Cap V. Tu mirada

Unos meses atrás, la pelirroja había estado muy insistente con cierto chico de otra clase. Era un tipo alto, de piel morena que iba acompañado de otro casi de la misma estatura pero de piel más clara y aspecto menos amenazador. A su amiga le gustaban los tipos morenos, recordaba a su primer y último novio, un tal Aioria, también alto pero de cabello castaño corto alborotado y de piel morena, sus ojos eran de un verde esmeralda que quitaban la respiración. Ellos dos hacían una pareja excepcional y de no ser porque el chico fue transferido a otra escuela, sin lugar a dudas la historia sería completamente diferente.

-Anda, acompáñame a verlo, quiero tener su número.

-¿Por qué? No lo hagas, mejor enfócate en la escuela, eso sí es importante –Dijo Yuzuriha mirando con severidad a su amiga.

-Hace dos años que Aioria se fue, es tiempo de que empiece una nueva vida, ¿no crees? Igual que pasaron ya dos años desde la muerte de "Mofletes" –Los ojos azules de la chica y sus palabras dieron justo en el blanco, ablandando el duro corazón de la rubia. Era cierto que su adorado hámster había muerto ya hacía dos años y debía continuar con su vida.

-Está bien, te acompaño.

Ambas salieron del aula, la pelirroja apretaba con algo de fuerza el brazo derecho de Yuzuriha; esa era la forma de su amiga de demostrar lo nerviosa que estaba: usando la fuerza bruta.

Justo frente a ellas, los dos chicos caminaban con ese aire de rebeldía mientras las chicas de la escuela los miraban embobadas. El moreno se detuvo de pronto frente a la rubia, móvil en mano, listo para apuntar.

-¿Me das tu número?

La mueca de dolor en el rostro de su amiga fue tan evidente, que Yuzuriha decidió responder colocando a su amiga en su lugar y deslizándose lo más sutilmente posible para escapar cuando chocó con Saga, sus ojos se cruzaron por primera vez. El mundo a su alrededor desapareció, por una fracción de segundo, no existió nada, solamente ellos dos. El momento fue roto por su amiga, que la tomó del brazo.

-Te llamaré entonces, Marin. Nos vemos.

-Hasta luego, Defteros –Se despidió ella con una sonrisa.

Yuzuriha miró un segundo hacia atrás, pero Saga ya se había adelantado. Si hubiera girado unos segundos antes, se habría percatado de la forma en la que él la había mirado, estaba embelesado y sus preciosos ojos verde-azulados estaban ahora tatuados en su mente.

-Él te quiere a ti –Fue la amarga queja de la pelirroja cuando al fin se encontraron a solas –Se acercó a ti…

-Oh vamos, no digas eso. Seguramente le gustas mucho.

-No es verdad.

-Lo es, ¿no has pensado que tal vez se acercó a pedirme el número para hacerse mi amigo y luego pudiera acercarse a ti también? –Sabía que sonaba algo ilógico pero definitivamente era una posibilidad, ¿o no?

-Tienes razón –Una enorme sonrisa surcó sus finos labios rosados –Seguramente era eso.

-Además, ya no tienes que preocuparte, tienes su número, eso es lo que importa –Ambas se fueron a tomar un helado, el postre favorito de la rubia.

Saga tomó la mano de Yuzuriha con sutileza

-No te molesta si me la llevo, ¿verdad, Marin?

-Claro que no –Sonrió la pelirroja con complicidad –Pero trátala bien, sé en dónde vives y si le rompes el corazón, tendré que romperte la cara.

-No soy tan tonto, fuiste capaz de amaestrar a Deuteros y eso ya es decir mucho –Rió por lo bajo –Y hablando del rey de Roma.

El moreno se acercó a Marin y la abrazó con ternura por la espalda para luego besar su mejilla.

-Los escuché hablando de mí –Defteros le lanzó una mirada asesina a Saga –Si éste cabrón te hace algo, no dudes en decírmelo y le partiré el cuello –El tono amenazante del moreno asustó un poco a la rubia, pero gracias a un pequeño codazo de parte de Marin, se relajó y sonrió –Pásenla bien.

-Lo haremos. Hasta mañana –Saga no soltó la mano Yuzuriha, caminaron juntos hasta las bicicletas.

Ella no sabía si reír, llorar, maldecirlos a todos o golpearlos, ¿había sido todo una trampa? Marin le debía muchas explicaciones, demasiadas y no la dejaría en paz hasta que le dijera toda la verdad, pero eso no era lo importante ahora, lo que de verdad era importante era que Saga planeaba llevarla a algún lugar y ni siquiera le había preguntado si tenía otros planes.

-¿Por qué asumes que tengo la tarde libre?

-¿Y no es así? –Se detuvo y la miró con mucha curiosidad.

-Pues… Sí… -Él se rió pero ella de inmediato contestó –Pero no debes asumir que estoy libre, a veces tengo cosas que hacer.

-Lo sé, Marin me lo dijo.

Ante aquella respuesta, ella hizo un puchero, esa amiga suya de verdad era una boca floja, quería asesinarla en ese preciso instante, ¿cómo se atrevía a divulgar ese tipo de información? Claro, era su mejor amiga pero no era justo que estuviera diciéndole al mundo lo que hacía y lo que no.

-Anda, no te molestes –Volvió a sonreír y se acercó a ella, acarició su mejilla con el pulgar sutilmente –Ella solamente quería ayudar. Te aprecia mucho, además, me lo debía en cierta forma –Tomó su mano y la invitó a subirse a la bicicleta con él.

La rubia subió con él sin oponer resistencia, odiaba la forma tan fácil en la que él la convencía de cualquier cosa, primero lo hizo con su voz cuando solamente se llamaban, ahora utilizaba todo el potencial de su físico. Su voz, su forma tan elegante de tratarla, su sonrisa que le quitaba el aliento, pero en especial sus ojos, esos profundos ojos verdes que eran puros, brillantes, que reflejaban su alma y que miraban a través de ella; esos ojos que ya una vez, hacía un par de meses, le habían enamorado completamente.