Siguió pasando el tiempo, Isabella puso un poco de distancia, si bien tenia trato con ellos la verdad era que la habían lastimado y necesitaba un poco de tiempo, sus llamadas dejaron de ser frecuentes para con todos, incluso con Edward, que ya no gozaba de oírla por su oficina o su departamento, solo los fines de semana que se quedaba en la habitación del hotel.
Llego navidad y año nuevo, ella les mando presentes a todos pero no permito que ninguno de ellos le obsequiara algo, se había cambiado de alojamiento y ninguno sabia donde se encontraba, su único contacto con ella eran las escasas llamadas mensuales que les hacia.
Para cuando llego la fecha de los santos reyes, Edward desesperado se le ocurrió una idea. A la mitad del apartamento de el y justo enfrente de una de las tantas cámaras puso una carpa que citaba: "Te amo Bella, te extraño mi amor. Tengo un deseo de navidad, año nuevo y reyes, deseo que me permitas verte para mi cumpleaños."
Isabella no hizo mas llamadas, ni a Edward ni ha nadie, solo un día por medio de un correo anuncio que se cambiaba nuevamente de estancia y que estaba bien. Sin embargo ella se sentía sola y veía en Edward que en realidad no fue con intención de lastimarla, lo que sucedido pero le daba miedo como abordar el tema, cuando vio la pancarta a mitad de su apartamento tuvo un debate interno por días hasta que un día por fin se decidió y hablo.
Edward acaba de llegar de la oficina y se estaba bañando en lo que se calentaba en el horno la comida que siempre Alice o Rosalie dejaban para el, alegando que no podía siempre comer comida corrida. Cuando pego un brinco y por poco un grito cuando la escucho.
- Ho-la
- Mi amor, mi pequeña. Hola, hermosa.
- Ehhh, mmm, hola.
- Me da tanto gusto oírte, te extraño Bella, extraño tu voz. Me siento solo, sin ti, no puedo verte, no puedo comunicarme y no me permites oírte, lo siento amor, siento mucho lo que paso, perdóname.
- Si, bueno yo, ehhh veras…
- Perdóname amor, se que no te gusto lo que paso y se que te lastimamos, lo siento y estoy seguro que ellos también.
- No lo se, no me gusto, no me gusta que me traten como si yo no existiera.
- Bella, yo se que tu existes. ¿Sabes por que?
- No
- Por que yo amo a una mujer, yo amo a mi mujer y esa eres tu.
- Pero yo…
- Pero nada Bella, yo te amo.
- No me vuelvas a tratar así Edward, yo soy una mujer, soy una persona, se que soy diferente pero eso no quiere decir que me puedan tratar como si no estuviera presente. Se que no estoy a veces físicamente pero créeme estoy mas presente en la vida de muchos que cualquier persona.
- Lo se pequeña, se que no estuvo bien y por eso me arrepiento, no pensamos que no estabas ahí o en ignorarte, pensábamos en que estabas entretenida con Ambar.
- Hasta mis 11 años 10 meses y 24 días fui tratada como un objeto, no me dejaban espacio a opinión o decisión, una de las cosas de las que hui fue de eso…
- Nena, quiero que me compres una corbata especial para mi cumpleaños.
- ¿Qué? Edward estoy hablando en serio.
- Yo también mi amor. Veras mi vida, la toalla que me tapa en ese momento la escogiste tu, el atuendo que me voy a poner desde la pijama hasta los bóxers, mi niña lo escogiste tuuu. En mi, en mi vida Bella, tu tienes opinión, decisión, te aseguro que tu eres y serás siempre, la que tiene la ultima palabra.
- Bueno entonces, manos a la obra.
- ¿Manos a la obra?
Era un día cualquiera, Edward se alistaba para cenar, revisar unos últimos datos e irse a la cama, sin embargo aquella niña cambio todos sus planes. Le explico a Edward que tendría unas vacaciones y que no se preocupara por la oficina que su abogada ya lo había previsto todo, oficialmente se tomaría unos días libres, hizo que les hablara a MaCarthy y a los Whitlock, explicando que se tomaría unos días fuera de la ciudad, todos protestaron sobre su celebración de cumpleaños que seria ese fin de semana, Bella les comunico que ella tenia una celebración preparada para el siguiente fin de semana después de su cumpleaños, todos estuvieron de acuerdo.
Edward ni siquiera hizo maletas, lo único que llevaba era un maletín donde llevaba su laptop, celular, cartera, pasaporte y un libro para entretenerse durante el viaje.
Para las 8 de la noche, se encontraba en un jet de lujo con servicio de ejercitación, masaje y spa, curiosamente no pudo dejar de notar que todos en aquel avión eran hombres. Vaya al parecer su niña era celosa, lo que Bella no sabia era que el en estos días que estuvieron separados y desde que vio como Jacob la tomaba de la cintura para salir del hospital, sus celos no lo dejaban ni a sol ni a sombre, odiaba al pobre muchacho.
De New York a Miami se hizo poco mas de dos hora por culpa del tiempo y los controladores pero de ahí el vuelo sin mas escalas a Sydney duro nueve horas, para Edward en su reloj tenia las 7:30 am pero un con todo el viaje a pesar de placentero fue cansado.
Se acerco un caballero para darle indicaciones en cuanto aterrizaron.
- Sr. Cullen, bienvenido a Sydney. Esperamos que su viaje haya sido placentero.
- Si claro muchas gracias, fue algo interesante eso de que me exfoliaran la cara pero sin duda lo mejor fueron los masajes.
- Bueno Sr. Cullen cumplimos nuestras órdenes, tome… debido al cambio de horario la Lic. Black nos comunico que debíamos prepararlo para el jetlag y por ello no dejarlo dormir en demasía durante el viaje. Como puede ver en el reloj que le manda la Lic. Hay 14 horas de diferencia aquí en Sidney, por tanto son las nueve de la noche.
- Ahora entiendo eso de masaje cada hora y entretenimiento a cada segundo.
- Sr., mis ordenes son entregarle esto… primero, aquí tiene la tarjeta inteligente de su apartamento lo esperan en esa limosina detrás de usted donde el chofer tiene la dirección del lugar, también aquí tiene este sobre, me pidieron se lo entregara pero que le comunicara que no tenia permiso de abrirlo hasta que le fuera notificado.
- Que tenga un buen dia, caballero. Gracias por todo.
- Igualmente Sr. Cullen y que tenga un provechoso viaje de negocios.
Edward se rio para sus adentros, viaje de negocios, ja… esto esperaba fuera todo menos un viaje de negocios. Se subió a la limosina, lo llevaron a través de sydney, atravesaron lugares exóticos, el centro de la ciudad y el noto como se dirigían hacia la sinfónica de sydney, cuando por fin llegaron no podía creer lo que veía. El departamento al que se dirigía estaba situado a pocos metros de la sinfónica y según creía tendría una vista espectacular. No se equivoco.
El departamento era a falta de palabras majestuoso, la vista era hermosa y sospechaba que de día aquella vista también seria espectacular. Recorrió el apartamento notando la gran cantidad de espacios, las recamaras, vio con picara expresión la mesa de pull y la piscina, el le daría gran uso con su pequeña. Había pensado que ella estaría ahí cuando llegara el, sin embargo recibió un mensaje de que no se podía comunicar por el momento pero que disfruta del apartamento y de la ciudad, en cuanto pudiera se comunicaría y le avisaría cuando tardaría en llegar, le dio permiso de abrir el sobre. Se baño y con júbilo noto que tenía cosas personales y de aseo propio por toda la casa, aquella gran habitación que era un armario estaba lleno con ropa de ambos, zapatos, ropa interior, ropa formal e informal, deportiva y de baño. Se vistió con una cómoda pijama, ajusto el termostato de climatizador y se fue a la cama dispuesto a abrir aquel sobre y dormir.
Después de abrir aquel sobre, se sentía flotando en una nube. Ahí se encontraba el itinerario para el desde mañana martes de esta semana hasta el viernes de la siguiente semana, eso significaba que ella le había permitido estar con el una semana completa, bueno eso si ella llegaba mañana. Eso no paso, el recorrio la ciudad y siguió el itinerario cuidadosamente planeado por ella, todos los sitios eran de interés de Edward, desde museos, las zonas de yates, prestigiosos bares y clubes nocturnos, pero Edward rogaba por que cada día ella llegara. Un día, así fue.
El jueves llego exhausto del día de turismo que había hecho para bajar un poco el ritmo se metió un rato a la piscina, se baño y luego se fue directo a la cama, no había tenido conocimiento o comunicación con ella desde su mensaje y empezaba a no gustarle esa situación, decidió cenar e irse a la cama, mañana seria otro día. Estaba profundamente dormido cuando un pequeño ruido lo despertó, se dijo asi mismo que eran los ruidos de la cuidad o algún barco pasando por el rio, opto por ni siquiera abrir los ojos y seguir durmiendo. Le gustaba dormir con el climatizador muy bajo, lo que hacia que pareciera que estaba a unos buenos 16º Celsius, por tanto se encontraba tapado entre unas cuantas cobijas ligeras y el ostentoso edredón de seda.
Vaya sorpresa la que se llevo, cuando sintió que las cobijas se movían y alguien entraba debajo de ellas, abrazándolo por la espalda. No pudo menos que soltar una sonrisa de oreja a oreja cuando la sintió pero más cuando la escucho.
- Duerme cariño, lamento haberte despertado cuando hice ruido mientras me bañaba. Me da gusto verte, te amo y te he extrañado. Descansa.
Como pretendía que se durmiera de nuevo con esas palabras, para nada se iba a dormir. Dio unas palmadas haciendo que se encendieran inmediatamente todas las luces del apartamento, se giro y entonces la vio. Lleva su largo cabellos castaño tan claro, suelto por su espalda en suaves ondas de caramelo, sus ojos ambarinos lo miraban con amor y cariño pero sin duda lo que lo dejo sin palabras fue aquella sonrisa soñadora que lo inspiraba a querer conquistar el mundo por ella. El problema sucedió entre sus piernas cuando volteo a ver hacia abajo, el cuerpo de ella y como llevaba un entallado babydoll en un azul celeste, sus curvas lo llamaban, lo poco que quedaba a su imaginación lo estaba consumiendo pero fue un bostezo de ella lo que lo trajo a la realidad, ella estaba cansada. Se besaron unos minutos, la recostó contra el y se abrazaron, se quedaron uno fundido al otro hasta que cayeron profundamente dormidos.
Mañana seria otro día, mañana seria otro día pero este estaría con ella y eso era ya, haber ganado el cielo.
