Aquí está el segundo capítulo de mi fic. Espero les guste tanto como a mí.
Capítulo II. Hola.
Cortó la llamada de inmediato, estaba asustada y buscó el número de su amiga en sus contactos pero no había nada, su móvil estaba vacío. Se sintió furiosa y marcó el único número que había aún ahí.
-¿Quién te dio permiso de hurgar en mis cosas personales y borrar todos mis números? –Su voz fue dura; del otro lado se escuchó una risa aparentemente muy divertida.
-No te enojes, quien de verdad quiera hablar contigo, te buscará.
La llamada se cortó y ella se quedó sorprendida por aquella respuesta, de cierta forma tenía razón pero no quería aceptarlo porque esa persona era un completo desconocido que se había burlado de ella y además de todo, se había tomado la libertad de revisar algo tan personal. Guardó el cacharro en el bolsillo de su falda y fue a encontrarse con su amiga. Le contó acerca del extraño que le había llamado, se notaba claramente que estaba molesta, pero también había algo más, y su amiga lo supo.
-¿Y qué harás si vuelve a llamarte? –Preguntó ella con disimulo
-No voy a responderle, eso es obvio.
-¿Lo dices en serio?
-Por supuesto –respondió casi sintiéndose ofendida.
-Ah, ¿entonces no te molesta si rechazo la llamada? –La pelirroja le mostró la pantallita del móvil que brillaba mientras su dedo índice que acercaba amenazante al botón rojo para rechazar la llamada.
Ella, sin saber por qué y en un acto de desesperación, se abalanzó sobre su amiga tratando de alcanzar el cacharro, su corazón latía veloz, sintió sus mejillas enrojecer e hizo un esfuerzo enorme para hacerse del aparatito que había dejado ya de timbrar. Cuando por fin lo alcanzó, le lanzó una mirada asesina a su amiga y comenzó su camino de vuelta a casa.
Los días pasaron. No había vuelto a recibir llamadas de aquél desconocido y de cierta forma se sentía preocupada y revisaba periódicamente el móvil para asegurarse de que no la había llamado. Salía regularmente con su amiga y pasaba los días en casa o de paseo con su familia. Por momentos se olvidaba completamente de él pero por las noches, justo antes de irse a la cama, recordaba su voz e imaginaba cómo sería esa persona.
Una tarde, justo cuando volvía de un paseo con su familia, su móvil timbró, ella atendió sin prestar atención, su corazón se saltó un latido al escuchar la voz extrañamente familiar del otro lado.
-Muy buenas tardes –Saludó con propiedad –Espero que hayas tenido un buen día.
Ella tardó en responder, no podía creer que era esa misma voz, la que recordaba cada noche contra su voluntad.
-¿Diga? –Preguntó el desconocido con algo de preocupación.
-¿Por qué me llamaste? –La pregunta la devolvió a la realidad, quiso disimular un poco su sorpresa y su alegría con esa respuesta.
-Quería escuchar tu linda voz –Respondió él, se notaba en su voz cierta alegría también.
-Mi voz no es linda –Quiso sonar molesta, pero el nerviosismo la traicionó. Si él hubiera visto el sonrojo monumental que adornaba ahora sus mejillas, se hubiera burlado de ella o tal vez no.
-Lo es –dijo y después empezó a reír –Dime, ¿tuviste un buen día?
-Sí, fue un buen día –Respondió cortante; aquella carcajada la había ofendido bastante.
-Oh vamos, no te molestes. No quise reírme de ti ni mucho menos. Tu voz de verdad es bonita… -El silencio creció por unos cuántos segundos –La eché de menos…
Sus palabras la tomaron desprevenida, sintió su corazón latir como un loco otra vez, ésta vez, sonaba muy sincero, demasiado. Intentó no tardar mucho tiempo en responder pero su cerebro parecía incapaz de funcionar como era debido.
-¿No tienes nada mejor que hacer que llamarme? –Sí, eso había sido lo mejor que se le ocurrió para romper el silencio.
-No. Estaba aburrido y quise llamarte.
-Ni siquiera sabes mi nombre, ¿por qué llamarme a mí y no salir con tus amigos?
-Mis amigos no están disponibles –hizo una pausa muy corta –Y claro que sé tu nombre –finalizó.
Ella sintió que el alma se le iba al suelo, no se había puesto a pensar que tal vez fuera un acosador y que quisiera hacerle daño a ella y a su familia. Entró en pánico. Se mordisqueó el labio inferior nerviosamente.
-¿Sigues ahí…?
-S-Sí –Respondió, maldiciéndose por lo bajo -¿Cómo es que sabes mi nombre?
-Tengo mis métodos –Dijo y soltó una pequeña carcajada –No te preocupes, no es nada malo; ya lo sabrás cuando llegue el momento adecuado.
Se quedó en silencio, no era justo que él pareciera saber tanto sobre ella y que ella no tuviera idea de quién era él. Se sintió molesta, aunque también tenía mucha curiosidad.
-Dime tu nombre –Pidió con voz firme –Dime tu nombre o no volveré a responder si me llamas –Sonó decidida, mucho más de lo que había esperado.
-¿Por qué quieres saber mi nombre? –Preguntó él, con la curiosidad palpable en la voz.
-Porque si vas a llamarme para escuchar mi voz, por lo menos quiero saber cuál es el nombre de esa persona.
-Bien, te lo diré… Pero dime el tuyo, quisiera escucharlo de ti aunque sea una vez.
-Yuzuriha… -Dijo, ni siquiera preguntó la razón de aquella extraña petición, solamente accedió –Mi nombre es Yuzuriha –Esperó impaciente, el silencio volvió a aparecer entre ambos. Estaba a punto de hablar cuando él por fin respondió.
-Mi nombre es Saga –Dijo él al fin.
