¡Hola Chicas! ¿Cómo están? Espero que bien… niñas lamento el atraso, pero tengo una excusa, ¡estoy enferma!, ufff, resulta que tengo dengue pues si, por banalidades de la vida me pico un patitas blanca… y ya saben cómo es esto, los niveles del organismo baja, mis defensas estaban por el suelo, por lo que me he visto sometida a una rigurosa dieta para subir mis defensas y muchos medicamentos además de cocteles (no se emocionen) de vitamina C, B y Ácido fólico, lo curioso del caso es que me inscribí en el gimnasio hice mi rutina y en la noche tenia dengue, ¡creo que es una señal del destino! Mi cuerpo rechaza el ejercicio porque estoy linda así… (Autoestima) bueno pasemos la página que no las agobiare con mis cosas mejor les dejo el capítulo y ya.
Digimon no me Pertenece
Capitulo IV
—¿Qué? ¿Por qué?
¿Él la echaba de la habitación porque ella le había pedido el divorcio? No tenía sentido.
Volar-TENEMOS que el Odaiba inmediatamente.
Ella saltó del asiento.
—¿Ocurre algo malo? —preguntó.
—Mi Padre ha tenido un ataque al corazón.
—¡No!
No el Sr Hiroaki, rogó ella. Su Suegro viva cerca de la Mansión donde ellos habitaban, pero vivía solo luego de su divorcio con la Sra Natsuko, por lo cual Yamato y ella se turnaban para visitarlo
—¿Cómo está?
—Está estable pero requiere una operación con un bypass. Está ingresado. Está solo, sin familia que lo acompañe, porque a ti se te ha ocurrido venir aquí por capricho.- la acuso el enojado
—¿Dónde está tu hermano?-pregunto dudosa
—De camino a la clínica con el abuelo, ahora que los he llamado. Papá no ha querido llamarlo, y sólo ha aceptado que me llamen cuando ha estado estable. Si tú hubieras estado allí, esto no habría pasado.- insistió el joven rubio
—No puedes culparme de que tu padre haya tenido un ataque al corazón.
—No, pero si tú hubieras estado allí, te habrías puesto en contacto con mi hermano y conmigo a pesar de los deseos de mi padre. Él no podría haberte ordenado no llamarnos como si fueras una criada.
—¿Estás seguro de eso?- pregunto con un nudo en su estómago la joven
—Sí, lo estoy. Lo habrías hecho aún a escondidas de papá.
—Pero se han puesto en contacto ahora- trato de justificar la castaña consternada
—¿Y si él hubiera muerto? ¿Y si es peor de lo que me dice a mí?
—Yo no podría haber controlado eso, y estoy segura de que ya has hablado con el médico y sabes cuál es la gravedad de su estado.
—Lo he hecho, y no es leve. Deberías haber estado allí —repitió él pasando su mano por su cabello en un gesto desesperado.
—No eres justo. Sabes que yo sentí que tenía que venir. Necesitaba hablar contigo.- contesto algo furiosa
—Sobre la ruptura de tus promesas matrimoniales. Y luego decidiste que la charla podía esperar. Actuaste caprichosamente y mi padre ha pagado por ello. Cometí un gran error pidiéndote que te casaras conmigo —dijo con desprecio Yamato.
Pero ella estaba demasiado furiosa con él como para que le dolieran sus palabras. —Comprendo… Pero todavía hay cosas que tengo que decirte.
—No quiero escucharlas.- Dándose la Vuelta
—Tienes que hacerlo.- insistió la Joven
Él la miró con desprecio. —Me iré de aquí dentro de diez minutos. Si quieres venir conmigo, vístete.
Siguieron enfadados en el vuelo a Odaiba.
Ella había sido la esposa perfecta durante Cuatro años, pero un solo acto que él no aprobaba borraba todos los sacrificios hechos en todo ese tiempo en que ella había antepuesto sus obligaciones y responsabilidades a sus deseos y sentimientos personales.
¿No merecía ella como esposa suya un poco más de comprensión?
Mirando hacia atrás, ella se daba cuenta de cuánto se había preocupado por él y de lo que él necesitaba y qué poco se había preocupado de ella Yamato.
¿Era ella masoquista?
Se había pasado toda la vida tratando de complacer a otra gente. Primero a sus padres, cada uno de los cuales tenía un plan diferente para su vida.
Ella recordaba a Hikari diciendo que con Takeru habían Tenido ciertos problemas debido a que tenia que encargarse de algunos asuntos referentes a la empresa en Kyoto y debido a esto debían trasladarse hasta esa ciudad pero Hikari quería quedarse en Odaiba tras una exhaustiva charla, y al gran amor que se tenía lograron superar todos los inconvenientes Después de todo, Mimi conocía a los hombres de la familia Ishida . Takeru Por ejemplo el amaba a su esposa, y nadie de la familia podía dudarlo. Nunca, en opinión de ella.
Pero Yamato no la amaba ni la había amado ahora que el mismo se lo había dicho cuando la había cortejado con vistas a casarse. Él la había besado y acariciado con pasión, provocando en ella una apasionada respuesta que había aprendido a aceptar, pero que al principio la había sorprendido y aterrado por su intensidad dado a que era el primero en su vida. Sentirse tan a merced de los deseos de su cuerpo había chocado con su necesidad de control y con el modo en que la habían educado: reprimiendo cualquier emoción profunda.
La verdad era que ella probablemente no hubiera dejado que el amor hacia Yamato floreciera de no haber sido por aquella sensualidad latente que él desataba en ella. Había roto todas sus barreras emocionales y había dejado su corazón desnudo a su influencia.
Ahora pagaría el precio de su debilidad.
La vulnerabilidad siempre tenía un precio. ¿No se lo habían dicho sus padres acaso aunque con diferentes palabras?
No obstante, ella no había podido evitar enamorarse del Rubio con corazón de piedra.
El precio de aquel amor era su corazón destrozado.
La enfermedad de su Suegro había agregado tristeza. Ella quería a su suegro de un modo como no había podido querer a su padre Puesto que el la había aceptado como su padre no lo había hecho. Él admiraba su fuerza femenina y se lo había dicho. Disfrutaba de su compañía y también le decía eso.
Había sido su aliado durante Cuatro años, y si lo perdía, se moriría de pena. Además, significaría que la necesidad de Yamato por un heredero sería mayor.
Yamato había dicho que su padre estaba estable, pero ella sabía lo impredecible de una dolencia de corazón.
Aunque las acusaciones de Yamato eran injustas, si ella hubiera sabido que la salud de su suegro estaba en riesgo, No habría hecho caso al Abuelo de su Marido y hubiese esperado que este regresara de Nueva York para hablar con él.
Y para colmo ella seguía destrozada por la conversación que había tenido con Yamato.
No podría soportar una guerra silenciosa con su marido. Aunque una vez que le explicase lo de su endometriosis al menos terminaría aquella terrible hostilidad hacia ella. Yamato se sentiría muy decepcionado, la vería como un fracaso de mujer, pero ya no estaría furioso con ella.
Además, era posible que no pudiera ocultarle la agonía física que le producía la endometriosis durante su periodo. Cada mes era peor, y hasta que se operase seguiría así. Aunque a Yamato no le gustaría oír la verdad, no podía ser peor que el hecho de que él creyera que ella lo dejaba por motivos egoístas.
Con una mezcla de rabia y de necesidad de sinceridad, Mimi se acercó y se sentó junto a Yamato.
—Yamato… —dijo.
Él la miró —¿Qué?
—No quiero agregar más problemas al tema de tu padre, pero…
—Entonces, no lo hagas- contesto de Forma Brusca
—¿Qué?- pregunto sorprendida
—Vas a decirme por qué quieres divorciarte, ¿no?- dijo el de forma inexpresiva
—Sí.- contesto la joven cabizbaja
—No lo hagas.- respondió sin mas
—Pero tengo que hacerlo.- intento de nuevo la joven
—No quiero oírlo.
—Pero…
—Te daré el divorcio, si quieres, Mimi. Pero no hasta que la salud de mi padre se estabilice lo suficiente como para que soporte la idea de que su querida nuera va a marcharse. Hasta entonces continuaremos la farsa de nuestro matrimonio. Capice?
—No, realmente no comprendo —dijo ella—. Creí que antes de divorciarme de ti tendría que matarte.
—He cambiado de parecer.- respondio encogiéndose los hombros restándole importancia
—Ya lo veo, pero, ¿por qué…?- murmuro entrecortadamente la joven
—Tú no eres la única que se ha aburrido de esto, pero yo no habría hecho nada debido a mis obligaciones, lo que seguramente te parecerá una estupidez- Contesto el- quizás sea la hora de buscar otra mujer
Ella recibió el golpe.
—Quizás sea lo mejor- cerro los ojos tratando de que las lágrimas no salieran de su rostro- y para que lo sepas…Yo no he dicho nunca que esté aburrida —afirmó Mimi.
—Pero yo sí lo estoy. La verdad es que me alegro de darte el divorcio, pero como te he dicho… Tendrá que esperar, por la salud de mi padre. Supongo que puedes aceptar esa limitación, ¿no?
—¿Quieres el divorcio? —preguntó ella.
—Eres hermosa, Mimi, pero un hombre necesita más que una cara bonita y modales absolutamente impecables en la mesa para el proyecto de una vida entera juntos. Cuando empezaste a rechazarme en la cama, tu valor a mis ojos disminuyó peligrosamente. Como te he dicho, yo no lo habría planteado porque hice una promesa, y la cumplo. Pero no lucharé por un matrimonio que en realidad no quiero.
—¿No quieres estar casado conmigo? —preguntó ella dolida.
—¿Por qué te sorprende tanto? A ti te pasa lo mismo.- señalo el rubio
—¿A mí…?
—Y ni siquiera tienes la fuerza de carácter como para decirlo. Es gracioso. Yo siempre he sabido que tú sentías algo más. Pero no fingiré una pena que no siento.
—Pero antes…
—Fueron palabras dictadas por mi orgullo. No reaccioné de acuerdo a lo que realmente quería.
Ella sintió un nudo en el estómago por la pena. Se levantó antes de que viera las lágrimas correr por su rostro y dijo:
—Entonces, supongo que no hay nada más que decir.
—Nada que yo quiera oír.
Ella asintió.
Yamato observó a su esposa caminar, insegura, nuevamente hacia su asiento y deseó romper algo. Maldita sea, ¿por qué Mimi tenía que parecer tan destrozada? Ella había sido quien le había pedido el divorcio. Ella era la que había encontrado a otra persona.
Y había querido contárselo. Como si contarle los detalles pudiera suavizar su infidelidad.
Él había comprendido la necesidad de su madre de dejar a su padre, pero jamás había comprendido que llegase a divorciarse. No se había vuelto a casar. Entonces, ¿por qué divorciarse? ¿Para qué ensuciar el nombre de la familia por nada? ¿Por principios?
Él nunca había imaginado que Mimi pudiera hacer algo así. En su arrogancia, había pensado que él le era suficiente. Pero se había equivocado. Entonces, ¿por qué parecía destrozada por las palabras de él?
Él las había pronunciado para salvar su orgullo cuando se había dado cuenta de que ella le iba a contar lo de su amante. No estaba orgulloso de mentir, era un hombre sincero, pero no se retractaría.
La mentira más grande que le había dicho a Mimi era que se había aburrido de ella. Él la seguía Amando y deseando aunque ella lo rehuyera. Le sorprendía que hubiera sido capaz de decirle aquellas palabras, sobre todo porque estaban muy lejos de la verdad.
Su matrimonio no había sido sólo sexo, aunque éste había sido un tema importante. ¿Para qué hombre no lo era? Ellos se casaron enamorados, el nunca se había enamorado de nadie, pero cuando la vio a ella había sido como un soplo en su aburrida vida, pero ahora el le había dicho que no la quería y ella le había creído, lo que le hacía pensar que sólo lo veía como un cuerpo y una forma de satisfacer las ambiciones de sus padres.
¿Quién sería el nuevo hombre, es el rubio con el que estaba en el restaurant? Seguro no un don nadie por supuesto. No le costaría averiguarlo con su detective privado Hawke y confirmar lo que se veía en las fotografías enviadas por su ex.
Pero no sabía qué haría con esos datos luego…El deseo de venganza hervía en su interior. Sería fácil ser un obstáculo para su felicidad. Con negarle el divorcio ya estaba.
Él no quería seguir en una relación donde no estaba la fidelidad, pero le daba miedo no seguir casado con ella. No sabía si podría volver a tocarla sabiendo que la había tocado otro hombre, pero tampoco sabía si podía dejarla marchar.
Y esa idea lo enfurecía más aún que la infidelidad de Mimi.
Llegaron a Odaiba un poco después de las 4 de la madrugada y fueron directamente al hospital.
Mimi había intentado dormir en el avión, pero no había podido. Estaba demasiado afligida tanto por las palabras de Yamato como por el ataque al corazón de su Suegro. Ambas cosas habían sido peor que saber de su endometriosis y su alta probabilidad de esterilidad.
Saber que Yamato estaba aburrido de ella había sido terrible… La había destruido, limpio disimuladamente una lagrima rebelde que se escapó de sus ojos
Cuando llegaron al hospital Yamato le agarró el brazo para impedirle que saliera de la limusina.
—Mimi…- susurro Yamato
—¿Qué?
—Mi familia ya tiene suficiente estrés…
-Sí -. Respondidas de forma independiente
—No quiero causarle más estrés con la noticia de nuestra ruptura.
—Por supuesto.
—Espero que te comportes como siempre lo has hecho conmigo.
—Estoy segura de que no tendremos problema en mantener las apariencias —lo miró— Nadie espera que seamos cariñosos el uno con el otro.
Mimi salió de la limusina y se colocó su máscara pública. Esperó a Yamato para caminar con él hacia el hospital.
Entraron en el edificio abriéndose paso entre un tumulto de periodistas y flashes de cámaras de fotos.
Un hombre rompió la barrera de seguridad y le preguntó:
—¿Qué significaría para usted que muriese el Hiroaki Ishida, Sra De Ishida?
Mimi hizo un esfuerzo por permanecer imperturbable ante semejante pregunta, y se encogió al ver que otro periodista se había acercado con la cámara.
Pero de pronto Yamato la protegió de los periodistas con su fuerte brazo alrededor de sus hombros, y su voz dando órdenes al servicio de seguridad pidiéndoles que no dejasen acercarse a los paparazis.
Una vez que estuvieron dentro del hospital y la puerta de hierro sólido se cerró tras ellos, Yamato la soltó como si no pudiera soportar estar tan cerca de ella ni un segundo.
Caminaron por el pasillo del hospital en silencio. El director del mismo fue a su encuentro y los condujo a una zona expresamente acondicionada para la familia Ishida.
Yamato habló con el médico, pero cuando ella vio que el hombre no decía nada nuevo sobre su suegro, dejó de prestar atención.
En algún sitio de aquel edificio su suegro estaba luchando entre la vida y la muerte, y ella no se quedaría tranquila hasta que el no estuviera totalmente fuera de peligro.
Hikari apareció corriendo hacia Mimi en el momento en que Yamato y ella traspasaron el arco que conducía a la sala de espera.
Hikari miró a Mimi y al ver su rostro la abrazó.
—Se pondrá bien. Necesita un bypass, como sabrás, pero es un hombre fuerte. Se pondrá bien.
Mimi se dejó abrazar por su cuñada, agradeciendo el contacto físico sincero, al contrario que el de su marido, fingido para la prensa.
—No sé qué haré si muere —susurró Mimi.
No estaba acostumbrada a decir lo que sentía, y se sorprendió al oír sus propias palabras.
—No se va a morir, cariño. No hables así —Hikari palmeó a Mimi en la espalda como si estuviera consolando a un niño, y ésta sintió unas lágrimas deslizarse por su rostro.
No recordaba cuándo había sido la última vez que alguien había notado que ella tenía sentimientos, que la había tocado para consolarla. Yamato no, ciertamente. Él actuaba como si su corazón fuera de hierro. Sus padres tampoco la habían consolado de pequeña. Ella supuestamente tenía que ocultar todo temor y todo sentimiento.
Mimi sí de Hikari medio.
—¿Podemos verlo?
—Takeru y el Señor Senjun están con él ahora. Está durmiendo en este momento, pero puedes verlo. Está pálido, pero está recuperándose lentamente. De verdad.
Mimi asintió y luego se dio la vuelta para ir a la habitación de Hiroaki, sin esperar a ver si su marido la seguía.
Yamato la siguió.
Ella abrió la puerta de la habitación y entró.
Había una luz tenue detrás de la cama, y su suegro yacía inmóvil, su rostro normalmente bronceado estaba pálido. En la esquina de la habitación sentados en unos muebles estaban Takeru y su Abuelo, el rubio mayor pareció sorprendido cuando vio a su abuelo sentado al lado de su hermano menor
Luego dirigió la mirada a su padre que estaba postrado en la cama —Parece tan débil… —dijo con emoción.
—Sí, pero se pondrá bien —dijo Takeru desde su silla.
Y Mimi se encontró rogando en su interior: «Por favor. Dios mío. Que se ponga bien».
Takeru se acercó a su hermano y suspiró: —Consiguieron venir rápidamente.- Abrazo a Mimi en señal de saludo y beso su frente
—Era necesario.- Yamato observo a su abuelo y se inclinó en señal de saludo, lo mismo hizo Mimi
—Lo van a operar mañana por la mañana- Contesto el señor Senjun con su rostro inexpresivo- será mejor que me vaya a la mansión, vendre mañana por la mañana
—Es lo que te estaba diciendo hace rato Abuelo- contesto el rubio de mirada dulce- debes descansar, ha sido un dia muy ajetreado para ti
—Abuelo… no sabía que estabas aquí- contesto el rubio mayor mirando de reojo a Mimi
—Tranquilo Hijo, no debes preocuparte por nada- dijo el monarca dándole una mirada significativa – nos vemos mañana, y Mimi- observo a la joven que lo miraba apenada, se acercó a ella y tomo su mano delicadamente – cuida a mis nietos, sobre todo de Yamato- luego de esto salió de la Habitación
—Es un hombre fuerte- contesto Yamato mostrando media sonrisa en el rostro-luego miro a Mimi- tu y yo debemos hablar más tarde sobre lo que le hiciste a mi abuelo – la castaña solo se limitó a seguir observando a su suegro
—Mama Vendrá- afirmo Takeru rompiendo el silencio que se había formado tras la salida de su abuelo de la habitación
—¿Va a venir?- pregunto asombrado el hermano mayor
—el abuelo la llamó para darle la noticia Mientras estábamos en el aeropuerto y ella ha querido venir lo más pronto posible.
—Increible, pense que despues del divorcio, ella no lo querria ver mas- agito su cabeza -Oye ¿Hikari no se encuentra bien con su embarazo? Me sorprende que la hayas dejado volar.
Takeru suspiró con una mezcla de emociones en su expresión. Era evidente que la salud de su esposa le preocupaba.
—No hubo manera de detenerla, pero quiero llevarla de vuelta a la casa para que descanse cuanto antes.
—Sí —dijo Yamato. Se acercó a la cama de su padre, tocó su brazo y agregó—: Es una suerte que Hikari no tenga muchas náuseas.
Mimi se sorprendió de sus palabras, porque seguramente no era lo que Yamato estaba pensando.
—Se pondrá bien, créeme, Yamato —dijo Takeru, adivinando la preocupación de su hermano a pesar de su comentario sobre Hikari.
Yamato no dijo nada, estaba totalmente concentrado en su padre.
Takeru palmeó a su hermano en la espalda y se marchó de la habitación.
Mimi se acercó a Yamato y acarició la mejilla de su suegro. Estaba tibia.
Luego, quitó la mano y se alejó al otro extremo de la habitación a rogar con fe incierta.
Takeru volvió y susurró algo a Yamato. Este asintió y le respondió. Y su hermano se marchó.
Yamato la miró.
—Takeru e Hikari se vuelven a la Mansion. Takeru quiere que Hikari descanse y ella no se marchará sin él.
—Me alegro de que él quiera marcharse entonces.
—Le he dicho que tú irías también.
—Preferiría quedarme aquí.
—Ése es mi lugar.
—También es el mío.- contesto con altanería la castaña
—No después de lo de anoche. -Ella sintió como si él le hubiera dado un bofetón.
—Yo quiero al el Sr. Hiroaki, lo sabes. Quiero quedarme aquí contigo.
—Tú necesitas descansar —contestó Yamato.
—No voy a dormir. No he podido hacerlo en el vuelo, no creo que sirva mucho que me vaya.
—No seas tonta. Ve a casa y vuelve por la mañana —se oyó decir desde la cama.
Mimi se estremeció al oír al padre de su esposo…
Lamento no poder regresarles las firmas de forma individual, pero niñas tengo un catéter intravenoso, y me duele mucho para escribir, pero de verdad leí todos los mensajitos súper hermosos que me dejaron, muchas gracias por seguir esta historia, por sus críticas, muchas gracias y realmente espero que este capítulo sea de su agrado, déjenme saber su opinión sobre cada uno de los personajes y mil perdones si hay un error.
Niñas gracias por su apoyo y hacerse fan de este intento de novela… izzieblake (tengo una preguntita ¿eres la crack creadora de Airi, abre tus ojos y muchas más?) Johy Garcia, NNPAF, Mimimatt26, MimiDeIshida y Ofelia de Ishida (cuantas de Ishida) Mil Gracias
