La Sorpresa

Isabella estaba exhausta. 15 hrs 42 minutos horas de viaje, 2 hrs y 36 minutos de traslado hotel-aeropuerto, aeropuerto-hotel y una subida en elevador que se le hizo eterna aunque solo fueron 48 segundos, por fin llego al piso de su habitación en el Carlyle, A Rosewood Hotel.

No se había podido comunicar en todo el día, había olvidado sus celulares por salir a la carrera de china y de paso, su ordenador había decido tomarse unas vacaciones sin su permiso. Se sentía casi desnuda, sin celular, sin su Tablet, sin su laptop, se sentía incomunicada y de paso la circunstancia de largo viaje, no había ayudado en nada.

Estaba desesperada por oírlo aunque sea solo por celular, era jueves estaría en su departamento y no en el hotel, sabia que podía llegar y pedir llaves pero no se le hacia cortes, por tanto decidió irse directo al hotel. Pasar la noche tranquila y mañana vería la forma de contactarse, no podía tampoco ir al hospital a esta hora la correrían. Metió la tarjeta en la pequeña ranura y abrió la puerta, al momento de sacar la tarjeta este cayo al suelo. Maldijo al instante en un susurro para no incomodar a los demás en el hotel. No necesito prender inmediatamente una luz, sabia el camino y no quería lastimarse los ojos de repente. Entro al baño a oscuras, siempre guardaba un baby doll junto a las toallas, necesitaba urgentemente un baño, no podría descansar toda sudada, sucia, engentada, de malas, no señor, así nadie se podría dormir. Se tomo su buena media hora en la bañera, se relajo con sales y piedras exfoliantes, relajantes e hidratantes. Salió de la bañera se seco el cuerpo se puso su baby doll y la diminuta tanga a juego, se sentó en el tocador dentro del baño a secar su cabello con la secador dando cepillada tras cepillada, cuando al fin se sintió que era hora de dormir, trenzo su cabello y dispuso a dormir.

- Ya era hora de que salieras de ahí, mi amor.

Bella dio un pequeño respingo de la impresión pero el grito que pego al mismo tiempo debió despertar a la mitad del hotel. Se encontró de frente con el pecho musculoso de Edward Cullen, que la admiraba con adoración y un poco de otra cosa que no supo bien identificar hasta que bajo la cabeza para ver exactamente lo que sus ojos miraban. Sus pechos bien erguidos con dos pequeñas protuberancias en el centro. Ella no traía la bata, así que trato de cubrirse con las manos, sin embargo, Edward no le dio tiempo para nada cuando la tomo de los hombros la acerco a su pecho y la abrazo como si la vida se le fuera en eso.

- Mi amor, no creo estar tan feo como para causar ese grito.

- Yooo… ehhh.

- Te extrañe tanto Bella, te extrañe tanto el día de hoy.

- Yo también te extrañe, mouse.

Se fundieron en un abrazo de necesidad, ambos necesitaban ese abrazo como si la vida se les fuese en ello. Se quedaron en silencio unos minutos mientras sentían en el pecho el latido de otro, solo isabella podía sentir la calidez de su respiración sobre su cabeza. Edward por su parte lograba sentir los turgentes pechos de ella aprisionados contra su pecho. No lograba entender como era que paso de Sr. Cullen, a Edward y por ultimo a mouse, según ella el tenia la manía de querer mantener todo en algún cajón o estante, le dijo que parecía un ratón llevando cosas a su ratonera, de ahí empezó a ser el mouse, no le incomodaba en nada, seria un ratón pero era su ratón.

- Lo siento tanto, en cuanto vi que Alice estaba en buenas manos sali corriendo al aeropuerto y deje todo, deje mi celular, mi Tablet, mi lap… demonios no deje la cabeza por que la traigo pegada. No me di cuenta de mi error hasta que ya estaba en el jet y no podía hablarle a Jacob para hacer que se apresurara.

- Debiste de avisarme, estaba preocupado por ti.

- Lo se, fue un estúpido error pero no tienes idea de lo mucho que extrañaba tu voz. Y en mis eternas horas de vuelo, planee todo lo necesario para que nuestra comunicación se bidireccional y si yo no puedo comunicarme contigo, tu si lo puedas hacer conmigo, lo he planeado todo, tuve 15 largas horas para hacerlo.

- Esa idea me parece estupenda, también debo decirte que tienes una primita de nombre Ambar Whitlock.

- En serio, eso es genial. Mañana a primera hora iré a conocerla.

- Claro mañana iremos, no pienso despegarme de ti en todo el tiempo que pases aquí. Por lo pronto debes descansar, el jetlag debe de estar haciendo de las suyas en ti y veo en tu carita el cansancio, ven vamos a la cama.

Ella se encamino a la cama un tanto nerviosa pero muy alegre, no pegada de brincos por que el le vería hasta la garganta. Edward por su parte no podía dejar de verla, el diminuto babydoll que llevaba no hacia mucho por taparla de su mirada, en un tono rosita casi transparente lograba ver perfectamente lo redondeado de sus glúteos así como logro ver a la perfección hace unos instantes lo rosita de sus pezones. Se le seco la boca y sintió una parte de su cuerpo empezar a endurecerse solo por la vista, que noche pasaría al tenerla a su lado. Por que dormirá abrazándola como que se llamaba Edward Cullen, o bueno mouse.

Isabella que notaba sobre su piel el adelantado frio de invierno en pleno otoño, no pudo menos que apresurarse a la cama para taparse con las cobijas, no sin antes darle a el, una perfecta vista de su trasero al aire con aquella mini tanguita al momento que gateo al centro de la cama. Como niña pequeña se tapo hasta la cabeza temblando de frio.

- Donde estas, hermosa.

- Aquíquiqui, abababajooo.

- Mi niña, tienes frio.

No fue una pregunta, fue una afirmación que hizo que el se escabullera entre las cobijas, cuando la localizo vio que evidentemente estaba hecha bolita y la atrajo hacia si con delicadeza. Aquel divino babydoll ahora parecía una ombliguera y el lograba ver el pequeño triangulo de tela entre sus piernas, su erección ya era evidente. La acerco hacia su pecho y levanto su cara, se moría por besarla y ella supo exactamente lo que el quería por ella deseaba exactamente lo mismo.

El beso comenzó lento y tan tierno como el de dos amantes enamorados que festejaban su primer beso, técnicamente así era. Lentamente Edward bordeo con su lengua los labios de ella, hasta que inicio una danza entre sus labios entre abiertos. Ella soltó un pequeño jadeo cuando el acaricio su lengua con la suya, el sabor de ella era embriagante para el. Demonios, el en ese momento debía de recordar la edad de ella, sin embargo un nuevo y diminuto gemido salió de su boca, uno tras otro hasta que Edward perdió el sentido y la razón.

Después de varios minutos de besos, Edward sintió la necesidad de tocarla, de acariciarla, no lo pudo resistir, empezó a subir sus manos de arriba a bajo por toda su espalda de la nada un pequeño mordisco de ella en su labio inferior le dio la audacia de bajar aun mas sus caricias hasta que tubo en sus manos su bien redondeado y formado trasero. Lo acaricio, lo apretó y la atrajo mas hacia si mismo en un intento de rosarse contra ella mas íntimamente, sin embargo la audacia no solo fue de su parte, ella bajo sus manos a su pecho acariciándole todo el cuello, los pectorales y hasta el ombligo y de regreso.

Después de interminables caricias y besos, los minutos se hicieron eterno, sus miradas se cruzaron en el entendimiento de que rogaban por mas, el se lo concedió. De un momento a otro, se separo de ella y tomo los holanes de babydoll para sacárselo por la cabeza en un movimiento delicado mientras con sus dedos repasaba toda su figura, frente a sus ojos se descubrieron suavemente aquellos dos perfectos senos con sus dos pequeñas montañitas rosas, para Edward eran los senos mas hermosos y los pezones mas delicados que hubiese visto jamás.

Virginalmente sin saber muy bien que hacer, Isabella espero impaciente por que haria aquel hombre maravilloso que la miraba como si fuera un ángel, en su mirada logro ver amor, idolatría y admiración, eso le gustaba. En algún momento, Edward se poso sobre ella dejando su cara a la altura de sus senos y comenzó a acariciarlos, pronto estas caricias fueron poco para el y los tomo en sus labios alternándolos, chupando y mordisqueándolos completamente hasta llegar a sus pezones y succionarlos suavemente. Repitiéndolo esto una y otra vez, hasta que Bella, su pequeña Bella sintió su primer orgasmo. Edward estaba estupefacto, nunca había visto a una mujer que llegara al orgasmo solo con caricias en los senos, no se quería imaginar que seria si estuviera en su intimidad.

Hizo caso omiso de su pensamiento, trepo por ella buscando sus labios, en el momento que se rosaron, comenzó un beso desesperado, Edward supo instantáneamente que no había sido una buena idea. Ahora el sentía la necesidad de restregarse contra ella, tal y como ella hacia en este momento, sentía exactamente como su erección rosaba su monte de venus, aun no sabia exactamente en que momento el había quedado sin aquellos pantalones de la pijama que traía supuestamente puestos, recordaba que jamás se puso boxers.

Isabella lo saco de sus pensamientos cuando profundizo aun mas el beso y empujo sus caderas hacia arriba, haciendo un ruego en silencio de lo sentía necesitaba pero no sabia exactamente que era. El sintió claramente como la inútil tela de la pequeña tanga no era obstáculo para su escurridizo miembro que subía y bajaba hinchado entre sus labios íntimos. Maldita prenda, en lugar de servir como barrera entre ellos, se hizo a un lado descaradamente en una invitación implícita.

Edward tratando de darle lo que necesitaba, se hizo un poco hacia un lado, tomo su miembro entre sus manos y lo llevo entre su pliegues pasándolo exactamente por donde sabia que ella necesitaba aquel roce. Lo pasaba tortuosamente entre sus labios hasta llegar a su clítoris y bajaba lentamente otra vez hasta rozar su entrada, una y otra vez hasta que sintió el profundo deseo de empujar, solo de empujar, debido a el jadeo que evidencio el segundo orgasmo de ella y que el sintió en la cabeza de su miembro. El tenia en ese momento su miembro en la entrada de ella, logro sentir sobre la cabeza los espasmos del orgasmo de ella. Seguía levemente enterrado en su entrada al mismo tiempo que la besaba, solo un segundo antes de adentrarse en las profundidades de su cuerpo, ella soltó un suspiro entrecortado y dijo su nombre entre susurros.

El tuvo la última pizca de autocontrol, cuando ya su glande se encontraba dentro de ella sintiendo la barrera de su virginidad. El retrocedió.

No podía, no podía hacer aquello, era su mujer si,,, pero aun era una niña, el debía esperar por ella, el debía esperar. Y lo haría, pero no la dejaría así, jamás la dejaría insatisfecha.

Con todo su control a prueba, salió de ella, se deslizo de sus labios y por su cuerpo, hasta que su cara quedo a la altura de su triangulo de seda, mojado y maltrecho. En un movimiento rápido y de posesión absoluta, rompió la maldita tanguita y lo aparto de su premio. Poso su boca entre su intimidad y nuevamente comenzó una danza de arriba abajo, entre sus pliegues, su clítoris y de vez en vez se adentraba en ella, para volver a salir y repetir todo de nuevo con su hambrienta lengua. No hubo rizos que lo molestaran de su tarea, solo de repente ella trataba de cerrar las piernas pero sus intentos eran en vano pues el tenia su cuerpo entre las piernas de aquella hermosa mujer.

Isabella llego a su orgasmo por tercera vez en esa noche, con la lengua de el enterrada profundamente en ella. Jadeos, susurros y su nombre en todo lo alto fue el premio que obtuvo Edward de su mujer.

Bella tardo unos minutos en recobrar de todo el aire y la conciencia, cuando lo hizo noto que la cabeza de Edward aun se encontraba entre sus piernas y respiraba dificultosamente al igual que ella. Lo que Bella no sabia era que Edward estaba recobrado el aliento después de haberse venido el mismo solo con escucharle, jamás le había pasado eso, jamás se había corrido con ni siquiera tocarse, esta noche su pequeña había logrado esa Azaña solo por su excitante olor, su delicioso sabor y sus imnotizantes sonidos. Edward estaba en la gloria y le costo trabajo reponerse de eso.

Cuando los dos pudieron respirar bien y se compusieron de sus respectivos orgasmos, Edward trepo nuevamente por su cuerpo hasta caer a su lado, la arrastro junto a su pecho y le empezó a dar besos castos por toda la cara hasta llegar a sus labios, donde aun pegados le dijo.

- Duerme mi pequeña, te amo, hoy he sido tuyo y tu has sido mía. Duerme yo cuido de ti.

Bella solo sonrió a aquella frase mientras se acurrucaba junto a el, completamente desnuda de cuerpo y alma, en su ultimo suspiro antes de dormirse completamente susurro.

- Siempre seré tuya, te amo Edward.