Hola Chicas/os, ¡espero que estén bien!, Me imagino que el Side está con la fiebre del Mundial. =) , les comento me sentí un poco triste porque casi no tuve comentarios y esto me hace preguntarme, ¿debería continuar?, pero luego lo pensé bien y este fic es literalmente mi hijo, y realmente se lo que se siente cuando te dejan con las ansias de leer algo que consideras bueno, así que sin más preámbulos les dejo el segundo Capítulo de Malos entendidos, no sin antes darles las Gracias a IzzieBlake y a Try To Follow Me (Mente perversa según ella) sin mas

Digimon No me Pertenece


Capitulo II: Malos Entendidos

—¡No puedo creer que te quieras divorciar!- Respondió una sorprendida pelirroja a su mejor amiga- pero si tú y Matt se aman ¿Por qué tomas esta decisión tan drástica de esta forma?

La castaña observo un momento su copa de vino, luego dirigió la mirada a su amiga quien tenía en sus brazos a su hija Suri de ocho meses, la copia bebe de Taichi, sintió una punzada de dolor, pensar que ella no tendría esa dicha- es una decisión pre-determinada- hablo al fin- llevo tiempo pensándolo y creo que es lo mejor

—¿Por qué lo quieres Hacer? - Insistió Sora

—Yo… yo soy un fracaso como esposa Sora- contesto la joven sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas- tu no lo comprenderías estas feliz con Taichi, tienen dos hermosos hijos que llenan sus días de alegría- su voz se hizo más baja- en cambio yo… - cerro sus ojos y medito un momento, sintió la mirada de cariño y apoyo de su amiga, mas sin embargo esta no la presiono, simplemente se quedó en silencio, por eso la quería tanto, ella siempre ha sido su pilar y la ha ayudado en los momentos más difíciles de su vida

—No puedo tener hijos –susurro al final Tachikawa- es decir, estoy enferma

—¡Oh Dios mío! Mimi- la castaña alzo la mirada y vio como el rostro de su amiga estaba en Shock y gruesas lagrimas surcaban su rostro, haciendo que ella derramara las que por tanto tiempo trato de evitar- ¿Qué pasa cariño?- acoto la pelirroja dejando a su hija en el corral, para dirigirse hacia la castaña y darle un cálido abrazo maternal, Mimi se dejó hacer como si de una muñeca se tratara mientras daba riendas suelta a un llanto lleno de dolor, no supieron cuánto tiempo estuvieron así, luego de eso la castaña conto todo a su amiga, quien la miraba con lastimas

— ¡Soy un fracaso de esposa Sora!, no puedo condenar a Yamato a esto, él ya tiene suficientes problemas- comento con la voz quebrada- por favor, promete que no le dirás nada. No quiero preocuparlo por mi.

—¡Oh Cariño debes hablar con él! Te comprenderá – respondió la pelirroja afligida como su amiga- yo no le diré nada, eso solo te compete a ti, pero por favor hazlo pronto, no es justo que cargues con todo esto sola.

—Lo sé- murmuro la castaña mientras se limpiaba las lágrimas, en eso escucharon como la puerta de la casa de la Takenouchi se abría, dando paso a un Castaño de hermosa sonrisa y mirada chocolatada

—¡Vaya pero miren quien está aquí!- grito efusivo el joven de cabellos un poco rebelde- ¡Princesa de Ishida, es un honor tenerla en este humilde hogar!- haciendo reverencia en broma para luego dirigirse a su esposa y besarla en los labios

—Siempre tan gracioso plebeyo Taichi – Respondió la castaña siguiéndole el juego y limpiado el rastro de las lágrimas de su rostro

— ¡te vez fea cuando lloras!- comento en broma, acercándose para abrazarla en modo de saludo-¿Qué sucedió? ¿Por qué esas caras tan largas?

Mimi miro fugazmente a su amiga, la cual entendió todo en ese instante- Mimi me estaba comentando su experiencia unos jovencitos huérfanos de odaiba, como la historia era muy triste ya vez…- no pudo culminar porque se vio interrumpida por su esposo

—¡Oh ya veo! Es bueno que te involucres en las actividades sociales sobre todo si es por una buena causa- Comento Solemne para luego agregar en todo de broma- ¡Princesa hormonal!- haciendo unos movimientos graciosos con su cejas, lo que hizo sonreír ambas mujeres- y hablando de hormonas ¿ya estas embarazada?

La castaña sintió una puntada cuando escucho esa pregunta, iba a responder pero inmediatamente se vio interrumpida por su amigo- Yamato me comento, que lo están intentando- coloco su dedo índice y pulgar en su mentó en señal de pensamiento- ahora que lo pienso debería recomendarte algunas posiciones para que sea más rápido la concepción, aunque no creo que el rubio oxigenado tenga mi puntería

— ¡Taichi!- grito una ruborizada Sora reprendiendo a su Marido, comenzando así una típica discusión entre los esposos

— ¡Chicos!- alzo un poco la voz la castaña- me voy, fue un placer verlos- tomando su cartera y despidiéndose de sus amigos

— ¡Te acompaño a la puerta!- se apresuró a decir la pelirroja dejando a su esposo con la palabra en la boca, al cual no le quedó más remedio que encogerse los hombros y despedirse de la castaña, para luego dirigirse hacia su hija tomando en brazo a la pequeña dedicándole unas palabras dulces, que no hacían más que arrancar carcajadas a la bebe

—Ya sabes cariño, debes contarle todo a el- dijo Sora- y recuerda que siempre puedes contar conmigo- abrazando a la castaña

—Gracias Sora- luego de la despedida se dirigió a su auto y se fue en dirección a la casa que compartía con su esposo, cuando llego a la misma se dispuso a ir a su habitación no sin antes avisarles a la ama de llaves que no cenaría, una vez estuvo en su habitación se cambió su vestuario y se recostó un rato

A su mente llego el recuerdo de principio de su enfermedad Había sentido dolor en la cavidad pélvica a pesar de que no era la fecha de su periodo. Cada mes el dolor se hacía más fuerte, y ya no se limitaba a la época de su periodo. Según Michael Washington su médico y amigo en Miami, eso era típico de su estado, pero ciertamente no era agradable

Le estaba resultando difícil ocultarle la verdad a Yamato también, pero pronto… no tendría que hacerlo. Le contaría el resultado de la laparoscopia que se había hecho en secreto en un viaje a Miami. Y luego le diría lo que le había dicho el michael que significaba su estado para el futuro y él le diría que su matrimonio se había acabado.

Aquel pensamiento era peor que el dolor de su abdomen. Pero ella se obligó a pensar en el presente, no en el probable futuro.

Tal vez un baño y un analgésico fueran suficientes y no tuviera que tomar esos fuertes calmantes con los que se quedaba atontada todo el día.

Lo curioso era que Yamato no se había dado cuenta.

¿Cómo podía no darse cuenta un hombre de que su esposa tenía el comportamiento de una drogadicta? Si él la hubiera querido como decía, aquello no habría pasado inadvertido. Cuando la bañera estuvo llena, Mimi puso aceites perfumados dentro. Se quitó la bata de seda y se metió. Después de treinta minutos oyó ruidos en el dormitorio.

—Espero que no te hayas dormido en la bañera…

Ella abrió los ojos y el impacto de la presencia de su marido fue como un golpe. Era un pecado que fuera tan guapo.

—No estoy durmiendo. No te irrites.

—Parecías dormida —la acusó.

Su mirada tuvo una intensidad que pareció decirle algo. Ella lo miró con deseo también.

Los analgésicos y el baño caliente hicieron su efecto.

Cuando ella le dijera la verdad y él aceptase que había una sola solución práctica para su futuro debido a que ella no podía darle el heredero tan ansiado, ella tendría que vivir el resto de su vida sin sentir lo que su tacto evocaba en ella, pensó.

—Supongo que no has pensado acompañarme en la bañera, ¿no? Te lo digo por cuestiones de seguridad… Compréndelo —dijo ella guiñándole un ojo.

Él achicó los ojos.

—¿Es ésa una invitación? —preguntó.

—¿Tú qué crees?- se sentía desinhibida

—Bueno pienso que hay que aprovechar el momento, hace tiempo que no estamos así—dijo él con tono duro.

Ella ocultó su sonrisa de satisfacción ante la prueba de él la deseaba. Ella alzó la mirada y dijo:

— ¿Me estas reprochando? —Preguntó ella, incrédula—. Tu cuerpo dice otra cosa.

—Quizás mi cuerpo no sea el que tiene el control.

Ella arqueó su espalda. El movimiento la alivio —A lo mejor sería mejor que lo tuviera.

—¡Maldita sea, Mimi! ¿Qué diablos sucede?

Él nunca juraba delante de ella. Aquello le sorprendió. ¿Y si él no la deseaba? Un hombre podía no ser capaz de controlar la respuesta de su cuerpo, pero no tenía por qué ceder a ella. No si mentalmente no estaba excitado a pesar de lo que deseara su cuerpo.

Él estaba enfadado porque ella lo había rechazado antes y ahora se estaba vengando. Debía de haberse dado cuenta de que lo estaría, pero normalmente no le daba importancia a su falta de deseo.

Mimi salió de la bañera.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó el incrédulo.

—¿Qué te parece que estoy haciendo? Estoy saliendo de la bañera —Respondio ella mirándolo de soslayo.

Él hizo un sonido sensual y dijo:

—Quédate donde estás, bruja provocadora.

Y ella se estremeció.

—No quería provocarte —Comento la aludida.

Él se quitó la corbata y empezó a desabrocharse los botones de la camisa.

—¿No? ¡Cómo serás cuando quieres hacerlo, entonces!

Mimi se dio cuenta de que él no la estaba rechazando, sino que quería meterse en la bañera con ella.

Sonrió, aliviada.

—¿Estás seguro?

Yamato se bajó los pantalones y en el movimiento arrastró con ellos los calzoncillos, revelando una poderosa erección. Él realmente la deseaba, pero por la expresión de su cara, no se alegraba de ello.

Yamato entró en la bañera y tiró de Mimi hacia él, frotando su cuerpo contra el de ella en un gesto evidentemente sexual.

—Yo ya no estoy seguro de nada contigo.

Ella le rodeó el cuello y disfrutó del contacto de sus músculos y su piel cálida.

—Yo creí que tú estabas siempre seguro de mí… en todo.

—¡Ya me gustaría! —él bajó la cabeza y la besó ferozmente.

Había algo que le había molestado y le había hecho perder el control, pensó ella. Su marido, tan civilizado, estaba mostrando un lado básico que siempre había mantenido oculto. Ella dudaba de que él supiera siquiera que lo tenía. Pero no obstante ella siempre lo había sospechado. Lo había vislumbrado algunas veces cuando estaban haciendo el amor, pero aquélla era la primera vez que ella intuía que su control estaba en riesgo realmente. A ella no le importaba. De hecho, le encantaba.

Pasión era lo que ella necesitaba en aquel momento para no pensar en otras cosas.

Ella lo besó también, dejando que la desesperación que sentía se convirtiera en un deseo físico que se igualaba al de él. Yamato emitió un sonido ronco de deseo y la besó más profundamente, penetrando su boca con su lengua, poseyéndola totalmente.

Ella le acarició el pecho, y jugó con su vello.

Él dejó de besarla y dijo:

—Sí, Princesa. ¡Sabes bien cuánto me gusta eso! ¡Hazlo otra vez!

Ella lo hizo y se inclinó hacia adelante para probar la sal de su piel con la punta de la lengua

Sus grandes manos asieron su trasero y se levantó para frotar su erección contra la juntura de sus muslos, provocando en ella una punzada de deseo.

Ella emitió un sonido, casi un maullido. Su deseo era tan intenso, que hundió sus uñas en la piel caliente de Yamato.

¡Lo deseaba tanto! ¡Y en aquel momento, él era totalmente suyo!

Se apretó contra su pecho y se frotó contra él, produciendo una estimulación en sus deseosos pezones que casi la hizo llegar a la cima.

De pronto, él se metió en el agua con ella encima y su movimiento hizo desbordar la bañera. Yamato extendió sus piernas para que ella pudiera ponerse a horcajadas encima de él y tiró de ella hacia abajo agarrándola fuertemente de las caderas. El movimiento fue perfecto y su erección se adentró en su cuerpo, llenándola completamente con un poderoso empuje.

El cuerpo de Mimi se retorció al sentir la sorprendente intrusión, pero no sintió nada de dolor. ¡Era tan maravilloso! ¡Tan perfecto! Sus cuerpos se ajustaban perfectamente el uno al otro… ¡Cómo era posible que su cuerpo fuera imperfecto para lo que más importaba!, pensó Mimi.

Yamato apartó su boca.

—¿Qué ocurre? ¿Cuál es el problema?- Pregunto deteniéndose y algo preocupado

—Nada. ¡Es tan placentero tenerte dentro! —dijo Mimi mordiendo su labio inferior.

—Te has puesto rígida.- insistió el joven

—Siempre está estrecho al principio.

Él sonrió, un brillo masculino de ego iluminó sus ojos Azules —Sí, pero te gusta, ¿no?

—¡Me encanta!- Afirmo ella sonriéndole y dándole un beso fugaz en los labios

«Te amo», pensó Mimi. «Siempre te amaré».

—Entonces, déjame que te haga mía.- Afirmo el moviéndose lentamente dentro de ella

—Sí.- jadeo la Castaña mientras arqueaba su espalda

Él la hizo suya, y ella se alegró de no sentir dolor. Deseó que no le doliera mientras estuvieran haciendo el amor. Tuvo cuidado de que él no se adentrase profundamente, Mientras el la dejó controlar la situación. Mimi había jugado de aquel modo con él muchas veces en el pasado, y aquello era muy placentero para ambos.

Yamato echó la cabeza atrás y dijo con placer:

— ¡Eres tan buena en esto!

—¡Y tú eres increíble!

Él se puso tenso debajo de ella. Su cuerpo tenía una tensión que no tenía nada que ver con el placer sensual.

—Entonces, ¿por qué me rechazas tan a menudo últimamente? —preguntó él.

Ella no tenía una respuesta, al menos una que pudiera darle en aquel momento cuando el placer estaba a punto de hacer que se olvidara de todo. Así que, en lugar de decir algo que pudiera provocar una discusión, ella lo besó.

Él la besó también, ferozmente.

Ella respondió con la misma pasión y se abandonó a la espiral de placer que se iba formando en su interior. Y dejó todo pensamiento racional de lado, abandonada a las sensaciones de su cuerpo, que se convulsionó con la satisfacción última.

Él le agarró las caderas y empujó hacia arriba, una, dos… tres veces y la hizo ascender a una segunda cima de placer, tan cerca de la primera que apenas pudo respirar.

Él gritó y ella sintió su calor húmedo dentro, mientras ella tomaba oxígeno estremeciéndose antes de derrumbarse encima de él.

Mimi besó su pecho.

—Ha sido maravilloso… —dijo ella entrecortadamente.

—Sí. Siempre lo es.- comento el rubio con calma

—Sí.- dijo ella mientras besaba el pecho de su esposo

—Entonces, ¿por qué…? —empezó a preguntar Yamato.

Ella lo acalló poniéndole la mano en la boca.

—No digas nada. Disfruta, simplemente. ¿De acuerdo?

Él frunció el ceño.

—Por favor… —le rogó ella.

Yamato asintió con la cabeza. Ella sonrió y apoyó su cabeza en su pecho otra vez.

— ¡Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre!

—Tú me has pedido que no hablemos…

—Sí —ella volvió a besarlo porque no podía refrenarse, y luego se relajó allí.

Él deslizó sus manos desde sus caderas hasta su espalda y ella se acurrucó en el círculo de sus brazos. Sus cuerpos aún seguían conectados del modo más íntimo.

En un momento dado él la llevó a la ducha y volvieron a hacer el amor debajo del agua, antes de lavarse y luego acostarse. Ella se quedó dormida en cuanto puso la cabeza en la almohada.

Mimi se despertó sola y hundió su cara en la almohada.

La noche anterior había sido increíble.

Yamato la había despertado a primera hora de la mañana y le había hecho el amor con tal ternura, que ella había gritado cuando había llegado a la cima del placer. Él la había abrazado luego, acariciándole la espalda y susurrándole cuánto disfrutaba de su cuerpo, y lo hermosa que era.

Pero después de tres años ella se daba cuenta de que no bastaba con parecerle hermosa. Su Matrimonio no podía durar para siempre porque la belleza exterior no duraba siempre. Y la satisfacción sexual no podía compensar su incapacidad para darle la única cosa que se esperaba de ella: herederos para el imperio Ishida.

Era hora de decirle la verdad.

Pero cuando ella bajó se encontró con que él había volado a Nueva York. Ella se había olvidado de su viaje y no sabía si podría esperar tres días para aclarar las cosas entre ellos.

A ella no se le escapó el hecho de que él se hubiera ido sin despertarla y sin darle un beso de despedida. De alguna manera eso empeoraba las cosas. Tal vez porque fuera un indicio de la falta de cercanía entre ellos.

No quiso pensar más en ello, cuando estaba sentada en el balcón de su cuarto desayunando, una de sus mucamas entro a su habitación anunciándole que el Señor Senjun Ishida se encontraba de vista, lo primero que hizo fue cambiarse y colocarse un atuendo que consistía en un pantalón blanco de Vestir y una camisa a juego, recogió rápidamente su cabello, y se dirigió rápidamente a la sala donde él se encontraba

—Señor Senjun Ishida- hizo una improvisada referencia hacia el señor mayor- es un placer tenerlo en casa

El abuelo de su esposo se acercó a ella y le dio la mano- un placer verla de nuevo Mimi- el señor se alejó de ella y tomo asiento nuevamente en el mueble de la sala - ¿Dónde está mi nieto?

— Yamato tuvo que viajar a Nueva York, tenía una reunión muy importante allí-comento ella un poco nerviosa, aunque el Señor Ishida era el abuelo de su esposo, era una de las personas que más la intimidaban

— ¿Consideras oportuno que tu marido se haya tenido que marchar y tu estés por aquí en esta enorme casa sola?- pregunto el Abuelo, observándola detenidamente

— Considero Señor Ishida, con todo respeto, que mi esposo debe hacer lo que considere pertinente para salvaguardar los intereses de su imperio – Agrego con una sonrisa que no se reflejó en sus ojo, sabía que su respuesta había sido un poco fría a lo que agrego- no me importa pasar estos día sola, sé que es importante para el

—Sabes - dijo el mayor tomando las manos de las joven entre las suyas sorprendiéndola - Me recuerdas a mi difunta esposa Elise, era una joven hermosa, vital, cuando éramos jóvenes nos queríamos mucho, pero mis ambiciones eran grandes seguir con el grupo Ishida y convertirlo en el impero más grande de lo que soñó mi abuelo,- se detuvo brevemente, a lo que la joven presiono un poco sus manos en señal de apoyo- No valore a mi Elise como lo merecía, era una mujer sumamente hermosa ¿Sabes? Era francesa- hizo un retrato mental en su mente- me dedique de lleno al negocio de los hoteles, noches sin llegar a la casa, reproches y más reproches, hicieron que nuestra relación se quebrantara, ella me amaba y yo a ella, pero casi no nos veíamos. No sabes cuánto me arrepiento de no estar con ella, cuando enfermo, y cuando quise pasar más tiempo con ella era tarde, ya no podía hacer nada

Mimi al escuchar el relato del anciano no hizo más que sentirse terrible le parecía tan doloroso, una triste historia de amor

El mayor la miro con ternura- sé que ya es muy tarde para el arrepentimiento, pero me prometí a mí mismo, que no permitiría que ningún descendiente mío, sufriera algo así, la pérdida del amor verdadero, que sé que es lo que hay entre ustedes dos- sonrió por un instante- sé que mi nieto tiende a ser un cabezotas como yo en mi tiempo, pero el mismo me ha demostrado que te quiere, y que tú lo amas a él, es por eso que te digo esto, no dejes que unos intereses se interpongan entre ustedes, no corten la comunicación que es lo primordial en una relación, sé que tienes ganas de ir hasta donde él está. ¿Por qué no lo haces?

—yo… yo… no estoy segura, usted acaba de llegar yo…-comenzó hablar pero fue interrumpida

—Por mí no te preocupes yo estaré bien, Toma mi avión privado y ve hasta donde está el- dijo el sonriendo- dale la sorpresa, yo iré a visitar a mi otro nieto- parándose del asiento, luego de las despedidas pertinente y de establecer el horario para su partida Mimi se despidió del abuelo Ishida, para subir corriendo a su habitación y armar su maleta, sus acciones fueron interrumpida cuando el teléfono sonó.

Cuando vio que era Yamato, se quedó sin aliento.

—Buenos días,Hermosa.

Aquel tratamiento cariñoso le hizo daño. ¿Últimamente ella no era más que una cara y un cuerpo para él?

—Buenos días, Yamato —ella esperó a que él le dijera el motivo de su llamada.

—Estoy de camino al hotel y me gustaría que estuvieras conmigo…

—¿De verdad? —su corazón se había detenido.

—Sí. No me gusta que nuestras actividades nos separen.

—Entonces, ¿por qué no me has pedido que vaya contigo?- pregunto cómo quien no quiere la cosa

—Tú tienes tus obligaciones y yo las mías.

—¿Y siempre están primero las obligaciones?

—Debe ser así. Es nuestro deber.

—No es siempre así para Takeru e Hikari

—Mi hermano no es el Presidente del Grupo Ishida. Pueden permitirse poner las obligaciones en segundo lugar ocasionalmente siendo el vicepresidente. La empresa no depende tanto de él. Y a su esposa no se le pide lo mismo que a ti, como esposa mía que eres —repitió él lo que tantas veces le había dicho.

—Te echo de menos —dijo ella.

—Llevo fuera menos de un día.

—¿Quieres decir que no me echas de menos? —preguntó ella.

—Te echaré de menos esta noche.

Aquello la hirió.

—En la cama… —dijo ella.

—Se nos da bien… —contestó él sonriendo cinicamente.

—¿Sólo eso? —preguntó Mimi, por una vez sin disimular cuánto le disgustaba aquello, era doloroso pensar que en eso se había convertido su relación.

—No seas ridícula. Tú eres mi esposa, no mi concubina. ¿Cómo se te ocurre siquiera preguntar eso?

—Tal vez porque ése sea el único lugar donde te dignas a echarme de menos.

—Yo no he dicho eso.

—Perdona, pero sí lo has dicho.

—No te he llamado para que discutamos —dijo él con voz de hielo—. Pero para que lo sepas, no he querido decir eso.

Tal vez él no se diera cuenta, pero lo había hecho.

—¿Por qué has llamado? Ambos sabemos que no ha sido sólo para saludarme…

—¿Qué te ocurre? A lo mejor ésa es la razón por la que te he llamado precisamente.

—No creo…

—Estaba pensando en ti y he querido oír tu voz, ¿de acuerdo? —pareció irritado.

Ella deseó que fuera cierto. Luego pensó que Yamato no mentía conscientemente.

—¿Es verdad eso? —no pudo evitar preguntar Mimi.

—No tengo por costumbre mentirte.

—Lo sé. Es una de las cosas que más aprecio de ti.

—¿Puedes decir tú lo mismo? —preguntó él deliberadamente.

—Por supuesto. Sabes que no te miento —contestó ella, irritada.

—A lo mejor piensas que no darme información no es mentirme —dijo Yamato.

¿Sabría su secreto?, se preguntó ella.

—No sé qué quieres decir.

Ella se preguntó si no se parecería a su padre más de lo que creía al oírse decir aquello.

—¿Estás segura de ello?

—Nadie dice todo, pero eso no quiere decir que te mienta —dijo ella a la defensiva.

No podía darle la noticia de su infertilidad por teléfono.

—Espero que sea verdad, Mimi —suspiró él—. Me está entrando otra llamada. Tengo que irme.

—De acuerdo. Adiós, Yamato.

—Adiós, Princesa.

Mimi colgó, pero durante un rato largo no pudo dejar de pensar en aquella conversación. No había sido capaz de decirle la verdad, ni sobre su condición ni lo que planeaba hacer por este motivo.

Él se sentiría aliviado. Seguro.

Pero una parte muy pequeña de su ser tenía la esperanza de que no fuera así, que no quisiera que ella hiciera lo correcto, lo único lógico en aquellas circunstancias y como aconsejo a el Patriarca Ishida.

Marcharse a Nueva York.

-Mimi ...

Mimi levantó la vista para mirar a su secretaria personal, que estaba delante de ella.

Miyako una joven de veinticuatro años, Cuatro años menor que ella, tenía una peculiar personalidad pero era una mujer leal y discreta. Ella era la única persona aparte de su amiga Sora y su médico de Miami que sabía su secreto.

—Te esperan tus citas de esta mañana.

—Miyako… Tengo que ir a Nueva York.

—Pienso que puedo suspender las actividades de tu agenda —dijo la mujer sin pestañear—. Si puedes ocuparte de la cita de ahora.

—¿Así de fácil?

—Hay cosas que tiene que hablar con el Señor Ishida —dijo Miyako amablemente—. Supongo que esas cosas no se hablaron anoche.

Mimi agitó la cabeza.

—Eso da prioridad a tu viaje a Nueva York.

—Espero que Yamato piense lo mismo.

—Los hombres, incluso los más brillantes, no son nada inteligentes en cuanto a las relaciones.

—¿Incluso hombres brillantes?

—Sí. Incluso diría que son los más brillantes los más torpes con las mujeres. Lo digo por experiencia propia, tú más que nadie sabes lo que me costó conquistar a mi esposo

Mimi se rió. Tal vez Miyako tuviera razón. —Y recuerda- Agrego la joven pelimorada - el matrimonio no es sólo tener hijos.

—El mío lo es —dijo Mimi poniéndose seria.

—No lo creas.

Ella deseo compartir la opinión de su joven secretaria, pero no podía.


Bueh Hasta aquí les dejo el capítulo II (me muerdo las uñas) es un poco hot, espero que de verdad les guste, lo hice con mucho esfuerzo y cariño, comenten, díganme que tal les parece, si les gusta la trama, les parece aburrida, todo se vale… Muchos besos.

izzieBlake: primero que nada gracias por tu comentario; me alegra que te haya gustado el Cap. Y buehh te comento que fue un poco difícil que los personajes siguieran estos lineamientos, en cuanto a la superficialidad no tengo ni idea de como hice para que no se "leyeran" prepotentes, aunque en los capítulos venideros puede que cambie un poquito… pero dale una oportunidad. en cuanto a la esterilidad de Mimi. Eso es correcto hehehe. Mil Gracias por tu apoyo

Try To Follow Me: Muchas Gracias, es un honor para mí que te guste como escribo, asi que te dejo este capa para que te deleites (autoestima), de verdad Mil gracias.