La historia va un poco lenta pero segura. Ya va siendo hora que este par de el siguiente paso. Dejen review, por favor.

Cap III. Nuestro Cielo

Su nombre se quedó grabado en mi mente. Su voz resonaba en mi cabeza antes de dormir y al despertar. Yo no sabía que aquello iba a traerme felicidad, una felicidad inmensa cada vez que mis ojos encontraban su nombre o mis oídos se llenaban con la dulce melodía que era su voz, sino que también me causaría un dolor indescriptible, un dolor que me quemaría viva.

Lo de ellos se volvió casi una rutina sin que se dieran cuenta. Todos los días, después de la cena, su móvil timbraba con esa preciosa melodía de piano muy dulce y alegre, ella tomaba la llamada y aquello duraba horas y horas. Hablaban de todo y nada, reían y discutían por tonterías pero nunca dejaban de hablar.

Una noche, durante una de esas pláticas, ella se sentó en el marco de la ventana que daba hacia la tranquila calle en la que se ubicaba su casa. La luna estaba preciosa, era luna llena. Conversaban de algo relacionado con la cena, ella de pronto tuvo una idea.

-Dime cómo eres.

-¿Perdona?

-Sí, descríbete, te dibujaré –Sonrió y tomó papel y lápiz –Estoy lista.

-Bien, veamos… -Se quedó en silencio unos cuántos segundos –Mi rostro es muy varonil y fuerte, mi nariz es recta y larga, aunque no demasiado, mis ojos son bastante normales diría yo, mis cejas son gruesas pero no demasiado, solamente lo justo, mi cabello es un poco rebelde y mis labios –Río bastante divertido por lo que iba a decir –mis labios son besables.

Ella iba dibujándolo como mejor podía y sonrió divertida al escuchar lo último.

-¿Tus labios son besables?

-Claro que sí, ¿o acaso lo dudas?

-¿A cuántas chicas has besado?

-A muchas –respondió con bastante orgullo –He besado a muchas chicas.

-Eres un fanfarrón –Dijo ella y empezó a reír a carcajadas –Apuesto que has besado a no más de tres chicas.

-¡Ah! ¿Qué te hace pensar eso? –Dijo con algo de fingida indignación.

-Me lo dice el corazón –Fue la simple respuesta que ella dio y que lo obligó a guardar silencio pero con una enorme sonrisa dibujada en sus labios.

Los días transcurrieron, ella le enseñó a él su canción favorita, le contó la trágica historia de "Mofletes" su hámster que murió succionado por la aspiradora, le habló un poco de su familia (no demasiado, no quería darle demasiada información en caso de que realmente fuera un secuestrador o un asesino en serie). Pero inevitablemente el verano llegaba a su fin y sabía que esas conversaciones también lo harían, aun así, no se atrevía a mencionarlo.

Él por su parte, no hablaba demasiado, evadía casi todas las preguntas de que ella le hacía pero sí le habló de algo que nadie más sabía, la historia de un familiar suyo muy querido que había muerto a causa de una grave enfermedad y eso lo había puesto muy triste por bastante tiempo. No sabía por qué le había contado algo tan personal a ella, pero realmente no le importaba demasiado, solamente lo hizo y ya. También le contó que tenía un hermano y que vivía con sus padres pero solamente eso, no quiso entrar en más detalles.

Poco a poco, ella iba sintiéndose más y más cómoda con él, varias veces se sorprendió a sí misma esperando con impaciencia sus llamadas o sonriendo tontamente al recordar sus conversaciones durante las mañanas que pasaba con su familia, a ellos no les importaba demasiado pero trataba de mostrarse lo más normal posible en presencia de su amiga. Ella tenía olfato para esas cosas y sabía que, si se descuidaba aunque fuera un poco, la lluvia de preguntas no se haría esperar y terminaría diciéndole absolutamente todo.

-El verano está por terminar –Dijo él de pronto –Creo que sería una buena idea si nos conocemos.

-¿Tú crees? –Estaba nuevamente nerviosa, quería conocerlo pero no sabía si debía hacerlo. No tenía voz de maleante pero no quería arriesgarse.

-Yuzuriha, vamos a encontrarnos.

-No sé si sea buena idea… -No quiso demostrar que había sentido algo muy bonito al escucharlo decir su nombre de esa manera, le gustaba cómo se escuchaba su nombre en su voz.

-¿Por qué no?

-No lo sé… -Se mordisqueó el labio inferior antes de hablar –Tengo miedo de que seas alguien malo –Estaba siendo completamente honesta, de verdad tenía miedo de aquello y se sentía tonta al admitirlo pero debía hacerlo.

-No voy a lastimarte, te lo prometo.

Ella le creyó.

-¿Cuándo quieres que nos encontremos?

-Uhm… ¿Qué te parece el primer día de clases? En la azotea de la escuela a medio día.

-Parece buena idea –Aun tenía dudas pero era un lugar seguro, si algo salía mal podría correr a buscar ayuda o tal vez empujarlo al vacío.

-Te propongo algo –Dijo él, siempre se le ocurrían cosas extrañas -¿Ves ese rastro que está dejando la avioneta en el cielo?

-La veo –respondió algo extrañada.

-Saquemos una foto, de esa forma sabrás que soy yo.

-De acuerdo, espera un segundo –Apuntó la cámara fotográfica del móvil al cielo y tomó la foto; sonrió alegremente –Listo.

-Bien, entonces nuestra foto del cielo será lo que nos guíe al otro –Rió un poco.

-Así será –Su sonrisa se ensanchó. Estaba muy nerviosa pero también estaba feliz porque al fin conocería al dueño de esa voz que le causaba tanta felicidad.

Esa noche, ella soñó con él por primera vez desde que comenzaron a hablar y en sus sueños, sonrió y pronunció su nombre, seguido de esas palabras que aún no se atrevía a decir cuando estaba consciente.