¡Hola Chicas! No saben cómo lamento no haber subido antes capitulo; si les contara… últimamente la inspiración salió sin mi permiso y no quería regresar, me costó mucho escribir borrar, volver, y bueh así pase casi toda la semana, pero tranqui que aquí les traigo este para que se deleiten, espero realmente que les guste y me dejen sus hermosas firmitas, otra cosita muchas Gracias para las que se preocuparon por mi salud, ya estoy mejor gracias por todos los buenos deseos, un besote niñas se les quiere… 3 Sin mas Preámbulos: Malos Entendidos
Digimon no me Pertenece
Capítulo VI
La idea de que Mimi pudiera amar a otro hombre le provocaba un sentimiento de celos tan fuerte, que lo volvía loco. —Te agradecería que te hicieras una prueba de embarazo.
—Eso… eso… no será necesario.- contesto tartamudeando la joven Tachicawa algo sorprendida
—El que tengas el periodo no es garantía de que no estés embarazada.- respondió Yamato dirigiéndose a su closet
—Y si estuviera embarazada, ¿estarías aburrido de mí? ¿Aceptarías de tan buen grado el divorcio? —preguntó ella sarcásticamente.
El orgullo le impidió ser sincero con ella, así que no contestó.
Ella suspiró con cansancio. —Eso es lo que yo he pensado. Estoy segura de que no estoy embarazada. Dejémoslo ahí.
—¿Has hecho algo para no quedarte embarazada? —preguntó él con desconfianza.
—Por supuesto que no.- contesto inmediatamente horrorizada ante la idea
—Entonces el riesgo existe. Te harás una prueba formal.
—Si eso es lo que quieres…
—Lo que yo quiero tiene poco que ver con esta conversación.
—Bueno, no se trata ciertamente de lo que quiero yo.
—Si llevas a un hijo mío en el vientre, no habrá divorcio.
Era justamente lo que ella había pensado. Sintió mucha pena. Por su hijo, Yamato sería capaz de aguantar a una mujer que lo había aburrido. —Lo que tú digas —dijo ella, cansada.
—Debes estar muy segura de que no estás embarazada, porque la perspectiva de perder tu libertad no parece preocuparte.
—Tal vez porque mi libertad no me preocupa. Y ya te he dicho que no estoy embarazada- respondio ella sin mirarlo
Gesto que no paso desapercibido por su esposo—Pero me has dicho que no has tomado nada para impedir el embarazo.- insistió el, aun tenia la esperanza de que ella le dijera que sospechaba que estaba embarazada, y que sus cambios de humor se debían a este hecho -Mirame
—No lo he tomado.- contesto ella fijando sus ojos en su camisa semi abierta, para no mirarlo a los ojos, y este se diera cuenta de su vulnerabilidad
—¿Y cómo estás tan segura entonces? O ¿acaso me estas mintiendo?
—No miento. Estoy segura.
—La única prueba que tienes el periodo. Eso no es prueba suficiente.
—No tengo el periodo.
—Pero dijiste…
—Que estoy segura de que no estoy embarazada —lo interrumpió—. Conozco mi cuerpo y sé que me va a venir el periodo. Las señales están ahí —incluido el dolor de la endometriosis, pensó.
—Como te he dicho, tu periodo no es garantía.
—Te he dicho que me haré las pruebas. No comprendo por qué tenemos que discutir por esto. ¿Podemos dejar esta conversación ahora? Quiero cambiarme e irme a la cama.
—Sí lo dejaremos hasta aquí, pero solo porque has aceptado hacerte las pruebas. Y también me dijiste que deseabas mucho tener un hijo mío. No sé qué creer. No comprendo.
Ella sintió ganas de llorar. —Deseaba tener un hijo tuyo.-Todavía lo deseaba.
—¿Tiempo pasado?
—¿Qué esperas? Ninguna mujer querría saber que está embarazada de un hombre que está aburrido de ella y de su matrimonio.- Al menos, no debería ser así penso
—Yo ya no sé qué esperar de ti, Mimi. No te comprendo. Creí que te conocía bien, pero he descubierto que me he equivocado.
—¿Y qué diferencia hay? Estás aburrido de lo que conoces. Eso has dicho —Mimi se apartó y corrió al cuarto de baño, cerrando la puerta tras ella. No quería que él viera en su mirada el daño que le hacían sus palabras. Se quitó la ropa y se metió en la ducha. Abrió el grifo y el agua fría le llegó desde varias direcciones hasta que empezó a caldearse. De pronto se dio la vuelta y descubrió a Yamato en la puerta del cuarto de baño.
—He decidido no esperar para ducharme.
—Vete —le dijo ella ocultando disimuladamente su cuerpo.
— ¿No crees que es demasiado tarde? Ni en tu primera vez te mostraste tan pudorosa- alzando una ceja- además hemos hecho esto muchas veces.
—Pero en este momento todo es distinto.- respondió la joven sonrojada- Ahora vete
—Todavía eres mi esposa.- sin intención de salir del baño
—Sólo temporalmente.
—Eso has dicho.
—Y tú estuviste de acuerdo. Tú has dicho que querías… el divorcio —comentó ella con tristeza poco disimulada.
—Quizás hablé sin reflexionarlo. No estoy aburrido de todos los aspectos de nuestra relación, cariño. Todavía, no.
¿Se suponía que eso la haría sentir mejor? No lo hacía, y tampoco lo hacía su mirada de deseo. —¿Quieres sexo? —preguntó ella un poco sorprendida.
—¿Por qué te sorprende? Es algo en lo que somos muy buenos.
—Pero has dicho…
Él había dicho que su valor como pareja había mermado mucho desde que ella lo rechazaba, no que no la deseaba más.
—¿Yo he dicho…?
—Cosas que me hirieron.
—¿Y el que me hayas pedido el divorcio no me hirió a mí? —preguntó él.
¿Lo había herido? Probablemente. Y entonces, ¿por qué quería sexo ahora? No tenía sentido. —No comprendo —contestó Mimi.
Yamato la miró achicando los ojos.
—Bienvenida al club.
—No puedes desearme.
—En eso estás equivocada, Mimi. Muy equivocada —Yamato se agachó y la besó sensualmente.
Sus labios se amoldaron a los de ella, sus manos se deslizaron por su cintura para tirar de ella hacia su cuerpo desnudo y excitado. Ella estaba tan anonadada por aquel giro de los acontecimientos, que no pudo hacer nada, ni rechazarlo ni aceptarlo.
Yamato levantó la cabeza y la miró con pasión.
—¿Qué ocurre? Tú solías reaccionar rápidamente.
¿Cómo podía preguntar algo tan estúpido?, pensó ella.
—Eso era antes…
—¿Antes de decirme que teníamos que divorciarnos?
—Sí, no creo…
La mano húmeda de Yamato cubrió su boca.
—No quiero que pienses. Porque entonces tengo que pensar yo, y no quiero hacerlo. No quiero pensar en nada —le pidió.
Y ella comprendió. Si no hubiera estado tan cansada, probablemente habría anticipado aquello. Yamato necesitaba consuelo. Su padre estaba en una cama de hospital, tenía un futuro incierto, y su fuerte marido no podía admitir su miedo.
El asunto era qué iba a hacer ella con todo aquello.
Pero de pronto pensó que ella también necesitaba consuelo.
Yamato no la amaba. La salud de su Suegro estaba en riesgo, y eso también la angustiaba. Y aun si sobrevivía a su operación, si ella se divorciaba de Yamato, perdería el contacto con todos los Ishida. Todo eso la hundía en la pena.
Todo su mundo estaba a punto de derrumbarse, un mundo con gente a la que ella quería, aunque en algún caso su cariño no fuera correspondido.
Pronto viviría una vida apartada de todo aquello. Sería reemplazada en su labor y sus proyectos relacionados con la Famalia de Yamato…
Su cuñada daría a luz en su ausencia, y eso le dolía…
Natsuko e Hiroaki finalmente volverían a estar juntos y ella no sería testigo de ello…
Ella tendría que llenar su vida con actividades, pero los vientos de la soledad ya estaban soplando en su alma.
Y lo peor, algún día Yamato se volvería a casar y tendría hijos que no serían de ella.
Yamato la miró a los ojos. —Te deseo, cariño. Si fueras sincera contigo misma, admitirías que tú también me deseas.
Ella siguió la mirada de Yamato. Sus pechos mostraban unos pezones duros como cerezas. Estaban ávidos de su tacto bajo su mirada, A su mente acudieron recuerdos de sensaciones: su boca y sus manos en sus zonas más sensibles… Aquellos recuerdos la atormentaban. Sintió deseo, su piel latió con el anhelo de tenerlo dentro. Pero tanto su dolor como su deseo físico surgían de su amor por él. Daba igual que él no le devolviera aquel amor. Era una parte demasiado importante de ella como para rechazarlos.
De pronto dijo con angustia y voz ahogada : —Sí, te deseo Matt.
Yamato la besó y la apretó contra su cuerpo. Sus labios la devoraron y su cuerpo duro y masculino le demostró su deseo. Ella respondió con la misma pasión, acariciándolo como si fuera la última vez. Y se deleitó en su piel sedosa y prieta, y en su vello Claro, tan diferente todo a su propio cuerpo.
Deslizó sus manos por encima de músculos perfectos, tratando de memorizar su cuerpo.
No sabía cómo iba a hacer para vivir el resto de su vida sin aquello…
Sintió ganas de llorar, pero se reprimió las lágrimas. El agua caliente disimulaba su tumulto emocional. Su mano acarició la dureza de Yamato, y sus uñas tocaron el vello que nacía en ella. El tembló y emitió un ronquido de deseo.
Era increíble cuánto amaba ella aquellos sonidos. Era adicta a ellos. Había pasado horas en la cama con él prestando atención a sus reacciones, para poder tener más y más.
Yamato le acarició los pechos y las zonas sensibles que solo él conocía tan bien. Era como si supiera que aquél era un momento especial, una oportunidad única que podía no volver otra vez. La tocaba con tanto cuidado, excitándola hasta derretirla… Y ella emitió sus propios sonidos de deseo, gemidos y quejidos que se mezclaban con los golpes del agua.
Iba perdiendo el control poco a poco hasta transformarse en una masa temblorosa llena de deseo femenino. Ella gritó contra sus labios y se movió contra el cuerpo de Yamato pidiéndole más. Acarició su cuerpo masculino con todo el ardor que sentía dentro.
El sonido de los gemidos de Mimi volvía loco a Yamato. Ella siempre había sido increíblemente receptiva… cuando le dejaba tocarla, pero en aquel momento había algo especial en su reacción que nunca había habido antes. Su cuerpo tembló, pero siguió acariciándolo.
Mimi lo acariciaba con feroz desesperación, como si no lo hubiera tocado antes, o como si no fuera a tocarlo nunca más. Pero él no quiso ahondar en aquel pensamiento. Aquel deseo no se sofocaba haciendo el amor una vez.
Ni cien veces.
Su tímida y comedida esposa estaba prácticamente trepando su cuerpo en un intento de unir su cuerpo al de él. Estaba totalmente fuera de control y él dudó que ella pudiera dar a otro hombre una sola fracción de aquella pasión.
Quizás ella creyera que deseaba a otro, pero era él quien podía tocar el centro de su alma simplemente con una mano en uno de sus senos.
Siempre había sido así desde la primera vez que la había tocado.
Su conexión sexual era demasiado intensa para ser aplacada, demasiado primitiva para ser explicada o comprendida en un nivel intelectual.
Quizás ella se hubiera apartado un poco de él en los últimos meses, pero cuando dejaba que él se acercase a ella… se derretía. Tal vez no tan espectacularmente como en aquel momento, pero definitivamente demasiado intensamente como para que él pudiera creer que ella deseaba a otro.
De ninguna manera podía desear a otro y responder a él de aquel modo tan primitivo. Su esposa, no. Porque era una mujer que se había pasado la vida reprimiendo sus reacciones emocionales. Iba contra todo lo que sabía de ella.
A no ser que estuviera pensando en el otro hombre mientras la tocaba él… Excepto si ella lo usaba para aplacar un deseo que no podía satisfacer de otro modo.
No sabía de dónde le había salido aquel pensamiento. Pero fue una bomba.
No, maldita sea. No podía creer eso.
Pero tenía sentido, en una mujer que le pedía el divorcio y que luego hacía el amor como si fuera a morirse si él no la tocaba.
Yamato apartó su boca de la de ella mientras la levantaba para acomodarla de forma que pudiera hacerle el amor. Tenía que poseerla, aunque desconfiara de ella. Pero no podía permitir que lo utilizara.
—Di mi nombre… Pídeme que te posea…
Ella abrió un poco los ojos —¿Qué?
—¿Quién soy? —dijo él apretando los dientes haciendo que se marcara un musculo en su mejilla.
—Amor mío.
Aquello fue como un golpe para él. ¿Era así como lo llamaba a su amante? ¿O estaba diciendo que él era su amor? Podía contar con los dedos de una mano las veces que Mimi lo había llamado así, y en los últimos meses no lo había hecho nunca.
—Mi nombre, dilo —insistió Yamato.
Ella lo miró con una mezcla de pena y de excitación y dijo:
—Yamato, mi príncipe.
Luego se inclinó para besarlo con desesperada pasión, devorando su boca antes de besar su mejilla hasta que se detuvo en su oreja y susurró:
—Ámame, Yamato. Por favor. Quiero que seamos uno. Aunque sea por un rato.- Su voz tenía una cualidad extraña, como si no se tratase sólo de sexo lo que estaba pidiendo, pero él no sabía qué más quería. Él podía darle sexo. De hecho se moría por dárselo.
Yamato acomodó el cuerpo de Mimi para poseerla y entró en ella lentamente.
Mimi emitio un pequeño gritito y echó atrás la cabeza con expresión de agonizante felicidad. Él gimió, con un sonido totalmente primitivo. —Es tan formidable hacer el amor contigo…
—Es perfecto… Es maravilloso tenerte dentro —gimió ella mientras él salía y volvía a entrar. Ella pensó que se iba a morir de placer… Era tan increíble sentirlo dentro… Yamato y ella habían hecho el amor muchas veces y de muchas formas, pero nunca antes como ahora. No había cama ni pared que los sujetase, como otras veces que habían hecho el amor en la ducha, sólo el deseo animal.
Era como si estuvieran en un mundo totalmente aparte de todo lo normal. El vapor los rodeaba mientras el agua caliente caía sobre sus cuerpos, apretados en una placentera intimidad.
Ella gimió cuando él empujó dentro e inundó aquella zona especial de placer dentro de ella.
—Así está bien, mi princesa, muéstrame este lado que nadie conoce de ti —Yamato besó su cuello, succionando, mordiendo, lamiendo, estremeciéndola con aquellas sensaciones.
Ella rodeó su cuerpo con sus piernas y lo montó. Él se adentró en ella, y ella lo recibió, mientras él agarraba sus caderas y su trasero para controlar sus movimientos. Abrió los ojos y vio que él tenía la cabeza echada hacia atrás, en un gesto de abandonado placer. Ella se inclinó hacia delante y le mordió el pecho en un acto primitivo, que la sorprendió aun en medio de aquella pasión.
Yamato incrementó el ritmo y la fuerza de sus empujes. Era tan intenso, que ella sintió que estaba a punto de desintegrarse.
La tensión formó una espiral dentro de ella, y un placer intenso se fue formando y ascendiendo. Y entonces su cuerpo se convulsionó alrededor de él y gritó su nombre.
Él la agarró más fuertemente y ella lo rodeó con sus brazos, apretándose contra su cuerpo, que era la única sensación de realidad en un universo que había explotado de placer.
Y Yamato se quedó callado cuando llegó a la cima del éxtasis, apretando los dientes en un gesto de placer que decía más que cualquier palabra.
Más tarde, él la envolvió con su cuerpo y la aplacó con palabras amables y tiernas caricias en la espalda hasta que los sollozos que ella no se había dado cuenta que estaba emitiendo cesaron. Su cuerpo se relajó lentamente, hasta descansar en sus brazos, abandonada totalmente.
Él la abrazó un momento. Sus cuerpos seguían unidos, sus piernas entrelazadas, y ella pensó que una vez no era suficiente para aquel hombre, aunque el acto de hacer el amor entre ellos hubiera culminado en un placer increíble que la había dejado totalmente agotada.
Finalmente él la separó y empezó a lavarla con manos suaves, tocándola en cada centímetro de su piel como si quisiera decir: «Mía. Mía. Y esto es mío también».
Ella intentó devolverle las caricias, pero sus manos eran torpes. Después de un rato, él cerró los grifos mientras seguía sujetándola.
Ella se apartó para que pudieran secarse. Pero entonces él la ayudó. La apretó contra su cuerpo y la acompañó a salir del cuarto de baño. El camisón de Mimi quedó olvidado en el suelo.
Subieron juntos a la cama y ella fue a sus brazos, deseosa, y cerró los ojos, tan cansada que se quedó dormida inmediatamente.
Se despertó horas más tarde con un beso en la sien.
—Despiértate, Cariño. Debemos darnos prisa en vestirnos o no llegaremos al hospital antes de que lleven a papá a la sala de operaciones.
Ella se incorporó. A pesar de haber hecho el amor con él, había tenido sueños inquietantes y no había descansado. Sintió dolor en su abdomen y deseó haber seguido durmiendo. Porque era un modo de evadirse de la realidad a la que tenía que enfrentarse.
Iba a tener pronto el periodo, aunque no era regular en aquel momento en que ya no tomaba la píldora. Pero ella sabía que el dolor iba a ser más intenso cada día hasta que empezara el periodo, y que sería insoportable mientras lo tuviera.
Yamato estaba medio vestido. Miró por encima de su hombro mientras se ponía la corbata.
—Muévete, Mimi.
Ella asintió. Se levantó de la cama.
—Pero no tienes que venir si no quieres. Después de la pasada noche, creo que podemos olvidarnos de hablar de divorcio.
—¿Quieres decir que ya no te aburro?
—¿Y todavía lo preguntas después de lo ocurrido en la ducha? —preguntó él con una sonrisa malévola.
Ella no sonrió. El episodio de la ducha había sido increíble, pero también habían pasado el resto de la noche abrazados. Y él no mencionaba eso. El sexo era lo único que valoraba. Era lo único que quería de ella.
—La pasada noche no cambia nada —comentó ella, apartando la mirada.
Él juró y ella lo miró. Yamato se puso el abrigo y dijo con sus ojos Zafiros duros como granito:
—No me digas que todavía piensas que es necesario el divorcio. No puedo creérmelo.
—Eso es lo que estoy diciendo —admitió Mimi.
La miró como si la odiase pero no dijo nada.
Siguió vistiéndose y, cuando terminó, se marchó de la habitación.
Mimi se vistió lo más rápido que pudo, luchando con sus dolores. Y lo siguió.
Lo encontró abajo, dando instrucciones al secretario de su padre y al suyo.
—Los demás nos esperan en el coche —dijo Yamato.
Luego despidió a los empleados y caminó hacia la parte trasera de la Mansión donde estaría aparcado el coche.
—Yamato.
—No me hables, Mimi —la acalló.
Él la odiaba. Siguió así el resto de la mañana. Cuando estaban solos, no disimulaba su hostilidad, y cuando estaban rodeados de gente, intentaba mantener una fachada de relación normal.
El señor Hiroaki salió bien de la operación y, cuando Natsuko se ofreció a quedarse con él, éste aceptó, encantado, y mandó al resto de la familia a casa con una dosis de arrogancia. Incluyendo al abuelo Senjun; quien decidió que era hora de partir a China
A pesar de que su suegro mejoró notablemente, los siguientes días fueron un tormento para Mimi. Tanto mental como físicamente.
Yamato se quedaba en la suite de ellos para guardar las apariencias, pero se apartaba de ella en la cama. Tampoco le hablaba cuando estaban solos, excepto de sus respectivas obligaciones.
Incluso se marchaba si veía que ella iba a decirle algo personal. Eso cuando estaba en casa. Lo que no era a menudo.
Yamato siempre había tenido una agenda muy apretada, pero ahora era peor, porque tenía que ocuparse de sus responsabilidades y de las de su padre. Y no podía dejar de lado ninguna de ellas. Siempre había dormido poco, pero ella se preguntaba si en aquel momento dormiría siquiera.
Takeru intervenía de vez en cuando, pero como heredero que era, la mayoría de las decisiones recaían sobre él.
A pesar del rechazo de Yamato, ella lamentaba que él estuviera pasando aquella situación, y deseó muchas veces haber esperado a que terminase todo aquello para haberle planteado el divorcio.
Su petición de divorcio había herido su orgullo y mancillado su ego, y Yamato era incapaz de aguantar una herida así.
Ella hubiera querido explicarle que no era falta de afecto, pero el dolor de su endometriosis y el atontamiento resultante de las medicinas que tomaba para paliarlos le quitaban la energía para hablar de aquello.
Lo único que podía hacer era vivir cada día como le fuera posible.
Muchas noches las pasaba sola, llorando en la cama.
Como había predicho el Michael, los dolores de aquel mes fueron peores que los del anterior. Sus propias obligaciones no desaparecieron por la crisis familiar, sino que aumentaron, y tenía que pasar parte del día en el hospital, donde ponía su mejor cara.
Visitó a su Suegro y se aseguró de que Natsuko no se cansara demasiado cuidando a Hiroaki. Y luego cuando volvía a casa se preocupaba por Yamato.
Una noche se encontró con Yamato cuando estaba saliendo de la habitación del hospital. Lo notó cansado, pero cuando él la vio, se puso la máscara de hombre invencible. —Necesitas descansar —dijo ella en lugar de saludarlo, poniéndole una mano en el brazo.
Él la quitó como si su tacto quemara y frunciendo el ceño le dijo: —Estoy bien.
—No, no lo estás. Todo el mundo dice que te estás exigiendo demasiado, pero nadie sabe qué hacer.
—No hay nada que hacer. Es mi deber ocuparme de mi empresa mientras mi padre está enfermo.
—Takeru…
—Tiene sus responsabilidades, no solo con Hikari si no con su hijo- dijo con el fin de causarle daño
Ella sintió sus palabras como un puñetazo en su estomago sin embargo decidio ignorarlo y con voz trémula le dijo —todos están preocupados… por ti
Él la miró.
—¿Te pidió alguien de la familia que hablases conmigo?
—Casi todos, de hecho hable con tu abuelo…- pero e la interrumpió antes de continuar
—Me he imaginado que no podía ser genuina preocupación por tu parte.
—Tú me preocupas, Yamato.- dijo con los ojos aborde de las lagrimas
—Claro… —dijo con ironía—. Y ahora, si me disculpas. Tengo sólo veinticinco minutos para estar con mi padre…
—¿Vienes a casa después?
—No.
—Tienes que dormir en algún momento.
—¿Es eso una invitación a tu cama? —preguntó Yamato. Ella puso cara de desagrado involuntariamente al pensar en compartir su cuerpo tan íntimamente mientras tenía tanto dolor.
Yamato la miró con dureza. —Bueno, eso lo dice todo, ¿no?
—No —ella le agarró el brazo antes de que se fuera—. Por favor, Yamato, escúchame.
—No tienes nada que decir que yo quiera oír —respondió él mirando su mano.
Ella sintió una punzada de dolor y se apoyó en la pared.
—De acuerdo. Te veré más tarde —dijo ella, haciendo un esfuerzo por moverse.
Espero que les guste este Capitulo, un poquito Hot o mejor dicho bastante, no soy una pornográfica, pero necesitábamos pasión en la novela, ¿que les pareció el capitulo? ¿Bueno, Regular o Malo? digan sin pena, y para los que no sabían que endometriosis, es una enfermedad terrible que les da a las mujeres no les adelanto mas, porque explicare un poquito en los próximos capitulos... bueno ya cambiando de tema devuelvo Firmita a todos, de antemano Gracias por tomarse la molestia de leer y dejar la firmita, igualmente a los que leen pero no dejan comentarios, ¡Mil Gracias!, ahora si, Regreso Firmitas:
Mimimatt26: Si a mí también me encanta un Yamato celoso; los celos son necesarios hasta cierto punto para demostrar el amor, bueno así lo veo yo, uff y sé que Mimi sufre mucho, lo se me siento mal pero es que llega así, no sé qué hacer espero que este capítulo te guste realmente, y muchas Gracias por leer y seguir esta historia.
IzzieBlake: Me Gusta tu cometarios asertivos hahaha, si yo vi a Natsuko como una posible víctima y ¡POOM! Salio asi, en cuanto a Mimi y Yamato, definitivamente el no habla por orgullo, en cambio ella no dice nada por miedo, mira los papas de ella no han sido los mejores, ansiaron una perfeccion inexistente y logrando que ella sea muy insegura, por eso tiene miedo a que el la considere una inútil, por no darle lo mas según ella importante para el... ya dije mucho, por cierto ¡Muchas Gracias por el Regalo! :*
Al Shinomori: Me alegra tanto que te hayas animado a leer la Nove, y me parece un super detallazo que hayas decidido comentar cada capítulo que he subido, eso definitivamente demuestra que te gusto ufff, ¡Muchas Gracias por dejar Comentario! Gracias por leer, espero que al igual que los otros este capítulo sea de tu agrado.
Try To Follow Me: Me alegra que no exista rollo, yo me sentí muy mal cuando no te regrese tu firma, eres una de las primeras en apoyar este proyecto, y sentí que si no hacía algo como lo que hice no iba a sentirme mejor Gracias por leer y me alegra mucho que te gusto el capítulo.
Johy Garcia: Aún estoy pensando en cómo hacer lo de solidaridad femenina :$ aun pienso una forma para la venganza… lo hago o ¿no? ha es un poco difícil, gracias por pasarte y leer un besote :*
Esther: ¡lo se! Son unos divinos los dos, aun no entiendo como no se dieron cuenta los creadores, merecíamos un romance Mimato, como parte del proceso maduro de nuestra Mimi, :'( que mal… Gracias por comentar :*
NNPAF: ¡Hey! Extrañe tus cometarios en mis anteriores cap, me pregunte ¿será que ya no le gusta? Pero vino a mí la magnífica explicación muy elocuente del factor Holgazán, me lo imagine a mí también me pasa ya cambiando de tema oye tu Narrativa esta genial, disculpa si soy ignorante en el tema, pero has escrito noves? Seria súper genial leer algo escrito por ti … Gracias Por pasarte y dejarme tu Comentariote :* un besote.
Gatita: Muchas Gracias por los halagos y seguir la Historia desde el comienzo, yo también lamento mucho no subir capítulos con mucha frecuencia, pero a pesar de las adversidades créeme cuanto te digo que hago mi mejor esfuerzo, para que los capítulos estén listo lo más rápido posible realmente estoy Agradecida con tu comentario un abrazo, y espero que este capítulo te guste igual.
