el hielo.
Alguien grita:
—¡Oye! —Un montón de miradas se fijan en mí.
¡Taka, Sasuke, Taka!
Manos me agarran. La están cargando hacia una camilla.
—Sakura.
Me estiro y toco su mano. Le quitaron los guantes, así que es solo su piel, toda suave. Sus huesos, todos frágiles. Tan frágiles. Parpadea unas cuantas veces pero el cuerpo sigue flácido.
Dan agarra mi hombro.
—¡Atrás!
Solo quiero asegurarme de que se encuentra bien. Tienen que entenderlo. Necesito que esté bien. Lo aparto. Engancho mis dedos con los de Sakura. Su mamá está allí de nuevo, rompiendo nuestro contacto, inclinándose sobre ella.
—¿Qué pasa? ¿Qué tan herida se encuentra? ¿Está despierta?
Puede odiarme después. Ahora mismo, solo necesito saber de Sakura.
—Fuera del camino —responde.
Dan me agarra y nuevamente, lo empujo. La gente jadea a mi alrededor. Un entrenador me agarra esta vez.
—¡Necesitamos que salgas del hielo!
Todo el mundo está mirando. Naruto patina y trata de agarrar mi brazo, pero lo alejo. No puedo soportar ser tocado en este momento.
—Estará bien, Sasuke.
Lo ignoro.
Respira, respira, respira.
El sudor hace que me piquen los ojos. Se están llevando a Sakura.
Mareado. No puedo creer que me sienta malditamente mareado en este instante. Siento como si pudiera vomitar. Desmayarme. Caerme. Algo así. Todo está borroso. La multitud es ruidosa y silenciosa al mismo tiempo. La gente me está mirando. De alguna manera, se transforman en una multitud de uno de mis conciertos. Esperándome. Sakura se ha ido y en todo lo que puedo pensar es en ella. El abuelo. El abuelo no se encuentra aquí. Estaría en el hielo si fuera así. El abuelo tiene que saber que está herida. No me dejaran verla, pero el abuelo se asegurará de que ella está bien, por mí. Conseguiré que entre para ver si se encuentra bien.
Respira, respira, respira.
Comienzo a correr. El hielo está muy resbaladizo. Siento como si mi corazón pudiera explotar, pero continúo corriendo.
Estoy fuera del edificio y ni siquiera me tomo el tiempo de aspirar una respiración profunda. Corro hacia Bitty, al tiempo que saco las llaves de mi bolsillo. Pongo la camioneta en primera, y los neumáticos giran mientras salgo del estacionamiento. Casi me salgo de la carretera en tres ocasiones, los neumáticos están resbaladizos por lo que se deslizan, pero solo tengo que llegar a casa. Decirle al abuelo. Ver a Sakura. Ella va a estar bien. Todo va a estar bien.
La única razón por la que sé que apagué la camioneta cuando llego es que uso las llaves para abrir la puerta de la casa.
—¡Abuelo!
Respira, respira, respira.
No pierdas el control ahora. No cuando es importante.
Ella puede hacer cualquier cosa. Es mucho mejor que yo. Necesito hacer esto por ella.
—¡Abuelo! Sakura está herida. Te necesita.
¡Te necesitamos!
Se escucha música, pero no puedo encontrarlo en ninguna parte. Mis piernas están temblando tanto que apenas puedo mantenerme de pie, pero me obligo a hacerlo. A continuar. Tengo que continuar.
—¡Abuelo!
Llego a la cocina. Ya no estoy respirando. Mi corazón ya no late, pero de alguna manera me obligo a correr hacia el abuelo, que está en el suelo; un pastel se tambalea en el borde de la mesa.
—¡No! ¡No, no, no! ¡Mierda no!
Caigo en el suelo a su lado. Lo agarro. Coloco su cabeza en mi regazo. Mis manos tiemblan tanto que ni siquiera puedo decir si tiene pulso. Contrólate. Necesito controlarme. Para no arruinar esto.
Se me abre el pecho y todo dentro de mí se desborda. El abuelo. Sakura. ¿Cómo puede estar pasando esto?
—Despierta. Despierta, viejo. Sakura te necesita.
Te necesito.
Lo sacudo. Por favor, despierta. Necesito que se despierte. Yo también te quiero. Me balanceo. Con su cabeza en mi regazo, me balanceo. Miro su barba. Hay grasa en su cara de nuevo. Viejo loco, siempre tiene grasa en su cara.
Y luego está mojada, mis lágrimas lo golpean de la misma manera que las de mi mamá me golpearon en el hospital.
"Lo estás haciendo bien, hijo. Vamos a salir de esto juntos. Voy a estar ahí en cada paso del camino".
—Dijiste que lo haríamos juntos. Que estarías ahí. Tienes que estar ahí.
Más balanceo. Mi cabeza se siente borrosa. La habitación está borrosa. Solo quiero que desaparezca todo. Es demasiado.
Por favor, quédate aquí. Te necesito. No puedo hacerlo, viejo.
Lucho por tratar de dejar de temblar, detener mi balanceo, pero no puedo. Me está llevando, poseyéndome. Sakura, el abuelo…
—¡Sasuke! ¿Qué estás…? Oh mierda.
Kakashi cae en el suelo a mi lado. Está hablando por teléfono. Grita por ahí. Me grita. Me aparta del camino para extender al abuelo en el suelo. Mi cerebro le está diciendo a mi cuerpo que haga algo, pero estoy congelado.
—¡Recupérate rápido, Sasuke! ¡Necesito tu ayuda!
Inclinándose, le da respiración boca a boca. Reanimación cardiopulmonar. El abuelo ha muerto. Él me quería. Sabía todo sobre mí y aun así me quería.
—Presiona su pecho. ¡Recupérate y ayúdame! —grita él.
Lo estoy arruinando. Como siempre.
¡Contrólate!
Por una vez, necesito no arruinar algo. Luchando contra todo lo demás dentro de mí, encuentro un lugar en el centro de su pecho y comienzo con las compresiones.
Le da más aire. El abuelo no tiene aire. Kakashi está respirando por él. Estoy tratando de reavivar su corazón cuando él siempre ha sido capaz de hacer todo.
Una y otra vez, tratamos de traer de regreso al abuelo. Estoy en piloto automático, no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero lo hago por inercia. Aparece un paramédico. Me empuja del camino. Le da aire al abuelo. Aprieta su pecho. Kakashi camina de un lado a otro. Habla con un paramédico. Mis piernas están tan débiles que extiendo una mano para apoyarme en la mesa, pero lo pierdo y casi me estrello contra el suelo. Estoy paralizado. Más congelado de lo que he estado alguna vez. No puedo sentir nada. No sé si estoy respirando, pero sé que tengo que salir. Fuera de la casa. Fuera de mi propia piel. Fuera de todo.
Entró tambaleándome a mi cabaña. No tengo idea de cómo llegué. Con toda la fuerza e ira dentro de mí, pateo mi batería hasta que cae al suelo, luego la aplasto con el pie una y otra vez. El dolor se dispara por la pierna, pero no me importa. Sakura está herida. El abuelo está muerto. Lo sé. Sé que no va a regresar. ¿Cómo pudo dejarme? ¿No sabía que lo necesitaba? ¿Lo mucho que lo necesita Sakura? Ayer se encontraba muy bien. Trabajamos en el carro, reímos y hablamos, y dijo que haríamos esto juntos. Me hizo creer en mí y sentirme fuerte.
Más tropiezos y luego llego a mi habitación. No sé porque voy ahí, ni lo que quiero. En realidad sé lo que quiero, pero no puedo tenerlo. Mis pies se enganchan en la silla, caigo hacia delante y me dejo derrumbar. Gritos suben por mi garganta. Tengo calambres intestinales.
Quería salvarlo. No pude. Está muerto. Muerto. Sakura permanece herida, y no pude salvar al abuelo para ella, para mí.
Lo estoy perdiendo.
De todos modos, no es como si hubiera hecho algo para merecer ser feliz.
Ruedo en el suelo, con los ojos llenos de lágrimas. La maleta está enfrente de mí, burlándose. Apenas puedo llegar hasta ella a través de mi visión borrosa. Los temblores aumentan. Mi corazón golpea eufórico en mi pecho. Pudo haber dejado una.
En realidad, me arrastro hasta la maleta y la abro. Por favor, que haya dejado una. Me cuesta tres intentos poder meter mis dedos. Por fin ellos están ahí y… más fuerte, mi corazón late más fuerte. Hay una bolsa adentro. No se las llevó. ¿Por qué? Tal vez no tuvo la oportunidad. Tal vez se le olvidó. Lo que importa es que están aquí cuando las necesito. La rasgo. La abro.
Doce pastillas.
Quiero tirarlas al otro lado de la habitación.
Quiero tomármelas todas.
Kakashi dándole aire al abuelo. Flexionando en su pecho.
Sakura golpeándose contra la pared. Cayendo, cayendo.
Las palabras de su madre. Nunca me dejará ser parte de la vida de Sakura. No merezco serlo, nunca lo merecí.
Será mi última vez. No más.
¿Por qué no le dije al abuelo que también lo quería?
Las vierto en la palma de mi mano temblorosa y las lanzo sin siquiera saber cuántas entran en mi boca. Las demás caen al suelo y se dispersan. Voy al baño a los tropiezos, y luego abro el grifo.
¿Qué estoy haciendo? No quiero hacer esto.
Necesito esto.
Pongo las manos en forma de copa, las lleno de agua y me tomo las pastillas y el líquido antes de deslizarme por la pared y caer en el suelo.
Estoy flotando lejos… cada vez más mientras permanezco aquí sentado más tiempo. El dolor está disfrazado, escondido detrás de las nubes altas. Puedo respirar. Soy libre. Se siente tan bien. No debí haberme resistido a esto. ¿Por qué me resistí a esto?
Sumergiéndome en esta luz, en esta sensación esponjosa, estiro las piernas delante de mí. Esta es la libertad de la que habló Kakashi. El dolor continúa alejándose; se siente increíble.
El Sasuke de Alaska se ha terminado.
El abuelo se abre camino a través de la neblina. Trabajó conmigo. Creyó en mí. Me quiso.
Lo estoy dejando atrás.
Kakashi aparece en la siguiente parada. Me defendió. Me protegió. Restó tiempo con Iruka para ayudarme. Caminó y habló conmigo.
Lo estoy dejando atrás.
La mano de mamá está en mi cabello. Siempre me amó. Me cuidó. Me dejó tener mis sueños. Hizo todo para mantener a papá lejos de nosotros. Quiero cuidarla. Pero no hay forma de hacerlo de esta manera. No quiero decepcionarla nunca más.
Sakura. Sakura. Sus manos en mis costados. Sus labios contra los míos. Vainilla y gasolina. Siento la adrenalina cuando corremos. Lo bien que me siento al llevar su bolso de hockey. Ella confía en mí. Habla conmigo. Le gusto. Sasuke Uchi, no Sasuke Uchiha. No tengo que ser una estrella del rock para ella. Y le mentí. No quiero mentirle nunca más. Quiero merecer su confianza.
Esta es mi mayor cagada de todas. Todos mis planes, lo que le dije al abuelo, a Kakashi, la rehabilitación. Lo estoy mandando al infierno. Me hace sentir enfermo. Yo mismo me hago sentir así. El abuelo acaba de morir y no sé lo que le pasa a Sakura, y estoy drogado. El odio quema dentro de mí.
Me tambaleo hacia delante y meto mi dedo en la garganta, en un intento de deshacer el veneno en mi interior. En un intento de ser el Sasuke que quiero ser. Sabe a mierda. Me arde la garganta. Siento como si se estuviera secando mi estómago mientras vomito muy fuerte, pero no quiero dejar nada más. No lo quiero dentro de mí nunca más.
Cuando nada más sale, saco mi teléfono y escribo dos palabras.
Lo siento.
Después de presionar enviar, me coloco de pie y corro hacia el exterior.
