¡Hola! Chicas/cos. ¿Cómo han estado? Espero realmete que muy bien. Bueno primero que nada muchas gracias por las firmas hermosas que me dejaron, me llena de placer saber que les ha gustado los capítulos ¡Wii!, sé que me he tardado un poco para subir, pero esta ha sido una semana muy ajetreada para mi ¡Uf!, peroooo, ya estoy un poco más Ligeraque¡alegria! Bueno sin más, les dejo el nuevo capítulo, espero realmente que sea de su agrado.
Malos Entendidos
Y Digimon no me pertenece
Capitulo III
Aterrizó en Nueva York aquella noche. Estaba nerviosa.
Se había pasado el viaje pensando qué decirle a Yamato, pero no podía pasar de la primera frase.
Le había pedido al servicio de seguridad que no alertaran a su marido de que ella tenía intención de reunirse con él. No sabía por qué le parecía que el elemento sorpresa jugaría a su favor.
Cuando aterrizó el avión, le habían informado que Yamato estaba en el hotel preparándose para una cena de negocios.
Ella apenas registró la opulencia del hotel cuando el servicio de seguridad la dejó pasar. Estaba demasiado ocupada tratando de controlar sus nervios.
Yamato se estaba poniendo la corbata cuando ella entró en su habitación.
—Hola,Matt.- Saludo la joven utilizando el sobrenombre cariñoso
Yamato se dio la vuelta.
— Mimi … ¿qué estás haciendo aquí?- Dijo el Aludido con Sorpresa
—Tú me has dicho que te hubiera gustado tenerme aquí.- contestos sonriendo tristemente la Castaña
—Tú no estás aquí por mí llamada de esta mañana —le dijo él, desafiándola a que le mintiera.
—No, no estoy aquí por esa razón. Tenemos que hablar.- respondió con una mirada determinante la joven
—¿Sí?- ironizo el observándole con una mirada fría
—Sí —ella intentó ignorar su hostilidad.
—Supongo que tienes que confesarme algo que te pesa en la conciencia desde hace tiempo —agregó él.
Mimi no sabía por qué Yamato estaba tan hostil. Tal vez fuera porque ella había cambiado su agenda. A Yamato no le gustaban las sorpresas y lo esperaba una peor aún.
—Algo así —dijo ella haciendo una mueca.
Yamato siguió con lo que estaba haciendo.
—Tendrá que esperar. Tengo una cena de negocios.
—¿Puedes cancelarla?- pregunto esperanzada
—¿Cómo has cancelado tú todas tus obligaciones para venir a hablar conmigo de algo de lo que podrías haber hablado dentro de tres días cuando volviera a casa?- Respondió furioso el empresario
—Sí.
—Eso no va a suceder.- respondió el evitando su mirada y terminando de hacer el nudo de su corbata
—¿Sería tan terrible?- pregunto Dolida- ¿puedes mirarme por lo menos?
—Evidentemente a ti no te lo parece, pero a mí no me gusta que mi esposa deje todas sus obligaciones y que yo haga lo mismo.-dijo de mala gana observándola de reojo
—¿Y son las obligaciones lo único que importa en nuestra vida en común?
—Las obligaciones están en primer lugar. Creí que lo habías comprendido.
—¿Es por ello por lo que te casaste conmigo?
—Tú sabes que fue una de las razones por las que decidí que serías una esposa adecuada para mí.
—¿Qué pasa contigo?- Alzo la voz la joven aguantando las ganas de llorar- ¿ Cuando me convertí en la Esposa "Adecuada" para ti? – Hizo una pausa- Ahora lo entiendo-ironizo la joven- El que yo aceptara mis responsabilidades fue lo que te atrajo de mí… y por supuesto el hecho de ser sexualmente compatible contigo
—¿Habrías esperado de mí que me casara con una mujer que no pudiera ocupar ni comprender mi papel en el mundo de las Finanzas?- Le Respondio con una sonrisa en su rostro
—Tu hermano no ha estado tan preocupado por si su mujer era adecuada o no —le recordó ella dolida por sus palabras.
—Cómo te dije anoche, yo no soy Takeru. –Él no era el tierno, él era el frio Yamato
—No, tú eres el futuro heredero, lo que significa que las obligaciones son lo único importante.
—Tú sabías eso cuando nos casamos. Es algo que no espero discutir.- repitió Irritado el Rubio
—Nunca quieres discutir de nada.- Dijo la joven Molesta llevando sus manos a su rostro para limpiar las lágrimas que escapaban de sus ojos
—Eres muy perceptiva…-Yamato se puso la chaqueta del esmoquin. —Es una conversación muy interesante, pero tengo que marcharme si no quiero llegar tarde.
—¿Así simplemente? ¿He volado desde Japon y tú no quieres tener una importante conversación conmigo por tu agenda?
—No sé cuál es tu problema, pero te sugiero que esperes. Volveré bastante tarde, así que si todavía necesitas decírmelo, hablaremos entonces.- dijo el aplicándose perfume
—¿Y si no quiero esperar?- lo reto la ojos miel
—No te quedará otra opción.- respondió el joven ojiazul encogiéndose los hombros
—¿Cuándo he tenido otra?
—Tú elegiste casarte conmigo. Nadie te convenció para que lo hicieras. Y no estoy dispuesto a tolerar que te olvides de tus promesas, ni de tus obligaciones de esposa tan fácilmente como lo has hecho con tus obligaciones esta mañana.
—Son lo mismo, ¿no crees?
—No —él la miró—. Tú tienes obligaciones personales conmigo que no tienen nada que ver con tu otra responsabilidad.
Él se refería al sexo, ella estaba segura. Pero él se equivocaba. Hasta eso estaba ligado al imperio, porque se esperaba un heredero.
—Quizás me sienta un poco insegura acerca de todas mis obligaciones ahora mismo.
—Te recomiendo que consigas estar segura para cuando vuelva de la cena esta noche —dijo Yamato, molesto.
—¿Y si no lo estoy?
—Será una noche desagradable para ambos. Pero te advierto, mis armas son y serán siempre superiores a las tuyas.
—¡Eres tan arrogante, Yamato! —suspiró ella—. De todos modos, no estés tan seguro de que mis armas no puedan superar a las tuyas, porque tengo un horrible presentimiento de que sí pueden serlo.- La esterilidad a causa de su enfermedad era una fuerza poderosa para destruir su matrimonio.
Él se puso pálido, lo sabía iba hablarle sobre su infidelidad. Eso lo puso furioso, la observo duramente y contesto:
—No tengo tiempo para esto.- Luego de esto se marchó.
Mimi oyó la puerta de la suite como en un sueño, pero se incorporó y se sentó en la cama.
Él nunca le había dicho que ella significaba poco para él, pero la forma en que se había marchado lo dejaba muy claro. Él no tenía tiempo para ella, a no ser que ella estuviera desempeñando su papel de Esposa perfecta en la fiesta, o el de concubina en su cama.
Ella nunca había rehuido sus obligaciones, ni había antepuesto sus sentimientos, y la única vez que lo hacía él le dejaba claro que no toleraría un comportamiento semejante.
Mimi sintió ganas de llorar.
No tenía un matrimonio. Tenía una sociedad en la que ella era un socio menor. Y dolía ya que de ser así, no cabía duda de que fue la única que se enamoró en esa relación, y a pesar de lo que los demás decían él no estaba loco por ella
—Señora, ¿quiere que le pida algo para cenar? —le preguntó un hombre del servicio de seguridad desde la puerta abierta.
Ella disimuló sus lágrimas.
—No, gracias.
—Si no tiene hambre ahora, puedo pedirle algo más tarde- Insistió el hombre
—No quiero cenar, gracias —ella tuvo que tragarse un sollozo.
Lo único que quería era que la dejaran sola.
Ella llevaba mucho tiempo ocultando sus sentimientos, y encima en los últimos meses había intentado fingir que los horribles dolores de la endometriosis no existían.
Al principio se había convencido de que se trataba de los dolores del periodo que se habían hecho más intensos por dejar de tomar la píldora. Pero una noche, durante otro viaje de Yamato, se había desmayado por los calambres, y cuando se había despertado en el suelo del cuarto de baño había descubierto que estaba en un charco de sangre.
Y entonces había decidido averiguar qué le estaba sucediendo.
Había pedido una cita con su médico y amigo Michael Washington en Miami, una costumbre que había iniciado desde que tenía que proteger tanto su intimidad por su posición.
El le había ordenado una laparoscopia. Ambos ovarios estaban afectados, y aun después de una operación para quitarle todo, sus posibilidades de quedar embarazada eran menos del diez por ciento. Incluso con fertilización in vitro no había garantías.
Aquél no era el tipo de problema con el que el Yamato había contado cuando a ella le habían hecho la prueba de fertilidad. El Heredero del grupo tenía la responsabilidad de dar un heredero. Mimi sabía que no había ninguna esperanza de que su orgulloso marido pasara por aquello por ella.
Si la hubiera amado como ella lo amaba a el, sería diferente. Pero todo habría sido diferente.
Yamato podría ofrecerle seguir casado, pero ella sabía que él deseaba otra cosa. Y ella no quería ser un peso para él.
Decidió tomar una ducha, y abrió el agua totalmente para llorar hasta agotarse.
Ella había tenido esperanzas de formar una familia feliz cuando se había casado, una familia como ella no había tenido. Había querido ser madre. ¡Lo había deseado tanto ¿Por qué había querido esperar él? ¿Por qué? No era justo. Si se hubiera quedado embarazada al principio de su relación, la endometriosis posiblemente ni siquiera hubiera aparecido.
Pero ahora ya no había nada que hacer.
Ella había querido tener un hijo, un hijo de Yamato, sabiendo que éste tendría un mundo de amor, no sólo de obligaciones Que tendría algo más en la vida que su posición. Había querido rectificar los errores que sus padres habían cometido con ella. Había querido darle una oportunidad al amor, sabiendo que sus hijos la amarían. ¿No había amado ella a sus padres aunque éstos le hubieran hecho daño?
Y habría sido una buena madre, una madre cariñosa.
Lloró amargamente, y se agotó de llorar antes de quedarse dormida.
Se despertó en algún momento con el ruido de la ducha. Miró el reloj de la mesilla y vio que eran las nueve. Intentó comprender qué significaba aquello. Era más temprano de lo que había esperado que volviera Yamato.
Pero no era posible que él hubiera cambiado sus planes por ella.
La ducha dejó de sonar y Yamato entró en la habitación, completamente desnudo, secándose el pelo con una toalla blanca. Se inclinó para encender la lámpara de su mesilla, y la luz iluminó su piel blanca.
Mimi sintió deseo físico.
Yamato dejó la toalla a un lado y la miró.
—Estás despierta —dijo cuando vio que Mimi abría los ojos.
—Has vuelto.
—Evidentemente- contesto el con Sarcasmo
Ella ignoró su sarcasmo.
—¿Cómo fue la reunión? -En realidad no le importaba, pero no se le ocurrió decir otra cosa.
—Como esperaba —dijo él.
-No me sorprende -. Diligente Comentario
—¿Qué quieres decir?
—Que eres muy bueno para conseguir lo que quieres.
—No soy egoísta.
—No he dicho que lo seas.
—Entonces, ¿qué querías decir con eso?
—Nada.
—Yutsu me ha dicho que no has cenado.- dijo el refiriéndose al hombre de seguridad
—Comí en el avión.
—Un café con dos galletitas no es una cena —respondió Yamato frunciendo el ceño.
No, él no quería nada más.
—Saltarte comidas no es bueno para la salud.
En-bien porque Cene en un día.
—¿Estás indispuesta? Si es así, no deberías viajar —dijo él sin preocupación realmente.
—No te preocupes. No voy a contagiarte de gripe ni de nada. No estoy enferma.
—Esperaba que estuvieras despierta cuando volviese, pero no lo estabas.
—No sabía cuándo volverías…
—No son más que las nueve —dijo él, como si aquélla no fuera hora de irse a la cama.
Y probablemente no lo fuera para él. Yamato necesitaba dormir menos que nadie, pensó ella.
—Estaba cansada.
—¿Pero no estás enferma?
—No.
—¿Estás segura?
—Sí
—¿Estás embarazada?
—No.
—¿Estás segura?
—Totalmente.
—¿Entonces este comportamiento extraño es por las hormonas?- Pregunto dudoso
Seguramente las hormonas eran parcialmente responsables de aquellos desequilibrios emocionales.
—Si te complace pensar eso, entonces, sí.
—No hay nada que me complazca de esta situación —respondió Yamato.
—Lo siento.- realmente estaba apenada
—No quiero una disculpa. Quiero una explicación. Tú has dicho que tenías cosas que decirme, pero he vuelto a la suite y te he encontrado durmiendo.
—¿Es delito eso?
—No, pero no comprendo tu comportamiento.
—¡Dios mío! Debería ceñirme al pequeño espacio que me has asignado en tu vida… —comentó ella frustrada.
—No he hecho nada para merecer tu sarcasmo.- Dijo el enojado
—Excepto negarte a escucharme.- afirmo la castaña mirándolo con sorna
—En el horario que te convenía a ti. Ahora estoy aquí. Listo para escuchar.
Ella lo miró. Sintió ganas de llorar. Iba a echarlo de menos, y no podía negar que en parte lo echaría de menos físicamente.
Mimi suspiró.
—Me doy cuenta de que ha sido una tontería volar hasta aquí para hablar contigo. Esperar tres días no iba a cambiar las cosas. Ni siquiera estoy tan segura ahora de que valga la pena tener la charla que quería tener.
Tenía que contárselo, pero después de su agotamiento emocional en la ducha, no tenía fuerzas para hablar con él.
—¿Por qué? —preguntó Yamato.
—Hay cosas que no se pueden cambiar.-Aunque ella quisiera que cambiasen.
—¿Y qué cosas son ésas?
—Prefiero no hablar de ello ahora —admitió Mimi mirando hacia otro lado.
Yamato rodeó la cama, se puso a su lado y tiró de ella para que se incorporase.
—Es una pena, porque yo sí quiero hablar.- afirmo el sujetando fuertemente las muñecas de la joven
—No puedes hacer lo que quieres siempre —dijo Mimi tratando de soltarse de su agarre
—No creo que lo haga- Respondió el rubio apretando más sus muñecas
—Yo creo que sí.- dijo ella haciendo una mueca- ¡me lastimas! ¡Suéltame!
Yamato Aflojo un poco el agarre.
—Deja de jugar y dime por qué diablos estás actuando de forma tan extraña —dijo él con impaciencia tratando de sacarle la verdad.
Ella supo que tendría que hablar.
Y finalmente lo aceptó. Ella había empezado aquello y tenía que terminarlo aunque lo postergase. Lamentaba su precipitada decisión de ir a Nueva York. Se le hizo un nudo en la garganta, y supo que no podría empezar a hablarle de su enfermedad, incluso haciendo un esfuerzo por distanciarse del asunto.
Había una sola cosa que ella podía decir.
Y no estaba segura de cómo decirla.
—Tenemos que divorciarnos —Susurro de repente.
Él la miró con furia y la soltó tan violentamente que ella casi se cayó.
—¡Desgraciada!- le grito un Yamato furioso, sabía que a la joven le había afectado ese Adjetivo, pero era lo menos que se merecía, él ya tenía la sospecha luego de que Catherine Ricci su ex novia Hiciera una llamada esa misma mañana y enviara por correo unas fotos, donde su esposa aparecía hablando con un Rubio en un restaurant en Miami, ella parecía estar llorando, mientras que él le tomaba las manos como si de una pareja se tratara , la tocaba con tanta familiaridad…
Ella jamás lo había visto tan enfadado y tuvo miedo.
—Yo… tengo que decirte…
—Para divorciarte tendrás que pasar por encima de mi cadáver —la interrumpió Yamato.
Ella abrió la boca, pero no pudo decir nada, no le salían las palabras. Todo aquello le dolía demasiado.
Aunque fuera terrible la reacción de Yamato a su demanda de divorcio, no podía decirle la verdad, porque era como etiquetarla como un fracaso total como mujer.
Y su despiadada reacción la confundía más. Para ella, aquello era el fin de todo.
A no ser que su matrimonio fuera más importante para él de lo que ella pensaba y que por ello él reaccionase de aquel modo.
¿Podría ser así?
Sintió esperanza. ¿Y si había malinterpretado su actitud desde el principio?
Pero no debía engañarse. Ella sabía cómo actuaban los hombres de la familia Ishida cuando estaban enamorados. Lo había visto en su Padre, en su hermano Takeru y hasta en el mismo, cuando inicio su relación.
Sin embargo, él estaba actuando como si el fin de su matrimonio realmente le importase.
—¿Por qué estás tan enfadado? —preguntó ella en un susurro casi.
Él la miró, furioso.
—¿Acabas de pedirme el divorcio y me preguntas eso?
—Sí —ella estaba temblando de miedo y anticipación por su respuesta.
—Tenía ciertas exigencias para buscar esposa, tú lo sabías —dijo él entre dientes.
—Sí.- aunque no menciono que en principio se amaban, la respuesta le dio esperanza
—Una de ellas era que fuera una mujer que comprendiera la importancia de la obligación y el sacrificio de la felicidad personal.
- Se sacrificar tu felicidad personal casándote conmigo? -Pregunte, herida -. Tu decides que me amó
Ella siempre se había preguntado si él quería una mujer diferente, una mujer más seria quizás mas excitante. Una mujer que no fuera la esposa ideal como le decían, pero que lo igualase en la feroz pasión que se escondía debajo de la sólida superficie de sus obligaciones.
—Eso fue antes- Dijo el encogiéndose los hombros- La felicidad nunca fue algo a considerar en mi matrimonio-tratando de lastimarla.
Ella se sintió herida.
—Para mí, sí. Yo era feliz por casarme contigo. Te deseaba más que nada en el mundo.
—Pero ahora quieres divorciarte. Tu deseo por mí, esa felicidad de la que hablas, no duró mucho. Ni cuatro años. ¿Qué no te di que te haya prometido?
—Nada.- respondió Resignada, esto no era culpa de el
—Entonces, yo no he hecho nada para romper nuestro matrimonio, ¿no?- Confirmo el
—No.
—Y comprendes también que te casaste con la idea de que era para toda la vida, ¿no es verdad?
—Sí, por supuesto.
—Entonces comprenderás que no voy a permitir que rompas un compromiso para toda la vida, ¿no?
—A veces ocurren cosas que hacen imposible cumplir un pacto.- Respondió Mimi ¡cuanto lo lamentaba!
—No en nuestro matrimonio.
—Sí, en él también. Yo…- comenzó ella pero no podía hablar.
—No lo digas. No te dejaré marchar.
Mimi lo miró esperanzada —No puedes hablar en serio… —dijo.
Él se apartó de ella. —No vas a irte de mi lado y convertirme en el segundo en el linaje Ishida que se divorció. ¡¿Entiendes que mi Familia es muy conservadora?! ¿Lo entiendes? —dijo con tono cortante—. No voy a permitir que me conviertas en el hazmerreír entre mis colegas
Finalmente ella comprendió. No era su corazón lo que estaba implicado en aquello, era su orgullo. Él no la necesitaba a ella. Sólo necesitaba seguir casado para no quedar en ridículo.
Ella sintió rabia.
—¿Es eso todo lo que te importa? ¿Que la gente te compare con tu padre?
Él se dio la vuelta para contestarle.
—Mi padre rompió sus promesas de matrimonio. Yo no he roto las mías. No voy a dejar que te divorcies de mí simplemente porque quieres romper las tuyas…- dijo el lanzándole una indirecta a la joven
Indirecta que no fue captada por la misma, ya que lo único que se limitó a responder fue un simple: —No tengo elección.
—Todos tenemos elecciones. Estás eligiendo mal. Tú me prometiste un heredero. ¿Qué me dices de eso?
Ella se sobresaltó. —Yo no quiero esto, créeme.
Pero él la miró con odio.
Unos golpes sonaron en la puerta y ella se sobresaltó.
—¡Márchense! —dijo Yamato con tono brusco.
Ella jamás le había oído aquel tono.
—Señor Ishida, es extremadamente urgente.
Yamato dijo algo. Luego se puso la bata con gesto contrariado. Abrió la puerta y dijo:
—¿Qué ocurre?
Ella no comprendió lo que dijo el hombre de seguridad, pero oyó a su marido jurar.
— Yamato ¿qué ocurre? —preguntó ella.
Pero él agitó la cabeza y abrió más la puerta. Se detuvo un momento y dijo:
—Seguiremos con esta conversación.
El hombre de seguridad miró a Yamato con cara de preocupación y a Mimi con expresión de curiosidad antes de seguir a su jefe a la otra habitación.
Ella se preguntó qué podía ser más importante que el fin de su matrimonio, pero debía tratarse de algo muy importante para que los miembros de seguridad lo interrumpieran contra sus expresos deseos.
Mimi recordó cuánto le había gustado saber a él que ella había sido criada en la idea de que el matrimonio era para toda la vida a pesar de las diferencias personales. El deber era lo primero, y último.
Lo que era justamente el motivo por el que ella le había pedido el divorcio.
Mimi se hundió en uno de los sillones que había en un rincón. Estaba agotada. No podría haber manejado peor la situación. En lugar de contarle su casi cierta esterilidad, le había dicho que tenían que divorciarse. Aunque eso fuera cierto, no era la primera cosa que tendría que haberle dicho.
Él creía que ella quería divorciarse, lo que no estaba más lejos de la verdad. La obligación le hacía renunciar al hombre al que amaba por su bien Sus últimas palabras antes de marcharse lo decían todo. Él necesitaba herederos. Ella no podía dárselos.
¿Por qué la vida era tan dura? ¿Qué había hecho mal para que le ocurriese aquella desgracia?
Michael le había dicho que no era nada personal, que montones de mujeres sufrían de endometriosis. Pero a ella le parecía algo personal.
Sobre todo cuando los resultados de la enfermedad estaban destruyendo su vida.
Estaba perdiendo el control de sus emociones. Su padre se habría sentido avergonzado de su comportamiento. Pero él nunca se había sentido orgulloso de ella. Ella lo había defraudado.
Los psicólogos decían que las mujeres tendían a casarse con hombres como sus padres, y ella se daba cuenta de que su marido la valoraba tan poco como su progenitor.
Pero lo que era cierto era que le debía a Yamato una explicación.
Ella se quedó esperándolo con impaciencia. De pronto lo vio entrar con un gesto que jamás había visto en su rostro.
—Vístete —dijo.
Hasta allí ¡Ta tan! (Música de suspenso) si no coordina quiero que sepan que tengo mal oído musical =(
Y de verdad espero que les haya gustado el capítulo, si los deje con suspenso quiero que sepan que es mi intención
Estoy muy agradecida por los hermosos cometarios y ya los regreso toditos.
Anafichan: Muchas Gracias por el halago, y evidentemente concuerdo contigo sobre la omisión, pero ¿realmente esta es una forma de mentir? Hahah yo mis cuestionamientos. Gracias cariño y espero de verdad que este capitulo se guste aunque se enrede un poquito mas
Ofelia de Ishida: ¡uff¡ si que quedaste con duda, realmente espero que con este capítulo las cosas hayan aclarado un poco para ti, y al igual que tu yo también AMO el Mimato. Gracias por leer de Ishida (¿?) Muack
Mimimatt26: ¡Óyeme Pervertida! Me declaro culpable yo también :$ me alegra tanto que te guste la trama de la nove, y si sé que da mucha penita con mimi, a mi también me dio :'( espero que este capítulo te dé más penita, Gracias por leer te mando un Besoteeee
Try To Follow Me: ¡Awww! Mi fiel lectora, como me alegra encontrar tu comentario, gracias por el animo linda, y lo de los bebes lindo, eso aún no está definido (¿?) mmmm! Espero que te guste este donde lo del divorcio puede ser un hecho (¿?) muack besotee
JyF: te seré sincerarealmente tenía muchas ansias de regresar este comentario, pero cada vez que comenzaba a escribir, inmediatamente borraba, porque sinceramente no encuentro palabras, fue sorprenderte leer lo que escribirte, me sentí triste, es increíble la similitud, y me sentiría halagada el saber que te identificas por otro motivo y no por el hecho de no poder procrear, pero eres muy Joven, la ciencia ha avanzado mucho, te deseo de todo corazón que tú y tu esposo puedan encontrar una solución
Por otro lado apenas llevas ¡tres meses! Cuando quieras te paso las posiciones de Taichi cariño,(Pongámosle humor) hahaha en serio linda espero que las cosas funcionen. Yyyyyy mi más sincera gratitud por leer mi historia Mucks un besote y Abrazote
Johy Garcia: Realmente espero que haya llenado tus expectativas este capítulo, Gracias por leer un Abrazo
MimiDeIshida: ¡Que Genial! Si esta es una propuesta un tanto distinta a lo usual, pero mucho mimato hahaha Gracias por leer
NNPAF: Gracias por el consejo, y obviamente por catalogar mi historia como una de calidad (Dan ganas de llorar) hehehe, gracias por comentar un beso
