Cap VII. Inesperado.

Saga y Yuzuriha pasaron la tarde entera juntos. Gracias a la atinada sugerencia de Marin de llevar a la rubia a comer helado, había presenciado la más hermosa e inocente sonrisa que jamás le había visto a una chica en toda su vida.

El helado era el postre favorito de Yuzuriha. Le traía recuerdos de su infancia, aquellas tardes de verano con su familia en la playa, jugando con su hermano y retozando en la arena por largas horas. Cuando Saga la llevó a la heladería, ella corrió al mostrador en un gesto completamente infantil, ordenó un helado doble de cereza con chocolate. Esperó con algo de impaciencia a que él ordenara el suyo.

En el momento que él se sentó con ella en la mesa, se sintió aliviada porque al fin podría degustar el delicioso postre. Lo saboreó, cada probadita hacía que su sonrisa se ensanchara más y más, los ojos le brillaban y de verdad su expresión era totalmente infantil. Él la observó completamente idiotizado. No podía creer que la chica frente a él era la misma adolescente preciosa que le había enamorado, se veía totalmente diferente, como una niña pequeña, adorable hasta el hastío pero no podía dejar de mirarla; lo que más deseaba en ese momento era llenarla de besos. Sonrió como jamás lo había hecho.

Caminaron juntos hasta casa de ella, aprovecharon cada segundo para platicar lo más posible, claro, tendrían más días para verse y charlar pero por alguna razón, ese día no podían parar de hablar. Sus miradas se encontraban, sonreían, ella se sonrojaba cada vez que él la miraba con detenimiento y sonreía ladino. Él apartaba la mirada para ocultar su sonrojo cada vez que ella se mordisqueaba el labio inferior.

-Tengo un hermano menor, Kanon… Somos gemelos.

-¿Gemelos? –Se notó la sorpresa en su rostro al escuchar eso –Es impresionante. Los gemelos son personas muy interesantes.

-No mucho –Se encogió de hombros como si tener a una persona genéticamente idéntica fuese lo más normal del mundo –Somos como cualquier otro.

-Claro que no. Tener un hermano gemelo es una bendición, eso te hace aún más especial –Sonrió con mucha sinceridad.

Se quedaron en silencio un segundo, se escuchaban sus pasos y el sonido de las ruedas de la bicicleta sobre el asfalto. Ella se detuvo.

-Me divertí mucho hoy –Dijo ella mientras se acercaba a la puerta de su casa –Espero que lo podamos repetir pronto.

-Lo haremos –Respondió él –Lo repetiremos cuantas veces quieras –Estiró el brazo y lo suficiente para alcanzar la nariz de la rubia con los dedos y apretarla juguetonamente.

-Basta, basta –Ella golpeó la mano de Saga para que dejara de torturar su linda nariz.

-Te veré mañana, hermosa –Acarició la mejilla de Yuzuriha con mucha ternura –Anda, entra a casa.

Ella obedeció aunque esperó en la puerta un momento hasta que él subió a la bicicleta. Él se marchó y ella entró a su casa casi de inmediato.

Compartió la cena con su familia como hacía cada noche. Hablaron de la escuela, del trabajo y de sus planes para el fin de semana, además, apareció la primera plática sobre las vacaciones de invierno, pues aunque aún faltaba bastante tiempo, sabían que debían empezar a planear el viaje cuánto antes para que todo saliera a la perfección. No tardaron demasiado porque de inmediato su hermano y sus padres empezaron a discutir, así que ella se marchó discretamente hasta su habitación.

Odiaba mucho los conflictos, especialmente cuando eran familiares. Ellos eran muy especiales para ella, los amaba con toda su alma pero no soportaba las discusiones tan tontas que se originaban cada vez que planeaban salidas familiares, la agobiaban mucho. Subió a su habitación a paso lento y cerró la puerta para no escuchar a su hermano y a su padre gritarse y a su madre intentando tranquilizarlos por todos los medios posibles.

Después de darse un baño, decidió irse a la cama; se sentía agotada física y emocionalmente. Debía descansar pues al día siguiente debía hablar largo y tendido con Marin, de verdad ella le debía muchas explicaciones.

Al día siguiente, durante la hora del almuerzo, Yuzuriha se acercó a la pelirroja. Tenía el semblante diferente, Marin al verla supo que algo había ido mal. Se sintió muy nerviosa, pocas veces había visto así a su amiga pero habían sido suficientes para saber que debía andarse con cuidado. Miró por la ventana, Defteros había acordado pasar por ella para irse a almorzar juntos, cuando él apareció, Marin lo miró con cara de susto y negó varias veces, gesto que al moreno le resultó extraño en un principio pero comprendió de inmediato al ver a la rubia de pie frente a su novia; dio media vuelta, tomó a Saga por los hombros y lo guió con brusquedad hacia el patio de la escuela.

-¿Desde cuándo eres amiga de Saga? –Yuzuriha preguntó sin rodeos, no tenía ganas de andarse con medias tintas.

Marin suspiró, miró a su amiga a los ojos y respondió con un escueto "alrededor de tres meses". La rubia sintió la rabia acumularse en su estómago y subir hasta sus mejillas, erizando su piel en el proceso.

-¿Sabías que él era la voz misteriosa?

-Lo sabía…

Las mejillas de Yuzuriha se encendieron de inmediato; apretó los labios.

-Sé que no debí ocultarlo –Habló la pelirroja de inmediato –Me sentí muy mal por ello, quería decírtelo pero no podía traicionar su confianza…

-¿Traicionar…? –Ella no podía creer lo que acababa de escuchar. Su mejor amiga, la persona que conocía desde los seis años y con la que había crecido, le decía que no quería "traicionar" a un tipo que apenas conocía.

-Por favor, no te molestes… -Pidió ella con toda la sinceridad del mundo.

Yuzuriha solamente atinó a sentarse.

-¡Cabrón! –Defteros empujó a Saga al patio trasero con mucha fuerza. El menor tropezó y casi cayó al suelo pero logró recuperar el equilibrio.

-¿Y a ti qué mosca te picó? –Preguntó sorprendido por la repentina agresión.

-¡Me vas a decir ahora qué carajo le hiciste a Yuzuriha! –Bramó. El moreno de verdad tenía una expresión aterradora y sus colmillos se mostraban mucho más filosos y aterradores que de costumbre.

-¡No hice nada! –Respondió irritado, casi ofendido ante tal afirmación.

-¡Pues algo hiciste porque ella y Marin están hablando ahora y no se ve muy feliz, cabrón!

Saga sintió que el alma se le iba al suelo, tragó saliva y se preparó para correr.