Desahogo

...

Se ignoraron en camarines, lo que le dio la oportunidad a Sasuke a vestirse de forma eficiente. Naruto solía darle la lata lo suficiente como para siempre tener que salir tarde, lo que era un avance. El susodicho se había puesto entre Kiba Inuzuka y Shino Aburame, y había empezado una charla aburrida de adolescente en voz alta que era claramente una forma de llamar la atención. Eso o finalmente decidió ir a esas citas grupales de buena gana.

Él se limitó a rodar los ojos y a salir del lugar.

El silencio a su alrededor le provocó sentimientos encontrados. Si bien normalmente disfrutaba el disponer de tiempo para él sin el ruido constante que era tener a Naruto a su alrededor, ahora le supo incómodo. Como una presión en la boca del estómago que no se iba por más que practicara respirar y relajarse.

Lo bueno de la situación es que nadie le molestó ni se acercó a él hasta que la clase comenzó. Ino parecía querer ir con él, pero tras conversar con Hyuuga decidió darle espacio. Los hombres ni mencionarlo. Si normalmente sólo interactuaba con ellos mínimamente, en aquel momento lo evitaban como si quemara.

Bien por él.

Por lo demás, la clase de educación física fue como siempre. Los hicieron correr media hora y luego los dividieron en dos grupos equilibrados para jugar futbol.

Y el infierno se desató.

Tuvo que admitir que era un pésimo jugador cuando estaba de mal humor. Normalmente, Sasuke solía dejar a Naruto hacerlo todo cuando estaban de grupo y no tenía ganas de jugar y cuando eran contrincantes, al menos no intentaban asesinar al resto. Sasuke siempre había sido bueno para los deportes, por lo que su sexo secundario no era un impedimento a la hora de trapear el piso con sus compañeros de clase. Podía taclear y aguantar un empujón, fuera del prejuicio que había de que los omegas sólo realizaban actividades suaves.

Y era horriblemente competitivo, cuando se trataba de ganarle a Naruto.

Ese juego, sin embargo, estuvo cargado de odio y ganas de golpear al otro. El empujón que le dio a Inuzuka no fue precisamente un accidente. Y la patada que Naruto le dio a Sai intentando darle a la pelota –o a él– tampoco lo fue. Ninguno de los dos hizo un intento por ir al arco del equipo contrario, pero si intentaron robarse el balón furiosamente.

Y aplastar a quien intentara entrometerse.

Kakashi los aguantó diez minutos antes de enviarlos a los camarines con la amenaza de que, si no se calmaban, terminarían castigados el resto del año. Y eso después de una sarta de empujones y amenazas que se dieron el uno al otro, sin contemplación con el resto.

Perfecto. Lo último que les faltaba.

¡Esto es tu culpa! –rugió Naruto, azotando la puerta del casillero. Sasuke le fulminó con la mirada, abriendo el suyo con mucho más tino, pero lanzando el bolso al piso. Naruto seguía rugiendo –¡Ahora tendré que limpiar el resto del maldito año porque no puedes responder una simple pregunta, bastardo amargado!

¡Tu fuiste el que empezó siendo un estúpido, grandísimo dobe! –dijo en voz alta. O al menos lo intentó. Sasuke estaba ardiendo por dentro. Y estaba seguro de que estaba emanando feromonas a lo loco. ¿Le importaba en ese momento? ¡Por supuesto que no!

¡No me digas dobe, tebayo!

¡Estúpido alfa sin cerebro!

¿Ah sí? ¡Tú eres un omega sin gracia!

¡La p%&/&%!

No sabía si fueron los insultos, el odio acumulado, o que finalmente se dejaron llevar por las hormonas, pero terminaron agarrándose a golpes. Como cuando tenían ocho. Sasuke golpeó la mejilla de Naruto y Naruto le golpeó el estómago tan fuerte que lo dejó sin aire. Eso no fue impedimento para tomarlo de los hombros y tirarlo al piso.

Eso antes de comenzar a rodar y a jalarse de los cabellos.

No supo si pasaron cinco o diez minutos, antes de que ambos se declararan fuera de combate. El labio le sangraba y la cara de Naruto comenzaba a hincharse.

Bastardo puntiagudo ¡Mira mi cara! –Gruñó el chico desde el suelo. Sobraba decir que le importó tres pepinos el cómo se veía. Ahora mismo, sus sensaciones estaban más inclinadas hacia el júbilo por haberle dejado la cara hinchada a golpes más que la culpa por haberse peleado.

¡Está igual de horrible que siempre, estúpido dobe! –Sasuke presionó los labios contra su mano, ignorando su ceño fruncido y evaluando el estado de su hinchazón.

¡Ni siquiera sé por qué estas enojado! Estúpido omega temperamental –Sasuke se levantó del puro odio y las ganas de volverle a golpear. No. No era solo eso. Durante todo este tiempo, desde que había tenido ese maldito celo ni siquiera podía sentirse como él mismo. Como una persona normal. ¿Por qué tenía que ser un omega? ¿Por qué no podían ser dos chicos normales sin tener que preocuparse por feromonas u olores?

¿Por qué le habían importado tanto sus palabras como para armar todo este problema?

¿Omega temperamental? –repitió. Si hubiese tenido algo en la mano, en aquel momento, lo habría apretado de la frustración. Había algo en la cara del rubio que parecía haber entendido lo que había dicho.

Espera, Sasuke no quis…

Esto es tu maldita culpa ¡¿Por qué tenías que quedarte?!

Gritó. Maldita sea, Sasuke casi nunca gritaba. Y ahora había gritado más que en un mes normal. –¡Estaba perfectamente bien hasta que decidiste que te daba la suficiente pena como para pegarte a mí! ¡Ni siquiera quería esto! –Ni siquiera se refería a ese momento concreto, o cuando Sasuke tuvo su celo. Pero se sentía fuera de sí y con ganas de golpear algo, de gritar, lo que fuera. Y no le importaba.

Oye… –Intentó interrumpirle. Sasuke estaba lo bastante descontrolado como para enmudecerlo con su mirada asesina. O sus feromonas.

¡No quería ser un omega! ¡Y tampoco necesito que me aguantes, estúpido!

Sin bolso, sin dignidad y sin celular caminó hasta la puerta del camerino. Naruto se levantó e intentó seguirlo, manteniendo una distancia prudente de él. Perfecto, porque Sasuke no tenía ganas de volverlo a golpear. Y al mismo tiempo quería terminar de partirle la cara. En esos momentos se estaba odiando más de lo normal. ¿Por qué sus emociones tenían que estar a flor de piel?

¿Por qué no podía simplemente dejar de sentir?

¡Teme, espera!

¡Piérdete, Uzumaki! ¡No te necesito!

Sasuke alcanzó a jalar la puerta y dar un par de pasos rumbo al edificio más cercano, antes de casi tropezar con una figura que conocía bien. Una mujer alta y rubia, con cara de pocos amigos le taladró con la mirada.

Mocoso, estás expulsando feromonas a lo loco

Fue lo último que escuchó, mientras la mano de ella se dirigía hacia su cuello, y todo se volviera negro.