Todo es propiedad de aquel oriental.

Yo solo tengo el suficiente tiempo libre para promocionar sus ficciones.


"Alto, joven, pretencioso, atlético, con unos hermosos iris cristalinos, torpe, extrovertido, soñador, pecoso, poseedor de un bronceado sureño, cabello color trigo, amable y trabajador.

Ese era yo, en mi adolescencia, en el trabajo duro de granja, recuerdo que me gusta describirme, siempre olvidaba como era mi persona, no sabía con exactitud que las actitudes y las características físicas.

Por esta patética razón, me observaba en el espejo, palpaba mis granos mientras sonreía.

No quiero olvidarme, además del cristal me susurraba: ¿Quién eres tu?

El invierno está en rojo.

Bajamos un desayunar con la tranquilidad de los bebés, adormecidos, y aunque necesitábamos llegar a la facultad. En el cual cada uno tomamos nuestros caminos y fingiríamos amistad. La rutina de cada semana debía ser cumplida.

Entre sus risas estúpidas, engullamos cereal barato, pan enmohecido, y nos acariciábamos cómplices, simultáneamente escuchábamos la radio, las noticias del conflicto, la agonía del mundo, el sollozo de tu alma resonaba a través de las paredes, el sentirlo, odiabas la guerra .

Niño patriótico, hipócrita, odiabas perder.

¿Por qué nos ponemos por estas catástrofes ?, Somos ajenos al mundo, recuérdalo él nos vomitó. Somos ajenos en esta mesa carcomida, en los platos llenos de leche.

A pesar, de tu actitud alegre, siempre fui una montaña de emociones.

Esperaba que recibieras mis sentimientos, no quería verte deprimido tan temprano, me hubiera gustado transferirte algo de mi frustración, tal vez, podrías haber almacenado algo de coraje.

-Vamos los tendremos que cruzar el páramo, podremos besarnos bajo el manzano a la luz de este maldito y sofocante sol invernal.-Respondiste con un gesto apático.

Estabas cansado, las ecuaciones de elementos no eran tan sencillas. Pero era tu carrera, tu futuro, así que tomo tu mano, estabas conmigo, yo te apoyaba en tús elecciones.

Alistaste tus libros, grafitos, y pequeño cuaderno en la mochila de cáñamo, mientras que abrigaba y atendía mi mochila. Estábamos listos, otro día para la victoria.

La salida. Siempre nostálgica, las despedidas de tú madre con el sentimiento de su depresión, los aseguramientos sus pastillas y la patética sonrisa forzada del chico que quería ser un héroe.

Quería que me salvaras, cuando me aferraba a ti, no existían tormentes y abruptas enfermedades, sólo quería un poco de amor.

Salimos, protegidos, los abrigos nos abrazaban y jugabas con mi bufanda.

Culpable, el remordimiento te atacaba, no debías estudiar, tu responsabilidad era la granja y tu madre.

Aún así soñabas.

-El mundo se colapsa, debe estar allá, ayudar a mi gente- pronunciaste mientras que las escondidas en mi espalda.

-El mundo te quiere aquí, ella te necesita, no puedes sentirte culpable, no eres como ellos.

-Estoy siendo un traidor.

-No eres como ellos, ellos son los traidores, los que son lastiman, que matan y apuñalan hermanos, ellos son los culpables, tú eres un estudiante, un ciudadano responsable y un granjero con grandes sueños, pero no eres un asesino.

-Pero, pude haber ayudado, soy un héroe ...

-Los verdaderos héroes no matan, acéptalo, no eres hijo del odio.

Llegamos al manzano, estaba seco, imponente ante el pasto y la tierra quemada, habíamos pasado tu granja, tu pequeño pueblo sin ideas al que había llegado un refugio. Horas largas y cansadas de camino para escapar de la ignorancia.

Nos miramos y examinamos, teníamos ojeras en nuestros rostros juveniles.

Tomaste tu cámara y me ordenaste posar. El manzano y yo, nos parecíamos, nos escuchábamos, con figura lúgubre sonreí.

Capturaste el momento y nos contuvimos, besarnos significar exilo si alguien nos descubre.

Así que solo guardaste tu portal espacio-tiempo. Seguimos caminando.

El manzano se había quedado tus quejas heroicas.

Los momentos banales que succionan la desgracia.

Ahora solo discutíamos sobre arte, metafísica, química y drogas. Nuestros temas comunes para la travesía.

Lo normal de nuestras vidas.

Lo normal de la agonía.

Lo normal del camino andado.

"Ambas partes perdemos, nos sentamos en el mundo en su agonía, bilis en las bocas de nuestros hermanos, cuerpos putrefactos en el lugar de los árboles, la tierra nos castigará, se comerá cada uno de nosotros, sus hijos sin misericordia".

El transporte público no era tan concurrido, no notabas tranquilo, era su comportamiento habitual al salir del granero.

La ciudad te cambiaba, los edificios voluptuosos se entrometían en tu ser. Admite que las economías más económicas, pero no el nacionalismo por engordaba.

-Mi madre se muere, ya no respira con devoción, no puede escapar, ha sido sumergida en la desolación- Susurraste intranquilo.

-¿Por qué ?, ella aspira a su libertad, deberías dejarla ir-comentar apático.

-No quiero dejarla ir.

-Egoísta, no hay salvación en la guerra.

-Ella no pertenece a la guerra.

-Todos pertenecemos a ella.

-Eres un imbécil rojo.

-Tú eres un imbécil azul.

-Somos unos imbéciles morados- Reiste, esas eras el verdadero tú, el chico encantador.

-Vámonos, llegemos tarde- Me preocpa que la ciudad nos devorara.

-No importa, siempre lo hacemos.

-Algo ha cambiado, deja de pensar en tu madre, ha sido bien, es fuerte y cuenta contigo.

Siempre me preguntaba, ¿Cuándo se me acabarían las ideas estúpidas para no verte llorar?

¿Cuánto tiempo intenta hacerte feliz?

-Te amo-Lo pronunciaste tiernamente, unas palabras que aniquilarían mi poca resistencia.

Perdóname, debí luchar, perdóname por dejarte en la nieve, diez piedad de mí, ya no me atormentes con tu reflejo.

Deje que tu amor se derramara, tus sueños y esperanzas.

Deje que te cubrieran de rojo a pesar de tus dulces palabras.


Holi.

Segundo capítulo, nunca creí tener la imaginación y la fuerza de voluntad para seguir aquí.

Si alguien que se ha perdido esta loca historia, le agradeceré su tiempo invertido.

Cada capítulo es muy corto por las razones que explicó más adelante.

Sólo él de dar una pista es una especie de RusAme, pero puede existir sorpresas.

-Fin del comunicado.